viernes, agosto 28, 2009

Alberto Girri / De "Lo propio, lo de todos"


Desde Kierkegaard

Hundimos -¿o se lo sumerge?-
el dedo en la tierra,
y es
para tranquilizarnos, averiguar
en qué nos apoyamos,

pero tentados
hacia probables semejanzas, acuciados
por el solo gusto de obtenerlo,
nos atrae emprender idéntica
operación en la existencia,
y es lastimoso, adverso:
el dedo sumergiéndose
en la existencia -¿escarbando en ella?-,
y sin impregnarse de nada,
ni siquiera
detectar a quién dirigirnos e indagarle
qué nos trajo aquí y después nos desechó,
cómo tomamos interés
en una empresa llamada realidad,
y si Alguien la conduce.

Nada
de lo que se hiciera entonces
amendrentará,
envolverá, manifiestamente,
un recaer del universo
de nuestras dilatadas, constantes
prácticas en las análogas pruebas, resoluciones,
donde todo fue ya examinado,
donde a lo sumo
nuestros balbuceos, fintas, no exigen
ir más allá de amagos de pobrísima sustancia,
optar entre que una ventana
lleve o no cortinas,
que un armario
tenga o no coloración oscura, reflejo
de hiel, viejas cóleras,
o roja, viveza de la impaciencia.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Lo propio, lo de todos", Obra poética IV, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1984
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Ilustración: Jorge Macchi, Match, 2007

jueves, agosto 27, 2009

Cristian Rodríguez / Dos poemas


3

La imagen espeluznante de dos caniches
Blancos como piel de putas
Detrás del enrejado

Juguetes inmóviles
Articulados
Prístinos
De un alma cautiva

La calle canta su soleado mantra
Por detrás del andador
Precisa ortopedia estructural
El cielo azul ni una nube

Cuando
Pasás
Los caniches
Gorjean
Su histérico ladrido parecido a un quejido
Y saltan
En su caja de sombreros

12

El cable de la ira reptando
Buscador
De puchos maricas
Encasquillados
De medidas de rouge

Dona caprichosa
Quemaste naves
Sin mí

Ya no tuve padre
Y mi madre se cansó pronto de mí

Desideré
Sin eje alguno
Enajenado
Deambulé

Dejarme imaginar que soy dios
Un chiquito
Un querubín letárgico

En el eclipse
No dormí y observé


Cristian Rodríguez (Buenos Aires, 1965), Los tábanos decapitados 2, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009


Ilustración: Jorge Macchi, La ciudad luz, 2007

miércoles, agosto 26, 2009

Germán Arens / de los "Versos de Gabino"















Vecinos

Ayer...

(no daré
datos precisos
en relación
a Waimann,
dejo situado
el ayer
en algún lugar
de mi tiempo)
vi a Waimann
esperando
a la muerte
en su puerta
de calle.
Lo sé
muerto
desde hace
cuatro meses,
predestinación
de su médico.
Ayer
vi a Waimann
esperando
a la muerte...

y hoy
Waimann
está muerto
está muerto
está muerto
Ayer...
además de
a Waimann
esperando
a la muerte
en su puerta
de calle
ví a Alberto...
volvía satisfecho
del gimnasio...
y ayer,
además de
a Waimann
en su puerta
de calle
esperando
a la muerte
al momento
en que Alberto
satisfecho
volvía
del gimnasio...
pude ver
a la mujer
de Kandia
y en sus manos,
de la cooperativa obrera
cinco bolsas.
Todos ellos
(mis vecinos)
me han visto,
aunque no tienen
el deseo irrelevante
de escribirme.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), Versos de Gabino, El Suri Porfiado Ediciones, Buenos Aires, 2009
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Foto: Arens con su hija Malena

Pier Paolo Pasolini, "Las cenizas de Gramsci", II

Las cenizas de Gramsci

II
Entre dos mundos, la tregua en que no estamos.
Elecciones, dediciones... otro sonido no tienen
más que el de este jardín desventurado

y noble en que, terco el engaño
que mitigaba la vida, resta en la muerte.
En los círculos de sarcófagos no hacen

más que mostrar la superstite suerte
de gente laica las laicas inscripciones
en estas grises piedras, breves

e imponentes. Aún de pasiones
sofrenadas sin escándalo están ardidos
los huesos de los millonarios de naciones

más grandes; zumban, casi nunca desaparecidas,
las ironías de los príncipes, de los pederastas
cuyos cuerpos están en las urnas esparcidos

reducidos a ceniza y todavía no castos.
Aquí el silencio de la muerte es fe
de un civil silencio de hombres que permanecen

hombres, de un tedio que en el tedio
del Parque, discreto cambia: y la ciudad
que, indiferente, lo confina en medio

de tugurios y de iglesias, impía en la piedad,
allí pierde su esplendor. Su tierra
gorda de ortigas y de legumbres da

estos magros cipreses, esta negra
humedad que salpica los muros alrededor
de desvaídos garabatos de boj, que la noche

serenando convierte en despojados
barruntos de alga... esta hierbecita sufrida
e inodora, donde violeta se abisma

la atmósfera, con un escalofrío de menta,
o heno podrido, y quieta allí preludia
con diurna melancolía, la apagada

trepidación de la noche. Rudo
de clima, dulcísimo de historia, está
entre estos muros el suelo que trasuda

otro suelo; esta humedad que
recuerda otra humedad; y resuenan
-familiares de latitudes y

horizontes donde inglesas selvas coronan
lagos dispersos en el cielo, entre praderas
verdes como fosfóricos billares o como

esmeraldas: "And O ye Fountains..."- las piadosas invocaciones...

Pier Paolo Pasolini (Bologna, 1922 -Ostia, 1975), Le ceneri di Gramsci , 1957, Tutte lae poesie, Mondadori, 2003
Versión de J. Aulicino


Le ceneri di Gramsci
II
Tra i due mondi, la tregua, in cui non siamo. / Scelte, dedizioni... altro suono non hanno / ormai che questo del giardino gramo // e nobile, in cui caparbio l'inganno / che attutiva la vita resta nella morte. / Nei cerchi dei sarcofaghi non fanno // che mostrare la superstite sorte / di gente laica le laiche iscrizioni / in queste grigie pietre, corte // e imponenti. Ancora di passioni / sfrenate senza scandalo son arse / le ossa dei miliardari di nazioni // più grandi; ronzano, quasi mai / scomparse, le ironie dei principi, dei pederasti,/ i cui corpi sono nell'urne sparse // inceneriti e non ancora casti. / Qui il silenzio della morte è fede / di un civile silenzio di uomini rimasti // uomini, di un tedio che nel tedio / del Parco, discreto muta: e la città / che, indifferente, lo confina in mezzo // a tuguri e a chiese, empia nella pietà, / vi perde il suo splendore. La sua terra / grassa di ortiche e di legumi dà // questi magri cipressi, questa nera / umidità che chiazza i muri intorno / a smotti ghirigori di bosso, che la sera / / rasserenando spegne in disadorni / sentori d'alga... quest'erbetta stenta /e inodora, dove violetta si sprofonda // l'atmosfera, con un brivido di menta, / o fieno marcio, e quieta vi prelude / con diurna malinconia, la spenta // trepidazione della notte. Rude / di clima, dolcissimo di storia, è / tra questi muri il suolo in cui trasuda // altro suolo; questo umido che / ricorda altro umido; e risuonano / - familiari da latitudini e // orizzonti dove inglesi selve coronano / laghi spersi nel cielo, tra praterie / verdi come fosforici biliardi o come // smeraldi: "And O ye Fountains..." - le pie invocazioni...

En este blog: Las cenizas de Gramsci I
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martes, agosto 25, 2009

Pier Paolo Pasolini / "Las cenizas de Gramsci", I




Las cenizas de Gramsci

I

No es de mayo este impuro aire
que el oscuro jardín extranjero *
hace todavía más oscuro, o encandila

con ciegas aperturas... este cielo
de babas sobre los áticos amarillos
que en semicírculos vastos velan

las curvas del Tíber, los montes
turquesa del Lazio... Expande una mortal
paz, desamorada como nuestros destinos,

entre las viejas murallas el otoñal
mayo. En él está la grisura del mundo,
el fin del decenio en el que nos parece

entre los escombros terminado el profundo
e ingenuo esfuerzo de rehacer la vida;
el silencio, anegado e infecundo...

Tú, joven en aquel mayo en el que el error
era todavía vida, aquel mayo italiano
que a la vida añadía al menos ardor,

atolondrado al menos e impuramente sano
entre nuestros padres -no padre sino humilde
hermano- ya con tu flaca mano

delineabas el ideal que ilumina
(pero no para nosotros: tú muerto y nosotros
muertos igualmente contigo en el húmedo

jardín) este silencio. No puedes,
¿lo ves?, más que reposar en este sitio
extraño, todavía, confinado. Hastío

patricio te rodea. Y, descolorido,
sólo te llega algún golpe de yunque
de los talleres de Testaccio, amodorrado

en el atardecer: entre míseros tinglados,
desnudos montones de lata, chatarra, donde
cantando vicioso un aprendiz ya cierra

su jornada mientras alrededor aclara.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), "Le ceneri di Gramsci" , 1957, Tutte le poesie, Mondadori, 2003
Versión de J. Aulicino

* El cementerio protestante de la Porta di San Paolo. "Extranjero", en tanto no católico, administrado por un comité de embajadas de países con fuerte presencia "acattolica". Yacen allí Shelley y Keats.


Le ceneri di Gramsci
I
Non è di maggio questa impura aria / che il buio giardino straniero / fa ancora più buio, o l'abbaglia // con cieche schiarite... questo cielo / di bave sopra gli attici giallini / che in semicerchi immensi fanno velo / / alle curve del Tevere, ai turchini / monti del Lazio... Spande una mortale / pace, disamorata come i nostri destini, // tra le vecchie muraglie l'autunnale / maggio. In esso c'è il grigiore del mondo, / la fine del decennio in cui ci appare // tra le macerie finito il profondo / e ingenuo sforzo di rifare la vita; / il silenzio, fradicio e infecondo... // Tu giovane, in quel maggio in cui l'errore / era ancora vita, in quel maggio italiano / che alla vita aggiungeva almeno ardore, / / quanto meno sventato e impuramente sano / dei nostri padri - non padre, ma umile / fratello - già con la tua magra mano // delineavi l'ideale che illumina / (ma non per noi: tu morto, e noi / morti ugualmente, con te, nell'umido // giardino) questo silenzio. Non puoi, / lo vedi?, che riposare in questo sito / estraneo, ancora confinato. Noia // patrizia ti è intorno. E, sbiadito,/ solo ti giunge qualche colpo d'incudine / dalle officine di Testaccio, sopito // nel vespro: tra misere tettoie, nudi / mucchi di latta, ferrivecchi, dove / cantando vizioso un garzone già chiude // la sua giornata, mentre intorno spiove.
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lunes, agosto 24, 2009

Alberto Girri / De "Elegías italianas"


MEMORATO

Villa Borghese

Octubre, árida ya la tibieza.

Y el contacto visual,
la sensación táctil,
concentrados,
unificados en las hojas,
y la mano, diestra,
la que sabe y avanza mejor,
eligiendo
con la avidez de un pájaro
aquellas de tono aún verde
(signo del agua,
conjuro
contra lo agresivo del amor),
hasta separarlas totalmente
de las amarillas, nervaduras,
materia sin sol
como hebras de una soga
para la tentación más recóndita,
una horca que huela a tierra.

En el montón de desechos,
insípida ofrenda, otoño que vuelve,
hoy habremos transferido,
delegado al mundo vegetal
nuestros padeceres:
los que se aman se aman sin reservas
cuando franquean el paso
de lo natural a lo simbólico.


INSCRIPCIONES

¿Sabéis de otro?

¿Sabéis de otro
tan capaz
de sostenerse y afirmarse
sobre toda excelencia,
sobre los que poseían
lo que yo no tuve,
desde una lengua,
aguzada
carcoma de los huesos,
arma
y pequeño miembro
de elocuencia y vejación
desenmascarando
al trepador de la gloria,
al Alighieri,
astuto nacido para frustrarme
con su verso inconmovible?

¿Conocéis
quién mejor que yo,
Cecco Angiolieri,
toscano de Siena,
inconformista,
pudiera envidiar
la plenitud de haber dicho
io venni in luogo d'ogni luce molto?

Sabríais
de mi color lívido,
cara de penitencia,
color
de las sombras de cosidos ojos
fraternizando en el Pugatorio.


San Agustín hubiera visto en mí

San Agustín hubiera visto en mí
al hurgador de la antigüedad,
el erudito embrollón
digno de ser anatemizado
por humillarse
persiguiendo elogios,
laureles en el Capitolio,
recompensas
que otorgan príncipes y cortes;

Shakespeare
no vio más que mi obra -su inspiración-,
pues para este bárbaro
los hombres no importan,
mueren,
pasan y mueren
y los gusanos tienen que comerlos,
aunque no de amor.

Tú, alma ambiciosa,
mira mejor, con total simpleza,
piénsame
ajeno al estímulo del rétor,
ajeno a los lamentos
que ante el tribunal de la Razón depuse
por agravios de Amor,
detenido
en aquel Viernes Santo de 1327
en Santa Clara, en Aviñón, *
por el repentino milagro
y la singular aventura de la vida
llenando los atrios, el paisaje,
las nacientes flores
bajo Su pie desechas.

* Fue en la iglesia de Santa Clara, en Aviñón, el 6 de abril de 1327, donde Francesco Petrarca dice haber visto por primera vez a Laura -probablemente la hija del caballero Audibert de Noves, casada con el conde Hugues de Sade- y se enamoró de ella para siempre.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), Elegías italianas, editorial Sur, Buenos Aires, 1962
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Ilustración: retrato de Laura Noves, Biblioteca Medicea Laurenziana, Florencia

domingo, agosto 23, 2009

La dama Otomo No Sakanoue / Dos poemas




LXIII

Dices; "Iré", pero no vienes.
Ahora dices: "No iré",
Conque te esperaré.
¿He aprendido a entenderte?

LXIV

No sonrías para tus adentros
Como un montaña verde
Cuando la cruza una nube.
Se enterarán de nuestro amor.

La dama Otomo No Sakanoue (Japón, c.695-750), Kenneth Rexroth, Cien poemas japoneses, traducción del inglés: Carlos Manzano. Editorial Gadir, Madrid, 2007

Komu to yu mo
Konu toki aru wo
Koji to yu wo
Komu to wa mataji
Koji to yu mono wo


Aoyama wo
Yoko giru kumo no
Ichijiroku
Ware to emashite
Hito ni shirayu na
---
Imagen: Episodio de Genji-monogatari, por Gukei, parte de una serie de 31 escenas, siglo XVII, Galería Janette Ostier, Paris / Wikimedia Commons

viernes, agosto 21, 2009

Nicanor Parra / De "Poemas y antipoemas"


Solo de piano

Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y que se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso a la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas.

Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 1914), "Poemas y antipoemas", Obra gruesa, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1969

Foto: Parra Viviana Peláez/Universidad de Chile

jueves, agosto 20, 2009

Wallace Stevens / Vida común














La vida común

Ese es el friso del centro de la ciudad,
Principalmente el campanario de la iglesia,
Una línea negra junto a una línea blanca;
Y la chimenea de la planta eléctrica,
Una línea negra trazada en el aire plano.

Es una luz mórbida
Aquella en la que están paradas
Como una lámpara eléctrica
Sobre una página de Euclides.

En esa luz, el hombre es un resultado,
Una demostración, y la mujer,
Sin rosa y sin violeta,
Las sombras que están ausentes en Euclides,
No una mujer para un hombre.

El papel es muy blanco
Para esas líneas negras.
Relumbra debajo de un tejido
De alambre, los dibujos de tinta,
Los planos que deberían tener genio,
Los volúmenes como ruinas de mármol,
Delineados y con anotaciones en orden
Alfabético y notas al pie.
El papel es muy blanco.
Los hombres no tienen sombras
Y las mujeres tienen un solo lado.

Wallace Stevens (Reading, Pennsylvania, 1879 - Hartford, Connecticut, 1955), “Parts of a World”, 1942, Collected Poetry & Prose, The Library of America, Nueva York, 1997
Versión de J. Aulicino


The Common Life
That's the down-town frieze,/ Principally the church steeple,/ A black line beside a white line;/ And the stack of the electric plant,/ A black line drawn on flat air.// It is a morbid light/ In wich they stand,/ Like an electric lamp/ On a page of Euclid.// In this light a man is a result,/ A demostration, and a woman,/ Without rose and without violet,/ The shadows that are absent from Euclid,/ Is not a woman for a man.// The paper is whiter/ For these black lines./ It glares beneath the webs/ Of wire, the designs of ink,/ The planes that ought to have genius,/ The volumes like marbles ruins/ Outlined and having alphabetical / Notations and footnotes./ The paper is whiter./ The men have not shadows/ And the women have only one side.

---
Ilustración: Matthias Weischer Escultura 1, 2008

miércoles, agosto 19, 2009

Vicente Huidobro / Poema póstumo


La poesía es un atentado celeste

Yo estoy ausente, pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo.
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando de viaje dando un poco de mi vida
A cierto árboles y ciertas piedras
Que me han esperado muchos años.

Se cansaron de esperarme y se sentaron.

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco, el atroz equívoco.

Angustioso, lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas

Me estoy haciendo árbol. Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas...
Es doloroso y lleno de ternura.

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que aguardar en silencio. Esperar en silencio.

Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 1893-Cartagena, Chile, 1948), de "Ultimos poemas", póstumo, 1948. Antología Poética, ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1993

Foto: Huidobro, tomando la mano de Lya de Putti, rodeado de otras actrices. Nueva York, 1937 Retablo de Literatura Chilena, Universidad de Chile, Facultad de Filosofía y Humanidades

martes, agosto 18, 2009

Ignacio Uranga / de "El ella real"


Interacción comunicacional

Sí, dijo esa noche con el vaso de ron vacío, después de
la conversación que derivó en temáticas no adecuadas
para el fin sexual que la reunión tenía como propósito:
porque después del diálogo, después de comprar el diario
de madrugada al chico de 6 años, después de años de
no comer monedas de chocolate, después de ella y de mí
es decir después de nosotros que parecíamos para siempre
la idea de llegar hasta su cuarto a desordenar las sábanas
empezaba a convertirnos en objetos: quizá por eso la deci-
sión de tomarla de la mano en calle Mitre y caminar hasta
Alem, para subirme al colectivo y dejarla ahí en la esquina
parada, diciendo ahora con la mirada un auténtico sí, un sí
legítimo: el sí que había sido no empezaba, con sus íconos
gestuales o metalingüísticos, en el momento menos indicado
a ser sí: la palabra del otro, el habla ajena introducida en otro
contexto, sea cual fuere la exactitud de su transmisión, se ve
sometida, siempre, a determinadas modificaciones semánticas:
cuando yo recupero el sí que dijo, inevitablemente dejo fuera
una constelación de lo que también dijo con sus ojos: quiero
decir que el lenguaje nunca tuvo la facultad de ser la forma
absoluta del pensamiento: lo supe después, cuando ella quedó
sola en la esquina diciendo sí, mientras yo me preguntaba
sobre la ventanilla de la 500 cómo se lee una mujer

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), El ella real, Hemisferio Derecho Ediciones, Bahía Blanca, 2009

Ilustración: Edward Hopper, Excursion into philosophy, 1959

lunes, agosto 17, 2009

Néstor Groppa / de "Obrador"





La casa de la venta de artículos místicos

"Paz-fortuna-prosperidad-salud-unión-polvos mágicos-pirámides-
defumadores-tolerancia-amor-talismanes-objetos esotéricos..."

Sahumerios con sulfuros de otra vida,
y otras vidas. Velas con la llama, todavía,
del amanecer del mundo, transmitido
de vela en vela. Símbolos
de la Científica Basilio
donde Cristo ha dejado su butaca vacía
y colgada su corona espinuda.
Elementos esotéricos, vendaval
de poderes, recortes de fuerzas
positivas, flujos, playas espirituales
con el alma del oro y sales de descarga,
sarta de rogativas
(deprecaciones, imprecaciones); invocaciones
con gamas de poderes telepáticos por microondas;
poderes y más poderes;
joderes, xoderes
de sectas tan o más viejas que las arañas.

Al frente de un otoño flotando
en el tipal
que hilvanaba la ciudad
con el amanecer;
recorrida, recamada y salpicada
por almácigos de humos blancos,
grises y azules, como los cielos cardinales
del acontecimiento de la duda.

La huelga de los vendedores ambulantes,
los de Citizen, las Bics, las pulseras de bronce
antirreumáticas, los portadocumentos, los espejitos
que reciben y amontonan ojos y labios
hasta rebalsar. Todos los del SIVEAMJU
(sindicato de vendedores ambulantes jujeños) con su olla
popular en el puente Lavalle,
la "morocha" que guardan bajo un tablón
-cubierto con nailon negro subliminal-
al apresurar la lluvia
de estos días tocados de diciembre.
Como aquellos días aciagos, los de guardar,
los propicios, los lunes de flores para el cementerio,
los viernes de soltero, los jueves del cambio de película
en los cines, el canto del quitupí y otras yerbas
de sahumeriar abundante, apasionadamente
y mantener en la billetera una pluma de caburé
(así no falta dinero, grande y menudeo),
purgándose y bañándose al amanecer del día aciago
(1 de agosto), requiriendo los andenes y beneficios
de ángeles protectores y sus atenciones para con el hogar.

Otrora, antes de la "Científica"
y de los "últimos días",
en el "hotel y restorán a la carta"
sacaban sus mesitas a la vereda
bajo los copiosos plátanos
con bellotitas alérgenas.
Los parroquianos de los Pericos
comían sangüiches (acompañaban
con cerveza). En la fonda de enfrente, la de la bomba
ferroviaria, otra criolla desensillaba vinos
y aventaba picantes de plata.
Esos fantasmas frecuentaban, en el comedor,
las mesas con sillas en sus encimas,
el mantelito con iniciales, arrollado,
sus espejos inundados con barritos de moscas
y la máquina de expréss, apagada ("se sirven
sólo desayunos"). Todavía vemos abandonados
tres cuartos de Vasija Secreta y un porrón
de Quilmes a medio vaciar
frente al televisor desconectado.

En el salón (comedor a la carta) ya no cabe el presente.
Las raíces revienen al aire
y eso va secando al dondiego de la noche
y agosta y aletarga cada día,
por más votos y cintas rojas
contra la envidia, por más pirámides
con siete fuerzas, por más contras, ofrendas,
rogativas y "Gracias al Espíritu Santo"
("perdón por la demora") que derramen
sobre tanto espejo mudo
apartado de consulta mundana.

En una percha en cruz
cuelga la corona de Cristo
y el alma de oro
que desató su lluvia y mundo fino,
sin liga, hasta aquí,
hasta esta ciudad como nido de quenti-colibrí.

Néstror Groppa (Laborde, Córdoba, 1928-San Salvador de Jujuy, 2011), Obrador, ediciones Buenamontaña, Jujuy, 1988

Noticia: Groppa residió en Jujuy desde 1952

Foto: Néstor Groppa en El Tribuno, Salta

De Groppa en este blog:
Poemas de Libro de ondas - Segunda parte

act. 2021

domingo, agosto 16, 2009

Eugenio Montale / Testamento
















Pequeño testamento

Esto que de noche fulgura
en el casco de mi pensamiento,
huella nacarada de babosa
o esmeriles de vidrio pisoteado,
no es lámpara de iglesia o de taller
que alimente
clérigo rojo o negro.
Sólo este arco iris puedo
dejarte como testimonio
de una fe que fue combatida
de una esperanza que ardiera más lenta
que un duro leño en la chimenea.
Conserva su ceniza en el espejito
cuando, extintas las lámparas,
la sardana se vuelva infernal
y un sombrío Lucifer baje sobre una proa
del Támesis, del Hudson o del Sena
sacudiendo sus alas de betún semitruncadas
de cansancio a decirte: es la hora.
No es una herencia, no es un amuleto
que ampare del golpear de los monzones
sobre la telaraña de la memoria,
pero una historia dura tan sólo en la ceniza
y persistencia es sólo la extinción.
Exacto era el indicio: quien lo ha reconocido
no puede fracasar al encontrarte.
Cada uno reconoce a los suyos: el orgullo
no era huida, la humildad no era
vileza, el tenue resplandor difuminado
allá abajo no era igual al de un fósforo.

Eugenio Montale (Génova,1896-Milán,1981), de "La bufera e altro", El vacío que nos invade, traducción y edición de Horacio Armani, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1990


Piccolo testamento
Questo che a notte balugina/ nella calotta del mio pensiero,/ traccia madreperlacea di lumaca/ o smeriglio di vetro calpestato,/ non è lume di chiesa o d'officina/ che alimenti/ chierico rosso, o nero./ Solo quest'iride posso/ lasciarti a testimonianza/ d'una fede che fu combattuta,/ d'una speranza che bruciò più lenta/ di un duro ceppo nel focolare./ Conservane la cipria nello specchietto/ quando spenta ogni lampada/ la sardana si farà infernale/ e un ombroso Lucifero scenderà su una prora/ del Tamigi, dell'Hudson, della Senna/ scuotendo l'ali di bitume semi-/ mozze dalla fatica, a dirti: è l'ora./ Non è un'eredità, un portafortuna/ che può reggere all'urto dei monsoni/ sul fil di ragno della memoria,/ ma una storia non dura che nella cenere/ e persistenza è solo l'estinzione./ Giusto era il segno: chi l'ha ravvisato/ non può fallire nel ritrovarti./ Ognuno riconosce i suoi: l'orgoglio/ non era fuga, l'umiltà non era/ vile, il tenue bagliore strofinato/ laggiù non era quello di un fiammifero.
---
Ilustración: Sense Titol i Mitj Borrat, 2005 Miquel Barceló

sábado, agosto 15, 2009

Carlos Pellicer / Sonetos a Gorostiza



Diciéndole a José Gorostiza

Uno

¿Te diste cuenta de que en Junio el día
tiene algo de la noche? La pregunta
lleva en la flor de tu presencia adjunta
el fruto silencioso deste día.

Algo de subterránea idolatría
alcanza al cielo que el amor conjunta
y entre el día y la noche se barrunta
todo eso que no sé y es cosa mía.

Pasa por la alegría un soplo obscuro
que fácil pudo unirse a lo maduro.
Desbaraté con mis palabras eso

que nunca supe lo qué es. Y sigo
diciéndote de Junio… Libre y preso,
si te das cuenta de lo que yo te digo.


Dos

La ventana soy yo. El todo afuera
está dentro de mí. Te sigo ardiendo
sin que nadie lo vea. No destruyendo
la luz de piedra de tu cordillera.

Dentro de mí se ve crecer lo afuera.
La luz que no fue mía ya la enciendo.
La flor cuya belleza nunca entiendo
me da en los ojos su fulgor ceguera.

Me dices que así es Junio. Yo quisiera
desnudarme en sus ojos. Desde afuera
verme por dentro. Sin decirme nada

volver a las antiguas geometrías.
Y estoy entre mi nube y tu almohada
viendo caer las noches y los días.


Tres

Tu ausencia es para siempre. Te quedaste
para siempre también. Juntos hallamos
lo que nunca se encuentra. Embalsamamos
lo frutal de la vida. Todo amaste

sin decírselo a nadie. Tu desgaste
fue propio de la luz. Si nunca estamos
en donde todo el mundo, es porque estamos
con nosotros y en todo. No hay contraste.

El papelito de la mariposa
que cayó en una rosa, por descuido
sólo nosotros lo leímos. Cosa

que nadie toma en cuenta. Noche tuya
fue día para mí. Lo prometido
es deuda. Que anochezca y que concluya.

Lomas de Chapultepec, 17 de Junio de 1973

Carlos Pellicer (Villahermosa, Tabasco, 1897 - Ciudad de México, 1977), José Gorostiza - Carlos Pellicer, Correspondencia 1918-1928, Ediciones del Equilibrista , México, 1993

Nota del Ad.: Pellicer escribió estos sonetos exactamente tres meses después de la muerte de José Gorostiza (Villahermosa, 1901-Ciudad de México, 1973)

Foto: Pellicer La Jornada, México

viernes, agosto 14, 2009

Juan Manuel Inchauspe / 4 y 5 de "Poemas"


Una vez más estás en el comienzo de la mañana,
herido, insoportable, más débil todavía,
mirando cómo fluye la luz de las cosas,
la clara quietud renaciendo de las sombras.

Una vez más la luz por fuera de la ventana
y por dentro sombras apaciguadas y lentas.
La ceniza sobre la mesa, el lomo de los libros
y ese desorden de papeles como de algo
que fue nerviosamente buscado durante la noche.

5

No tenés nada más que palabras
y decir esto
y decir que eliminaste los límites
entre el tener y no tener
es casi decir lo mismo.

Trabajás con nada.
Escribís sobre el vacío.
Frente a la rugosa realidad
tus herramientas se deshacen.

Asomado a una noche extraña
arrasada por los vientos
poblada de estrellas furiosas
que una vez dictaron a otros hombres
los nombres de fuego de Arturo
la Osa y el Centauro:
tu lengua sin cielo
tiembla y se retuerce.

Juan Manuel Inchauspe (Santa Fe, 1940-1991), de "Poemas", 1977; Una antología de la poesía argentina, Jorge Fondebrider, editorial LOM, Santiago de Chile, 2008 

jueves, agosto 13, 2009

Liliana García Carril / Dos poemas


Algas marinas arrancadas...

Algas marinas arrancadas de sus costas
por ciclones de verano
se arrastran hasta una zona calma.

me arrastro hasta encontrar una zona calma,
no hay que alarmarse; se llega
en algún momento de la conversación
y se cambia de tema, se habla
del brillo de las algas en el agua.


Estoy de vacaciones...

Estoy de vacaciones con una gran poeta.

Será lo nutritivo de la conversación
lo que me hace aumentar de peso.

Noto que la gran poeta
no sufre el horror de la página en blanco
sino del vacío de la heladera,
la incertidumbre de qué comeremos
las cinco noches que nos quedan.

Liliana García Carril (Buenos Aires, 1951), La paciencia, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Foto: García Carril Bajo la Luna

miércoles, agosto 12, 2009

Ramón Cote / Aviso de tormenta


Pasan las horas de la tarde y este gris
acumulado durante semanas no se decide
a ser tormenta.
Por todas partes de la ciudad se siente un presagio
de trueno, por todas las esquinas se huye
de su amenaza de metal,
como de un temible cuchillo.
Quizás eso explique el esquivo
perfil de sus habitantes, el retroceso
de palomas en los parques,
el angustioso pregón de los loteros y hasta la impaciencia
de los vendedores de paraguas.
Sucede que de su veredicto depende
tanto cautivero. Basta una advertencia,
un tácito relámpago rasgando el cielo
para que Bogotá sea limitada y muda,
y para que los cerros del oriente,
que parecían protegernos,
se conviertan en cómplices de su resonancia.

Así se vive en esta ciudad de las alturas:
esperando que pase lo peor
y llegue el día en que todos
podamos habitar la merecida inmensidad
del azul que desde hace siglos se nos niega.

Ramón Cote (Cúcuta, Colombia, 1963), Los fuegos obligados, Colección Visor de Poesía, Madrid, 2009

Foto: Cote Letralia

martes, agosto 11, 2009

Anne Sexton / Todos ustedes conocen...

Todos ustedes conocen la historia de la otra mujer

Es un pequeño Walden.
Ella está sola en su jadeo
mientras el cuerpo de él despega y vuela,
vuela tan derecho como una flecha.
Pero es una mala interpretación.
La luz del día no es amiga de nadie.
Dios llega como un amo
y enciende su lámpara de bronce.
Ahora ella se siente más o menos.
El coloca sus huesos de vuelta
retrasando una hora el reloj.
Ella conoce la carne, ese globo de piel,
los miembros sin dirección, las tablas,
el tejado, el cambiante tejado.
Ella es su selección, horario partido.
¡Ustedes también conocen la historia! Miren,
cuando esto termina él la cuelga
como un teléfono de vuelta en su lugar.

Anne Sexton (Massachusetts, Estados Unidos, 1928-1974), La Danza del Ratón n° 8, agosto de 1987
Versión de Jonio González

De Anne Sexton en este blog:
Santa, versión de Verónica Zóndek
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lunes, agosto 10, 2009

Alberto Girri / Gato muerto


Gato gris muerto

Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas.

Figura empapada del asfalto o vuelto hacia las nubes,
eres el muerto más perfecto que yo he visto.
Pero cómo descubrir en la vigilia que te llega,
ya indiferente a cualquier invocación,
tu realidad verdadera de hijo del demonio,
de locatario esbelto de almas,
que estableció para tu antepasado africano
la voluntad miedosa de los clanes familiares
y confirmó la impar justicia de la magia.

Pronto vendrán hasta tu cuerpo abandonado
ladrones de velas,
y robarán las tibias, su recatada médula.
Porque es sabido que cuando tales huesos despierten
despertarán las almas en ellas internadas,
y en un pueblo lejano y caníbal,
hombres que trabajan y tenían amores,
instantáneamente se convierten en estatuas.

Brujos enseñaron que los gatos
pueden alojar almas humanas,
y arañar, si quieren, el corazón del huésped.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), recopilado en El libro de los gatos, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2008

Ilustración: Hieronymus Bosch, El jardín de las delicias (detalle), 1502. Museo de El Prado, Madrid

Elsie Vivanco / Gata



Cuando la gata...

Cuando la gata -ya vieja- vuelve después de 3 días de coitos
ininterrumpidos, me pide salir de nuevo y no la dejo, duda
un instante y exclama algo así como ¡qué alivio! Se
acuesta en algún sofá y duerme 48 horas ininterrumpidas.

Elsie Vivanco (Buenos Aires, 1936), recopilado en El libro de los gatos, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2008

Ilustración: Masaki Shinozaki

William Wordsworth / Gato


Amar y gustar

(...)
Ama siempre al ratón inquilino en tu casa
aunque sea de la tribu que es plaga y arrasa.
Que no te disguste la crueldad de la gata,
enemiga mortal del ratón y la rata:
sólo cumple la ley de la naturaleza
y el instinto no admite ceguera o flaqueza.
Piensa luego en su grácil andar delicado:
ni siquiera podría aplastar a un gusano,
y en su sedante canción junto al fuego,
suave acorde final de una lira, en invierno.
(...)

William Wordsworth (Cockermouth 1770-Rydal Mount, 1850), versión de Mirta Rosenberg en El libro de los gatos, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2008


Long may you love pensioner mouse, / Though one of a tribe that house: / Nor dislike for her cruel sport the cat, / Deadly foe both of mouse and rat; / Remember she follows the law of her kind, / An Instinct is neither wayward nor blind. / Then think of her beautiful gliding form,/ Her tread that would scarcely crush a worm, / An her soothing song by the winter fire, / Soft as the dying throb of the lyre.
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Ilustración: Alicia y el Gato de Chesire, en Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, con ilustración de John Tenniel eBooks Adelaide

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