viernes, julio 06, 2018

Alicia García Bergua / Dos poemas

















Todos los días mi perro y yo paseamos
junto al viejo ahuehuete casi muerto,
se yergue entre las frondas de los fresnos
y su tenacidad de estar plantado
mostrando esas raíces
y ese tronco que se descascara,
me llena de piedad
porque sabe que la vida puede ser sólo esto.
Sin pasar caminando, sin ahondar en hechos
y sin una cabeza que se pierda rumiando,
el ahuehuete está  siempre dispuesto
a ser lo que es sin disculparse por ya no tener hojas.

Del Salto y sueño, 2015-2017, inédito


Este edificio es un barco al pie de un océano,
se mantiene a flote en estos días
en que aumenta la marea de automóviles.
En uno como este
empezó a avanzar mi vida.
Aún extraño el ruido del tranvía,
era mejor que este ruido
de altamar que hace la autopista.
En ese entonces los edificios eran como islas
y todo un mundo se movía en ellos,
cada departamento era su historia
y su escenografía:
la casa de mi abuela, su taller de costura,
la señora de enfrente y sus jaulas de pájaros,
el pequeño zoológico de arriba,
las casas limpias como tazas de té
de las mujeres solas,
los departamentos vacíos
de dos hombres avaros,
el cubo de basura
y un pueblo de jaulas para tender en la azotea.
Ahora tendría miedo de entrar al edificio
y sin embargo hay algo en mí
que todavía corre escaleras abajo,
escuchando los ruidos,
sintiendo los olores.
Hay algo en mí que espera
en el balcón de ese edificio
este futuro que he ido viviendo lejos.
Esperaba viajar,
perderme en avenidas
y sin embargo siento todavía
cómo pego el mentón a la baranda
caliente al mediodía
y miro el mismo mar crecido de edificios.

De La anchura de la calle, Dirección General de Publicaciones, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Col. Práctica Mortal, México, 1996

Alicia García Bergua (Ciudad de México, 1954)

Ref.:
Cienciorama
Periódico de Poesía
Letras Libres

1 comentario:

  1. Afortunada Alicia, que ves poesía en lo cotidiano, donde campea la ceguera de los demás...

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