martes, diciembre 14, 2010

Horacio / Tres odas, por Angel Faretta




XI

Tú no preguntes, saber es impío
Lo que a ti o a mí Leucónoe
Han fijado los dioses.
No tientes los números babilonios (*)
Mejor es aceptar lo que venga
Ya si Júpiter te ha destinado
Muchos inviernos o tan solo éste
Que abate al mar Tirreno contra las rocas.
Sé sabia. Filtra el vino
Y no prolongues la esperanza,
Que duramos poco.
Hablamos y huye el tiempo envidioso.
Atrapa el día y cree apenas en mañana. (*)

*: refiere a los horóscopos.
* “carpe diem” es una de las expresiones más célebres de la poesía de Horacio y de la latina en general. Al parecer deviene de una vieja raíz “carpere”, cosechar, como también podría traducirse. Ya que el latín tiene la mayor parte de sus -precisamente- raíces de imágenes agrarias.


XIX

La madre terrible del deseo (*)
el hijo de Sémele la tebana (*)
Y la lasciva Licencia (*)
Buscan que a un viejo amor
Rinda mi ánimo.
Glícera más espléndida
Que el mármol de Paros
Su grata faz proterva
En peligro pone a quien lo mire.
Venus ha desertado de Chipre (*)
Y caído sobre mí y no me deja
Hablar de Escitas o de jinetes partos
Que montan al revés, pues no le importan. (*)
Traigan aquí, muchachos, verbena
Traigan los ramos consagrados
El vino añejo y lo demás
Para la ofrenda a la diosa
A ver si le somos gratos.

*: Venus
*: Dionisio o Baco para los romanos. Posiblemente aquí más en el sentido romano de dios del vino. Es decir que Venus, más el vino y más la Licencia...
*: una de las tantísimas figuraciones sacras de las virtudes y los defectos.
* Chipre uno de los lugares de nacimiento (el otro es Citerea) de la diosa Venus.
*: entre las tantas habilidades de estos jinetes originarios de Partia estaba la de arrojar flechas mientras montaban su caballo puestos de espadas para asegurar así la retirada rápida.


XXV

Tus cerradas ventanas ahora con piedras
Los mozos alzados ya no golpean más
Ni te despiertan y de tu puerta abierta
No pasan del umbral

Que antes tan presurosa se abría
Y ya no oyes gemir cosas como
“Mientras muero por ti en las noches
¿Duermes Lidia?”

Serás ahora tan solo una vieja
Que llora frente al arrogante rufián
En la calle solitaria mientras enloquece
El viento tracio.

Bajo un cielo sin luna arderás
Del deseo de las yeguas furiosas
Te quemará el hígado llagado
Por amor y gemirás

Porque la púber edad la verde hiedra
Prefiere, así como al mirto oscuro,
Y a Euro, compañero de invierno, arroja (*)
Las hojas secas.

* viento del S E que ocasionaba tempestades.


Horacio (Quintus Horatius Flaccus, Venusia, hoy Venosa, 65 a.C.-Roma, 8 a.C.), Odas, Libro I
Versión y notas de Angel Faretta


XI
Tu ne quaesieris scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di diderint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros, ut melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum, sapias, vina liques, et spatio brevi
spem longa reseces, dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem, quam minumum credula postero .

XIX
Mater saeva Cupidum
Thebanaeque iubet me Semelae puer
et lasciva Licentia
finitis animum reddere amoribus.
urit me Glycerae nitor
splendentis Pario marmore purius.
urit grata protervitas
et vultus nimium lubricus aspici.
in me tota ruens Venus
Cyprium deseruit, nec patitur Scythas (*)
et versis animosum equis
Parthum dicere nec quae nihil attinent.
hic vivum mihi caespitem, hic
verbenas, pueri, ponite turaque
bimi cum patere meri.
mactata veniet lenior hostia.

XXV
Parcius iunctas quatiunt menestras
iactibus crebris iuvenes protervi,
nec tibi somnos adimunt, amatque
ianua limen,

quae prius multum facilis movebat
cardines; audis minus et minus iam
‘me tuo longas pereunte noctes,
Lydia, dormis?’

invicem moechos anus arrogantes
flebis in solo levis angiportu,
Thracio bacchante magis sub inter-
lunia vento.

cum tibi flagrans amor et libido
quae solet matres furiare equorum,
saeviet circa iecur ulcerosum,
non sine questu

laeta quod pubes hedera virenti
gaudeat pulla magis atque myrto
aridas frondis hiemis sodali
dedicet Hebro.



Ilustración: Flooded London 2090 Estudio squint/opera Revista Epóxica

lunes, diciembre 13, 2010

Luciano Erba / Poemas, 2
















Tayiko

En una ciudad uno se habitúa, dicen
a no ver las estrellas,
desatender la luna
no registrar los signos del cielo
pero reflejado en una vidriera en el paseo
entre un banco y una zapatería
veo un rostro que habría podido tener,
de pastor errante, de tayiko,
y entonces es todo un preguntarme
si se nubla y se alza un poco de viento,
quién sentirá la primera gota de lluvia
en el barrio de las casas de época
¿será el sastre? ¿el cartero? de aquí paso
a otras preguntas sobre el destino.


Hacia Santiago

Me encuentro en los espacios intermedios
sobre un camino de tierra y arbustos
con los ojos perdidos en los montes
no sé si cantábricos o gallegos
me encuentro sin indicios de etapa
de parada, de partida, de arribo
no encuentro fuentes ni cruces
ni robles agrupados en el altiplano
un mísero girasol salvaje
asoma en un campo de alfalfa
no muy distinto que una señal
de tránsito en el fango reseco
que el polvo, que todas las malezas,
que las grandes nubes sobre nosotros.


Rema de pie

Rema de pie contra la corriente
para saludar a los amigos sobre el puente
bebe con nosotros un vino espeso y fuerte
sentados a una larga mesa de madera
para recordar un escritor de los Apeninos
aparece y desaparece entre los árboles
en lo más denso del bosque
es el monje que pasa un río helado
es el Hijo, en la idea aún incompleta
que pruebo hacerme de la Trinidad.


Año nuevo en Milán

Se creía en Milán que el ver
un hombre en el umbral de casa
yendo a misa el primero de enero
era señal de próspero futuro.
Eran figuras negras de abrigos
inciertos en la niebla matutina
echarpes blancos, sombreros, lánguidos y duros
repiques de bastón, pasos lejanos.
¿Ahora dónde están, hombres augurales?
¿La larga onda de su presagio
rompe aún en la ribera de los años?
En la niebla entre nosotros siempre más espesa
me parece a veces entrever
un vuelo de capas proféticas.

de Nella terra di mezzo, 2000


Un cosmos cualquiera

Habitan mundos intermedios
espacios de física pura
las cosas sin prestigio
los objetos sin designio
la corbata para mi cumpleaños
los Trabant * de los países del este.
Perturban, ¿pero qué querrán decir?
Tal vez mejor que otras cosas
expresan una tensión suya,
un aura, se decía una vez
sobre cuanto nos circunda.

* Marca de un automóvil de bajo costo de la ex RDA (N. del T.)


Off Limits for Doctor K.

No saben las mujeres, no, no saben
qué me hace pensar en ellas
insistentemente (es un ejemplo)
recordaba que regaba las flores
con una regadera de juguete;
a veces basta menos, casi nada
una mujer de espaldas
un camino entre los campos
que de analizar el cielo nos libere.

de L’ipotesi circense, 1995


Afinidad

Por haber extraviado el camino
contra la niebla
no tengo más apuro.
Cada tanto un paso
como el cuervo
que agita el ala, despistado.
Si me ven con los ojos sobre los rastrojos
es como el alba
que sabíamos amar.

de Il nastro de Moebius, 1980


El caballero del garbo

O bien
invernar en los últimos pisos
en las cien ciudades. Una cuerda
muchas cuerdas
de una pared a otra, de los techos
al pavimento. Tensas.
Y el tranquilo asoleare sobre las moradas.
Mis Rosalbas Carriera
¿volveré a ver sus sombrillas plumosas?
¿en mis sueños abriré
sus cierres?

de Il male minore, 1960

Luciano Erba (Milán, 1922-2010)
Versiones de Jorge Aulicino

Tagiko

In città ci si abitua, dicono
a non vedere le stelle
a trascurare la luna
a non accorgersi dei segni del cielo
ma riflesso nella vetrina lungo il corso
tra una banca e un negozio di scarpe
vedo un volto che avrei potuto avere
di pastore errante, di tagiko
e allora è tutt’uno domandarmi
se rannuvola e si alza un po’ di vento
chi sentirà la prima goccia di pioggia
al quartiere delle case d’epoca?
sarà il sarto? il postino? di qui passo
ad altre domande sul destino.

Verso Santiago

Mi ritrovo negli spazi intermedi
su una strada di terra e cespugli
a perdita d’occhio verso i monti
non so se cantabrici o galleghi
mi ritrovo senza traccia di tappa
di sosta, di partenza, di arrivo
non incontro fonti né incroci
né querce in gruppo sull’altopiano
uno stento girasole selvatico
spunta da un campo di biada
non meno diverso da un segno
di ruota nel fango riarso
dalla polvere, da tutti gli sterpi
dalle grandi nuvole sopra di noi.

Rema in piedi

Rema in piedi controcorrente
per salutare gli amici sopra il ponte
beve con noi un vino spesso e forte
seduti a un lungo tavolo di legno
per ricordare uno scrittore dell’Appennino
appare e scompare in mezzo agli alberi
nel più fitto del bosco
è il monaco che passa un fiume gelato
è il Figlio, nell’idea ancora incompleta
che provo a farmi della Trinità.

Capodanno a Milano

Si credeva a Milano che a vedere
per primo un uomo sulla soglia di casa
andando a messa il primo di gennaio
fosse segno di prospero futuro.
Erano figure nere di pastrani
incerte nella nebbia del mattino
sciarpe bianche, cappelli, flosci e duri
rintocchi di bastone, passi lontani.
Or dove siete, uomini augurali?
L’onda lunga del vostro presagio
si frange ancora alla riva degli anni?
Dentro una nebbia tra noi sempre più fitta
mi sembra talvolta intravedere
un volo di profetici mantelli.

Un cosmo qualunque

Abitano mondi intermedi
spazi di fisica pura
le cose senza prestigio
gli oggetti senza design
la cravatta per il mio compleanno
le Trabant dei paesi dell’est.
Tùrbano, ma che mai vorrà dire?
Forse meglio di altri
esprimono una loro tensione
un’aura, si diceva una volta
verso quanto qui ci circonda.

Off Limitis for Doctor K.

Non sanno le donne, no, non sanno
che cosa mi fa pensare a loro
insistentemente (è un esempio)
la ricordavo che bagnava i fiori
con un annaffiatoio da bambini;
a volte basta meno, quasi un niente
una donna di spalle
una strada tra i campi
quanto ad analizzare, il ciel ne scampi.

Affinità

Per aver perso la strada
contro la nebbia
non ho più fretta.
Ogni tanto un passo
come il corvo
che batte l’ala, sbadato.
Se mi vedi con gli occhi sulle stoppie
è come l’alba
che sapemmo amare.

Il cavaliere del garbo

Oppure
svernare agli ultimi piani
nelle cento città. Una corda
molte corde
da una parete all’altra, dai soffitti
al pavimento. Tese.
E il quiete soleggiare sulle dimore.
Mie Rosalbe Carriere
rivedrò i vostri ombrelli piumati?
miei sogni aprirò
le vostre chiuse cerniere?

---
Foto: Franco Mura

domingo, diciembre 12, 2010

Luciano Erba / Poemas, 1





















El conductor de tranvías metafísico

Regresa a veces el sueño en que me veo
maniobrar un tranvía sin vías
entre campos de papas e higueras verdes
en los cultivos las ruedas no se hunden
esquivo espantapájaros y cabañas
voy hacia setiembre, octubre
los pasajeros son mis muertos.
Al despertar reaparece la antigua duda
si esta vida no es un evento casual
y el nuestro sólo un pobre monólogo
de preguntas y respuestas caseras.
Creo, no creo, cuando creo querría
llevarme al más allá un poco de acá
incluso la cicatriz que me marca
una pierna y me hace companía.
¿Y entonces? parece decir in excelsis
otra voz.
¿Otra?

Il tranviere metafisico, 1987



El hipopótamo

tal vez la galería que se abre
el hipopótamo en la espesura de la jungla
para llegar al río, a los curvos pastos
de hojas nacidas en forma de corazón

tal vez el paso entre árboles y lianas
los obstáculos arrancados, las imprevistas
irrupciones del azul en las tinieblas
sobre un húmedo estrago de orquídeas

tal vez esto y cualquier trazado
como en París la Neuilly-Vincennes
o la humilde calle florida de Genzano

o un canal de Marte, no son otra cosa
que eventos privados de sombra y de reflejo
sólo una señal que se señala a sí misma

L'ippopotamo, 1989


Otro paseo

Soledad insensata me regala
la vela en el mar, el convento
de tierra firme
abosorto animal doméstico
sobre la joroba más aérea del Apenino.
¡Montaña que no esperaba!
Sobre el camino que abajo da vuelta
se alborota la primavera si pasa
la jauría de la nueva riqueza.
Los he visto
frentes calvas al volante
mujeres perfumadas y mafiosas
verdaderas
en el alegre tapizado de las carrocerías.
Lejanos los motores de los domingueros,
quedamos nosotros piedras claras en el azul
¿quién nos protege?


Algo

Es una avenida de Milán
y veloz
voy hacia occidente.
Ya se ven algunas luces
pero el cielo está todavía claro
claras las nubes lejanas.
Dentro de poco doblaré
para regresar a mis libros
ensimismado
en su secreto
y en la noche
estaré tras los postigos
como una estatua ansiosa.


Tabula rasa?

Es cualquier noche
atravesada por tranvías semivacíos
corriendo a saciarse de viento.
¿Me ves avanzar como sabes
en los barrios sin recuerdo?
Tengo una corbata crema, un viejo peso
de deseos
espero solo la muerte
de cada cosa que debía tocarme.

Il male minore, 1960


Los años cuarenta

Parecía todo posible
dejar atrás las curvas
con un supremo golpe de freno
galopar de pie sobre la montura
otras soberbias cosas
más nobles prósperas cosas
aparecían a la altura de los ojos.
Ahora los años giran veloces
por cielos sin presagios
te despiertan de azules asomados
en una habitación de muebles con espejos
estudias las combinaciones de los trenes
pasas un umbral florecido de salvia roja
lees "Hola" sobre un felpudo
más tarde sales en mangas de camisa
a sacudir la ensalada en la servilleta.
La línea de la vida
deriva calla se obstina
salta desfila
entre los pálidos montes de los dioses.

Il prato più verde, 1977

Luciano Erba (Milán, 1922-2010)
Versiones de Jorge Aulicino


Il tranviere metafisico

Ritorna a volte il sogno in cui mi avviene
di manovrare un tram senza rotaie
tra campi di patate e fichi verdi
nel coltivato le ruote non sprofondano
schivo spaventapasseri e capanni
vado incontro a settembre, verso ottobre
i passeggeri sono i miei defunti.
Al risveglio rispunta il dubbio antico
se questa vita non sia evento del caso
e il nostro solo un povere monologo
di domande e risposte fatte in casa.
Credo, non credo, quando credo vorrei
portarmi all’al di là un po’ di qua
anche la cicatrice che mi segna
una gamba e mi fa compagnia.
Già, ma allora? sembra dica in excelsis
un’altra voce.
Altra?


L’ippopotamo

forse la galleria che si apre
l’ippopotamo nel folto della giungla
per arrivare al fiume, ai curvi pascoli
di foglie nate a forma di cuore

forse il varco tra alberi e liane
gli ostacoli divelti, le improvvise
irruzioni d’azzurro nelle tenebre
su un umido scempio di orchidee

forse questo e qualsiasi tracciato
come a Parigi la Neuilly-Vincennes
o l’umile infiorata di Genzano

o un canale di Marte, altro non sono
che eventi privi d’ombra e di riflesso
soltanto un segno che segna se stesso


Altra passeggiata

Solitudine folle mi fa dono
della vela sul mare, del convento
di terraferma
assorto animale di presepio
sulla gobba più aerea di Appennino.
Montagna che non speravo!
Sulla strada che sotto ricinge
si arruffa la primavera se passa
la muta della nuova ricchezza.
Li ho visti
fronti calve al volante
donne ambrate e mafiose
certe
nel cuoio allegro delle carrozzerie.
Lontani i motori dei domenicanti
restiamo noi pietre chiare nell’azzurro
chi ci protegge?


Qualcosa

È una via di Milano
e veloce
vado verso occidente.
Già si vedono delle luci
ma il cielo è ancora chiaro
chiare le nuvole lontane.
Tra poco svolterò
per tornare ai miei libri
raccolto
nel loro segreto
e a notte
sarò dietro le imposte
come una statua ansiosa.


Tabula rasa?

È sera qualunque
traversata da tram semivuoti
in corsa a dissetarsi di vento.
Mi vedi avanzare come sai
nei quartieri senza ricordo?
Ho una cravatta crema, un vecchio peso
di desideri
attendo solo la morte
di ogni cosa che doveva toccarmi.


Gli anni quaranta

Sembrava tutto possibile
lasciarsi dietro le curve
con un supremo colpo di freno
galoppare in piedi sulla sella
altre superbe cose
più nobili prospere cose
apparivano all’altezza degli occhi.
Ora gli anni volgono veloci
per cieli senza presagi
ti svegli da azzurre trapunte
in una stanza di mobili a specchiera
studi le coincidenze dei treni
passi una soglia fiorita di salvia rossa
leggi «Salve» sullo zerbino
poi esci in maniche di camicia
ad agitare l’insalata nel tovagliolo.
La linea della vita
deriva tace s’impunta
scavalga sfila
tra i pallidi monti degli dei.

Il club degli autori
---
Foto: Erba Corrriere della Sera

sábado, diciembre 11, 2010

Alberto Muñoz, de "El naturalista"






Mirar a un pato a la aguada

Más allá del untuoso plumaje, de sus membranas interdigitales, de los humedales, el ánade real es más fácil de pintar. No pierde ni corrrige la estampa al caminar. Tiene, como todo nadador, el universo habitable en dos medios: agua y teoría.
Sobre una hoja canson blanca puede dibujarse con pincel fino. Aguada para el plumaje, como hacen los orientales. No requiere paisaje ni animal contiguo. Una luna a los lejos puede ayudar, en la medida en que se la pinte no mayor que su ojo.


Mirar a un gato encerrado

Simplemente para verificar la eficacia de la frase "aquí hay gato encerrado" encerré un gato. La llave del candado la guardé en un cajoncito de la cómoda y me desentendí del experimento durante 24 horas. Al día siguiente, fresco, sin ambages, procedí a comprobar lo que desde un principio suponía: en la habitación no había ningún gato; la literalidad resulta hueca; se promueve esa expresión porque el misterio es lo único que no aburre en la vida.


Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), El naturalista, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Ilustración para la tapa del libro: "El Naturalista" de Alberto Muñoz. Horacio Gerpe

jueves, diciembre 09, 2010

Raúl Gustavo Aguirre / La noche rara y otros poemas

La noche rara

La noche rara es como una pesadilla: algo ocurre en alguna parte, alguien hace falta en alguna parte y no se siente sino eso, y nadie se mueve. La noche rara es temible, tal vez por causa de ese color azul que no hemos visto nunca, tal vez por causa de esa niña que tendría que toser pero ha callado.

(De Señales de vida, 1959)


Il faut trembler...

Cada susto es la verdad que llama a tu puerta. La verdad desnuda y tranquila que te esperaba para destruirte y rehacerte con sus mariposas de tritio y sus olas gigantes.

(De Señales de vida)


La boba

La boba toma sol en su balcón.
Lee, pero se cansa.

El sol es negro, el libro es negro:
tiene que preguntar por qué es así.

Después bosteza largamente
y acaricia su gato
mientras alrededor se mueren todos.

(De Señales de vida)


Hipías

La ambigüedad es mi reino.
Entre las complacencias de la noche
vivo sin iluminar
como un insecto que no tiene
fosforecencia sino mente
y silencio.

(Inédito, 1962)

Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 1927-1983), Poesía argentina, selección del Instituto Torcuato Di Tella, 1963, Universidad de Quilmes, Bernal 2010

Ilustración: A Dinner Table at Night, 1884, John Singer Sargent

Julio Llinás / El gran mal


El gran mal 

La cacería comenzó cuando 
unas hienas de paso descubrieron la química 
perfecta. 
(Esto fue impresionante.) 
En la alta noche desfilaron 
los Sensibles -los comerciantes y otros notables poderosos-. 
Y un voluntario fue arrojado a los ácidos sudores. 
Yo he presenciado esta epidemia, 
como un testigo muy viejo, muy santo y muy enfermo. 

de La ciencia natural

Julio Llinás (Buenos Aires, 1929-2018), Poesía argentina, selección del Instituto Torcuato Di Tella, 1963, Universidad de Quilmes, 2010 

 Ilustración: La cacería nocturna, c.1460, Paolo Uccello

Pablo Neruda / Tango del viudo














Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,
y habrás insultado el recuerdo de mi madre
llamándola perra podrida y madre de perros,
ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer
mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre
y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas,
sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún
quejándome del trópico de los coolíes corringhis,
de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño
y de los espantosos ingleses que odio todavía.

Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!
He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,
a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez
tiro al suelo los pantalones y las camisas,
no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.
Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,
y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,
y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde
el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,
y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina
acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:
bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,
de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,
y la espesa tierra no comprende tu nombre
hecho de impenetrables substancias divinas.

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas
recostadas como detenidas y duras aguas solares,
y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,
y el perro de furia que asilas en el corazón,
así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,
y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,
el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración
oída en largas noches sin mezcla de olvido,
uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.
Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,
como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada,
cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,
y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,
y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente
llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,
substancias extrañamente inseparables y perdidas.

[1925-1931]

Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973), Residencia en la tierra, Editorial Losada, Buenos Aires, 1969
---
Foto: Cuba Sí

Manuel Ruano / Algunos no deberían...



Algunos no deberían extrañarse de ciertos
hechos ocurridos en la ciudad de Lima



Erny:
tu mirada es como una carabina belga automática
-año 1936-
con el cargador repleto y el proyectil en la recámara
para los días húmedos en mi recuerdo,
para los estanques y el crepúsculo,
para las pequeñas tumbas a lo largo de las carreteras,
para la ocupación de un poblado con manchas amarillas,
para las ciudades que han descifrado mi regreso
después de las 4 a.m. con mi cámara Konica con
su ojo eléctrico dormido sobre el abdomen.
No es nada extraño para ti, viejo Ernie, que eres un oscuro búfalo
perdido en un safari,
cuando tu rostro sonríe como el sol
en Machu Pichu,
verme pasar junto al Rimac con una bella dulce muchacha
que escribe su nombre con grandes batallas
y que sonríe siempre con historias que nunca conocí,
con tigres hambrientos en sus pechos
que pronunciaban el hecho y cuando las civilizaciones más grandes
de su sonrisa pronunciaban el hecho...
Tú apuntabas viejo Erny con tu carabina entre el follaje verde
y a veces rojo o violeta.
Y no es nada extraño para ti, viejo cuervo,
que me hayas visto correr sobre el mar a pocos kilómetros de Lima
y enmudecer ante las ruinas que dejan las cosas quietas.
Nada es extraño para ti, que me has visto volver
sobre esta ciudad sin una razón aparente.
También es cierto el hecho de que bien podría
amar a una adolescente ante la caída de bombas en una ciudad
con cuerpos despedazados...
Vuelvo con mi Konica con su ojo intacto en la oscuridad,
con los ciegos deseos de un pájaro silvestre
que se lanza al hecho como hacia algo desconocido,
con toda esta chatarra que hubiera querido olvidar
como se olvidan los desencuentros y las vacilaciones
entre películas de 35 mm. y los fantasmas de la fotosíntesis.
Con el temor que no es al dolor sino a lo inevitable,
pero que es como el de esos huracanes que se levantan en la costa sur
y arrastran confundidos odios y rencores, plantas coníferas y algas marinas.
Como los que dicen fueron alguna vez en estas tierras.
Con tu barba de endiablado brujo
que eres capaz de colocar firme la carabina belga
del año treinta y seis,
no ver los pájaros ni las nubes de Kilimanjaro
o relampaguear cantos de furia entre mis recuerdos,
correr la manivela como si colocaras un disco de Mozart en el estéreo,
sacar el seguro y saber que la bala en la recámara está tan ahí,
como una muchacha en el momento último del amor,
en el último suspiro.
Luego el hecho. Cierto hecho y eficaz hecho
de obturar el gatillo y sentirte el rey,
porque entonces, mi querido Erny,
la tierra se levanta como inmensas catapultas,
rojas o verdes o violetas,
riscos salientes que lastiman al mar,
y mi cuerpo se desplomará mortalmente en el pavimento,
herido de sangre y de soledad por las águilas de la noche.

Manuel Ruano (Buenos Aires, 1943-2017), Los que siguen (antología a cargo de Guillermo Boido), Ediciones Noé, Buenos Aires, 1972
---
Foto: Una máquina de escribir de Ernest Hemingway y un gato en la casa del escritor en Key West, Florida. AP

Act. 2022

miércoles, diciembre 08, 2010

Ricardo Molinari / Dos poemas




Poema VIII

En el desorden de la noche pienso que estoy vivo y sueño.
Lo inestable me toma y sacude, y llamo y ninguno me mira,
nombra o cede la cabeza
con el aire. Estoy solo
en las infinitas vueltas sin acordarme,
sin asirme a una única voz que llegue
a abrirse como una mano despejada.

El tiempo es una extraña hilaza que nos prende
y asedia. No quiero morosidad deleitable,
sino el sobrio y moderado ventalle del amanecer
en otra cosa última
y ocupada.


Poema

Comenzó a cimbrar el otoño,
a remolinar, arrastrar, acitronadas,
las hojas de un ciruelo
endeble, áspero
y sarmentoso.

Miro mi rostro, el antojo, un tono
errabundo sin ansiedad,
en otras nubes,
encima de la tarde.
Una flor abre -tardía-
su amapola, la luz
más tenue y desmenuzada.

La melancolía se arregosta
a las últimas guirnaldas
del anochecer
casi frío.
Estoy arrinconado, inane, y pienso
en un camino angosto,
sombroso,
y ligera arena
menuda.

"Verde es el olivar
y verde ha de quedar
."

Marzo nuevo y brumoso.

1973

Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1898-1996), La escudilla, Editorial Emecé, Buenos Aires, 1973


Ilustración: Ciruelo y luna, siglo XVIII-XIX, Katsushika Hokusai

lunes, diciembre 06, 2010

Eduardo Espósito / Dos poemas


Plumajes

El poeta es el hombre que se
niega a utilizar el lenguaje

J. P. Sartre

La vida no debería ser mas
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los calores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser mas que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste

A Ian Watson



Huevos fatídicos

La panza tiesa de los días
se apoya laxa en las comisuras del mundo
Van pasando las horas como imanes
Este naufragio aspira a ser certeza
Se ha borrado la línea divisoria
entre la espiga y el suelo
Ya no hay mar donde empollar
los fatídicos huevos de la ira
Todo cabe en este caldero de pócimas
austeras
Y los días
combados por el peso de las revelaciones
aguardan a la sombra nuevas nupcias
Inclemencias montadas por la biología.

A Mikhail Bulgakov



Eduardo Espósito (Buenos Aires, 1956), inéditos

Foto: Espósito

de archivo / Molinari

Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernárdez
y Ricardo Molinari, década del '20 
de archivo / Ricardo Molinari

"Todo es breve, inútil y suspenso"

por Jorge Aulicino


En 1985, un auto chocó contra otro y, en la carambola, golpeó a un anciano peatón que todos hubieran dicho que iba distraído. El accidente arrojó al poeta Ricardo Molinari, entonces de 87 años, a una clínica de traumatología y a cierta consideración pública. Resultó que era uno de los mejores poetas argentinos y no tenía un peso para pagar su tratamiento. Los diarios se hicieron eco de la lamentable situación y hubo colectas, más la buena voluntad del dueño de la clínica, para ayudar en su lenta recuperación a este hombre casi abstracto. Del accidente salió Molinari casado con la poeta Ofelia Zúcoli Fidanza. Y el año siguiente recibió el Premio de Honor del Fondo Nacional de las Artes con el que los funcionarios culturales intentaron hacer alguna justicia frente a quien era considerado por sus pares estrictamente un maestro de la poesía, algo quizá más inasible pero tal vez más esencial que un escritor importante. Molinari dijo entonces a Clarín con tranquila desfachatez: "Qué quiere que le diga... esta distinción significa dinero (eran 10.000 australes), independientemente del valor espiritual... Me permitirá paliar algunos problemas". *


El espacio y las nubes

Era tipo de espacios abiertos. Nacido en Villa Urquiza, que por entonces era quintas y campo, la poesía de Molinari se acercó a las vanguardias que se debatían entre los célebres grupos de Florida y Boedo, para hacer más sorprendente el adjetivo y más afinadas las imágenes, antes que para aprender el ingenio y el estruendo.

Francisco Luis Bernárdez recuerda que en las terturlias con Leopoldo Marechal, con Jorge Luis Borges, en los años veinte, aquel muchacho "mudo y sonriente" sufría cierta impaciencia al llegar cierta hora. Era la hora en que salía el último tranvía para Villa Urquiza. "¿Qué hacer de nuestras vidas, María del Pilar?", podía escribir por entonces en medio de versos delicados y engañosamente simples que hablaban de árboles y nubes.

Publicaba en ediciones privadas un libro tras otro. Fueron tal vez setenta, que si se quiere componen un poema único. Así lo entendió la crítica cuando en 1975 aparecieron sus obras completas bajo el título Las sombras del pájaro tostado. En el agua fluida de ese largo poema se encuentran a veces algunas palabras sólidas, pero en general la lectura de Molinari deja la sensación de que no se leyó estrictamente nada -nada que pueda contarse, recordarse- y que se ha tenido una experiencia que impresionó en un lugar profundo.

"Vivo en mi mundo extraño,/ alegre y firme/ como un dormido." Un tipo de cara oscura y pelo de algodón, de palabras que se veían en el aire seguidas de puntos suspensivos, pero de ojos negros analíticos, fue lo que la prensa descubrió cuando se enteró, en 1985, que en una clínica traumatológica intentaba reponerse el poeta que muchos consideraban uno de los grandes de América, de la primera mitad del siglo, a la par de cualquiera que se mencione. El crítico inglés J. M. Cohen dijo que esos hombres eran cuatro: el chileno Pablo Neruda, el peruano César Vallejo, el mexicano Octavio Paz y Molinari.

Un creyente en busca de un dios, un tipo de inusitadas propuestas -"Completar un mate, peinar un muerto" eran cosas del orden de la vida que él creía debían saberse-, su obra giraría entre la apología de lo fugaz y la decepción: "Todo es breve,/ inútil/ y suspenso". En cierto sentido, clásico -"la música de lo terrible no debe herir el oído", podría haber dicho con Mozart-, si terminó por crear una figura, un ícono de sí mismo, éste fue el de la sombra de la literatura nacional, el eterno hombre secreto, cuya imagen, piel oscura, pelo blanquísimo, parecía justamente un negativo fotográfico.

Clarín, 1996

* Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1898-1996) obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1958 y fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

Foto: Leopoldo Marechal, Francisco Luis Bernárdez y Ricardo Molinari s/d

domingo, diciembre 05, 2010

Angel Faretta / Tango




Tango

Eras el último tren de la última estación,
Para salir de allí
Y te perdí.
Eras el último remedio, la última medicación
Para curar allí
Y te perdí.
Eras la última puerta más o menos abierta
Para salir de esa habitación desierta
Que estaba allí
Y te perdí.
Eras el primer eslabón temprano
Para encadenar mi vida de tu mano
Sentada allí
Y te perdí.
Eras la última escena de un famoso film,
-Tal vez demasiado- donde te dejaba ir
Con otro a tu lado sentado allí
Y te perdí.
Eras del último piso la amplia terraza
Dispuesta para que el sol tomara
tirado allí,
Y te perdí.
Fuiste todo eso y no supiste o no quisiste
Aceptar. Como un rol secundario no quiere
Tomar la actriz principal del reparto.
Yo que estaba tempranamente harto
De mi propio rol,
Te deseé como al gol
Desea el delantero frenético frente al arco,
Como el marine en la playa el desembarco
Como el ciempiés llegar quiere a la meta
Más allá de su centenaria tracción concreta.
Te deseé hasta como el monje desea la impotencia
Que lo vuelva casto y sin demasiada ciencia
Y como el melodrama busca alcanzar la pasión,
Es que -sabés- fuiste todo, el roce, la emoción,
La reina de la colmena y la diligente obrera
Que fabrica su miel a destajo
Y eras hasta el mismo zángano en la colmena.
Pero te fuiste sin decir adiós y abajo
Se fue toda mi fantasía
De hacerte por siempre mía.
Para peor te tuve en esos instantes
Que son ahora detalles infragantes
Pululando en los pasillos mentales
Donde te aparecés en tales y cuales
Cuando no hago más que recordarte:
Es que lo eras todo, el medio y la parte.



Eras como la guinda en la copa Melba
Y la claridad vernal en mi isla desierta.
Estabas allí,
Y te perdí.
Eras la fantasía hecha realidad carnal,
Vestida o desnuda en peso y cantidad,
Puesta allí
Y te perdí.
Eras la Patagonia para el conquistador,
El cero y el infinito para el cuestor,
La galerna dejada atrás por el marino
Y tema para el poema al que no me animo
Todo eso eras, sí,
Y te perdí.
No había otra, eras perfecta,
Para el geómetra la línea recta
Y para el ansia sedienta
La despensa abierta.
Siempre allí,
Y te perdí.
Te busqué después en otras mujeres, damas
niñas, mozas, adolescentes y hasta en ancianas,
pero ninguna era como vos,
Del caballo la coz
Y del ciervo la cornamenta
Del prado en flor olor a menta
Y de todo cuerpo humano creado
El torso, el rostro y el todo anhelado.
Siempre ahí,
Y te perdí.
Mirá vos qué cosa
Lo de la mariposa
Como un ejemplo de gracia
De lo poco que dura el ansia
Era nada más que la verdad.
Siempre nos pierde la ansiedad
Ante lo perfecto en forma humana
La piel, las nalgas, la carne lozana.
Serás ahora, quién lo sabrá,
Ama de casa, madre o quizá
Vieja, fea, quizás hasta tuerta,
O una carroña en la tierra muerta
Se han escrito miles de canciones
Sobre estas venganzas y rencores
Pero no aquí,
Donde, en estos versos, no te perdí.


Angel Faretta (Buenos Aires, 1953), inédito


Ilustración: La sombra como un río, 1998, Carlos Gorriarena

sábado, diciembre 04, 2010

Osvaldo Aguirre / Huella




HUELLA, dicen
de las palabras
huecas.

Por dónde, cómo
se llega, preguntan
al que pasa;
averiguan y dan
vueltas, engañados
por nubes de polvo,
votos de lechuzas
y otros guiños
de la noche sin luna.

En el paso, perros
sueltos sin nombre
ni dueño huelen
un hueso, una seña.

Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, 1964), La tierra en el aire, Gog y Magog, Buenos Aires, 2010
---
Ilustración: Chien avec os, 1983, Miquel Barceló

viernes, diciembre 03, 2010

Philip Larkin / Viernes por la noche...




Viernes por la noche en el Royal Station Hotel

Desde los altos racimos de bombillas, esparcida,
la luz cae oscuramente sobre sillas solas
de colores distintos, que se miran una a otra.
Por la puerta abierta, el comedor declara

una más grande soledad de vasos y cuchillos
y una alfombra de silencio. El conserje lee
un diario vespertino que ha sobrado. Pasan horas,
y los viajantes ya se han vuelto a Leeds

dejando ceniceros llenos en la Sala de Reuniones.
Las lámparas alumbran pasillos sin zapatos. Qué
aislado es esto, como una fortaleza...

El papel con membrete, hecho para escribir a casa
(si hubiera casa) cartas del exilio: Cae
la noche. Olas se pliegan detrás de las aldeas
.

Philip Larkin (Coventry, 1922 -Hull, 1985), Ventanas altas, traducción de Marcelo Cohen, Editorial Gog y Magog, Buenos Aires, 2010


Friday Night At The Royal Station Hotel

Light spreads darkly downwards from the high
Clusters of lights over empty chairs
That face each other, coloured differently.
Through open doors, the dining-room declares
A larger loneliness of knives and glass
And silence laid like carpet. A porter reads
An unsold evening paper. Hours pass,
And all the salesmen have gone back to Leeds,
Leaving full ashtrays in the Conference Room.

In shoeless corridors, the lights burn. How
Isolated, like a fort, it is -
The headed paper, made for writing home
(If home existed) letters of exile:
Now
Night comes on. Waves fold behind villages.

20 May 1966 HW
---
Ilustración: Low Poly Highly Realistic Night Buildings Collection, The123D

jueves, diciembre 02, 2010

Salvador Espriu / Poemas




Pontos

Al fondo de los ojos tranquilos del mar
he visto el sueño
caído, roto, del templo
de un dios antiguo.
¡Ay, mármol frío del tiempo, mi vida
que pierdo contra el hielo de las palabras!
Sobre la roca desnuda de la muerte,
ya sólo puedo alzar la alta columna
de este dolor, un áspero, solitario
grito sin canto,
sin recuerdo del canto mientras las negras alas
de la ventisca se llevan la luz del día
por las prisiones del cielo y me reflejan,
invitándome a partir, más allá de un serenísimo
y profundo camino, los ojos tranquilos del mar.


El curso de la vida

Más allá del camino, me he dicho
palabras de un viejo dolor,
lejos de la claridad,
para siempre, mi noche.
A los labios no regresa el grito
en lento cántico, porque en ninguna parte
huiría al toque,
corazón adentro, del tiempo perdido.
Y se vuelve, sueño roto,
poca ceniza de mucho fuego.


Ruego de Navidad

Mira cómo vengo por la noche
de mi pueblo, del mundo, sin cantos
ni sueños ya, bien vacías las manos:
sólo te traigo mi gran grito.

Niño que duermes, ¿no lo has oído?
Despierta conmigo, guíame el miedo
de caminante, este dolor
de unos ojos de ciego dentro de la noche.


El funámbulo

Peregrino en la cuerda
del arco sobre el abismo,
he traído vasos de agua,
sin derramarlos, desde
el angustioso origen
de los ojos hasta donde acaba
todo deseo de paisaje.
Yo, el bufón tenía
mucho miedo de sentirme
elevado, tan próximo
a la nieve, a las alas
del gavilán. Confieso,
adictos muertos del público,
que no fue nada fácil
conservar el equilibrio.
Pero, cuando rendía cuentas
del trabajo, aplaudisteis.
Pues no faltó una gota
a la sed de los demonios.


Bajo la lluvia

Bajo la lluvia,
árboles, camino, silencio,
vidas lejanas.
Sin pesar miro
cómo se borra mi paso.


Salvador Espriu (Santa Coloma de Farners, 1913 - Barcelona, 1985)
Versiones del catalán de Jonio González, para este blog


Foto: Espriu, 1981 Colita/CORBIS

miércoles, diciembre 01, 2010

Sandro Barrella / Dos poemas




Es un pájaro...

Es un pájaro comunicativo. Se enreda en el cablerío de los
teléfonos públicos y el corazón la da tumbos si nadie
responde. Tropieza. Cuando recupera la postura deja la pena
de lado, vuelve a intentarlo. El pájaro Comunicativo es
esclavo de un ritual, repite la escena para convencerse que no
está solo en la partida.



Los últimos filósofos...

Los últimos filósofos de la Escuela Sagaz, enemistados con el
reino animal, se resignan a una existencia que tampoco se
reconoce en la piedra. Gada, la aldea en que viven, padece
un proceso de continuo despoblamiento. En el linde del
pueblo hay un bosque en el que suelen acampar los filósofos
de la escuela rival, conocidos en la provincia por su afición al
fuego. A las fogatas nocturnas contoladas. La controversia
entre los Sagaces y los Despiertos -tal el nombre de los
filósofos del fuego- se reduce a un viejo problema teológico.
Tratándose de un tema de fe, sólo se conoce el centro de la
disputa. Los detalles permanecen en secreto.

para Fabián -hermano en Berna


Sandro Barrella (Buenos Aires, 1967), Los pájaros, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Glor, Santa María, Madre de Dios, 1959, Xul Solar