sábado, octubre 15, 2022

Soleida Ríos / Dos poemas



Poema ofó

No contra el dolor, contra el sufrimiento
no contra la ceguera, contra la rabia
no contra la necesidad, contra el imperio del deseo
no contra el enemigo, contra la enemistad
no contra la pequeñez, contra la disminución
no contra la imaginación, contra el exceso de fantasía
no contra el poder, contra el abuso de poder.

Antes que la defensa, la protección.
Jamás golpea la muerte a una roca
y jamás corre un río hacia atrás.*

18 de junio, 2012

* De la poesía yoruba. Rogelio Martínez Furé, Poesía anónima africana.


Arcano

Abandono.
Detenimiento.
Suspensión.
Lo resistente es el árbol
(guásima, fresno, abedul)
las ramas que sostienen la cuerda
atada al pie
las verdes ramas.

Diríase que a ese muerto, sustraído
no lo soporta una estrategia
(mirar y mirar, ver, entrever
¿qué? desde arriba
caído y, no obstante, por encima
de las líneas de congestión).

Soberano detenimiento. Arde
lo que tiene que arder.
Arde y se apaga.

El que cuelga
puede no calcular
los polos de la frialdad
ni el golpe de una ventolera.
Resiste, pues su manera de hibernar
le da visión.
Ve pasar las carrozas deshilachadas
de los triunfadores.
Ve pasar hacia los blancos cementerios
la cadena de interminables
muertos vivos.

El que cuelga
como mira de frente, ajeno
invertirá los símbolos:
el agua: artificial, la ingravidez: perfecta.
Pero ¿qué es el qué
desde arriba y caído
y no obstante por encima
de las líneas de congestión?

Arde lo que tiene que arder.
Arde y se apaga.

Y en la distancia, confluyendo
en el detenimiento del deseo
la muerte
mas, nunca para reducir.

El que cuelga, cruzado de pies y manos
si despierta, podría beber de sí
podría desplegar desde sí su permanencia.

Pero lo resistente sería el árbol:
guásima, fresno, abedul.

29 de mayo, 1999

Soleida Ríos (Santiago de Cuba, Cuba, 1950), Festival Internacional de Poesía, Buenos Aires, 2022


Foto: Omar Sanz

viernes, octubre 14, 2022

Gerald Stern / Dos poemas (con jazz)



La casa de Hemingway

No quiero ir a la casa de Hemingway,
que venga él a la mía, que entre y haremos
"Los asesinos" en la mesa de la cocina, él
de espaldas a su arce japonés, yo de espaldas
a mi lavadora, ginger ale para uno, ron blanco
el otro; el dragón y la libélula,
la muerte y la conciencia de la muerte,
Monk y Bartók, me da lo mismo.


Él que es sucio

Él que tiene una frente
seguirá teniendo una frente,
y ella que tiene un huevo pequeño y marrón
tendrá su nido y dará su leche
en el lugar más extraño de todos;
y Johnny Cash se sentará con una mano
sobre una pierna mientras se sostiene la cabeza con la otra,
y el Sabio Cohen [1] se arrodillará
ante su brillante violinista;
y el que es sucio seguirá siendo sobre todo
sucio, Thelonious Monk
dará vueltas y vueltas,
un tic diferente del mío
pero igualmente respetable.

Gerald Stern (Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos, 1925-Nueva York, Estados Unidos, 2022), Bless as We Were. Late Selected and New Poems, W. W. Norton, Nueva York, 2000
Versiones de Jonio González

[1] Juego de palabras entre el nombre de Cohen, Leonard, y learned, en inglés "docto", "sabio". (N. del T.)

HEMINGWAY'S HOUSE

I don’t want to go to Hemingway’s house,
let him come to mine, walk in and we’ll do
"The Killers" at my kitchen table, he with his
back to the Japanese maple, me with my back
to the Maytag, ginger ale for one, white rum
the other; the dragon and the mayfly,
death and the knowledge of death,
Monk and Bartók all the same to me.


HE WHO IS FILTHY

He who has a forehead
will have a forehead still,
and she who has a little brown egg
will have her nest and give her milk
in the most unlikely place of all;
and Johnny Cash will sit with his hand
on one leg and his other hand holding his head up,
and Learned Cohen will get on his knees
before his brilliant violinist;
and he who is filthy will be filthy still
and most of all, Thelonious Monk
will turn around again and again,
a different tic from mine
but equally respectable.

jueves, octubre 13, 2022

Rosmarie Waldrop / Como Hölderlin



Se levantaba temprano
dejaba la casa de inmediato
arrancaba hierba
trocitos de cuero en los bolsillos
golpeaba cercas con el pañuelo
respondía sí y no
a sus propias preguntas
yace bajo la hierba
flores marchitas en los bolsillos
en la cerca tiro de mi pañuelo
a él le encantaba decir no
"ya no soy el mismo hombre"
y
"no me ocurre nada".

Rosmarie Waldrop (Kitzingen, Alemania, 1935), Another Language: Selected Poems, Talisman House Publishers, Jersey City, 1997
Versión de Jonio González

Nota del Ad.: Los versos de este poema tienen la particularidad de que citan textual o aproximadamente cartas de quienes conocieron al poeta alemán Johann Christian Friedrich Hölderlin (1770-1843), durante los 36 años en que permaneció recluido en la famosa torre de Tubinga, que no era otra que la de la casa del ebanista Friedrich Zimmer y su familia, quienes lo alojaron después de los meses de internación que pasó en un hospital psiquiátrico. La misma documentación es citada ampliamente y glosada por Giorgio Agamben en su reciente libro La locura de Hölderlin (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2022). 




LIKE HOLDERLIN

got up early
left the house immediately
tore out grass
bits of leather in his pockets
hit fences with his handkerchief
answered yes and no
to his own questions
lies under grass
wilted flowers in his pockets
at the fence I pull my handkerchief
he liked to say no
“I’m no longer the same man”
and
“nothing is happening to me”.

miércoles, octubre 12, 2022

Rom Freschi / De "El precedente"




Después de cada infierno vive
un cielo estrellado de hace diez mil 
años en su órbita gravitan
los pasadizos de tiempo
el infierno ar de
el infierno vio la
pero en el tiempo pátina
se cría una crisálida
carne crecida al infierno
refresca y humecta a un alien
precedente
no estoy aquí
no me he peinado
no te sonrío ni te digo
gracias o éste es mi nombre
a como da de en un sillón 
de estrella da carne
se despierta desmemoria de 
su viaje
es demasiado viejo y el infier no
no lo toca
-lo encandila o lo abur re- 
lo mira pasar
paciente
bajo un corazón que no resiste
y un estómago 
que vuelca.


*

Mas hay algo
de cuerpo muerto en las cosas
matar entonces 
o vivir entonces
hasta ser cosa 
ro ca ro cosa
de los planetas soles
de los asteroides que quedan
luego de las colisiones
polvo grueso de las estrellas
grosor de lo que no admite 
la ruptura
sigue boyando 
en alejadura
sin palabra para lo que vive
roca ex viva
sin ser viviente
viaja
cuerpo muerto que choca
ilumina, golpea
se ve grandioso en danza
parece que encuentra ligereza
ante la mínima 
grav edad.


*

Soy más que este cuerpo
soy una carroza, un carnaval
es tela 
de cometa
camba la che de objetos y animales bajo
mi responsabilidad limitada
cualquier viraje propone
la posibilidad de una colisión inesperada
conexión que parte y reparte
un mensaje difuso, alterado
intervenido, a la merced
de otros cuerpos
la mayoría sin conciencia
o con una tan inter me di da
como la de aquel supuesto origen 
perdido
que no soy yo ni es mi cuerpo
a lo sumo la suma 
de inscripciones 
es un hojaldre con vida propia
cubrecamas, pared, películas
blob
líquen multicefálico 
de intereses en conflicto
pujan por nacer
toman carrera para ensartar
tela.


*

averia da carne
el cuerpo aloja una conciencia
errática
un salvavidas
salvapantallas
esa energía
ese en canta mi ento
oscuro pasillo de la casa
hoy se ilumina
con otro olor
otros cuerpos que pasan
y el d olor de esa otra 
alma en pena
disminuye
se apaga
o se reinicia
el mecanismo es siempre
huma no
cambia de cuerpo
humane
consolador
respirador
conexión central
directo al corazón
el enchufe
a la vida ajena
veo des de el balcón de mi sensorio
los patrones añejos de las situaciones
siglo de oro que reverbera
autos de fe
minués y figurones
escalas y palcos
para entrampar 
el olho
el hoyo
conocido e hipertransitado
siempre parece que hay demasiado
tráfico
en ese bollo
ese óleo
pintado 
en trampa
antojo
asciende una escalera
la luz dorada del atardecer 
enceguece
cualquier esperanza 
en un crepitar
de olla
de oro
en un abrir y cerrar 
de ojos
el hálito
nos trajo a la luz
y nos apaga
carbonilla vieja
de lo que has ido.

Romina Freschi (Buenos Aires, 1974)

El precedente
,
LP5 Editora,
Fox Island, Estados Unidos, 2022









martes, octubre 11, 2022

Ariana Daniele / De "Poética de un corazón abierto"



Los corredores del miedo

He vuelto al cuarto oscuro
donde mi corazón fue entregado 
como verbo de la creación
a las manos invisibles de la noche.

En mí se vertieron las caricias de la infancia
con su calor de aliento derramado.
Así eran los cuerpos que me traía la noche.

Ningún ser palpable
y con nombre.


Posteridad

Sólo una mujer sería capaz
de encender la vela que no apague jamás. 
En cada sombra se esconderá otra 
con su pábilo negro.
Lobas de una mordida desigual.

Está escrito en el reverso del sueño
que los ojos pueden volverse córvidos.

¿Quién enseñará a los niños 
la palabra rebelión 
la desobediencia de los santos 
y la deserción de la colmena?


El dulce legado

Hemos venido 
a señalar las mismas cosas de siempre
a irnos cuando se cae el sol 
y todos juegan en la luz.

Hemos venido como raquíticos terrenales
colmados ya de sueños.
Éramos como jóvenes que escriben
con cursiva de testamento. 

Se nos ha ido secando la tinta 
de a poco 
nos hemos ido engañando
hasta llegar a la noche del alma

donde nadie es testigo 
de los pasos que se dan.

Ariana Daniele (Rufino, Argentina, 1990), Poética de un corazón abierto, inédito


lunes, octubre 10, 2022

F. S. Flint / Conos



La neblina azul que sigue a la lluvia
cubre todos los árboles;

la luz del sol dora las puntas
de los álamos, lejos,
entre las casas.

Aquí una rama se balancea
y allí
pía un gorrión.

El dobladillo de la cortina, bordado de rosa,
aletea y a medias revela
una chimenea de color rojo oscuro.

La quietud en la habitación
soporta pacientemente
una pisada en la calle.

F. S. Flint (Londres, 1885 - Berkshire, Inglaterra, 1960), Poetry, vol. 7, nº 6, marzo de 1916, edición digital
Versión de Jonio González


Foto: Ten Pages

CONES

The blue mist of after-rain
flls all the trees;

the sunlight gilds the tops
of the poplar spires, far off,
behind the houses.

Here a branch sways
and there
a sparrow twitters.

The curtain's hem, rose-embroidered,
flutters, and half reveals
a burnt-red chimney pot.

The quiet in the room
bears patiently
a footfall on the stree.

domingo, octubre 09, 2022

Celeste Diéguez / De "Lo real", 2



12

Un útero un nombre una hamaca una habitación propia un baño privado una butaca en el medio ni muy arriba ni muy abajo un asiento individual junto a la ventanilla un juego de cubiertos una celda de máxima seguridad una jeringa recién abierta delante mío la yerba nueva para empezar a cebar un voto universal secreto y obligatorio un hombre que no sea el novio de otra un cepillo de dientes exclusivo para mi boca un jesús personal un cajón donde nada más entre mi cuerpo un número de pin único e intransferible una clave para el face una clave para hotmail una clave para gmail la clave de homebanking la contraseña del campus la clave inútil de linkedín un solo donante anónimo un preservativo que será usado por primera y última vez una tarjeta sube sacada con mi número de dni un cenicero limpio un solo corazón para toda la vida un solo lóbulo frontal una bolsa de dormir roja un tórax un número de calzado invariable una lengua en común.

Lo real, Editorial Caleta Olivia, Buenos Aires, 2018

Celeste Diéguez (Chascomús, Argentina, 1979), Festival Internacional de Poesía (FIP), Buenos Aires, 2022

---
Foto: Celeste Diéguez/Facebook

sábado, octubre 08, 2022

Azucena Salpeter / La musiquita que no sabe que es musiquita




En 1949, cuando la guerra fría
yo tenía 7 años
no conocía el mar ni la nieve
tampoco a mis abuelos

para las fiestas
nos vistieron de angelitos
túnicas de sábanas
alas de cartón con plumas de gallinero

se nos hacía que volábamos 
igual que los palotes que sostienen las letras
estábamos felices en esa levedad

nos pintaron las mejillas 
con lapacho rosa 
éramos fuertes por primera vez  

fué ahí arriba, en cielo despejado
cuando escuchamos la musiquita de los abuelos
eran flautas y susurros
las manos curtidas 
se las arreglaban por traer buenas nuevas
aleteaban entre mandarinas y cascarudos
por la alegría del encuentro

de todos modos 
no llegué a conocer 
la sangre en la nieve
ni los mares del exilio

de pronto apareció un circo en las alturas
la señora que caminaba sobre las cuerdas
era un periodista que no sabía que era periodista
una vieja que contaba un cuento
un león o un labriego
que a su vez era el caballo de bolsas de harina
que sabe rezar

no había nada más en las alturas
ningún gallo ningún amanecer
entonces el caballo nadó y nadó
salvó la musiquita con los dientes
y se deshizo. 

Azucena Salpeter (Formosa, Argentina, 1942), vía Facebook/Azucena Salpeter, 4 de octubre de 2022

viernes, octubre 07, 2022

Paula Meehan / La estatua de la Vírgen de Granard habla


Puede ser amargo aquí en tiempos como estos, 
el viento de noviembre soplando desde la frontera.
Sus semillas de hielo te hacen doler el alma.
El pueblo entero arropado seguro y soñando,
hasta las cosas salvajes se han escondido en la tierra, y yo
atascada aquí en esta gruta, sin ni siquiera
una estrella o planeta que alivie mi vigilia.

El aullido no parará. Los árboles
se retuercen en agonía como si fueran a liberarse
y despegar- viajeros fantasmas
en el viento que lleva indicios
de pueblos acuartelados, ciudades amuralladas, calles de guetos
donde los hombres se cazan unos a otros e invocan
los varios nombres de Dios como bendiciendo
sus estrategias muertas, sus maniobras nocturnas.
Más cerca de casa el viento pasa por
sobre lagos muertos. Escucho a los peces ahogarse.
Siento el gusto del agua estancada mezclada
con el humo de la turba de las granjas alrededor.

Me llaman Mary- Bendecida, Santa, Virgen.
Me unen al mito de un hombre crucificado:
el flagelo y la caída, y la caída otra vez,
la corona de espinas, el golpe del martillo en el hierro
en la muñeca y cadera, el sagrado corazón sangrante.
Me llaman Madre de todo este dolor
a pesar de no aparearme con un hombre mortal.
Se arrodillan ante mí y sus plegarias
se elevan como chispas de una fogata
que arde un momento, luego se apaga.

Puede ser hermoso aquí a veces. La primavera,
verano temprano. Niñas en vestidos de comunión
rivales pálidas del desorden en los setos vivos
del perejil de las vacas y espinos en flor, el perfume
de cada acre de juncos que queda para el heno
cuando la luz oscila más, con el sol retirándose al norte.

O la gracia de un casamiento de mitad de verano
cuando la tierra misma llama a aparearse
y me liberaría de estas vestiduras tiesas,
totalmente azules, totalmente blancas, como si le hubiesen
robado sus colores al cielo de un niño. Mi ser
grita para ser reencarnado, reencarnado
manchada y despeinada en una cama suave.

Hasta un entierro de otoño puede tener su pompa.
Los setos cargados con el peso de la fruta
silvestre, endrina, baya, escaramujo; las nubes se desplazan
rápidamente hacia el este con el aroma de las peras, frutas caídas en
secreto en los largos pastizales de las huertas, y algún alma vieja
desciende a su piel. La muerte es justo otra cosecha
planeada para el juego de la estación.

Pero es en la noche de todos los Difuntos que no
hay respiro de la agudeza del viento.
No me asombraría si cada cuerpo viniera volando
desde el cementerio para unirse con exaltación al vendaval
una cacofonía de huesos implorándole el Juicio Final al cielo
y liberación de ser la consciencia del pueblo.

En una noche así recuerdo a la chica
que vino sólo con quince veranos,
y se echó en completa soledad a mis pies
sin partera o doctor o amiga que sostuviera su mano
y empujó su secreto hacia la noche,
lejos del pueblo arropado en pequeños escándalos,
afectado por regateos, palabras rotas, rezos, promesas,
y a pesar de que ella lloró agonizando
no me moví,
no levanté un dedo para ayudarla,
no intercedí ante el cielo
tampoco susurré la palabra sagrada en el oído de Dios.

En una noche como ésta cuento los días que faltan para el solsticio
y  para la vuelta de la luz.
Oh sol,
centro de nuestra estúpida danza,
ardiente corazón de piedra,
derretida madre de todos nosotros,
escúchame y ten piedad.

Paula Meehan (Dublín, 1955), Mysteries of the Home, Dedalus Press, Dublín , 2013
Versión de Maria Kohon

Nota del Ad.: Granard refiere al pueblo del condado de Longford, en Irlanda




The Statue of the Virgin at Granard Speaks

It can be bitter here at times like this,
November wind sweeping across the border.
Its seeds of ice would cut you to the quick.
The whole town tucked up safe and dreaming,
even wild things gone to earth, and I
stuck up here in this grotto, without as much as
star or planet to ease my vigil.

The howling won’t let up. Trees
cavort in agony as if they would be free
and take off — ghost voyagers
on the wind that carries intimations
of garrison towns, walled cities, ghetto lanes
where men hunt each other and invoke
the various names of God as blessing
on their death tactics, their night manoeuvres.
Closer to home the wind sails over
dying lakes. I hear fish drowning.
I taste the stagnant water mingled
with turf smoke from outlying farms.

They call me Mary — Blessed, Holy, Virgin.
They fit me to a myth of a man crucified:
the scourging and the falling, and the falling again,
the thorny crown, the hammer blow of iron
into wrist and ankle, the sacred bleeding heart.
They name me Mother of all this grief
though mated to no mortal man.
They kneel before me and their prayers  
fly up like sparks from a bonfire
that blaze a moment, then wink out.

It can be lovely here at times. Springtime,
early summer. Girls in Communion frocks
pale rivals to the riot in the hedgerows
of cow parsley and haw blossom, the perfume
from every rushy acre that’s left for hay
when the light swings longer with the sun’s push north.

Or the grace of a midsummer wedding
when the earth herself calls out for coupling
and I would break loose of my stony robes,
pure blue, pure white, as if they had robbed
a child’s sky for their colour. My being
cries out to be incarnate, incarnate,
maculate and tousled in a honeyed bed.

Even an autumn burial can work its own pageantry.
The hedges heavy with the burden of fruiting
crab, sloe, berry, hip; clouds scud east
pear scented, windfalls secret in long
orchard grasses, and some old soul is lowered
to his kin. Death is just another harvest
scripted to the season’s play.

But on this All Souls’ Night there is
no respite from the keening of the wind.
I would not be amazed if every corpse came risen
from the graveyard to join in exaltation with the gale,
a cacophony of bone imploring sky for judgement
and release from being the conscience of the town.
On a night like this I remember the child
who came with fifteen summers to her name,
and she lay down alone at my feet
without midwife or doctor or friend to hold her hand
and she pushed her secret out into the night,
far from the town tucked up in little scandals,
bargains struck, words broken, prayers, promises,
and though she cried out to me in extremis
I did not move,
I didn’t lift a finger to help her,
I didn’t intercede with heaven,
nor whisper the charmed word in God’s ear.

On a night like this I number the days to the solstice
and the turn back to the light.
O sun,
centre of our foolish dance,
burning heart of stone,
molten mother of us all,
hear me and have pity.
---
Foto: Paula Meehan por Dave Meeghan The Irish Times

jueves, octubre 06, 2022

Vilma Tapia Anaya / La pregunta por el mal se aligera en la sangre de mi memoria



Ha aparecido un arcoíris 
nubes de cristal
muy bajas
tocan las hendiduras de la cordillera

desde Buenos Aires Susana me escribe
ve que las mujeres que fueron víctimas de la violencia 
hoy se unieron y que el mundo cambiará

Yo sigo a las nubes

deshilachándose descargan su leve peso sobre la tierra
la pregunta por el mal se aligera en la sangre de mi memoria
dos canarios encendidos se posan en un cable
envuelta con mis inmemoriales vestidos 
predigo un jardín 


Vilma Tapia Anaya (La Paz, 1960),  Festival Internacional de Poesía (FIP ), Buenos Aires, 2022


miércoles, octubre 05, 2022

Paula Simonetti / Dos poemas



No voy a hablar

voy a hablar de otra cosa
nunca es eso
no te voy a decir
basta
voy a dibujarte este sutil
paraíso de papel
sin contarte los piojos ni los sueños
la mirada que se abre hacia una infancia breve
de las hamacas voy a hablar
de los rosarios
será que no rezás
que no te hamacaste
ayer
mañana
nunca
no voy a retomar la cuenta
moretones que se van pero hacia adentro
para volver a estallar en el gesto de los hijos
de tus hijos y ad eternum
me olvidaré después cuando esté hablando
a nadie
de Picasso
eso
duele
no tu mano firme como
la rigidez de un loco
le diste vuelta la cara y volvió otro
de un golpe tu hijo se hizo hombre
no me vas a decir que ellos son niños
voy a hablar de otra cosa
aunque me vuelvo
a este abecedario
que solo habla de vos y de mi infancia
nada más
no dice basta
no se hizo para decir basta
no voy a hablar del golpe y de la marca
de la forma en que tu mano aplasta el gesto
de tu hijo como si fuera mosca de verano
voy a hablar de la forma en que tu mano
se levanta desde adentro del poema
y lo deshace

En la boca de los tristes, Editorial Lo que Vendrá, Montevideo, 2014



En Montevideo

nosotros tenemos un río del que decimos
es un mar
es bueno saber que tenemos el mar
porque el mar es una sensación
y aquello que sucede frente al mar
obtiene de él su transparencia
porque el mar es el mejor testigo
testigo del tiempo
de nuestro tiempo
porque el mar es como una madre
que no nos espera pero nos recibe
una madre en la que podemos entrar
una y otra vez
aunque no podamos
permanecer en ella

porque el mar es un lugar ambiguo

tan ambiguo
como una madre

El conocimiento y la ignorancia, La Coqueta, Montevideo, 2018

Paula Simonetti (Montevideo, 1989), Festival Internacional de Poesía (FIP), Buenos Aires, 2022


martes, octubre 04, 2022

Pierre Reverdy / Dos poemas



Sol

Alguien acaba de partir
En el cuarto
Queda un suspiro
La vida desierta

La calle
Y la ventana abierta
Un rayo de sol
Sobre el prado verde


Secreto

La campana vacía
Los pájaros muertos
En la casa donde todo se duerme
Las nueve
La tierra se mantiene inmóvil
Se diría que alguien suspira
Los árboles parecen sonreír
El agua tiembla en el extremo de cada hoja
Una nube cruza la noche

Delante de la puerta un hombre canta

La ventana se abre sin ruido

Pierre Reverdy (Narbona, Francia, 1889-Solesmes, Francia, 1960), Les ardoises du toit, 1918
César moro, Visiones del surrealismo, Tusquets, Barcelona, 1974
Traducción de César Moro
Envío de Jonio González


lunes, octubre 03, 2022

Roberto Guareschi / De "Los gritos del agua"


Segunda noche
Gritos del agua


Carlos empezó a hablar ni bien llegó:

Hay un lugar en el fondo del país
donde estamos esperando 
sin esperanza y sin nombre
allá no hay tiempo hay silencio.
Somos fantasmas alaridos
flameando en un bosque líquido
como náufragos sin cielo y sin fondo
somos el agua de la ciudad 
continuamente reciclada y siempre oscura
agitamos el río y forzamos las mareas pero
cada vez menos gente escucha los gritos del agua.

Sentí ganas de consolarlo. Se quedó mirando el resplandor rojizo de la ciudad en el cielo. Me contó que había estado más de un año y medio en cautiverio en la escuela militar.

Una noche por semana 
nos reunían y leían una lista
quince o treinta
elegidos drogados casi muertos
en un avión que abre el buche y los vomita.
Vivíamos de a siete días.
Yo rezaba plegarias inventadas
apretado al rosario 
que me había dado una compañera
pero un miércoles dijeron mi nombre.
Esperé en fila frente a una puerta blanca 
como un consultorio 
sabía pero no quería creer.
Me desperté desnudo
en un piso de metal
con el cuerpo en declive al río
en un ruido de engranajes rotos.
Vi uniformes de fajina
y puños que querían borrarme
sentí que me alzaban 
me agarré a un borde
y se me rompieron los dedos.
Inmóvil en el aire
el agua voló hacia mí
abierta como una boca
y me envolvió en silencio. 
Perdí el cuerpo.
Lo vi irse con los brazos abiertos
no era una cruz 
era una flecha derivando
se disolvía en el río
buscando otros cuerpos en los poros del agua.

El río de la noche 
tiene el lomo de una bestia
y galopa en el fondo barroso
con el sudor blanco de los caballos.


Quinta noche
Combate

[Fragmento]

Me adelanté y le leí algo que traía anotado

Nuestra historia no tiene épica 
antes de empezar habíamos perdido.
El sueño se nos hizo polvo y miedo
y ya no había más remedio ni sentido.

Él:
Yo decidí seguír.
Cumplía las órdenes.
Mi primera arma fue una '45
que había sido de la cana.
La vi esperando mi mano 
sobre una mesa a campo abierto
una tarde en un polígono de tiro
traía el miedo de la muerte. 
Apunté. A cada disparo se alzaba
quería soltarse
pero cuando cayó el sol 
yo ya sabía sujetarla 
y recuperar el blanco en la mira.
Ninguna otra arma que usé 
fue tan íntima.
Con esa lo bajé al conscripto.

Yo:
Estoy anotando.

Él:
Hacete la imagen de un pueblo
a la hora de la siesta
suenan tiros
en las casas explota el aire
estancado en las piezas
y sólo queda el miedo vibrando.
Un criollito conscripto grita Viva la patria
despierta al regimiento 
y ya no hay Victoria siempre
nos cagan a balazos. 
Viva la patria carajo gritó el conscripto y tiraba.
Cambié la pistola de mano 
(no tenía ángulo de tiro)
y le apunté a esa rabia;
la bala le entró en un ojo y le arrancó la oreja
el otro ojo quedó abierto de sorpresa.
Corrí entre planos de luz 
iba en el aire 
animal sin muerte
las balas me zumbaban
quebraban las hojas
me abrían camino.
Un compañero se me cruza.
José (era chofer de un ómnibus escolar)
sangra se va agarrando las ingles patina
en la grava cae me mira
con una pregunta en los ojos
que todavía no pude descifrar.
Héctor (abogado laboralista)
avanzó hacia el polvorín
con una granada en la mano
inexplicablemente llegó
estaba lleno de heridas 
chocó contra una ventana
como un espejo que le mentía el cielo.
La granada le explotó en la mano
explotó el polvorín
y las llamas se tragaban el aire.
Elsa (criaba chinchillas
con su marido en una casa franca)
corrió hacia el casino de oficiales 
iba derecho a una bala
como un pájaro que va a iniciar el vuelo así
juntó las clavículas
y cayó de boca con un agujero en el pecho.
Los milicos se animaron
eran una correntada 
vi que iba a morir 
y me quedé clavado en el piso.
Tuve que hacer mucha fuerza para salirme de eso.
El parte de guerra dice retirada
vos poné desbande.

Roberto Guareschi (Buenos Aires, 1945)

Los gritos del agua
,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2022









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Foto: Roberto Guareschi/Facebook

domingo, octubre 02, 2022

Hans Magnus Enzensberger / Dos poemas


poema sobre el futuro

aparecen dos hombres en un tractor
(chou en-lai está en moscú)
dos hombres en monos grises
(los premios nobel en frac)
dos hombres con varas finas
(medallas de oro en tokio)
en la cuneta entre hojas amarillas
(los guerrilleros muertos de viet nam)

entre hojas amarillentas
dos hombres en monos grises
levantan varas finas
una a la izquierda y otra a la derecha
cada cincuenta pasos
varas oscuras en la luz de noviembre
(chou en-lai está en moscú)

dos hombres en monos grises
en la luz sesga de noviembre
huelen la nieve que cubrirá
hojas y hombres

y borrará el camino
hasta que no se vea más nada
menos cada cincuenta pasos
una vara a la izquierda y otra a la derecha
para que el quitanieves
encuentre su camino
allí donde el camino es invisible

1964


central toledo, cuba

el tableteo del dominó sobre la mesa de la cocina
el crujido debajo de mi catre
el distinguido congolés leyendo
un viejo ejemplar del monde diplomatique

el chirriar de la lima en el machete
el gemir y toser de la radio:
entre dos hits brasileños
renuncia dubcek bajo el techo de hojalata *

en la ventana el enemigo innumerable
que dicen todos salvará al país: implacable
la caña alta y gorda y encima
negro y quieto el humo del ingenio

percibo todo esto a través de tres velos: 
el del brillo del aire al calor del mediodía
el de la matriz enrejada de la teoría
el del mosquitero que me cubre

1969

Hans Magnus Enzensberger (Kaufbeuren, Alemania, 1929 - Munich,  Alemania, 2022), Poesías para los que no leen poesías, Barral Editores, Barcelona, 1971
Traducción de Heberto Padilla

* Alexander Dubcek (1921-1992) fue elegido secretario general del Partido Comunista de la entonces Checoslovaquia a comienzos de 1968. Intentó un "socialismo con rostro humano" y una de sus primeras decisiones políticas fue levantar la censura. Eso despertó una "primavera democrática" que concluyó el 21 de agosto de 1968 con la entrada de las tropas del Pacto de Varsovia en Praga. Dubcek firmó en Moscú el compromiso de volver atrás con sus reformas económicas y políticas. Ese mismo año renunció a su cargo de presidente de la Asamblea Federal y, en 1969, al de secretario general del Partido. (N. del Ad.)

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sábado, octubre 01, 2022

Raúl Artola / De "Cisne de cuello negro"




Religio

Nadie puede morir
mientras suene la música.
El piano y las cuerdas
sostienen lo que queda:
un mínimo aliento alcanza
para albergar toda la vida.
El alma de cada uno
es imagen fractal
del corazón del universo.

                          (a la memoria de Carl Gustav Jung)


Nubes y palomas

Bajo un cielo nublado
en la cumbrera de los vecinos
se han posado ocho palomas
que se alternan los lugares
como en toda reunión
para conversar.
Es mediodía y desde la mañana
ha estado amenazante.
Como si tuvieran un orden
determinado las palomas
emprenden vuelo en parejas
sin prisa, a intervalos regulares.
Cuando salen las dos últimas
calculo: en quince o veinte
minutos lloverá.

                          (a Valeria Pariso)

Raúl Artola (Las Flores, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1947), Cisne de cuello negro, Tatami, Buenos Aires, 2022


viernes, septiembre 30, 2022

T. S. Eliot / Lo que dijo el trueno / "La tierra baldía"




V. Lo que dijo el trueno

Tras la roja luz de antorcha en sudorosos rostros
tras el helado silencio en los jardines
tras la agonía en las pétreas zonas
el griterío y el llanto
prisión y palacio y eco
del trueno primaveral sobre distantes montañas
aquel que estaba vivo ahora ha muerto
nosotros que estamos vivos ahora estamos muriendo
con un poco de paciencia

No agua aquí solo roca
roca y no agua y el camino arenoso
el camino que sube sinuoso entre las montañas
que son montañas de roca sin agua 
si hubiera agua nos detendríamos y beber
entre las rocas uno no puede detenerse ni pensar
el sudor es seco y los pies están en la arena
si tan solo hubiera agua entre las rocas
muerta boca de montaña de dientes cariados que no puede escupir
aquí nadie puede ni pararse ni recostarse ni sentarse
ni siquiera hay silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
ni siquiera hay soledad en las montañas
sino rojos rostros taciturnos que se burlan y gruñen
desde las puertas de casas de barro agrietado
si hubiera agua
y no roca
si hubiera roca
  y también agua
y un manantial
un oasis entre la roca
si tan solo hubiera rumor de agua
no la cigarra
y el pasto seco cantara
sino rumor de agua en una roca
donde el zorzal ermitaño canta entre los pinos
plic ploc plic ploc ploc ploc ploc
pero no hay agua

¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?
Cuando cuento, estamos solo tú y yo juntos
pero cuando miro adelante del blanco sendero
siempre hay otro que camina a tu lado
avanza envuelto en un manto marrón, encapuchado
no sé si es hombre o mujer
-pero ¿quién es ése al otro lado de ti?

Qué es ese ruido alto en el aire
murmullo de lamento maternal
quiénes son esas hordas encapuchadas moviéndose
en las infinitas planicies, tropezando en la tierra agrietada
rodeadas solo por un chato horizonte
cuál es esa ciudad en las montañas
que se agrieta y reforma y estalla en el aire violeta
torres que caen
Jerusalén Atenas Alejandría
Viena Londres
irreales

Una mujer estiró su larga cabellera negra
y tocó música suave con las cuerdas del violín
y murciélagos con caras de bebé chillaron
en la luz violeta, y batieron sus alas
y se arrastraron cabeza abajo hacia una pared ennegrecida
y patas arriba en el aire había torres
que doblaban campanas recordatorias, que daban la hora
y voces cantaban desde las cisternas vacías y los pozos agotados.

En este decadente agujero entre las montañas
bajo la débil luz de la luna, la hierba canta
sobre las tumbas desmoronadas, cerca de la capilla
allí está la capilla vacía, solo el refugio del viento.
No tiene ventana, y la puerta se balancea,
Huesos secos no dañan a nadie.
Solo un gallo erguido en la cumbrera
quiquiriquí quiquiriquí
en un fulgor de relámpago. Luego una ráfaga húmeda
trajo la lluvia

El Ganges se había hundido, y las hojas débiles
esperaban la lluvia, mientras las negra nubes
se amontonaban a lo lejos, sobre el Himavant.
La jungla agazapada, agachada en silencio.
Entonces habló el trueno
D A
Datta: ¿qué hemos dado?
amigo mío, sangre sacudiendo mi corazón
la terrible osadía de un momento de debilidad 
que una época de prudencia nunca podría retractarse
de este modo, y solo así, hemos existido
lo que no se hallará en nuestros obituarios
ni en recuerdos cubiertos por la benéfica araña
ni bajo sellos rotos por el insignificante abogado
en nuestros cuartos vacíos
D A
Dayadhvan: he oído la llave
girar en la puerta una vez y girar solo una vez
pensamos en la llave, cada uno en su prisión
al pensar en la llave, cada uno confirma su prisión
solo al anochecer, rumores etéreos
reviven por un instante un Coroliano roto
D A
Damyata: el bote respondió
alegremente, a la mano experta en velas y remos
el mar estaba en calma, tu corazón habría respondido
alegremente, cuando fue invitado, latiendo obediente
a manos controladoras

Me senté a la orilla
a pescar, con la árida llanura a mis espaldas
¿Pondré, al menos, mis tierras en orden?

El puente de Londres está cayendo cayendo cayendo

Luego él se escondió en el fuego que los mejora [1]
Cuándo seré como la golondrina [2] -Oh golondrina, golondrina
El príncipe de Aquitania en una torre en ruinas [3]
Con estos fragmentos he apuntalado mis ruinas
Entonces te daré lo que mereces. Hieronimo está otra vez loco.[4]
Datta, Dayadhvam. Damyata. [5]

Shantih shantih shantih [6]

T. S. Eliot (Missouri, Estados Unidos, 1888-Londres, 1965), La tierra baldía / The Waste Land [1922], Atelier 77, Andorra, MMXXII
Traducción de Silvia Camerotto

De la declaración de citas de Eliot (glosa del Administrador):

Poi s'ascose nel foco che li affina. Cita textualmente el canto XXVI de "Purgatorio" (Alighieri, Commedia). El poeta provenzal Arnaut Daniel se identifica como tal ante Dante en la cumbre en la que arde un fuego insoportable pero que no quema ni carboniza a los reos (tampoco a Dante). Arnaut le habla en provenzal, dice su nombre y le ruega que interceda en el Cielo para que su paso por la llamas se abrevie. Dante finaliza el canto y la narración en toscano. Literalmente: 'Luego se ocultó en el fuego que allí refina', palabra esta última que en algunos casos se ha preferido traducir como "purifica".

2 Quanto fia, uti ch chelidon. "Pervigilium Veneris", XXII, poema anónimo del siglo IV, que describe la fiesta nocturna de primavera; anotado en manuscritos hallados en Italia. Eliot cita parte de la queja de un poeta excluido.

3 Le Prince d'Aquitaine a la tour abolie. Cita el soneto "El desdichado", de Gerald de Nerval, siendo la Torre Abolida una carta del tarot, de no muy buen augurio.

4 De La tragedia española, de Thomas Kyd. Siglo XVI

5 Cita completa la frase que venía desgranando: 'Da, simpatiza, gobierna', de los Upanishad

6  Final repetido de un Upanishad: "La paz que va más allá del entendimiento es nuestro equivalente de esa palabra", escribe Eliot.





V. What the Thunder Said

  After the torchlight red on sweaty faces
After the frosty silence in the gardens
After the agony in stony places
The shouting and the crying
Prison and palace and reverberation
Of thunder of spring over distant mountains
He who was living is now dead
We who were living are now dying
With a little patience

Here is no water but only rock
Rock and no water and the sandy road
The road winding above among the mountains
Which are mountains of rock without water
If there were water we should stop and drink
Amongst the rock one cannot stop or think
Sweat is dry and feet are in the sand
If there were only water amongst the rock
Dead mountain mouth of carious teeth that cannot spit
Here one can neither stand nor lie nor sit
There is not even silence in the mountains
But dry sterile thunder without rain
There is not even solitude in the mountains
But red sullen faces sneer and snarl
From doors of mudcracked houses
                                      If there were water
   And no rock
   If there were rock
   And also water
   And water
   A spring
   A pool among the rock
   If there were the sound of water only
   Not the cicada
   And dry grass singing
   But sound of water over a rock
   Where the hermit-thrush sings in the pine trees
   Drip drop drip drop drop drop drop
   But there is no water

Who is the third who walks always beside you?
When I count, there are only you and I together
But when I look ahead up the white road
There is always another one walking beside you
Gliding wrapt in a brown mantle, hooded
I do not know whether a man or a woman
—But who is that on the other side of you?

What is that sound high in the air
Murmur of maternal lamentation
Who are those hooded hordes swarming
Over endless plains, stumbling in cracked earth
Ringed by the flat horizon only
What is the city over the mountains
Cracks and reforms and bursts in the violet air
Falling towers
Jerusalem Athens Alexandria
Vienna London
Unreal

A woman drew her long black hair out tight
And fiddled whisper music on those strings
And bats with baby faces in the violet light
Whistled, and beat their wings
And crawled head downward down a blackened wall
And upside down in air were towers
Tolling reminiscent bells, that kept the hours
And voices singing out of empty cisterns and exhausted wells.

In this decayed hole among the mountains
In the faint moonlight, the grass is singing
Over the tumbled graves, about the chapel
There is the empty chapel, only the wind’s home.
It has no windows, and the door swings,
Dry bones can harm no one.
Only a cock stood on the rooftree
Co co rico co co rico
In a flash of lightning. Then a damp gust
Bringing rain

Ganga was sunken, and the limp leaves
Waited for rain, while the black clouds
Gathered far distant, over Himavant.
The jungle crouched, humped in silence.
Then spoke the thunder
DA
Datta: what have we given?
My friend, blood shaking my heart
The awful daring of a moment’s surrender
Which an age of prudence can never retract
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries
Or in memories draped by the beneficent spider
Or under seals broken by the lean solicitor
In our empty rooms
DA
Dayadhvam: I have heard the key
Turn in the door once and turn once only
We think of the key, each in his prison
Thinking of the key, each confirms a prison
Only at nightfall, aethereal rumours
Revive for a moment a broken Coriolanus
DA
Damyata: The boat responded
Gaily, to the hand expert with sail and oar
The sea was calm, your heart would have responded
Gaily, when invited, beating obedient
To controlling hands
 
                                    I sat upon the shore
Fishing, with the arid plain behind me
Shall I at least set my lands in order?

London Bridge is falling down falling down falling down
Poi s’ascose nel foco che gli affina
Quando fiam uti chelidon—O swallow swallow
Le Prince d’Aquitaine à la tour abolie
These fragments I have shored against my ruins
Why then Ile fit you. Hieronymo’s mad againe.

Datta. Dayadhvam. Damyata.

                  Shantih     shantih     shantih