lunes, septiembre 21, 2015

Bruno Di Benedetto / Tres poemas














Agujero negro

Esa boca que devora el centro de la galaxia
pero deja el borde azucarado para después
no es una boca: del agujero sólo se puede decir
lo que el agujero no es. No es boca ni dice,
o lo que dice es palabra negra, pura implosión.
Quién otro sino este dios cabeza de alfiler
puede doblar así el espacio, plegar sin crujido
todos su vapores y metales, volverlo pañuelo
paloma y conejo en su galera de una sola vía,
moridero o esencia del arte de la desaparición.


Teoría de cuerdas

En el sótano de la luz cantan las costureras locas la canción
de lo que existe y no se ve: cosen y cantan; y lo que se ve
es papel de molde prendido al mirar por un alfilerazo cruel:
las puntadas se sienten en el revés del ojo, y no hay espejo
que diga la verdad: el traje siempre te quedará grande.
Lo carnoso de la vigilia nos ensordece: llamamos música
esto que el sueño sopla por el hueco profundo de su hueso,
y silencio al llamado de las sirenas de la fábrica de lo que hay:
esas obreritas que retuercen el espacio en diez dimensiones
(como pañuelo de llorar) y de cada mal paso hacen un mundo.


Cámara de niebla 

Lo que no se ve deja un trazo en lo que no te deja ver; el tajo
en la niebla le arranca el parche negro al infinito: ojo de agua
donde borbotea la sed de saber un poco más, pista de vapor o
catarata: la ceguera cántase su mejor tango en esta jaula gris.
Cada dos por cuatro lo imposible te pega de canto; la poesía
manda cruel en el papel, arde la urgencia de ponerle palabras
a eso que no existe pero nos hace existir: una mano invisible
que escribe en el agua la historia del agua. El universo feroz
sopla su canción de nada y deja el tendal: la mirada se cuelga
de su cuerda de luz, broche de oro en el justo punto de rocío.

Nota: Una cámara de niebla es un entorno cerrado que contiene vapor de agua
superenfriado y supersaturado, utilizado para detectar partículas de radiación ionizante.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, Argentina,1955; vive en Puerto Madryn, Argentina), Cámara de niebla, Del Valle Bajo Editora, Viedma, 2015

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Foto: Facebook

domingo, septiembre 20, 2015

María Laura Decésare / Dos poemas













Empatía

Ella no entiende por qué
su alma llora por un hombre
al que ni siquiera conoce.
Busca esa mínima brisa
que ofrezca una inesperada
resurrección
ante la tumba sin nombre.


Sol de agosto

Quién puede decir
esto es bueno
y aquello no lo es
cuando un viento sur
de mirada clara
nos devuelve la fe.

María Laura Decésare (Rufino, Argentina, 1969), Somos lo que damos, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2015

sábado, septiembre 19, 2015

Kay Ryan / Esconderse y buscar












Es duro no
aparecer de repente
en vez de
esperar a que te
encuentren. Es
duro estar
solo durante mucho tiempo
y de pronto oír
que alguien llega. Es
como cultivar
una especie de piel
en el aire
que, más que
hacer que se desgarre,
desgarras.

Kay Ryan (San Jose, California, 1945), The Niagara River, Grove Press, Nueva York, 2005
Versión de Jonio González


HIDE AND SEEK

It’s hard not
to jump out
instead of
waiting to be
found. It’s
hard to be
alone so long
and then hear
someone come
around. It’s
like some form
of skin’s developed
in the air
that, rather
than have torn,
you tear.
---
Foto: KQED

viernes, septiembre 18, 2015

Deryn Rees-Jones / Sé exactamente la clase de mujer de la cual me gustaría enamorarme













Si yo fuese un hombre.

Y ella no fuese yo, sino
Mayor y más seria y más triste.
Y sus ojos fuesen más amables;
Y sus pechos fuesen más generosos;
Los sutiles movimientos
De sus faldas color ciruela
Serían lo que rebosa de un verano de infancia.

Hablaría seis lenguas, ninguna de ellas la mía.

¿Y yo?  Yo no sería una amante exigente.
Mis dedos largos, con su permiso,
Desenredarían su cabello trenzado.
Y de vez en cuando, le pediría que baile para mí,
A medio vestir sobre las escaleras tocadas por la luna.

Deryn Rees-Jones (Liverpool, Inglaterra, 1968), Poesía galesa contemporánea, traducción y prólogo de Jorge Fondebrider, Pedro Serrano y Verónica Zondek; con Luciana Cordo Russo y Rhiannon Gwyn. Editará Trilce, México DF
Traducción de Verónica Zondek

Nota del Administrador: Deryn Rees-Jones pasó gran parte de su infancia en la casa familiar de Eglwys-bach en el norte Gales y se considera a sí misma como una escritora galesa.


I KNOW EXACTLY THE SORT OF WOMAN I’D LIKE TO FALL IN LOVE WITH  

If I were a man.

And she would not be me, but
Older and graver and sadder.
And her eyes would be kinder;
And her breasts would be fuller;
The subtle movements 
Of her plum-coloured skirts
Would be the spillings of a childhood summer.

She would speak six languages, none of them my own.

And I? I would not be a demanding lover.
My long fingers, with her permission,
Would unravel her plaited hair.
And I’d ask her to dance for me, occasionally,
Half-dressed on the moon-pitted stairs.

jueves, septiembre 17, 2015

Kay Ryan / La mujer que escribía demasiado













He escrito
sobre las puertas
de varias
casas y tiendas
donde había
amigos y mercancías.

Ahora ya no puedo
dar con ellas
y debo hacer
llamamientos generales
en la calle.

Para mí es
un milagro
cuando un fragmento
de la estructura se abre

y un ser querido
sale
con algo
para que yo coma.

Kay Ryan (San Jose, California, Estados Unidos, 1945), The Best of It: New and Selected Poems, Grove Press, Nueva York, 2010
Versión de Jonio González


THE WOMAN WHO WROTE TOO MUCH

I have written
over the doors
of the various
houses and stores
where friends
and supplies were.

Now I can’t
locate them anymore
and must shout
general appeals
in the street.

It is a miracle
to me now—
when a piece
of the structure unseals

and there is a dear one,
coming out,
with something
for me to eat. 
---

miércoles, septiembre 16, 2015

Mori Ponsowy / No se repite la luna










No se repite dos veces la luna, ni el río.
Dos veces no se repite tu mirada,
ni los panes se repiten aunque exclames
mil conjuros, levantes altares,
pongas piedra sobre piedra,
afines la garganta
o arranques de raíz tu último muerto.
Podrás ir de rodillas
por guijarros,
bajo el sol o sobre arena
desde el lugar donde primero viste el día
hasta el preciso punto
del primer y único milagro.
Pero no verás dos veces el mismo amanecer.
Nada vuelve. Tampoco tú eres la misma.
Sólo tu canto se repite,
hablando para siempre en mis oídos,
recordándote dos veces
que ese lugar adonde una sola vez te fuiste
es uno del que ni una sola
volverás.

Mori Ponsowy (Buenos Aires, 1967), Cúanto tiempo un día, Editorial Brujas, Córdoba, Argentina, 2015



martes, septiembre 15, 2015

Giovanni Giudici / De "Il ristorante dei morti", 4















Persona femenina

V  Blanco y gris

Mi mínima insania de pajitas en el cerebro,
Brillantes lámparas en los ojos, todo esto pasará,
El mal en la cabeza del lado de una oreja
Ciega a estos estúpidos sonidos:
En fin, el amontonamiento bajo el cual
Tan débil quedo sepultada
Cuando intento poner sobre la mesa los papeles
De tu vida y la mía,
Cuando, como la mayor parte de las veces, estoy sola
Y tú viajas lejos por tus paises de la nada.

No puedo ser ni llegar
Y la nada es todo si estás allí:
Cuánto te hago peregrinar,
Cuánto hago que te aventures - yo
Que por retenerte no puedo más que encerrarte
En los confines mismos de mi cuerpo,
Y más allá no hay espacio, no hay color.
Pero basta con este caos de cuento de hadas,
Quería decirte -un poco de orden, finalmente-
También para nosotros el blanco y el gris de la vida.

Giovanni Giudici (Le Grazie, Liguria, Italia, 1924-La Spezia, Liguria, Italia, 2011), Il ristorante dei morti, Mondadori, Milán, 1981
Versión de Jorge Aulicino



Persona femminile

V  Bianco e grigio

La mia minima insania di pagliuzze nel cervello,
Lucenti lumini agli occhi, tutto questo finirà,
Il male dentro la testa dalla parte di un orecchio
Cieco a questi stupidi rumori:
Insomma l'affastellarsi sotto il quale
Così fiocamente sono seppellita
Quando provo a disporre sul tavolo le carte
Della tua e mia vita,
Quando come nel più del tempo sono sola
E tu viaggi lontano nei tuoi paesi del nulla.

Non posso esserci né arrivarci
E il nulla è tutto se tu ci sei:
Quanto ti faccio peregrinare,
Quanto ti faccio avventurare -io
Che per tenerti non posso che chiuderti
Nei confini stessi del mio corpo
E più in là non c´è spazio non c'è colore,
Ma basta con questa confusione di favola,
Volevo dirti - un po' di ordine finalmente
Anche per noi bianco e grigio del vivere.

lunes, septiembre 14, 2015

Cecilia Figueredo / Entre líneas









Capas,
debajo de otras capas
de papel biblia.
Ruido de papeles que se rozan.
Capas infinitas,
superpuestas.
Hay una trama de finas líneas
imperfectas, horizontales
que hacen sombra unas sobre otras.
Podemos mover los sedimentos
develar
buscar más abajo
adonde se concentra el color.
Dejar que cada hoja
se vea a trasluz
y que suene
con el movimiento natural
del viento que recibe.

(inédito)

Cecilia Figueredo (Concordia, Argentina, 1976)
Foto: Cecilia Figueredo en FB




domingo, septiembre 13, 2015

Antonio Esteban Agüero / Digo la Minga


















El trabajo en la Minga se vuelve como fiesta,
como reunión de gentes unidas por la danza;
no la paga moneda de níquel ni banquero,
sino perfume y gloria de dulce Democracia.

Allí todos son hombres como en los viejos días
de la tribu primera cuando todo era santo:
la luz, el aire, el fuego, las cercanas estrellas,
el rumor de los ríos, el verdor de los pastos.

Hombres no más vistiendo los puros atributos:
el corazón, las manos, la mente pensadora,
y el sexo con las claras abejas susurrantes
donde la sangre inicia su color de amapolas.

Hombres no más, el Hombre que se siente el hermano
del Hombre, de las cosas de la tierra y el cielo,
de pie como los árboles que dan nidos y sombra,
con la morena frente desnuda de alfabetos.

Reunidos en la Minga cosechan los trigales
siegan con hoz la avena, la cebada, la alfalfa,
y entre los secos tallos, crujientes y amarillos,
del maizal enumeran las mazorcas granadas.

Si la pareja joven que nada nombra suyo,
salvo el amor en doble susurro compartido,
quiere enlazar sus cuerpos la Minga le construye
el rancho donde pueda madurar su destino.

Desde el adobe oscuro que es greda luminosa
hasta la puerta firme de fragante algarrobo,
desde el fogón al techo de pajas todavía
calientes por los nidos de perdiz o chingolo.

Si yo tengo en el Hombre la fe que tienen otros
en ídolos de barro, de marfil o de piedra,
será porque lo he visto conviviendo en la Minga,
nimbado por extraña, misteriosa belleza.

Yo era niño, recuerdo, con los jóvenes ojos
hambrientos de colores; yo era niño, recuerdo,
cuando asistí en los valles donde es dulce la roca
a la Minga y su fiesta de trabajo y esfuerzo.

Uno a uno con el alba llegaban los vecinos
en caballos los hombres, las mujeres en asnos
con los niños en ancas; por las lomas se oían
las voces y la brisa que precede a los pájaros.

Lento desfile de hombre subiendo con el día
al sitio donde estaba la urgencia de su ayuda;
consigo transportaban su pan o su merienda
o el vino que transmite la emoción de las uvas.

Nadie era el amo allí; todos eran obreros
con la luz en el pecho del hombre solidario;
nadie mordía el agrio rencor ni la amargura
del que siente en el cuello dogal de proletario.

De vez en vez el mate su círculo cerraba
y la caña brindaba su beso estimulante,
mientras la Obra iba creciendo entre las manos
como crecen las frutas de cáscara brillante.

Cuando la luz hería las venas del Poniente
y en el oscuro pasto los grillos despertaban,
bajo la noche nueva del tala o la morera
guitarras esparcieron el polen de la Zamba...

Antonio Esteban Agüero (Piedra Blanca, Argentina, 1917-San Luis, Argentina, 1970) "Un hombre dice su pequeño país", Obras completas, Tomo II, Editorial Universitaria San Luis, 1996

En Bajo la Rosa China 

sábado, septiembre 12, 2015

Llyr Gwyn Lewis / "La playa de Trouville" de Monet









Me pregunto si debo hacer como Monet,
¿hacerme de los átomos del lugar donde estoy, aquí,
y restregarlos, de la calle, al lienzo de las palabras?
Tanto tiempo intenté mantener la pintura
alejada de la brisa salada y de espaldas al viento.

Él nos hizo ver la importancia de aventurarnos al exterior
y dejar que las sombras se arrastrasen
hasta esconder la mitad del rostro de su mujer
bajo su parasol. Solo así
podía aplicar el pincel finamente
a lo largo del lienzo en grumos blancos;
dedicarse totalmente a la playa que estaba en decadencia
y mezclarla en fragmentos con su pintura.

Yo, por mi parte, luché muy duro por mantener
este lugar alejado de lo que tengo que decirle,
la imagen que le pinto, mezclando
cierta insistencia obstinada a las palabras débiles
que dicen que yo no soy de aquí,

y sólo hallar una silla vacía.
Entonces, lentamente, guardo el lienzo y la pintura
antes de sentarme allí a sentir el sol en mi cabeza
y descubrirme preguntándome no quién soy, sino dónde.

Llyr Gwyn Lewis (Caernarfon, Gales, Reino Unido, 1987), Poesía galesa contemporánea, traducción y prólogo de Jorge Fondebrider, Pedro Serrano y Verónica Zondek; con Luciana Cordo Russo y Rhiannon Gwyn. Editará Trilce, México DF
Traducción directa del galés de Luciana Cordo Russo

Foto: Llyr Gwyn Lewis en FB


Y Traeth yn Trouville gan Monet

Tybed a ddylwn i wneud fel Monet,
pigo’r gronynnau o’r lle rydw i, fan hyn,
a’u rhwbio, o’r pafin, i gynfas y geiriau?
Mor hir y bûm yn ceisio cadw’r paent
i ffwrdd o’r awel hallt, a ‘nghefn at y gwynt.

Fe wnaeth o bwynt o fentro allan,
a gadael i’r cosgodion gropian
nes cuddio hanner wyneb ei wraig
dan ei pharasol. Dim ond fel hyn
y gallai o daenu’r brwsh yn braf
ar hyd y cynfas yn dalpiau gwyn;
ymroi yn llwyr i draeth oedd ar drai 
a’i gymysgu’n siwrwd efo’i baent.

Finnau wedi brwydro mor galed i gadw’r
lle ‘ma i ffwrdd o’r hyn sydd gen i i’w ddweud,
y llun rydw i’n ei beintio, gan gymysgu
rhyw daerineb styfnig i’r geiriau gwan
nad ydw i’n perthyn yma,

a chanfod dim oll ond cadair wag.
Yn araf, felly, pacio’r paent a’r cynfas
cyn eistedd yno i deimlo’r haul ar fy ngwar
a’m cael fy hun yn holi, nid pwy ydw i, ond ble.

viernes, septiembre 11, 2015

Vesna Parun / El olivar















No sé si fue la voz de los pájaros
o el canto del viento del este
lo que me condujo una tarde hacia el olivar,
donde aún dormía, sereno, en el verdor
de las copas dispersas, el reflejo del día.

Bajé entonces a la bahía amarga
de hierbas solitarias y lo vi a la orilla
del mar brillante, en la playa
de guijarros y luz de luna, su figura serena,
envuelta en el chapoteo y los murmullos de las olas.

¡Oh, si nunca hubiese oído el bramido!
Si me hubiese quedado junto a la cerca,
bajo la higuera silvestre,
y no hubiera bajado al lóbrego bosque,
a la playa de plata
y a los peñascos azules de luna.

Tú habrías permanecido sentado en la piedra,
esquivo y desconocido, en la orilla arenosa,
y la triste queja de las olas
habría mecido en tu pensamiento sombrío
las ramas oscuras y tempestuosas.

Y quizá caminarías infeliz
por el monte otoñal, transformado en pájaro
aventurero y en estrella desnuda
que brilla con ascuas inquietas
sobre un mar abierto e impetuoso.

Y yo me habría dormido pronto,
despreocupada,
bajo la higuera silvestre, y no habría estado triste
por no saber por dónde se fue el joven
que contemplaba el mar, solo y lejano
en el brillo de las olas, en el silencio del verano.

Vesna Parun (Zlarin, Croacia, 1922- Stubičke Toplice, Croacia, 2012), Crna maslina, Nakladnik, Zagreb, 1955
Traducción de Sarit Voganovic
Envío de Jonio González

jueves, septiembre 10, 2015

Roberta Hill / El poder domador de los cambios pequeños
















Cada semilla comienza preguntando
Como si abriera puertas en la tierra.
Es bueno perder el paso en equilibrio
Un pequeño cambio de hábito
Repentinamente sin pensarlo tanto despierta
Ritmos antiguos desde el más allá
Y es como copos de nieve
Cayendo
Invocando los vientos de la tormenta
A unirse a ellos
Es como fragmentos de rocas
Cambiando el peso de los ríos
Para crear más corriente
El poder curativo vive en remolinos.
Es bueno sentirse fuera de rutina
Con lo mismo
Lo mismo
Lo mismo
Con un cambio pequeño
Puedes sentir nueva luz solar
Latiendo a través de ti
Y todo lo que amas.

Roberta Hill  (reserva Oneida, Wisconsin, Estados Unidos, 1947), "Lenguas originarias", por Kalu Tatyisavi, Periódico de Poesía N° 82, Universidad Autónoma de México (UNAM), septiembre de 2015

Foto: Christopher Felver, 2008 Universidad de Nuevo México

miércoles, septiembre 09, 2015

William Carlos Williams / Paterson, 24

Libro Dos
Domingo en el Parque
II (cont. y final)

 




En otras palabras, los bancos de la Reserva Federal constituyen un Sistema Nacional Legal de Usura, cuyo cliente número 1 el nuestro gobierno, el país más rico del mundo. Cada uno de nosotros paga tributo a los estafadores por cada dólar que ganamos trabajando duro.
.    .    .    .    En todas nuestras grandes emisiones de bonos el interés es siempre mayor al principio. Por ese motivo, todas nuestras grandes obras públicas cuestan más del doble del costo real. Bajo el sistema de negocios actual  SIMPLEMENTE AÑADIMOS ENTRE 120 Y 150 por ciento al costo establecido.
    La gente tiene que pagar de todos modos; ¿por qué se los obliga a pagar dos veces? TODA LA DEUDA NACIONAL ESTÁ BASADA EN CARGOS DE INTERESES. Si la gente pensara alguna vez en préstamos y pagarés al mismo tiempo, el juego se acabaría.

Si hay sutileza,
eres sutil. Te pido indulgencia:
ninguna oración debería provocarte otra cosa
que lágrimas. Tenía un amigo    .    .    .    .
en fin. Recuerdo que cuando era niño
dejé de rezar y temblaba de miedo
hasta quedarme dormido-tu sueño me calmó-

También tú, estoy seguro, has leído
La Rama Dorada de Frazer. Te hace
justicia- una oración como esa puede ser hecha
por un amante que
valora cada rasgo del encanto de su
novia, y terror-
terror para él, como el que siente
un hombre casado por su novia-

Tú eres la novia eterna y
padre- quid pro quo,
un simple milagro que conoce
los brazos del mar, para el que el roble
es coral, el coral es roble.
Los Himalayas y las praderas
de tus rasgos asombran y deleitan-

¿Por qué debería moverme de este lugar
donde nací?, sabiendo
cuan inútil sería la búsqueda
para ti en la multiplicidad
de tu debacle. El mundo se extiende
para mí como una flor que se abre-y
se cerrará para mí como lo haría una rosa-

marchitarse y caer al suelo
y corromperse y convertirse
en flor otra vez. Pero tú nunca
te marchitas-floreces
a mi alrededor. Así me olvido
de mí para siempre-en tu
composición y descomposición
encuentro mi    .    .    .    .
¡desesperación!

.    .    .    .    .    .    .    .    .    .    .    .    .    .


Cualesquiera hayan sido tus razones para esa nota tuya y para tu indiferente evasiva a mis cartas justo antes de esa nota-la única cosa que deseo más que ninguna otra es poder verte. Está unido a mucho más de lo que he dicho aquí. Y más importante aún, es el ÚNICO impulso que tengo que atraviesa la película, la corteza que se ha formado allí tan fatalmente entre mi verdadero ser y aquel que solo puede hacer gestos mecánicos de estar vivo. Pero incluso si tú accedieras, no querría verte a menos que hubiera un poco de cordialidad y amistad de tu parte.   .   .   Ni tampoco querría verte en tu oficina bajo ninguna circunstancia. No es eso lo que quiero decir (porque no tengo un motivo específico para verte por ahora como el que tuve cuando te llamé la primera vez como un completo desconocido, no como el que pude haber tenido justo antes de tu última nota cuando deseaba tanto que revisaras conmigo algunos de mis poemas más fallidos), he estado sintiendo (con ese sentimiento en aumento) que nunca más podré recobrar algo del sentido de mi propia identidad (sin el que no puedo escribir, por supuesto-pero que en sí mismo es más importante que la escritura) hasta que pueda recobrar algo de fe en la veracidad de mis propios pensamientos e ideas y problemas que se han convertido en arena seca por tu actitud con respecto a esas cartas y más tarde por tu nota. Es por eso que no puedo desechar mi deseo de verte-no de manera impersonal, sino en la manera más personal, ya que nunca podría haberte escrito de un modo completamente impersonal.



William Carlos Williams (Rutherford, Estados Unidos, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión © Silvia Camerotto



Book Two
Sunday in the Park II


  In other words, the Federal Reserve Banks constitute a Legalized National Usury System, whose Customer N° 1 is our Government, the richest country in the world. Every one of us is paying tribute to the money racketeers on every dollar we earn through hard work.
//.     .     .     .   In all our great bond issues the interest is always greater than the principle. All of the great public works cost more than twice the actual cost, on that account. Under the present system of doing business we SIMPLY ADD 120 TO 15O per cent to the stated cost.
   The people must pay anyway, why should they be compelled to pay twice? THE WHOLE NATIONAL DEBT IS MADE UP ON INTEREST CHARGES. If the people ever get to thinking of bonds and bills at the same time, the game is up. //If there is subtlety, /you are subtle. I beg your indulgence: /no prayer should cause you anything /but tears. I had a friend   .   .   .   . /let I pass. I remember when as a child /I stopped praying and shook with fear /until sleep –your sleep calmed me– //You also, I am sure, have read /Frazer’s Golden Bough. It does you /justice–a prayer such as might be made /by a lover who /appraises every feature of his bride’s /comeliness, and terror– /terror to him such as one, a man /married, feels toward his bride– //You are the eternal bride and /father–quid pro quo, /a simple miracle that knows /the branching sea, to which the oak /is coral, the coral oak. /The Himalayas and prairies /of your features amaze and delight– //Why should I move from this place /where I was born? knowing /how futile would be the search /for you in the multiplicity /of your debacle. The world spreads /for me like a flower opening–and /will close for me as might a rose– //wither and fall to the ground /and rot and be drawn up /into a flower again. But you /never wither–but blossom /all about me. In that I forget /myself perpetually–in your /composition and decomposition /I find my   .    . /despair! //.    .    .    .    .    .    .    .    .    .    . //Whatever your reasons were for that note of yours and for your indifferent evasion of my letters just previous to that note–the one thing that I still wish more than any other is that I could see you. It’s tied up with even more than I’ve said here. And more importantly, I t is the one impulse I have that breaks through that film, that crust, which has gathered there is so fatally between my true self and that which can make only mechanical gestures  of living. But even if you should grant it, I wouldn’t want to see you unless with some little warmth of friendliness and friendship on your part .   .   . Nor should I want to see you at your office under any circumstances. That is not what I mean (because I have no specific matter to see you about now as I had when I first called upon you as a complete stranger, nor as I could have had, just before your last note when I wanted so badly to have you go over some of my most faulty poems with me), I have been feeling (with that feeling increasingly stronger) that I shall never again be able to recapture any, sense of my own personal identity (without which I cannot write, of course–but in itself far more important than the writing) until I can recapture some faith in the reality of my own thoughts and ideas toward those letters and by that note of yours later. That is why I cannot throw off my desire to see you–not impersonally, but in the most personal ways, since I could never have written you at all in a completely impersonal fashion.

martes, septiembre 08, 2015

Jorge Fondebrider / Pensionista













Me muestra la sala, el baño, la cocina,
también mi dormitorio, donde dejó unas toallas bien dobladas,
la cama ya tendida,
y con orgullo señala la pecera donde nada
detrás de algunas piedras
su único habitante.
Todo el amor, toda la fe que hay en la casa
se concentra en ese pececito que vive entre burbujas.
pendiente del reflejo de la luz
de la vela
que brilla indiferente al lado de su acuario.
Para ella y para mí,
y acaso para todos,
la vida pende de un reflejo.

[inédito]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)

lunes, septiembre 07, 2015

Irene Gruss / Efectos especiales
















Alguien ya lo debe haber anotado:
grúa por encima de ciudades futuras, Blade Runner
sobre Blade Runner, pósters del Japón, ruinas
y el disfraz: colorete y bombín, caduco,
fuego más humo de contraste para dar textura: aguas viejas, plurales,
el individuo en relación con...
Muertos apilados ya no, desintegrados.
El horror, Conrad, ya no, literatura pasada por goteo endovenoso
se desliza el dedo por la pantalla como un efecto, especial,
peces de colores y abedules en gris ya no: la tierra
para el que la trabaja ya no; la explotación del hombre por
ya no: corporaciones vs volverán las golondrinas ya no,
es Brad Pitt que envejece como un simple botón; nombres particulares, polvo
al polvo, nada a durar, replicantes del mundo, uníos;
escribir en la piedra en la pantalla con un dedo grande
en el aire "¡viban los compañeros!", era un efecto especial, se corría
el sentido de la palabra lavidapor, nuncamás, decían los bienaventurados, perritos de ceniza,
las alas del deseo, la quimera, la función,
y ahora baja la grúa,
y un paneo lejos, lejos, puntos como estrellas ya idas, burbujas stardust,
Rosebud.

Nota: se usan y/o parafrasean citas pertenecientes a César Vallejo, Francisco Madariaga, Philip Dick, Peter Handke.

(inédito)

Irene Gruss (Buenos aires, 1950), en Casta Diva  27.5.2014
---
Foto: Irene Gruss en FB

domingo, septiembre 06, 2015

Alberto Cisnero / Todo ya fue escrito hace mucho tiempo













todo ya fue escrito hace mucho tiempo. los insectos
estivales chocaban contra la lámpara. ahora lo único
que te resta es exponer material de desecho, reiterar
la sencilla crónica de su pasado, los atributos externos
con los números pegados en ellos para los salones
de subasta. y que sea incompleto o repelente
en la vetustez de su tema. estuviste ausente
y encontrás de pronto las puertas cerradas
y las ventanas a oscuras. y tras el frescor de ese primer
cortejo, devuelto a su sentido prístino el impulso
de ponerle un fin iracundo, resolvés escribir otro
poema (cedido, propio, hurtado), no importa
sobre qué. extendés la mano y te decís adiós
con escénica rapidez, sorprendido sin una opinión
sobre los detalles faltantes, sin ocultarte,
permaneciendo en un rincón.

Alberto Cisnero (La Matanza, Buenos Aires, Argentina, 1975), Forma parte de mi guerra, inédito
---
Ilustración: Alberto Cisnero por Merli Cisnero en FB

sábado, septiembre 05, 2015

Alda Merini / Niño
















Niño, si encuentras el barrilete de tu fantasía,
átalo con la inteligencia del corazón.
Verás aparecer jardines encantados
y tu madre se volverá una planta
que te cubrirá con sus hojas,
Haz de tus manos dos blancas palomas
que lleven la paz a todas partes
y el orden de las cosas.
Pero antes de aprender a escribir,
mírate en el agua del sentimiento.

Alda Merini (Milán, Italia, 1931 – 2009) en la web Alda Merini
Versión de Jorge Aulicino

Foto: Libri Antichi

Bambino 

Bambino, se trovi l'aquilone della tua fantasia 
legalo con l'intelligenza del cuore. 
Vedrai sorgere giardini incantati 
e tua madre diventerà una pianta 
che ti coprirà con le sue foglie. 
Fa delle tue mani due bianche colombe 
che portino la pace ovunque 
e l'ordine delle cose. 
Ma prima di imparare a scrivere 
guardati nell'acqua del sentimento.

viernes, septiembre 04, 2015

Aldo Pellegrini / Mármoles




















Nadie podrá olvidar
la voz velada del arqueólogo en cuclillas
buscando entre antiguas ruinas
las huellas de la angustia de los siglos
hundidas en la arena
sólo prosperan las prostitutas petrificadas
que conservan a través de los siglos
un inagotable deseo de amor
la voz velada y lejana busca lo viviente en lo muerto
a la sombra de la voz
la más deliciosa de las doncellas se desnuda de sus
heridas
piadosamente
cae una noche rota
piadosamente
sopla sobre los antiguos mármoles
el gran viento de los acoplamientos
en cada instante nacen y mueren de un modo infinito
seres invisibles que fecundan al tiempo
la voz lejana llama
al misterio derramado entre los monumentos
arqueológicos
una tempestad de mordiscos
hace sangrar los mármoles
sangre coagulada del tiempo inalcanzable
sangre inalcanzable del vacío.

Aldo Pellegrini (Rosario, Argentina, 1903-Buenos Aires, 1973), Siete surrealistas argentinos, Javier Cófreces, Leviatán, Buenos Aires, 1998
Envío de Jonio González
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Ilustración: Hermenegildo Sábat Mágicas Ruinas

miércoles, septiembre 02, 2015

Anahí Flores / Restos











Cierra la bolsa con un nudo fuerte y la carga
hasta el cuartito de la basura.
Pasa el día, pasa el encargado y se lleva
todas las bolsas,
las amontona en la esquina.
Pero el camión de la basura
no pasa esa noche
y los perros sí.
Las fotos que ella no quería ver
quedan esparcidas por la vereda.
Cuando a la mañana
sale, aún medio dormida,
las encuentra sobre las baldosas
como residuos de un sueño de otra época.

Anahí Flores (Buenos Aires, 1977), Catalinas Sur, Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2012

Alberto Cousté / Una máscara










No es más descansado ni más pobre ni más desesperado
No está más solo la melancolía no lo hostiga
no hay entre él y el mundo zanjas terraplenes
batallas hubo pero no hay abismos
No está más triste que ninguno

Qué tiene entonces este hombre
qué le ha pasado a su bondad a su tristeza
qué aventuras adversas qué propósitos hubo
(si existieron)
de dónde lo han sacado

A causa de qué mal por qué dolencia
en nombre de qué nombres este hombre se aplica
hunde los ojos entre letras hunde los dedos entre teclas
se aplica
quiere aplicarse quiere forzar una sospecha

No está más solo
no
no está más triste

Da varias vueltas por la casa se mira en el espejo
descubre gestos que perdió
se imita se traiciona quisiera estar más solo
quisiera estar más lejos quisiera ser lo que no ha sido
A veces cruza cambia corrobora palabras
se solicita de sí mismo una intuición exasperante
no abandona sus trampas ejerce sus manías
quisiera una costumbre que no tiene de la serenidad

De dónde lo han sacado quién lo ha visto
una vida interior o una esperanza tenía que ha perdido
se le nota en la cara en la mala intención se le conoce

De qué se acusa en qué se diferencia
con qué tejido interminable se ha formado su vida
cuánta paciencia inútil forma ese cuerpo largo
esa sombra que arrastra esa conciencia ese caballo que galopa

A qué palabras (quiere saber a qué palabras)
habrá de parecerse el rostro auténtico de su larga memoria
a qué palabra suena por ejemplo su ausencia o su presencia
a qué palabra aludirá si es que a algo alude la hora de su muerte

Ni viene ni va no se está quieto

Si fuese un héroe se ahorraría las fotos de sí mismo
si fuese alguno que no es no tramaría venganzas con su cuerpo

Si otra oportunidad si otro momento si otras cartas tuviera
no se pregunta el juego no puede imaginarlo

Se mira como es es como todos

No se parece a nadie

Alberto Cousté (Buenos Aires, 1940-Barcelona, España, 2010), Transatlánticos. Poetas argentinos en Barcelona, Consulado de la República Argentina, Barcelona, 2011
Envío de Jonio González

martes, septiembre 01, 2015

David Greenslade / Un lobo sigue a un hombre






















Un lobo sigue a un hombre hasta el refugio
de la iglesia de St. Mary en Beenham, Berkshire.

El hombre reza y se imagina armas,
también nervioso el lobo hurga en la iglesia.

El hombre no puede trascender al lobo,
El lobo no se interesa por el hombre.

El hombre sólo puede pensar en el lobo,
sólo en el lobo, el lobo, el lobo.

¿Cómo es que terminamos juntos en la iglesia?
¿Juntos en la cama? ¿Juntos en la vida? El hombre
reza más fuerte e imagina aún más armas.

El lobo, cuando llegue hasta el hombre
va a hundir su actual terror y desconcierto
en una vida entera de aciaga resignación.

[Versión de Pedro Serrano]

David Greenslade (Cefn Cribbwr, Gales, Reino Unido, 1952), Poesía galesa contemporánea, traducción y prólogo de Jorge Fondebrider, Pedro Serrano y Verónica Zondek; con Luciana Cordo Russo y Rhiannon Gwyn


A Wolf follows a Man

A wolf follows a man into the refuge
of St Mary’s church, Beenham, Berkshire.

Imagining weapons the man prays,
also nervous, the wolf explores the church.

The man cannot transcend the wolf,
the wolf is not interested in the man.

The man can only think of the wolf,
only of the wolf, the wolf, the wolf.

How did we end up in church together?
In bed together? In life together? The man
prays harder, imagining more weapons.

The wolf, when he comes upon the man,
will pit his current terror and bewilderment
against the man’s rueful, lifelong resignation.

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Act. junio 2020