martes, septiembre 14, 2010

Constantino Cavafis / La tumba de Jases



Aquí descanso yo, Jases. De esta gran ciudad
efebo famoso por su hermosura.
Admirado por reflexivos sabios y también por
el pueblo simple y frívolo, me regocijaban
ambas cosas. Pero tanto
me compararon con Narciso y Hermes que
los abusos me consumieron, me mataron. Caminante,
si tú eres alejandrino, no me juzgues. Sabes de
la intensidad de nuestra vida, qué ardiente es,
qué voluptuosidad extrema.

1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998
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Ilustración: Narcissus, 1881, Gyula Benczúr

lunes, septiembre 13, 2010

Héctor Freire / Dos poemas




Cárceles

(Carcere VII, Giovanni Battista Piranesi)

Exacta como un sueño,
la misteriosa escenografía de Piranesi:
derrotados muros entre ruinas de prisiones
y borrosos arcos.

-¿Un sueño dentro del sueño?-

De pronto, la mirada brillante
de una mujer inesperada se asoma
por entre esa imprecisa materia
derrumbada.
y reconstruye un espacio de espejos rotos
donde todo rostro de muerte se refleja
como salvado del tenaz estrago de los años.

¿Quizás Piranesi haya querido construir
a través de sus cárceles "una teoría visual del insomnio",
y en el intento se quedó dormido
y prisionero para siempre?



Por amor a la simetría

(Sobre una escena del film Primavera, verano, otoño,
invierno... y otra vez primavera
, de Kim Ki-duk)

El amarillo de los follajes
como suspendidos, sin espesor,
no estorba la transparencia del aire.
En cambio, amarillas, con el amarillo
más luminoso, las hojas llueven
desde las ramas más altas.
En forma de abanico, su prepotencia cromática
cubre la insípida superficie del lago.
En este paisaje todo parece espontáneo,
pero todo está calculado;
la construcción de una naturaleza
que la mente puede dominar, y donde
lo pequeño crea la ilusión de lo grande:
un haiku hecho de colores, luces y hojas
que marca el cruce de dos dimensiones:
la perpetuidad de lo vegetal
y el tiempo sucesivo de las palabras
que germinan, se secan o se pudren.


Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Foto: Paisaje en el filme Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera, 2003; dirección de Kim Ki-duk; fotografía de Baek Dong-hyun

Constantino Cavafis / La tumba de Lanis



El Lanis que amaste no está aquí, Marcos,
en la tumba donde vienes a llorar, tantas horas.
El Lanis que amaste lo tienes más cerca
cuando en tu casa te encierras mirando su retrato,
ese que algo conservó de lo que tú has amado.

Recuerda, Marcos, cuando trajiste del palacio
del procónsul a aquel pintor famoso de Cirene,
y él, con astucia de artista,
al ver a tu amigo quiso convencerlos
de que debía pintarlo como Jacinto
(de tal forma, más conocida sería su pintura).

Pero Lanis no prestaba su belleza;
con firmeza y contrariado dijo
no ser Jacinto, no ser ningún otro,
sino Lanis, hijo de Ramético, un alejandrino.

1917

Constantino Cavafis (Alejandría, 1863-1933), Recuerda cuerpo..., traducción de Nina Anghelidis, con la colaboración de Jorge García Sabal, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1998
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Ilustración: Retrato de un joven como San Sebastián, 1528, Bronzino (Agnolo di Cosimo di Mariano)

domingo, septiembre 12, 2010

Antiguos y cristianos



Éxtasis y regocijo. Dante y Homero

por Leonardo Castellani

Dante trae a la poesía el amor ideal, porque la deificada Beatriz está a cien leguas de la deiforme Penélope; Dante trae la lucha, y con ella el odio, desconocido por Homero que no sabe más que de la ira; Dante conoce la melancolía, que Homero ignora, ese "afecto cristiano", como dice Balmes, hecho de esperanza y desilusión, que infiltra como un hálito íntimo el libro segundo y abre bellísimamente el canto octavo del Purgatorio. Homero conoce el dolor y la desesperación, pero ignora ese nostálgico y noble descontento del alma que se siente peregrina y presiente que todas las bellas cosas de la tierra, cuya belleza no es incapaz de comprender, no lo saciarán nunca sin embargo. Dante tiene el bálsamo de la esperanza frente al Ananké homérico y es por eso capaz de afrontar tragedias, problemas y catástrofes ante los cuales la musa pagana no podía más que callar y temblar, consignándolos fuera de los campos del arte o afectando ignorarlos. Dante trae el éxtasis cuando homero no alcanza más que el regocijo.
Crítica literaria, 1945

Diego Bentivegna, Castellani crítico, Editorial Cabiria, Buenos Aires 2010


Del prólogo de Castellani crítico: "Quizá, lo más potente hoy de la escritura de Castellani resida justamente en su capacidad de generar el comentario condenatorio, la repulsión primaria de una falange considerable de teóricos y críticos literario argentinos, adiestrados para leer con eficacia los más densos ensayos de Ezequiel Martínez Estrada, los más delicados versos de Juan L. Ortiz, las más tersas novelas de Bioy Casares o los más transgresivos relatos de Osvaldo Lamborghini, pero impulsados, por alguna arcana convicción, por algún poderoso preconstruido, a apartar los ojos de los textos castellanianos como si del cuerpo de un condenado, con sus pústulas barrocas y su sangre, se tratara; como si aún fuera posible preservar un lugar para lo ilegible, lo no clasificable: lo monstruosamente irreductible."

Hölderlin / Canción




Canción del destino de Hiperión

Allá arriba marcháis por la luz,
en blando suelo, ¡bienaventurados genios!
Fúlgidas brisas de los dioses
os tocan ligeras
como los dedos del artista
las sagradas cuerdas.

Sin hado, como el dormido
niño, respiran los celestiales;
castamente guardado
en modesto capullo,
florece eterno
para ellos el espíritu,
y los ojos dichosos
miran en tranquila
y eterna claridad.

Pero a nosotros no nos es dado
descansar en ningún lugar;
desaparecen, caen
los dolientes hombres
ciegamente de una
hora a otra,
como agua de peñasco
en peñasco, arrojada,
a través de los años, allá hacia lo incierto.

Friedrich Hölderlin (Lauffen am Neckarm, 1770-Tubinga, 1843), Poemas, traducción de José María Valverde, Editorial Icaria, Barcelona, 1983

Hyperions Schicksalslied
Ihr wandelt droben im Licht / Auf weichem Boden, selige Genien! / Glänzende Götterlüfte / Rühren Euch leicht, / Wie die Finger der Künstlerin / Heilige Saiten. // Schicksallos, wie der schlafende / Säugling, atmen die Himmlischen; / Keusch bewahrt / in bescheidener Knospe, / Blühet ewig / Ihnen der Geist, / Und die seligen Augen / Blicken in stiller / Ewiger Klarheit. // Doch uns ist gegeben, / Auf keiner Stätte zu ruhn; / Es schwinden, es fallen / Die leidenden Menschen / Blindlings von einer / Stunde zur andern, / Wie Wasser von Klippe / Zu Klippe geworfen, / Jahrlang ins Ungewisse hinab.

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Ilustración: Friedrich Hölderlin a los 18 años, grabado de JG Nust ullstein bild/ullstein bild / Getty Images

sábado, septiembre 11, 2010

Julián Bejarano / Acabo de mudarme a este monoambiente




El hombre y los astros

Acabo de mudarme a este monoambiente.
De espaldas a la cama tengo un ventanal
para espiar las mutaciones del cielo
y los movimientos pausados de las nubes
además de ver cubiertas de automóviles
que la gente abandona sobre los techos de sus viviendas.
Arriba del escritorio tengo desplegado el mapa estelar
correspondiente al mes de agosto
veo que Andrómeda está en dirección a Pegaso
hacia el extremo este
y que Piscis persigue a Acuario con velocidad
escapando de la traición y de la muerte.
Nos peleamos y después nos amamos
debajo de estas cobijas que ahora están desordenadas
hacia la punta de la cama.
Seguramente algo de todos estos fenómenos
que ocurren en el espacio
explican nuestras idas y venidas,
nuestros aciertos y fallidos,
las ganas de estar acompañados o totalmente solos.


Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983), XVIII Festival de Poesía de Rosario

Ilustración: Luna, 1711, Donato Creti

Eugenio Montale / El Éufrates




El Eufrates

Vi el Éufrates en sueños,
su somnoliento cauce entre zambullidas
de roedores y anchos remansos en bahías
de barro orladas de telarañas vegetales.
Quién sabe qué habrás visto tú en treinta años
(o cien, quizá), si es que queda algo de ti.
No me repitas que hasta en un palillo,
una migaja o en lo más ínfimo puede caber el todo.
Es lo que yo pensaba cuando existía el mundo,
pero mi pensamiento desvaría, se adhiere a lo que puede
para saber que sigue vivo. Él mismo no lo sabe,
sigue muchos caminos y a menudo
se busca en el atlas para darse un nombre.


Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), "Satura", Poesía completa, traducción de Fabio Morábito. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2006.

L'Eufrate
Ho visto in sogno l'Eufrate, / il suo decorso somnolento tra / tonfi di roditore e larghi indugi in sacche / di fango orlatte di ragnateli arborei. / Chissà che cosa avrai visto tu in trent'anni / (magari cento) ammeso che sia qualcos di te. / Non ripetermi que anche uno stuzzicadenti, / anche una briciola o un niente può contenere il tutto. / È quello che pensavo quando esisteva il mondo / ma il mio pensiero svaria, si appiccia dove può / per dirsi che non s'è spento. Lui stesso no se sa nulla, / la vie che segue son tante e a volte / per darsi ancora un nome si cerca sull' atlante.


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Ilustración: La ruta de la seda, Jafar T. Kaki

lunes, septiembre 06, 2010

Germán Arens / Dos poemas















Cuando esos dos hombres...

Cuando esos dos hombres
venidos del pueblo
instalaron el tanque australiano entregado
por la firma fabricante que lo fabricara...
que hicieran al tanque
el envío incluía
accesorios diversos
las chapas
de un metro
de un metro
de ancho
tres metros
de largo...
y entre ellas
las juntas
las juntas
de unión,
etc., etc..



Dijera el abuelo:

-¡Cepillar con cepillo
de año en año debemos las paredes internas...
evitará permanezcan adherencias en tiempo!

Nunca hubiéramos imaginado;
tan niños nosotros...
que estábamos a días
de contemplar agradecidos a Diana en bikini
mientras las vacas abrevaban cerquita.



Anoche apareció el espíritu de Edgardo...

Anoche apareció el espíritu de Edgardo...
La abuela estaba con dolor de cabeza y fue al living a buscar bayaspirinas.
El miraba una fotografía en la que acababa de tomar su primera comunión.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Los ojos del cordero, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2010
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Ilustración: La bañista, 1848, Jean-François Millet

Eiléan Ní Chuilleanáin / A falta de instinto asesino




A falta de instinto asesino

Me encontré con una liebre absorta, quieta,
Sentada en medio de la huella cubierta de hierba,
Cuando corría a las colinas, a la hora en que
Mi padre moría en un hospital—
De pronto vuelvo a verla, traída de regreso
por la foto premiada del diario de la mañana:
Dos galgos tropezando, absurdamente gordos,
Mientras la liebre corre hacia la izquierda, sus ojos brillantes
Llenos no solo de miedo y velocidad
Sino en el momento, seguro, de un jubiloso poder,

Como el de mi padre, al escapar de un camión con una carga de soldados
En mil novecientos veintiuno, a los diecinueve años, jamás
Tanta alegría, dijo, acorralado en el angosto camino
Entre los setos altos, en el atardecer del verano.
La liebre
Como él, nunca debió haber sido perseguida,
Pero, astuta, se escapa; otro día
engañará a los estúpidos perros regresando
Sobre su mismo olor, colina abajo, y elegirá su momento
para salirse del cuadro, todo mientras
la jauría sube afanosamente.
El camión gruñía,
Y él estuvo astuto, vió una casa
Y se arriesgó a meterse por una puerta abierta. Los soldados
Encontraron seis personas en una cocina de campo, una de ellas
Secándose la cara, confundida, la toalla
Cubriendo su cara a medias. El camión se fue,
La gente lo dejó dormir ahí, y al despertar salió
A un dichoso amanecer. ¿Tenía que entrar por esa puerta?
Si hubieran incendiado ese refugio, ¿qué bien
le habría significado toda su huída brillante
a aquellos que lo albergaron?
Y yo no debí haber
Huído. Pero volví a la ciudad
A la mañana siguiente, lavada en el agua marrón del pantano, y
Pensé en la libre, en su hora de alivio.

Eiléan Ní Chuilleanáin (Cork, Irlanda, 1942), Te Sun-fish, 2009. Gallery Press
Versión de Silvia Camerotto

On lacking the killer instinct
One hare, absorbed, sitting still, /Right in the grassy middle of the track, /I met when I fled up into the hills, that time /My father was dying in a hospital - /I see her suddenly again, borne back /By the morning paper's prize photograph: /Two greyhounds tumbling over, absurdly gross, /While the hare shoots off to the left, her bright eye /Full not only of speed and fear /But surely in the moment a glad power, //Like my father's, running from a lorry-load of soldiers /In nineteen twenty-one, nineteen years old, never /Such gladness, he said, cornering in the narrow road /Between high hedges, in summer dusk. /The hare /Like him should never have been coursed, /But, clever, she gets off; another day /She'll fool the stupid dogs, double back /On her own scent, downhill, and choose her time /To spring away out of the frame, all while /The pack is labouring up. /The lorry was growling /And he was clever, he saw a house /And risked an open kitchen door. The soldiers /Found six people in a country kitchen, one /Drying his face, dazed-looking, the towel /Half-covering his face. The lorry left, /The people let him sleep there, he came out /Into a blissful dawn. Should he have chanced that door? /If the sheltering house had been burned down, what good /Could all his bright running have done /For those that harboured him? /And I should not /Have run away, but I went back to the city /Next morning, washed in brown bog water, and /I thought about the hare, in her hour of ease.


Foto: Brian McGovern/Gallery Press/Griffin Poetry Prize

domingo, septiembre 05, 2010

Gerardo Gambolini / Distancia




Distancia de las cosas

Los poetas carecen de pudor respecto
de sus aventuras: las explotan.

—Nietszche


Ah, la luz se descompone
y todos los bosques de Trakl,
los bosques estúpidos de Trakl
vienen a mí.

Pero no es la noche
o la lluvia de Lima, o el lago de Albinoni,
los álamos de Brabante. Ah, en un punto,
el pesar sugerido

siempre es falso, cobarde,
inconmovible — el tenebroso
riesgo del arte, la emoción
por interpósita persona.

Otras luces más graves se apagan a diario
y no cambia la distancia de las cosas
ni los ruidos, la rebelión aprendida
o la gratitud.

La noche termina
en un comercio de la piedad —
la verdadera elegía
es otra.

Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955)

---
Ilustración: Paisaje con árbol (detalle), 1860, Camille Corot

Alejandro Pidello / Pintura




Viajes de pintura

Pintar un taxi desde adentro
con trazos de Kandinsky
con letras de intensidad según la mirada
con músicas diferentes según el impacto de la noche en cada esquina
eventualmente contando con el efecto del rojo en el espacio detenido
por las luces acumuladas de la regulación del tráfico. Pintar guiando
tu mano
mojada
de arquera azul en la llovizna perdida de un castillo sombrío en París o Berazategui.
O pintar por afuera un tren interurbano,
sin puertas
lento sobre una noche de agua feroz sin luz para llevar los traqueteos mecánicos,
con números
a lo Bilal, es decir con tu cuerpo abrigado como en invierno del Este
sujetando las herramientas necesarias para la Guerra Fría
y bebiendo un alcohol de lujo con nombre como Meruňka
con tu mano pegada a la botella de vidrio traslúcido y con símbolos o signos.
Pintar tus labios con los dedos mojados
con la luz de un barquinazo o de una frenada
con colores untuosos
intransferibles
con sonidos de pintura.

Alejandro Pidello (Rosario, 1947), XVIIII Festival de Poesía de Rosario

Roberto Raschella / El silencio




El silencio era cuatro muchachos

El silencio era cuatro muchachos que pasaban.
Había un pozo de creta delante de la iglesia.
La madre decía el pesar sobre la sangre
del hijo herido o el animal callado,
después arrojaba la desnuda madeja a la cama
que ya estaba excavada.
Temía los signos del perro de cobre puro,
el perro entre martillos de verano y hambres,
el perro que surgía de sus ojos vivo.
"¿De dónde ha llegado esa nube?".
"Ha llegado de otro mar: pasó
por la ventana y arrancó el lunario".
"Llórame, madre, entonces. Llórame
en vida, llórame".
"No. Hago votos por ti,
con toda el alma.
Pero no bailes.
Te dará vuelta la cabeza.

Oh, amargo hijo:
tú que no tienes sufrimiento
todavía, tú que heredas mi mal,
tú que has nacido con los pies de fuego...
Búscate una mujer.
Búscate un hermano, te pido.
Búscate otra tierra".
Ella era la forma mía,
la terrible pared.

Roberto Raschella (Buenos Aires, 1930), XVIII Festival de Poesía de Rosario

sábado, septiembre 04, 2010

Bertolt Brecht / De "Historias del señor Keuner"

La más sabia de todas las sabidurías reside en la actitud

Un profesor de filosofía acudió a la casa del señor Keuner para mostrarle su saber. Pasado un rato, el señor Keuner le dijo: –Estás sentado de una manera incómoda, hablas incómodamente, piensas incómodamente. Encrespado, el profesor de filosofía respondió: –No se refería a mí lo que yo quería saber, sino al contenido de lo que estaba diciendo. No tiene ningún sentido -dijo el señor Keuner–. Andas con torpeza y no he visto que tus pasos te condujeran a ninguna parte. Hablas de manera oscura y tu conversación no ha arrojado ninguna luz. Basta ver tu actitud para perder las ganas de conocer tu objetivo.


La antigüedad

Al contemplar un cuadro "constructivista" del pintor Lundström que representaba unos cántaros, dijo el señor Keuner: -Un cuadro de la Antigüedad, de una época de barbarie. En aquella edad remota los hombres no sabían distinguir las cosas; ni lo redondo les parecía romo ni puntiagudo lo agudo. Los pintores tuvieron que recomponer de nuevo las cosas y mostrar a su clientela objetos distintos, unívocos y precisos, hasta tal extremo reinaba lo confuso, vago y equívoco. Era tanto su afán por encontrar un hombre insobornable en aquellos tiempos, que estaban dispuestos a vitorear al primer loco que encontraran a su paso, con tal de que no quisiera poner precio a su locura. El trabajo se repartía entre muchos, como ya puede verse en este cuadro. Los que determinaban las formas de las cosas no se preocupaban por su función. En este cántaro no se puede verter agua. Debieron existir en aquellos tiempos muchos hombres que sólo eran considerados como objetos de uso. ¡Bárbara edad la Antigüedad!
Pero el señor K. fue advertido de que aquel cuadro era, en realidad, una obra de arte contemporánea.
-Sí, sí, ya sé –dijo el señor K.-. De la Antigüedad.

Bertolt Brecht (Augsburgo, 1898-Berlín, 1956), Historias del señor Keuner, traducción de Eduardo Subirats, Barral Editores, Barcelona, 1974
---
Ilustración: Hombre sentado, 1915, Egon Schiele

Armando Freitas Filho / Dos poemas




Instalación para Benjamín

Debajo de un lustre de lunas
comprado en Murano
de un lujo de galaxias
hélas!
Las escaleras mecánicas y tu delirio súper.
Las luces de la galería se encienden todas.
Y sucesivas.
Parece una carcajada.
¿Una vida, un aura, un halo
sin video que los registre y fije
podrán resistir
solos
sin pudrirse, al aire libre?
¿O agonizarán en el éter, eternamente
deambulando en vivo, sin luz y carbono
-duros, ready-mades, azules-
casi cadáveres a cada minuto
descomponiéndose, sin duplicados
entre surtidores y reflejos quebrados
en esos pasajes, a los gritos?


Fotografía

No amaba el amor. Ni sus pruebas.
Amaba su engranaje. La tramoya
del escenario, el seguidor ciego
con la posibilidad de la luz.
El telón cayendo de golpe
en boca de escena, bajo el corazón imaginario
artificial y monitoreado, distinto
de aquel que latía dentro de sí:
sin control - en la bella y en la bestia.


Armando Freitas Filho (Río de Janeiro, 1940), Entre cielo y suelo. Una antología, selección de Teresa Arijón y Camila do Valle, traducción de Teresa Arijón, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2010


Instalação para Benjamin
Debaixo de um lustre de luas / comprado em Murano / de um luxo da galáxias / helás! / As escadas rolantes e seu delírio super. / As luzes da galería se acendem todas. / E sucessivas./ Parece uma gargalhada. / Uma vida, uma aura, um halo / sem vídeo que os registre e fixe / poderão resistir / sozinhos / nao apodrecendo, ao ar livre? / Ou agonizarão no éter, eternamente / flanando ao vivo, sem luz e carbono / -duros, ready-mades, azuis- / quase cadáveres a cada minuto / se descompondo, sem duplicatas / entre repuxos e reflexos quebrados / nessas passagens, aos berros?


Fotografia
Não amava o amor. Nem as suas provas. / Amava sua engrenagem. A urdiura / do palco, o holofote cego / com as possibilidade da luz. / A cortina caindo em pano rápido / na boca de cena, sob a coração imaginário / artificial e monitorado, diverso / daquele que batia dentro de si: / sem controle - na bela e na fera.


Foto: Freitas Filho Sergio Liuzi/Mesmo poemas

viernes, septiembre 03, 2010

Irene Gruss / Llueve como si no bastara...



Llueve como si no bastara,
como si un anhelo fuera demasiado poco,
demasiado lo que no alcanza o lo que llueve: bastante,
suficiente.
No alcanza un anhelo, hace falta
más y más de esa nada que sobra, como la lluvia que sobra, arrebata
el borde del postigo y cae
hacia adentro, moja los libros dejados al azar
bien en el borde, sin cuidado,
se corre la tinta en cada uno, demasiado,
demasiado perder lo que no basta,
la lluvia como si no sostuviera el cielo.

(inédito)

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950)
---
Ilustración: Brooklyn Bridge in Winter, 1904, Frederick Childe Hassam

jueves, septiembre 02, 2010

Héctor Freire / Canasta con frutas




Naturaleza muerta

(Canasta con frutas, Caravaggio)

Nada hace prever en el color de las frutas
su muerte próxima.
Sueñan al borde de la mesa
donde se agitan suavemente
en las ramas más altas y flexibles.
Instauran la armonía de los cuerpos blandos:

-lo bello suele estar cerca de lo corrupto-.

Unidas por un hilo de luz,
esas frutas no son más reales
de lo que pueden serlo en una pintura.
En esta "naturaleza muerta",
una luminosa cortina amarilla se deja caer
más allá de la espesura de los años.
Al amanecer los simulados árboles
se volverán a mostrar tras las sombras de las hojas.
Y sin embargo en esta canasta con frutas pintada
en 1596, por el violento y fugitivo Caravaggio,
un claro resplandor se seguirá esparciendo.
el silencio de una escena única que se precipita
sobre el dibujo animado del horizonte.
"Su valor radica en el hecho de estar aquí y no allí".

Ahora, el sol proyecta su dedo de sombra
sobre el lienzo y rompe la permanencia
con que se disfraza: es una luz íntima
y ese instante es perpetuo.

Héctor Freire (Buenos Aires, 1953), Satori, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Ilustación: Canestra di frutta, c. 1596, Michelangelo Merisi da Caravaggio

miércoles, septiembre 01, 2010

Raúl González Tuñón / Epitafios
















Marqués de Villamediana

     Dejó un cuadro, un puñal y un soneto
                                    Manuel Machado

Pronto partió dejando poco escrito.
(No fue, exactamente, Oliveretto).
Pero hubo amor intriga duelo muerte
y un soneto.
"Silencio en tu sepulcro deposito".


Pushkin

Nadie recuerda al General de entonces
ni al ministro ni al zar a cuya estatua
únicamente acuden las palomas.
Mas hoy se dice: "El tiempo de Pushkin",
"La Rusia de Tolstoi"... Mucha nieve
cayó sobre las isbas y los años
sin cubrir su memoria.


Bécquer

Todo habrá terminado, señores, un buen día,
en nuestra andante y derramada tierra.
La veleta, los pinos, la baraja, el oporto,
la Secretaría de Cultura, el crepúsculo.
Callarán las cigarras de todos los veranos
y el grillo del hogar de todos los inviernos
y él va a sobrevivir a los helados mundos
porque siempre, "siempre habrá poesía".


Tristán Corbière

Al fin él fue a parar como el grumete
de su honda "Lettre du Mexique"
al Jardín de Aclimatación.
¡Qué lindo!
Vengan a ver cómo Van Gogh
lo ha pintado todo de amarillo.


Hilario Ascasubi

Este criollo tan fino
-pudo ser amigo de don Segundo Sombra-
plantó un sauce en la tumba de Musset.
¡Una manera de ser argentino!


Rubén Darío

Del que innovó, de aquel que trajo
otra instrumentación, un nuevo acento
y el alejandrino francés y escribió nobles versos
atravesados por vientos civiles,
don Antonio Machado, que hoy reposa en Colliure
-él, que no compartía el nuevo gay cantar-
dijo en el día amargo:
-"Nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
Nadie esta flauta toque si no es el mismo Pan."


Jack London

Igual que el precursor Bret Harte
-polvo de diligencias y arenales ardientes-
y el encantador Oscar Henry
-pícaros y pianolas del drama y la comedia-
creó y amó a las gentes y a las cosas
y a él lo amó la aventura.
Quedan libros nevados, soleados, habitados
por lobos y por ángeles. Y el querido recuerdo
de un Gran Muchacho Americano.

Lo mismo que John Reed.


Katherine Mansfield

...Y que el aire perfume su cabellera clara.
Allí donde discurren las memorias perdidas,
las voces olvidadas y los paseos errantes.
La muerte, distraída, que resucita rosas.

El Gran Meaulnes la hubiera amado.

Antón Chejov, padre de la nostalgia y la dulce ironía,
a través de lejanos anteojos de bruma
la contempla en el tiempo de un otoño evadido.

Su vida fue un poema lánguido y penetrante.
Y, como todos los poetas muertos,
cada vez que alguien sueña ella retorna.
Y vuelve a irse cuando muere un sueño.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Sólo unos cuantos nombres de la larga memoria", Demanda contra el olvido, Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires (1963), tercera edición, 2006
---
Ilustración: Dolmen en la nieve, siglo XIX, Caspar David Friedrich

martes, agosto 31, 2010

Alfredo Le Pera / Soledad



















Soledad

[Tango]

Yo no quiero que nadie a mí me diga
que de tu dulce vida
vos ya me has arrancado.
Mi corazón una mentira pide
para esperar tu imposible llamado.
Yo no quiero que nadie se imagine
cómo es de amarga y honda mi eterna soledad,
en mi larga noche el minutero muele
la pesadilla de su lento tic-tac.

En la doliente sombra de mi cuarto, al esperar
sus pasos que quizás no volverán,
a veces me parece que ellos detienen su andar
sin atreverse luego a entrar.
Pero no hay nadie y ella no viene,
es un fantasma que crea mi ilusión.
Y que al desvanecerse va dejando su visión,
cenizas en mi corazón.

En la plateada esfera del reloj,
las horas que agonizan se niegan a pasar.
Hay un desfile de extrañas figuras
que me contemplan con burlón mirar.
Es una caravana interminable
que se hunde en el olvido con su mueca espectral,
se va con ella tu boca que era mía,
sólo me queda la angustia de mi mal.

[1934]

Alfredo Le Pera (San Pablo, 1900-Medellín, 1935)

Foto: Corrientes, esquina Uruguay, 1936, Horacio Coppola

lunes, agosto 30, 2010

Azucena Maizani / Llegando la noche




Pero yo sé

[Tango]

Llegando la noche
recién te levantas
y sales ufano
a buscar un beguén.
Lucís con orgullo
tu estampa elegante
sentado muy muelle
en tu regia baqué.
Paseás por Corrientes,
paseas por Florida,
te das una vida
mejor que un pachá.
De regios programas
tenés a montones...
Con clase y dinero
de todo tendrás.

Pero yo sé que metido
vivís penando un querer,
que querés hallar olvido
cambiando tanta mujer...
Yo sé que en las madrugadas,
cuando las farras dejás,
sentís tu pecho oprimido
por un recuerdo querido
y te ponés a llorar.

Con tanta aventura,
con toda tu andanza,
llevaste tu vida
tan sólo al placer.
Con todo el dinero
que siempre has tenido
todos tus caprichos
lograste vencer.

Pensar que ese brillo
que fácil ostentas
no sabe la gente
que es puro disfraz.
Tu orgullo de necio
muy bien los engaña...
No quieres que nadie
lo sepa jamás.

[1928]

Azucena Maizani (Buenos Aires, 1902-1970)

Foto: Azucena Maizani s/d

José Lezama Lima / De la contradicción...




Discordias

De la contradicción de las contradicciones,
la contradicción de la poesía,
obtener con un poco de humo
la respuesta resistente de la piedra
y volver a la transparencia del agua
que busca el caos sereno del océano
dividido entre una continuidad que interroga
y una interrupción que responde,
como un hueco que se llena de larvas
y allí reposa después una langosta.
Sus ojos trazan el carbunclo del círculo,
las mismas langostas con ojos de fanal,
conservando la mitad en el vacío
y con la otra arañando en sus tropiezos
el frenesí del fauno comentado.
Contradicción primera: caminar descalzo
sobre las hojas entrecruzadas,
que tapan la madriguera donde el sol
se borra como la cansada espada,
que corta una hoguera recién sembrada.
Contradicción segunda: sembrar las hogueras.
Última contradicción: entrar
en el espejo que camina hacia nosotros,
donde se encuentran las espaldas,
y en la semejanza empiezan
los ojos sobre los ojos de las hojas,
la contradicción de las contradicciones.
La contradicción de la poesía,
se borra a sí misma y avanza
con cómicos ojos de langosta.
Cada palabra destruye su apoyatura
y traza un puente romano secular.
Gira en torno como un delfín
caricioso y aparece
indistinto como una proa fálica.
Restriega los labios que dicen
la orden de retirada.
Estalla y los perros del trineo
mascan las farolas en los árboles.
De la contradicción de las contradicciones,
la contradicción de la poesía,
borra las letras y después respíralas
al amanecer cuando la luz te borra.

Diciembre y 1971

José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976), Fragmentos a su imán, 1970-1976, La Habana
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Ilustración: Abstracto, 1990, Andrés Montani

domingo, agosto 29, 2010

Yves Bonnefoy / Llamaré desierto...




Nombre verdadero

Llamaré desierto al castillo que fuiste
Noche a aquella voz, ausencia a tu rostro
Y cuando caigas en la tierra estéril
Llamaré nada al relámpago que te llevó.

Morir es un lugar que te gustaba. Voy
Pero eternamente por tus caminos sombríos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria.
Soy tu enemigo que no tendrá piedad.

Te llamaré guerra y me tomaré
Contigo las libertades de la guerra y tendré
Entre mis manos tu rostro oscuro y atravesado,
En mi corazón esa región que ilumina la tormenta.


Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 1923-París, 2016)
Versión de Florence Baranger-Bedel en Las egerias


Vrai Nom
Je nommerai désert ce château que tu fus. / Nuit cette voix, absence ton visage. / Et quand tu tomberas dans la terre stérile / Je nommerai néant l’éclair qui t’a porté // Mourir est un pays que tu aimais. Je viens / Mais éternellement par tes sombres chemins. / Je détruis ton désir, ta forme, ta mémoire. / Je suis ton ennemi qui n’aura de pitié. // Je te nommerai guerre et je prendrai / Sur toi les libertés de la guerre et j’aurai / Dans mes mains ton visage obscur et traversé, / Dans mon cœur ce pays qu’illumine l’orage.


Foto: Bonnefoy DR/Editions Galilée