jueves, agosto 04, 2011

Zbigniew Herbert / Dos poemas

La orilla

Espera en la orilla de un largo y lento río
en la otra orilla está Caronte el cielo brilla túrbido
(no es por lo demás ningún cielo) Caronte
ya está aquí se limitó a lanzar la cuerda hasta una rama
ella (el alma) saca el óbolo
que rápidamente se agriaba bajo su lengua
se sienta detrás en la barca vacía
todo esto sin una palabra

si al menos la luna
o el aullido de un perro

(1969)

Un país

En la misma esquina de este viejo mapa hay un país que añoro.
Es la patria de las manzanas, las colinas, los ríos perezosos, del vino agrio y el amor.
Por desgracia una gran araña tejió sobre él su tela
y con su viscosa saliva cerró las puertas del sueño.
Y es siempre así: el ángel con la espada de fuego, la araña y la conciencia.

(1957)

Zbigniew Herbert (Leópolis, actual Ucrania, 1924-Varsovia, 1998), Informe sobre la ciudad sitiada, Ediciones Hiperión, Madrid, 1993.
Traducción de Xaverio Ballester

Ilustración: Caronte y Psique, 1890, Spencer Stanhope

miércoles, agosto 03, 2011

José Villa / Dos poemas





El nombre

Desde esta otra orilla
debe resultarle extraño
mi verdadero nombre
El sol del mediodía
le da en los ojos,
el estruendo del agua
la confunde
Un globo asciende
en el aire,
la mujer sonríe, con
alegría, con bondad



Bebedero

Antes que el día termine
emprendo un viaje
medio gótico
un poco despeinado
Los perros me ladran
a la altura de la plazoleta
De la carpintería sale polvo
en madera
Me observás llena de
picaduras resecas
sobre un guante gris

José Villa (Martín Coronado, 1966), XIX Festival de Poesía en Rosario

Foto: Villa, por Manuel Alemian

martes, agosto 02, 2011

Oliverio Girondo / De "Veinte poemas..."




Paisaje bretón

Douarnenez,
en un golpe de cubilete,
empantana
entre sus casas como dados,
un pedazo de mar,
con un olor a sexo que desmaya.

¡Barcas heridas, en seco, con las alas plegadas!
¡Tabernas que cantan con una voz de orangután!

Sobre los muelles,
mercurizados por la pesca,
marineros se agarran de los brazos
para aprender a caminar,
y van a estrellarse
con un envión de ola
en las paredes;
mujeres salobres,
enyodadas,
de ojos acuáticos, de caballeras de alga,
que repasan las redes colgadas de los techos
como velos nupciales.

El campanario de la iglesia,
en un escamoteo de prestidigitación,
saca de su campana
una bandada de palomas.

Mientras las viejecitas,
con sus gorritos de dormir,
entran a la nave
para emborracharse de oraciones,
y para que el silencio
deje de roer un instante
las narices de piedras de los santos.

Douarnenez, julio 1920

Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1891-1967), Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, ilustrados por el autor, edición facsimilar, Tajamar Editores, Santiago de Chile, 2011

Ilustración: Del poema "Paisaje bretón", Oliverio Girondo, 1922, 2011

lunes, agosto 01, 2011

Wallace Stevens / De "Notes Toward a Supreme Fiction", 4





















Las partes I y II de este poema, aquí

Las partes III a VI, aquí


Debe ser abstracta

VII
Se siente bien así, sin el gigante,
un pensador de la primera idea. Quizás
la verdad depende de un paseo por el lago,
una composición mientras el cuerpo se cansa, un alto
para mirar un ranúnculo, un alto para observar
una definición cada vez más cierta y
una espera dentro de esa certeza; una pausa
entre el vaivén de los pinos que bordean el lago.
Quizá hay momentos de excelencia inherente,
como cuando canta el gallo a la izquierda y todo
está bien, equilibrios incalculables,
alcanzados por una especie de perfección suiza
y una música familiar de la máquina
convocando su Schwärmerei*, no equilibrios
que logramos, sino equilibrios que suceden,
como un hombre y una mujer que se encuentran y se aman de inmediato.
Quizá haya momentos de despertar,
extremos, fortuitos, personales, en los que
más que despiertos, nos sentamos en el borde del sueño,
como en una elevación, y contemplamos
las academias como estructuras entre la niebla.
Déjenme adivinar:
estás tan avergonzado por haber dejado en evidencia que no sabes lo que
son las abstracciones, ni por qué deben ser evitadas por escritorzuelos novatos, como tú,
que estás tratando de encontrar e identificar abstracciones en las obras
de escritores famosos porque piensas graciosamente que estás demostrando algo. Sin eso sin duda encaja en tu patrón.
y
debe ser muy molesto.

*entusiasmo

VIII
¿Podemos construir un castillo-fortaleza-casa,
incluso con la ayuda de Viollet-le-Duc*,
e instalar allí al MacCullough como hombre superior?
La primera idea es algo imaginado.
El gigante pensativo recostado en un espacio violeta
puede ser el MacCullough, logos y lógica,
una conveniente hipótesis de cristal,
incipit y una forma para que diga la palabra
y cada duplicidad latente en la palabra,
lingüista ideal. Pero el MacCullough es MacCullough.
Esto no significa que el hombre superior sea hombre.
Si MacCullough mismo estuviera descansando junto al mar,
inmerso en su oleaje, leyendo bajo el sonido,
acerca del pensador de la primera idea,
él podría habituarse —ya sea por una ola o frase,
o por el poder de la ola, o el habla profunda,
o un nimio ser instalándose en él—,
a mayor aptitud o aprehensión,
como si, al fin, el oleaje nunca se interrumpiera,
como si la lengua, de repente, dijera con sencillez,
cosas que habló trabajosamente.

* Eugène Emmanuel Viollet le Duc, (1814-1879), arquitecto francés, el primer restaurador moderno y encargado de la restauración de Notre Dame de París

IX

La entonación romántica, la clarividencia declamada
forman parte de la apoteosis, adecuada
y de su naturaleza, de ahí el estilo.
Se diferencian del clic-clac de la razón, de sus destellos
instrumentados. Pero la apoteosis
no es el origen del hombre superior. Él llega,
compactado en láminas invencibles, desde la razón
iluminada a la medianoche por el ojo estudioso,
envuelto en el ensueño, el objeto
del murmullo de los pensamientos que la mente evita,
oculto a otros pensamientos, él, que descansa
sobre un pecho por siempre valioso por ese contacto,
para quien cae tiernamente el bien de abril,
cae, cuando los gallos cantan.
Mi señora, canta canciones certeras para esta persona.
Él es y puede ser pero ¡oh! él es, él es
ese niño expósito del infectado pasado, tan brillante,
tan conmovedor por el ademán de su mano.
Sin embargo, no mires sus ojos enrojecidos. No le
des nombres, quítalo de tus imágenes.
su calor es más puro en el corazón.

X

La mayor abstracción es la idea del hombre
y el hombre superior es su exponente, más capaz
en lo abstracto que en su singularidad,
más fecundo como principio que como partícula,
feliz fecundidad, fuerza abundante que florece,
al ser más que una excepción, una parte,
aunque una parte heroica, de lo común?
La abstracción importante es lo común,
lo inanimado, visión difícil. ¿Quién es?
¿Qué rabino, enfurecido por el deseo humano,
qué jefe, caminando solo, llorando
miserable, victorioso,
no ve estas figuras por separado, una a una,
y sin embargo, sólo ve una, en su viejo abrigo,
sus pantalones arrugados, fuera de la ciudad,
buscando lo que fue, donde solía ser?
La mañana sin nubes. Es él. El hombre
con ese viejo abrigo, los pantalones caídos,
le corresponde a él, efebo, hacer, confeccionar
la elegancia final, no consolar
o santificar, simplemente proponer.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), Notes Towards a Supreme Fiction, 1942
Versión de Silvia Camerotto



VII It feels good as it is without the giant, /A thinker of the first idea. Perhaps /The truth depends on a walk around the lake, /A composing as the body tires, a stop /To see hepatica, a stop to watch /A definition growing certain and /A wait within that certainty, a rest /In the swags of pine-trees bordering the lake. /Perhaps there are times of inherent excellence, /As when the cock crows on the left and all /Is well, incalculable balances, /At which a kind of Swiss perfection comes /And a familiar music of the machine /Sets up its Schwärmerei, not balances /That we achieve, but balances that happen, /As a man and woman meet and love forthwith. /Perhaps there are moments of awakening, /Extreme, fortuitous, personal, in which /We more than awaken, sit on the edge of sleep, /As on an elevation, and behold /The academies like structures in a mist. /Let me guess: /You're so embarrassed that you've demonstrated that you don't know what /abstractions are, nor why they should be avoided by hack novices such as
/yourself, that you're attempting to find and identify abstractions in works /by famous writers because you hilariously think you're making some sort of /point. /It certainly fits your pattern. /and /It must really sting.

VIII Can we compose a castle-fortress-home, /Even with the help of Viollet-le-Duc, /And set the MacCullough there as major man? /The first idea is an imagined thing. /The pensive giant prone in violet space /May be the MacCullough, an expedient, /Logos and logic, crystal hypothesis, /Incipit and a form to speak the word /And every latent double in the word, /Beau linguist. But the MacCullough is MacCullough. /It does not follow that major man is man. /If MacCullough himself lay lounging by the sea, /Drowned in its washes, reading in the sound, /About the thinker of the first idea, /He might take habit, whether from wave or phrase, /Or power of the wave, or deepened speech, /Or a leaner being, moving in on him, /Of greater aptitude or apprehension, /As if the waves at last were never broken, /As if the language suddenly, with ease, /Said things it had laboriously spoken.

IX The romantic intoning, the declaimed clairvoyance /Are parts of apotheosis, appropriate /And of its nature, the idiom thereof. /They differ from reason’s click-clack, its applied /Enflashings. But apotheosis is not /The origin of the major man. He comes, /Compact in invincible foils, from reason /Lighted at midnight by the studious eye, /Swaddled in revery, the object of /The hum of thoughts evaded in the mind, /Hidden from other thoughts, he that reposes /On a breast forever precious for that touch, /For whom the good of April falls tenderly, /Falls down, the cock-birds calling at the time. /My dame, sing for this person accurate songs. /He is and may be but oh! he is, he is, /This foundling of the infected past, so bright, /So moving in the manner of his hand. /Yet look not at his colored eyes. Give him /No names, Dismiss him from your images. /The hot of him is purest in the heart.


X The major abstraction is the idea of man /And major man is its exponent, abler /In the abstract than in his singular, /More fecund as principle than particle, /Happy fecundity, flor-abundant force, /In being more than an exception, part, /Though an heroic part, of the commonal. /The major abstraction is the commonal, /The inanimate, difficult visage. Who is it? /What rabbi, grown furious with human wish, /What chieftain, walking by himself, crying /Most miserable, most victorious, /Does not see these separate figures one by one, /And yet see only one, in his old coat, /His slouching pantaloons, beyond the town, /Looking for what was, where it used to be? /Cloudless the morning. It is he. The man /In that old coat, those sagging pantaloons, /It is of him, ephebe, to make, to confect /The final elegance, not to console /Or sanctify, but plainly to propound.

----
Ilustración: San Francisco sueña con el palacio celestial para su orden, fines del siglo XIII ó principios del XIV, fresco en la Iglesia Superior de San Francisco, en Asís, atribuido a Giotto di Bondone

domingo, julio 31, 2011

Ezra Pound / Frates minores


Frates minores

Con mentes colgadas como testículos,
Ciertos poetas aquí y en Francia
Todavía suspiran acerca de un hecho natural y establecido
Abordado por Ovidio mucho tiempo atrás.
Aúllan. Se quejan con delicada y exhaustiva métrica
De que la contracción de tres nervios abdominales
Sea incapaz de producir un Nirvana duradero.

Ezra Pound (Hailey, 1885-Venecia, 1972), versión de Javier Cófreces y Matías Mercuri en Argentarium. Antología de los poemas cortos de Ezra Loomis Pound, traducidos por autores argentinos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009


Frates Minores

With minds still hovering above their testicles
Certain poets here and in France
Still sigh over established and natural fact
Long since fully discussed by Ovid.
They howl. They complain in delicate and exhausted metres
That the twitching of three abdominal nerves
Is incapable of producing a lasting Nirvana.

de Personae, 1926
---
Ilustración: Poemas de los 36 Poetas Inmortales sobre pintura de grullas, siglo XVII, Tawaraya Sotatsu

sábado, julio 30, 2011

Apollinaire / El pequeño coche




El pequeño coche

El 31 de agosto de 1914
Dejé Deauville poco antes de medianoche
En el pequeño coche de Rouveyre
Con su chofer éramos tres

Dijimos adiós a toda una época
Furiosos gigantes se alzaban sobre Europa
Las águilas dejaban su nido en espera del sol
Los peces voraces escalaban los abismos
Los pueblos acudían para conocerse a fondo
En sus moradas sombrías los muertos temblaban de terror

Los perros aullaban allá donde estaban las fronteras
Yo me alejaba llevando conmigo todos esos ejércitos combatientes
Los sentía ascender en mí y extenderse las comarcas en que ellos serpenteaban
Los bosques los felices poblados de Bélgica
Condados con el Agua Roja y
Región por donde siempre se llevan a cabo las invasiones
Arterias ferroviarias donde quienes iban a morir
Saludaban una vez más la vida colorida
Océanos profundos agitados de monstruos
En los viejos esqueletos naufragados
Inimaginables alturas donde el hombre combate
Más altas que aquellas donde planea el águila
Allí el hombre lucha contra el hombre

Y cae de pronto como una estrella errante
Sentía en mí seres nuevos plenos de destreza
Que construían y también arreglaban un universo nuevo
Un comerciante de opulencia inaudita y prodigioso porte
Preparaba una muestra extraordinaria
Y pastores gigantescos conducían
Grandes rebaños mudos que pacían palabras
Contra las que ladraban todos los perros en el camino
Y cuando después de haber pasado al mediodía
Por Fontainebleau
Llegamos a París
En el momento en que se anunciaba la movilización
Comprendimos mi camarada y yo
Que el pequeño coche nos había conducido a una época
Nueva

Y que pese a ser ambos dos hombres maduros
Acabábamos sin embargo de nacer

[Calligrammes, 1918]

Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky (Roma, 1880-París, 1918), Guillaume Apollinaire, Antología, traducción de Monica Virasoro y René Palacios More, Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1971

Nota: Esta página reproduce el caligrama que acompañaba la primera edición de este poema. Al pie, puede leerse en orden convencional su contenido en francés, no traducido ni citado en la versión de Virasoro y Palacios More, e incluido en la edición de la Universidad de California, de la que se ha copiado asimismo el texto original de La petite auto.

La petite auto

Le 31 du mois d'Août 1914
Je partis de Deauville un peu avant minuit
Dans la petite auto de Rouveyre

Avec son chauffeur nous étions trois

Nous dîmes adieu à toute une époque
Des géants furieux se dressaient sur l'Europe
Les aigles quittaient leur aire en attendant le soleil
Les poissons voraces montaient des abîmes
Les peuples accouraient pour se connaître à fond
Les morts tremblaient de peur dans leurs sombres demeures

Les chiens aboyaient vers là-bas où étaient les frontières
Je m'en allais portant en moi toutes ces armées qui se battaient
Je les sentais monter en moi et s'étaler les contrées où elles serpentaient
Avec les forêts les villages heureux de la Belgique
Francorchamps avec l'Eau Rouge et les pouhons
Région par où se font toujours les invasions
Artères ferroviaires où ceux qui s'en allaient mourir
Saluaient encore une fois la vie colorée
Océans profonds où remuaient les monstres
Dans les vieilles carcasses naufragées
Hauteurs inimaginables où l'homme combat
Plus haut que l'aigle ne plane
L'homme y combat contre l'homme
Et descend tout à coup comme une étoile filante
Je sentais en moi des êtres neufs pleins de dextérité
Bâtir et aussi agencer un univers nouveau
Un marchand d'une opulence inouïe et d'une taille prodigieuse
Disposait un étalage extraordinaire
Et des bergers gigantesques menaient
De grands troupeaux muets qui broutaient les paroles
Et contre lesquels aboyaient tous les chiens sur la route

Et quand après avoir passé l'après-midi
Par Fontainebleau
Nous arrivâmes à Paris
Au moment où l'on affichait la mobilisation
Nous comprîmes mon camarade et moi
Que la petite auto nous avait conduits dans une époque

Nouvelle
Et bien qu'étant déjà tous deux des hommes mûrs
Nous venions cependant de naître


[Caligrama]

Je n’oublierai jamais ce voyage nocturne où nul de nous ne dit un mot
O départ sombre où mouraient nos 3 phares
O nuit tendre d’avant la guerre
O villages où se hâtaient les
MARECHAUX-FERRANTS RAPPELES
ENTRE MINUIT ET UNE HEURE DU MATIN
Vers LISIEUX la très bleue
Ou bien
Versailles d’or
Et 3 fois nous nous arrêtâmes pour changer un pneu qui avait éclaté

Calligrammes, Universidad de California, 1980

viernes, julio 29, 2011

Joseph Woods / Dos poemas


Platería familiar

La plata parece
es siempre lo que se va primero.

Entre mesas con chucherías
en San Telmo, cuchillos importantes

con monograma para pescado,
pilas ordenadas de cucharas,

abanicos de tenedores y cucharones
con inmaculados mangos de hueso.

Nuestro regalo de casamiento,
un par de cucharas soperas de plata,

grabadas en Londres 1832,
que sacamos en ocasiones especiales.

Lustradas y devueltas
a su elemento

siguen metiéndose
en las bocas de los muertos.


En parques extranjeros

A veces la necesidad de estar solo;
un parque municipal en una ciudad extranjera
cerca del crepúsculo, entre personas rezagadas
–extraños para uno–
y los que se juntan en pequeños grupos y conversan
sobre sus perros mientras el que está solo se sienta
en un banco a leer y se quedará solo.
Una pareja se abraza custodiada por una puerta
colosal que ya no se abre o cierra o nada.

Joseph Woods (Drogheda, 1966), Ocean Letters, Dedalus Press, 2011
Traducciones de Jorge Fondebrider


Family Silver
Silver it seems/ is always the first to go.// Among tables of bric-a-brac/ at St. Telmo, monogrammed// fish knives of consequence,/ neat stacks of spoons,// fans of forks and soup ladles/ with immaculate bone handles.// Our wedding present/ of a pair of silver soup spoons,// hail-marked London 1832,/ we take out on special occasions.// Polished and returned/ to their element// they keep placing themselves/ in the mouths of the dead.

In Foreign Parks
Sometimes the need to be alone; / a municipal park in a foreign city/ round about dusk, among stragglers–/ to a soul all strangers– and those/ who are gathered in small groups discussing/ their dogs while the one who is alone sits/ on a bench reading and will remain alone./ A couple embrace, sentried by a colossal/ gate that no longer opens or shuts or anything.


Ilustración: Carl Schurz Park, 1922, William Glackens

jueves, julio 28, 2011

Mauro Viñuela / Leo a Hegel




Leo a Hegel

La Historia colocó sobre las manos de mi nonna Colomba
una escopeta doble caño. Ella tenía siete años. Cuidaba presos en la primera guerra.
Les apuntaba desde un banquito de madera. Mientras se zarandeaba imaginando olas del Mediterráneo.
Detrás de las rejas. Detrás de cada puerta se combatía.
La Historia colocó sobre el cuerpo de mi nonna Colomba
a un montón de soldados ingleses
en la segunda guerra.
La Historia trajo a mi nonna Colomba en un barco
colmado de baúles y semillas y misa en cubierta.
La Historia colocó en las manos de mi madre carretillas solares
estiércol para la tierra, conejos azules, gallos de cresta color del Mediterráneo.
La Historia colocó más tarde sobre mamá a un montón de militares
uniformados en centros de detención.
La Historia violó a mamá en América. Nos violó las capillas fluorescentes colgadas
en la pared del comedor. Nos arrojó semen negro sobre el claro horizonte del patio.
La Historia le dio con la guadaña a nuestras plantas y disparó
a la cabeza de todos nuestros animales.
La Historia colocó una gota de orfandad pura como agua del Mediterráneo sobre cada ojo mío y de mis hermanos.
La Historia colocó ante mí una hoja en blanco, donde no escribo.
Sólo arrojo cenizas como fina, impalpable arena del Mediterráneo.

Mauro Viñuela (Resistencia, Chaco, 1971)

Ilustración: El sifón, 1915, Emilio Pettoruti

miércoles, julio 27, 2011

Gianfranco Ciabatti / De "In corpore viri"




Petit testament

En plena capacidad
de entender y de querer
mi espíritu vivo encarga mi cuerpo muerto
al bisturí los portaobjetos las probetas
augurándole encontrarse, entre los sobrevivientes,
en un hermano suyo, que sagaz busque,
aquél que siempre, dondequiera, será
el único provisto de vista y de amor.
Todos los otros se ocupen, luego,
de los restos con discreción,
de modo que mi espíritu sea restituido
a la nada, y al todo mi cuerpo,
con dignidad.

*

La vida ni siquiera la muerte
concede en don.
Hasta un extremo del que no ve fin,
el cuerpo conduce firme
su lucha.
El esplendor del sol y la paz de la sombra
igualmente
le prohíben la rendición
sobre una u otra banda de la liza;
en campo abierto
largo tiempo
lo prueban.
Y al decaer el combate
será dulce la vida, o la muerte
será dulce
como ha sido la vida.


Gratuidad

Entre las infamias del tiempo
cotidiano
que soberanos los asesinos y los fraudulentos
suministran,
de improviso la sangre descubre que es
feliz
sin ninguna razón,
y que ésta,
entre las razones de la felicidad,
es la mejor,
y que de esta ausencia
de razones
forma parte tu presencia.

Gianfranco Ciabatti (Ponsacco, 1936-Florencia, 1994), In corpore viri, Marsilio, Venecia, 1998
Versiones de Jorge Aulicino


Petit testament

In piena capacità
di intendere e di volere
il mio spirito vivo commette il mio corpo morto
al bisturi ai vetrini alle provette,
augurandogli d'imbattersi, tra i sopravvissuti,
in un fratello suo, che sagace ricerchi,
quello che sempre, ovunque, sarà l'unico
provveduto di vista e di amore.
Tutti gli altri si occupino, poi,
dei resti con discrezione,
affinché il mio spirito sia restituito
al nulla, e al tutto il mio corpo,
con dignità.

*
La vita nemmeno la morte
concede in dono.
Fino a un estremo che non vede fine
il corpo conduce forte
la sua lotta.
Lo splendore del sole e la pace dell'ombra
ugualmente
gli vietano la resa
sull'una o l'altra banda della lizza,
in campo aperto
a lungo
lo cimentano.
E allo scadere del combattimento
sarà dolce la vita, o la morte
sarà dolce
come è stata la vita.


Gratuità

Tra le infamie del tempo
quotidiane
che sovrani gli assassini e i frodolenti
somministrano,
di soprassalto il sangue scopre di essere
felice
senza alcuna ragione,
e che questa,
tra le ragioni di felicità,
è la migliore,
e che di questa assenza
di ragioni
fa parte la tua presenza.


---
Ilustración: Enrique VIII y los barberos-cirujanos (detalle), c. 1543, Hans Holbein, el Joven

martes, julio 26, 2011

Enrique Solinas / Acerca del Rigor de la Muerte




Acerca del Rigor de la Muerte

Para no morir uno empieza a escribir por la mañana
con un cigarrillo en la mano
y esa paciencia de absoluto
que nadie es capaz de ejecutar.

Nos queda la escritura y el silencio
para cuando llega la tarde
y el humo del cigarrillo en la piel,
y otro cigarrillo más.

Qué oscura es la ciudad cuando anochece,
pero su oscuridad nos muestra una certeza.
Ahora sabemos
que con buena voluntad también se muere
y que uno es capaz de morir como cualquiera.
Se deja la vida a medio hacer,
se piensa en todo aquello
que jamás sucedió
y a nadie importa.

A veces se pierde y está bien.
La inmortalidad es algo demasiado alto,
demasiado pesado, demasiado lejano.

A veces se pierde y está bien.

Estoy listo,
estoy listo.

Por lo menos,
habré intentado mis palabras para no morir.


Enrique Solinas (Buenos Aires, 1969), El gruñido y otros poemas – Antología poética–, Ediciones Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2011.


Foto: Solinas Macedonianos

lunes, julio 25, 2011

Alda Merini / Dos poemas




Titán, esa voz de siempre...

Titán, esa voz de siempre
que corre sobre el vientre de la razón,
tu desatinado coraje
que empuja las paredes
más allá del muro del llanto, esa sed
de espacio, ese clima tuyo que devora
a la gente como si fuese tu mano
el gesto impresionista, tu cara
desierta de innumerables columnas,
Titán que me ha devorado los dedos
como hojas de un árbol espinoso.


Ambrosio, ningún carmen es tan devoto de Dios...

Ambrosio, ningún carmen es tan devoto de Dios
como el carmen de la lujuria
que dora a los viejos como a panes ardientes
que los hace exultar y los hace creer en Dios.
Y dentro de sus ojos que han visto
el placer
y el absurdo riesgo de la muerte
saben que el Paraíso está hecho
de solitarias fronteras
y temen el infierno de la vida.

Alda Merini (Milán 1931-2009), Superba è la notte, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2000
Versiones de J. Aulicino


Titano, quella voce di sempre
che corre sul ventre della ragione,
il tuo forsennato coraggio
che spinge le pareti
oltre il muro del pianto, quella sete
di spazio, quel tuo clima che divora
la gente come fosse la tua mano
il gesto impressionista, la tua faccia
arsa da innumerevoli colonne,
Titano che mi hai divorato le dita
como foglie di un albero spinoso.


Ambrogio, nessun carme è tanto devoto a Dio
come il carme della lussuria
che indora i vecchi come pani ardenti
che li fa esultare e li fa credere in Dio.
E dentro i loro occhi che hanno visto
il piacere
e l'assurdo periglio della morte
sanno che il Paradiso è fatto
di sole frontiere
e temono l'inferno della vita.


---
Ilustración: Alegoría del triunfo de Venus, 1540, Agnolo Bronzino

Sharon Olds / Vuelvo a mayo de 1937













Vuelvo a mayo de 1937

Los veo parados frente a los portones formales de sus colegios secundarios,
veo a mi padre salir caminando
por debajo del arco de piedra ocre, los
destellos de los azulejos rojos como curvos
platos de sangre detrás de su cabeza, veo
a mi madre con unos pocos libros livianos contra su cadera
parada contra un pilar hecho de pequeños ladrillos con el
portón de hierro forjado todavía abierto detrás de ella, las
puntas de lanza negras en el aire de mayo,
están por graduarse, están por casarse,
son chicos, son tontos, todo lo que saben es que son
inocentes, no lastimarían a nadie.
Yo quiero acercarme a ellos y decirles Alto,
no lo hagan - ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, van a hacer cosas
que no pueden imaginarse que harían,
van a hacerles cosas malas a los niños,
van a sufrir de maneras de las que nunca oyeron hablar,
van a querer morirse. Quiero acercarme
a ellos ahí en el sol de esa tarde de mayo y decirlo,
la cara ávida y preciosa de ella girándose hacia mí,
su lastimoso cuerpo virgen,
la cara arrogante atractiva ciega de él girándose hacia mí,
su lastimoso cuerpo virgen,
pero no lo hago. Quiero vivir. Yo
los levanto como a muñecos de papel
hombre y mujer y los choco uno contra otro
por las caderas como a trozos de pedernal para
que saquen chispas, digo
Hagan lo que van a hacer, y yo voy a contarlo.

Sharon Olds (San Francisco, 1942), The Gold Cell, editorial Alfred A. Knopf, NY 1994
Versión: Inés Garland, Ignacio Di Tullio


I Go Back to May 1937

I see them standing at the formal gates of their colleges,
I see my father strolling out
under the ochre sandstone arch, the
red tiles glinting like bent
plates of blood behind his head, I
see my mother with a few light books at her hip
standing at the pillar made of tiny bricks with the
wrought-iron gate still open behind her, its
sword-tips black in the May air,
they are about to graduate, they are about to get married,
they are kids, they are dumb, all they know is they are
innocent, they would never hurt anybody.
I want to go up to them and say Stop,
don't do it--she's the wrong woman,
he's the wrong man, you are going to do things
you cannot imagine you would ever do,
you are going to do bad things to children,
you are going to suffer in ways you never heard of,
you are going to want to die. I want to go
up to them there in the late May sunlight and say it,
her hungry pretty blank face turning to me,
her pitiful beautiful untouched body,
his arrogant handsome blind face turning to me,
his pitiful beautiful untouched body,
but I don't do it. I want to live. I
take them up like the male and female
paper dolls and bang them together
at the hips like chips of flint as if to
strike sparks from them, I say
Do what you are going to do, and I will tell about it.

---

domingo, julio 24, 2011

Abel Robino / Stalkeriana




Stalkeriana

A Horacio Castillo y César Cantoni

Nos acercamos tocando la bocina de los automóviles,
con alaridos de estadio, insultando como se debe
a un adversario que no conocíamos.

Nos acercamos a aquel lugar
inalterado, oscuro, insondable,
con la única intención de provocar a lo que allí vive,
y el horror nos heló la espalda,
ante aquella fuerza despabilada, echándose sobre nosotros.

Nos desbaratamos como pudimos.
Algunos recurrieron, para contarlo, al periodismo,
al pasaje donde un Sansón bíblico toma una quijada de asno
y arremete a hachazos contra los filisteos.

Pero la verdad es que nadie había visto
más que la cara de su propio miedo.

Todos los domingos volvemos a mirar aquel lugar desde lejos,
pensando que es posible morir felices;
quizá sea un estratégico lugar el más allá
donde se arenga sin voz,
donde se gesticula sin brazos,
donde se podría derrotar a lo invisible con lo invisible.

[inédito]

Abel Robino (Pergamino, Argentina, 1952), El cine y la poesía argentina, selección y ensayo de Héctor Freire, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Sin título, 2006, Abel Robino

sábado, julio 23, 2011

Francisco Urondo / Del otro lado


Del otro lado

Cuando estuvimos desesperados, alguien
contó la historia.

No se la puede escuchar serenamente, tiemblan
las manos, el corazón se encoge de dolor;
da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse.
Ocurre lo de siempre.
Estábamos perdidos y la historia era confusa. Nada
tenía que ver con la certeza, ni
con el muslo de la bataclana. No
intervinieron traiciones; no es
una vulgar historia de fervores o de mantenidas.

Tu mano es necesaria para sobrellevarla. También
aquella vez, siempre aquella vez, apagaron
las luces y fue necesaria la presencia de tu mano.

Nos apretamos las manos en la sala impenetrable; temblamos
ante la cólera que aún no se había manifestado, que nunca
llegaría a marcarnos como sospechábamos, sino
de otra manera. Nuestras manos
procuraban ordenar el temblor, dominar el doloroso pánico;
y todo porque Humphrey Bogart había resucitado.

Estábamos perdidos en aquel
cine y él no era como el redentor; su cruz
no era un mandato, era
la inteligencia del hombre, era la resurrección
de la ciencia y de nuestros queridos finados.

Hace mucho que nos pasó esto; la mano
fría del cadáver impenitente
rozaba los sueños,
acariciaba nuestros tiernos rostos despavoridos.
Desde aquella vez no sabemos qué hacer con las historias
de los muertos que no aceptan su desdichada condición,
no sabemos qué hacer con el miedo; no sabemos
encontrar nuestras manos, nuestra
tristeza. El mundo inconsistente.

Hubo muchas anécdotas como ésta. ¿Quién
no tiene cosas horribles que contar? ¿Quién no tiene
su historia? Pero nadie supo qué decir, nadie supo
qué hacer, cuando alguien la contó.

Seguramente al escucharla buscarás una mano; será
como antes, pero enseguida
intentarás olvidar que estuvimos tristes o asustados.
Tampoco sabrás qué decir cuando se haga tarde; lo de siempre:
tendrás ganas de llorar y nada más.

Nadie esperaba una historia como ésta, tan lamentable. ¿Por qué
no llorar entonces? ¿Por qué no perderse en la espesura de la sala?

Se derramará sobre tu memoria,
como el alcohol que se vuelca entre los nervios y la madrugada;
la historia sobrevolará tu linda cabecita,
será un cuervo que sacudirá tus entrañas corrompidas,
que despeinará cariñosamente tu pelo.

Del otro lado (1967)

Francisco Urondo (Santa Fe, 1930-Mendoza, 1976), El cine y la poesía argentina, selección y ensayo de Héctor Freire, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011

Ilustración: The Circle Theatre, 1936, Edward Hopper

viernes, julio 22, 2011

Michael O’Loughlin / Talith


Dormimos debajo del talith de tu abuelo
Fina lana de oveja con rayas blancas y negras
Un código de barras gigante para que escanee Dios
El vellón de una bestia fabulosa.

Carpa pequeña, templo portátil
Sobrevivió a los ladrones holandeses y a los propietarios de Dublín
Para ampararme en esta noche irlandesa incluso a mí
No circuncidado, y la mayoría de las veces, no lavado.

Tu padre lo clavó a la pared de su estudio
Una bandera sin escudo. Edredón de eternidad,
Tu abuelo no creyó que iba a necesitarlo
Cuando tomó el tren en Amsterdam.

“¿Qué?”, dijo burlándose de tu padre,
“¿Acaso van a matarnos a todos?”

Michael O’Loughlin (Dublín, 1958) In This Life, New Island, 2011
Traducción de Jorge Fondebrider

Nota: El talith es el chal que usan los judíos religiosos para rezar en el templo.


Talith
We sleep beneath your grandfather’s talith/ Fine lamb’s wool striped black and white/ A giant barcode to be scanned by god,/The pelt of a fabulous beast.// Little tent, portable temple/ It survived Dutch looters and Dublin landlords/ To shelter in this Irish night even me/ Uncircumsized, and all too often, unwashed.//Your father pinned it to his study wall/ A flag without a shield. Eternity’s quilt,/ Your grandfather didn’t think he’d need it/ When he took the train in Amsterdam.// ‘And what,’ he mocked your father,/ ‘Are they going to murder us all?’

---
Ilustración: Cantar de los cantares, 1923, ilustraciones de Ze'ev Raban