sábado, septiembre 11, 2021

Daniel Freidemberg / De "Un hilo naranja"



II

Real es lo
que resiste, hay
un mundo en
el mundo

y un zapato
dos
zapatos
y un hilo naranja

ya sin naranja
ya sin nada que atar.


XXIII

Primer o último sol
en la pizarra falsa
de las cúpulas
unos minutos antes
de lo oscuro, o después.

Como si se pudiera
tocar fondo,
desde el fondo
de la mar del mundo:

rugosidades
de la corteza del plátano,

un cientoquince en
amarillo y rojo
         que pasa
(igual que pasa
-como dicen- todo),

letras
trazando el
horizonte,

flechas que indican
por dónde salir,

ese momento en
que una pantalla
se apaga o se enciende
y otra pantalla y
otra y
         no pasa nada,

lo que, al
plantársele a la luz,
          da sombra,

lo que mueve el tacto.


XXXIII

Y lo que la palabra
“llovizna”
pone a
despertar
ahí en la mente
del que ahora la lee

deseoso de
salir del alma
para estar,
igual que
la llovizna, en
el mundo.

Daniel Freidemberg (Resistencia, Argentina, 1945)

Un hilo naranja
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021









---

viernes, septiembre 10, 2021

Jorge Posada / el subsecretario de salud lee y escribe poesía cada noche




contempla el resplandor
de las obras monumentales 

                                              el comienzo el cimiento la simiente latente
                                              lleno de mí -ahíto- me descubro en la imagen atónita del agua
                                              
                                              
como epidemiólogo
habla de lo inconmensurable
               lo inútil de saber el número de muertos
                                                            de contagios

como poeta 
habla de lo inefable
                la piedra el semen la imago el fuego
                fecundan la palabra

          ¿para qué sirven las obras monumentales?
          a) crear empleos b) desviar fondos c) ocultar la realidad d) sacar fotografías
          e) honrar al imperio mexicano f) todas las anteriores

                               tú el héroe para ti la plata para ti las confidencias
                               a ti el silencio deferente en el estado mayor

el epidemiólogo es un fingidor
                                      pararrayos celeste
                                      oficio arder
                                      oscura pertenencia

piensa en la obra monumental 
que construirá con el presidente
más alta robusta enhiesta
que los memoriales de la independencia
de la revolución de los sismos

antes de dormir
la seductora voz del subsecretario 
                                                          “paseaba sus vacas exprimidas,
                                                            sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
                                                            sus ávidas quijadas, sus miserables vidas”

sabe lo aguarda
un fuego insaciable de recuperación 


Jorge Posada (San Luís de Potosí, México, 1980), Blog Jorge Posada, 2020 


jueves, septiembre 09, 2021

Emily Dickinson / Tres poemas
















435

Mucha locura es la más divina sensatez –
para un ojo agudo –
mucha sensatez – completa locura –
es la mayoría – en esto –
como en todo, la que prevalece –
Asiente – y estás cuerdo –
Duda – y eres peligroso –
Y manejado con cadenas – 

[1862]


469

el rojo – fuego – es la mañana –
violeta – el mediodía –
amarillo – el día – se acaba –
y después de eso – nada –
salvo miles de chispas – al ocaso –
revelan la anchura que ardió –
el territorio de plata – que 
nunca - aún – se consumió -

[1862]


985

Perderlo todo – me impidió
perder cosas menores.
Si nada mayor que el mundo
Saliéndose de quicio –
O la extinción del sol, se viera –
No sería tan grande como para hacerme
Alzar la vista de mi labor
Por curiosidad.

[1865]

Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 1830- 1886), 111 Poemas (Spanish Edition), Amazon, libros digitales, 2021
Versiones de Andrea Salerno


Nota del Ad.: La numeración de estas versiones y la datación del editor del blog, entre corchetes, siguen los de la edición crítica de Thomas Johnson, de la Universidad de Harvard (1955). La posterior edición de R. W. Franklin (1998), también de Harvard, discrepa en el orden de los poemas y en algunas fechas. Incluso deshace supuestas fusiones de poemas realizadas por Johnson (ver Emily Dickinson it). La presente edición digital no es bilingüe.



435

Much Madness is divinest Sense -
To a discerning Eye -
Much Sense - the starkest Madness -
'Tis the Majority
In this, as All, prevail -
Assent - and you are sane -
Demur - you're straightway dangerous -
And handled with a Chain -


469

The Red - Blaze - is the Morning -
The Violet - is Noon -
The Yellow - Day - is falling -
And after that - is None -
But Miles of Sparks - at Evening -
Reveal the Width that burned -
The Territory Argent - that never yet - consumed -

985

The Missing All - prevented Me
From missing minor Things.
If nothing larger than a World's
Departure from a Hinge-
Or Sun's extinction, be observed-
'Twas not so large that I
Could lift my Forehead from my work
For Curiosity.
---
Fotos: Arriba: detalle del daguerrotipo c. 1859 en que Emily Dickinson posa junto a su amiga Catherine Mary Scott. Las investigaciones del Amherst College y de la investigadora Rebecca Patterson parecen haber probado que se trata de Dickinson y Scott, quien llevaba luto por la muerte de su esposo. Abajo, la antigua foto en su caja.



miércoles, septiembre 08, 2021

André Breton / El verbo ser



Conozco la desesperación en sus grandes líneas. La desesperación no tiene alas, no depende necesariamente de una mesa ya destendida en una terraza, en la tarde, a orillas del mar. Es la desesperación, no el retorno de una cantidad de pequeños sucesos como granos que al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una piedra o la copa para beber. Es un barco pasado por la criba de la nieve, si les gusta, como los pájaros que caen y su sangre no tiene el menor espesor. Conozco la desesperación en sus grandes líneas. Una forma muy pequeña, delimitada por joyas de cabellos. Es la desesperación. Un collar de perlas para el cual no se podría encontrar broche y cuya existencia no depende siquiera de un hilo, he ahí la desesperación. Del resto ni hablemos. No hemos acabado de desesperar si comenzamos. Yo desespero de la pantalla de la lámpara alrededor de las cuatro, desespero del abanico hacia la medianoche, desespero del cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación en sus grandes líneas. La desesperación no tiene corazón, la mano queda siempre, en la desesperación, sin aliento, en la desesperación de la cual jamás dicen los espejos si está muerta. Vivo de esa desesperación que me encanta. Amo la mosca azul que vuela en el cielo a la hora en que las estrellas canturrean. Conozco en sus grandes líneas la desesperación de largos asombros de granizo, la desesperación del orgullo, la desesperación de la cólera. Me levanto cada día como todo el mundo y me desperezo sobre un papel floreado, no me acuerdo de nada y es siempre con desesperación que descubro los hermosos árboles desarraigados de la noche. El aire de la pieza es bello como palillos de tambor. Hace un tiempo de tiempo. Conozco la desesperación en sus grandes líneas. Es como el viento del telón que me auxilia. ¡Se imaginan semejante desesperación! ¡Fuego! Ah, ellos aún van a venir... ¡Socorro! Helos ahí que ruedan por la escalera... Y los anuncios de periódicos, y los reclamos luminosos a lo largo del canal. Un montón de arena. En sus grandes líneas la desesperación carece de importancia. Es un gravamen sobre los árboles que van aún a formar un bosque, es un gravamen sobre las estrellas que van aún a hacer un día menos, es un gravamen sobre un día menos que va a hacer aún mi vida. 

André Breton (Tinchebray, Francia, 1896-París, 1966), "El revólver de cabellos blancos" [1932], Antología, Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1969
Versiones de Enrique Molina


Foto: André Breton en su casa de la rue Fontaine, París, 1951, Jacques Cordonnier/André Breton.fr


Le Verbe Être

Je connais le désespoir dans ses grandes lignes. Le désespoir n'a pas d'ailes, il ne se tient pas nécessairement à une table desservie sur une terrasse, le soir, au bord de la mer. C'est le désespoir et ce n'est pas le retour d'une quantité de petits faits comme des graines qui quittent à la nuit tombante un sillon pour un autre. Ce n'est pas la mousse sur une pierre ou le verre à boire. C'est un bateau criblé de neige, si vous voulez, comme les oiseaux qui tombent et leur sang n'a pas la moindre épaisseur. Je connais le désespoir dans ses grandes lignes. Une forme très petite, délimitée par un bijou de cheveux. C'est le désespoir. Un collier de perles pour lequel on ne saurait trouver de fermoir et dont l'existence ne tient pas même à un fil, voilà le désespoir. Le reste, nous n'en parlons pas. Nous n'avons pas fini de deséspérer, si nous commençons. Moi je désespère de l'abat-jour vers quatre heures, je désespère de l'éventail vers minuit, je désespère de la cigarette des condamnés. Je connais le désespoir dans ses grandes lignes. Le désespoir n'a pas de coeur, la main reste toujours au désespoir hors d'haleine, au désespoir dont les glaces ne nous disent jamais s'il est mort. Je vis de ce désespoir qui m'enchante. J'aime cette mouche bleue qui vole dans le ciel à l'heure où les étoiles chantonnent. Je connais dans ses grandes lignes le désespoir aux longs étonnements grêles, le désespoir de la fierté, le désespoir de la colère. Je me lève chaque jour comme tout le monde et je détends les bras sur un papier à fleurs, je ne me souviens de rien, et c'est toujours avec désespoir que je découvre les beaux arbres déracinés de la nuit. L'air de la chambre est beau comme des baguettes de tambour. Il fait un temps de temps. Je connais le désespoir dans ses grandes lignes. C'est comme le vent du rideau qui me tend la perche. A-t-on idée d'un désespoir pareil! Au feu! Ah! ils vont encore venir... Et les annonces de journal, et les réclames lumineuses le long du canal. Tas de sable, espèce de tas de sable! Dans ses grandes lignes le désespoir n'a pas d'importance. C'est une corvée d'arbres qui va encore faire une forêt, c'est une corvée d'étoiles qui va encore faire un jour de moins, c'est une corvée de jours de moins qui va encore faire ma vie.

martes, septiembre 07, 2021

Jorge Leonidas Escudero / Cuatro poemas



Elegidos por Javier Cófreces y Jorge Aulicino en el centésimo primer aniversario de Jorge Leonidas Escudero

\

Lavanderita

Chit, chit, le dije,
y perdió el equilibrio:
de la soga de tender cayó a mi vida.

Venía yo grave descifrando arena
escrita por la cola de las lagartijas,
venía revolviendo la nuez de la garganta
en el mar de la siesta,
registrando debajo de cada yuyo,
bajo cada piedra;
y chit, chit, la tomé de las alitas.

Donde setiembre pasa por lo álamos
se me escapó al volver la cabeza,
y aunque mi chistido encarga,
no encuentra lavanderita.

Pero ando,
y va perder pie alguna.

La raíz de la roca, 1970


La enfermita

Se me ha resentido la memoria
hasta el punto que hoy anda indecisa,
con paso tembloroso,
sumamente corta de vista.

Le compré un tónico pero es inútil.
La causa de su enflaquecimiento
seguramente radica en el hígado,
o tal vez en los hipocondrios donde creo
está el origen de mi alejamiento del mundo.

Como ahora yo estoy recogiendo mis bártulos
entonces dirá ella ¿para qué éste me quiere gorda?,
¿para qué si cada día me necesita menos?

Tiene razón; pero resulta indignante
cuando le pregunto el nombre de un amigo
al que acabo de saludar
y ella da vuelta la cara mirando hacia otra parte.

Elucidario, 1992


Invierno

En cuanto ella me de soslayo miró
bajó la vista y yo también en cuanto
la miré bajé los ojos
Llegó el mozo e un vaso de vino pedí, ella
pidió no sé.
Entonces nos miramos pero sin saludo,
como a distancia de tres mesas, mudos
como correspondía. ¿Y? Bueno,
para qué.
Tomé un trago y en cuanto
hacía frío de tiempo lógico
salí de haberla visto haciéndome el duro,
esforzándome para no renguear.


El empecinao

Aquí anduvo un tozudo hombre buscando,
en esta altivez de los cerros sanjuaninos,
el fabuloso tesoro que cuentan
era para el rescate del inca Atahualpa: siete
cogotes de guanaco pupudos de oro.

Muchos años vino a buscar tal riqueza
y se le puso la barba blanca de no encontrarla;
pero firme en su idea
no cejaba de llevarla entre ceja y ceja.

Nos hicimos amigos y en mis adentros
lo bauticé El Empecinao, justamente
porque cada vez que me lo topaba en el cerro
me hablaba de su sueño y sonreía feliz.

Pero el verano este ya no vino
y el anterior tampoco.
Sospecho que murió directamente
o algo peor todavía, que se desempecinó,
y al perder la alegría de buscar el tesoro
quedó muerto en vida.

Verlas venir, 2002

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, Argentina, 1920-2016)

Poesía completa
Ediciones en Danza, 
Buenos Aires, 2011










Foto: Jorge Leonidas Escudero, San Juan, Argentina, 2011 Gentileza Ediciones en Danza

lunes, septiembre 06, 2021

Diego Colomba / De "Poetas que regresan a la patria de la infancia"



Tu infancia puede ser un vasto eco

Los caminos que hacen las hormigas, el zumbar de las abejas, la luz que se astilla en unos vidrios... Un pájaro muerto incluso y el delirio de los crotos. Todo reverbera. En el prodigio de un mundo indefinido.


Sin sombras de duda el mundo es nada

De ese sauce, por ejemplo, cae, como lluvia, una pregunta invisible. Y en la orilla y su resaca se mece una pregunta cristalina. Y en los juncos encimados una pregunta cortante se agudiza. Y otra más. Y detrás de cada una, insidiosa y transparente, la pregunta que podría valer como la madre de todas las preguntas: ¿de qué manera vas a responder?


Poetas que regresan a la patria de la infancia

Los trasnochados que nos invitaron nos dan las buenas nuevas: no habrá, en breve, viáticos, a raíz de una serie de rencillas intestinas, y en el único hotel disponible ya no hay plazas vacantes. ¿Puede la crasa realidad local hacernos mella? Hablaremos positivamente ─incluso con afecto─, a lo largo del día, de todo lo que crece en nuestra íntima geografía: plantas, animales y seres humanos. Con la caída del sol, una señora que confiesa haber conocido a papá en su juventud reconoce que soy muy parecido, pero advierte que él era más alto. La contradigo, sonriendo, argumentando que yo era un centímetro más alto que papá. Mido un metro ochenta y seis centímetros. Pero la señora, con gesto de desaprobación, prefiere dar por terminada nuestra charla. Leemos, finalmente, nuestras cositas, para estudiantes secundarios que bostezan, custodiados por sus profesores de Lengua y Literatura. Mientras comemos, poco después, un choripán, envueltos por la bruma nocturna de la pampa, imaginamos factibles maneras de volver a nuestras vidas. Que no se nos juzgue mal. Nosotros solo vinimos a devolverle al pueblo la memoria poética que le pertenece.


El gran miedo

Como si el Diablo hubiera logrado juntar los hilos sueltos de tu miedo, en las tormentas del campo se enredaban los rayos, truenos y refucilos, el viento, la oscuridad ─que el débil tendido hacía inevitable─ y tu aversión a los faroles de gas. Ojalá, mamá, que a los espíritus no les den miedo las tormentas. ¡Que tuyo sea para siempre el desastre de la luz!

Diego Colomba  (San Nicolás, Argentina, 1972)


Poetas que regresan a la patria de la infancia
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










domingo, septiembre 05, 2021

Paolo Conte / Génova para nosotros



Pero esa facha un poco así,
esa expresión, medio así,
que tenemos antes de ir a Génova...
Y cada vez nos preguntamos
si ese lugar al que vamos
nos engullirá y ya no volveremos.

Y sin embargo parientes somos, un poco,
de aquella gente de allá
que, como nosotros, es un poco silvestre quizá.
Pero … el miedo que nos da ese mar oscuro
que se mueve hasta de noche
y no está quieto jamás...

Génova para nosotros
que estamos en el fondo del campo
y tenemos sol en la plaza raras veces,
y el resto es lluvia que nos moja,
Génova, decía, es una idea como cualquier otra.

Pero esa facha un poco así,
esa expresión, medio así,
que tenemos mientras miramos Génova,
y cada vez la olfateamos,
nos movemos con cuidado,
y nos sentimos un poco extraviados.

Macaia *, mono de luz y de locura,
neblina, peces, África, sueño, náusea, fantasía...
Y en tanto en la sombra de sus armarios
tienen ropa blanca y viejas lavandas.
Dejanos volver a nuestros temporales,
Génova tiene días todos iguales,
En una inmóvil campaña,
con la lluvia que nos moja,
los langostinos rojos son un sueño
y el sol es un relámpago amarillo en el parabrisas.

Con esa facha un poco así,
esa expresión, medio así
que tenemos 
los que hemos visto Génova.

Paolo Conte (Asti, Italia, 1937), Paolo Conte, RCA, 1975 Discogs

* Dialecto ligur. Hay macaia cuando sopla el viento cálido llamado siroco, se cubre el cielo y la humedad de la atmósfera aumenta. Es leyenda que ese estado del tiempo provoca locura, como el viento Norte en la Argentina (N. del T.)  


Genova per noi

Con quella faccia un po'così
Quell'espressione un po'così
Che abbiamo noi prima d'andare a Genova.

E ogni volta ci chiediamo
Se quel posto dove andiamo
Non c'inghiotte, e non torniamo più.

Eppur parenti siamo in po'
Di quella gente che c'è lì
Che come noi è forse un po' selvatica ma
La paura che ci fa quel mare scuro
E che si muovo anche di notte
Non sta fermo mai.

Genova per noi
Che stiamo in fondo alla campagna
E abbiamo il sole in piazza rare volte
E il resto è pioggia che ci bagna
Genova, dicevo, e un'idea come un'altra.

Ma quella faccia un po'così
Quell'espressione un po'così
Che abbiamo noi

Mentre guardiamo Genova
Ed ogni volta l'annusiamo
E circospetti ci muoviamo
Un po'randagi ci sentiamo noi.

Macaia, scimmia di luce e di follia
Foschia, pesci, Africa, sonno, nausea, fantasia
E intanto, nell'ombra dei loro armadi
Tengono lini, e vecchie lavande.

Lasciaci, tornare ai nostri temporali
Genova, ha i giorni tutti uguali.

In un'immobile campagna
Con la pioggia che ci bagna
E i gamberoni rossi sono un sogno
E il sole è un lampo giallo al parabrise,

Con quella faccia un po'così
Quell'espressione un po'così
Che abbiamo noi
Che abbiamo visto Genova.

© Universal Music Publishing Group

Thomas McGreevy / Dublín, enero de 1920




¿Por qué habría de quedarme en este lugar sin  sensibilidad
donde ni siquiera las mujeres tienen simpatía,
ni se expresan con gravedad, ni son hermosas
ni tienen un destello de piedad
por las insensateces del amor?

Thomas MacGreevy (Talbert, Condado de Kerry, Irlanda, 1893-Dublín, 1967), Collected Poems, Dufour Editions, Dublín, 1983
Traducción de Jorge Fondebrider


Imagen: Retrato de Thomas MacGreevy por Sean O'Sullivan (detalle), c.1943 Ask about Ireland

Dublin, January 1920

Why should I stay in this unfeeling place
Where even women have no sympathy
Nor gravity of speech, nor beauty
Nor any gleam of pity
For the foolishness of love?

sábado, septiembre 04, 2021

Paolo Conte / Dos canciones



A las agarradas con una verde milonga

A las agarradas con una verde milonga
el músico se divierte y se extenúa.

Y me tendrás, verde milonga
que fue escrita para mí,
para mi sensibilidad,
para mis zapatos lustrados,
para mi tiempo,
para mi gusto,
para todo mi cansancio
y mi miserabilidad.

Me tendrás, verde milonga inquieta
que me arrancas una sonrisa de tregua
con cada acorde,
mientras condenas mis dedos al infierno.
Estoy aquí, 
he venido a tocar,
he venido a amar,
y a escondidas danzar.

Y admitido que la milonga es una canción,
yo la he despertado,
y la he guiado a un ritmo más lento,
así la milonga revelaba mucho más
de sí misma, mucho más de lo que parece.

Su origen en África,
su elegancia de cebra,
su ser de frontera,
una verde frontera.

Una verde frontera
entre tocar y amar,
verde espectáculo en vías de seguir,
de seguir siempre,
de seguir todavía,
hasta los lagos blancos del silencio,
hasta que Atahualpa o cualquier otro dios
no te diga descansa niño*,
continúo yo.

[1981]

* Castellano en el original (N. del T.)


Vení conmigo

Vía, vía, 
Andate de aquí
Nada te une a estos lugares ya
Ni siquiera estas flores azules
Vía vía
Ni este tiempo gris
Lleno de músicas
Y de hombres que te gustaron

It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
Good luck my baby
It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
I dream of you

Vía vía
Vení conmigo
Entrá en este amor oscuro
No te pierdas por nada del mundo
El espectáculo de variedades
De un enamorado tuyo

It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
Good luck my baby
It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
I dream of you

Vía vía 
Vení conmigo
Entrá en este amor oscuro
Lleno de hombres
Vía
Entrá y date un baño caliente
Hay una bata azul
Afuera llueve, es un mundo frío

[1981]

Paolo Conte (Asti, Italia, 1937), Paolo Conte. The Best Of, CGD East West,1996
Versiones de Jorge Aulicino



Alle prese con una verde milonga

Alle prese con una verde milonga
il musicista si diverte e si estenua…

E mi avrai, verde milonga
che sei stata scritta per me
per la mia sensibilità,
per le mie scarpe lucidate,
per il mio tempo,
per il mio gusto,
per tutta la mia stanchezza,
e la mia mia guittezza.

Mi avrai verde milonga inquieta
che mi strappi un sorriso di tregua
ad ogni accordo,
mentre, mentre fai dannare le mie dita…
Io sono qui,
sono venuto a suonare,
sono venuto ad amare,
e di nascosto a danzare…

E ammesso che la milonga fosse una canzone,
ebbene io, io l’ho svegliata
e l’ho guidata a un ritmo più lento,
così la milonga rivelava di sé
molto più, molto più di quanto apparisse…

La sua origine d’Africa,
la sua eleganza di zebra,
il suo essere di frontiera,
una verde frontiera.

Una verde frontiera
tra il suonare e l’amare,
verde spettacolo in corsa da inseguire,
da inseguire sempre,
da inseguire ancora,
fino ai laghi bianchi del silenzio,
fin che Athaualpa
o qualche altro Dio
non ti dica descansate niño,
che continuo io…

Via con me

Via via
Vieni via di qui
Niente più ti lega a questi luoghi
Neanche questi fiori azzurri
Via via
Neanche questo tempo grigio
Pieno di musiche
E di uomini che ti son piaciuti

It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
Good luck my baby
It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
I dream of you

Via via
Vieni via con me
Entri in questo amore buio
Non perderti per niente al mondo
Via via
Non perderti per niente al mondo
Lo spettacolo d'arte varia
Di uno innamorato di te

It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
Good luck my baby
It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
I dream of you

Via via
Vieni via con me
Entra in questo amore buio
Pieno di uomini
Via
Entra e fatti un bagno caldo
C'è un accappatoio azzurro
Fuori piove, è un mondo freddo

Ah, it's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
Good luck my baby
It's wonderful
It's wonderful
It's wonderful
I dream of you

viernes, septiembre 03, 2021

Mark Strand / Siete poemas (para Antonia)



1

En el borde
del cuerpo de la noche
diez lunas están saliendo

2

Una cicatriz recuerda la herida.
La herida recuerda el dolor.
Otra vez estás llorando.

3

Cuando caminamos bajo el sol
nuestras sombras son como barcazas silenciosas.

4

Mi cuerpo se acuesta
y oigo mi propia
voz acostándose cerca de mí.

5

La roca es placer
y se abre
y entramos en ella
como entramos en nosotros mismos
cada noche.

6

Cuando hablo con la ventana
digo todo
es todo.

7

Tengo una llave
así que abro la puerta y entro.
Está oscuro y entro.
Está más oscuro y entro.

Mark Strand (Summerside, Canadá, 1934-Nueva York, Estados Unidos, 2014), Collected Poems, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González



Foto: Mark Strand por Jack Mitchell, 2004 Poetry Foundation/Getty Images


SEVEN POEMS (For Antonia)

1

At the edge
of the body’s night
ten moons are rising.

2

A scar remembers the wound.
The wound remembers the pain.
Once more you are crying.

3

When we walk in the sun
our shadows are like barges of silence.

4

My body lies down
and I hear my own
voice lying next to me.

5

The rock is pleasure
and it opens
and we enter it
as we enter ourselves
each night.

6

When I talk to the window
I say everything
is everything

7

I have a key
so I open the door and walk in.
It is dark and I walk in.
It is darker and I walk in.

jueves, septiembre 02, 2021

Cesare Pavese / Indisciplina




El borracho deja atrás las casas perplejas.
No todos, bajo la luz del sol, se atreven
a caminar borrachos. Cruza tranquilo la calle,
y podría ensartarse los muros, que ahí están los muros.
Sólo un perro pasa de este modo, pero un perro se para
cada vez que huele a la perra, y la olfatea con cuidado.
El borracho no mira a nadie, ni siquiera a las mujeres.

Por la calle la gente, turbada al verlo, no ríe
y no quiere que haya un borracho, pero muchos tropiezan
por seguirlo con los ojos, y vuelven a mirar adelante,
imprecando. Después de que pasó el borracho,
toda la calle se mueve más lenta
en la luz del sol. Si alguno corre,
como antes, es uno que no será nunca el borracho.
Los otros miran, sin distinguir, el cielo y las casas
que continúan estando, aunque ninguno los vea.

El borracho no ve ni casas ni cielo,
pero sabe que están, porque con paso inseguro recorre un espacio
nítido como las estrías del cielo. La gente, confusa,
no comprende para qué están las casas allí,
y las mujeres no miran a los hombres. Todos
tienen una especie de miedo de que en un instante la voz
ronca estalle en una canción y los siga por el aire.

Cada casa tiene una puerta, pero es inútil entrar.
El borracho no canta, pero tiene un camino
donde el único obstáculo es el aire. Suerte
que de este lado no hay mar, porque el borracho,
caminando tranquilo, entraría en el mar
y, desaparecido, seguiría en el fondo el mismo camino.
Afuera, la luz sería la misma, siempre.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908-Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Foto: Cesare Pavese en una difundida foto de 1945 La Repubblica 29 de mayo de 2021

Indisciplina

L'ubriaco si lascia alle spalle le case stupite.
Mica tutti alla luce del sole si azzardano
a passare ubriachi. Traversa tranquilo la strada,
e potrebbe infilarsi nei muri, ché i muri ci stanno.
Solo un cane trascorre a quel modo, ma un cane si ferma
ogni volta che sente la cagna e la fiuta con cura.
L'ubriaco non guarda nessuno, nemmeno le donne.

Per la strada la gente, stravolta a guardarlo, non ride
e non vuole che sia l'ubriaco, ma i molti che inciampano
per seguirlo con gli occhi, riguardano innanzi
imprecando. Passati che c'è l'ubriaco,
tutta quanta la strada si muove più lenta
nella luce del sole. Qualcuno che corre
come prima, è qualcuno che non sarà mai l'ubriaco.
Gli altri fissano, senza distinguere, il cielo e le case
que continuano a esserci, se anche nessuno li vede.

L'ubriaco non vede né case né cielo,
ma li sa, perché a passo malfermo percorre uno spazio
netto como le striscie di cielo. La gente impacciata
non comprende più a cosa ci stiano le case, 
e le donne non guardano gli uomini. Tutti
hanno come paura a un tratto la voce
rauca scoppi a cantare e li segua nell'aria.

Ogni casa ha una porta, ma è inutile entrarci.
L'ubriaco non canta, ma tiene una strada
dove l'unico ostacolo è l'aria. Fortuna
che di là non c'è il mare, perché l'ubriaco
camminando tranquillo entrerebbe anche il mare
e, scomparso, terrebbe sul fondo lo stesso cammino.
Fuori, sempre, la luce sarebbe la stessa.

Poesie, Mondadori, 1969

Karina Macció / de "Esplendor"



De un fondo florido qué
de un fondo que
florido
estremece
de un fondo florido florear
la risa
filetearla cómo
desde el fondo quién ríe por qué
(sé que es tu risa)
(estás en el fondo)
(estás en el fondo fluido de todo)
un fondo florido de casa
como quien dice
pequeño cuadrado de césped
como quien dice jardín
o quizás balcón
jardín aéreo
como quien dice
fondo para respirar
verde
florido 
imagino: camelias, rosas, orquídeas,
imagino salvajes
fondo salvaje tu risa airada
te reís cómo quién por qué
sonora
te reís florida entre flores exaltadas
a paladas a lunares 
violetas, margaritas, jazmines
miles, millones de risas agitan
tu perfume
desde el fondo hasta mí
me toma
tu risa de flores cascabeles
tu risa de brisa que aletea
tu risa pura
alegría de esencias indecibles
ese fondo colorido
que está atravesando el pasillo
como quien dice
el otro lado
ese fondo de donde viene tu fragancia 
en cascada risueña
ese fondo
quiero 
tu fondo flor toco tu todo toco quiero toco
flor
tu fondo
invisible 
tangible 
lúcido
para mí.

Karina Macció (Buenos Aires, 1974)

Esplendor
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021










miércoles, septiembre 01, 2021

Austin Clarke/ La vaca perdida



Cuando los negros rebaños de la lluvia pastaban,
en la brecha del viento puro y frío
y las acuosas nieblas del avellano
la trajeron a mi mente,
pensé en la última miel junto al agua
que ninguna colmena puede encontrar. 

El brillo empapaba las ramas
cuando volvió a vagar
sacando astillas de pastos oscuros
donde la alondra había estado,
y su voz llegando suavemente sobre el prado
era neblina que se hacía lluvia.

Austin Clarke (Dublín, 1896-1974), Collected Poems, Carcanet Press, Manchester, 2008
Traducción de Jorge Fondebrider


Foto: RTÉ

The Lost Heifer 

When the black herds of the rain were grazing,
In the gap of the pure cold wind
And the watery hazes of the hazel
Brought her into my mind,
I thought of the last honey by the water
That no hive can find. 

Brightness was drenching through the branches
When she wandered again,
Turning sliver out of dark grasses
Where the skylark had lain,
And her voice coming softly over the meadow
Was the mist becoming rain.