lunes, septiembre 23, 2013

Eduardo Casar / Martillo y clavo

Suena en el cuerpo de mi casa el golpe
de un martillo pegando contra un clavo.
De un martillo y un clavo que se encuentran
pero no están luchando: qué sería
del clavo sin el muy obsesivo círculo del martillo:
nacieron para ser complementarios.

Sus cabezas coinciden, pero ¿qué andan
tocándose en el cuerpo de mi casa?

¿Qué tienen que andar punteando ritmos
sobre el ritmo del arpa que estaba ya escuchando,
tan tranquilo mi paso, tan abiertas las nubes
a mis explicaciones?

¿Por qué no suenan solo
allá donde suceden
los golpes del martillo?

Y yo ¿de dónde saco que se trata
de un martillo y un clavo?
¿A honras de qué desdoblo
ese punto sonido, esa célula madre,
en dos partes que chocan sus metales?

¿De cuándo a acá se me ocurre que hay causas
tan seguras
o la seguridad de que ese punto
que se repite es el efecto de algo?

Uno puede volverse loco en esta cruz.


de Parva Natura [2006]

Eduardo Casar (Ciudad de México, 1952), 359 Delicados (con filtro). Antología de la poesía actual de México, selección de Pedro Serrano y Carlos López Beltrán, Lom, Santiago de Chile, 2012

domingo, septiembre 22, 2013

Héctor Carreto / El poeta regañado por la musa



"Ante sus cabellos, el viento
fue incapaz de enredarse.
Intactos, sus labios permanecen.
Solo la luz -camafeo- fijó el recuerdo",
Fueron los versos que escribí pensando en Ella.

Después de leerlos, la Musa marcó mi número:
"¿Por qué me describes con palabras de epitafio?
Según mi espejo de mano, no estoy muerta ni soy estatua.
Tampoco quieras que me asemeje a tu madre.
¿Estás enfermo, o qué sinrazones
te obligaron a cambiar de poética?
¿Acaso aseguras un túmulo en la Rotonda de los Ilustres,
en el Colegio Nacional, o paladeas dieta vitalicia?

Escúchame: no escribas más como geómetra abstraído,
en un lenguaje de cristales que entrechocan,
capaz de pintar una batalla como ramo de madreselvas.

Confía en el instinto: que tus labios refieran con orgullo mi talento en el
baile, mi afición por el vino.
Presume al lector de mis piernas en loca bicicleta,
de los encuentros sudorosos, cuyos frutos son tus epigramas.
Tampoco ocultes que tenemos diferencias.

Entre la musa que riñe contigo y la que duerme en un lienzo,
no dudes: confía en el instinto".

de Antología desordenada [1996]

Héctor Carreto (Ciudad de México, 1953), 359 Delicados (con filtro). Antología de la poesía actual de México, selección de Pedro Serrano y Carlos López Beltrán, Lom, Santiago de Chile, 2012

sábado, septiembre 21, 2013

Marcos Siscar / En la ciudad de los reyes









En la ciudad de los reyes

condenado a huir de la inocencia
en días blancos de verano la penumbra
sin rostro sentada a su mesa
del día sólo se guarda la falta de un deseo
la memoria achatada como un pájaro
muerto el interminable cuerpo caído
cuerpo subiendo sin gloria por las escaleras
del fondo a su sublime alquilado
mezcla de invierno y lodo sucio

Marcos Siscar (Borborema, São Paulo, 1964), no se dice, traducción de Aníbal Cristobo, prólogo de María Rosa Maldonado, Ediciones Tsé-Tsé, Buenos Aires, 2003


NA CIDADE DOS REIS

condenado a fugir da inocência
em dias brancos de verão a penumbra
sem rosto sentada à sua mesa
do dia só se guarda a falta de desejo
a memória achatada como un pássaro
morto o interminável corpo caído
corpo subindo sem gloria pelas escadas
dos fundos a seu sublime de aluguel
mistura de inverno e lama suja

viernes, septiembre 20, 2013

Bruno Di Benedetto / Perro anda-luz

Un navajazo de la oscuridad lo vuelve perro anda-luz: el ojo no sabe bajar las escaleras de su propio edificio. Ládrale al abismo, pero ni oler puede la escala de cromo que llévanos a morder el hueso de la certidumbre: el ojo, cachorro, no suelta la teta que lo envenena, se atraganta de la materia que lo niega, pide más, ladra a contraluz, hace fiestas a la nada, aúlla de hambre el inútil: la nada es perra vieja que no da de mamar. El ojo fuerza su esfínter y pónese a torear hormigas y manos muertas: muerde sólo lo conocido. Ojo mamón, perro que engorda en la tranquera.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, 1955; vive en Puerto Madryn desde 1979). De Materia oscura, inédito


jueves, septiembre 19, 2013

Roberto Juarroz / De "Cuarta poesía vertical"










1

La vida dibuja un árbol
y la muerte dibuja otro.
La vida dibuja un nido
y la muerte lo copia.
La vida dibuja un pájaro
para que habite el nido
y la muerte de inmediato
dibuja otro pájaro.

Una mano que no dibuja nada
se pasea entre todos los dibujos
y cada tanto cambia uno de sitio.
Por ejemplo:
el pájaro de la vida
ocupa el nido de la muerte
sobre el árbol dibujado por la vida.

Otras veces
la mano que no dibuja nada
borra un dibujo de la serie.
Por ejemplo:
el árbol de la muerte
sostiene el nido de la muerte,
pero no lo ocupa ningún pájaro.

Y otras veces
la mano que no dibuja nada
se convierte a sí misma
en imagen sobrante,
con figura de pájaro,
con figura de árbol,
con figura de nido.
Y entonces, sólo entonces,
no falta ni sobra nada.

Por ejemplo:
dos pájaros
ocupan el nido de la vida
sobre el árbol de la muerte.

O el árbol de la vida
sostiene dos nidos
en los que habita un solo pájaro.

O un pájaro único
habita un solo nido
sobre el árbol de la vida
y el árbol de la muerte.

Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 1925-Temperley, 1995), "Cuarta poesía vertical (1969)", Poesía vertical I, Editorial Emecé, Buenos Aires, 2005

miércoles, septiembre 18, 2013

Marguerite Yourcenar / Aquí el silencio...


Aquí el silencio añora las palabras solitarias
que uno puede, en tu cercanía, decir sin herirte;
olvidamos llover sobre vos las lágrimas de las corolas;
no hace falta sonreír a los que pasan.

Caen las máscaras cuando nos cansamos,
en un mismo lecho secreto se deslizan los durmientes
por cada dedo tembloroso de las hierbas que nos rozan
vos podés bendecirme y yo acariciarte.

En tu dulzura mi camino es más agradable
de ese suelo lentamente impregnado por el alma humana
el olvido, lento jardinero, arranca los remordimientos.

El amor  vaga de vena en vena eternamente.
Yo no quiero perturbar con una queja en vano
el infinito encuentro de los muertos con la tierra.

Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903- Northeast Harbor, Maine, 1987), Les Charités d’Alcippe, Gallimard, 1929
Versión de Marina Kohon

Voici que le silence… 

Voici que le silence a les seules paroles 
Qu’on puisse, près de vous, dire sans vous blesser; 
Laissons pleuvoir sur vous les larmes des corolles ; 
Il ne faut que sourire à ce qui doit passer. 

À l’heure où fatigués nous déposons nos rôles, 
Au même lit secret les dormeurs vont glisser; 
Par chaque doigt tremblant des herbes qui nous frôlent, 
Vous pouvez me bénir et moi vous caresser. 

C’est à votre douceur que mon sentier m’amène. 
De ce sol lentement imprégné d’âme humaine, 
L’oubli, lent jardinier, extirpe les remords. 

L’impérissable amour erre de veine en veine ; 
Je ne veux pas troubler par une plainte vaine 
L’éternel rendez-vous de la terre et des morts. 

martes, septiembre 17, 2013

William Carlos Williams / Paterson, 14

Libro 2
Domingo en el parque
I

Fuera
fuera de mí
hay un mundo,
se quejó él, sometido a mis exploraciones
—un mundo

(para mí) en calma,
al que me acerco
concretamente—

El escenario es el Parque
sobre la roca,
femenina para la ciudad

—sobre cuyo cuerpo Paterson adiestra sus pensamientos
(concretamente)

—fines de primavera,
¡una tarde de domingo!

—y va por el sendero hacia el acantilado (contando:
la prueba)

él entre los otros,
—pisa las mismas rocas
donde sus pies resbalan mientras trepan,
¡al ritmo de sus perros!

riendo, llamándose entre ellos—

¡Espérenme!

.  .  las piernas feas de las muchachas,
¡pistones demasiado fuertes para la delicadeza! .
los brazos de los hombres, rojos, acostumbrados al calor y al frío,
a zarandear cuartos de res y .

¡Bah! ¡Bah! ¡Bah!¡Bah!

—superando

los riesgos:
¡cayendo a baldes!
¡Para la flor de un día!

Llegó sin aliento, luego de un difícil ascenso, él,
mira hacia atrás (¡bello pero costoso!) ¡a
las torres gris perla! Re-gresa
y comienza, posesivo, entre los árboles,

ese amor,
que no es, no es en esos términos
en los que todavía creo
a pesar de todo;
la tierra seca, —pasiva-posesiva

Caminando —

Los matorrales se amontan en grupos de pinos de arena achaparrados,
prácticamente todos de la roca desnuda  .  .

—una diseminación de cedros altos como el hombre (piñas puntiagudas),
zumaque de astas  .

—raíces, retorciéndose, en su mayoría
en la superficie
(¡tan cerca estamos de arruinar cada
día!)
buscando la yesca seca podrida

Caminando —

El cuerpo está ligeramente inclinado hacia delante de la posición básica
de pie y el peso echado sobre la planta del pie,
mientras que el otro muslo está levantado y la pierna y el brazo
contrario se balancean hacia adelante (fig. 6B). Muchos músculos, ayudados .

A pesar de haber dicho que nunca volvería a escribirte, lo hago ahora porque descubro, con el paso del tiempo, que el resultado de mi fracaso contigo ha sido la maldición absoluta de todas mis capacidades creativas de un modo particularmente desastroso como nunca antes experimenté.
   Desde hace varias semanas (cada vez que intenté escribir poesía) cada pensamiento que apareció, incluso cada sensación, se borraron de esa capa dura de mí mismo que comenzara a amontonarse desde la primera vez que sentí que ignorabas los contenidos reales de las últimas cartas que te envié, y que finalmente se congelaron, convirtiéndose en una sustancia impenetrable cuando me pediste que dejara de escribirte sin siquiera una explicación. 
   Ese tipo de bloqueo, que lo exilia a uno de uno mismo—¿lo experimentaste alguna vez? Me atrevo a decir que sí, de a ratos; y si así fuera, puedes comprender perfectamente el daño psicológico que causa cuando se convierte en una condición permanente, día a día.

¿Cómo te amo? ¡Así!

(¡Él oye! ¡Voces  .  indefinidas! Las ve
moverse, en grupos, de  a dos y de a cuatro — filtrándose
por medio de diferentes caminos.)

Le pregunté, ¿Qué haces?

Sonrió paciente, La clásica pregunta americana.
      En Europa preguntarían, ¿Qué estás haciendo? O,
     ¿Qué estás haciendo ahora?

¿Qué hago? Escucho el agua caer (¡Ningún sonido
     de ella aquí sino con el viento!) Esta es toda mi
    ocupación.  

William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto


Book Two
Sunday in the Park I
 Outside /outside myself /there is a world /he rumbled, subject to may incursions /—a world //(to me) at rest, /which I approach /concretely— //The scene’s the Park /upon the rock, /female to the city //—upon whose body Paterson instructs his thought /(concretely)//—late spring, /a Sunday afternoon! //—and goes by the footpath to the cliff (counting: /the proof) //himself among the others, /—treads there the same stones /on which their feet slip as they climb, /paced by their dogs! //laughing, calling to each other— //Wait for me! //. . the ugly legs of the young girls, /pistons too powerful for delicacy! /the men’s arms, red, used to heat and cold, /to toss quartered beeves and  .   //Yah! Yah! Yah! Yah! //—over-riding /the risks: //pouring down! /For the flower of the day! //Arrived breathless, after a hard climb he, /looks back (beautiful but expensive!) to /the pearl-grey towers! Re-turns /and starts, possessive, through the tress, //—that love, /that is not, is not in those terms /to which I’m still positive /in spite of all; /the ground dry, /— passive-possessive //Walking — //Thickets gather about groups of squat sand-pine, /all but from bare rock .  .  . //—a scattering of man-high cedars (sharp cones), /antlered sumac  .  //—roots, for the most part, writhing /upon the surface /(so close are we to ruin every /day!) /searching the punk-dry rot //Walking — //The body is tilted slightly forward from the basic standing /position and the weight thrown on the ball of the foot, /while the other thigh is lifted and the leg and opposite /arm are swung forward (fig. 6B). Various muscles, aided . //Despite my having said that I’d never write to you again, I do so now because I find, with the passing of time, that the outcome of my failure with you has been the complete damming up of all my creative capacities in a particularly disastrous manner such as I have never before experienced. //For a great many weeks now (whenever I’ve tried to write poetry) every thought I’ve had, even every feeling , has been struck off some surface crust of myself which began gathering when I was first sensed that you were ignoring the real contents of my last letters to you, and which finally congealed into some impenetrable substance when you asked me to quit corresponding with you altogether without even an explanation. //That kind of blockage, exiling one’s self form one’s self —have you ever experienced it? I dare say you have, at moments; and if so, you can well understand what a serious psychological injury it amounts to when turned into a permanent day-to-day condition. //How do I love you? These! //(He hears! Voices . indeterminate! Sees them /moving, in groups, by twos and fours  —  filtering /off by way of the many bypaths.)  // I asked him, What do you do? //He smiled patiently, The typical American question. /In Europe they would ask, What are you doing? Or,  /What are you doing now? //What do I do? I listen, to the water falling. (No /sound of it here but with the wind!) This is my entire /occupation.


Ilustración: Portadas de las primeras ediciones de los libros de Paterson, New Directions, Nueva York, 1946, 1948, 1949, 1951, 1955

lunes, septiembre 16, 2013

Marcos Siscar / Tres poemas









Tal vez

si bajases en zapatillas
el muro del edificio y dieses
con el primer pasante y
tu máscara de mimbre fuese
hoja de la primera palabra ah
cómo te protegería la vida
vivo o muerto de las alfombras
blancas que mecen tus sueños
(aprovecha para bajar la basura
de la experiencia que yo me quedo
esperándote allí abajo)


Pasante para Charles Baudelaire

alrededor la calle es un tumultuoso engaño
un viejo cartaginés empujando un niño
trae en la boca un refrán de otros tiempos
y el niño olvidado ensaya el mismo canto
confunde su voz con los dedos que balancea
se fue el anciano quedó en la tarde la vasta quietud
un gran desierto de silencio vigilado
con el que la noche se presenta a sus iguales
y he aquí sin embargo que agita el forro del abrigo
de neblina entre las luces amarillas y se va
cansado cansancio que yo quise convertir en confidente
tú que tan rápidamente me traicionaste


ENCONTRARSE UNO MISMO en una esquina
pasar a través de sí sin reconocerse
partir del lado opuesto mirando la vida ajena del muelle
y el sol puesto
has oído lo que dijo el buen gusto
andar con las manos en la espalda mirar a las putas a la cara
dejar amigos en la gare y a las vírgenes en el puerto
escucha ahora lo que te digo eso es pura delicadeza


Marcos Siscar (Borborema, São Paulo, 1964), La mitad del arte (2003), versiones inéditas de Aníbal Cristobo


Otros poemas en Jornal de Poesia

sábado, septiembre 14, 2013

Antonella Anedda / De "Tres estaciones"














I

Arroja tu pan sobre la superficie del agua, lo reencontrarás en los días: no reencontraremos el alimento ni la recompensa, no la ligereza sino el hacha pesada de la bendición.

El que pierde tiene la espalda liberada para poner el mundo sobre sí. Ningún bagaje, para mejor arrastrar el hierro y la madera de un carro y para que sobre la espalda se apilen el aire, la lluvia, la multiplicidad, el desorden de las cosas. No es la resignación terrena sino la fuerza apacible de Cristo que en el huerto de Getsamaní responde a los soldados: sí, soy yo; la pobreza de la roca, del paño fúnebre vaciado por el peso de los pecados humanos.

Giotto ha visto todo esto en la Renuncia a los haberes de Asís. Francisco está desnudo, pero alrededor de su privación, sobre el ángulo recto de su cuerpo arrodillado, todo pesa: la arquitectura, el escudo del cielo, las vestiduras; todo se adensa, como si la ciudad con sus cuidados, sus ganancias, sus utilidades, no esperase sino su gesto.

Tal vez la santidad es volverse burro: ser la burra que siente sobre sus flancos la espina de los olivos, en la fatiga de la mañana, bajo el gran cuerpo de Dios, en el gran zócalo de Jerusalén.


Antonella Anedda (Roma, 1958), Tre stazioni, LietoColle, Faloppio, 2007
Versión de Jorge Aulicino

Foto: Spreaker


I

Getta il tuo pane sulla superficie dell'acqua, lo ritroverai nei giorni: non ritroveremo il cibo, né la ricompensa, non la leggerezza ma la scure pesante della bendizione.

Chi perde ha la schiena sgrombra per prendere su di sé il mondo. Nessun bagaglio per trascinare meglio il ferro e il legno di un carro, per lasciare che sul dorso si accatastino l'aria e la pioggia, la molteplicità, il disordine delle cose. Non è la rassegnazione terrena ma la forza mite di Cristo che nel Getzemani rispondi ai soldati: sì, sono io; la povertà della roccia, del telo funebre vuoto per il peso dei peccati umani.

Giotto ha visto tutto questo nella Rinuncia degli averi di Assisi. Francesco è nudo ma intorno alla sua privazione, nell'angolo retto del suo corpo inginocchiato tutto pesa: le archietture, lo scudo del cielo, le vesti; tutto infittisce come si la città con le sue cure, i suoi guadagni, il suo utile, non attendessero che il suo gesto.

Forse la santità è farsi asini: essere l'asina che sente sui fianchi la spina degli ulivi, nella fatica del mattino, sotto il grande corpo di Dio, nel grande zoccolo de Gerusalemme. 

viernes, septiembre 13, 2013

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 14
















El camino de las putas

Un Dios Muchacho que conoce el Ma-mul (1), cantando
sobre las cumbres cercanas a las nubes bajas y calientes
Él te encontrará en un lugar donde se reúnen
los clientes de las putas que sobreviven a sus patrones
raros fuegos y nubes bajas aunque lejanas en el horizonte
sembrado de luces domésticas
hasta las putas en ese momento se quedan quietas
como meditando, o quién sabe por qué atávica melancolía
junto a una luz encendida entre el empapelado rojo
y la cama deshecha que blanquea en ese cuarto interno
a cuyos umbrales llega la miserable oscuridad
Los clientes hablan bajo, y si alguno ríe o grita,
todos lo miran, como absortos en el canto de los grillos
que atestan el cercano horizonte más allá de la periferia
quizá en alguna noche de 1962 o '63; y quien canta a Dios
su canción paterna, nacida en el corazón del Ma-mul
sobre las altiplanicies perdidas, encima de las forestas
por donde no pasan caminos, hace llegar hasta aquí
una señal del cosmos: el Dios Muchacho venido de la barraca
se separa de sus compañeros, no es nada, sólo tiene rizos.
Pero en los milenios -antes de la muerte-
marca una fecha en el curso del ser,
aun si ninguno la festeja o la recuerda.
¿Por qué te puedes encontrar a un Dios Muchacho
por los caminos del cosmos que pasan entre las barracas
de un caserío de putas, bajo los antiguos murallones?
Es simple: llega para ser tu madre.


(1) Tradición sacra oral de la población india de Kota. Pero podría ser cualquiera otra tradición sacra. [N. del A.]

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Foto: Pier Paolo Pasolini en la filmación de Los cuentos de Canterbury, 1972 El Mundo


La strada delle puttane

Un Dio Ragazzo, che conosce el Ma-mul (1), cantando
sui gioghi vicini alle nuvole basse e calde
Esso ti troverà in un luogo dove si radunano
i clienti delle puttane sopravvissute ai padroni
radi fuochi e nuvole basse ma lontane nell'orizonte
cosparso di luci domestiche
anche le puttane in quel momento stanno quiete e ferme
come meditando o chissà per cuale atavica malinconia
accanto a una luce accesa tra la carta da parato rossa
e il letto disfatto che biancheggia in quell'interno
alle cui soglie arriva il miserabile buio
I clienti parlano piano, e se qualcuno ride, o grida,
tutti lo guardano, come assorti al canto dei grilli
che gremiscono il vicino orizonte al di là della periferia
chissà in cuale notte del 1962 o '63: e chi canta a Dio
la sua canzone paterna, nata nel cuore del Ma-mul
sugli altopiani perduti sopra le foreste
dove non passano strade, fa giungere fin qui
un segno del cosmo: il Dio Ragazzo venuto dalla baracca
si stacca dai compagni, non è nulla, ha solo dei ricci.
Ma nei millenni -prima della morte-
ciò segna una data nel corso dell'essere
anche se nessuno la festeggia, o se ne accorge.
Perchè un Dio Ragazzo ti può incontrare
per le strade del cosmo che passano tra le baracche
di in villaggio di puttane, sotto muraglioni antichi?
È semplice: egli viene per farti da madre.

(1) Tradizione sacra orale della popolazione indiana dei Kota. Ma potrebbe essere qualsiasi altra tradizione sacra.

jueves, septiembre 12, 2013

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 13

Pedido de trabajo

Poesía por encargo es artefacto.
El constructor de artefactos puede producir muchos
(sin procurarse más cansancio que el del trabajo manual).
El objeto puede resultar, a veces, irónico:
el artefacto siempre lo es.
Han pasado los tiempos en que, voraz ahorrista,
derrochaba todo, invirtiendo mi dinero (mucho,
porque era mi semen y yo siempre estaba en erección)
en la compra de áreas de bajísimo valor
que se valorizarían de aquí a dos o tres siglos.
Era tolemaico (era un muchacho)
y contaba la eternidad justamente en siglos.
Consideraba la tierra el centro del mundo;
la poesía, el centro de la tierra.
Todo era bello y lógico.
Por lo demás, ¿que razón tenía para no creer
que todos los hombres eran como yo?
Luego, en cambio, se revelaron todos mucho mejores;
y yo resulté ser, más bien, hombre de raza inferior.
Intercambié puntos de vista
y entendí que no quería escribir más poesía. Ahora, sin embargo,
ahora que está vacante la vocación
-pero no la vida, no la vida-
ahora que la inspiración, si viene, no produce versos-
por favor sepan que estoy aquí pronto
a proveer poesía por encargo: artefactos. (1)

(1) Incluso explosivos.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


Richiesta di lavoro

Poesia su ordinazione è ordigno.
Il costruttore di ordigni può produrne molti
(nient'altro procurandosi che stanchezza per il lavoro manuale).
L'oggetto può essere, talvolta, ironico:
l'ordigno lo è sempre.
Sono passati i tempi in cui, vorace economizzatore,
spendevo tutto, investendo i miei soldi (molti,
perché erano il mio seme: e io era sempre in erezione)
nell'acquisto de aree di bassissimo valore
che sarebbero state valorizzate da lì a due o tre secoli.
Ero tolemaico (essendo un ragazzo)
e contavo l'eternità per l'appunto, in secoli.
Consideravo la terra il centro del mondo;
la poesia il centro della terra.
Tutto ciò era bello e logico.
Del resto, che ragioni avevo di non credere
che tutti gli uomini non fossero come me?
Poi, invece, si sono rivelati tutti di me molto migliori;
e io son risultato essere, piuttosto, uomo di razza inferiore.
Ricambiai l'apprezzamento
e capii che no volevo più scrivere poesie. Ora, però,
ora che la vocazione è vacante
-ma non la vita, non la vita-
ora che l'ispirazione, se viene, versi non ne produce -
vi prego, sappiate che son qui pronto
a fornire poesie su ordinazione: ordigni. (1)

(1) Anche esplosivi.

miércoles, septiembre 11, 2013

Bruno Di Benedetto / De "Crónicas de muertes dudosas"

Cayetano Murature
Trelew, Chubut, 14 de enero de 1944

Cayetano Murature
albañil jubilado
siciliano de profesión
está mirando los tomates que se achicharran
en esas plantitas
crucificadas dulcemente
sobre andamios de caña
y paja brava.

Con apenas dos dedos acaricia
la piel triste de un tomate.
Con los mismos apenas dos dedos
se toca las mejillas:
triste la piel, arrugada,
curtida de sal,
como si el Mediterráneo se hubiera evaporado
de un soplido de Dios,
desnudando los tristes acantilados
de Sicilia y de Cerdeña.

Triste la piel,
tristes los tomates.
A Cayetano Murature las sequías de la piel
no le molestan
pero las arrugas de los tomates lo enfurecen.
Dos meses sin lluvia.

Allá lejos
el río se ha vuelto un barro chirle.
De la canilla caen
de tanto en tanto
dos gotas
como para probar que el agua existe.

Cayetano le da vueltas a la cruz
y se agacha hasta el pico para mirar
y ver
cómo una gota le apaga el pucho
y otra le entra en el ojo:
-Porca miseria -dice Cayetano Murature-, porca yuvia,
porca caniya e la puta que lo parió al Duce.

Cayetano Murature le tira una patada al cañito oxidado
y le erra
y le da al aire
entonces
tremendo patadón,
con tan mala suerte
que el aire se raja en un zigzag celestial.

Cayetano ve cómo la rajadura se va para arriba,
cómo la atmósfera se parte en dos
hasta las nubes.

Mira a un costado,
mira al otro.
Cayetano Murature mira.
Y piensa.
Y mira otra vez
la rajadura del aire.

Toca con un dedo.
Piensa.
Toca con otro dedo.
Piensa.
Calza un pie.
Piensa otro poco.

Y después
sonríe
feroz.

Cayetano Murature
se dejó un par de cosas
allá abajo:
unos anteojos de carey
una cajita de rapé
vencido
una mandolina
que trajo de Ragusa.
Nada más.

Dicen algunos
que Cayetano Murature
se murió.

Dicen otros
que se fue trepando
por el aire hecho de vidrio.

Que se fue.

Y que todavía le anda peleando la lluvia al cielo.

Bruno Di Benedetto (Avellaneda, 1955 -vive en Puerto Madryn desde 1979-), Crónicas de muertes dudosas, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

martes, septiembre 10, 2013

Ariel Williams / De "Discurso del contador de gusanos"





















1

Soy alguien que camina. Es la única definición
que puedo dar de mí. Caminar es avanzar un paso
después de otro. Eso es lo único que hay. Por un
barrio, por unas calles, por unas afueras: un paso
arriba de un pedazo de tierra y algunas piedras, un
paso saltando una raya que separa dos baldosas.
Y otro paso. Al final a veces llego a casa. Casa no
es el lugar adonde vivo.
Veo unos postes de luz con sus filas tan bellas de
cables. Detrás está el cielo azul del final de la tarde.
Detrás de ese cielo no hay una Mirada. Nadie que
diga: "Estás ahí".
Necesito un método.
Voy a tomar vino en el bar. Ahí hay varios que
darían esta definición de sí mismos: soy un vaso
después de otro vaso.

Ariel Williams (Trelew, Argentina, 1967), Discurso del contador de gusanos, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2011

domingo, septiembre 08, 2013

Jane Kenyon / Dos poemas




















Bizcocho

El perro ha limpiado su bol
y su recompensa es un bizcocho,
que pongo en su boca
igual que un cura ofrece la hostia.

¡No soporto esa actitud confiada!  
Pide pan, espera
pan, y mi poder es tal que
podría darle una piedra.


El bol azul

Como los primitivos enterramos el gato
con su bol. Con las manos desnudas
arrastramos la arena y la grava
hasta el agujero.

Caían con un siseo sordo
a su lado,
sobre la larga y roja piel, las blancas plumas
entre los dedos y la larga,
por no decir aquilina, nariz.

Nos incorporamos y nos sacudimos el polvo el uno al otro.
Hay penas más profundas que ésta.

Guardamos silencio el resto del día, trabajamos,
comimos, miramos fijamente y dormimos. Se desató una tormenta
que duró toda la noche; ahora está despejado y en un arbusto que gotea
parlotea un petirrojo
como el vecino que tiene buenas intenciones
pero siempre dice lo que no debe.

Jane Kenyon (Ann Arbor, 1947-New Hampshire, 1995), Otherwise: New and Selected Poems, Graywolf Press, St.Paul, Minnesota, 1996
Versiones de Jonio González


Biscuit

The dog has cleaned his bowl
and his reward is a biscuit,
which I put in his mouth
like a priest offering the host.

I can't bear that trusting face!
He asks for bread, expects
bread, and I in my power
might have given him a stone.


The Blue Bowl

Like primitives we buried the cat
with his bowl. Bare-handed
we scraped sand and gravel
back into the hole.
                              They fell with a hiss
and thud on his side,
on his long red fur, the white feathers
between his toes, and his
long, not to say aquiline, nose.

We stood and brushed each other off.
There are sorrows keener than these.

Silent the rest of the day, we worked,
ate, stared, and slept. It stormed
all night; now it clears, and a robin
burbles from a dripping bush
like the neighbor who means well
but always says the wrong thing.

sábado, septiembre 07, 2013

Orlando en verso y prosa, V

1. Dalinda, el amor sometido

Es esperable que la atroz escena que acaba de describirse motive al menos unas estrofas de condena a semejante violencia contra el género femenino. Lo es hoy, como lo era entonces.

¿Qué peste abominable, qué Megera *
ha venido a turbar el pecho humano?
para que se vea a esposa y marido
siempre reñir con gritos injuriosos,
y golpearse hasta ponerse negros
uno al otro; bañar de llanto el lecho.
Y no solo de llanto: alguna vuelta
de sangre lo ha bañado la ira suelta.

Parece poco mal el que hace el hombre,
contra la naturaleza y contra Dios,
cuando a la mujer golpea en la cara
-mucho es rozarle apenas un cabello-,
porque hay además quien las envenena
o las mata con lazo o con cuchillo;
no creo yo que sea el hombre eterno,
sino más bien demonio del infierno.

De tal abominable índole parecen los secuestradores de los que Reinaldo acaba de liberar a la bella muchacha escocesa. Sabremos de otro tipo de violencias masculinas no bien ella comience su relato. Empieza por decir que es la doncella de la mismísima Ginebra, a quien el caballero franco se apresta a salvar. La muchacha ha estado enamorada de un cortesano, el duque de Albany.

"Porque me dijo que me amaba mucho,
a amarlo me entregué sin reticencia.
Se oye hablar y se puede ver el rostro,
pero el alma se puede juzgar mal.
Creyendo, amando, no me detuve
hasta que pude llevarlo a la cama:
de todas sus estancias, era aquella
la secreta de Ginebra, la bella;

"tenía allí sus cosas más queridas,
era allí que dormía casi siempre.
Se puede entrar por un balcón abierto
sobre el muro del cuarto recatado.
Hacía a mi amor subir por el balcón,
y una escala de cuerdas, con ese fin,
yo misma desde arriba desplegaba,
cada vez que mi amor lo demandaba;

"y tantas veces lo hice yo subir
cuantas ella me dio oportunidad:
solía ella mudarse de habitación,
por el mucho calor o el mucho frío.
Él no fue nunca visto por ninguno;
porque aquella muralla del palacio
da sobre un caserío no habitado:
nadie va por el sitio abandonado.

"Siguió días y meses, en secreto,
entre nosotros el juego amoroso:
creció el amor y me encendió por dentro
y me sentía arder toda en su fuego.
Ciega fui, y no supe comprenderlo:
sabía fingir más de lo que amaba;
aun cuando su engaño debí entrever
por tantos signos cuantos pude ver.

El duque, que según sabremos se llama Polineso, sin decir agua va, le confiesa un día que pretende el amor de Ginebra. Y por un simple cuanto eterno motivo: la fortuna a la que echará mano si la princesa lo acepta en matrimonio. Y pretende que la muchacha lo ayude en este propósito.  ¿Cuáles son los argumentos? Los de siempre: que lo que siente por Ginebra en punto alguno puede compararse a lo que siente por ella; que si lo ayuda, más fuerte se hará el lazo que los une; y que, si finalmente logra casarse, su verdadera amante será siempre Melinda, que así se llama la incauta muchacha. Ella acepta, porque el poder que tiene el de Albany sobre su espíritu es muy fuerte. Pero no hay caso. Ginebra no escucha a su doncella y confesora. Su corazón pertenece a otro cortesano,  un caballero italiano llamado Ariodante.  Enterado que estuvo el duque de esta situación, trama una siniestra jugada.
Polineso se topa con Ariodante en un corredor del palacio y lo increpa directamente. Le dice por qué se interpone entre él y Ginebra. Que exhiba sus pergaminos. Esto es, que diga qué señal le ha dado la princesa de que puede aspirar a su corazón.  Luego él hará lo mismo, y el que quede peor parado en la comparación, que renuncie a la empresa. Ariodante le confiesa que tiene una carta de amor de Ginebra. A lo que suma que cuenta con méritos suficientes para se recibido como yerno por el rey.  Responde el duque:

"-Finge ella, no te ama ni te aprecia;
te nutre con mentiras y palabras.
Además, de tu amor suele burlarse
cuanto está conmigo y habla de ti.
Yo sé con certeza que ella me quiere,
no por un puño de palabras huecas.
Hablaré, porque así lo hemos pactado,
aunque mejor sería estar callado.

"-No pasa ni un mes en que tres o cuatro
o seis veces, o diez, yo no me encuentre
desnudo y gozando entre sus abrazos;
este ardor parece una buena prueba;
tú decide si el placer que tengo
se compara a las burlas que recibes.
Concédeme que esto que te cuento
es claro y superior a tu argumento-.

El herido Ariodante dice que Polineso deberá dar prueba lo que afirma, porque de otro modo sería un mentiroso y habría cometido una ofensa de las que no se pagan con disculpas.  El plan del de Albany se ha puesto en marcha con los mejores pronósticos. El otro ha mordido el anzuelo.” Por supuesto”, dice el duque, “quiero que lo veas con tus propios ojos.”
Con el concurso de su amante, Polineso monta una escena para convencer a Ariodante.  Melinda aparece en el balcón del cuarto preferido de Ginebra vestida con la ropa de la princesa y adornada con igual peinado. Ariodante, quien se ha deslizado entre las casas deshabitadas acompañado de su hermano, Lurcanio, ve cómo el duque de Albany sube una escalera de cuerdas y se besa lúbricamente con Melinda, disfrazada de Ginebra. Se precipita la tragedia. Ariodante desaparece. Un lugareño informará que lo vio arrojarse desde un acantilado. Lurcanio acusa a Ginebra ante el rey. Alarmado por el giro de los hechos, el de Albany ordena a dos lacayos que maten a Melinda para suprimir al cómplice y testigo de su fraude. Salvada Melinda por la vigorosa intervención de Reinaldo, galopa ahora en grupas del caballo del escudero.

2. La intervención justiciera de Reinaldo

Anoticiado de tal forma, Reinaldo espolea a su corcel. La comitiva corre hacia la ciudad de San Andrés a todo galope. Llegan a una población desierta, pues todos se han reunido en el campo para presenciar el combate del acusador, Lurcanio, y un embozado caballero que ha decidido defender el honor de la dama.

Reinaldo pasa entre la muchedumbre;
la abre paso su gran corcel, Bayardo:
quien siente la tormenta de sus cascos,
para darle lugar no se hace el rengo.
La gloria de Reinaldo par no tiene,
bien parece la flor de los gallardos.
Que llegue hasta el rey, no hay cómo impedirlo.
Todo el mundo se acerca para oírlo.

Reinaldo le dijo al rey: "Magno señor,
nos dejes que prosiga la batalla;
uno de los dos caerá en este campo,
y digo que morirá injustamente.
Cree uno que lo asiste la razón.
Está mintiendo, aunque no lo sabe.
El oscuro error que llevó a su hermano
a la muerte, armó después su mano.

"El otro no sabe si tiene razón,
sólo por gentileza y por bondad
en peligro se pone de ser muerto,
para que no perezca la belleza.
Yo traigo la salud a la inocencia
y lo contrario traigo a aquél que miente.
Por el Cielo, en dos la lucha parte,
y escucha lo que quiero revelarte."

Fue la gran autoridad del hombre digno,
como aquella que Reinaldo mostraba,
lo que conmovió al rey, que hizo una seña
de que el asalto iniciado se parara.
Así, a los barones de aquel reino
y a los caballeros y a la multitud,
Reinaldo el gran ardid les hizo expreso
que le tendió a Ginebra Polineso.

Dijo que deseaba defender
con armas todo lo que había dicho.
Se llama a Polineso; comparece
con un aspecto todo conturbado;
luego, con audacia, niega los cargos.
Dijo Reinaldo: "Ahora lo veremos."
Vacío era y de brega el campo falto:
sin demora se fueron al asalto.

¡Cuánto quieren el rey y su querido pueblo
que la inocencia de Ginebra se demuestre!
Todos tienen esperanza de que se aclare
que de impúdica fue acusada injustamente.
Cruel y soberbio, reputado como avaro,
era Polineso, inicuo y fraudulento:
no sería ninguna maravilla
que él hubiese plantado esa semilla.

Polineso, desencajado el rostro,
tembloroso, con las mejillas blancas,
al tercer toque pone lanza en ristre.
Reinaldo va veloz a la pelea.
Deseoso de terminar la fiesta,
quiere pasar el peto con la lanza.
Cerca del deseo, venía el hecho:
la mitad del asta le hundió en el pecho.

Clavado el tronco, lo baja a la tierra,
lejos de su corcel más de seis brazas.
Reinaldo desmonta y aferra el yelmo
del otro, antes de que se levante,
pero él no puede hacer ya mucha guerra:
ruega merced con cara de humildad;
confiesa, ante todos y la muerte,
el fraude vil que lo llevó a tal suerte.

No dijo todo; en medio del discurso,
la voz y la vida lo abandonaron.
El rey, que ve a su hija liberada
de la muerte y de no muy buena fama,
se alegra más, y goza y se serena,
que si hubiese perdido la corona
y le fuera devuelta en ese instante;
a Reinaldo lo honra su talante.

Y, cuando él se quita el yelmo, lo conoce,
porque otras veces ya se habían cruzado;
eleva las manos a Dios, que ha querido
hoy proveerlo de auxilio semejante.
El otro caballero, desconocido,
quien había tomado armas por Ginebra,
y luchado por ella, luego apartado,
vio todo lo allí ocurrido y terminado.

El rey le rogó que dijera el nombre,
o se dejara ver al descubierto,
a fin de ser premiado, tal y como
su honorable intención lo reclamaba.
Él, tras largos ruegos, de la cabeza
se quitó el yelmo: claro y evidente
apareció aquél de quien he de contar,
si usted tiene deseo de escuchar.

Ludovico Ariosto (Reggio Emilia, 1474-Ferrara, 1533), Orlando furioso, 1532; Einaudi, Turin, 1992
Versión de Jorge Aulicino

* Una de las tres Erinias de la mitología griega, deidades que acosan a los criminales. También se las llama Euménides (benévolas) para adularlas. Las Erinias, aunque custodian el orden social,  son diosas de la venganza. Se trata de espíritus primitivos que no se someten a los dioses olímpicos. Su cólera es temible e irracional. En la tradición literaria termina prevaleciendo su aspecto vengativo desvinculado de la función justiciera.  Aquí, precisamente, Ariosto parece identificar a Megera (“la Celosa”) con el arrebato de violencia y no con el castigo a una falta. Dante las pone en el infierno, cumpliendo el rol de guardianas de la ciudad de Dite, dentro de la tardía concepción de las Erinias como demonios. Los romanos las llamaron Furias.

Marguerite Yourcenar / La miel inalterable



La miel inalterable del fondo de cada cosa
está hecha de nuestros deseos, remordimientos, dolores
el alambique eterno donde el tiempo recompone
las lágrimas de los vivos y la piedad de los muertos.

Idénticos efectos germinan de una causa;
la misma nota vibra a través de mil acordes,
no se separa el perfume de la rosa
ni yo separo el alma de tu cuerpo.

El universo nos reprende por lo poco que fuimos,
vos no sabrás jamás que mis lágrimas te aman;
yo olvidaré cada día cuánto te he amado.

Pero la muerte nos aguarda para mecernos;
y como un niño acurrucado entre tus brazos cerrados,
escucho latir el corazón de la vida perdurable.

Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903- Northeast Harbor, Maine, 1987), Les Charités d’Alcippe, Gallimard, 1929
Versión de Marina Kohon

Le miel inalterable

Le miel inaltérable au fond de chaque chose
Est fait de nos douleurs, nos désirs, nos remords ;
L’alambic éternel où le temps recompose
Les larmes des vivants et la pitié des morts.


D’identiques effets regerment de leur cause ;
La même note vibre à travers mille accords ;
On ne sépare pas le parfum de la rose ;
Je ne sépare pas votre âme de son corps.

L’univers nous reprend le peu qui fut nous-mêmes.
Vous ne saurez jamais que mes larmes vous aiment;
J’oublierai chaque jour combien je vous aimais.


Mais la mort nous attend pour nous bercer en elle ;
Comme une enfant blottie entre vos bras fermés,
J’entends battre le cœur de la vie éternelle.

viernes, septiembre 06, 2013

Guillermo Boido / Diez notas para pensar la poesía


          Toda gran escritura brota de le dur désir de durer, la despiadada artimaña del espíritu contra la muerte, la esperanza de sobrepasar al tiempo con la fuerza de la creación. 
                     George Steiner


         Cuando, al seguir el texto, las palabras van hacia otro sitio, no exactamente al que uno creía adecuado, las palabras, generalmente, son las que tienen razón.
                      Jorge Aulicino









1. Literatura

A la hora de reflexionar acerca de la poesía se nos presentan al menos dos preguntas. La primera es si una indagación más o menos teórica acerca del lenguaje puede trasladar sin más sus conclusiones a la experiencia que, en suma, llamamos poesía. Señalar los rasgos característicos del lenguaje que emplea el poeta con relación al que utilizamos en la vida diaria, o bien al que es propio de la matemática, la filosofía, la música o la pintura, no es equivalente a explicitar el carácter distintivo de la poesía como "hecho de lenguaje". Porque la poesía es una experiencia, algo más que el lenguaje que la sustenta. La poesía es lo que se dice, y también lo que se calla. Es palabra, pero también silencio. Y no hay análisis lingüístico o metodología capaz de indagar discursivamente acerca del callar y del silencio. Por ello la pregunta por la poesía es, me parece, una doble pregunta. La primera se refiere al lenguaje poético como medio de superar la insuficiencia del habla cotidiana para acceder a niveles no inmediatos de la realidad. Podríamos decir: el lenguaje poético no es lógico, sino analógico; la palabra no denota, connota; el texto de un poema supone significación de la imagen y el ritmo. Todo esto y mucho más puede hallarse en los manuales, pero la poesía es otra cosa, y no se agota en la descripción del organismo verbal que la convoca. Y aquí viene entonces la segunda pregunta. ¿Qué rasgos específicos caracterizan a la poesía con respecto a otras experiencias? Yo no puedo contestar, y no creo que nadie pueda hacerlo. La experiencia poética convierte al lenguaje en identidad del poeta (y del lector). Tiene el carácter de una revelación o presentación fugaz que otorga sentido unitario a toda otra experiencia del mundo: nos dice qué somos. No creo que la lucidez de la poesía, su necesidad, su caridad o su potencia de expresar lo casi inexpresable, en suma, su misterio, sean reducibles a rasgos más o menos identificables y definibles del lenguaje . *

2. Lectores

Lo cual nos lleva al problema de la lectura del poema. Desde luego, existe una manera particular de leer la poesía. Uno lee sin mediaciones, sin apelar a recursos ajenos a la palabra misma, sin cánones discursivos. Pero aclaro que, a mi entender, en la experiencia de la lectura, importan poco la tradición, la forma, el género, el ismo. Si importasen, si la comprensión de un texto dependiese del conocimiento previo de parámetros históricos o literarios, entonces aquello que en un momento dado fue un poema ha dejado de serlo, al menos para nosotros. En tanto poema que fue, ya no está vivo. Será otra cosa, un documento histórico, un "hecho de lenguaje", un tema de enseñanza en un curso de literatura, pero no un poema. Será sólo literatura, probablemente. Algo similar ocurre con la música. No hay cánones para acceder al sentido profundo de A Love Supreme de John Coltrane o de los últimos cuartetos de Beethoven. Los cursos de apreciación (poética o musical) no llegan muy lejos. Por ello decía Roberto Juarroz:

         La poesía es siempre una aventura  a la intemperie, aquella "intemperie sin fin" de que nos habla Juan L. Ortiz, y que se vuelve más significativa y paradójica si consideramos que el hombre no es un "sin fin". Esa intemperie significa un gradual despojamiento a medida que el poeta se acerca a los límites, a su desnudez de todo allí. Para llegar a lo que el poeta logra configurar se  necesita la  misma  actitud: para la creación no  hay más  acceso que la recreación,  que es  otra forma de la creación.  De  modo que no hay reglas  de análisis o  normas didácticas para entrar en la poesía, llámense estilística, estructuralismo, método simbólico o crítica impresionista. Son pretendidos sistemas para lo  que no admite sistema. No hay resortes fáciles: estamos en el antisistema. Hay una única forma de entrar en la poesía: estar adentro. (Juarroz, 1980: 91-92.) 

3. Escritura

Tal vez la narrativa, el ensayo o el teatro admitan ser escritos de acuerdo con planes formulados de antemano, pero no creo que con la poesía ocurra algo semejante. El origen de ciertas imágenes, líneas o palabras que de pronto se reúnen y adquieren una coherencia que les otorga sentido me parece absolutamente misterioso: de pronto están ahí, convocadas por experiencias cotidianas a veces muy sencillas, como puede ser, incluso, otro texto poético. Al ser colocadas en un papel, esas palabras parecen reclamar otras palabras, y de pronto  se ha generado  un texto. ¿Cuánto más puede decirse, discursivamente, acerca de esto? No hay modo de planificar la ocurrencia de tales episodios. Lo demás es artesanía, quitar palabras, reemplazar otras, proponerse diez o quince versiones, escoger una y abandonarla (Valéry dixit). Y así se han ido al canasto muchas noches de insomnio.

4. Temas

Se pregunta, a veces, cuáles son los temas de la poesía. Una poesía que tuviese temas (en el sentido en que, me parece, se formula esa pregunta) sería fragmentaria, y la poesía es precisamente un requerimiento de unidad de ese ser inacabado, acosado por la muerte, la soledad y la inmanencia que somos. La poesía surge de una experiencia que la necesidad convierte en palabras, y las formas verbales del poema concurren a su vez en otra experiencia (de escritura o lectura) de carácter re-ligante, totalizador, en la cual a veces creemos hallar un sentido de la  existencia y el mundo. Pero, ¿cuáles serán las circunstancias particulares de esa experiencia?  ¿Se tratará del sentimiento de la muerte, del tiempo, de la fugacidad del amor, de la incompletitud del hombre? ¿Será su rebelión ante la ignominia, la crueldad, las muestras de extrema inhumanidad que arrumban en el desván de los trastos inútiles las nociones más elementales de lo que llamábamos ética o justicia? ¿Será el dolor, la alegría, la plenitud, el olvido? Será cualquiera de esas experiencias a condición de que la palabra que resulte de ellas ilumine los parámetros que sitúan al hombre con relación a sus límites y no mero discurso, lamento, alegato, efusión sentimental, vaguedad elegíaca o narración de circunstancias externas o inmediatas. No hay "poemas de amor", sino poemas que revelan una visión del mundo tal como la vislumbra un hombre enamorado. ¿Qué amor es solo amor, a secas, sin desamor, dolor y goce, vida y muerte, amor con otros, sin otros, en otros, por otros? El tema del poeta es único, o bien todo es tema. Entonces: no hay temas en poesía. Si es así, el poeta es un hombre abierto a todas las dimensiones que le otorgan identidad con relación al contexto ontológico, histórico, cultural o social en el que le toca vivir. No creo, sin embargo, que sea ése el entorno al que atienden muchos escritores, sino al que resulta de una suerte de fetichismo que convierte al arte y la literatura en espectáculo, promoción mediática, complicidad con las reglas de juego de una sociedad  que es la negación   misma de la poesía. No existe relación alguna entre calidad, éxito de público y ese siniestro malentendido llamado consagración. Pues, ¿quiénes pueden volver sagrado a un hombre?  **

5. Límites

Señalaba Juarroz  que no hay poesía si el poeta no se instala en los límites de todo orden que sirven de frontera a la condición humana. Y que ellos no son necesariamente metafísicos sino que pueden estar originados en ciertas urgencias y desigualdades sociales, en injusticias, en ignominias, en formas de inhumanidad: a la poesía nada le es ajeno, si tiene que ver con el hombre. Pero que es necesario renunciar a lo que podríamos llamar formas de un "pragmatismo sociopoético", que consistiría en la búsqueda de efectos semejantes a soluciones concretas a necesidades, desniveles o privaciones de carácter social, soluciones que requieren, por caso, la acción política. (Juarroz, 1980, 124.) Me parece que, en algunos casos, la llamada "poesía social" ha confundido la capacidad de iluminación y rebelión de la poesía con una facultad que la poesía no tiene, cual es la de ofrecer soluciones pragmáticas a problemas inmediatos que derivan, por caso, de un orden social injusto.

6. Crítica

Con respecto a las diversas modalidades de la crítica interpretativa, antepondría el quién al cómo: me importa más el ser humano llamado "crítico" que su andamiaje, sea éste formal, filosófico, sociológico, psicoanalítico o cualquier otro. Me importa esa suerte de refracción del texto en una sensibilidad critica, que admite la presencia, en el poema, de un elemento último e irreducible a parámetros extraliterarios y que, en esencia, constituye el "misterio" de la poesía. Sería quizás esa cualidad de intensificar la vida que señala Bernard Berenson y que reconocemos en toda obra de arte pero que difícilmente podamos explicar. Pues ninguna indagación teórica acerca del lenguaje y sus circunstancias puede trasladar sin más sus conclusiones a esa experiencia que, en suma, llamamos poesía. Señalábamos que la poesía es palabra, pero también silencio, y el silencio es componente esencial de la poesía moderna. Lo saben los grandes escritores pero también los grandes músicos y cineastas, y aquí pensamos en Debussy, Bartók, Bergman o Tarkovski. Como escribe Ivonne Bordelois:

        La cultura contemporánea destruye el silencio, que es la condición primera y fundamental de la palabra genuina, la que viene de lo necesario y lo íntimo y no es simple resorte de respuesta mecánica. […] Lo vociferante de nuestras ciudades, los decibeles de una música deleznable que de continuo aturde y ensordece, desafiando e impidiendo toda forma de comunicación, son modos patentes de una violencia cada vez más invasora que sólo se sacia con la obstrucción de la conciencia, en particular de la conciencia que se alimenta de los poderes del diálogo sosegadamente nacido en el silencio. (Bordelois, 2003: 33-34.)

Por ello importa la crítica capaz de acompañar al lector hasta el borde del poema (para lo cual, como pedía Machado, no teme "contaminarse de poesía") y sabe callar allí donde se agotan las posibilidades del discurso lógico, es decir, en el momento preciso en que el lector ha de jugar sin intermediación alguna su diálogo con el poeta. Es, esencialmente, la reflexión crítica de autor: Eliot, Valéry, Machado, Octavio Paz. En ella subyace la certeza de que el canto que escuchamos detrás de lo que dicen las palabras no admite partitura y por tanto análisis conceptual. A lo sumo (y no es poco) este género de crítica nos  ayudará a escucharlo con mayor intensidad.

7.  Pertenencias

Nadie escribe en el vacío, es cierto, sino formando parte de una trama de interacciones culturales e históricas. Pero me importa más la poesía al aire libre que los encasillamientos habituales de la crítica, la historia o la sociología literarias. Además, me parece sospechosa esa curiosa necesidad de algunos escritores que dicen escribir desde el sostén que les presta una presunta continuidad o discontinuidad histórica o estética: herederos o herejes, asumen al mismo tiempo una cierta limitación, lo cual es mortal para el poeta. Debería bastarles el estar vivos, amar la vida, saber cómo impedir que las palabras mueran cuando lo abandonan para configurar un texto. Juan de Mairena lo decía de modo similar: un poeta es un pescador de pescados vivos, es decir, de peces que no mueren fuera del agua. El resto viene por añadidura: esa palabra viva será necesaria y podrá intensificar la vida, propia y ajena. En particular, ese escritor podrá reconocer sus propios límites y sabrá callar a tiempo o empezar de nuevo cuando advierta que solo pronuncia palabras muertas. En un mundo gobernado por la necrofilia, dar vida a las palabras es la función más importante de un escritor. Si lo logra, podrá escapar del gran cementerio de la literatura y convertirse en un contemporáneo de todos los hombres. Un ejemplo: César Vallejo, que cada día nos escribe sus poemas nuevamente.

8. Lecturas

Como puedo verlo ahora,  una anárquica   variedad de lecturas juveniles (de Bradbury y Sin novedad en el frente a  Oesterheld-Pratt, de la revistas Más Allá y Minotauro a ese maestro de la divulgación científica que fue Bertand Russell) me permitió después, pese a recibir una educación formal en ciencias físicas, evitar esa mutilación de la experiencia que se origina en una férrea jerarquización de los valores y conlleva el menosprecio por ciertas disciplinas y actividades. (Por ejemplo: la poesía por el cientificista o el pensamiento científico y tecnológico por el humanista.)  Dicho de otro modo: se puede ser a la vez físico y poeta porque en las teorías científicas hay una dimensión estética y en la poesía (tal como la concibo) el rigor del pensamiento científico. Hoy creo que tal mutilación está en el centro de una problemática capital de nuestra época: la existencia de una cultura mutante y escindida que no ha podido hallar todavía su identidad ética. Y si haber desarrollado  esa actitud configura alguna clase de mérito, siento que se ha ido gestando a pesar de la educación sistemática, aquella que Einstein describió como una máquina destinada a matar  la santa curiosidad de los niños. Pruebas al canto. En una publicación de la UNESCO (2005) se pide a 50 "poetas notables" (ninguno es argentino) recomendaciones para mejorar la enseñanza de la poesía en establecimientos de nivel medio. Algunos juicios de estos "notables" son los siguientes: "Como todo producto artístico, la poesía ofrece diversión y relajamiento del trabajo y demás fuentes de tensión"; "La poesía no existe, así como tampoco existe la música. Lo que sí existe son los géneros, los estilos y los gustos."; "Hay que hacerles ver [a los alumnos] que [leer poesía] es divertido". Y así vamos. Compárense estas ridículas afirmaciones con la siguiente reflexión de George Steiner:

En esa gran polémica con los muertos vivos que llamamos lectura, nuestro papel no es pasivo. Cuando es algo más que fantaseo o un apetito indiferente emanado del tedio, la lectura es un modo de acción. Conjuramos la presencia, la voz del  libro. Le permitimos la entrada, aunque no sin cautela, a nuestra más honda intimidad. Un gran poema, una novela clásica nos asedian: asaltan y ocupan las fortalezas de nuestra conciencia. Ejercen un extraño, contundente señorío sobre nuestra imaginación y nuestros deseos, sobre nuestras ambiciones y nuestros sueños más secretos. Los hombres que queman libros saben lo que hacen. (Steiner, 2000: 26.)

9. Ciberespacio

La aparición de blogs y foros de opinión en Internet ha ampliado notoriamente la oferta de poesía y de reflexiones sobre la poesía, ahora al alcance (potencial) de muchos lectores. Cabe celebrarlo. De hecho, mi único vínculo sistemático con la poesía reciente proviene, mayoritariamente, de blogs como los que bellamente editan algunos amigos (Irene Gruss, Jorge Aulicino). Sin embargo, me pregunto si esta proliferación de publicaciones en medios electrónicos es sinónimo de aumento del número de lectores de poesía. Cierto poeta sostiene que ya no tiene vigencia aquella tradición "marcada por una postura quejosa y demandante en relación al sistema literario" (y aquí me honra mencionando el texto La poesía no se vende / porque / la poesía no se vende, escrito por mí hace ya muchas décadas, en donde no se advierte queja ni demanda). Gracias a los nuevos espacios que las librerías destinan a los libros de poemas, a pequeñas editoriales, a ciclos de lecturas, a programas radiales, a la difusión en la Web, etc., prosigue este autor, ha llegado la hora, preanunciada por Lautréamont, de que la poesía sea hecha por todos. ¡Finalmente! Quedamos a la espera.

10. ¿Quién habla en el poema?

Hace tiempo escribí que la poesía es el intento de preguntarle a las palabras qué somos. Esto responde, quizás imprecisamente, a la pregunta acerca de quien habla en el poema: ante nuestros requerimientos, hablan palabras previamente resignificadas por el poeta. Todo poeta escribe, en   primera instancia, para sí mismo; y, por añadidura, para el poeta que se sospecha hay en cada lector. La lectura de la poesía tiene rasgos distintivos, pues en ella no hay trama, argumento o tema. Uno se juega allí lo mejor que tiene sin apelar a recursos ajenos a la palabra misma: compromete todo su ser en ese acto. El lector re-crea, re-escríbe el poema; por consiguiente, en un mismo texto conviven tantos poemas como lectores-poetas: leer en profundidad es dar vida propia y singular a ese organismo que el poeta ha creado para que hable con nosotros. Y en ello reside la suprema fraternidad de la poesía: potencialmente, un mismo texto ofrece identidad a cada hombre en particular, es decir, a todos los hombres. Un poeta es alguien que, al escribir para sí, escribe para todos. Y ese producto, el poema, se halla allí, en la revista, el libro o la pantalla, a la espera del lector capaz de compartir aquella fraternidad. Pero no creo que al lector de poesía se lo pueda definir en términos de personalidad, posesión o carencia de una cultura formal, etcétera. (Recuérdese el caso de Porchia.) Nada tiene que ver, por otra parte, con ese arquetipo estadístico y previsible que la industria cultural llama lector medio, suerte de esponja que se impregna de palabras y al que las palabras abandonan cuando se lo aprieta. El poeta auténtico escribe para sí, y por ello escribe para todos. El escritor de consumo escribe para un arquetipo, y por eso no escribe para nadie.
Porque la poesía no es un discurso sino algo que nos sucede.

Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941), ¿Quién habla en el poema?, Del Dock, 2013

Notas

*  Si tuviese que remitirme a tradiciones poéticas diría que ésta, a la que adhiero, pertenece a lo que Santiago Sylvester llama "poesía de pensamiento", cuyo origen, en la Argentina, radicaría en el vanguardismo de Güiraldes, Macedonio Fernández y Borges  (Sylvester, 2006: 68). Sin embargo, no es mi intención desempeñar en este trabajo el papel de crítico, teórico o historiador de la poesía, sencillamente porque no estoy capacitado para ello.
**  Me gustaría destacar aquí la caracterización que hace Juarroz acerca de dos peligros que asechan a todo escritor: la enfermedad literaria, que remite a la obsesión por "lo que se dice" acerca de lo que se escribe, y la paraliteratura, que consiste en "dar vueltas" (sic) alrededor de la literatura. Los enfermos literarios y los paraliteratos pueden vivir de la literatura o del periodismo literario y obtener de sus actividades buenos dividendos, pero en ningún caso serán auténticos escritores. Véase Juarroz, 1980: 111-112.


Bibliografía

Bordelois, I., La palabra amenazada, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2003.
Juarroz, R., Poesía y creación. Diálogos con Guillermo Boido, Buenos Aires,  Ediciones Carlos Lohlé, 1980.
Sylvester, S., "Poesía de pensamiento", en J. Fondebrider (comp.), Tres décadas de poesía argentina 1976-2006, Buenos Aires, Libros del Rojas, Universidad de Buenos Aires, 2006: 65-73.
Steiner, G., Lenguaje y silencio, Barcelona, Gedisa, 2000.
UNESCO, Leer y escribir la poesía: las recomendaciones de poetas notables, procedentes de diversos horizontes, sobre la enseñanza de la poesía en establecimientos de nivel secundario, París, 2005. Disponible en http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001395/139551s.pdf

miércoles, septiembre 04, 2013

Lucas Soares / empecé a borrar...












empecé a borrar
los marcos de suciedad
que dejaron en la pared
los dos cuadros que te llevaste
quedó peor es cierto
pero estaba contento, mi felicidad
ya no dependía de nadie
había ganado una guerra
al día siguiente
semidormido palpé
al costado de la cama el diario
del día anterior sin abrir
muertos regados por las calles

Lucas Soares (Buenos Aires, 1974), Roña, Fundación Senda /Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013

martes, septiembre 03, 2013

José María Pallaoro / Una madrugada hasta el amanecer











Caí una madrugada
a un departamento
deshabitado cerca del Almafuerte.
Nadie me deseaba, nadie
me esperaba en la oscuridad.
El sol imposible, lejos,

como siempre, en algún rincón
del primer piso.
Me froté los pies
durante algunas horas

intentando no pensar.
Y así, hasta el amanecer,
en que el gallo cantó,
y me fui

de donde nunca estuve.

José María Pallaoro (City Bell, 1959), Una medida adecuada a todo, Cuadernos de la Talita Dorada, La Plata, 2012

lunes, septiembre 02, 2013

Mauro Viñuela / 9 am cráneo de júpiter...

9 am cráneo de júpiter tomado desde luna titán
y el "mañana volveré"  desde unos tres metros a esta parte
en la corteza de un lapacho
creciendo
intenso

9 am espaciosas avanzan las quietudes
un gorrión cretense, dicen,  nacerá embalsamado
benditos sean los monos palestinos de la internet
y el cruce de lenguas, amor, dos y tres,  una vez


invertidos
en  los signos de la tierra

9 am la muchacha deja caer  remos
no-en-sueños-interpretada
abre las piernas y amamanta su piedad

en  versalles elevan piojos hacia los cristos
areté new age
en un principio era la acción,-escrito está ver fausto
lo escrito está
de dónde la tierra  alimenta las demencias nadie lo sabe

lo que no dice el letrero:
distracción es distracción acumular
muerte muerte de otros y epístolas desde  los romanos
del infinito sólo lo escrito padecerás

la muchacha amamanta lo obscuro

9 am plácidas las nubes
de jenofonte
de shakespeare desde borges a quién le importa
un tucán anuncia un espacio y existe
yo soy pound comenzando a reflexionar sobre las hormigas
yo soy girri hablando del ritmo de lo escrito
leeré a vallejo
se nos deben revoluciones
detrás del tóxico el enfermo libre se ignora en pena
se nos deben involuciones no soy tuñón
se nos mata
olvida el texto

[inédito]

Mauro Viñuela (Resistencia, Argentina, 1971)

domingo, septiembre 01, 2013

Jorge Leonidas Escudero / Ver de refi



Estoy mirando el cielo cuando un pajarito
pasa veloz y desaparece.
Eso es ver de refilón y así
se ve desaparecer una chispa.

Así le verás a un ser humano
hacer un tic repentino en más o en menos,
pulsación universal sorpresiva.


Ponete al acecho, verás que relampaguea
y si no esperá tranquilo. Pero ojo,
el error aparece como "me parece"
y esa es la mente que supone y miente.

Experimenté esto muchas veces y muchas
me equivoqué, por eso
no quiero decirte más, no sea
que una mala interpretación pueda
hacerte daño, ¿ah?

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920-2016), Sobrevenir, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2013

act. 2016