jueves, agosto 22, 2024

Mary Oliver / Perdóname




Los ángeles son maravillosos, pero muy..., bien, reservados.
Es lo que siento en el barro y las raíces de los
árboles, o el pozo, o el granero, o la roca con
su amarillento mapa de líquenes que interrumpe mi paso y
hace que me brillen los ojos al sentir la presencia de algún
espíritu, algún pequeño dios que allí habita.

Si yo fuera una persona perfecta, no pararía de inclinarme.
No lo soy, y aun así me detengo allí donde siento esta
espiritualidad, y es por eso que a menudo tardo tanto en regresar
de dondequiera que haya ido.

Perdóname.

Mary Oliver (Maple Heights, Estados Unidos, 1935 - Hobe Sound, Estados Unidos, 2019), Blue Horses, The Penguin Press, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González.



FORGIVE ME 

Angels are wonderful but they are so, well, aloof.
It’s what I sense in the mud and the roots of the
trees, or the well, or the barn, or the rock with
its citron map of lichen that halts my feet and
makes my eyes flare, feeling the presence of some
spirit, some small god, who abides there.

If I were a perfect person, I would be bowing
continuously.
I’m not, though I pause wherever I feel this
holiness, which is why I’m often so late coming
back from wherever I went.

Forgive me.
---
Foto: Colección Bill y Amalie Reichblum de documentos personales de Mary Oliver, Library of Congress, Estados Unidos

miércoles, agosto 21, 2024

Safo / Como esa dulce manzana...



Como esa dulce manzana se ruboriza en la punta de la rama,
En la punta más remota, y la pasan por alto los recolectores…
No la desdeñaron, no: es que no pudieron alcanzarla.

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lobel-Pag. 105a, Oxford, 1955
Traducción de Jan De Jager

N. del T.: Se conjetura que estos versos provienen de un epitalamio, una canción de bodas compuesta por Safo con motivo del casamiento de una mujer hermosa pero, según los criterios de aquella época, ya no tan joven para casarse



Οἶον τὸ γλυκύμαλον ἐρεύθεται ἄκρῳ ἐπ᾽ ὔσδῳ
ἄκρον ἐπ᾽ ἀκροτάτῳ λελάθοντο δὲ μαλοδρόπνες,
οὐ μὰν ἐκλελάθοντ᾽, ἀλλ᾽ οὐκ ἐδύναντ᾽ ἐπίκεσθαι.
---
Imagen: Jules-Élie Delaunay, Sapho embrassant sa lyre, siglo XIX

martes, agosto 20, 2024

Marcelo D. Díaz / De "Los gamos"


Luz de otra parte

No será agua del cielo la que cae
y te moja, y nos moja
o será el agua del río
cayendo a la inversa
a qué animal nos parecemos en la lluvia.
A un delicado ciervo
cuando anuncia la nieve
y en el medio del río congelado comienza a hablar:
la técnica más cruel es la de la luz
con aquellas flores
que reflejan el corazón de tu mente
flores que no hacen otra cosa
más que atraer peces voladores
Es como una idea fija
las flores, el ciervo, más adelante en el ojo de los peces
vos y yo llegando para dibujar
nuestros nombres en el barro;
los animales así mueren en la memoria
de los árboles
¿te imaginaste un leño carcomido por los vocablos
que traía el río?
Un salvavidas ardiendo en el medio del agua.
Una forma de decir otra vez
hemos llegado al mismo mundo.
Cuántas veces el mismo mundo
como el hada del invierno
que toca con una especie de varita
todo a su paso. ¿Y los animales?
¿Y nuestra lengua de esquimal olvidando la primavera?
¿Y la forma primaria del pez que captura
la forma más compleja de los otros peces?
Nada más romántico que los peces ardiendo
en tu mente perdiéndose
en el hielo;
ahora tu ojo más adelante tu boca después tu corazón
dónde te tocó decir:
esta es mi forma sensible.
El ciervo perdiendo su orfandad entre la nieve
que lo creas o no
siempre brillará para vos.


A través del tiempo

“Hablemos, encendamos el fuego.”
Alberto Szpunberg

                                         a Rodrigo Astorga

Mi amigo me cuenta un sueño en el que el mundo
se convierte en un témpano infinito
más adelante se multiplica el frío
como una helada alrededor del planeta
después me dice: “mi primo estudia
matemática, en una realidad cuántica -me dijo 
dos cosas diferentes ocurren en simultáneo
Y yo me acuerdo de vos, y de tu voz
y pienso en una dimensión invertida
donde lo perdido se recupera.
¿No es un milagro tener el corazón helado así
en pleno verano? ¿No querías ser invierno?
¿O ya no? ¿Qué es lo que brilla en el futuro?
El sol arde a la medida de nuestras pérdidas
y la emoción se vuelve más radiante
cuando decís una y otra vez
somos animales tristes buscando la felicidad
en los vocablos del silencio,
una hoja en un árbol luminoso por momentos
transformado más tarde en leño
y más tarde en fuego,
siempre en un mundo paralelo
Esa es tu definición de la tristeza
una cosquilla, sí, o un aprendizaje a oscuras
de las cosas que son significativas
como cuando yo soñé con vos
y pensar que ahora tu nombre descansa
en un punto ciego de mi mente
mientras mi amigo me narra
la teoría de los mundos posibles
y yo me digo si no estás aquí más adelante
quizá tu corazón, no la imaginación, o mejor
el movimiento afectivo, o sentimental, de los astros
nos devuelva al cauce del río
de una época anterior
de cuando el cielo todavía era soleado.

Marcelo D. Díaz (Villa Mercedes, Argentina, 1981), Los gamos, edición electrónica, Cooperativa Cultural Trafkintu, 2024 

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Imagen: Marcelo D. Díaz por Pablo Elías. Marcelo Díaz/Facebook

lunes, agosto 19, 2024

Irene Gruss / Fue una fiesta




              Es difícil escribir un paraíso
              cuando todas las indicaciones
              superficiales hacen pensar
              que debe escribirse el Apocalipsis.      
                                                Ezra Pound

Ya no.
Despreocuparse
en medio de plena guerra, cuando
todo era diversión, y pasión,
y era guerra.
Entretenidas anécdotas entre Picasso y
sus mujeres; Gertrude Stein
manejando una camioneta de la
Cruz Roja Internacional, en el paisaje
del frente.
Eluard haciendo el amor en medio de
la guerra: "¿Qué íbamos a hacer?".
Ya no. El amor ahora apenas
sostiene,
apenas descubre,
salva,
corrobora conclusiones, situaciones
tontas.

Irene Grus (Buenos Aires, 1950 - 2018), Diario de Poesía n° 1, Buenos Aires, invierno de 1986
[El mundo incompleto, Libros de Tierra Firme, 1987; Poesía completa, En Danza, 2021]


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Foto: Irene Gruss, Buenos Aires, c.2014. Archivo del Administrador

domingo, agosto 18, 2024

Nuno Júdice / De "Meditación sobre ruinas"



Poema

Las cosas más simples las oigo en el intervalo
del viento, cuando el simple caer de la lluvia en los
vidrios rompe el silencio de la noche, y su ritmo
apaga el de las palabras. En ocasiones, es
una voz cansada, que repite incansablemente
lo que la noche enseña a quien la vive; otras
veces, corre apresurada, atropellando sentidos
y frases como si quisiera llegar al fin, más
rápido que la madrugada. Son cosas simples
como la arena que tomamos y se escurre
entre los dedos mientras los ojos buscan
una línea definida en el horizonte; o son las
cosas que recordamos de pronto, cuando
el sol se asoma en el hueco de una nube.
Estas son las cosas que pasan, cuando el viento
se queda; y son las que tratamos de recordar, como
si las hubiéramos oído, y el ruido de la lluvia en los
vidrios no hubiera borrado su voz.


Las santas místicas

Hay mujeres resplandecientes bajo el manto
que las oculta. Sus cuerpos son blancos como el lino
áspero en que se tienden, y su piel es suave
cuando el frío de la mañana la recorre con las manos
duras del invierno. Sus cabelleras negras se esparcen
a lo largo de la espalda, y cuando las vemos de frente
son la cortina que oculta sus senos. Esas mujeres
se sientan en una banca de piedra junto a la ventana
desde donde observan el mundo. Con los finos
dedos de sus manos cuentan los días que faltan
para el fin de su eternidad. Cuando rezan, arrodilladas,
se lastiman los codos en la piedra del corredor. Sus labios
murmuran la oración con la que piden a dios
que descienda al nivel de sus rostros; y abrazan
la nube que se forma cuando la humedad
se escapa de sus bocas, cuando respiran, y el vidrio
se empaña para que ellas miren dentro de sí,
y no hacia afuera, donde el cielo se oscurece con las razones
de la lluvia. Y observo el fondo de su alma, donde
se abre el camino del éxtasis que las posee.


La apariencia mística del cisne engaña a los creyentes

En el cuarto donde colgué el grabado de dos
mujeres desnudas en una fuente, el agua empezó
a escurrir de las vigas del techo. Una nueva
fuente, diría un agnóstico; de hecho, era la
lluvia que caía, y pronto las ninfas se arrojaban
toallas una a la otra para secarse, aunque
las toallas estuvieran empapadas. Pero
el silencio era total en el cuarto, y lo que ellas gritaban,
porque el agua estaba fría, o porque
las toallas eran ásperas, sólo se oía
en mi cabeza. Era posible, claro, que
todo sucediera ahí; y que el agua que escurría del techo
fuera en realidad la luz que surgía de lo
profundo de mi memoria, donde las dos
mujeres desnudas se transformaban en cisnes
que salían del lago y abrían las alas. La pared
del cuarto, sin el grabado, se secó; y de las
vigas del techo surgió otra luz,
parecida a la que yo imaginaba, la misma que ahora
cae en el piso donde me puse a recogerla con
la escoba de la estrofa, para que no se pierda.

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949 - Lisboa, 2024), Meditación sobre ruinas, Textofilia / Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2018
Versiones de Blanca Luz Pulido



Poema

As coisas mais simples, ouço-as no intervalo
do vento, quando um simples bater de chuva nos
vidros rompe o silêncio d noite, e o seu ritmo
se sobrepõe ao das palavras. Por vezes, é uma
voz cansada, que repete incansavelmente
o que a noite ensina a quem a vive; de outras
vezes, corre, apressada, atropelando sentidos
e frases como se quisesse chegar ao fim, mais
depressa do que a madrugada. São coisas simples
como a areia que se apanha, e escorre por
entre os dedos enquanto os olhos procuram
uma linha nítida no horizonte ou são as
coisas que subitamente lembramos, quando
o sol emerge num breve rasgão de nuvem.
Estas são as coisas que passam, quando o vento
fica; e são elas que tentamos lembrar, como
se as tivéssemos ouvido, e o ruído da chuva nos
vidros não tivesse apagado a sua voz.


Las santas místicas

Há mulheres resplandecentes sob o manto
que as esconde. Os seus corpos são brancos como o linho
áspero em que se deitam, e a sua pele é macia
quando o frio da manhã a percorre com as mãos
duras do inverno. Os cabelos negros soltam-se
ao longo das costas, e quando as vemos de frente
são a cortina que lhes esconde os seios. Essas mulheres
sentam-se no banco de pedra junto à vigia
de onde espreitam o mundo. Com os dedos
finos das suas mãos contam os dias que faltam
para o fim da sua eternidade. Quando rezam, de joelhos,
ferem os cotovelos na laje do corredor. Os lábios
murmuram a oração em que pedem a deus
que desça até junto dos seus rostos; e abraçam
a nuvem que se forma quando a humidade
se solta das suas bocas, quando respiram, e o vidro
se embacia para que elas olhem para dentro de si,
e não para fora, onde o céu escurece com as contas
da chuva. E espreito o fundo da sua alma, onde
se abre o caminho do êxtase que as possui.


A aparência mística do cisne engana os crentes

Na sala onde pendurei a gravura de duas
mulheres nuas numa fonte, a água começou
a jorrar das madeiras do tecto. Uma nova
nascente, diria um agnóstico; de facto, tratava-se
das águas do céu, e as ninfas em breve atiravam
toalhas uma à outra, para se limparem, embora
as toalhas estivessem encharcadas. Mas
o silêncio era total, na sala, e o que elas gritavam,
ou porque a água estivesse fria, ou porque
as toalhas as magoavam, só se ouvia no fundo
da minha cabeça. Podia ser, por outro lado, que
tudo se passasse aí; e a água que corria do tecto,
na verdade, era como a luz que brotava do
mais fundo da minha memória, onde as duas
mulheres nuas se transformavam nos cisnes
que saíam do lago e abriam as asas. A parede
da sala, sem a gravura, ficou seca; e das
madeiras do tecto soltava-se uma outra luz,
como a que estava na minha cabeça, e agora
caía no chão onde me pus a apanhá-la com
a vassoura da estrofe, para que não se perdesse.
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sábado, agosto 17, 2024

Circe Maia / Posibilidad



¿De qué manera ataco con palabras
cosas tan delicadas?
                   La mirada de un niño de tres meses
¿puede acaso tocarse
con las palabras "meses", "tres", "mirada"?

Hay que dar un rodeo
dar vueltas y volver sobre sonidos
sobre voces, oídas, leídas,
tal vez muy usadas...

                  Es posible que un día se abran
y en la hendidura brote
la mirada.

Circe Maia (Montevideo, 1932), "El puente", 1970, La pesadora de perlas. Obra poética. Conversaciones con María Teresa Andruetto, Viento de Fondo, Córdoba, Argentina, 2013

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Foto: Mura

viernes, agosto 16, 2024

Marcelo Ajubita / De "¿A dónde van los muertos?"


Fumigaciones

El sicario del Anticristo
limpia la lente en el fumadero
esperando en silencio
armado con un diccionario negativo
y las aves vuelan…
por la azotea del templo literario
ajusta una corneta al caño
observando a los tullidos
beber té verde sobre la alfombra.

El sicario del Anticristo
se parece a un niño humillado
esperando el momento de enterrar la garra
en el estado       y no hay lugar para enmiendas
porque las aves vuelan…

Envenenar el verbo
para que el ataque médico no sea denunciado
elevando lo inútil al rango de anticuerpo
sólo lo inútil nos hará portadores de luz
mientras la directora se revuelca en el cuarto
beneficiado por poéticas estatales
el sicario del Anticristo
prepara el fulminante
frente a la mirada atierrada de los niños y…

¡Bummmm!  Scratchhhhhh    Uahhhahhhh

es la hora de la limpieza.


Vaquitas de San Antonio

Joyas con patas
en extravagantes pilotos
cuando a martillazos derrumbaron
el muro
construyeron una pared sonora
¿me escuchas?
¿puedes escucharme?
brillando
como amapolas en la nieve
el camello
pasó por el ojo de la aguja
y la novedad
trajo el empujón químico
las mariquitas
subidas a un mojón
apenas pueden ver
las medias del búho
limpiando
el avispero nocturno
no son
siquiera queridas
como aspiradoras
las catitas
brillan sin mostrarse
a no ser que terminen
en el pico de un mirlo.

Marcelo Ajubita (Venado Tuerto, Argentina, 1958), ¿A dónde van los muertos?, inédito

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Foto: Marcelo Ajubita / Facebook

jueves, agosto 15, 2024

Alicia Silva Rey / De "La casa"



LA CASA

La medianera como tope del camino de lajas. Alta, blanca, lisa. Se puso de espaldas a la pared, como si primero hubiera tenido que alzarse desde los talones, apoyando luego las plantas de los pies y finalmente las puntas de los dedos en un movimiento que se le antojaba contrario al de la danza, opuesto al equilibrio, deseado. 
Realizó luego la inflexión contraria, puntas, plantas, talones.
La puntada en los huesos, reminiscencia de la infección. 
Palpó con la palma de las manos, la nuca, las pantorrillas, su textura  como si se tratara de un señuelo de otras cosas, “materiales”, se dijo que pensaría, “otras cosas materiales”, como si ningún significante hubiera estado en condiciones de definir aquello para lo cual la textura de la pared se comportaba como señuelo; “materiales” era aludir a la condición de lo viviente pero en su carácter de opaco real impenetrable. 
Opaco real impenetrable, “material”. Como aquello que se permuta por las monedas del sueño, como lo que del sueño no se permuta por nada que no sea esa cosa definitiva “opaca real impenetrable”.
Giró sobre su cuerpo, su casa. Su cuerpo su casa. Su cuerpo su caza. 
Posó la superficie entera de ese cuerpo sobre la pared, ya de espaldas a la casa a la cual, con solo darse vuelta o retroceder desde donde se había posicionado, podía darle alcance.
De espaldas a la verdadera  casa – sujeto- de- la- cosa- material- opaca -impenetrable que tironeaba desde ella hacia ella. 
Si se desprende si 
retoma el camino de lajas si 
abre la puerta cerrada y 
pasa 
al  otro lado 
que la aguarda 
en su concreta causa de imposibilidad –no, no a las alegorías, nada de fábulas-.
El aire cavando el interior de la piedra. El lento estallarse de la piedra en miríadas de partículas pero sin modificaciones externas o visibles; piedra en trance.
Luego cosería con mano impropia aquellas prendas desgarradas. La costura debía corregir y aún reponer las partes ausentes.  Cortar, hundir, coincidir, traspasar. A mano alzada, toda aguja, con pequeñísimas puntadas, lo perdido reaparecía a causa de su costura invisible. La tela de reposición, idéntica  a la que ya no estaba, copiaba y remedaba a la auténtica. Como si estuviera recordando al revés. Alzó la cabeza, la ventana aún conservaba sus colgajos de niebla que no tardaría en evaporar. Como ciertas sustancias de la materia, en su  propio vapor, el  mar sublima. Cosería hasta alcanzar la perfección.

*

AGOSTO, 2014.

Ahí están los benteveos llamando a uno de sus hijitos que ha caído del nido.
La peripecia que sigue es: el pichoncito, de manera proporcionalmente directa a sus fuerzas y plumón, terminará escondido detrás del macetero del helecho más grande. Finalmente, habrá que ir haciéndolo escalar paulatinamente las distintas alturas de los diversos objetos que vayan acercándolo al techo o a algún árbol próximo desde donde los padres puedan remontarlo.
Esto puede durar de uno a tres días.
Si no lo logra, lo sabremos porque, en algún momento de esos tres días, los padres cesarán su llamado. Si lo logra, también voy a saberlo porque la insistencia se multiplicará y no solo los padres llamarán y revolotearán hasta guiar al caído a lugar seguro. Así sucede en la naturaleza. Nadie llora ni se rasga la piel ni pierde su tiempo en lamentaciones. Lo que se llama júbilo.

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950), La casa, inédito

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Foto: Alicia Silva Rey / Facebook

miércoles, agosto 14, 2024

Anne Stevenson / Sobrentendido



Sous-entendu *

No pienses
que no sé
que mientras hablas conmigo
la mano de tu mente
me quita discretamente
una media,
asciende con hábil ceguera
por mi muslo.

No pienses
que no sé
que tú sabes
que todo lo que digo
es una prenda de vestir.

Anne Stevenson (Cambridge, Inglaterra, 1933 - Durham, Inglaterra, 2020), Poems 1955-2005, Bloodaxe Books, Hexham, 2005
Versión de Jonio González. 

* En francés, "sobreentendido", "implícito", "supuesto" (N. del T.)


SOUS-ENTENDU

Don't think
that I don't know
that as you talk to me
the hand of your mind
is inconspicuously
taking off my stocking,
moving in resourceful blindness
up along my thigh.

Don't think
that I don't know
that you know
everything I say
is a garment. 
---
Foto: Anne Stevenson, The Colony Club, Nueva York, 2008 Star Black / Library of America

martes, agosto 13, 2024

Raquel Jaduszliwer / Dos poemas



¿Cuál de todas las horas será la hora tranquila?
Al bies de aquellas nubes no se le puede preguntar,
dormidas como están sobre los abedules.

Dicen que cuanto más se aleja el que se aleja,
más se lo sentirá.

Más vibrará esa copa hasta dejar que caiga
el espíritu púrpura que habitaba en ella.

Dicen que cuando se haya derramado el vino,
también se habrá volcado el desenlace.

*

Sí, a derecha y a izquierda cada cosa corría
pero en verdad todo estaba muy quieto:
realidades que parecían sucederse, no sucedían
-atadas a los alambrados que bordean los rieles,
lo que se recorría era un interior, era todo por dentro.

Por fuera, el sol estaba inmóvil como lo demás:
casas, casillas, alguien saludando lejos con una mano 
estática.

Interminable transcurría la enredadera en primer plano,
casi junto a la vía.

Mareaba, cómo mareaba el torbellino de la inmovilidad.

Raquel Jaduszliwer (San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 1946), Espigas de los días *, inédito

* XXVII Premio Flor de Jara, Cáceres, España, 2024

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lunes, agosto 12, 2024

Robert Francis / Nada está lejos



Aunque nunca he escuchado la palabra
de Dios en el canto de ningún pájaro,
oigo todo lo que los ancianos oyen.

Aunque no he visto ninguna deidad
entrar o salir de ningún árbol crepuscular,
veo todo lo que los videntes ven.

Una piedra común y corriente puede sin embargo revelar
algo que no es piedra, que no vemos, pero que es real.
¿Qué puede una piedra común y corriente ocultar?

Nada está lejos si una vez estuvo cerca.
Nada está oculto si una vez fue evidente.
Nada fue Dios que no esté aquí.

Aquí está el pájaro, el árbol, la piedra.
Aquí estoy yo, sentado al sol, solo
entre lo conocido y lo desconocido.

Robert Francis (Upland, Estados Unidos, 1901 - Northampton, Estados Unidos,1987), Collected Poems, 1936-1976, University of Massachusetts Press, Amherst, 1976
Versión de Jonio González.

Robert Francis en Otra Iglesia Es Imposible


NOTHING IS FAR

Though I have never caught the word
Of God from any calling bird,
I hear all that the ancients heard. 

Though I have seen no deity
Enter or leave a twilit tree,
I see all that the seers see. 

A common stone can still reveal
Something not stone, not seen, yet real.
What may a common stone conceal? 

Nothing is far that once was near.
Nothing is hid that once was clear.
Nothing was God that is not here. 

Here is the bird, the tree, the stone.
Here in the sun I sit alone
Between the known and the unknown.
---
Foto: Jones Library, Amherst, Massachusetts

domingo, agosto 11, 2024

Piergiorgio Viti / De "Se le cose stanno così", 3


Me dejas afuera
hasta de tus paréntesis;
aquí, lejos de tu abrazo,
los prados se hielan,
el mar, a la noche,
se seca entre las manos
y yo vivo
una vida
              involuntaria.

Piergiorgio Viti (Sulmona, Italia, 1978), Se le cose stanno così, Italic, Ancona, 2015
Versión de Jorge Aulicino

Más poemas en castellano, traducidos por Antonio Nazzaro, en Como un cerezo al mediodía, Editorial Barnacle

Mi lasci fuori
anche dalle tue parentesi;
lì, lontano dal tuo abbraccio
i prati sono ghiacciati,
il mare, alla sera,
si prosciuga tra le mani
ed io vivo
una vita
               involontaria.
---
Foto: Piergiorgio Viti/Facebook

sábado, agosto 10, 2024

Roo Borson / La última noche del año...



La última noche del año
los cisnes partieron al ponerse el sol.
Después entre barcas y fuegos artificiales
podemos ver el agua negra,
la ciudad en el río.
Es ahí donde está nuestra vida,
más allá del dolor y de la pérdida,
la estela entre los juncos.
Allí 
allí 
¿qué es ese lugar ahora
sino una colina salpicada de luces
y un pino que no se mueve con el viento?
Dondequiera que sea verano,
dondequiera que los grillos le canten,
ese lugar es.
Pero el deseo es un viento que sopla a través de ti,
y como el pino que no está en ningún lugar
no te mueves.

Roo Borson (Berkeley, Estados Unidos, 1952), Short Journey Upriver Toward Oishida, McClelland & Stewart, Toronto, 2004
Versión de Jonio González

N. del T.: Borson está considerada una de las más destacadas poetas contemporáneas de Canadá, país en el que vive desde principios de los años setenta.


ON THE LAST NIGHT...

On the last night of the year
the swans set sail at evening.
Then among the boats and fireworks
we can see the black water,
the city in the river.
That’s where all our life is,
beyond the grief and failure,
the wake among the reeds.
Down there
down there
what is that place now
but a hill studded with lights
and a pine tree that doesn’t move with the wind?
Wherever there is summer,
wherever the crickets sing to it,
that place is.
But longing is a wind that blows through you,
and like the pine that is nowhere
you do not move.
---

viernes, agosto 09, 2024

Wallace Stevens / El hombre de la guitarra azul, XXXII




Desecha las luces, las definiciones,
Y di de lo que ves en la oscuridad

Que es esto o que es aquello,
Pero no uses los nombres podridos.

¿Cómo podrías caminar por aquel espacio sin saber
Nada de la locura del espacio,

Nada de sus jocosas procreaciones?
Desecha las luces. Nada debería interponerse

Entre tú y las formas que tomas
Cuando la costra de la forma ha sido destruida.

¿Tú, tal como eres? Tú eres tú mismo.
La guitarra azul te sorprende.

["The Man with the Blue Guitar", XXXII, The Man with the Blue Guitar, 1937]

Wallace Stevens (Reading, Estados Unidos, 1879 - Hartford, Estados Unidos, 1955), Zoon Phonata, 8 de agosto de 2024
Versión de Isaías Garde



Throw away the lights, the definitions,
And say of what you see in the dark

That it is this or that it is that,
But do not use the rotted names.

How should you walk in that space and know
Nothing of the madness of space,

Nothing of its jocular procreations?
Throw the lights away. Nothing must stand

Between you and the shapes you take
When the crust of shape has been destroyed.

You as you are? You are yourself.
The blue guitar surprises you.

Stevens, Collected Poetry and Prose, The Library of America, NY, 1997
---
Foto: Wallace Stevens, 1951 San Falk/The New York Times

jueves, agosto 08, 2024

Diego Colomba / De "Carne sola"


Tiempo pretérito perfecto

Hay un nogal frondoso en el confín de mi tierra natal.
Vivimos exiliados en la agitación de la intemperie. 
Alcanzados por el fuego los robles predicen la desgracia.
Los cachorros destetados recorren tu pedazo de tierra.
Afortunado viejo: dejás estar las frutas del árbol
de la quinta, los desconocidos pastos, los olorosos
hinojos, los conejos, las jaulas. Tomando el frescor 
de la sombra de ese sauce amargo. Masticás
con pocos dientes castañas blandas y queso 
en abundancia. Mientras tu tejado en lontananza 
humea como un hálito que husmea en las alturas.


A veces me inquieta la deriva infinita del mundo

Puedo volverme un cristo tragicómico que suda bajo el sol.
Vagando entre yuyales, malezas, sembrados entre lo más 
y lo menos consciente de la tierra. Punteo un cardo en esta 
parcela de fuerza. Extraigo de la mala hierba una chispa 
de vida. No se trata de andar separando las cosas del mundo. 
¡Sino de hincarles su pureza! A la hora de la siesta mi cuerpo 
se abandona. Orgánico y fatal. Al porvenir.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Carne sola
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024









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Foto: Diego Colomba / Facebook

miércoles, agosto 07, 2024

Amelia Rosselli / De "La libélula"



[Fragmento]

La santidad de los santos padres era algo tan
mudable que yo decidí apartar cualquier duda
de mi cabeza por desgracia demasiado clara y dar
el salto hacia un adiós aún más arriesgado. Y fue
entonces
cuando la santa sede se tomó la molestia de saltar
los fosos, no sé cómo, pero me dejó alucinada.
Y fue entonces cuando los miserables despojos de
nuestros muertos
rimaron en el todo en un retumbar iracundo,
oh yo canto por las calles pero sólo el santo padre
sabe adónde conducirá todo esto. Y tú las santas
molestias llevarás de rosillas hasta ese confesor tuyo
y él te dará a ti esa bendita bendición
que yo desearía que fuese de pan y de aceite. Así que
como decíamos yo estaba tendida sobre la hierba
pútrida
y las canciones de amor sobrevolaban mi cabeza
aquejada de amor, y mascullaba tempestades y
plegarias, y todas las luces del santo padre estaban
encendidas. Sí, la santa sede mascullaba canciones
pueriles también ella y todos los automóviles de los
artistas más ricos eran acogidos dentro de sus muros;
oh desdén, ni siquiera el cauto examen de conciencia
logra
que podamos disimular nuestros más fangosos
defectos
como por ejemplo el desvarío de los manoseados
versos o el lagrimeo sobre los muros inclinados de
nuestras
ambiciones: colores aromáticos, de cera, remarcados
en el aromático establo de los gourmets. Pero ningún
odio preparo en mi cocina excepto
la cansada bestia oculta. Y si el mar que
fue aquella lejana bestia oculta me preguntara
qué ha sido de mi deseo desmesurado, le respondería
pero déjame tranquila, estoy más que harta de
tus demoras. Pero él sabe mejor que yo cuáles
son las virtudes del ser humano. Yo le digo que más
feliz es la tarántula en su propio jardín,
él me contesta pero tú no sabes capturar. Las riendas
se me escapan si no respeto el poder de la
racionalidad lo sé tú lo sabes lo saben algunos pero
de la misma manera la querida tienda de los
descontentos a veces
perfora también mis sueños. Y tú lo sabes. Y yo
lo sé pero todavía llevo a la vanguardia a cuestas
sobre mis hombros y ríe y escupe como una vieja
bruja, y ni siquiera sé dónde tengo que
coger el tranvía que acrecienta tus sueños,
y mis estrellas. Pero tú ves que yo también he perdido
la irisada gracia de quien sabe pasar por encima
de esas menudencias. Debo comer. Tú debes correr.
Yo debo levantarme. Tú debes correr con el rabo
colgando.
Yo me levanto, tú extiendes los brazos en un largo
penoso adiós, con la sonrisa rígida y forzada en
tu boca más bien poco atractiva. ¿Y qué es esa
luz de la verdad cuando ironizas? Nada más
que esa pobre prensa obtuviste de mi corazón herido.
Ya nunca sabré mirarte a la cara; lo que
deseaba decir se ha marchado por la ventana,
lo que tú eras era otro batallón contra el que
ya soy incapaz de enfrentarme; ¿entonces qué nueva
libertad
buscas entre las cansadas palabras? No la blanda
ternura
de quien está en casa bien protegido entre sus altas
paredes y piensa en sí mismo. No el cansado
descuido
del gigante que sabe que no puede rimar nada más
que dentro
del círculo cerrado de sus apesadumbrados conocidos;
la luz es un premio de Dios, y él prefirió venderla
antes que verla sucia entre las manos descuidadas.

[1985]

Amelia Rosselli (París, 1930 - Roma, 1996), La líbélula, Sexto Piso, Madrid, 2015
Traducción de Esperanza Ortega Martínez 

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martes, agosto 06, 2024

Jorge Brega / de "Luz mala"



Poética 

Como Hopper
escrutar desde la noche un cafetín iluminado.
Un claro lunar desde el monte tupido.
No un destino ajeno
de parroquiano acodado al estaño.
Sino una hondura propia.
Un misterio íntimo que la conciencia ronda.


Custom Deluxe

Una banda blanca.

Una circunferencia
límpida
sobre la cara
exterior
de los neumáticos.

Las tazas cromadas.

Chevrolet.
Sedán.
Modelo 38.
Estribos a los lados.

Negro.

En shorts
mi primo muerto lo lustra
con una gamuza
             amarilla.

Jorge Brega (Buenos Aires, 1949), Luz mala, Ediciones Cinco, 2004

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lunes, agosto 05, 2024

Geoffrey Hill / Domaine public



(i. m. Robert Desnos, muerto en el campo de concentración de Terezin, 1945)

Como lectura, puedo recomendar
los Padres. El modo en que
cultivan la carne corrompida:
sabrosa contemplación: limpios
gusanos que remueven la sangre
hasta convertirla en leche. Como ejercicio, supresión
prolongada de tanto discurso
inapropiado sobre tumbas apropiadas.
Si la tierra se abre, ¿deberían abrirse también
las bocas de los hombres? “¡No soy nada
si no me salvan ahora mismo!”, o
“¡Por Dios, qué pantomima!” Los días
de la semana son siete fosos. Mira,
Seigneur, resucitamos
de nuevo y vienen los jueces.

Geoffrey Hill (Bromsgrove, Reino Unido, 1932-Cambridge, Reino Unido, 2016), Broken Hierarchies: Collected Poems 1952-2012, edición de Kenneth Haynes, Oxford University Press, Oxford, 2013
Versión de Jonio González 



DOMAINE PUBLIC (i. m. Robert Desnos, died Terezin Camp, 1945)

For reading I can recommend
the Fathers. How they
cultivate the corrupting flesh:
toothsome contemplation: cleanly
maggots churning spleen
to milk. For exercise, prolonged
suppresion of much improper
speech from proper tombs.
If the ground opens, should men's mouth
open also? "I am nothing
if not saved now!" or
"Christ, what a pantomime!" The days
of the week are seven pits. Look,
Seigneur, again we
resurrect and the judges come.
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sábado, agosto 03, 2024

Edmond Jabès / Delante de Notre Dame



Delante de Notre-Dame, un ciego vende tarjetas postales a los turistas que vienen a visitar la catedral: vistas coloreadas de París. 
Creo que todo exiliado es hermano de este vendedor. 
El lugar que no vemos más, deja de ser nuestro. El exiliado es un ciego sin territorio. 
Vuelto hacia sí mismo, relegado al fondo de su alma, su piel es su frontera; se tuesta al sol y, en invierno, se deja penetrar por el frío. 
Sigue dos caminos paralelos: el de su memoria y el de sus pasos. Ocurre que sus pasos lo traicionan; nunca su memoria. 

Edmond Jabès (El Cairo, 1912 - París, 1991), El libro de las semejanzas, Alfaguara, Madrid, 2001
Traducción de Saúl Yurkievich
Envío de Jonio González

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viernes, agosto 02, 2024

Rafael Ielpi / Un indiano en la corte




a juan josé saer

El avión
ave serena
te alejaba de aquí

Oh dulces días
interminables
en la calma provinciana
tardes en el río
noches en procura
de una efímera aventura
mujeres en el cabaret
esas tiernas mulatas

Tus manoseadas imágenes
los escasos nombres
para recordar
la torpe y tímida mirada
pregustando un asombro
un gesto
una defensa
ante lo desconocido
tus viejos poemas tristes
tus libros
el pequeño nombre
sudamericano
para exhibir como un escudo
como una mueca
como un acalorado
empuje

Tus lecturas
el arsenal de tus días
la torpeza de tus pies
la melancolía de tus viajes

Después
otros viajes
en otras provincias distintas
el tren con su rápido morir
el paisaje
como un desconocido paisaje
las clases
una norma de subsistencia
la memoria
una forma de subsistencia

Los nuevos amigos
con su acento particular
los viejos amigos
sepultados
en las tierras
americanas
con sus sobresaltos ambiguos
su ambigua felicidad
las ganas
de no quedar al margen
las dudas

Las cartas nunca
enviadas
las nunca recibidas
una corriente
que no viene
que no va
un intercambio
de silencios
Los escondidos temores
del regreso
la incomodidad
del destierro

Y las palabras
las empecinadas palabras
que sin embargo
te resguardan
tan fieles
entre Bizancio y París
de la muerte

Rafael Ielpi (Esquel, Argentina, 1939 - Rosario, Argentina, 2024), "Diez poetas del litoral", selección de Noemí Ulla, Crisis, n° 12, Buenos Aires, abril de 1974. Archivo Histórico de Revistas Argentinas

Más poemas de Rafael Ielpi en Otra Iglesia Es Imposible, Barullo, Sonidos de Rosario
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jueves, agosto 01, 2024

Virginia Caramés / Variaciones Storni



(Relectura de los poemas "Voz", "Contravoz" 
y "Versos a la tristeza de Buenos Aires") 

II

Dónde, cuando la carne
de los hombres sin arraigo,
correré puños en alto

Debo
con los dedos
Debo
separar los párpados
hasta que las raíces lleguen
    del cielo a la casa

Con los dedos
Con sus uñas que crecen
que crecen

Cuando el universo se desmembra
   -o no se desmembra-
mis ojos estarán rojos
Mis ojos que ceden

No te duermas,
   cuéntame los cabellos.


III

Por el llano buscaré tu agua

La que hace canales
la que se desparrama

Tu agua con limos
Tu agua de cosas estúpidas

La de la punta de tu pluma 
para armar tu cuerpo
                  tu lengua
                  tu vida

Agua para apagar tu hoguera

Voy a juntar agua
para que la casa humana,
esa,
pueda rozar la fracción de cielo


IV

Que si triste
Que recta la calle
repta
por la gris
calle
igual a calle
igual
a calle
Así mi alma
lenta
de su gris ahora
se decora

Que si untada de río
en sombras
en la calle
igual y gris
igual y bruma
de la calle en sombras
untada de río en sombras

Ya no respondo
ya gris
y en sombras
yazgo yo enterrada

[inéditos]

Virginia Caramés (La Plata, Argentina, 1963)

Más poemas de Virginia Caramés en Otra Iglesia Es Imposible, Montaje, Biblioteca Ignoria, La Caína
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