domingo, junio 20, 2010

Alejandro Méndez / ¿Qué formas?...




La navaja de Ockham

¿Qué formas?
¿Cómo habitará la materia, el espacio por donde te esparcirás?
Las posibilidades incluyen al grano más proteico,
que algún día llevaré a mi boca,
o polen de abejas misericordes,
o arena de las flores.

Guillermo de Ockham desde el más allá, como vos,
me pide reducir las variables,
las hipótesis a su mínima expresión.
Podar lo accesorio, quitar la hojarasca.

Con su voz de muerto ilustre,
me cuenta que una madrugada de Mayo de 1328
huyó de Avignon y del Papa,
con el sello de los franciscanos en su pecho,
para buscar la protección del emperador.
Le dijo: -defiéndeme con la espada
y yo te defenderé con la pluma.

La misma fórmula que usé,
seis siglos más tarde, para asociarme a mi primo,
galán y líder juvenil, una tarde en el club barrial.
Fue el grito de guerra de un erotismo auto-sustentable.
Quid pro quo.

Alianza que atravesó el estertor de la edad.
Di argumentos a su belleza para hacerse soberana
de mi inconsistencia muscular.
Recibí al héroe en canchas de fútbol tristísimas,
sin laureles y el hambre intacta.

Guillermo de Ockham me dice que hay que llevar
la eficiencia de la razón a su grado máximo;
de modo tal que si uno se encuentra en una ciudad
y escucha galopar, sólo pueden ser caballos,
y no una manada de cebras.

A pesar de tener su navaja cerca de mi platónica barba,
lo desafío y pierdo el rumbo en la duda que me acuna.
Pienso en dos cosas: las cebras posibles, y vos resucitado.

Alejandro Méndez (Buenos Aires, 1965), de Pólder, inédito

Foto: Méndez, Facebook

sábado, junio 19, 2010

T. S. Eliot / de "Minor Poems", 2


Ojos que al fin vi entre lágrimas

Ojos que al fin vi entre lágrimas
a través de la separación
aquí en el reino de sueño de la muerte
la dorada visión reaparece
veo los ojos pero no las lágrimas
tal es mi aflicción

tal es mi aflicción
ojos que no volveré a ver
ojos de decisión
ojos que no volveré a ver salvo
a las puertas del otro reino de la muerte
donde, como en este,
los ojos perduran un instante
un instante perduran las lágrimas
y nos contemplan con burla.


El viento se levantó a las cuatro

El viento se levantó a las cuatro
el viento se levantó e irrumpió en las campanas
que se mecían entre la vida y la muerte
aquí, en el reino de sueño de la muerte
el eco que despierta de una confusa lucha
¿es un sueño o alguna otra cosa
cuando la superficie del río ennegrecido
es un rostro que suda con lágrimas?
Vi a través del río ennegrecido
la hoguera del campamento agitarse con lanzas extranjeras.
Aquí, a través del otro río de la muerte
los jinetes tártaros agitan sus lanzas.

[1933-1935]

T. S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965), Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas de Alberto Girri y Enrique Pezzoni, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1983

Eyes that last I saw in tears / Through division / Here in death's dream kingdom / The golden vision reappears / I see the eyes but not the tears / This is my affliction // This is my affliction / Eyes I shall not see again / Eyes of decision / Eyes I shall not see unless / At the door of death's other kingdom / Where, as in this, / The eyes outlast a little while / A little while outlast the tears / And hold us in derision.

The wind sprang up at four o'clock / The wind sprang up and broke the bells / Swinging between life and death / Here, in death's dream kingdom / The waking echo of confusion strife / Is it a dream or something else / When the surface of the blackened river / Is a face that sweats with tears? / I saw across the blackened river / The camp fire shake with alien spears. / Here, across death's other river / The Tartar horsemen shake their spears.

Ilustración: Steelmaking Nocturne, 1910, Aaron Gorson

Carlos López Degregori / Escucha...






Flama y respiración

Escucha: es el Pájaro Relámpago.

Y no suena como un reloj ni como un diente ni como una rueca
hilando en la oscuridad del río ni como el canto duro de las olas.

Solo suena muy adentro de la almohada: sencillamente suena
como flama crudelísima:

como si alguien respirara.

Carlos López Degregori (Lima, 1952), Carmen Ollé, Antología de la poesía peruana: Fuego abierto, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2008

Foto: Degregori porta 9

Jorge Eduardo Eielson / Dos poemas


Via della Croce

frecuentemente
cuando estoy sentado
en una silla
y estoy solo
y no he dormido
ni comido ni bebido
ni amado
tengo la impresión
de caer en un abismo
amarrado a mis vestidos
y a mi silla
y de irme muriendo suavemente
acariciando mis vestidos
y mi silla
tengo la impresión
de caer en un abismo
y de improviso asistir
a una remota fiesta
en el fondo de una estrella
y de bailar en ella
tiernamente
con mi silla

Via Veneto

me pregunto
si verdaderamente
tengo manos
si realmente poseo
una cabeza y dos pies
y no tan solo guantes
y zapatos y sombrero
y por qué me siento
tan puro
más puro todavía
y más próximo a la muerte
cuando me quito los guantes
el sombrero y los zapatos
como si me quitara las manos
la cabeza y los pies

Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006), Carmen Ollé, Antología de la poesía peruana: Fuego abierto, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2008

Foto: Eielson literaturas.com

viernes, junio 18, 2010

Cecco Angiolieri / A Dante




CII

Dante Alighier, si yo soy  un charlatán,
tú me tienes la lanza en los riñones;
si almuerzo con alguien, tú con él cenas;
si muerdo grasa, tú chupas panceta;
si  sacudo el paño, tú friegas cardo,
si me excedo, tú poco te contienes;
si me ennoblezco, tú sabio te vienes;
si me volví romano, tú lombardo.*
Alabado sea Dios: reprochar
poco puede uno al otro de los dos:
ventura o poco juicio así lo quiere.
Y si sobre esto te place decir más,
Dante Alighieri, te voy a cansar;
pues soy el aguijón, y el buey tú eres.

Cecco Angiolieri (Siena, 1260-circa 1312), Rime, Rizzoli, Milán, 2000
Versión de J. Aulicino

* Alude, tal vez, a que Angiolieri se refugió en Roma (muy probablemente por deudas de juego), en tanto Dante veneraba y se sentía discípulo de Virgilio, nacido en Mantua, en la Lombardía. Algunos comentaristas indican que puede ser una referencia al exilio de Dante en Verona.

CII
[A Dante Alighieri]

Dante Alighier, s'i' so bon begolardo,
tu mi tien' bene la lancia a le reni;
s'eo desno con altrui, e tu vi ceni;
s'eo mordo 'l grasso, tu ne sugi 'l lardo;
s'eo cimo 'l panno, e tu vi freghi 'l cardo:
s'eo so discorso, e tu poco raffreni;
s'eo gentileggio, e tu misser t'avveni;
s'eo so fatto romano, e tu lombardo.
Si che, laudato Deo, rimproverare
poco pò l'uno l'altro di noi due:
sventura o poco senno cel fa fare.
E se di questo vòi dicere piùre,
Dante Alighier, i' t'averò a stancare;
ch'eo so lo pungiglion, e tu se' 'l bue.



Ilustración: Cecco Angiolieri, 1921, Giuseppe Bacci Fondazioni Cassa di Risparmio di Pistoia e Pescia

jueves, junio 17, 2010

Gabriel Roel / En el cuerpo de lino...



Ibarlucea

En el cuerpo de lino
lo que aleja cerca el mar
y abre los ojos.
Camisa de sol de noche
en super ocho
entre banquina y tapera,
el continuista.
Los huesos del poema en
ojos de gato de hierba,
tierra arada revuelta
y un cielo de silos.

Gabriel Roel (Buenos Aires, 1971)

Foto: Roel, Facebook

miércoles, junio 16, 2010

Conrad Aiken / A través de esa ventana...




El cuarto

A través de esa ventana - estando extinguido todo lo demás,
Salvo ella y yo - vi la lucha
De la tiniebla contra la tiniebla. Dentro del cuarto
Dio vueltas y vueltas , y bajó en picada. Entonces vi
Cómo el orden podría - si el caos lo deseaba - surgir;
Y vi la tiniebla aplastarse sobre sí misma,
Contrayéndose vigorosamente; era como si
Se matara a sí misma, lentamente, y con mucho dolor.
Dolor. La escena era dolor y nada más que dolor.
¿Qué más, cuando el caos atrae todas las fuerzas a su interior
Para modelar una sola hoja?...

Pues la hoja llegó,
Sola y resplandeciente en el cuarto vacío;
Tras un momento el vástago brotó hacia abajo de ella;
Y del vástago, una rama; y luego el tronco,
Pesado y tosco; y por último la sola raíz negra.
La raíz negra rajó las paredes. Las ramas reventaron la ventana:
El gran árbol tomó posesión.

¡Arbol de los árboles!
Recuerda (cuando llegue el momento) cómo el caos murió
Para modelar la hoja resplandeciente. Vuélvete luego, ten coraje,
Reúne brazos y raíces, que el pesar
Te convulsione y de la forma haz reaparecer el caos.
Estaré observando entonces como observo ahora.
Alabaré la tiniebla ahora, pero entonces la hoja.

Conrad Aiken (Savannah, Georgia 1889-1973), Poetas norteamericanos contemporáneos. Estudio preliminar, selección, traducción y notas E.L. Revol, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1976

The Room
Through that window — all else being extinct / Except itself and me —I saw the struggle / Of darkness against darkness. Within the room / It turned and turned, dived downward. Then I saw / How order might — if chaos wished — become: / And saw the darkness crush upon itself, / Contracting powerfully; it was as if / It killed itself, slowly: and with much pain. / Pain. The scene was pain, and nothing but pain. / What else, when chaos draws all forces inward / To shape a single leaf?... // For the leaf came / Alone and shining in the empty room; / After a while the twig shot downward from it; / And from the twig a bough; and then the trunk, / Massive and coarse; and last the one black root. / The black root cracked the walls. Boughs burst the window: / The great tree took possession. // Tree of trees! / Remember (when time comes) how chaos died / To shape the shining leaf. Then turn, have courage, / Wrap arms and roots together, be convulsed / With grief, and bring back chaos out of shape. / I will be watching then as I watch now./ I will praise darkness now, but then the leaf.

Foto: Aiken The New Georgia Encyclopedia

martes, junio 15, 2010

Manuel Parra Aguilar / Dos poemas





PIENSO EN UN TIGRE solar y benéfico para mi verso que no teme decir que no.
Confesiones de cacería tengo para este tigre que alumbra cuando sangra,
que ruge cuando clava su dentadura en la agónica presa.
Mas es todo un personaje de lecturas inmediatas este tigre,
oculto en la selva olfática del poema.
Sobre la página marca su territorio el tigre; como una fiera se acerca, asesina, se aleja.
Por eso yo, poeta rubicundo de la caza y la poesía,
persigo al gran gato encanecido,
dolorosamente emputado.


A CELEBRAR NOS lleva Julia,
la muchacha Julia: pantalón y blusa abotonada.
Así quienes la ven lo dicen.
Ensimismada: jamás de los jamases, de los porsiempres, de los ojalás.
En un mundo perfecto: poco original, eso dice.
Algo así como una silla imaginaria
para que la Julia se siente
o un bastidor mental para que Julia pinte esa silla.
¿Una pincelada? Ella quisiera pintar el pan, la mesa que ya no está. Por ejemplo
los cubiertos. No
olvidar la comida sobre la misma mesa, el olor de los aceites.
Ser feliz de vez en cuando.
Así quienes la ven lo dicen. Y los que
no también.

Manuel Parra Aguilar (Hermosillo, Sonora, 1982), en PoéticArbitraria, México

Foto: Parra Aguilar, PoéticAribitraria

Ezra Pound / Del CXV



Del CXV

Los científicos están aterrados
y la mente europea se detiene.
Wyndham Lewis eligió la ceguera
antes que tener su mente detenida.
Noche bajo el viento en medio de garofani, *
los pétalos están casi quietos
Mozart, Linnaeus, Sulmona,
Cuando los amigos de uno se odian
¿cómo puede haber paz en el mundo?
Sus asperezas me distrajeron en mis años verdes.
Una cáscara hinchada que se acabó,
pero la luz canta eternamente
un pálido destello sobre pantanos
donde el pasto salado susurra al cambio de marea
Tiempo, espacio,
ni la vida ni la muerte son respuesta.
Y del hombre procurando bien,
haciendo mal.
In meiner Heimat **
donde los muertos caminaban
y los vivos estaban hechos de cartón.

Ezra Pound Ezra Pound (Hailey, EE.UU., 1885-Venecia, Italia, 1972), "Drafts and Fragments of Cantos", 1969, The Cantos, A New Directions, Nueva York, 1993
Versión de J. Aulicino

* It., claveles
** Al., "en mi tierra natal". Heimat implica amor al terruño, a los antepasados y a los descendientes y devino en el siglo XX en un concepto político que después de la Segunda Guerra se utilizó con cuidado. Pero, de acuerdo con la página de la embajada alemana en Asunción, "es el sentimiento de provenir de un lugar y estar unido a él. No es nada de lo que haya que avergonzarse. En Alemania, 'Heimat' ha pasado a ser en los últimos tiempos 'cool', moderno y normal."

From CXV
The scientist are in terror / and the European mind stops / Wyndham Lewis chose blindness / rather than have his mind stop. / Night under wind mid garofani, / the petals are almost still / Mozart, Linnaeus, Sulmona, / When one's friends hate each other / how can there be peace in the world? / Their asperities diverted me in my green time. / A blown husk that finished / but the light sings eternal / a place flare over marshes / where the salt hay whispers to tide's change / Time, space, / neither life nor death is the answer. / And of man seeking good,/ doing evil. / In meiner Heimat / where the dead walked / and the living were made of cardboard.

---
Ilustración: Gonzalo Fernández de Córdoba ante el cadáver del duque de Nemours, 1866, José Casado del Alisal

lunes, junio 14, 2010

Ezra Pound / Canto II


Canto II

Aguantá, Robert Browning,
no puede haber más que un “Sordello”.
Pero Sordello ¿y mi Sordello?
Lo Sordels si fo di Mantovana.
So-shu revuelve el mar.
Juegan las focas en los círculos de espuma blanca del acantilado,
cabeza brillosa, hija de Llyr,
ojos de Picasso
bajo la capucha de piel negra, hija ligera del Océano,
y la ola corre por el surco de playa:
“Eleanor, έλέυαυς y έλέπτολις!”
Y pobre el viejo Homero, ciego, ciego onda murciélago,
orejas, orejas para las olas del mar, murmullos de hombres viejos:
“Déjenla volver a los barcos,
devuelta entre caras griegas, para que el mal no caiga entre los nuestros,
mal y mucho más mal, y maldiciones sobre nuestros hijos,
se mueve, sí, se mueve como una diosa
y tiene la cara de un dios
y la voz de la hija de Esqueneo
y en sus pasos va la tragedia,
déjenla volver a los barcos,
devuelta entre voces griegas.”
Y cerca de la resaca de playa, Tiro,
brazos retorcidos del dios marino,
tendones blandos de agua, la agarran y rodean,
y el cristal azul grisáceo de las olas los cubre,
brillo azur del agua, fría tempestad, abrazo estrecho.
Sol aleonado, tranquilo, la arena despereza,
las gaviotas alisan sus alas,
se pellizcan entre las plumas extendidas,
la agachadiza viene a bañarse,
curva las articulaciones de sus alas,
despliega alas húmedas a la película del sol,
y por Quíos,
a la izquierda del pasaje de Naxos,
una roca inmensa con forma de navío,
algas aferradas en sus filos,
en el fondo marino hay un brillo tinto,
un flash de aluminio en el sol deslumbrante.

El barco encalla en Quíos,
los hombres quieren agua dulce,
y a un costado del manantial un pendejo tumbado por el vino,
“¿A Naxos? Sí, dale, te llevamos a Naxos,
vamos amigo.” “¡Por ahí no!”
“Seh, por acá es Naxos.”
Y yo dije: “Es un viaje directo.”
y un ex convicto que venía de Italia
me golpeó y tiró contra el mástil menor,
(era buscado por homicidio en Toscana)
y se me vinieron encima los veinte,
locos por un poco de dinero esclavo.
Y sacaron el barco de Quíos
fuera de su curso…
y el pendejo se despabiló, otra vez, con el ajetreo,
y miró por encima de la proa,
y a estribor, y hacia el pasaje de Naxos.
Artificios divinos ahí, artificios divinos:
el barco se detiene en los remolinos,
hiedras sobre los remos, Rey Penteo,
uvas sin más semillas que la espuma marina,
hiedras en los desagües del barco,
seh, yo, Acetes, estuve ahí,
y el dios a mi lado,
el agua se quiebra bajo la quilla,
el mar rompe en popa,
la estela desviada de la proa,
y lo que era la vela principal, ahora es una parra,
y zarcillos donde habían cuerdas
hojas de vid en las escalameras,
sarmientos en los mangos de remos,
y, de la nada, un respiro,
aliento caliente en mis tobillos,
bestias tipo sombras en el vidrio,
una cola peluda de la nada,
ronroneos de linces, y olor denso a bestias,
donde se olía brea,
tufo y patas mullidas de bestias,
el chispazo de unos ojos en el aire negro.
El cielo baxo, seco, sin tempestad,
tufo y patas mullidas de bestias,
el pelaje que roza la piel de mi rodilla.
El crujido de unas vainas aireadas,
formas secas en el aether.
Y el barco onda una quilla en el astillero,
volteado tipo buey en herrería,
las costillas atascadas en las corrientes,
racimos de uvas cubren el timón,
el aire vacío se afelpa.
Tenso el aire inerte,
ocio felino de panteras,
leopardos olfatean los brotes de uvas por los huecos del mar,
panteras agazapadas en la escotilla,
y alrededor nuestro el mar azul profundo,
sus sombras verdes rojizas,
y Líber: “Desde ahora, Acetes, mis altares,
sin temor alguno,
sin miedo al gato de madera,
a salvo con mis linces,
alimentando a mis leopardos con uvas,
olíbamo es mi incienso,
las vides crecen en mi honor.”

El oleaje ahora se suaviza en las cadenas del timón,
el hocico negro de un delfín
lo que era la cara de Licabas,
escamas de pez en los remeros.
Y yo idolatrado.
Yo vi lo que vi:
cuando trajeron al pendejo les dije:
“Tiene a un dios en él,
aunque no sé qué dios.”
y ellos me patearon hasta el mástil menor.
Yo vi lo que vi:
la cara de Mechón como la cara de un delfín,
sus brazos encogidos en aletas. Y vos, Penteo,
escuchá bien a Tiresias, y a Cadmo,
o la suerte se te va ir.
Escamas sobre los músculos de la ingle,
ronroneos de linces en medio del mar…
Y algunos años atrás,
pálido en las algas vinosas,
si vas a descansar sobre una roca,
la cara de los corales bajo el matiz de una ola,
la palidez rosa bajo la corriente de agua,
Eleuteria, lejos Dafne en los bordes del mar,
los brazos del nadador vueltos ramas,
vas a decir ¿en qué año?
huyeron no sé qué banda de tritones,
las cejas suaves, vieron, casi vieron,
ahora la fijeza marfil.

So-shu revuelve el mar, So-shu también,
usa la luna alargada de batidor…
Giros leves de agua,
tendones de Poseidón,
azur negro y hialino,
ola cristalina sobre Tiro,
abrazo estrecho, inquietudes,
tempestad luminosa de cuerdas de olas,
el agua tranquila,
tranquila en las arenas beiges,
aves marinas despliegan las articulaciones de sus alas,
chapotean en los huecos de las rocas y la arena,
en el recorrido de la ola por duna,
chispas cristalinas de una ola en los desgarros de la marea contra el sol,
la palidez de Héspero,
la cresta gris de una ola,
ola, color pulpa de uva,
gris oliva cerca,
lejos, humo gris de las rocas desprendidas,
alas rosa salmón de los peces halcón,
proyectan sombras grisas en el agua,
la torre tipo un ganso enorme de un solo ojo,
estira la cabeza sobre el olivar,

y hemos escuchado a los faunos putear a Proteo
en el hedor del heno bajo los olivos,
y las ranas cantan contra los faunos
en la media luz.
y…

Ezra Pound Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972), The Cantos, A New Directions, Nueva York, 1993
Versión de Matías Heer

Canto II
HANG it all, Robert Browning,/ there can be but the one "Sordello." / But Sordello, and my Sordello? / Lo Sordels si fo di Mantovana./ So-Shu churned in the sea. / Seal sports in the spray-whited circles of cliff-wash,/ Sleek head, daughter of Lyr,/eyes of Picasso / Under black fur-hood, lithe daughter of Ocean;/ And the wave runs in the beach-groove: / “Eleanor, έλέυαυς and έλέπτολις!" / And poor old Homer, blind, blind as a bat, / Ear, ear for the sea-surge, murmer of old men's voices: / "Let her go back to the ships,/ Back among Grecian faces, lest evil come on our own,/ Evil and further evil, and a curse cursed on our children,/ Moves, yes she moves like a goddess / And has the face of a god / and the voice of Schoeney's daughters,/ And doom goes with her in walking,/ Let her go back to the ships,/ back among Grecian voices." / And by the beach-run, Tyro,/ Twisted arms of the sea-god,/ Lithe sinews of water, gripping her, cross-hold, / Glare azure of water, cold-welter, close cover,/ Quiet sun-tawny sand-stretch,/ The gulls broad out their wings,/ nipping between the splay feathers; / Snipe come for their bath,/ bend out their wing-joints,/ Spread wet wings to the sun-film,/ And by Scios,/ to left of the Naxos passage,/ Naviform rock overgrown,/ algae cling to its edge,/ There is a wine-red glow in the shallows,/ a tin flash in the sun-dazzle.// The ship landed in Scios,/ men wanting spring-water,/ And by the rock-pool a young boy loggy with vine-must,/ "To Naxos? Yes, we'll take you to Naxos,/ Cum' along lad." "Not that way!"/ "Aye, that way is Naxos."/ And I said: "It's a straight ship."/ And an ex-convict out of Italy/ knocked me into the fore-stays,/ (He was wanted for manslaughter in Tuscany)/ And the whole twenty against me,/ money./ And they took her out of Scios/ And off her course.../ And the boy came to, again, with the racket,/ And looked out over the bows,/ and to eastward, and to the Naxos passage./ God-sleight then, god-sleight:/ Ship stock fast in sea-swirl,/ Ivy upon the oars, King Pentheus,/ grapes with no seed but sea-foam,/ Ivy in scupper hole./ Aye, I, Acoetes, stood there,/ and the god stood by me,/ Water cutting under the keel,/ Sea-break from stern forrards,/ wake running off from the bow,/ And where was gunwale, there now was vine-trunk,/ And tenthril where cordage had been,/ grape-leaves on the rowlocks,/ Heavy vine on the oarshafts,/ And, out of nothing, a breathing,/ hot breath on my ankles,/ Beasts like shadows in glass,/ a furred tail upon nothingness./ Lynx-purr, and heathery smell of beasts,/ where tar smell had been,/ Sniff and pad-foot of beasts,/ eye-glitter out of black air./ The sky overshot, dry, with no tempest,/ Sniff and pad-foot of beasts,/ fur brushing my knee-skin,/ Rustle of airy sheaths,/ dry forms in the aether./ And the ship like a keel in ship-yard,/ slung like an ox in smith's sling,/ Ribs stuck fast in the ways,/ grape-cluster over pin-rack,/ void air taking pelt./ Lifeless air become sinewed,/ feline leisure of panthers,/ Leopards sniffing the grape shoots by scupper-hole,/ Crouched panthers by fore-hatch,/ And the sea blue-deep about us,/ green-ruddy in shadows,/ And Lyaeus: "From now, Acoetes, my altars,/ Fearing no bondage,/ fearing no cat of the wood,/ Safe with my lynxes,/ feeding grapes to my leopards,/ Olibanum is my incense, /the vines grow in my homage." // The back-swell now smooth in the rudder-chains,/ Black snout of a porpoise/ where Lycabs had been,/ Fish-scales on the oarsmen./ And I worship./ I have seen what I have seen./ When they brought the boy I said:/ "He has a god in him,/ though I do not know which god."/ And they kicked me into the fore-stays./ I have seen what I have seen:/ Medon's face like the face of a dory,/ Arms shrunk into fins. And you, Pentheus,/ Had as well listen to Tiresias, and to Cadmus,/ or your luck will go out of you./ Fish-scales over groin muscles,/ lynx-purr amid sea.../ And of a later year,/ pale in the wine-red algae,/ If you will lean over the rock,/ the coral face under wave-tinge,/ Rose-paleness under water-shift,/ Ileuthyeria, fair Dafne of sea-bords,/ The swimmer's arms turned to branches,/ Who will say in what year,/ fleeing what band of tritons,/ The smooth brows, seen, and half seen,/ now ivory stillness.// And So-shu churned in the sea, So-shu also,/ using the long moon for a churn-stick.../ Lithe turning of water, / sinews of Poseidon,/ Black azure and hyaline,/ glass wave over Tyro,/ Close cover, unstillness,/ bright welter of wave-cords,/ Then quiet water,/ quiet in the buff sands,/ Sea-fowl stretching wing-joints,/ splashing in rock-hollows and sand-hollows/ In the wave-runs by the half-dune;/ Glass-glint of wave in the tide-rips against sunlight,/ pallor of Hesperus,/ Grey peak of the wave,/ wave, colour of grapes' pulp,/ Olive grey in the near,/ far, smoke grey of the rock-slide,/ Salmon-pink wings of the fish-hawk/ cast grey shadows in water,/ The tower like a one-eyed great goose/ cranes up out of the olive-grove,// And we have heard the fauns chiding Proteus/ in the smell of hay under the olive-trees,/ And the frogs singing against the fauns/ in the half-light./ And...
---
Foto: High Tide (detalle), Loretta Young-Gautier

domingo, junio 13, 2010

Irma Peirano / La luz, paloma familiar...




La luz se justifica

La luz, paloma familiar, corriente vuelo,
ave palabra, ligerísima espuma del sentido,
gerundia exactitud, talón desnudo,
perfil preciso, mano de cinco dedos,
anatomía irrevocable,
todo eso es la luz bajo los biombos de la piel del hombre
que tiene un blanco corazón de miga.

Y excluida del hombre, blandiendo sus estambres,
sus antorchas felices, su augusto panteísmo,
su triángulo de espiga, de mazorca y de agua,
lustral, candeal, hermana A, iniciadora y mansa,
Lama antigua, milenio sobre milenio infusa,
la luz puede invadir toda la sombra,
madurarla en canicie poco a poco.

Irma Peirano (Chiavari, Italia, 1917-Buenos Aires, 1965), 200 años de poesía argentina. Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2010

Foto: Irma Peirano, Poesía reunida, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2006

sábado, junio 12, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 8




Whedon, el editor

Saber ver todos los aspectos de cada cuestión,
estar en todas partes, ser todo, ser nada mucho tiempo;
distorsionar la verdad, manejarla con un propósito,
usar grandes sentimientos y pasiones de la familia humana
para designios bajos, para fines astutos,
usar una máscara como los actores griegos,
el diario de ocho páginas detrás del cual te escudas,
pregonando por el megáfono de los grandes caracteres:
“Este soy yo, el gigante.”
Y viviendo, por lo tanto, la vida de un ratero,
envenenado con las palabras anónimas
de tu alma clandestina.
Escarbar la mugre de un escándalo por plata
y exhumarla a los vientos por venganza,
o vender diarios
aplastando reputaciones, o cuerpos, si hace falta,
ganar a cualquier precio, salvo tu propia vida.
Vanagloriarse de un poder demoníaco, socavando la civilización,
como el joven paranoico que pone un tronco en las vías
y descarrila el tren expreso.
Ser un editor, como fui yo.
Después, yacer aquí junto al río, por el lugar
donde se vierten las aguas servidas del pueblo
y se arrojan la basura y las latas vacías.
Y se ocultan los abortos.


Daisy Fraser

¿Oyeron alguna vez que Whedon el editor
le diera al tesoro público algo del dinero que recibió
por apoyar candidatos a cargos de gobierno?
¿O por escribir elogiando la fábrica de conservas
para hacer que la gente invirtiera?
¿O por callar los hechos sobre el banco,
cuando estaba arruinado y a punto de quebrar?
¿Oyeron alguna vez que el juez de circuito
ayudara a alguien que no fuese el ferrocarril “Q”
o los banqueros? ¿O que el Rev. Peet o el Rev. Sibley
dieran una parte de su salario, ganado por callarse la boca,
o por expresarse públicamente como los líderes querían,
sobre la construcción de la planta de aguas?
Pero yo, Daisy Fraser, que siempre anduve
por las calles entre una seguidilla de saludos y sonrisas,
y toses y frases como
“ahí va”
¡jamás fui llevada ante el juez Arnett
sin aportar diez dólares y costas
a los fondos de la escuela de Spoon River!

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868 - Melrose Park, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Editor Whedon
To be able to see every side of every question; / To be on every side, to be everything, to be nothing long; / To pervert truth, to ride it for a purpose, / To use great feelings and passions of the human family / For base designs, for cunning ends, / To wear a mask like the Greek actors / Your eight-page paper behind which you huddle, / Bawling through the megaphone of big type: / “This is I, the giant.” / Thereby also living the life of a sneak-thief, / Poisoned with the anonymous words / Of your clandestine soul. / To scratch dirt over scandal for money, / And exhume it to the winds for revenge, / Or to sell papers, / Crushing reputations, or bodies, if need be, / To win at any cost, save your own life. / To glory in demoniac power, ditching civilization, / As a paranoiac boy puts a log on the track / And derails the express train. / To be an editor, as I was. / Then to lie here close by the river over the place / Where the sewage flows from the village, / And the empty cans and garbage are dumped, / And abortions are hidden.

Daisy Fraser
Did you ever hear of Editor Whedon / Giving to the public treasury any of the money he received / For supporting candidates for office ? / Or for writing up the canning factory / To get people to invest ? / Or for suppressing the facts about the bank, / When it was rotten and ready to break ? / Did you ever hear of the Circuit Judge / Helping anyone except the "Q" railroad, / Or the bankers? Or did Rev. Peet or Rev. Sibley / Give any part of their salary, earned by keeping still, / Or speaking out as the leaders wished them to do, / To the building of the water works? / But I Daisy Fraser who always passed / Along the streets through rows of nods and smiles, / And coughs and words such as / "there she goes," / Never was taken before Justice Arnett / Without contributing ten dollars and costs / To the school fund of Spoon River!

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Ilustración: "The Author's Benefit Pasquin At ye Theatre in ye Hay-market", The Complete Works of William Hogarth, Mackenzie, Londres, 1870
Darvill's Rare Prints


viernes, junio 11, 2010

Frederick Seidel / Una fresca barra de goma de mascar





Una barra de goma rosada despojada de envoltura,
Que tienes entre tus dedos mientras vuelves a casa de la clase de danza,
Y miras su rosado. Pero sabes qué.
Me gusta tu cerebro. Tu rosado. Es dulce.

Mi cerebro es las arrugas del océano en una bola de brea
En lugar de ser dulce rosado como el tuyo.
Puede ser la nicotina. Puede ser el Johnnie Walker etiqueta negra.
Mi pensamiento de muchos cigarrillos durante muchos años.

Mi cerebro es del tamaño de las cosas vivas más grandes, mais oui, una ballena azul,
Azul, en lugar de rosado como el tuyo.
Es lo que he hecho
para hacerlo más enorme que lo que fue hecho enorme.

La violenta dulzura en el aire es la lluvia rosada
Que continúa dolorosamente casi cayendo.
Esto es lo más cerca que ha llegado.
Esto no puede seguir.

Veintiséis años no es la infancia.
No estás intentando dejar de fumar.
Fumas y bebes
Y aún es rosado.

La respuesta es que puedes tomar y fumar
Mucho a los veintiséis,
Y apestar a cigarrillo,
Y estar afuera en la vereda fuera del bar con un cigarrillo,

Como la ley lo requiere ahora, y es el paraíso,
Y ser la chica más hermosa del mundo,
Y ser moral,
Y entrar vibrando en el vacío.

Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009
Versión de J. Aulicino 

A fresh stick of chewing gum
A pink stick of gum unwrapped from the foil, / That you hold between your fingers on the way home from dance class, / And you look at its pink. But you know what. / I like your brain. Your pink. It’s sweet. // My brain is the wrinkles of the ocean on a ball of tar. / Instead of being sweet pink like yours. / It could be the nicotine. It could be the Johnnie Walker Black. / Mine thought too many cigarettes for too many years. // My brain is the size of the largest living thing,
mais oui, a blue whale, / Blue instead of pink like yours. / It’s what I’ve done / To make it huge that made it huge. // The violent sweetness in the air is the pink rain / Which continues achingly almost to fall. / This is the closest it has come. / This can’t go on. // Twenty-six years old is not childhood. / You are not trying to stop smoking. / You smoke and drink / And still it is pink. // The answer is you can drink and smoke / Too much at twenty-six, / And stink of cigarettes, / And stand outside on the sidewalk outside the bar to have a cigarette, // As the law now requires, and it is paradise, / And be the most beautiful girl in the world, / And be moral, / And vibrate into blank.
Ilustración: Chewing Gum Portrait of Britney Spears (retrato hecho con chicles masticados), Jason Kronenwald

Marisa do Brito / De "Madamas"




Madama Bovary

Virtud

V

El de la espalda de hielo
reposa
su rama cargada de nieve
sobre mi muslo de mink.
Duerme un silencio
de conejo en trampa.

VII

La de los ojos de pestañas escondidos
te besa con su andar felino
de arrabal
y de sus labios tan cereza
escapa
un extraño fulgor a cicuta.


Hastío

II

Manejé tantas horas
por una carretera igual a sí misma...
Un hombre a mi lado
señala mis miedos
los moteles
el campo moteado de pinchos de pasto
carteles oxidados
las puertas del paraíso
un ovni y un silo.
¿Para dónde queda mi casa?

Marisa do Brito Barrote (Buenos Aires, 1970), Madamas, Alción Editora, Córdoba, 2006

Foto: do Brito Barrote Arbol de Libros

Paulina Vinderman / El poema cruza...




27

El poema cruza el desierto como un camello
dentro de una visión, un espejismo de consuelo.
Lo cruza como si cruzara la soledad de la vida,
la soledad de la batalla en la retaguardia.

"No tengo más que ofrecerte", parecía decir,
"nada más que dejarte; te queda el cielo,
te quedan las palabras a mitad de camino".

Cuando llegue la lluvia los borrará:
al poema y al camello, a los días oscuros
que siempre alabé, a los acordes del violín
ensanchando el silencio.

(¿en qué se parece la lluvia a la muerte?
¿en qué, el júbilo a su noche?)

Un grito secreto lo interrumpe todo, el grito
de una criatura herida en la torre negra de Yeats,
en la mitad del poema, junto a todas las cosas
calladas de este mundo.

Paulina Vinderman (Buenos Aires, 1944), Bote negro, Alción Editora, Córdoba, 2010

Ilustración: The Lonely Tower, 1879, Samuel Palmer

jueves, junio 10, 2010

José Angel Cuevas / Dos poemas

Poema 5

Ese país es una mierda/ pero no los desiertos/ volcanes/
nubes/ línea de la costa/ línea de la Concordia.
También se salva la infraestructura
y cielos/ y rascacielos.

Uno detecta a diario el poder del lenguaje
que arma enredos
personas mal formadas en el patio grande.
Autos que joden con su devenir y noches negras,
los drogados siempre yacen
¿pero quién los registra a ellos?
¿los amos/ que nadie ama?
Es la fantasía de los triunfadores./ A pobre gente buena
que han vencido
un Ego negro y grandes risotadas
en la lucha de clases.


Sujeto poético

Mi sujeto de ficción fue funcionario del partido
usó tres chapas y un terno azul.
Un padre de familia sencillo, humilde
que se tiñó el pelo
y se cambió de casa muchas, muchas veces.
Su mujer nunca supo quién era él.
En el tiempo del Gas Sarín pudieron mandarlo a matar.
Mi sujeto fue un hombre solitario.
No tuvo que salir tanto a la calle.
Una persona le llevaba recados.
Nunca mirar para atrás en las aceras.
A cada rato se jugaba la muerte Mi sujeto.
Era un hombre muy solo.
Perteneció a las muchedumbres vencidas
que llegaron a cubrir el país desde Arica a Magallanes.
Pobre mi sujeto de enunciación.
Ahora está botado como un perro.

José Angel Cuevas (Santiago de Chile, 1944), "Cartas patrióticas", Diario de Poesía n° 80. Mayo a octubre de 2010, Buenos Aires

Ilustración: afiche de José Renau

miércoles, junio 09, 2010

Ciaran Carson / Dos poemas





















Una noche fuera

Cada jueves al apretar el botón de latón de la alambrada galvanizada
Una figura aparece un momento al final del iluminado pasaje de hormigón,
Luego desaparece. La puerta chirría al abrirse y da un portazo
     /justo detrás de nosotros.
Entonces atravesamos la robusta puerta giratoria de polietileno
     /semi-opaca que deben haber traído
De un hospital. En el bar, de nuevo la mirada inquisitiva.
Siete whiskys después, la banda entonaba el Four Green Fields.
Desde algún sitio más allá de los muros de ladrillo
     /nos llegaba el ritmo roto
De una ametralladora. Un coro rasgado. Así la frase de la noche
Está puntuada completamente por rondas de bebidas, de balas, de aplausos.


Belfast confetti

De repente, mientras la manifestación avanzaba, llovían signos de exclamación,
Tuercas, cerrojos, clavos, llaves de coche. Una fuente de símbolos
     /rotos. Y la explosión
Misma -un asterisco en el mapa. Esta línea separada por guiones,
/un estallido de fuego rápido...
Estaba intentando completar una frase en mi cabeza,
     /pero seguía tartamudeando,
Todos los callejones y calles secundarias bloqueadas
     /con puntos y puntos y comas.
Conozco este laberinto tan bien -las calles Balaclava, Raglan, Inkerman, Odessa-
¿Por qué no puedo escapar? Cada movimiento tiene su puntuación. La calle Crimea.
Sin salida otra vez.
Armas, verjas. Máscaras anti-disturbios. Walkie-talkies. ¿Cómo
Me llamo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Una
Descarga de signos de interrogación

Ciaran Carson (Belfast, Irlanda del Norte, Reino Unido, 1948 - 2019), Espéculo. Revista de Estudios Literarios de la Universidad Complutense, n° 33, Madrid, julio-octubre de 2006
Traducción de José María del Águila Gómez

Night Out
Every Thursday night when we press the brass button on the galvanized wire mesh gate / A figure appears momentarily at the end of the stirp-lit concrete passageway, / Then disappears. The gate squeaks open, slums shut almost instantly behind us. / Then through the semmmi-opaque heavy-duty polythene swing doors they might have taken / From a hospital. At the bar, we gwet the once-over once again./ Seven whiskeys later, the band is launching into Four Green / Fields./ From somewhere out beyond the breeze-block walls we get a broken rhythm / Of machine-gun fire. A ragged chorus. So the sentence of the night / Is punctuated through and through by rounds of drink, of bullets, of applause.

Belfast Confetti
Suddenly as the riot squad moved in, it was raining exclamations marks, / Nuts, bolts, nails, car-keys. A fount of broken type. And the explosion / Itself - an asterisk on the map. This hyphenated line, a burst of rapid fire... / I was trying to complete a sentence in my head, but it kept stuttering, / All the alleyways and side-streets blocked with stops and colons. / I know this labyrinth so well - Balaclava, Raglan, Inkerman, Odessa Street- / Why can't I escape? Every move is punctuated. Crimea Street. / Dead end again. / A Saracen, Kremlin-2 mesh. Makrolon face-shields. Walkie- Talkies. What is / My name? Where am I coming from? Where am I going? A / Fusillade of questions-marks.

Foto: Carson The Gallery Press

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Última actualización: jun. 2023

martes, junio 08, 2010

Patrick Friesen / Esperanza




esperanza?

la mesa dada vuelta
y los platos cayendo

ciudades que roen
sus propios huesos

despellejados

y la tierra que muda
nuestra piel

esperanza no es la pregunta
es apenas una palabra

pero sí sí
porque somos lo que somos
y miramos hacia adelante y hablamos
porque estamos equivocados
y la pifiamos

esperanza

de que en alguna parte
blanqueado por el sol
entre los escombros
algo limpio
algo todavía quedara
alguna última bondad en nosotros

un momento de dolor
en nuestro desarreglo
en esta gracia agónica
de la materia

la vajilla habitual

Patrick Friesen (Steinbach, Manitoba, 1946), A Broken Bowl, Brick Books, Ontario, 1997. Biblioteca de la Universidad de Toronto
Versión: J.A.

hope? // the table overturned / and dishes falling // cities gnawing / at their own bones // flayed // and shedding the earth / our flesh // hope is not a question / it's hardly a word // but yes yes / because we are what we are / and we look ahead and talk / because we are mistaken / and blunder on // hope // that somewhere sun-blanched / amongst the wreckage / something clean / something still left / some last good in us // a moment of sorrow / in our disarray / in this dying grace /of matter // the usual crockery

Foto: Friesen patrickfriesen.com

lunes, junio 07, 2010

Mark Strand / Cuatro poemas




La poesía narrativa

Ayer, en el supermercado, alcancé a oír a un hombre y a una mujer que discutían acerca
de la poesía narrativa. Decía ella: “A lo mejor todos los poemas llamados narrativos no
pasan de ser irónicos y sus acontecimientos revelan nada más lo empobrecidos que estamos,
en qué medida vivimos, como utopistas sin esperanzas, para el fin. Muestran que
a nuestras vidas las invalidan nuestras necesidades, sobre todo la necesidad de continuar.
He acabado creyendo que la narrativa nace del aborrecimiento a uno mismo.”

Dijo él: “Lo que me inquieta es la narrativa que no proporciona un marco coherente
para medir la transición temporal o espacial, la narrativa donde el héroe viaja, creyendo
avanzar cuando que en verdad esta quieto. El se vuelve el único empalme, la encarnación
de la narración, su terrible autoengaño, la pesadilla de su propia irrealidad.”

Quise recordarles que el poema narrativo ocupa el puesto de un relato ausente y se
la pasa absorbiendo la ausencia de éste, por así decirlo, y al mismo tiempo abandonando
su propia presencia a las atroces soledades del olvido. El relato ausente es aquel, quise
decirles, en el cual nuestro destino está escrito. Pero antes de que pudiera hablar ya
se habían ido.

Al llegar a casa, mi hermana me estaba esperando, sentada en la sala. Le dije: “Sabes, manita, se me acaba de ocurrir que algunos poemas narrativos se mueven tan de prisa
que no hay manera de guardar su paso y no queda sino imaginar su marcha. Parecen
los más vivos y son los menos reales.”“Sí -contestó mi hermana-, pero ¿no has pensado
que algunos poemas narrativos van tan despacio que nos la pasamos adelantándonosles,
imaginando lo que podrían ser? ¿ni se te ha ocurrido que éstos tienden a ser escritos
en la juventud?”

Luego recordé aquel verano en Roma, cuando me convencí de que los relatos en que
interviene la memoria se frustran solos. Hacía calor y me di cuenta de que la memoria es
un monumento en memoria de sucesos que no lograron sostenerse hasta el presente;
de ahí que la memoria esté teñida de lástima y que su música siempre suene a endecha.

Entonces sonó el teléfono. Era mi madre, para preguntarme qué hacía. Le conté que
estaba trabajando en una narración negativa: la que se niega a empezar porque el comienzo
carece de sentido en un universo infinito, y se niega a acabar por la misma razón.
Toda ella es un tramo central reprimido, una conjunción inenunciable e inagotable. “Fíjate,
mami -dije-, es como la narrativa que se rehúsa a enmascarar la esencial y universal
quietud, de modo que restringe sus comentarios a lo que nunca sucede.”

Mi madre dijo entonces: “Tu papi me hablaba mucho de la poesía narrativa. Decía que
era una mujer vestida de largo y que llevaba flores. La roja cabellera caía leve sobre sus
hombros. Decía que la poesía narrativa solía pasar en primavera y hacía intervenir a un
hombre. La mujer se acercaba a su casa, hacía una seña al hombre con la mano y dejaba
caer las flores. Esto -continuó mamá- parecía indicar la falta de objeto de la poesía narrativa.
Dondequiera que estuviese la mujer, sembraba simientes de desapego.”

“Mami -arriesgué-, lo que llamamos narrativa no es más que sumisión a las
insufribles pretensiones del predicado con respecto al futuro; fomenta la prolongación,
florece en otro predicado. ¿No crees que las nociones de cierre descansan en
nuestro anhelo de un predicado yermo?” “Tienes toda la razón -dijo mi madre-,
no hay otra manera de ver esto.” Y colgó.


Miedo a la noche

según Leopardi

Alceto: Déjame contarte, Meliso,
pues ahora, al ver la luna,
recuerdo lo que soñé anoche.
Estaba en la ventana, mirando al cielo
y de pronto la luna se caía.
Directa, sobre mí, más cerca siempre
y más, hasta estrellarse
como un tazón, al lado de la casa.
Entonces echó a arder, luego silbó
como un ascua que tirases al agua.
Ennegreció, se achicharró la hierba
y así se apagó la luna.
Pero no fue esto sólo,
pues al mirar a lo alto vi un boquete en lo negro.
Era el agujero dejado por la luna
al caer desde el cielo.
Como te lo cuento, Meliso.
Me aterraba, y aún sigo.
Meliso: ¿Y cómo no has de estarlo? Al fin y al cabo,
la luna pudiera caerse cualquier día.
Alceto: Es verdad, ahí tienes las estrellas;
todo el verano están cayéndose.
Meliso: Pero es que estrellas hay montones
y si caen unas cuantas nada importa.
Quedan siempre millares.
Sólo que luna no hay más que una en el cielo
y nadie la vio caer si no fue en sueños.



Se la vita è sventura...?

para Charles Wright

¿Dónde estaba escrito que hoy
me asomaría a la ventana y, por ser verano,
pensaría en aire tibio llenando altas salas flotantes de árboles
con los olores mal casados de hierba y alquitrán; que dos abejas alocadas
darían vueltas persiguiéndose a la sombra, que un muro
de nubes borrascosas se elevaría al este,
que hoy -precisamente hoy- un hombre, afuera, recobraría aliento.
donde pudo ser visto y, echando atrás la cabeza,
dejaría escurrirle dorada luz por la cara vuelta a lo alto
y que un desconocido que surgió quién sabe de dónde, de súbito
sacando una navaja lo rajaría, del vientre al esternón,
haciendo que aquel momento ante mi casa le fuera el último? ¿Dónde estaba escrito
que el mundo, apiadador a fin de cuentas, se abriría
para dejar pasar la forma borrosa del asesino
que huía de allí, en tanto la víctima, caída
de rodillas ya, sentiría el calor de su ser entero volverse
una nube breve, traslúcida, deshilachándose apenas formada?
¿Que dos ojos sin vista sustituirían su mirada de asombro;
que pese a su voluntad -me pareció- de sobrevivir, entrar
nuevamente en la inalcanzable esfera de la luz, continuaría
cayendo y los vecinos, empezando a llegar,
acecharían lo oscuro de su cuerpo, al mirarlo desplomarse
en su herida, como una mosca o mota, tornarse
parte infinitesimal de la noche, donde la deriva
de sueños y las ruinas de estrellas, con el mismo destino,
obedeciendo iguales reglas, al descender, se asemejan?
¿Dónde estaba escrito que aquella noche se extendería
inscribiéndose oscuramente por doquier o, puesta así la cosa, dónde
estaba escrito que nacería a mí mismo una y otra vez,
como ahora mismo, como todo en este instante,
y sentiría el caer de la carne en el tiempo, la sentiría girar
sin ruido, lenta, como enderezándose, hasta quedar como es debido?


Cento Vergilianus

Y así, pasando bajo la bóveda del ancho cielo,
empujados por tormentas y mares encrespados, llegamos,
preguntándonos a cuál orilla del mundo
éramos arrojados. Un aullar de perros
se oía entre el crepúsculo,
y sobre las tumbas el ruido mugiente
que hace un fuego de hierbas cuando el viento lo azota;
y más tarde, desde patios gélidos,
se alzaron los lamentos agudos de mujeres
hacia las calladas estrellas de oro.
Primero no echamos a faltar las ciudades de que partimos-
las casas pintadas de rosa y verde, los cisnes comiendo
entre las cañas del río, los aguaceros de luz veraniega
barriendo las tierras de pastos.
¿Y si hubiésemos esperado hallar a Apolo aquí,
entronizado al fin, y si un frío crispante
nos helara hasta el hueso? Habíamos llegado
adonde todo llora por cómo marcha el mundo.

Mark Strand (Summerside, Isla Prince Edward, Canadá, 1934 - Nueva York, 2014), Revista Vuelta 140, México, 18 Julio de 1988
Traducción de Gerardo Deniz, 
Gentileza de Liliana García Carril

Foto: Timothy Greenfield-Sanders/WBUR

domingo, junio 06, 2010

Jude Nutter / La belleza es...




El florero de plata

escrito después de una residencia en la escuela secundaria, Western Minnesota

La belleza, escribió él, es como un refugio envejeciendo
en el bosque
: Tyler Joel Rakowski, primera fila,
el segundo a la izquierda, girando sobre su silla
como si tuviera grasa en las sentaderas de su pantalón
para mirar a Tanya Engler en el rincón trasero
al lado de la biblioteca, donde ella, toda la semana,
hacía sus poemas, acomodando los títulos de novelas
hacia abajo, justo a mitad de la página
en un mágico orden propio. Salvaje
de soledad. Como el viento que ha recorrido un largo camino.
Encuentra la palabra para mí, les dije, para describir lo que se amontona
en las esquinas de tu corazón
. Y estoy segura
de que era soledad lo que él quería decir, pero quién de entre nosotros

negaría alguna vez un desliz como ese.
Y al día siguiente está nevando,
una blanca fuga convirtiendo el mundo en algo nuevo.
Y el día después de eso. Deja que el poema sea extraño,
digo, misterioso; deja que contenga todo
lo que no deseas saber sobre la vida.
Ellos escriben sobre la muerte
,
sus rostros flotando como lunas sobre el oscuro
acabado de sus escritorios. Unas pocas millas al oeste
y es Dakota del sur y de qué sirve el misterio.
Imagina que eres un turista y te regalas
algo para llevar a casa. Ellos eligen
el silbido constante del viento al costado
de un campo; la tos seca del tren de carga
uniendo yardas por medio de las vías durante la noche;
la forma en que un hermano desapareció
en la oscuridad del invierno. Para lo que
no hay consuelo. La belleza, escribió,
es como un florero de plata, íntegro y sin manchas.
Y ellos escriben sobre el mundo inmaculado

del cuerpo, que conocerán solo brevemente
por lo que es como su opuesto,
antes de elegir recordar el sabor deslumbrante de la finitud,
durante su primera vez. Y son guíados
por el neón sombrío del espíritu. La belleza,
escribió, es como una marea precipitándose sobre mí.
Es marzo, pero las chicas, inentendibles, bellamente
a la deriva, llevan faldas y sandalias; discuten
la agonía del amor como si fuera una cosa poco frecuente, mientras los chicos

esperan, creciendo en sus manos, que son las grandes
manos de los hombres, que ellos apoyan en sus escritorios
mientras hablo. No importa hacia donde mire,
escribió, o cuántas puertas cierro
detrás de mí, siempre está allí
. Y cuando me voy

no llego muy lejos: una tormenta retrayéndose
desde Dakota del sur me mantiene a la orilla del camino
con el motor en marcha. Me inclino hacia atrás
en la calma luz. Y, sí, nuestras vidas
son cortas. Pero no estoy pensando en la muerte;
estoy pensando cómo, sin sombra, bajo
una cierta democracia de la luz, todas las cosas
se convierten en plata. Puedes llamarla belleza
o soledad: si tuvimos suerte,
son la misma cosa. Y me gusta cómo se siente.
Cierro mis ojos, escribió, lo más
fuerte posible, y puedo ver
.

Jude Nutter (nació en North Yorkshire, Inglaterra, reside en los Estados Unidos desde 1980). The Curator of silence, University of Notre Dame Press, 2006
versión de Silvia Camerotto

The silver vase
written after a high school residency, Western Minnesota//Loveliness, he wrote, is like an aging shed/in the forest: Tyler Joel Rakowski, first row,/second from the left, sliding round in his chair/as if he had grease on the seat of his trousers/to stare at Tanya Engler in the back corner/by the bookcase, where all week/she made her poems, ordering the titles of novels/in some magical arrangement all her own/right down the middle of the page. Wild/with loneliness. Like wind that’s come a long way./Find me the word, I’d told them, to describe what collects/in the corners of your heart. And I’m sure/it was loneliness he meant, but who among us//would ever refuse a slip like that./And the next day it is snowing,/a white fugue slicking the world to a new thing./And the day after that. Let the poem be strange,/I say, mysterious; let it hold everything/you don’t want to know about life./They write about death,/their faces floating like moons over the dark/finish of their desks. A few miles west/and it’s South Dakota and what use is mystery./Imagine you’re a tourist and give yourself/one thing to take home. They choose/the steady hiss of wind along the border/of a field; the dry cough of freight/linking in the rail yards at night;/the way a brother vanished/in the darkness of winter. For which/there is no relief. Loveliness, he wrote,/is like a silver vase, untarnished and whole./And they write from the unspoiled world//of the body, which they will know only briefly/for what it is before choosing to remember/the bright taste of finitude during their first sex/as its opposite. And are led astray/by the bleak neon of the spirit. Loveliness, /he wrote, is like a tide rushing over me./It is March, but the girls, unreadable, beautifully/adrift, wear skirts and open sandals; they discuss/the agony of love as if it’s a rare thing while the boys//wait, growing into their hands, which are the large/hands of men, which they place on their desktops/while I talk. No matter where I turn,/he wrote, or how many doors I shut/behind me, it’s always there. And when I leave//I don’t get far: a storm hauling in/from South Dakota keeps me on the shoulder/with the engine running. I lean back/into the calm luminosity. And, yes, our lives/are short. But I’m not thinking about death;/I’m thinking about how, without shadow, under/a certain democracy of light, all things/turn silver. You can call it loveliness/or loneliness: if we were lucky,/they’re the same thing. And I like how it feels./I close my eyes, he wrote, as tight/as they go, and I can see.

Ilustración: Silver Seas, 2, Richard Corbett

sábado, junio 05, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 7

                             
    

Hod Putt

Descanso aquí junto a la tumba
del viejo Bill Piersol,
que se hizo rico comerciando con los indios, y que
más tarde se acogió a la ley de quiebras
y salió de aquello más rico que nunca.
Yo me cansé del trabajo y la pobreza
y viendo cómo el viejo Bill y otros
aumentaban su fortuna,
asalté a un viajero una noche, cerca de Proctor’s Grove,
y sin querer lo maté,
por lo cual me juzgaron y colgaron.
Esa fue mi forma de entrar en bancarrota.
Ahora nosotros, que aprovechamos la ley de quiebras
cada uno a su manera,
dormimos en paz uno junto al otro.


Amos Sibley

Ni carácter, fortaleza, ni paciencia
era lo mío, como la aldea pensaba que tenía
para aguantar a mi esposa, mientras yo seguía predicando,
cumpliendo el trabajo que Dios eligió para mí.
La detestaba como a una arpía, como a una licenciosa.
Sabía de sus engaños, de cada uno.
Pero aun así, si yo me divorciaba,
debía abandonar el ministerio.
¡Por eso, para hacer y cosechar la obra de Dios
la toleré!
¡Así me mentí a mí mismo!
¡Así le mentí a Spoon River!
Sin embargo, traté de dar conferencias,
me postulé a la legislatura, vendí libros puerta a puerta,
con la mente en un solo pensamiento:
si de esta manera hago dinero, me divorcio.


Mrs. Sibley

El secreto de las estrellas — la gravitación.
El secreto de la tierra — las capas de roca.
El secreto del suelo — recibir la semilla.
El secreto de la semilla — el germen.
El secreto del hombre — la sembradora.
El secreto de la mujer: el suelo.
Mi secreto: debajo de un montículo que jamás descubrirán.

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868 - Melrose Park, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Hod Putt
Here I lie close to the grave / Of Old Bill Piersol, / Who grew rich trading with the Indians, and who / Afterwards took the bankrupt law / And emerged from it richer than ever. / Myself grown tired of toil and poverty / And beholding how Old Bill and others grew in wealth, / Robbed a traveler one night near Proctor's Grove, / Killing him unwittingly while doing so, / For the which I was tried and hanged. / That was my way of going into bankruptcy. / Now we who took the bankrupt law in our respective ways / Sleep peacefully side by side.

Amos Sibley
Not character, not fortitude, not patience / Were mine, the which the village thought I had / In bearing with my wife, while preaching on, / Doing the work God chose for me. / I loathed her as a termagant, as a wanton. / I knew of her adulteries, every one. / But even so, if I divorced the woman / I must forsake the ministry. / Therefore to do God's work and have it crop, / I bore with her! / So lied I to myself! / So lied I to Spoon River! / Yet I tried lecturing, ran for the legislature, / Canvassed for books, with just the thought in mind: / If I make money thus, I will divorce her.

Mrs. Sibley
The secret of the stars, — gravitation. / The secret of the earth, — layers of rock. / The secret of the soil, to receive seed. / The secret of the seed, — the germ. / The secret of man, — the sower. / The secret of woman, — the soil. / My secret: Under a mound that you shall never find

---
Ilustración: The Reverend John Atwood and His Family, 1845, Henry F. Darby