jueves, mayo 09, 2013

Antonio Machado / A Líster, jefe en los ejércitos del Ebro




Tu carta -oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte-,
tu carta, heroico Líster, me consuela,
de esta que pesa en mí, carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,
de monte a mar, esta palabra mía:
"Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría".

Antonio Machado (Sevilla, 1875- Collioure, Francia, 1939),"Poemas de guerra", Poesías completas, Espasa Calpe, Colección Austral Poesía, Madrid, 2007

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Foto: Enrique Líster (Ameneiro, La Coruña, 1907 - Madrid, 1994), durante la Guerra Civil española (1936-1939)

miércoles, mayo 08, 2013

William Carlos Williams / Paterson, 11





Libro 1

Los delineamientos de los Gigantes 

III (Continuación)

¡Qué raro eres, idiota!
¿Crees entonces que porque la rosa
es roja tendrás el dominio?
La rosa es verde y florecerá,
superándote, verde, verde
furioso cuando tú ya no hables, o
sientas o incluso seas. Toda mi vida
ha dependido demasiado tiempo de una victoria parcial.

Pero, criatura del tiempo, yo
no deseo ir más rápido de lo
necesario para ganar.
Musicalízalo para ti.

Tomó la horquilla del suelo
y la metió en su oído, escudriñándola
por dentro—

La nieve derretida
goteaba desde la cornisa de su ventana
90 golpes por minuto—

Vislumbró
en el linóleo a sus pies, una cara de
mujer, se olió las manos,

impregnadas con la loción que usaba
desde hacía poco, lavanda,
pasó el pulgar

sobre la punta de su dedo índice izquierdo
y observó cómo se humedecía cada vez,
como la cabeza

de un gato lamiéndose la pata, oyó el
leve sonido a lijadura que hacía: de
tierra sus oídos están llenos, no hay sonido

: Y sus pensamientos se elevaron
hasta la grandeza de los placeres imaginados
que él escudriñaría

como en la pupila de un ojo
como a través de un aro de fuego, y para emerger
envuelto en un manto

chorreando luz. ¿Qué heroico
despertar del deseo
se niega a sus pensamientos?

Son árboles
de cuyas hojas empapadas de lluvia
su mente bebe del deseo :

¿Quién es más joven que yo?
¿La ramita despreciable?
¿que fui? ¿estancado de mente
al que la mugre

recientemente abandonó? Frágil
al viento.
¿Grácil? Sin ocupar ningún lugar,
demasiado estrecho para ser grabado
en los mapas

de un mundo que nunca conoció,
los verdes y
grisáceos países de
la mente.

Una simple rama que tiene
veinte hojas
contra mis circunvoluciones.
¿En qué se convertirá

mocoso ignorante, que yo
no haya sido?
Lo encierro y
persisto, continúo.

Dejemos que se pudra, en mi centro.
¿El centro de quién?
Permanezco y supero
la debilidad de la juventud.

Mi superficie soy yo.
Bajo ella
compruebo que la juventud
está enterrada. ¿Raíces?

Todos tienen raíces.

Seguimos viviendo, nos permitimos
continuar— pero por supuesto
no para la universidad, lo que publican

por separado o en grupo: empleados
fuera de control que olvidan en su mayoría
con quién están en deuda.

escupiendo conceptos fijos como
cerdos al asador, salpicando, su gotas crepitando
en el fuego,

Algo más, algo más de lo mismo.

William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto


The Delineaments of the Giants
III How strange you are, you idiot! /So you think because the rose  /is red that you shall have the mastery? /The rose is green and will bloom, /overtopping you, green, livid /green when you shall no more speak, or /taste, or even be. My whole life /has hung too long upon a partial victory. //But, creature of the weather, I /don’t want to go any faster than /I have to go to win. //Music it for yourself. //He picked a hairpin from the floor /and stuck it in his ear, probing /around inside—  //The melting snow /dripped from the cornice by his window /90 strokes a minute— //He descried /in the linoleum at his feet a woman’s /face, smelled his hands, //strong of lotion he had used /not long since, lavender, /rolled his thumb //about the tip of his left index finger /and watched it dip each time, /like the head //of a cat licking his paw, heard the /faint filing sound it made: of /earth his ears are full, there is no sound //:And his thoughts soared /to the magnificence of imagined delights /where he would probe //as into the pupil of an aye /as through a hoople of fire, and emerge /sheathed in a robe //streaming with light. What heroic /dawn of desire /is denied to his thoughts? //They are trees /from whose leaves streaming with rain /his mind drinks of desire : //Who is younger than I?  /The contemptible twig? /that I was? stale in mind  /whom the dirt //recently gave up? Weak /to the wind. /Gracile? Taking up no place, /too narrow to be engraved  /with the maps //of a world it never knew,  /the green and /dovegrey countries of  /the mind. //A mere stick that has /twenty leaves /against my convolutions. /What shall it become, //Snot nose, that I have  /not been? /I enclose it and  /persist, go on. //Let it rot, at my center.  /Whose center? /I stand and surpass /youth’s leanness. /My surface is myself. //Under which /to witness, youth is /buried. Roots? //Everybody has roots. //We go on living, we permit ourselves /to continue—but certainly /not for the university, what they publish //severally or as a group: clerks /got out of hand forgetting for the most part /to whom they are beholden. //spitted on fixed concepts like /roasting hogs, sputtering, their drip sizzling /in the fire //Something else, something else the same.

Ilustración: Vista de Notre Dame, quai Saint Michele, primavera, 1914, Henri Matisse

martes, mayo 07, 2013

Ricardo Güiraldes / De "Poemas solitarios"




















18-

La soledad absoluta.

I mi alma que bracea en derredor como un molino, sin encontrar más que viento en sus brazos abiertos.

El hombre que responde con suficiencia irónica a mi grito y a mi alegría.

I a veces la duda de que todo lo que agito en mi cabeza cargada de inquietudes no es sino locura. I mi sentimiento de soledad manía de persecución.

La Porteña
Enero 1922


19-

Todo se ha agrandado en la soledad.

El crepúsculo hermana al mundo con los astros.

El cielo se ha dormido.

I un hombre que canta, desliza su alma por la falda de las montañas hacia la quietud inamovible.

Pequeña antena de carne alucinada de imposible, espero en la tensión de todos mis anhelos que algo grande como un Dios me eleve a la armonía universal.

Puerto Pollensa
Septiembre 1922


20- 

El día inicia, en su explosión de luz nucleada por el sol, el eterno período de claridad que se salva de dos noches.

Soy centro de una tromba vital en elevación.

I abro las manos para que en ellas pase, vibre, resbale, todo lo que no puede ser finito.

La Porteña
1922


22- 

Tengo miedo de mirar mi dolor, no vaya a ser que me quede demasiado grande.

Prefiero calzar mi deber como una valentía de espuelas e hincando mi pereza, que quisiera morir cobardemente, andar con frente firme ante la pampa yerma del dolor de los otros.

Sólo así quiero merecer.

La Porteña
Septiembre 1924

Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 1886-París, 1927), Poemas solitarios, 1921-1927, copias mecanografiadas por copista anónimo probablemente de la edición de 1970 de la Editorial Ricardo Güiraldes
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Ilustración: Sin título, 1946, Tomás Maldonado

lunes, mayo 06, 2013

Robert Frost / Un arroyo en la ciudad


Un arroyo en la ciudad

La granja permanece reacia a ajustarse
a la nueva calle de la ciudad, que ahora debe llevar un número.
¿Pero qué hay sobre el arroyo
que sostenía a la casa en el recodo?
Yo pregunto como alguien que conoció el arroyo, su fuerza
e ímpetu, habiendo mojado la medida de un dígito
y hecho saltar mi nudillo, habiendo arrojado
una flor para probar donde cruzaban sus corrientes.
El pastizal podría ser pavimentado
para detener su crecimiento bajo los cimientos de un pueblo;
los manzanos llevados a las llamas de una chimenea de piedra.
¿Le servirán igual los leños del agua?
¿Cómo se dispone de una fuerza inmortal
que ya no se necesita? ¿Restañarla a su fuente
con bloques de hormigón contra la corriente? El arroyo fue arrojado
hacia una cloaca, una mazmorra profunda bajo la piedra-
para correr y vivir en la fétida oscuridad-
y todo por algo que nunca hizo
excepto, quizás, olvidar andar con temor.
Nadie sabrá, salvo por los antiguos mapas
que ese arroyo llevaba agua. Pero me pregunto
si al mantenerlo abajo para siempre
los pensamientos no se habrán elevado
para proteger a esta ciudad nueva
tanto del sueño como del trabajo.

Robert Frost (San Francisco, 1874 - Boston, 1963), The Poetry of Robert Frost. The Collected Poems Complete and Unabridged, Edward Connery Lathem, New Hampshire, 1979
Versión de Marina Kohon


A Brook In The City

The farmhouse lingers, though averse to square
With the new city street it has to wear
A number in. But what about the brook
That held the house as in an elbow-crook?
I ask as one who knew the brook, its strength
And impulse, having dipped a finger length
And made it leap my knuckle, having tossed
A flower to try its currents where they crossed.
The meadow grass could be cemented down
From growing under pavements of a town;
The apple trees be sent to hearth-stone flame.
Is water wood to serve a brook the same?
How else dispose of an immortal force
No longer needed? Staunch it at its source
With cinder loads dumped down? The brook was thrown
Deep in a sewer dungeon under stone
In fetid darkness still to live and run --
And all for nothing it had ever done
Except forget to go in fear perhaps.
No one would know except for ancient maps
That such a brook ran water. But I wonder
If from its being kept forever under,
The thoughts may not have risen that so keep
This new-built city from both work and sleep.
---
Ilustración: Una calle de Nueva York, 1926, Georgia O'Keeffe

domingo, mayo 05, 2013

Enrique Lihn / Del mar espero...



Del mar espero barcos, peces, olas...

Del mar espero barcos, peces, olas
del cielo nada más que sol y viento,
la lluvia, el arco iris y el aliento;
de la tierra no verme en ella a solas.

Espero de la tierra no hacer colas
ni así hormiguear buscando mi sustento;
quiero en todo ganar el mil por ciento
y pasármelo todo por las bolas.

No quiero nada más que lo imposible
yo que, modestia aparte, lleno el mundo:
el pez más grande y menos comestible:

hacer en paz la guerra a medio mundo
y a la otra mitad. Indestructible,
plaga del pobre, horror del vagabundo.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), París, situación irregular, 1977, Ediciones de la Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013
---
Ilustración: Hombre corriendo, 1932, Kazimir Malevich

sábado, mayo 04, 2013

Arturo Capdevila / Romance del 9 de Julio - Jorge Luis Borges / Poema conjetural



















Romance del 9 de Julio

Sube al estrado Laprida;
se quedan todos atento,
y como un viento de gloria
pasa hecho frío y silencio.
Ya les interroga aquél
si libres o no seremos.
Todos a la vez se yerguen;
al punto de pie se han puesto,
para clamar por Dios vivo,
cada uno el brazo extendiendo,
que ser libres, eso quieren,
la vida misma por precio.
Uno a uno así lo juran,
y todos también rugiendo.
Del pueblo que invade el patio
se oye clamoroso el eco.
¡La Patria jurada está
por la espada y por el fuego,
por la vida y por la muerte!
¡Señor Dios de los ejércitos!
Acabados son los reyes
¡Manda soberano, Pueblo!

Arturo Capdevila (Córdoba, Argentina, 1889-Buenos Aires, 1967), Los romances argentinos, Editoriales Reunidas, Buenos Aires, 1943
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Foto: Capdevila en Tucumán, a su llegada a la estación de trenes, 1936 (detalle) La Gaceta




















Poema conjetural

El doctor Francisco Laprida, asesinado el día 22 de setiembre de 1829 por los montoneros de Aldao, piensa antes de morir:

Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla
deforme, y la victoria es de los otros.
Vencen los bárbaros, los gauchos vencen.
Yo, que estudié las leyes y los cánones,
yo, Francisco Narciso de Laprida,
cuya voz declaró la independencia
de estas crueles provincias, derrotado,
de sangre y de sudor manchado el rostro,
sin esperanza ni temor, perdido,
huyo hacia el Sur por arrabales últimos.
Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. Hoy es el término.
La noche lateral de los pantanos
me acecha y me demora. Oigo los cascos
de mi caliente muerte que me busca
con jinetes, con belfos y con lanzas.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano.
A esta ruinosa tarde me llevaba
el laberinto múltiple de pasos
que mis días tejieron desde un día
de la niñez. Al fin he descubierto
la recóndita clave de mis años,
la suerte de Francisco de Laprida,
la letra que faltaba, la perfecta
forma que supo Dios desde el principio.
En el espejo de esta noche alcanzo
mi insospechado rostro eterno. El círculo
se va a cerrar. Yo aguardo que así sea.

Pisan mis pies la sombra de las lanzas
que me buscan. Las befas de mi muerte,
los jinetes, las crines, los caballos,
se ciernen sobre mí... Ya el primer golpe,
ya el duro hierro que me raja el pecho,
el íntimo cuchillo en la garganta.

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986), "El otro, el mismo", 1964, Obra poética, 2, Emecé, Buenos Aires, 1977
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Foto: Jorge Luis Borges por Daniel Mordzinski

viernes, mayo 03, 2013

Mario Morales / De "La canción de la calle Grimau"





La canción de la calle Grimau

[Fragmento]


yo no he venido a predicar ni a chacharear sobre la vida o la muerte
(¿qué son las mayúsculas frente a esta vida?)
yo no me celebro o me canto a mí mismo
mejor hago mutis por el foro a tiempo
mejor transcribo dos o tres cenizas intraducibles
pero injertadas en el machear o a contramano de la injusticia
anoto dos o tres vocales respiratorias y húmedas
y solamente para los hombres de mi época
para la quemazón íntegramente viva.
Arrecifes mar arriba: nubes o mar grávido
¿no alcanza la estatua a llenar su vuelo?
¿no basta ser afuera del tiempo un rosal súbito para nadizar la ley del paredón?
¿no alcanza uno y otro cochino fusilado?
¿no basta el último cadáver pobre, pobre como todos los muertos
para decirnos, por favor, era necesario pero ya está bueno, ya está bueno
(por favor, por favor, ¡bast!) y
¿cuánta nada es necesaria para rellenar la nada?

(¡neike! ¡neike!)
Miguel, Federico, Julián, amigo, hermano
te asesinaron, te asesinaron
"Por mí, por mí, por mí"
"déjese aquí cuanto sea vileza
mátese acá cuando sea esperanza"
yo no hablo del pórtico del infierno o de los ángeles
yo no bla-bla-blabeo sobre la Introducción a ninguna economía
yo sólo sufro del otoño ciego (del frío ciego)
de la cicatriz abierta que une a todos los hombres

Mario Morales (Pehuajó, 1936-Buenos Aires, 1987), "La canción de la calle Grimau", La distancia infinita. Antología poética 1958-1983, selección y prólogo de María Julia de Ruschi, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012


Foto: Víctor Redondo, Jorge Zunino y Mario Morales, 1982. La distancia infinita, pag. 38

miércoles, mayo 01, 2013

Lavinia Greenlaw / Del azul disperso





Del azul disperso

                  para Lesley Davies

Conduzco de regreso junto al río
como siempre, sin fijarme.
De pronto algo en la luz rasga y abre
el humo de la central eléctrica,

cada torcedura y cada doblez, que construyen
un lento, progresivo y muscular ascenso,
y ahí, justo en su borde último,
un continuo desgajarse en cielo.

Y ese es otro asunto, el cielo.
Cómo la neblina atrapa lo que queda del ocaso,
el naranja de sodio y el rosa de granito
destilado del azul disperso.

La coreografía del tráfico aéreo, y las grúas
que andinan en la desembocadura son parte de ello,
y también el puente con su azucarada capa
de una rota luz feérica. La época del año

en la que cada ave es una pincelada y los árboles
se revelan como en una ausencia de color. Eso
me recuerda cómo solíamos hablar; cómo a veces
queremos hacer más que sólo vivirlo.

de Night Photograph


Lavinia Greenlaw (Londres, 1962), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000



From Scattered Blue

                    for Lesley Davies

I drive back along the river
like I always do, not noticing.
Then something in the light tears open
the smoke form the power-station chimney,

each twist and fold, the construction
of its slow muscular eventual rise
and there, right at the edge of it,
a continual breaking up into sky.

And that's another thing, the sky.
How the mist captures what's left of sunset,
the sodium orange and granite pink
distilled form scattered blue.

The choreography of air-traffic control
and the cranes nested downstream are part of it,
like the bridge and its sugar coat
of broken fairylight. The time of year

when every bird is a brushstroke and the trees
are revealed in lack of colour. It reminds me
of how we used to talk; how we want sometimes
to do more than just live it.


Ilustración: Noche estrellada, 1923-24, Edvard Munch

lunes, abril 29, 2013

Nurit Kasztelan / Topografía del límite





Topografía del límite

Explica las cosas con términos geográficos,
que el humus son hongos y bacterias,
lo enfermo, dice
pero como todo lo orgánico,
es fértil.

En un terremoto,
mientras todos corren y se desesperan,
escribe sobre los temblores en su libreta;
justifica su inacción.

Lo atraen los desiertos, las humedades
la tierra que se inunda
y queda sin oxígeno.

Cómo respirar en ese sistema abiótico,
me pregunto,
cómo hacer para que la tierra absorba
sin ansiedad.

Nurit Kasztelan (Buenos Aires, 1982), Lógica de los accidentes, Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013


Foto: Nurit Kasztelan en proyectoshibridos

Alberto Cisnero / De "Tagsales"



12-

Y escamoteada con vileza
la victoria, eliminarás
motivo de prisa y espera;
según el cristal, una palabra
aloja muchas vilezas; debería
bastar. Lo demás es secreto.


13-

Una decena y tres veces más
remiró el ave; oh sedicente,
oh los días, su delicado gusto
(el producto incluye decoración,
título, exordio); la belleza
admite escasas enmiendas.


22-

Durante un instante, nada sucedió;
y si el caso amerita podríamos
arreglarlo sin violencia; la luz
se filtra por docenas de grietas, no sé
dónde, pero no está lejos.
Especialmente esta noche.


25-

Uno está solo en la oscuridad
y aquellas palabras y frasecitas
muy duras detrás de una ballester
o detrás de un volante, tan lejos
pero siempre a igual distancia, moran
ya en otro reino. Todo saldrá bien.

Alberto Cisnero (La Matanza, 1975), Tagsales, Encausto Editores, Buenos Aires, 2013
---
Ilustración: Paisaje con vacas, 1932, Jenő Gadányi

domingo, abril 28, 2013

Charles Reznikoff / Tres poemas
















Mendiga

Cuando yo tenía cuatro años mi madre me llevó al parque.
El sol primaveral calentaba poco. La calle estaba casi desierta.
La bruja de mi libro de cuentos de hadas vino caminando hacia nosotros.
Se detuvo para pescar algunas uvas mohosas junto al cordón de la vereda.


Te Deum

No canto
a las victorias,
no tengo ninguna,
sino a la simple luz del sol,
la brisa,
la generosidad de la primavera.

A las victorias no
sino al trabajo cotidiano hecho
lo mejor que he podido;
no por un lugar en el estrado,
sino en la mesa común.


Escena nocturna

Vi el cobertizo entre las sombras del patio
y vi la nieve en su techo:
un brillo alargado a la luz de la luna.

No podía descansar ni cerrar los ojos
aun cuando sabía que a la mañana siguiente
debía levantarme temprano y reemprender el trabajo,
y reemprender el trabajo.

Ese día estaba perdido, ese mes también;
y un año y otro por lo que sé.

Charles Reznikoff (Nueva York, 1894-1976), The Poems of Charles Reznikoff :1918-1975, Seamus Cooney ed., David R. Godine, Boston, 2005
Versiones de Jonio González


Beggar Woman
  
When I was four years old my mother led me to the park.
The spring sunshine was not too warm. The street was almost empty.
The witch in my fairy-book came walking along.
She stooped to fish some mouldy grapes out of the gutter.


Te Deum

Not because of victories
I sing,
having none,
but for the common sunshine,
the breeze,
the largess of the spring.

Not for victory
but for the day’s work done
as well as I was able;
not for a seat upon the dais
but at the common table


Night-Piece

I saw within the shadows of the yard the shed 
and saw the snow upon its roof— 
an oblong glowing in the moonlit night. 

I could not rest or close my eyes, 
although I knew that I must rise 
early next morning and begin my work again, 
and begin my work again. 

That day was lost—that month as well; 
and year and year for all that I can tell.


Foto: Charles Reznikoff  Poetry Foundation

sábado, abril 27, 2013

George Oppen / De "Narración"




de Narración




El sonido constante
de las radios, y el arte

de las luces de colores
y el perfumista

también son arte. Pero acá

las líneas paralelas no se cruzan
y el compás no gira, éste es el intervalo

en el que no lo hacen, y los eventos
emergen como una isla en la proa, moluscos

aferrados a piedras en las que el alga
crece, pasto
y árboles pequeños

sobre la línea del horizonte
y el faro

que revela su fachada blanca a la luz del día
donde las cosas se explican unas a otras,
no a sí mismas.


8

Pero por la noche el parque
es horrible, dijo ella. Y Bronk* dijo
quizás el mundo
es el horror.
Ella no entendió. Quiso decir
que ondas o bolas de escombro
son expulsadas en los procesos
solares y como un radar
rebotan donde caen. El ojo
suele ocurrir
registra
pero es oscuro.
Es la naturaleza
del mundo:
tan oscura como un radar.


11

El río de nuestra sustancia
fluye
con el resto. El río de la sustancia
de la curva terrestre. El río de la sustancia
del amanecer, río del sedimento, de la erosión, fluye
hacia un mar inimaginable. Pero la mente alcanza

la felicidad, al alcanzar

lo que está ahí. No conozco otro tipo de felicidad
tampoco la he presenciado nunca... Islas
hacia el norte

en la niebla polar
en el mar poco profundo.
Nada

salvo el sentido
de dónde estamos, los que estamos más al norte. Lo maravilloso de la ola
incluso acá es su propio ruido agitándose
en el mundo; pensé que incluso si no hubiera nada

la posibilidad de ser existiría;
pensé que había encontrado
permanencia; el pensamiento se abalanzó sobre nosotros en ese mar
porque en ese mar respiramos el milagro
abierto

del espacio, y hablamos
de la posibilidad de rescatar
el amor a la luz fría
del Mundo Exterior un lenguaje sustancial
de claridad, y de respeto.


George Oppen (New Rochelle, New York, 1908-Sunnyvale, California, 1984), Narración, selección y versiones de Matías Moscardi, Luz Mala, Mar del Plata, 2013


* William Bronk (1918-1999), amigo íntimo de Oppen [Nota del traductor]


3 The constant singing/ Of the radios, and the art// Of colored lights/ And the perfumist// Are also art. But here// Parallel lines do not meet/ And the compass does not spin, this is the interval// In which they do not, and events/ Emerge on the bow like an island, mussels// Clinging to its rocks from which kelp// Grows, grass/ And the small trees// Above the tide line/ And its lighthouse// Showing its whitewash in the daylight// In which things explain to each other,/ Not themselves. 

8 But at night the park/ She said, is horrible. And Bronk said/ Perhaps the world/ Is horror./ She did not understand. He meant/ The waves or pellets/ Are thrown from the process/ Of the suns and like radar/ Bounce where they strike. The eye/ It happens/ Registers/ But it is dark./ It is the nature/ Of the world:/ It is as dark as radar.

11 River of our substance/ Flowing/ With the rest. River of the substance/ Of the earth’s curve, river of the substance/ Of the sunrise, river of silt, of erosion, flowing/ To no imaginable sea. But the mind rises// Into happiness, rising// Into what is there. I know of no other happiness/ Nor have I ever witnessed it. . . . Islands/ To the north// In polar mist/ In the rather shallow sea—/ Nothing more// But the sense/ Of where we are// Who are most northerly. The marvel of the wave/ Even here is its noise seething/ In the world; I thought that even if there were nothing// The possibility of being would exist;/ I thought I had encountered// Permanence; thought leaped on us in that sea/ For in that sea we breathe the open/ Miracle// Of place, and speak/ If we would rescue/ Love to the ice-lit// Upper World a substantial language/Of clarity, and of respect.

---
Foto: Poets.Org

jueves, abril 25, 2013

Jo Shapcott / Empleo en la bolsa





Empleo en la bolsa

Claro que puedo mantener un trabajo y me parece
que el aire de mi cerebro ayuda a combatir el estrés.
Un día, en que traía mi lunch de vuelta a la oficina,
el té humeante en un vaso de poliestireno, el bollo aplastado
en una bolsa de papel bajo mi brazo, el malabarismo
entre comida, portafolios y bebida se vino abajo.
Era cerca del mediodía. Conozco bien los trayectos
de los transeúntes desde la estación, sé culebrear entre
los pasos peatonales de concreto, en puntos de las calles
en que el tráfico se abre y milagrosamente te deja
cruzar. Son esas rutas donde vive la típica gente
que se adhiere a las células de mi memoria
aun cuando la mente se dispara, hay grandes rendijas
de tiempo en blanco y visiones que me dan vueltas por turnos
como las películas. Ellos son los que me piden todo
cuando paso, a diario, todo lo que tengo. Un muchacho
se recarga contra los tablones detrás de los que duerme,
pidiendo monedas desde su nido de sábanas, pidiendo
mi taza de té, diciéndome cariño
mientras se arrastra por el hueco en la madera.
Es difícil seguir ecuánime en esa ruta, pero
ese día estaba alegre por una linda fantasía
hasta que me resbalé con los restos de una hamburguesa aplastada
en la calle y el malabarismo entre mis posesiones se volvió
una rutina de pastelazo, piernas, brazos volando, la comida
destinada a perderse irremediablemente. Entonces
el muchacho con el delirante bordado de mugre
en la solapa me miró desdeñoso de nuevo, desafiándome
a ser mala, a atreverme. Le ofrecí mi manzana y se puso
verde, musitó, se pellizcó el cuerpo en varios sitios
y salió huyendo. Sentí que me estaban dando una regañiza
y no quise ignorarla, pero no entendía
ni una palabra. Apilé la comida frente a él.
El té humeante, los periódicos, el portafolios, todas
las bolsas. Me quité el abrigo, los zapatos, cada
prenda de ropa y me quedé parada, sudando en la llovizna,
pero él no quería que supiera su idioma,
su eminencia, su condena o su deleite.


de Phrase Book


Jo Shapcott (Londres, 1953), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Work in the City

Yes I dod hold down a job and I find
the air in my brain helps combat
the stress. Once, carrying
my lunch back the office, the tea
steaming in a polystyrene cup, the roll crunched
in a paper bag under my arm, the juggle
of food, briefcase, drink started to collapse.
I was around midday. I know the commuter
paths from the station, how to weave through
the concrete walkways, over roads in the spots
where traffic parts and lets you miraculously
through. These are the routes where the classic
people live, thes ones who'll stick in my memory cells
even when the mind's shot, great blanck slots of time
and visions revolving by turns like the movies.
They are the ones who ask me for everything
as I go by, every day, everything I have. One boy
leans against the wood palings he sleeps behind,
calling for change from his nest of blankets,
calling for my cup of tea, calling me love
as he crawls through the gap in the wood.
It's hard to stay perfect on that route, but
this day I was smiling at a lovely fantasy
until I slipped up on a piece of hamburguer mashed
on the road, turning the juggle with my possessions
into a full stunt routine, legs, arms flying, the food
I was bound to waste at the end of it all. Then
the boy with the mad embroidery of muck
on his lapel stared me down again, daring me
to be bad. I offered him my apple and turned
green, muttered, clasped his body in many places
and swung away. I sensed I was getting a tonghe-lashing
and didn't want to ignore it, but I couldn't understand
a word. I put the food in a little pile in front of him,
the stearming tea, the papers, briefcase, all
the bags. I took off my coat, my shoes, every
piece of clothing and stood sweating in the light rain
but he didn't want me to know his language,
his eminence, his damnation or his delight.


Foto: Jo Shapcott en The Telegraph

Cecilia Romana / Dos poemas






Transcribió un verso de Pound

Conmigo se portaba como un rastrero. Deberías
matar a tu propio hijo, me decía, pero no lograba
crisparme los nervios, tal vez porque no tengo
el instinto -¿cómo lo llaman?- maternal.

En cambio, aquello de Pound: lo que de veras
amas, no te será arrebatado, al pie de la
letra, aunque me avergüence, no dudé ni un minuto
en creer que era posible estar al margen.

¿Es otoño? Las quejas caen como duraznos.
Un hombre debería pensar muy bien las cosas
antes de hacerlas. Un hombre al que le
meten ciertas ideas en la cabeza, debería
pensar dos veces la cosas antes de hacerlas.



Países Bajos

           un regalo para Diego

El tratado que puso fin a la coalición de Augsburgo
se firmó en Ryswick.
Eso pasó en 1697. Trescientos diez años más tarde,
cedí los derechos de mi vida
a un hombre
con cierto parecido al paisajista
holandés Jacobo Isaac Ruisdael.


Cecilia Romana (Buenos Aires, 1975), Los que fueron, Editorial Cabiria, Buenos Aires, 2012



Ilustración: Ciudad amurallada en otoño, 1902, Vassily Kandinsky

miércoles, abril 24, 2013

Elizabeth Garrett / Pseudonarciso





Pseudonarciso

Dije: el reflejo de Narciso
era una mujer.
Qué eres entonces tú, sino la crisis
de mi emerger -un rostro,
estos ojos, esta boca que estalla
maravillosa, en miríada,
para beber la venenosa
ausencia del aire.

Este es el poema en reversa:
el clavadista en la película al revés
surgiendo desde los pies, avieso
desde un medio imposible.
En algún lado equivoqué el camino.
¿Tú? ¿La víctima?
Rompe el dulce reflejo.
Estoy totalmente seducida
por mi propia seducción.

de The Rule of Three

Elizabeth Garrett (Londres, 1958), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000

Pseudo-Narcissus

I said: the reflection of Narcissus
Was a woman.
What are you, then, but the crisis
Of my own sufarcing - a face,
These eyesm this mouth, breaking
Myriad and marvellous
To drink the poisonous
Vacancy of air,
An I am drowning.

This is the poem reversed - 
The diver in the backward-running
Film springing feet-first, perverse
From an impossible medium.
Somewhere I took a wrong turning.
You? Victim? -
Shatter the sweet reflection.
I am seduce utterly
By my own seduction.

Ilustración: El sueño de la esposa del pescador, 1814, Katsushika Hokusai

martes, abril 23, 2013

Tomás Maver / Cuando regresaba de la noche...





Cuando regresaba de la noche...

                        Que en los desiertos del corazón
                            broten las fuentes curativas.
                                              W. H. Auden


Cuando regresaba de la noche
oscura en que el alma se conoce y
acompaña,
junté lo que tenía para decirles
y armé una pequeña casa con un patio lleno de árboles
donde poder reunirnos a tomar algo
y después salir a caminar y respirar el aire frío.

En las madrugadas de aquella larga vuelta
descansé a la intemperie, y me dije:
los exhaustos sacan fuerza
de recipientes que parecen vacíos

y es mejor entregarse a recorrer
los espacios que nos alejan de todo
hasta ser liviano como un cuenco
donde cualquiera pueda acercarse
a oír cómo se va llenando.

Porque, amigos, es menos lo que yo tengo
para decir
de lo que ustedes hacen
por escuchar.

Por eso vuelvo
a esa casa sola,
a ese patio y sus árboles
como si por primera vez llegara
al extremo de mi alma.

Tomás Maver (Buenos Aires, 1985), Yo, la incesante nieve, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2009


Foto: Tomás Maver en Hacienda Glamorosa

lunes, abril 22, 2013

W. S. Merwin / Poemas




Economía

Para qué romper el espejo.
Aquí está la cara rota
buena para siete años de tristeza.


El poema

Llego tarde, como siempre.
Trato de recordar lo que casi oí.
La luz evita mi ojo.

Cuántas veces he oído las cerraduras girar
y la alondra tomar las llaves
y colgarlas en el cielo.


Fantasmas de gatos

I
Años después
en una cocina de otro país
todavía estás hambriento

II
Bajo el calor del día
tu sombra
vuelve a echarse sobre la piedra


Canción nómada

Mi cuna
fue un zapato

W. S. Merwin (Nueva York, 1927), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 


Foto: W. S. Merwin Michael Amsier/ metroactive

domingo, abril 21, 2013

James Wright / Intentando rezar






Intentando rezar

Esta vez he dejado mi cuerpo atrás, llorando
Sobre sus oscuras espinas.
Sin embargo,
Hay buenas cosas en este mundo.
El crepúsculo.
La buena oscuridad
De las manos de las mujeres que tocan el pan.
El espíritu de un árbol empieza a moverse.
Toco hojas.
Cierro los ojos y pienso en agua.

James Wright (Martins Ferry, Ohio, 1927-Nueva York, 1980), Collected Poems, Westeyan University Press, Middletown, Connecticut, 2007
Versión de Jonio González


Trying to pray

This time, I have left my body behind me, crying
In its dark thorns.
Still,
There are good things in this world.
It is dusk.
It is the good darkness
Of women's hands that touch loaves.
The spirit of a tree begins to move.
I touch leaves.
I close my eyes and think of water. 

Ilustración: Paisaje (Invierno), 1909, Kazimir Malevich

sábado, abril 20, 2013

Tomas Tranströmer / Gógol


















Gógol 

El saco roído como una manada de lobos.
La cara como una lasca de mármol.
Está sentado entre sus cartas
en el soto que susurra
escarnio y errores,
sí, el corazón sopla como un papel los pasajes
inhóspitos.
Ya el ocaso avanza a hurtadillas
como un zorro sobre este país,
pega fuego a la hierba en un minuto.
El espacio está lleno de cuernos y pezuñas
y abajo se desliza como sombra entre las fincas
alumbradas de mi padre.

Petersburgo a la misma altitud que la derrota
(¿viste a la hermosa en la torre inclinada?)
y en los barrios cubiertos de hielo
vaga aún como imán el pobre hombre en su capa.
Y aquí, envuelto en cuaresmas, está él,
antes rodeado de las tropas de la risa
que se fue hace tiempo a las regiones más distantes
que los árboles-fronteras.
La mesa tambaleante de hombres.
¡Mira hacia afuera cómo la oscuridad fija con fuego
una vía láctea de almas!
¡Carro de fuego que se va del país!

Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931-2015), versión de Homero Aridjis *, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011 [edición no bilingüe]

* En colaboración con Pierre Zekeli
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Foto: Tomas Tranströmer en la Conferencia Internacional de Escritores y Traductores Literarios en Estcolmo, 2008 Andrei Romanenko/Wikimedia Commons

viernes, abril 19, 2013

Tomas Tranströmer / Casas suecas solitarias

















Un desorden de abetos negros
y rayos de luna humeantes.
Aquí yace la choza empotrada
y parece sin vida.

Hasta que el rocío murmure
y un anciano abra
-con mano temblorosa-
la ventana, liberando al búho.

Y en otro lugar lejano
la nueva casa humea
sus sábanas blancas, cual mariposas
flameando al viento

en medio de un bosque agonizante
donde la podredumbre lee
con gafas de savia
el protocolo de las carcomas.

Verano de lluvias doradas
o una sola nube tormentosa
encima de un perro que ladra.
La semilla da puntapiés en la tierra.

Voces agitadas, caras
galopan por hilos telefónicos
con almas encogidas y rápidas
sobre pantanos kilométricos.

La casa colgada sobre un islote del río
empollando sus cimientos.
Un humo constante -se queman
los papeles secretos del bosque.

La lluvia da vueltas por el cielo.
La luz serpentea en el río.
Sobre la loma las casas vigilan
la cascada de bueyes blancos.

Un otoño con liga de estorninos
tiene el amanecer en jaque.
La gente se mueve con rigidez
en el teatro de luz de las lámparas.

¡Dejadlos sentir sin ansias
las alas engañosas
y la energía de Dios
envuelta en la oscuridad!

Tomas Tranströmer (Estocolmo, 1931-2015), versión de Homero Aridjis, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011
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Foto: Tomas Tranströmer EFE/Revista Mil Mesetas

jueves, abril 18, 2013

Charles Baudelaire / Los gatos



Los gatos

Los amantes ardientes y los sabios austeros
Aman del mismo modo, cuando la edad declina,
Al gato fuerte y dulce, maravilla felina,
Que en la sala se esconde de los fríos traicioneros.

Amigos de la ciencia y la voluptuosidad,
Indagan el silencio y el horror de lo oscuro.
Seguirían del Erebo el fúnebre conjuro
Si algún amo pudiera vencer su vanidad.

Adoptan mientras duermen las nobles posiciones
De las pétreas esfinges que en la arena desierta
Sueñan el sueño insomne de quien nunca despierta.

En sus flancos fecundos duermen constelaciones.
Y partículas de oro, haces de magia incierta,
Encienden sus pupilas con místicas visiones.

Charles Baudelaire (París, 1821-1867) [Las flores del mal,1857, 1861], versión de José Emilio Pacheco, Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959 *, recopilación de Tedi López Mills, Fondo de Cultura Económica, México, 2011

* poetas mexicanos (N. del Ad.)


Les Chats

Les amoureux fervents et les savants austères
Aiment également, dans leur mûre saison,
Les chats puissants et doux, orgueil de la maison,
Qui comme eux sont frileux et comme eux sédentaires.

Amis de la science et de la volupté
Ils cherchent le silence et l'horreur des ténèbres;
L'Erèbe les eût pris pour ses coursiers funèbres,
S'ils pouvaient au servage incliner leur fierté.

Ils prennent en songeant les nobles attitudes
Des grands sphinx allongés au fond des solitudes,
Qui semblent s'endormir dans un rêve sans fin;

Leurs reins féconds sont pleins d'étincelles magiques,
Et des parcelles d'or, ainsi qu'un sable fin,
Etoilent vaguement leurs prunelles mystiques.

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Ilustración: Filósofo meditando, 1632, Rembrandt