Hay dos literaturas:... una literatura oficial, escrita, convencional, profesada, ciceroniana, admirativa; la otra oral, de charlas junto al fuego, anecdótica, burlona, irreverente, que corrige y a menudo deshace la anterior, y que muere a veces casi por completo con los contemporáneos.
Sainte-Beuve, Mis venenos, traducción de Jorge Salvetti. Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2007
N. de R.: Hay que decir que Charles Agustin Sainte-Beuve (Boulogne-sur-Mer 1804- París, 1869) ejerció ambas; una desde el podio, la otra en sus charlas según se sabe y en estos cuadernos que no publicó durante su vida.
martes, julio 03, 2007
domingo, julio 01, 2007
Malraux dice en alguna parte, cuando se le plantea la pregunta "¿Qué es el hombre?", que somos la primera civilización que no sabe nada de eso. Durante mucho tiempo, la religión fue un cimiento de las civilizaciones; desde Descartes y el siglo XVIII, se piensa que la razón basta para colmar y justificar al hombre.
(...)
El siglo XXI será un combate entre la gravedad y la gracia, si usted quiere; lamentablemente, ignoro quién será el vencedor.
Jean Guitton, Cosas del cielo, cosas de la tierra, conversaciones con Gérard Prévost. Sudamericana, Buenos Aires, 2000
(...)
El siglo XXI será un combate entre la gravedad y la gracia, si usted quiere; lamentablemente, ignoro quién será el vencedor.
Jean Guitton, Cosas del cielo, cosas de la tierra, conversaciones con Gérard Prévost. Sudamericana, Buenos Aires, 2000
jueves, junio 28, 2007
William Carlos Williams / Comentario a una cita en "Paterson"

En orden aparentemente para traer el verso aun más cerca dentro de la esfera de la prosa y del habla común, Hipponax terminaba sus yámbicos con un espondeo o un troqueo en vez de con un yambo, imprimiendo así la máxima violencia a la estructura rítmica. Estos versos deformados y mutilados se llamaban yámbicos cojos o de pie quebrado. Ellos comunicaban una cierta dureza al estilo. Los coliambos son en poesía lo que los enanos o tullidos en la naturaleza humana. Aquí también, aceptando este metro irregular, los griegos desplegaban su agudo sentido estético de la exactitud, reconociendo la armonía que susbsiste entre versos broncos y distorsionados temas, que son los que ellos tratan -los vicios y perversiones de la humanidad- y también su concordancia con el espíritu burlón del satírico. Un verso deformado era lo apropiado para costumbres deformadas.
---Estudios de los poetas griegos, John Addington Symonds Vol. I. pág. 284
en Paterson,William Carlos Williams. (Ed. de Margarita Ardanaz, Cátedra, Madrid, 2001)
...Y sin embargo, su equivalente en poesía en castellano, la copla de pie quebrado, ha servido a un tema épico elegíaco:
(...)
[XXIV]
Las huestes ynumerables,
los pendones, estandartes
e vanderas,
los castillos impugnables,
los muros e valuartes
e barreras,
la caua honda, chapada
o cualquier otro reparo
qué aprouecha?
Quando si tú vienes ayrada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.
(...)
[XXXIII]
Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
al tablero,
después de tan bien seruida
la corona de su rey
verdadero,
después de tanta hazaña
a que non puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la muerte a llamar
a su puerta,
[XXXIV]
diziendo: Buen cauallero,
dexad el mundo engañoso
e su halago;
vuestro coraçón d'azero
muestre su esfuerço famoso
en este trago
Jorge Manrique (Paredes de Nava, España, 1440- Castillo de Garcímuñoz, Cuenca, España, 1479), Coplas a la muerte de su padre
El texto completo
martes, junio 26, 2007
Geoffrey Hill / De "Himnos de Mercia", 2
I
Rey de los perennes acebales, la arenisca hendida, cacique de la M5*: arquitecto del foso y la muralla históricos, la ciudadela de Tamworth, la ermita estival de Holy Cross: guardián del Puente de Gales y del Puente de Hierro: contratista de las nuevas posesiones codiciadas: maestro de la sal: cambista: comisario de juramentos: martirólogo: el amigo de Carlomagno.
"Me gusta", dijo Offa**, "cántalo de nuevo".
Geoffrey Hill (Inglaterra, 1932-2016), Himnos de Mercia. Versión Jordi Doce y Julián Jiménez. DVD Ediciones, Barcelona, 2006
Notas del Ad.:
* Autopista que une Birmingham con Exeter.
** King Offa, monarca legendario de Mercia, uno de los reinos de la heptarquía anglosajona
I
King of the perennial holly-groves, the riven sandstone: overlord of the M5: architect of the historic rampart and ditch, the citadel at Tamworth, the summer hermitage in Holy Cross: guardian of the Welsh Bridge and the Iron Bridge: contractor to desirable new estates: saltaster: money-changer: commissioner for oaths: martyrologist: the friend of Charlemagne.
"I liked that", said Offa, "sing it again"
Rey de los perennes acebales, la arenisca hendida, cacique de la M5*: arquitecto del foso y la muralla históricos, la ciudadela de Tamworth, la ermita estival de Holy Cross: guardián del Puente de Gales y del Puente de Hierro: contratista de las nuevas posesiones codiciadas: maestro de la sal: cambista: comisario de juramentos: martirólogo: el amigo de Carlomagno.
"Me gusta", dijo Offa**, "cántalo de nuevo".
Geoffrey Hill (Inglaterra, 1932-2016), Himnos de Mercia. Versión Jordi Doce y Julián Jiménez. DVD Ediciones, Barcelona, 2006
Notas del Ad.:
* Autopista que une Birmingham con Exeter.
** King Offa, monarca legendario de Mercia, uno de los reinos de la heptarquía anglosajona
I
King of the perennial holly-groves, the riven sandstone: overlord of the M5: architect of the historic rampart and ditch, the citadel at Tamworth, the summer hermitage in Holy Cross: guardian of the Welsh Bridge and the Iron Bridge: contractor to desirable new estates: saltaster: money-changer: commissioner for oaths: martyrologist: the friend of Charlemagne.
"I liked that", said Offa, "sing it again"
---
Foto: Geoffrey Hill, 2007, Chris Floyd, The New York Magazine
El ideal es la brutalidad, una buena crítica debería funcionar como una guillotina, de ella debería más bien salir sangre que otra cosa. Pero realmente creo, con alguna experiencia, que eso no está al alcance de los hombres y que, en el fondo, sin poder llegar hasta el fin, y sin poder matar a quienes no se ama ni verdaderamente llevar al cielo a los que se ama, no queda más que permancer en una suerte de modestia.
George Bataille, Una libertad soberana, Paradiso, Buenos Aires, 2007
George Bataille, Una libertad soberana, Paradiso, Buenos Aires, 2007
martes, junio 19, 2007

El Partenón, la Gran Muralla china, la basílica de San Pedro, el Taj Mahal, la torre Eiffel o la Sagrada Família son monumentos reconocibles por casi todas las culturas. Valentín Vallhonrat ha fotografiado éstos y otros edificios emblemáticos del mundo (...)
Lo primero que llama la atención de estas fotografías es la penumbra, esa luz azulada de antes del amanecer, inquietante, que borra los volúmenes de los edificios. Es uno de los procedimientos que utiliza Vallhonrat en este trabajo donde aborda cuestiones sobre la realidad y la ficción, identidades culturales, nuestra forma de adquirir conocimientos y el concepto colectivo de monumentos, entre otras. Las imágenes han sido tomadas en parques temáticos del Japón, es decir, de reproducciones de los auténticos edificios. Y Vallhonrat las ha realizado siguiendo el sistema ideado por el arquitecto Violet Le Duc para documentar el patrimonio arquitectónico, base de catalogación fotográfica del mundo emprendida por un grupo de fotógrafos franceses en 1851, entre ellos Baldus y Le Grey.
"Estudiando los trabajos de aquellos fotógrafos me di cuenta de que no coincidían con lo establecido por Le Duc porque, según sus premisas, la escena debía fotografiarse desde su eje central y según unas normas relativas a la altura y el horizonte, entre otras, que resultan imposibles de llevar a cabo porque en muchos casos no se tiene distancia suficiente. Hubiera sido necesario volar como un ángel", explica Vallhonrat. Él ha retomado aquellas normas como base formal de esta serie.
A su planteamiento conceptual corresponde la luz azul del amanecer que unifica las imágenes. Cuando no ha podido trabajar a la luz de la luna, ha usado la técnica de la noche americana, "de la que Truffaut y Buñuel fueron maestros, y de los que aquí soy deudor". El fotógrafo ha elegido esa luz porque "nos ofrece la posibilidad de escapar a la seducción de las apariencias. Estos edificios son espacios de poder y de espiritualidad, y las fotos invitan a descubrir nuevas formas de percepción de lo real y a discernir y separar realidad, discurso y creencia de nuestra propia experiencia".
Olga Spiegel, 3 de diciembre de 2004, Barcelona

En su reflexión para llegar al punto artístico que le interesa presentar, Vallhonrat (Valentín, Madrid, 1956) investiga sobre "el poder dominante y de cómo el patrón de representación del lenguaje está cambiando y a punto de ser desmantelado". Explica entonces que "las mismas razones que hicieron a Talbot abandonar su proyecto The pencil of Nature son las que abrieron la puerta a la inacabable serie de frustraciones que generaciones enteras de fotógrafos han sufrido en torno a la resolución de la imagen final, la fidelidad al original, la permanencia de las imágenes, los soportes y la estabilidad del color. A todos estos problemas de comunicación, de permanencia, de miedo a desaparecer, de apego a la existencia y a los objetos, nuestra tradición ha respondido con razones técnicas que se han ido desarrollando a lo largo de los siglos".
domingo, junio 17, 2007
La batalla era la guerra

V
en la carta decía
esa batalla era la guerra, siempre es así
aunque las mujeres usen corsé de plomo
y se inventen una repetición que las salve,
siempre es así.
sueño de paradojas
no están. se pierde la escritura en los fantasmas
nada que hacer.
perdí mi joystick
todo el mundo se mueve y no hay nada que hacer
Edgardo Pígoli (Buenos Aires, 1966), branquia, Tantalia/Crawl, Buenos Aires, 2006
miércoles, junio 13, 2007
EN EL DESIERTO
En el desierto
Vi una criatura, desnuda, bestial,
Que, en cuclillas sobre el piso,
Sujetaba su corazón con sus manos
Y comía de él.
Dije: “¿Está bueno, amigo?
“Es amargo – amargo,” contestó;
“Pero me gusta,
Porque es amargo,
Y porque es mi corazón.”
Stephen Crane (Newark, New Jersey. EE.UU., 1871-Badenweiler, Friburgo, 1900)
Versión de Andrés Hax.
IN THE DESERT
In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said: “Is it good, friend?”
“It is bitter - bitter,” he answered;
“But I like it
Because it is bitter,
And because it is my heart.”
En el desierto
Vi una criatura, desnuda, bestial,
Que, en cuclillas sobre el piso,
Sujetaba su corazón con sus manos
Y comía de él.
Dije: “¿Está bueno, amigo?
“Es amargo – amargo,” contestó;
“Pero me gusta,
Porque es amargo,
Y porque es mi corazón.”
Stephen Crane (Newark, New Jersey. EE.UU., 1871-Badenweiler, Friburgo, 1900)
Versión de Andrés Hax.
IN THE DESERT
In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said: “Is it good, friend?”
“It is bitter - bitter,” he answered;
“But I like it
Because it is bitter,
And because it is my heart.”
Geoffrey Hill, De "Himnos de Mercia"
XXIII
En tapices, en sueños, disponían como fuera promulgado, el retorno, el reingreso, de la trascendencia en este mundo sublunar. Opus Anglicanum, su severo misterio plagado de agujas: las venas plateadas, el pan de oro, el viñedo en voluta, obras maestras de trama traicionera.
Salían caminando a duras penas de la oscuridad, sacudiendo sus botas, raspando máculas de cieno y flema de sus suelas. Masticaban tocino frío. Las lámparas se hinchaban de una luz aceitosa y fiable.
Geoffrey Hill (Bromsgrove, Inglaterra, 1932-Cambridge, Inglaterra 2016), Himnos de Mercia (Mercian Hymns, 1971). Versión de Jordi Doce y Julián Jiménez Heffernan, DVD Ediciones, Barcelona, 2006
XXIII
In tapestries, in dreams, they gathered, as it was enacted, the return, the re-entry of trascendence into this sublunary world. Opus Anglicanum their stringent mystery riddled by needles: the silver veining, the gold leaf, voluted grape-vine, masterworks of treacherous thread.
They trudged out of the dark, scraping their boots free from lime-splodges and phlegm. They munched cold bacon. The lamps grew plump with oily reliable light.
---
Imagen: Geoffrey Hill, nsotd4/YouTube
sábado, junio 09, 2007
(...) no se puede decir que uno permanezca mucho tiempo en un sitio cuando se mueve en Internet. Los sitios suelen saber esto. La pantalla luminosa, muchas veces parpadeante, mueve a la acción, es muy distinta al papel. A veces, con mucho tino, los constructores de los sitios instrumentan la fragmentación como un lenguaje. Y potencian el impulso de viaje: colocan links, referencias dentro incluso de los textos, de modo tal que si uno sigue ese desvío es probable que no regrese al discurso interrumpido, o que regrese al otro día.
Esto es un lenguaje. No es nuevo, pero no voy a utilizar este argumento. Digo de paso: es el lenguaje académico y enciclopédico por excelencia. El lenguaje de las notas, los incisos y las bibliografías. Pero se trata de otra cosa, y esta es la novedad: todo el mundo lee realmente así.
Por su naturaleza esquiva, tal vez esquizoide, tal vez histérica, la poesía encontró un campo ideal en esta cibercultura. Supera los problemas de edición y distribución de libros, parece anular el mercado, es gratuita, no hay que enfrentar barreras, tratar con editores, comprobar con decepción que los libros no se vendieron, a veces, ni siquiera se distribuyeron. Nos dejan permanecer en la ilusión de que alguien, del otro lado de la pantalla, nos lee. Por lo demás, es fácil hacerlo: la poesía es fragmentaria, o viene en cápsulas, una hoy, otra mañana o pasado.
Pero no tengo certeza sobre todo esto. Es seductor decir que la cibercultura ha sabido instrumentar su fragmentación, que la poesía y otras formas de literatura como el diario, la miscelánea o el comentario, se ajustan perfectamente a ella, y, sobre todo, que las reglas del mercado desaparecen allí y con eso, por lógica, el carácter de mercancía de la poesía y otras formas de literatura (...)
La cuestión de la espiritualidad, y de la trascendencia la coloco en relación con esto como mero signo de pregunta también: ¿dónde está la espiritualidad de un libro y cuál es el Libro, con mayúscula? Quien cree que la Biblia le está diciendo algo sobre otro mundo, no puede temer que la espiritualidad de la Biblia se pierda en la cibercultura. El creyente sabe que no es el medio, es el mensaje.(...) El Libro con mayúscula, porque es a la vez orgánico y fragmentario, es irreducible. Los libros, con minúscula, probablemente no pierdan nada cuando estén en la cibercultura, íntegros pero expuestos a la fragmentación; y tal vez nada pierdan cuando también se escriban y permanezcan en la cibercultura. El cosmos en el microcosmos. Pero, desde luego, que hayan abolido el capitalismo será una ilusión. Que hayan encontrado el camino alternativo a la mercancía, también.
J. Aulicino, La Plata, 8.6.2007
Esto es un lenguaje. No es nuevo, pero no voy a utilizar este argumento. Digo de paso: es el lenguaje académico y enciclopédico por excelencia. El lenguaje de las notas, los incisos y las bibliografías. Pero se trata de otra cosa, y esta es la novedad: todo el mundo lee realmente así.
Por su naturaleza esquiva, tal vez esquizoide, tal vez histérica, la poesía encontró un campo ideal en esta cibercultura. Supera los problemas de edición y distribución de libros, parece anular el mercado, es gratuita, no hay que enfrentar barreras, tratar con editores, comprobar con decepción que los libros no se vendieron, a veces, ni siquiera se distribuyeron. Nos dejan permanecer en la ilusión de que alguien, del otro lado de la pantalla, nos lee. Por lo demás, es fácil hacerlo: la poesía es fragmentaria, o viene en cápsulas, una hoy, otra mañana o pasado.
Pero no tengo certeza sobre todo esto. Es seductor decir que la cibercultura ha sabido instrumentar su fragmentación, que la poesía y otras formas de literatura como el diario, la miscelánea o el comentario, se ajustan perfectamente a ella, y, sobre todo, que las reglas del mercado desaparecen allí y con eso, por lógica, el carácter de mercancía de la poesía y otras formas de literatura (...)
La cuestión de la espiritualidad, y de la trascendencia la coloco en relación con esto como mero signo de pregunta también: ¿dónde está la espiritualidad de un libro y cuál es el Libro, con mayúscula? Quien cree que la Biblia le está diciendo algo sobre otro mundo, no puede temer que la espiritualidad de la Biblia se pierda en la cibercultura. El creyente sabe que no es el medio, es el mensaje.(...) El Libro con mayúscula, porque es a la vez orgánico y fragmentario, es irreducible. Los libros, con minúscula, probablemente no pierdan nada cuando estén en la cibercultura, íntegros pero expuestos a la fragmentación; y tal vez nada pierdan cuando también se escriban y permanezcan en la cibercultura. El cosmos en el microcosmos. Pero, desde luego, que hayan abolido el capitalismo será una ilusión. Que hayan encontrado el camino alternativo a la mercancía, también.
J. Aulicino, La Plata, 8.6.2007
II ENCUENTRO NACIONAL DE ESCRITORES
LA PLATA JUNIO 2007
"Lenguajes posibles en la era multicultural"
Literatura, cine, teatro, música
Organiza:
DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA Y EDUCACIÓN
MUNICIPALIDAD DE LA PLATA
Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha
Sala Polivalente
50 entre 6 y 7
Apertura: Jueves 7, 20 hs
“Estética e Ideologías en el paisaje contemporáneo”
José Luis de Diego, Doctor en Letras, UNLP
Carlos Vallina, Lic. en Cinematografía, UNLP
María de las Mercedes Reitano, Doctora en Artes, Sorbona
MESAS a desarrollarse el viernes 8
18,30 hs
“Lenguajes alternativos en la Sociedad de la Información: /el underground-el Libro-formatos digitales”
Trascendencia en la posmodernidad: el poder de los impotentes.
Fragmentación en el lenguaje artístico. Cibercultura, ciberética y lenguaje.
El libro, instrumento espiritual.
Nicolás Casullo (Capital); Andi Nachon (Capital); Jorge Aulicino (Capital); Víctor Redondo (Capital)
Coordina la mesa: Ana Cuenya
20 hs
“Diálogo intercultural/ El narrador como explorador de la existencia”
Una escritura atravesada por la mundialización.
Arte en las márgenes: centro y periferia.
Un periodismo pensado por y para la gente.
Mempo Giardinelli (Chaco); Juan Carlos Moisés (Chubut); Angélica Gorodischer (Santa Fe); Marta Dillon (Capital)
Coordina la mesa: Ximena Linares Calvo
Mesas a desarrollarse el sábado 9
16 hs
“Diversidad y pluralidad en el arte/Poesía, narrativa y teatro en la era pluricultural”
Narración y poética en un mundo entendido como un lenguaje. La escritura como estrategia de resistencia creativa. Puesta en escena del texto dramático.
Alicia Genovese (Buenos Aires); Beatriz Catani (Buenos Aires); Daniel Dalmaroni (Buenos Aires; Liliana Heer (Santa Fe)
Coordina la mesa: Genoveva Arcaute
18 hs
“Música como un lenguaje-otro”
Entramado de letras, ritmos y literatura en la música. Textura en el sonido de las máquinas: los lenguajes que abarcan una nueva tecnología musical. Palabras y sonidos.
Sergio Pujol (Buenos Aires); Daniel Samoilovich (Capital); Liliana Vitale (Capital)
Coordina la mesa: Mario Arteca
20 hs
“De la escritura y el cine”
Del texto escrito a la imagen. Tradición y vanguardia: el tragaluz del infinito. Narrativa, tiempo, paisaje de las formas. Arte, caos, orden. Des-cubrir, re-velar el mundo.
Diana Bellessi (Santa Fe); Sylvia Iparraguirre (Buenos Aires); Gustavo Fontán (Buenos Aires); Liliana Bodoc (Mendoza)
Coordina la mesa: Amílcar Moretti
Declarado de Interés Educativo por la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.
Coordinación general
Lic. Sandra Cornejo
LA PLATA JUNIO 2007
"Lenguajes posibles en la era multicultural"
Literatura, cine, teatro, música
Organiza:
DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA Y EDUCACIÓN
MUNICIPALIDAD DE LA PLATA
Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha
Sala Polivalente
50 entre 6 y 7
Apertura: Jueves 7, 20 hs
“Estética e Ideologías en el paisaje contemporáneo”
José Luis de Diego, Doctor en Letras, UNLP
Carlos Vallina, Lic. en Cinematografía, UNLP
María de las Mercedes Reitano, Doctora en Artes, Sorbona
MESAS a desarrollarse el viernes 8
18,30 hs
“Lenguajes alternativos en la Sociedad de la Información: /el underground-el Libro-formatos digitales”
Trascendencia en la posmodernidad: el poder de los impotentes.
Fragmentación en el lenguaje artístico. Cibercultura, ciberética y lenguaje.
El libro, instrumento espiritual.
Nicolás Casullo (Capital); Andi Nachon (Capital); Jorge Aulicino (Capital); Víctor Redondo (Capital)
Coordina la mesa: Ana Cuenya
20 hs
“Diálogo intercultural/ El narrador como explorador de la existencia”
Una escritura atravesada por la mundialización.
Arte en las márgenes: centro y periferia.
Un periodismo pensado por y para la gente.
Mempo Giardinelli (Chaco); Juan Carlos Moisés (Chubut); Angélica Gorodischer (Santa Fe); Marta Dillon (Capital)
Coordina la mesa: Ximena Linares Calvo
Mesas a desarrollarse el sábado 9
16 hs
“Diversidad y pluralidad en el arte/Poesía, narrativa y teatro en la era pluricultural”
Narración y poética en un mundo entendido como un lenguaje. La escritura como estrategia de resistencia creativa. Puesta en escena del texto dramático.
Alicia Genovese (Buenos Aires); Beatriz Catani (Buenos Aires); Daniel Dalmaroni (Buenos Aires; Liliana Heer (Santa Fe)
Coordina la mesa: Genoveva Arcaute
18 hs
“Música como un lenguaje-otro”
Entramado de letras, ritmos y literatura en la música. Textura en el sonido de las máquinas: los lenguajes que abarcan una nueva tecnología musical. Palabras y sonidos.
Sergio Pujol (Buenos Aires); Daniel Samoilovich (Capital); Liliana Vitale (Capital)
Coordina la mesa: Mario Arteca
20 hs
“De la escritura y el cine”
Del texto escrito a la imagen. Tradición y vanguardia: el tragaluz del infinito. Narrativa, tiempo, paisaje de las formas. Arte, caos, orden. Des-cubrir, re-velar el mundo.
Diana Bellessi (Santa Fe); Sylvia Iparraguirre (Buenos Aires); Gustavo Fontán (Buenos Aires); Liliana Bodoc (Mendoza)
Coordina la mesa: Amílcar Moretti
Declarado de Interés Educativo por la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires.
Coordinación general
Lic. Sandra Cornejo
jueves, junio 07, 2007
-La destrucción del objetivo es la moral misma de los budistas, ¿no es cierto?
-Exactamente.
-...que dice: nunca hacer algo por sus frutos...
-Exactamente.
-Es probable que esa destrucción del objetivo entre los budistas sea para dar lugar a Dios. En usted, ¿para dar lugar a qué?
-Jugando con las palabras, diría que es para sustituir a Dios.
-¿Por él mismo probablemente...?
-Dejar sitio a Dios en otro sentido del que usted emplea, me parece. Por mi parte, no veo necesidad de nombrar un Dios imanente; y siempre me pareció que a partir del momento en que se nombra a Dios, se designa una trascendencia. Porque se define a Dios nombrándolo. Uno se liga a las definiciones, al menos en todas las teologías que hablaron de él.
-Sí, es una palabra muy trillada que naturalmente ha cambiado de sentido. Pero pienso que uno podría quizá entenderse sobre la idea de que puede llamarse Dios a la parte de uno mismo que encontramos válida por oposición a la que querría precisamente contraer las costumbres.
-Correría el riesgo entonces de engañar a los que me rodean. Porque si entendiera las cosas de ese modo, sería mi lado tonto, mi costado ridículo al que llamaría Dios, algo que quizá no es muy sensato...
-Sí, pero, en fin, ¿diría usted de manera más primaria que destruir el objetivo, como quiere, es hacerle sitio a Dios, o a la nada?
-Dios o nada, como se quiera. En realidad uno deja la puerta abierta.
-Exactamente, ¿pero usted acepta esa nada?
-No se puede decir que a partir del momento en que se suprime todo tipo de objetivo pueda llegar a haber aun nada. Nada, ya es mucho decir, ya que no nos importa un carajo. ¿No le parece?, no puede haber un objeto de pensamiento que se llame nada.
-¿Eso significa, por lo tanto, acoger en el instante lo que está en uno?
-Consiste en suprimir aquello que los milenios de humanidad acumularon en el pensamiento.
-Sí, ¿pero en provecho de qué?
-En provecho del desorden del pensamiento que me gusta, y que me parece, en resumidas cuentas, viene a contravenir una frustración general. En el desorden del pensamiento nace por ejemplo la poesía... No digo que sea la poesía lo que quise designar hace un momento, pero de todas maneras es una indicación. Hay algo profundamente poético en todo desorden del pensamiento.
-¿Desorden en relación a qué orden?
-Al orden muy simple del que hablaba, el orden que uno está obligado a tener cuando quiere hacer una valija para tomar el tren.
-Sí, entonces la poesía es el orden inverso de la valija, pero es también un orden.
-Exactamente.
-¿Tiene un modo especialmente poético de hacer su valija, es decir, amontonar los objetos en desorden?
-¡Ah no! Para nada, tengo mucho orden cuando hago mis valijas...
George Bataille, Una libertad soberana, Entrevistas, III. Traducción de Hugo Savino, Paradiso, Buenos Aires, 2007.
-Exactamente.
-...que dice: nunca hacer algo por sus frutos...
-Exactamente.
-Es probable que esa destrucción del objetivo entre los budistas sea para dar lugar a Dios. En usted, ¿para dar lugar a qué?
-Jugando con las palabras, diría que es para sustituir a Dios.
-¿Por él mismo probablemente...?
-Dejar sitio a Dios en otro sentido del que usted emplea, me parece. Por mi parte, no veo necesidad de nombrar un Dios imanente; y siempre me pareció que a partir del momento en que se nombra a Dios, se designa una trascendencia. Porque se define a Dios nombrándolo. Uno se liga a las definiciones, al menos en todas las teologías que hablaron de él.
-Sí, es una palabra muy trillada que naturalmente ha cambiado de sentido. Pero pienso que uno podría quizá entenderse sobre la idea de que puede llamarse Dios a la parte de uno mismo que encontramos válida por oposición a la que querría precisamente contraer las costumbres.
-Correría el riesgo entonces de engañar a los que me rodean. Porque si entendiera las cosas de ese modo, sería mi lado tonto, mi costado ridículo al que llamaría Dios, algo que quizá no es muy sensato...
-Sí, pero, en fin, ¿diría usted de manera más primaria que destruir el objetivo, como quiere, es hacerle sitio a Dios, o a la nada?
-Dios o nada, como se quiera. En realidad uno deja la puerta abierta.
-Exactamente, ¿pero usted acepta esa nada?
-No se puede decir que a partir del momento en que se suprime todo tipo de objetivo pueda llegar a haber aun nada. Nada, ya es mucho decir, ya que no nos importa un carajo. ¿No le parece?, no puede haber un objeto de pensamiento que se llame nada.
-¿Eso significa, por lo tanto, acoger en el instante lo que está en uno?
-Consiste en suprimir aquello que los milenios de humanidad acumularon en el pensamiento.
-Sí, ¿pero en provecho de qué?
-En provecho del desorden del pensamiento que me gusta, y que me parece, en resumidas cuentas, viene a contravenir una frustración general. En el desorden del pensamiento nace por ejemplo la poesía... No digo que sea la poesía lo que quise designar hace un momento, pero de todas maneras es una indicación. Hay algo profundamente poético en todo desorden del pensamiento.
-¿Desorden en relación a qué orden?
-Al orden muy simple del que hablaba, el orden que uno está obligado a tener cuando quiere hacer una valija para tomar el tren.
-Sí, entonces la poesía es el orden inverso de la valija, pero es también un orden.
-Exactamente.
-¿Tiene un modo especialmente poético de hacer su valija, es decir, amontonar los objetos en desorden?
-¡Ah no! Para nada, tengo mucho orden cuando hago mis valijas...
George Bataille, Una libertad soberana, Entrevistas, III. Traducción de Hugo Savino, Paradiso, Buenos Aires, 2007.
jueves, mayo 31, 2007
Anotaciones sobre la doctrina Pound:
-la mejor poesía, aquella en la que se percibe una "inteligencia poderosa moviéndose detrás de las palabras";
-la poesía "pegada al hueso";
-lenguaje "con la mayor carga de significación posible":
imágenes que tienen en común la poesía como continente: la inteligencia obrando detrás de las palabras como un utilero detrás del escenario; pegada al hueso como la piel; cargada de significación como una bala cargada de pólvora.
-la mejor poesía, aquella en la que se percibe una "inteligencia poderosa moviéndose detrás de las palabras";
-la poesía "pegada al hueso";
-lenguaje "con la mayor carga de significación posible":
imágenes que tienen en común la poesía como continente: la inteligencia obrando detrás de las palabras como un utilero detrás del escenario; pegada al hueso como la piel; cargada de significación como una bala cargada de pólvora.
miércoles, mayo 30, 2007
Hace años -debe de haber sido en 1956 ó 1957-, cuando yo era adolescente -estaba casado y me ganaba la vida como recadero de una farmacia de Yakima, una pequeña ciudad del este del estado de Washington-, una vez fui en coche a llevar un medicamento a una casa de la parte alta de la ciudad. Me invitó a entrar un hombre despierto pero muy viejo que llevaba puesta una chaqueta de punto. Me rogó que por favor esperara en el cuarto de estar mientras buscaba su chequera.
En el cuarto de estar había muchos libros. De hecho, había libros por todas partes; encima de las mesas, en el suelo, junto al sofá -todas las superficies disponibles se habían convertido en sitios aptos para dejar libros encima-. Incluso había una pequeña biblioteca apoyada en una de las paredes de la habitación (anteriormente, yo nunca había visto una biblioteca privada; hileras e hileras de libros colocados en estantes en la residencia privada de alguien). Mientras esperaba, paseando la vista por el cuarto, me fijé que encima de una mesita había una revista con un curioso y, para mí, sorprendente nombre en la tapa: Poetry. Estaba pasmado, y la cogí. Era la primera vez que veía una «revista de poca circulación», por no decir una revista de poesía, y me había quedado mudo. Puede que sintiera envidia: también cogí un libro, uno que se titulaba The Little Review Anthology, editada al cuidado de Margaret Anderson. (Debería de añadir que para mí era un misterio lo que significaba «editada al cuidado de»). Recorrí las páginas de la revista y, tomándome todavía más libertades, empecé a hojear las páginas del libro. En el libro había muchísimos poemas, pero también fragmentos en prosa y lo que parecían observaciones o incluso páginas enteras de comentarios sobre cada poema seleccionado. ¿Qué demonios era aquello? Anteriormente yo nunca había visto un libro así -ni, claro está, una revista como Poetry-. Pasaba la vista de una a otra de aquellas dos publicaciones, y en secreto sentí la necesidad de poseerlas.
Cuando el anciano terminó de llenar el cheque, dijo, como si me leyera la mente: «Puedes llevarte ese libro, hijo. A lo mejor encuentras algo que te guste. ¿Te interesa la poesía? ¿Por qué no te llevas también la revista? Puede que algún día llegues a escribir algo. Si lo haces, tienes que saber adónde mandarlo».
Adónde mandarlo. Algo -no sé exactamente qué, pero noté que había sucedido algo de gran importancia-. Yo tenía dieciocho o diecinueve anos, estaba obsesionado con la necesidad de «escribir algo» y por entonces ya había hecho unos cuantos intentos fallidos con algunos poemas. Pero, la verdad, nunca se me había ocurrido que pudiera existir un sitio al que uno pudiera mandar esos esfuerzos con la esperanza de que los leyeran y hasta, algo perfectamente posible -increíblemente, o así me lo parecía-, pensaran en publicarlos. Pero allí mismo, en la mano, tenía la prueba visible de que existían personas responsables en ciertas partes del vasto mundo que editaban, Dios santo, una revista mensual de poesía. Estaba pasmado. Me sentía, como he dicho, en presencia de una revelación.
Raymond Carver
Un sendero nuevo a la cascada. Visor, Madrid, 1993. Traducción de Mariano Antolín Rato
En el cuarto de estar había muchos libros. De hecho, había libros por todas partes; encima de las mesas, en el suelo, junto al sofá -todas las superficies disponibles se habían convertido en sitios aptos para dejar libros encima-. Incluso había una pequeña biblioteca apoyada en una de las paredes de la habitación (anteriormente, yo nunca había visto una biblioteca privada; hileras e hileras de libros colocados en estantes en la residencia privada de alguien). Mientras esperaba, paseando la vista por el cuarto, me fijé que encima de una mesita había una revista con un curioso y, para mí, sorprendente nombre en la tapa: Poetry. Estaba pasmado, y la cogí. Era la primera vez que veía una «revista de poca circulación», por no decir una revista de poesía, y me había quedado mudo. Puede que sintiera envidia: también cogí un libro, uno que se titulaba The Little Review Anthology, editada al cuidado de Margaret Anderson. (Debería de añadir que para mí era un misterio lo que significaba «editada al cuidado de»). Recorrí las páginas de la revista y, tomándome todavía más libertades, empecé a hojear las páginas del libro. En el libro había muchísimos poemas, pero también fragmentos en prosa y lo que parecían observaciones o incluso páginas enteras de comentarios sobre cada poema seleccionado. ¿Qué demonios era aquello? Anteriormente yo nunca había visto un libro así -ni, claro está, una revista como Poetry-. Pasaba la vista de una a otra de aquellas dos publicaciones, y en secreto sentí la necesidad de poseerlas.
Cuando el anciano terminó de llenar el cheque, dijo, como si me leyera la mente: «Puedes llevarte ese libro, hijo. A lo mejor encuentras algo que te guste. ¿Te interesa la poesía? ¿Por qué no te llevas también la revista? Puede que algún día llegues a escribir algo. Si lo haces, tienes que saber adónde mandarlo».
Adónde mandarlo. Algo -no sé exactamente qué, pero noté que había sucedido algo de gran importancia-. Yo tenía dieciocho o diecinueve anos, estaba obsesionado con la necesidad de «escribir algo» y por entonces ya había hecho unos cuantos intentos fallidos con algunos poemas. Pero, la verdad, nunca se me había ocurrido que pudiera existir un sitio al que uno pudiera mandar esos esfuerzos con la esperanza de que los leyeran y hasta, algo perfectamente posible -increíblemente, o así me lo parecía-, pensaran en publicarlos. Pero allí mismo, en la mano, tenía la prueba visible de que existían personas responsables en ciertas partes del vasto mundo que editaban, Dios santo, una revista mensual de poesía. Estaba pasmado. Me sentía, como he dicho, en presencia de una revelación.
Raymond Carver
Un sendero nuevo a la cascada. Visor, Madrid, 1993. Traducción de Mariano Antolín Rato
Raymond Carver / Salud
Vodka seguido por café. Cada mañana
cuelgo el letrero en la puerta
SALÍ A ALMORZAR
pero nadie le presta atención; mis amigos
miran al letrero y
a veces dejan un mensaje corto escrito,
o si no llaman – Vení a jugar
Ray-mond.
Un vez mi hijo, el cabrón,
entró y me dejó un huevo pintado
y un bastón.
Creo que se tomó un poco de mi vodka.
Y la semana pasada pasó mi mujer
con una lata de sopa de carne de res
y un cartón de lágrimas.
Ella también se tomó un poco de mi vodka, creo,
y después huyó en un auto extraño
con un hombre que nunca he visto.
Ellos no entienden; estoy bien,
estoy bien acá donde estoy,
y en cualquier momento
estaré, estaré, estaré…
Me propongo tomarme todo el tiempo en este mundo,
considerar cualquier cosa, hasta milagros,
y sin embargo mantener mi guardia,
siempre más cuidadoso, más vigilante,
contra ellos que pecarían contra mí,
contra ellos que robarían vodka,
contra ellos que me harían daño.
Raymond Carver (Clatskanie, Oregon, 1938-Port Angeles, Washington, 1988)
Versión de Andrew Hax
domingo, mayo 27, 2007
¿Oís?

¿Oís el río?
¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.
Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado, casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.
¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?
Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948)
sábado, mayo 26, 2007
Elizabath Bishop / Un arte
Un arte
El arte de perder no es difícil de dominar;
hay tantas cosas que parecen llenas de la intención
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo todo los días. Acepta la molestia
de llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Después practica perder más y más rápido:
cosas y nombres y el lugar adónde pensabas
viajar. Ninguna de estas cosas traerá un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y miren!: mi última,
o penúltima, de tres casas amadas se fueron.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Perdí dos ciudades, hermosas ambas. Y, más vastos,
algunos dominios que me pertenecían, dos ríos, un continente.
Los extraño. Pero no fue un desastre.
--Hasta perderte a ti (la voz jocosa, un gesto
que amo) no hubiera mentido. Es evidente
que el arte de perder no es difícil dominar,
aunque se vea (¡escríbanlo!) como un desastre.
Elizabeth Bishop (Worcester, 1911-Boston, 1979).
Versión de Andrew Hax
One Art
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
---Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
El arte de perder no es difícil de dominar;
hay tantas cosas que parecen llenas de la intención
de ser perdidas que su pérdida no es un desastre.
Pierde algo todo los días. Acepta la molestia
de llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Después practica perder más y más rápido:
cosas y nombres y el lugar adónde pensabas
viajar. Ninguna de estas cosas traerá un desastre.
Perdí el reloj de mi madre. ¡Y miren!: mi última,
o penúltima, de tres casas amadas se fueron.
El arte de perder no es difícil de dominar.
Perdí dos ciudades, hermosas ambas. Y, más vastos,
algunos dominios que me pertenecían, dos ríos, un continente.
Los extraño. Pero no fue un desastre.
--Hasta perderte a ti (la voz jocosa, un gesto
que amo) no hubiera mentido. Es evidente
que el arte de perder no es difícil dominar,
aunque se vea (¡escríbanlo!) como un desastre.
Elizabeth Bishop (Worcester, 1911-Boston, 1979).
Versión de Andrew Hax
One Art
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
---Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
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