sábado, enero 10, 2009

La muerte de Nerval



De golpe, con una voz contenida, casi no articulada, con una voz de confidencia: "¿Ha conocido a Gérard de Nerval?" -No, le dije. El continuó: "No estaba loco. Pregúntele a Asselineau. Asselineau le explicará que Gérard no estuvo nunca loco: sin embargo, se ha suicidado, se ha ahorcado. Usted sabe, a la puerta de un tabuco, en una calle infame. ¡Ahorcado, se ha ahorcado! ¿Por qué eligió, decidido a morir, la vileza de ese lugar y de un pingajo alrededor del cuello? Hay venenos sutiles, acariciantes, ingeniosos, gracias a los cuales la muerte comienza por la alegría, al menos por el sueño..." Yo no decía nada, no osaba hablar. "¡Pero no, continuó él, alzando la voz, casi gritando, no es verdad, no se matado, no se ha matado, se han engañado, han mentido! ¡No, no estaba loco, no estaba enfermo, no se ha matado! ¡Oh!, ¿no es así? ¡Va a decirle, va a decirle a todo el mundo que no estaba loco, y que no se ha matado, prométame decir que no se ha matado!" Yo prometí todo lo que quería, temblando, en las tinieblas. Cesó de hablar. Pensaba en ir a la cama para acostarme, descansar un poco. No me movía, con miedo a golpear algún mueble, y, también, esperaba no sé qué. De pronto, un sollozo estalló, sordo, contenido, como de un corazón que revienta bajo un gran peso. Y no hubo más que un solo sollozo. El miedo me apretó en la inmovilidad. Estaba quebrado, cerraba los ojos para no ver la sombra, delante de mí, en el espejo...
Cuando desperté, Baudelaire ya no estaba allí...
1865

Catulle Mèndes (Burdeos, 1841-Saint-Germain-en-Laye, 1909)

Versión de Rodolfo Alonso, revista Fijando Vértigos, N° 18, Buenos Aires, 2008

Foto: Nerval, por Nadar

1 comentario:

  1. “El sueño es una segunda vida” nos dice Nerval en Aurelia, esa nouvelle que narra como se rompe la realidad, en tanto concepto acordado por una mayoría.
    La obsesión de Baudelaire por Nerval habla de una empatía por demás sutil. Como si el autor de Las flores del mal supiera que es él mismo quien deberá encargarse de llevar la antorcha del poeta de Las Quimeras.
    Secretos entre dos grandes y el Sol Negro, quizás.

    ResponderEliminar