lunes, febrero 14, 2011

Leonardo Sinisgalli / De la Lucania



Invitación

El enamorado sugiere a la muchacha un pretexto para salir de casa sin levantar sospechas. Debe saberse que entre nosotros [i. e. la Lucania] se usa intercambiar como gesto de cortesía, de una puerta a la otra, y se presta el fuego, se presta la levadura, se presta el agua.

Sal con la paleta
Ahora que oscuro está el día
Pide cenizas y brasas
En la puerta del horno.
Si se te apaga el fuego
Échale la culpa a la leña,
Si la falda te quema
Échasela a la luciérnaga. *

* consigno que en ciertas regiones de Italia “paletta” puede ser “trasero"; “lucciola”, puta


Serenata

Quisiera ser un gallito de enero
Para cantar toda la noche
Detrás de tu puerta, bella mía.
No la hagas dormir, Dios mío,
Haz que me escuche y se asome
“¿Quién eres tú que cantas?” –¿Es
tu violeta que asoma entre los hielos?
Soy un gallito huraño:
Eres la gallina que duerme sola.

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981)
Versiones y nota de Ángel Faretta

Invito

L’ innamorato suggerisce alla ragazza un pretesto per uscire di casa senza restari sospetti. Bisogna sapere che tra un uscio e l’altro, nelle nostre tribù, si operano scambi reciproci di cortesía. Si presta il lievito, si presta il fuoco, si presta il acqua.

Esci con la paletta
Ora che oscuro è il giorno,
Chiedi cenere e brace
Alla porta del forno.
Se il fuoco ti si spegne
Dài la colpa alla legna,
Se la gonna ti brucia
Dài la colpa alla lucciola.


Serenata

Vorrei essere un galluccio di gennaio
Per cantare tutta la notte
Dietro la tua porta, bella mia.
Non farla dormire, mio Dio.
Fa che mi ascolti e si affacci.
“Chi sei tu chi canti?” –E tu
viola che spunti tra i ghiacchi?
Sono un galluccio forastico:
Sei la polastra che dorme sola.

Ilustración: Aliano in grigio-rosa (Aliano, Lucania), 1935, Carlo Levi

domingo, febrero 13, 2011

Lord Byron / Hoy cumplo treinta y seis




Este día el corazón debería estar inmóvil
Puesto que a otros ha dejado de mover:
Pero aunque yo no pueda ser querido,
Déjenme amar.

Mis días yacen entre hojas amarillas,
Se fueron flores y frutos del amor,
El gusano, la llaga y la profunda pena
Son lo único mío.

El fuego que de mi seno hace presa
Arde a solas como una isla volcánica,
Ninguna antorcha se enciende en su hoguera -
Una pira funeraria.

Esperanza, miedo, celoso cuidado,
Mi exaltada porción de dolor,
El poder del amor no puedo compartir,
Sino su corrupción.

Pero no es hora -ni éste el lugar-
Para que tales ideas agiten mi alma
Cuando el ataúd ornamenta la gloria del héroe
Si ella no rodea su frente.

La espada, el estandarte, la tierra,
la gloria y Grecia veo en torno a mí.
El espartano detrás de su escudo
No fue más libre.

¡Despierten! (no Grecia: ella vigila).
Mi espíritu despierte. Piensa por dónde
La sangre vital fluye del lago original
Y golpea en ti.

Pisa esas pasiones revividas
-Indigna virilidad-: indiferentes
Para ti la sonrisa o el ceño adusto
De la belleza deberían ser.

Si reniegas de tu juventud, ¿para qué vivir?
La tierra de la muerte honorable
Está aquí: entra al campo y entrega
Tu aliento.

Busca -menos a menudo se busca que se encuentra-
La tumba del soldado, la mejor para ti;
Mira alrededor, elige tu parcela
Y toma tu descanso.

George Gordon, sexto lord de Byron (Londres, 1788–Missolonghi, Grecia, 1824), Works, Londres, 1832 Poetry Archive
Versión libre de J. Aulicino


On this Day I Complete my Thirty-Sixth Year

'TIS time the heart should be unmoved,
Since others it hath ceased to move:
Yet, though I cannot be beloved,
Still let me love!

My days are in the yellow leaf;
The flowers and fruits of love are gone;
The worm, the canker, and the grief
Are mine alone!

The fire that on my bosom preys
Is lone as some volcanic isle;
No torch is kindled at its blaze--
A funeral pile.

The hope, the fear, the jealous care,
The exalted portion of the pain
And power of love, I cannot share,
But wear the chain.

But 'tis not thus--and 'tis not here--
Such thoughts should shake my soul nor now,
Where glory decks the hero's bier,
Or binds his brow.

The sword, the banner, and the field,
Glory and Greece, around me see!
The Spartan, borne upon his shield,
Was not more free.

Awake! (not Greece--she is awake!)
Awake, my spirit! Think through whom
Thy life-blood tracks its parent lake,
And then strike home!

Tread those reviving passions down,
Unworthy manhood!--unto thee
Indifferent should the smile or frown
Of beauty be.

If thou regrett'st thy youth, why live?
The land of honourable death
Is here:--up to the field, and give
Away thy breath!

Seek out--less often sought than found--
A soldier's grave, for thee the best;
Then look around, and choose thy ground,
And take thy rest.


---
Ilustración: Batalla de Salamina, 1868, Wilhelm von Kaulbach

sábado, febrero 12, 2011

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz / Dos poemas



Despertar

En un país de infancia recuperada entre lágrimas,
en una ciudad con latidos de corazones muertos
(todo un arrullador zurco de latidos de vuelo,
de latidos de alas de pájaros de la muerte;
de chapaleos de alas negras sobre el agua de la muerte),
en un pasado fuera del tiempo, enfermo de arrobamiento,
los gratos ojos dolidos del amor arden todavía
con un fuego manso de mineral rojizo, con un triste encanto,
en un país de infancia recuperada entre lágrimas...
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío absoluto.

¿Por qué me has sonreído en la gastada luz,
y por qué y cómo me has reconocido,
extraña muchachita de arcangélicos párpados,
de reidores, azulados, suspirantes párpados,
hiedra de noche estival sobre la luna de las piedras?
¿Y por qué y cómo, no habiendo jamás entrevisto
ni mi rostro ni mi duelo, ni la miseria
de los días, me has reconocido tan de pronto,
cálida, musical, brumosa, pálida amada?
¿Por quién morir en la noche inmensa de tus párpados?
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío absoluto.

¿Qué palabras, qué músicas terriblemente caducas
se estremecen en mí con tu presencia irreal,
sombría paloma de los días lejanos, tibia, bella?
¿Bajo cuáles frondas de soledumbre antiquísima,
en qué silencio, en qué melodía o en qué
voz de niño enfermo volver a encontrarte, oh bella,
oh casta, oh música escuchada en el sueño?
Sin embargo, el día llueve sobre el vacío absoluto.


Los muertos están ebrios...

Los muertos están ebrios de lluvia antigua y sucia
allá en el cementerio extraño de Lofoten.
El reloj del deshielo tabletea lejano
entre los ataúdes sórdidos de Lofoten.

Y gracias a las fosas que el entretiempo ahueca,
con fría carne humana los cuervos se han cebado,
y gracias al delgado viento con voz de niño,
dulce para los muertos es el sueño de Lofoten.

Ya no veré jamás, jamás sin duda,
ni la mar ni las tumbas de Lofoten,
y sin embargo hay algo en mí que me hace amar
ese rincón extremo y toda su congoja.

Suicidas, alejados y desaparecidos
del cementerio extraño de Lofoten
-¡qué raro y dulce suena su nombre en mi oído!-
decidme si es verdad que allí, que allí dormís.

Bien podrías contarme cosas más ocurrentes,
clarete que rebasas en mi copa de plata;
historias más amables o menos alocadas
y dejarme tranquilo con tu eterno Lofoten.

Que está haciendo buen tiempo y suave se desliza
en el hogar la voz del mes más melancólico.
¡Ah, los muertos, los muertos, aun los de Lofoten,
los muertos, en el fondo, lo están menos que yo!

Oscar Wladislas de Lubicz Milosz (Czereia, Lituania, hoy Bielorrusia, 1877-Fontainebleau, Francia, 1939), "Las siete soledades", 1906, Antología poética, versión de Lysandro Z. D. Galtier, Compañía General Fabril Editora, Buenos Aires, 1959 [no bilingüe]

Foto: O.W. de Lubicz Milosz, s/d

viernes, febrero 11, 2011

John Donne / La prohibición




La prohibición

Cuídate de amarme,
Recuerda al menos que te lo he prohibido;
No es que compense mi derroche de sangre y aliento
Con tus lágrimas y suspiros,
Siendo contigo como tú fuiste para mí;
Pero es tanta la alegría que nuestra vida goza,
Que al menos que tu amor se frustre con mi muerte,
Si me amas, cuídate de amarme.

Cuídate de odiarme,
O de triunfar con exceso en la victoria.
No es que quiera defenderme,
Y devolver odio por odio,
Mas perderás tu hábito de conquistador,
Si yo, tu conquista, perezco bajo tu odio.
Entonces, para que mi nulidad no te disminuya,
Si me odias, cuídate de odiarme.

No obstante, ámame y ódiame,
Para que estos extremos se neutralicen;
Ámame, y podré morir de la manera más dulce;
Ódiame, pues tu amor es demasiado para mí:
O deja que ambas cosas se marchiten, y no yo,
Que siendo tu escenario, viviré sin triunfar,
No sea que destroces tu amor, tu odio y a mí mismo,
Para dejarme vivir, oh ámame y ódiame.

John Donne (Londres, c.1572-1631), Poemas de John Donne, versiones de William Shand y Alberto Girri, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1953


The Prohibition

TAKE heed of loving mee,
At least remember, I forbade it thee;
Not that I shall repaire my'unthrifty wast
Of Breath and Blood, upon thy sighes, and teares,
By being to thee then what to me thou wast;
But, so great Joy, our life at once outweares,
Then, least thy love, by my death, frustrate bee,
If thou love mee, take heed of loving mee.

Take heed of hating mee,
Or too much triumph in the Victorie.
Not that I shall be mine owne officer,
And hate with hate againe retaliate;
But thou wilt lose the stile of conquerour,
If I, thy conquest, perish by thy hate.
Then, least my being nothing lessen thee,
If thou hate mee, take heed of hating mee.

Yet, love and hate mee too,
So, these extreames shall neithers office doe;
Love mee, that I may die the gentler way;
Hate mee, because thy love is too great for mee;
Or let these two, themselves, not me decay;
So shall I, live, thy Stage, not triumph bee;
Lest thou thy love and hate and mee undoe,
To let mee live, O love and hate mee too.
---
Ilustración: Pareja con un loro, c.1650, Pieter de Hooch

jueves, febrero 10, 2011

Jorge Enrique Ramponi / De "Los límites y el caos"



Ceremonia del cuervo

De qué remoto germen o ritual pernicioso
llegan al corazón ceremonias de cuervo legendario esta noche,
reverencias de búho
venido del cuadrante de una heráldica aviesa;
mímicas obstinadas de pájaro de túnel
que anuda entre sus cejas la tiniebla y el éxtasis,
y oficia estremecido su animal sacramento, de espaldas al oráculo.

Entre venias pausadas,
frontal a redonda de su culto sombrío, trazo un símbolo arcano,
con las garras en cruz lo signa polo a polo.
Olfatea hacia el norte cierto almizcle maligno
que le enturbia el plumaje con un viento de eclipse.

Cita las cuatro esquinas
con un gesto abismado de pontífice impío, cardinal y remoto;
con el pico en el eje las anuda en un orden jeroglífico ciego.
De par en par las alas
y la cola imbricada de abanico yacente,
en un largo vuelo quieto cubre el óvalo y gime su consigna de cábala.
Tendido en él lo asume fanático de indicios,
se tira a las espaldas escamas rencorosas,
lo empolla en su liturgia como a un huevo sagrado.

-Afronta tu desdicha, fértil enardecido
quién sabe por qué filtro de malicia perversa:
si Dios no está contigo cuando cantas
acaso te laten en el bulbo semillas del demonio.

-Nadie elude su crisma de tinieblas y caos
si nació para el rito de los crueles poderes furtivos de la noche.

-Nadie pierde su estela
si es fiel a su presagio secreto desde el prólogo.

El deudo que responde ya no es él,
su denuedo talla altares feroces en la propia desgracia,
tornavoces aciagos,
púlpitos de la misma materia del gemido.

Ora con eslabones de intemperie maligna,
con pésames de plomo que estampan en el alma su quilate de luto,
encandilada esfinge que rebota en sus huesos.

Quenas dos veces muertas, sin médula y sin soplo,
fosforecen sepultos avatares, álgebras torvas,
esfinges con vísceras de tumba.
Torres del desafío
cumplida la parábola, de regreso en el polvo.
Alfabetos sin quicio que responden preguntas
turbias admoniciones, animales relámpagos.

Sin confín en la extrema latitud del sollozo
se le conoce a quién invoca en su liturgia.
La audiencia despiadada se le acusa en el ceño de extranjero difícil,
clandestino, sinuoso.
En la lira de fuego que le tiembla en la frente malévola de hereje.
Le cae un yeso negro, funeral, sobre el alma.
Se le vuelven laureles de azufre los cabellos.

Solo ante el ara inicua,
lívido hasta el registro de las revelaciones en la clave del mártir,
le tañe facciones un viento de otro mundo.


(Los límites y el caos) [1972]


Jorge Enrique Ramponi (Mendoza, 1907-1977), Antología de la poesía argentina, tomo I, selección de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979

Foto: Ramponi Analecta Literaria

miércoles, febrero 09, 2011

Alberto Luis Ponzo / Lugares comunes



Lugares comunes

En los coches de las estaciones
en los negocios
dentro de los libros de tapas miserables
o en el aire que los quema

En las leyes abandonadas
en los días secuestrados al tiempo
en los cuerpos desnudos
en lo todo lo que se entiende para morir
en las palabras

Fuera del lugar común de la sangre
en el viejo reloj
en la cuerda que se da a los muñecos

En todas partes
y en ninguna
en el vidrio golpeado por la lluvia
donde hay sombras que mueren

Sobre todo donde hay que vivir
con un ojo cerrado y otro abierto
con la mesa vacía de los otros
con el peso de todos en la única balanza

Si tengo que estar en algún sitio
si donde estoy hay algo
si hay alguna manera de que las cosas sean
como las nombramos
estos son los lugares que propongo
los lugares comunes.

(A puertas abiertas) [1969]

Alberto Luis Ponzo (Buenos Aires, 1916-2017), Antología de la poesía argentina, tomo I, selección de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979

Foto: Alba Correa y Alberto Ponzo Voces y poemas, 2007

martes, febrero 08, 2011

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 5



La restauración de izquierda (III)

Cayó del pelaje todo significado.
Quedó indescifrable y fechado
como poema hermético cuya integración alegórica
no está ya en el horizonte de la conciencia de nadie.
Vagaron los grandes cultivos de pelos y cabellos,
agrupándose como pobres vacas para la matanza,
resplandeciendo de aquella luz de la que resplandece
sin embargo el folclore de cultos recién descubiertos.
A la Burguesía todo eso no le servía más,
el espacio vacío que se le abrió delante
lo había en gran parte conquistado
gracias a aquellos kamikazes;
quedaba otro vacío, y cuánto, por conquistar.
Pero para eso precisaban, de una parte,
hombres grises y soldados. *
De otra parte, fue la resurrección de los Sindicatos
que llevaron adelante, en el espacio vacío que se había abierto,
a las grandes masas de obreros con su conciencia de clase.
Así que para esta operación
el antiguo prestigio de los Partidos comunistas fue restaurado.
En los rostros de los jóvenes, la presente primavera -
quien no desobedece deja el lugar a la obediencia
que, si pierde alguna cosa, la pierde para siempre
como enseña, no escuchado o no comprendido, el tiempo nuevo
que se añade al tiempo viejo; regresando
pero no recordando nada
(no en realidad ojos más seguros, no en en realidad cuerpos
arrojados a la lucha, fuertes en su novedad).


* Bajaba en ascensor en Bahía un grupo de hombres grises, pertenecientes a otra raza y de nacionalidad americana, en todo caso, que iban inexpresivos a destruir las iglesias portuguesas; de soldados nuevos, el Brasil está lleno, rapados como nazis sobre las orejas amarillentas.


La restauración de izquierda y quién

Sartre, más bien, y no Zdanov -
Y siempre pasa lo peor;
pero preparémonos a reaprender la libertad,
que sufriendo el chantaje o no sufriéndolo, hemos perdido,
reencontrándola, tan sorprendente y difícil
en aquellos que la han aprendido de nosotros.
El trabajo y la organización del Poder constituido
o no más nacional
Nuevos horizontes, mejor dicho, un nuevo horizonte
se abre ante la humanidad, en el campo de los negocios
La potencialidad de los consumidores
bocas se abrieron esperando las raciones
a lo largo de las orillas de los Océanos,
sobre montes salvajes.
En el corazón de los países civilizados todo debía ser rehecho.
Se precisaba conquistar aquel vacío.
La historia era un peso; el pasado, un palo en las ruedas;
los Jefes, pertenecientes a otra raza,
pero de nacionalidad, en todo caso, americana,
(¿quién vio a estos jefes?)
Pues bien, fue una orden: romper toda atadura.
En los remotos 1961, 1962, aparecieron
en Nueva York los primeros contestatarios del Poder, y...
de su Pasado.
Tuvieron el datado y fabuloso nombre de "beats";
los Jefes invisibles vieron con satisfacción
que el Pasado de ELLOS comenzaba a ser destruido con aullidos
y no los últimos en aullar fueron los poetas.
Bien, todo lo que siguió tuvo esta función -
Los estudiantes de todo el mundo-
los Partidos Comunistas y los Sindicatos quedaron mirando;
luego vino su turno.
El vacío fue llenado y ahora patrones y obreros
se encuentran al frente y más adelante.
El camino quedó sembrado de cadáveres y de heridos
que se apresuraron detrás,
pero eran reconocibles a causa de su pelo
y amontonados como en campos de concentración
quien en vez de pelos tenía ideas
estaba muy acostumbrado a quedar detrás de la manada
era de toda la vida que sufría este dolor
este atroz dolor de no conocer fraternidad.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versiones: Jorge Aulicino


La restaurazione di sinistra (III)

Cadde dal pelame ogni significato.
Esso restò indecifrabile e datato
come poema ermetico la cui integrazione figurale
non è più nell'orizzonte della coscienza di nessuno.
Vagarono le grandi coltivazioni di peli e capelli
radunandosi come povere vacche per la carneficina,
splendendo de quella luce di cui splende comunque
il folclore dei culti scoperti di recente
Alla Borghesia tutto ciò non serviva più
lo spazio vuoto che a lei si era aperto davanti
lo aveva già conquistato
grazie a quei kamikaze;
restava altro vuoto, e quanto, da conquistare.
Ma per questo occorrevano, da una parte,
uomini grigi e soldati (1)
Dall'altra parte, ci fu la resurrezione dei Sindicati
che portarono avanti nello spazio vuoto chi si era aperto
le grandi masse degli operai con la loro coscienza di classe.
Sicché, per questa operazione,
l'antico prestigio dei Partiti comunisti fu restaurato.
Nei visi dei giovani le presente primavera -
chi non disubbidisce lascia el posto all'obbedienza
che, se perde qualcosa, la perde per sempre
como insegna, inascoltato o no compreso, il tempo nuovo
che si aggiunge al vecchio; ritornando
ma non ricordando niente
(non certo occhi più sicuri, non certo corpi
gettati nella lotta, forti della loro novità)


(1) Scendeva in ascensore a Bahia, un gruppo di uomini grigi, appartenenti a un'altra razza e di nazionalità americana, comunque, che andavano inespressivi a distruggere le chiese portoghese; di soldati nuovi, il Brasil è poi pieno, rasati come nazisti sopra le orecchie giallastre.


La restaurazione di sinistra e chi

Sartre, se mai, e non Zdanov -
Eppure accade sempre il peggio;
ma accingiamoci a riapprendere la libertà
che subendo il ricatto o non subendolo, abbiamo perduto
ritrovandola così sorprendente e difficile
in coloro che l'hanno appresa da noi
Il lavoro e l'organizzazione del Potere costituito
or non più nazionale
Nuovi orizzonti, anzi, un nuovo orizzonte
si aprì davanti all'umanità, nel campo degli affari
La potenzialità dei consumatori
bocche si aprino ad aspettare la razione
lungo le rive degli Oceani
sui monti selvaggi.
Nel cuore dei paesi civili tutto fu poi da rifare.
Bisognava conquistare quel vuoto,
La storia era un peso; il passato un bastone tra le ruote;
i Capi, appartenenti ad altra razza,
ma di nazionalità per lo più americana, comunque
(a chi apparvero questi capi?)
Ebbene, fu un ordine: rompere ogni legame.
Nei remoti 1961, 1962, apparvero
a New York i primi contestatori del Potere e...
del suo Passato.
Ebbero il datato e favoloso nome di "beats";
i Capi invisibili videro con soddisfazione
che il LORO Passato comminciava a venir distrutto con urli
e non ultimi a urlare furono i poeti
Bene, tutto quello che seguì ebbe questa funzione -
Gli studenti di tutto il mondo -
i Partiti Comunisti e i Sindicati stettero a guardare;
poi venne il loro turno.
Il vuoto fue riempito e adesso padroni e operai
si trovano di fronte più avanti.
La strada restò seminata di cadaveri e feriti
che arrancarono dietro,
ma furono riconoscibili a causa dei loro capelli
e ammassati come in campi di concentramento
chi invece di capelli aveva idee
era ben abituato a questo restare dietro al branco
era da tutta la vita che soffriva questo dolore
questo atroce dolore del non conoscere fraternità.

Ilustración: Portada de la revista Life, 1967

lunes, febrero 07, 2011

Allen Tate / Oda a los muertos de la Confederación



Oda a los muertos de la Confederación

Fila tras fila con estricta impunidad
Las lápidas abandonan sus nombres a los elementos,
El viento zumba sin recuerdos,
En las hendidas zanjas las anchas hojas
Se amontonan, casual sacramento de la naturaleza
Para la estacional eternidad de la muerte,
Y luego, arrastradas a su tarea en el vasto aliento
Por el feroz escrutinio del cielo,
Susurran el rumor de la mortalidad.

Otoño es la desolación en el campo
De mil acres donde crecen estas memorias
De los inagotables cuerpos que no están muertos,
Sino que nutren filas tras filas de rica hierba.
¡Piensa en los otoños que fueron!
El ambicioso noviembre con los humores del año,
Con un celo particular por cada losa,
Mancilla los ángeles que se pudren.

Sobre las losas, aquí un ala quebrada, allí un brazo:
La brutal curiosidad de la mirada de un ángel
Te convierte, como ellos, en piedra,
Transforma el aire denso,
Hasta que sumergido en el más pesado mundo de abajo
Desvías ciegamente tu espacio marino
Virando, dando vueltas como un cangrejo ciego.

Aturdidas por el viento, sólo por el viento,
Volando, las hojas se sumergen.

Tú, que esperaste junto al muro, conoces
La sombría tristeza de un animal; conoces
Esas nocturnas restituciones de la sangre,
Los implacables pinos, el humeante friso
Del cielo, la llamada súbita; conoces la furia,
El frío charco que dejó la marea alta,
De enmudecidos Zenón y Parménides.
Tú que esperaste la enojosa resolución
De los deseos que mañana debieran ser tuyos,
Conoces la mezquina absolución de la muerte
Y alabas la arrogante circunstancia
De los que caen
Fila tras fila, afanados más allá de la decisión;
Aquí, junto a un portal que se cae, detenidos por el muro.

Viendo, viendo solamente las hojas
Volar, sumergirse y expirar.

Vuelve tus ojos al excesivo pasado,
Hacia la inescrutable infantería levantando
Demonios de la tierra; no perdurarán
Stonewall, Stonewall y los hundidos campos de cáñamo.

Shiloh, Antietam, Malvern, Hill, Bull Run.
Perdidos en ese amanecer turbulento
Maldecirán el son poniente.

Maldiciendo sólo las hojas que gimen
Como un anciano en la tormenta.

Oyes los gritos, los locos abetos señalando
Con los apenados dedos hacia el silencio
Que te asfixia, momia, con el tiempo.

La perra de caza, sin dientes,
Y moribunda, en un enmohecido sótano
Oye solamente el viento.

Ahora que la sal de su sangre
Endurece el más salado olvido del mar,
Y clausura la maligna pureza de la marea,
Nosotros, que contamos nuestros días e inclinamos
Las cabezas con conmemorativa pena
Ante las condecoradas guerreras de torva dicha,
¿Qué diremos de los sucios huesos
Cuyo verdoso anonimato irá creciendo,
Y de los desgarrados brazos, las desgarradas cabezas
Perdidos en estos acres de insano verde?
Las grises, flacas arañas vienen y se van;
En una maraña de sauces sin luz
El chillido singular y cerrado de la lechuza
Siembra en la mente un verso invisible
Con el furioso murmullo de su caballería.

Diremos solamente que las hojas
Vuelan, se sumergen y expiran.

Diremos solamente: las hojas susurran
En la improbable niebla del anochecer
Que vuela en múltiples alas;
La noche es el principio y el fin,
Y en el medio, los fines de la locura
Esperan una muda especulación, la pasiva blasfemia
Que apedrea los ojos, o que salta como un jaguar
Sobre su propia imagen, su víctima reflejada en una charcha de la selva.
¿Qué diremos nosotros que hemos llevado el conocimiento
al corazón? ¿Llevaremos el acto
Hasta la tumba? ¿Con mayor esperanza
Elegiremos la tumba en la casa? ¿La tumba voraz?

Deja ahora
El cerrado portal y el ruinoso muro:
La benévola serpiente, verde en la morera,
Alborota con su lengua la quietud;
¡Centinela en la tumba que nos abarca a todos!

Allen Tate (Winchester, 1899-Nashville, 1979), versión de Alberto Girri y W. Shand, Poesía norteamericana del siglo XX, selección de Mario Morales y Eugenio Lynch, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970


Ode to Confederate Dead

Row after row with strict impunity
The headstones yield their names to the element,
The wind whirrs without recollection;
In the riven troughs the splayed leaves
Pile up, of nature the casual sacrament
To the seasonal eternity of death;
Then driven by the fierce scrutiny
Of heaven to their election in the vast breath,
They sough the rumour of mortality.

Autumn is desolation in the plot
Of a thousand acres where these memories grow
From the inexhaustible bodies that are not
Dead, but feed the grass row after rich row.
Think of the autumns that have come and gone!--
Ambitious November with the humors of the year,
With a particular zeal for every slab,
Staining the uncomfortable angels that rot
On the slabs, a wing chipped here, an arm there:
The brute curiosity of an angel's stare
Turns you, like them, to stone,
Transforms the heaving air
Till plunged to a heavier world below
You shift your sea-space blindly
Heaving, turning like the blind crab.

Dazed by the wind, only the wind
The leaves flying, plunge

You know who have waited by the wall
The twilight certainty of an animal,
Those midnight restitutions of the blood
You know--the immitigable pines, the smoky frieze
Of the sky, the sudden call: you know the rage,
The cold pool left by the mounting flood,
Of muted Zeno and Parmenides.
You who have waited for the angry resolution
Of those desires that should be yours tomorrow,
You know the unimportant shrift of death
And praise the vision
And praise the arrogant circumstance
Of those who fall
Rank upon rank, hurried beyond decision--
Here by the sagging gate, stopped by the wall.

Seeing, seeing only the leaves
Flying, plunge and expire

Turn your eyes to the immoderate past,
Turn to the inscrutable infantry rising
Demons out of the earth--they will not last.
Stonewall, Stonewall, and the sunken fields of hemp,
Shiloh, Antietam, Malvern Hill, Bull Run.
Lost in that orient of the thick-and-fast
You will curse the setting sun.

Cursing only the leaves crying
Like an old man in a storm

You hear the shout, the crazy hemlocks point
With troubled fingers to the silence which
Smothers you, a mummy, in time.

The hound bitch
Toothless and dying, in a musty cellar
Hears the wind only.

Now that the salt of their blood
Stiffens the saltier oblivion of the sea,
Seals the malignant purity of the flood,
What shall we who count our days and bow
Our heads with a commemorial woe
In the ribboned coats of grim felicity,
What shall we say of the bones, unclean,
Whose verdurous anonymity will grow?
The ragged arms, the ragged heads and eyes
Lost in these acres of the insane green?
The gray lean spiders come, they come and go;
In a tangle of willows without light
The singular screech-owl's tight
Invisible lyric seeds the mind
With the furious murmur of their chivalry.

We shall say only the leaves
Flying, plunge and expire

We shall say only the leaves whispering
In the improbable mist of nightfall
That flies on multiple wing;
Night is the beginning and the end
And in between the ends of distraction
Waits mute speculation, the patient curse
That stones the eyes, or like the jaguar leaps
For his own image in a jungle pool, his victim.
What shall we say who have knowledge
Carried to the heart? Shall we take the act
To the grave? Shall we, more hopeful, set up the grave
In the house? The ravenous grave?

Leave now
The shut gate and the decomposing wall:
The gentle serpent, green in the mulberry bush,
Riots with his tongue through the hush--
Sentinel of the grave who counts us all!

[1927/1937]
Poets Org.

Ilustración: Asalto de las tropas de la Unión al puente de Burnside, en la batalla de Antietam, Maryland, 1862, dibujo de Edwin Forbes

domingo, febrero 06, 2011

Kenneth Rexroth / A William Carlos Williams



Carta a William Carlos Williams

Querido Bill,
cuando indago el pasado para ti,
algunas veces pienso que eres como
San Francisco, cuya carne se separaba
de él como alegre nube
y se confundía con toda cosa amante
-burros, flores, leprosos, astros-,
pero pienso que te asemejas aún más
al hermano Enebro, que sufrió
todos los ultrajes y glorias
sonriendo como un tonto manso.
Tú estás en alguna parte en las Florecillas,
porque eres un tonto, Bill,
como el tonto de Yeats, símbolo
de toda sabiduría y belleza.
Eres tú quien se eleva frente
a Elena en toda su sabiduría,
a Salomón, en toda su gloria.

¿Recuerdas hace años cuando
te dije que eras el primer
gran poeta franciscano desde
el medioevo? Perturbé
el tranquilo curso de la cena;
tu mujer pensó que estaba loco.

Y en cambio es verdad. Y también eres "puro",
un auténtico clásico, aunque no lo grites
del todo como
las muchachas de la Antología.
No como la estridente Safo que,
con toda su grandeza, debió
haber sufrido de endometriosis,
sino como Anite, que dice
sólo lo necesario, lentamente, como para
recordarlo durante milenios.

Es una calma maravillosa
la tuya, una manera de conservar
todavía el mundo y sus
sucios ríos, y los tachos de desperdicios,
carretillas rojas esmaltadas de lluvia,
frías ciruelas robadas de la heladera,
y encajes de la reina Ana, y margaritas,
y brotes que revientan
en las calles fangosas, y vientres salpicados
con niños dentro, y Cortés
y Malinche sobre la sangrienta
calzada, muerte de las flores del mundo.

Hoy, cuando la prensa se tambalea
con charlatanes, que quedas quieto,
cada año un manojo de silencio,
poemas que no tienen nada que decir,
como el silencio de George Fox,
sentado tranquilo debajo de la nube
de todas las tentaciones del mundo,
cerca del fuego, en la cocina,
en el valle de Beavor. Y
el arquetipo, el silencio
de Cristo, cuando calló largamente,
y luego dijo: "Tú lo has dicho".

Ahora, en un poema reciente, tú dices:
"Yo que estoy por morir".
Quizá no es más que una cita
tomada de los clásicos, pero me produce
un estremecimiento. ¿Dónde
conseguiste eso, Williams?
Presta atención. Vendrá el día
en que una mujer joven caminará
a lo largo del diáfano río Williams,
por donde corre a través de un idílico
paisaje de Ninguna parte,
y les dirá a sus niños:
"¿No es hermoso? Se lo llama
con el nombre de aquél
que caminaba por aquí cuando lo llamaban
río Passaic, y estaba sucio
de venenosos excrementos
de enfermos y fábricas.
Era un gran hombre, sabía
que aun entonces era hermoso, aunque
ningún otro lo supiera, entonces,
en la Edad Oscura. Y el
hermoso río que él vio
todavía fluye en sus venas, como
lo hace en las nuestras, y fluye en nuestros ojos,
y fluye en el tiempo, y nos hace
parte de sí mismo y de él.
Esta, niños, es lo que se llama
una relación sacramental.
Y esto es lo que es
un poeta, niños, uno que crea
relaciones sacramentales
que duran para siempre".
Con afecto y admiración,
Kenneth Rexroth.

Kenneth Rexroth (South Bend, Indiana, 1905-Montecito, California, 1982), versión de Alberto Girri, Poesía norteamericana del siglo XX, selección de Mario Morales y Eugenio Lynch, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1970


A Letter to William Carlos Williams

Dear Bill,

When I search the past for you,
Sometimes I think you are like
St. Francis, whose flesh went out
Like a happy cloud from him,
And merged with every lover —
Donkeys, flowers, lepers, suns —
But I think you are more like
Brother Juniper, who suffered
All indignities and glories
Laughing like a gentle fool.
You’re in the Fioretti
Somewhere, for you’re a fool, Bill,
Like the Fool in Yeats, the term
Of all wisdom and beauty.
It’s you, stands over against
Helen in all her wisdom,
Solomon in all his glory.

Remember years ago, when
I told you you were the first
Great Franciscan poet since
The Middle Ages? I disturbed
The even tenor of dinner.
Your wife thought I was crazy.
It’s true, though. And you’re “pure,” too,
A real classic, though not loud
About it — a whole lot like
The girls of the Anthology.
Not like strident Sappho, who
For all her grandeur, must have
Had endometriosis,
But like Anyte, who says
Just enough, softly, for all
The thousands of years to remember.

It’s a wonderful quiet
You have, a way of keeping
Still about the world, and its
Dirty rivers, and garbage cans,
Red wheelbarrows glazed with rain,
Cold plums stolen from the icebox,
And Queen Anne’s lace, and day’s eyes,
And leaf buds bursting over
Muddy roads, and splotched bellies
With babies in them, and Cortes
And Malinche on the bloody
Causeway, the death of the flower world.

Nowadays, when the press reels
With chatterboxes, you keep still,
Each year a sheaf of stillness,
Poems that have nothing to say,
Like the stillness of George Fox,
Sitting still under the cloud
Of all the world’s temptation,
By the fire, in the kitchen,
In the Vale of Beavor. And
The archetype, the silence
Of Christ, when he paused a long
Time and then said, “Thou sayest it.”

Now in a recent poem you say,
“I who am about to die.”
Maybe this is just a tag
From the classics, but it sends
A shudder over me. Where
Do you get that stuff, Williams?
Look at here. The day will come
When a young woman will walk
By the lucid Williams River,
Where it flows through an idyllic
News from Nowhere sort of landscape,
And she will say to her children,
“Isn’t it beautiful? It
Is named after a man who
Walked here once when it was called
The Passaic, and was filthy
With the poisonous excrements
Of sick men and factories.
He was a great man. He knew
It was beautiful then, although
Nobody else did, back there
In the Dark Ages. And the
Beautiful river he saw
Still flows in his veins, as it
Does in ours, and flows in our eyes,
And flows in time, and makes us
Part of it, and part of him.
That, children, is what is called
A sacramental relationship.
And that is what a poet
Is, children, one who creates
Sacramental relationships
That last always.”

With love and admiration,
Kenneth Rexroth.

Bureau of Publics Secrets

Copy: New Directions, NY

Foto: William Carlos Williams (1883 - 1963), c. 1955, Answers.com/Hulton Archive/Getty Images

sábado, febrero 05, 2011

Alicia Torres / Dos poemas















Como Perceval
(Chrétien de Troyes)

Una gota de sangre en la nieve
es la imagen que amo
por sobre todas las otras.

Yo me desnudo allí,
me invento,
ignorando con elegancia fingida
todo lo que no es esa violencia.

Como la sonrisa cruel e innecesaria
que se le brinda a un adversario derrotado

o como cuando vienes con la boca
todavía húmeda
y yo te miro pasar con desapego.

La gota de sangre en la nieve
es como lo que espero
acodada en la lividez de este silencio.


Antes de la consumación

Es inquietante esta violencia.
No digo de los nervios.
No digo del deseo
o de la lengua.

Digo una violencia
de bienvenida
a una abundancia que anida en cúmulos
azules y grises más allá del horizonte.

El amor o la muerte truenan
en la bóveda del mundo
y mi piel, salada de tiempo,
se estremece como el flanco de una yegua.

Fuera de mi línea de visión
hay un destino eléctrico.
Respiro y respiro:
un animal esperando el diluvio.

Consideraciones de la rosa, 2000

Alicia Torres (Caracas, 1960), Gina Saraceni, En-obra. Antología de la poesía venezolana. 1983-2008, 
Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2008

Foto: Escritores Cordillera/Facebook

act. 2021

Alberto Barrera Tyszka / Dos poemas



Poética

Ha de ser limpia y brillante,
como una hoja de afeitar
hundida en una copa de vino.

Como un tallo de albahaca
sobre el hielo.

Ha de ser mortal,
siempre.

Como el deseo.



Vida en común

Nada quedó en pie.

Qué gloria,
qué majestad,
qué torpe reino.
El corazón descansa
en el cesto de la basura
junto a unas cáscaras de piña
y el cartón de leche
que venció antes de ayer.


de Coyote en la ventana, 1991


Alberto Barrera Tyszka (Caracas, 1960), Gina Saraceni, En-obra. Antología de la poesía venezolana. 1983-2008, Editorial Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2008

Foto: Barrera Tyszka Milenio On Line/Miriam Sánchez

viernes, febrero 04, 2011

Ignacio Uranga / De "Este destello de luz"



Este destello de luz insobornable

Como un portazo, como un golpearse fuerte de
la puerta: eso que al parecer era la puerta y que
al cerrarse decididamente como una puerta con
violencia clausuró un espacio: lo que era, lo que
parecía ser aquel conjunto sólido, aquella masa
con la que estaba, con la que parecía estar dis-
puesto el cuadro del que incluso también yo era
parecía ser, parte: la pared, el piso mismo donde
estábamos, donde estuvimos, donde parecimos
estar de pie: me refiero a mí y a ese ella tan
ambiguo hoy, que antes identificaba con una voz
y unos ojos respectivos: ese complejo de datos
ese compuesto de materia al que aporté, lo confieso
más de la cuenta: más de mí que de vos, Caroline
y que di en llamar Caroline: este dispositivo absurdo
casi tan vacío como tus gestos de ternura: después
bajar los párpados, mis párpados bajados para que
lo compacto, lo homogéneo en apariencia, empezara
a resquebrajarse: esta torpeza tuya en el proceder
Caroline: tu optar por el mar cuando dijeron cáncer:
se dio vuelta, en efecto, el viento: nombrarte
intentar nombrar esa imagen sustitutiva y difusa


Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), de Este destello de luz, inédito

Ilustración: De la serie Casas, 2008-2010, Jordi Boldó

jueves, febrero 03, 2011

Peter Viereck / Dos poemas



¿Por qué no puedo vivir para siempre?

La muerte es un flamenco ciego cazando peces.
No quiere decir engullirte a ti o a mí...
Y cuando balancea locamente su pico no desea nunca
asustarnos. ¡Si solamente pudiera ver!

Por la noche atraviesa el oleaje en busca de compañía.
Por eso apesta a sal y a caparazón de ostras.
Su ceguera es lo que lo conserva célibe:
Este chapucero cree besar cuando mata.

Desearía que no nos hiciera morir. Desearía
que una noche desplegase sus alas y volase lejos
hacia los más altos planetas en busca de muchachas y peces.
Pero está habituado a la Tierra
y se propone quedarse.


A los nobles muertos, mis maestros

Tibios murmullos de las épocas, no la época -
y extraviados y pocos resonantes sois-
hacedme aprender más de lo que puedo oír.
Expanded el calado de mi ancoraje.
Exaltadme cuando hurgo demasiado en las tumbas
y vituperadme cuando me tambaleo demasiado sobre los zancos.
Llamadme por todas partes: permaneced dispersos como las olas
y sin embargo únicos y sonoros como el océano

hasta que las vidas sean dulces y descalzas como la devoción
y cada muerte un arroparse con cobertores.

Peter Viereck (Nueva York, 1916-South Hadley, 2006), Alberto Girri, 15 poetas norteamericanos. Segunda serie, Editorial Bibliográfica Omeba, Buenos Aires, 1969 (edición no bilingüe)

---
Ilustración: Clouds Study with Birds in Flight, 1821, John Constable

miércoles, febrero 02, 2011

Thomas Merton / En silencio

Quédate quieto.
Escucha las piedras del muro,
en silencio, tratan
de decir tu

nombre.
Escucha
las piedras vivas.

¿Quién eres?
¿Quién
eres? ¿De quién
eres silencio?

Quién (no hables)
eres (calla, como
estas piedras). No
pienses qué eres
fuera de aquello
que puedes ser un día.

Más bien
sé lo que eres (¿pero quién?),
sé lo impensable
que no sabes.

O quédate quieto, mientras
estás vivo,
y todas las cosas
vivas a tu alrededor

le están hablando (no las oigo)
a tu propio ser,
de lo desconocido
que está en ti y
en ellas mismas.

"Trataré, como ellas,
de ser mi propio silencio:
y esto es difícil. Todo
el mundo está secretamente
en llamas. Las piedras arden,
incluso las piedras me queman.
¿Cómo puede un hombre estar quieto o
escuchar todas las cosas ardiendo?
¿Cómo puede atreverse a estar
sentado entre ellas, cuando
todo su silencio está en llamas?"

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915-Bangkok, 1968), The Strange Islands, 1957
Archivos Panhala
Versión JA

In Silence

Be still.
Listen to the stones of the wall.
Be silent, they try
to speak your

name.
Listen
to the living walls.

Who are you?
Who
are you? Whose
silence are you?

Who (be quiet)
are you (as these stones
are quiet). Do not
think of what you are
still less of
what you may one day be.

Rather
be what you are (but who?)
be the unthinkable one
you do not know.

O be still, while
you are still alive,
and all things live around you

speaking (I do not hear)
to your own being,
speaking by the unknown
that is in you and in themselves.

“I will try, like them
to be my own silence:
and this is difficult. The whole
world is secretly on fire. The stones
burn, even the stones they burn me.
How can a man be still or
listen to all things burning?
How can he dare to sit with them
when all their silence is on fire?”


Foto: Merton s/d