martes, febrero 02, 2016

Evgeni Evtushenko / Kossuety

















Extraño a los duros dogmas
se levanta ante mí
un fresco
con ángeles y santos
disolutos
e innobles.
Mas yo entiendo
que el fresco no es
parte de la iglesia
sino al revés.
Ladó Gudiashvili
dejó en el muro
hombres que al cielo no subieron
por sus pecados.
Ni fue cínico
ni calumniador.
Estaba hecho de la misma pasta.
Tanto fue un pecador
como un dios,
y nosotros,
pintores,
poetas,
hacedores de profundas transformaciones
¡cuántos muros hemos pintado
como el de esta iglesia de Kossuety!
Nosotros,
los hipócritas pintorzuelos,
con astucia aceptamos
sus encargos
para después burlarnos de los señores
poniéndolo todo al revés.
Soportando los ataques del enemigo
(también con riesgo de la piel)
pintamos a los ángeles como hombres
y en los hombres hemos visto dioses.

Evgeni Evtushenko (Zima, Rusia, 1932-Tulsa, Estados Unidos, 2017), No he nacido tarde, Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1967
Traducción de José Luis Mangieri
Envío de Jonio González
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lunes, febrero 01, 2016

Catalina Boccardo / kusama y bacon
















he visto a kusama en orgías
pintar el falo
una etapa de su arte
corriendo desnuda dentro de una multitud

(luego atraparon a la artista
que deseaba alguna vez ser atrapada)

nunca entendí lo suficiente
ir al extremo
otorgar un salvoconducto al cuerpo
esa guarnición no termina de romperse
frente a los ataques

no es matar o violar de manera directa

el material de la fotografía sobrevive
hasta que alguien logra su captura
como la pintura
o los golpes de la escultura

bacon sabía mucho de esto
se llevaba los pedazos y sus obras parecen frigoríficos

Catalina Boccardo (Buenos Aires, 1961)



Collage,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2015








Ref.:
Punto ciego Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco, 2016

Foto: Catalina Boccardo en FB

domingo, enero 31, 2016

Gabriele D’Annunzio / Stabat nuda aestas


Primero entreví su pie ligero correr
sobre la hojarasca de los pinos
donde cortaba el aire con grande
temblor una blanca flama fugaz.
Callaron las cigarras. Y más roncos
se hicieron los arroyos. Copiosa
la resina brotaba más intensa.
Advertí la culebra y su rumor.

En el bosque de olivos la encontré.
Entre sombras cerúleas de las ramas,
en su espalda caía el pelo leonado
y en el argénteo paladio transvolar
sin sonido. Más lejos en el rastrojo
la alondra saltó del surco raso,
y llamó su nombre desde el cielo.
También por su nombre la llamé.

Entre los laureles la vi voltearse.
Como mies de bronce entre los juncos
penetró, que se cerraron estrepitosos.
Más lejos, hacia el lido, entre el juncal **
marino pisó su pie en falso.
Tendida cae entre la arena y el agua.
El poniente espumó en sus cabellos.
Apareció inmensa, inmensa y desnuda

Gabriele D’Annunzio (Pescara, Italia, 1863-Gardone, Italia, 1938), Alcyone (1902), Arnoldo Mondadori Editore, Milán, 1984
Versión de Ángel Faretta

*El título está tomado de un hemistiquio de Ovidio en las Metamorfosis, II. 28: “stabat nuda Aestas/ et spicea serta gerebat”: “Estaba desnudo el verano y coronas de espigas llevaba”.
**Dejo en “lido” y no “playa” u “orilla” porque se ha hecho un término ya universal, siquiera por el turismo que hizo famoso al lido de Venecia. [Ns. del T.]

Foto: D'Annunzio en 1922 con el uniforme de la Regia Aeronautica (Fuerza Aérea) italiana, de la que formó parte durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Wikimedia Commons


Stabat nuda aestas

Primamente intravidi il suo piè stretto
scorrere su er gli aghi arsi dei pini
ove estuava l'aere con grande
tremito, quasi bianca vampa effusa.
Le cicale si tacquero. Più rochi
si fecero i ruscelli. Copiosa
la resina gemette giù pe'fusti.
Riconobbi il colùbro dal sentore.

Nel bosco degli ulivi la raggiunsi.
Scorsi l'ombre cerulee dei rami
su la schiena falcata, e i capei fulvi
nell'argento pallàdio trasvolare
senza suono. Più lunghi nella stoppia,
l'allodola balzò dal solco raso,
la chiamò, la chiamò per nome in cielo
Allora anch'io per nome la chiamai.

Tra i leandri la vidi che si volse.
Come in bronzea mèsse nel falasco
entrò, che richiudeasi strepitoso.
Più lungi, verso il lido, tra la paglia
marina il piede le si tolse in fallo.
Distesa cadde tra le sabbie e l'acque.
Il ponente schiumò nei sui capegli.
Immensa apparve, immensa nudità.

sábado, enero 30, 2016

Rubén Darío / Divina Psiquis















1
¡Divina Psiquis, dulce mariposa invisible
que desde los abismos has venido a ser todo
lo que en mi ser nervioso y en mi cuerpo sensible
forma la chispa sacra de la estatua de lodo!
  Te asomas por mis ojos a la luz de la tierra
y prisionera vives en mí de extraño dueño:
te reducen a esclava mis sentidos en guerra
y apenas vagas libre por el jardín del sueño.
  Sabia de la Lujuria que sabe antiguas ciencias,
te sacudes a veces entre imposibles muros,
y más allá de todas la vulgares conciencias
exploras los recodos más terribles y oscuros.
  Y encuentras sombra y duelo. Que sombra y duelo encuentres
bajo la viña en donde nace el vino del diablo.
Te posas en los senos, te posas en los vientres
que hicieron a Juan loco e hicieron cuerdo a Pablo.
  A Juan virgen y a Pablo militar y violento,
a Juan que nunca supo del supremo contacto;
a Pablo el tempestuoso que halló a Cristo en el viento,
y a Juan, ante quien Hugo se queda estupefacto.

2
Entre la catedral y las ruinas paganas
vuelas, ¡oh Psiquis, oh alma mía!
-Como decía
aquel celeste Edgardo,
que entró en el paraíso entre un son de campanas
y un perfume de nardo-.
Entre la catedral
y las paganas ruinas
repartes tus dos alas de cristal,
tus dos alas divinas.
Y de la flor
que el ruiseñor
canta en su griego antiguo, de la rosa,
vuelas, ¡oh, Mariposa!,
a posarte en un clavo de Nuestro Señor.

Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, 1867-León, Nicaragua, 1916), "Cantos de vida y esperanza", 1905 *, Poesías completas, ordenadas por Luis Alberto Ruiz, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1967

* El libro está dedicado a Nicaragua y a la República Argentina [N. del Ad.]

Foto: Rubén Darío c.1914. Biblioteca Nacional de Chile

viernes, enero 29, 2016

Elizabeth Bishop / El champú














Silenciosas explosiones sobre las rocas,
los líquenes crecen
propagándose en grises, concéntricas descargas.
Han acordado reunirse con los anillos en torno a la luna, aunque
en nuestros recuerdos no han cambiado.

Y ya que los cielos nos servirán
durante tanto tiempo,
has sido, querida amiga,
precipitada y pragmática,
y mira lo que pasa. Pues el tiempo,
si algo es, es dócil.

Las estrellas fugaces en tu cabello negro
en brillante formación
¿adónde acuden,
tan resueltas, tan pronto?
--Ven, déjame que lo lave en esta gran palangana de hojalata,
golpeada y lustrosa como la luna.

Elizabeth Bishop (Worcester, Estados Unidos, 1911 - Boston, Estados Unidos, 1979), Poems: North & South. A Cold Spring, Houghton Mifflin, Nueva York, 1955
Versión de Jonio González

Foto: Popular en Internet, sin mención de fecha, autor ni lugar, esta foto de Bishop tenía originariamente una inscripción manuscrita que incluía la fecha, 1954. Se puede decir, si se da crédito al dato, que la imagen es contemporánea de este poema. Fue tomada, según el diario madrileño El País, en la hacienda Samambaia, de su pareja, Lota Costallat, en Petrópolis, Brasil. El País da el crédito de la imagen a David Mercado y la agencia Reuters. [N. del A.]


THE SHAMPOO 

The still explosions on the rocks,
the lichens, grow
by spreading, gray, concentric shocks.
They have arranged
to meet the rings around the moon, although
within our memories they have not changed.

And since the heavens will attend
as long on us,
you’ve been, dear friend,
precipitate and pragmatical;
and look what happens.  For Time is
nothing if not amenable.

The shooting stars in your black hair
in bright formation
are flocking where,
so straight, so soon?
— Come, let me wash it in this big tin basin,
battered and shiny like the moon.
---
Foto: s/d

jueves, enero 28, 2016

Jonio González / De "Plaza del mercado", 2















VII

era apenas el comienzo
la destilación del sueño:
al detenerse ante la última puerta
se preguntó adónde ir
qué esperar
qué decir al que ha cruzado el río
para ver abrasada la ciudad
destruidas las murallas
todo sol y piedra
un sacrificio tras otro

Jonio González (Buenos Aires, 1954), La invención de los venenos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2015

miércoles, enero 27, 2016

Tu Fu / Por más que ve la añoranza
















Por más que ve la añoranza, añoranza del forastero,
la primavera canalla acude al pabellón del río.
Ya manda abrirse las flores sin el menor miramiento,
ya ordena al oriol que cante con inoportuna insistencia.


Tu Fu (China, 712-770), “Sinología y traducción: El problema de la traducción de poesía china clásica en ocho poemas de Du Fu”, Facultad de Traducción e Interpretación, Universidad Autónoma de Barcelona, tesis doctoral
Traducción del chino de Anne-Hélène Suárez Girard
Envío de Jonio González


Nota bene: En el antiguo sistema de Wade-Giles, utilizado en los países de Occidente desde el siglo XIX, la transliteración de 杜甫 es Tu Fu. En el deletreo Han o pinyin, preferido por las autoridades de la República Popular China, es Du Fu. Parece más moderno y políticamente correcto escribir Du Fu, pero este blog se atuvo desde el principio al viejo sistema Wade-Giles. [N. del Ad.]

lunes, enero 25, 2016

Héctor Viel Temperley / Con su memoria de alas













Si fuera un charco de agua, un alambrado,
si fuera cualquier cosa, una bota en su estribo
–con espuela sería demasiado–,
si fuera cualquier cosa menos esto
no tendría este asco.

En un duelo a cuchillo
adentro mío
se están jugando mi alma
como carne a pedazos,
y en el chocar asqueante
de cuchillos,
que es cada vez más íntimo,
se me está ensangrentando y revolviendo
todo esto que era mío
y que era limpio:
el corazón, el sebo de las tripas,
nudos de venas
y hasta los testículos.

Qué lindo no tener adentro nada.
Ser como lazo, o ser la puñalada.
Qué lindo ser de afuera
y no de adentro,
como el campo y los pájaros,
como el viento o el hacha.
O si no ser de canto por afuera
y por adentro hueco,
como las guitarras.

Qué lindo entrar hasta estos que pelean,
como la muerte, armado de guadaña,
y acabar con el asco de las tripas
en una flor de sangre, inmensa y rápida.

Quedar vacío, ser como alambrado,
como dulce guitarra,
o como el aire fresco en los pulmones,
con su memoria de alas.

Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987), "El nadador" (1967), Obra completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2009

domingo, enero 24, 2016

Orhan Veli Kanik / Dos poemas














Mi amigo Sabri

Mi amigo Sabri
y yo siempre hablamos en la calle
por la noche
y siempre borrachos.
Él siempre dice
“Llego tarde a casa”,
y siempre con dos barras
de pan bajo el brazo.


El invitado 

Ayer a la tarde estaba aburrido;
dos paquetes de cigarrillos no me sirvieron de nada;
intentar escribir, tampoco;
por primera vez en años toqué el violín,
di vueltas por ahí,
me paré a mirar partidas de backgammon,
canté canciones desafinando,
cacé moscas, una caja llena.
Finalmente, maldita sea,
He venido a verte.

Orhan Veli Kanik (Beykoz, Turquía, 1914-Estambul, 1950), I, Orhan Veli, Hanging Loose Press, Nueva York, 1989
Versiones de Jonio González de la traducción del turco al inglés de Murat Nemet-Nejat



MY FRIEND SABRI

My friend Sabri
And I always talk
In the street at night
And always drunk.
He always says,
``I'm late for home,''
And always two loaves
Of bread under his arm.


THE GUEST 

I was bored yesterday towards evening;
Two packages of cigarettes didn't do me a thing;
Tried to write, no good either;
For the first time in years I played the violin,
Walked around,
Kibitzed watching people play backgammon,
Sang songs off key,
Caught flies - a boxful.
Finally, damn it,
I came here to see you.

--- 
Foto: s/d

sábado, enero 23, 2016

Alberto Cisnero / De "Ajab"













27-

no sabemos dónde está. ya muchos dijeron
muchas cosas. nadie les pidió detalles.
practicaron el comercio del énfasis tras
una recompensa. engañosa esperanza, égloga
alelada de albatros. éste es el lugar del silencio
que acecha. una manera infinitamente leve.
guardalo junto a todas las otras cosas que viste.
tu escasa lectura, un árbol, un grano de tierra,
el vuelo de los pájaros. no interpeles los libros
ni a tu prójimo, porque una letra va antes
que otra ocultando su nombre y condición.
alguien descubrirá la sangre. alguien exclamará
que está vivo. fustiga la brisa. la decimocuarta
noche del lunario. fumo en la cubierta
a merced de velocidades tristes.

Alberto Cisnero (La Matanza, Buenos Aires, Argentina, 1975)

Ajab,
Barnacle Libros,
Buenos Aires, 2016









---
Foto: Alberto Cisnero por Griselda García, 2015

viernes, enero 22, 2016

Rainer Maria Rilke / "Las elegías de Duino", Primera Elegía















(Propiedad de la princesa Marie von
Thurn und Taxis-Hohenlohe) (1)


La primera elegía

¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel (2)
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al corazón solitario? ¿Es más suave con los amantes?
Ay, ellos sólo se ocultan uno a otro su suerte.
¿Todavía no lo sabes? Arroja el espacio que abarquen
tus brazos hacia los espacios que respiramos; quizá
los pájaros sientan el aire ensanchado con un vuelo
más íntimo.

Sí, las primaveras de veras te necesitaban. Varias
estrellas te pedían que las rastrearas. Se alzaba
en el pasado una ola hacia ti, o cuando pasabas
por una ventana abierta, se te entregaba un violín.
Todo esto era una misión, ¿pero fuiste capaz de cumplirla?
¿No estabas siempre distraído por la esperanza, como
si todo ello te anunciara a una amada? (¿Dónde intentas
alojarla, si en ti los grandes pensamientos extraños
entran y salen, y con frecuencia se quedan durante la noche?).
Pero si sientes anhelos, canta pues a las amantes; no es,
en absoluto, suficientemente inmortal su famoso
sentimiento. Aquéllas que casi envidias, las abandonadas,
las encuentras mucho más amantes que las saciadas.
Empieza siempre de nuevo la alabanza siempre inalcanzable.
Piensa: el héroe sigue en pie, aun el ocaso fue para él
sólo un pretexto para ser: su último nacimiento.
Pero a las amantes la exhausta naturaleza las recoge
en su seno, como si no hubiera fuerzas para lograr esto
dos veces. ¿Has pensado lo suficiente en Gaspara Stampa, (3)
y lo que puede sentir cualquier chica a quien el amado
abandonó, frente a tan elevado ejemplo de mujer amante:
¿Llegaré a ser como ella? ¿Estos, los más antiguos
dolores, no deberán, por fin, darnos fruto? ¿No es
tiempo ya de que, al amar, nos liberemos del amado y,
temblorosos, resistamos, como la flecha resiste al arco,
para ser, unidos en el salto, algo más que la sola
flecha? Porque el permanecer está en ninguna parte.

Voces, voces. Corazón mío, escucha, como sólo los santos
escuchaban; la enorme llamada los alzaba del suelo;
pero ellos seguían de rodillas, de modo imposible,
sin darse cuenta: de tal manera escuchaban. No
que pudieras soportar la voz de Dios, lejos de eso, pero
escucha el soplo, la noticia incesante que se forma
del silencio. Murmura hasta ti desde aquellos que han
muerto jóvenes. ¿Acaso su destino no se dirigió siempre
tranquilamente a ti, en Roma y Nápoles, cuando entrabas
en alguna iglesia?¿ O una inscripción sublime se grababa
para ti, como hace poco la lápida de Santa María Formosa? (4)
¿Qué quieren de mí? Debo apartar en silencio
la apariencia de injusticia que a veces estorba un poco
el puro movimiento de sus espíritus.

Realmente es extraño ya no habitar la tierra,
ya no ejercitar las costumbres apenas aprendidas;
a las rosas, y a otras cosas particularmente promisorias,
ya no darles el significado del futuro humano; ya no ser
aquél que uno fue en interminables manos angustiadas
y hasta hacer a un lado el propio nombre, como un juguete
roto. Extraño, ya no seguir deseando los deseos. Extraño,
ver todo lo que tenía sus propias relaciones, aletear
tan suelto en el espacio. Y estar muerto es doloroso,
y lleno de recuperación, de modo que uno rastree
lentamente un poco de eternidad. Pero todos los vivos
cometen el mismo error de diferenciar demasiado
tajantemente. Los ángeles (se dice) con frecuencia no
sabrían si andan entre los vivos o entre los muertos.
La corriente eterna arrastra siempre consigo todas
las edades a través de las dos zonas y atruena sobre ambas.

Finalmente ya no nos necesitan, los que partieron
temprano, uno se desteta dulcemente de lo terrestre, como
uno se emancipa con ternura de los senos de la madre.
Pero nosotros, que necesitamos tan grandes secretos,
nosotros que tan frecuentemente obtenemos del duelo
progresos dichosos, ¿podríamos existir sin ellos?
¿Es inútil el mito de que, en la antigüedad, durante
las lamentaciones fúnebres por Linos, (5)
una atrevida música primitiva se abrió paso en la árida materia
inerte; y entonces, por primera vez, en el espacio
sobresaltado, en el que un muchacho casi divino de pronto
se perdió para siempre, el vacío produjo esa vibración
que ahora nos entusiasma y nos consuela y ayuda?

[1923]

Rainer Maria Rilke, (Praga, 1875-Val-Mont, Suiza, 1926), Las elegías de Duino, versión y notas de José Joaquín Blanco, literatura-us, via Las elegias de Duino (blog del traductor), 2008

Notas del traductor:

 (1) Propietaria del castillo de Duino, sobre un acantilado del mar Adriático, cercano a Trieste (en esa época, parte del imperio austriaco), donde el poeta austríaco Rainer María Rilke [n. Praga, 1875, y m. Valmont, Suiza, 1926] empezó sus elegías en 1912.
Las elegías de Duino tardaron diez años en escribirse, en diversos sitios, y se publicaron en 1923. El castillo de Duino fue destruido en la primera guerra mundial. Cf. Hans Egon Holthusen, Rainer María Rilke, Madrid, Alianza Editorial, 1968
Aunque difíciles de conseguir en el mercado, hay varias traducciones castellanas de la poesía de Rilke; entre otras, las de Gerardo Diego, Gabriel Celaya, Carlos Barral, José María Valverde, Luis Felipe Vivanco y Gonzalo Torrente Ballester; aparecieron en México las de Eduardo García Máynez, Juan José Domenchina, Horacio Quiñones y Juan Carvajal. La más asequible, la de Eustaquio Barjau (Madrid, Cátedra, 1990).
Entre los estudiosos de Rilke en lengua española, están Luis Cernuda, José Bergamín, Antonio Marichalar, Guillermo de Torre y Jaime Ferreiro Alemparte.
Aprovecho la traducción, la introducción y los comentarios de J. B. Leishmann a la versión inglesa que hizo junto con Stephen Spender: The Duino Elegies, Londres, The Hogarth Press, 1939 y 1948, y las notas y comentarios de Barjau a su versión castellana (1993).

(2) "El 'ángel' de las Elegías, escribió el propio Rilke en carta a Witold Hulewicz en 1925, no tiene nada que ver con el ángel del cielo cristiano (antes más bien con las representaciones angélicas del Islam)".
Tampoco es una figura meramente estética o erótica, a la manera de muchos motivos angélicos-efébicos del arte moderno, como los de Cocteau. Rilke se imagina ángeles viriles y con barba, no púberes ni andróginos; dice en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge: "Si es cierto que los ángeles son machos, se puede decir que tenía un acento macho en la voz: una virilidad resplandeciente".

(3) Amante veneciana del Renacimiento, poetisa del amor trágico [1523-1554]; una de esas "amantes inauditas", como la Monja Portuguesa, que "crecían y se elevaban en su amor... hasta que su tortura se había cambiado en un esplendor amargo, helado, que ya nadie podía detener", de las que se habla detenidamente en Los cuadernos de Malte Laurids Brigge.

(4) En 1911 Rilke vio en esa iglesia de Venecia un altivo epitafio desengañado de un tal Hermann Wilhelm o Hermanus Gulielmus, de 1593; entre otras cosas dice: "En vida viví para los demás; ahora, después de la muerte, no he perecido, sino que vivo en mármol frío para mí mismo".

(5) Mito griego semejante en unos aspectos al de Adonis, y en otros al de Orfeo, pero relativo a la música fúnebre. Linos es el semidiós de la lamentación, la música y la elegía fúnebres. Murió de muerte terrible -asesinado por Apolo o por Hércules, o destrozado por perros, según varias leyendas-; al morir, su terrible lamentación dio nacimiento a la música; o bien, la naturaleza entera, al llorar su muerte, creó la música (Iliada, xviii, 570).

jueves, enero 21, 2016

San Juan de la Cruz / Por toda la hermosura















Por toda la hermosura
nunca yo me perderé,
sino por un no sé qué
que se alcanza por ventura.

   Sabor de bien que es finito,
lo más que puede llegar,
es cansar el apetito
y estragar el paladar;
y así, por toda dulzura
nunca yo me perderé,
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.

   El corazón generoso
nunca cura de parar
donde se puede pasar,
sino en más dificultoso;
nada le causa hartura,
y sube tanto su fe,
que gusta de un no sé qué
que se halla por ventura.

   El que de amor adolece,
del divino ser tocado,
tiene el gusto tan trocado
que a los gustos desfallece;
como el que con calentura
fastidia el manjar que ve,
y apetece un no sé qué
que se halla por ventura.

   No os maravilléis de aquesto,
que el gusto se quede tal,
porque es la causa del mal
ajena de todo el resto;
y así, toda criatura
enajenada se ve,
y gusta de un no sé qué
que se halla por ventura.

   Que estando la voluntad
de divinidad tocada,
no puede quedar pagada
sino con divinidad;
mas, por ser tal su hermosura,
que sólo se ve por fe,
gústala en un no sé qué
que se halla por ventura.

   Pues de tal enamorado,
decidme si habréis dolor,
pues que no tiene sabor
entre todo lo criado;
solo, sin forma y figura,
sin hallar arrimo y pie,
gustando allá un no sé qué
que se halla por ventura.

   No penséis que el interior,
que es de mucha más valía,
halla gozo y alegría
en lo que acá da sabor;
mas sobre toda hermosura,
y lo que es y será y fue,
gusta de allá un no sé qué
que se halla por ventura.

   Más emplea su cuidado,
quien se quiere aventajar,
en lo que está por ganar
que en lo que tiene ganado;
y así, para más altura,
yo siempre me inclinaré
sobre todo a un no sé qué
que se halla por ventura.

   Por lo que por el sentido
puede acá comprehenderse
y todo lo que entenderse,
aunque sea muy subido,
ni por gracia y hermosura
yo nunca me perderé,
sino por un no sé qué
que se halla por ventura.

Finis.

Juan de Yepes, San Juan de la Cruz (Fontiveros, España, 1542-Ubeda, España, 1591), Poesías completas, edición de Cristobal Cuevas, Hyspamerica, Buenos Aires, 1982

miércoles, enero 20, 2016

André Schmitz / Dos poemas





















El viento

El viento está de paso
(como un desconocido que surge
de una brecha en el horizonte).

Lo invitamos a la mesa.
Su lengua de fuego fascina a los niños
su frac perturba los vestidos.

Se ve el vino agitarse en sus venas.
Se siente una nueva locura
circular en las sangres.
Se habla en toda suerte de lenguas.
No se comprende nada
pero tal vez todo va a saberse.


Identidad

Afirmo por mi honor
que nada tengo que ver
conmigo mismo.

No soy propietario
del cuerpo donde resido.

Estos ojos enfocados día y noche
hacia extraños pájaros
y fascinados por la belleza del mundo
no son las ventanas de mi casa.

Allá donde estoy, lo que soy
no es mi patria.

Soy el hijo de un niño que no
ha nacido aún,
el esposo salvaje de una mujer que atravieso
y no me pertenece.

Una muchacha en alguna parte intenta aún
ser mi madre.

André Schmitz (Erneuville, Bélgica, 1929-Turpange, Bélgica, 2016), Jardines de Bélgica. Poetas belgas en lengua francesa, Universidad Nacional Autónoma de México, México D. F., 2007
Traducción de Stefaan van den Bremt y Marco Antonio Campos
Envío de Jonio González

Foto: Maison de la Poésie

martes, enero 19, 2016

Ricardo Güiraldes / De "El cencerro de cristal", 2














Verano

Buenos Aires. Calle Santa Fe en el 900. Diciembre. La casa abierta, respirando noche, todo apagado dentro.
Cielo, implacablemente estrellado, cuyo azul de zafiro australiano se aleja, por obra del aturdimiento luminoso que mandan a los ojos los focos eléctricos.
De tiempo en tiempo, coches pasan, en rectilíneos destinos.
En la acera de enfrente, una madre aparea la obesidad de su flácido descanso a las epidérmicas lasitudes de su hija, que corre mano distraída, sobre su muslo, apenas suavizado por un batón rosa.
El reflejo de los focos se aplasta, extendido contra el asfalto.
Caballito, caballito que llevas el fiacre vacío, pareces un cuento, infantil, de madera.

Buenos Aires, 1913


Pierrot

Nació de un rayo de luna, sobre un muro blanco, y alegre va, desparramando amores.
Son las doce, hora de las apariciones.
Su dedo, fosforescente, abre en París la herida luminosa de Montmartre, y, como mariposas sorbidas por la luz, un vuelo de hetairas cae en remolino. Y como negro bordoneo de insectos, los sedientos de alcohol, de erotismo, de vicio.
Todos llevan en el rostro una palidez de risa dolorosa: es el sello de Pierrot. Y hasta la primera luz del día, el Rey de Histeria prodigará risas, llantos, deseos y cansancios.  
Pero el sol ha salido: todo se apaga, todo se avergüenza, y Pierrot, sintiendo el cuerpo disgregarse, arrastra su último malestar, un refrán canallesco, roto entre los dientes.
Cruza una plaza y ve, con odio, la estatua de un Baco robusto, que ríe, la boca en media luna. Él empieza a vivir, con la luz naciente. Su bronce es negruzco y muere en la noche.
-¡Padre grosero! -dice Pierrot-, y el rayo de luz que le pega, en la frente, le mata.
El viejo Baco reanima, entretanto, a su cosquilleo, y los ojos irónicos, mirando el lugar vacío, burlón exclama:
-Pobre mi alma... ¿Te has vuelto loca?

París, 1911


Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 1886-París, 1927), El cencerro de cristal, Librería "La Facultad", de Juan Roldán, Buenos Aires, 1915 Biblioteca Virtual Cervantes

lunes, enero 18, 2016

Carlos Drummond de Andrade / Procura de la poesía















No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un sol estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes
   personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo,
   enemigo de la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en
   lo oscuro
son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.
Lo que piensas o sientes, eso aun no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el
   secreto de las casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las
   calles junto a la línea del espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada
   significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elide sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos
   de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.
Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concentrada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil faces secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aun húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Brasil, 1902 - Río de Janeiro, Brasil, 1987), "La rosa del pueblo" [1945], Mundo, vasto mundo, traducción de Manuel Graña Etcheverry, revisada y aprobada por el autor, Losada, Buenos Aires, 1967
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Foto: Rascunho

domingo, enero 17, 2016

Carlos Drummond de Andrade / Sonetillo del falso Fernando Pessoa















Donde nací, morí.
Donde morí, existo.
De las pieles que visto,
muchas hay que no vi.

Sin mí como sin ti
puedo durar. Desisto
de todo cuanto es mixto
y que odié o sentí.

Ni Fausto ni Mefisto,
a la diosa que vi
ante nuestro aoristo

puedo decir: asisto
allende, a nadie aquí,
mas no soy yo, ni existo.

Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Brasil, 1902-Río de Janeiro, Brasil, 1987), "Claro enigma" [1951], Mundo, vasto mundo, traducción de Manuel Graña Etcheverry, revisada y aprobada por el autor, Losada, Buenos Aires, 1967


Enciclopedia
El aoristo denota una acción como ocurriendo en el pasado, sin referencia a su progreso, sin expresar que la acción se ha completado. El aoristo simplemente presenta la acción sin referencia a su duración. Para Aristóteles, el tiempo es el número de la sucesión, entre el antes y el después, según el orden perfectamente determinado. El aoristo no expresa ni duración ni acabamiento, es, pues, indeterminado, indefinido. (Hispanoteca)
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Foto: s/d

sábado, enero 16, 2016

Sebastián Bianchi / Dos poemas















Si el ferretero te dijera

Que Neptuno va rodeado de una espiral y faunos
y que sus playas no tienen el agua sino el perfume y los
                                                      sábados/
al mediodía, dudarías hasta de la solidez de los patos que flotan
en la laguna.

Afortunadamente todo parece por aquí más sencillo.

Caminás por las calles repitiendo una tonada de moda.
Tirando al aire una moneda, como quien se juega un imperio,
vas mirando a las ofertas y a los saldos,
contento con el ruido que hacen las palabras.


Si le pides a Júpiter que no se cristalicen los segundos

   En eso inacabado, los días, proponerse un librito de cantos.
También la corriente arrastra, lleva pausas con suspiros de
fragmentos a los afanes derrengados. Pero tan fugaces son las
dichas que parecen renacuajos en un click, ya mañana han
crecido como sapos que croan toda la amargura del hombre
con nicotina.

   Habrán pasado otros soles, otros desganos me encontrarán
con la boca a medio beso. Sin embargo el hoy se lleva todo:
ahora se acaba lo que es, en este instante, en cada nosotros.

Sebastián Bianchi (Buenos Aires, 1966)


Canciones,
Vox,
Bahía Blanca, 2015










Foto: Sebastián Bianchi por Laura Crespi

viernes, enero 15, 2016

Cecil Day-Lewis / ¿Dónde están los poetas de la guerra?




Ellos que en la estupidez  o mera avaricia
esclavizaron  la religión, los mercados, las leyes,
ahora toman nuestro lenguaje y nos
ordenan defender la causa de la libertad.

Es la lógica de nuestro tiempo
-no es tema para un verso inmortal-
que quienes vivimos por sueños honestos
defendemos lo malo frente a lo peor.

Cecil Day-Lewis (Ballintubbert, Irlanda, 1904-Hadley Wood, Inglaterra, 1972), Word Over All, 1943
Versión: Marina Kohon

Foto: W.H. Auden, Cecil Day-Lewis, Stephen Spender, Venecia, 1949 Hulton Getty/The Guardian


Where are the War Poets?

They who in folly or mere greed
Enslaved religion, markets, laws,
Borrow our language now and bid
Us to speak up in freedom’s cause.

It is the logic of our times,
-No subject for immortal verse –
That we who lived by honest dreams
Defend the bad against the worse.

jueves, enero 14, 2016

Ángel Faretta / Donatello parmi les fauves










Este libro brillante sofoca
la cristalina fuente donde la flor
se ahoga fuera del tratado botánico;
este libro brillante sofoca
la sordidez del estío que a todos
proclama y seduce con sus formas
opacas que conducen al almanaque;
este libro brillante sofoca
la necedad y necesidad del recién nacido
a la vida entre los escombros de la anterior
y las ocres ilustraciones de la anatomía;
este libro brillante sofoca
la oración del simple, del dócil y del necio
que ahuyenta los mismos demonios
de sus ancestros en los bosques
elevando túmulos y hogueras, satisfechos
con la sola proclama de la flama
trepando tremebunda hacia los cielos;
este libro brillante sofoca
a la loca decencia del cobarde
que escruta sus entrañas con predicciones
numerales y con códigos genéticos
tapando con las manos el estruendo
de la sangre, del trémulo
sonar de sus vísceras
que repiten su inalterable destino
desechando a manos llenas la forma anterior,
la pretérita e inédita clave del fracaso
de perpetuarse en modelo civil;
este libro brillante sofoca
la tenue conversación de interiores,
la lumbre, el vino, la dicha
de una amistad que anclara en los muelles
en la movible ciudad, un paisaje imaginario
con sus sapos y sus jardines armoniosos,
su fronda oscura o marchita,
la hosca dependencia del deseo ajeno,
la tórrida claridad del mediodía romano
y la necesaria simetría de la humedad porteña,
tendidas una y otra sobre el interminable mar
que no se resigna a situarse sobre un mapa
de singulares caracteres en escala
que este libro brillante sofoca.

Ángel Faretta (Buenos Aires, 1953), Cuestiones bizantinas (inédito)


Donatello parmi les fauves (Donatello entre las fieras) fue el epíteto despectivo que el crítico Louis Vauxcelles lanzara al visitar la primera muestra (1905) de un grupo de pintores -André Derain, Vlaminck, el primer Matisse, et al-, cuando viera a dos de las pinturas allí expuestas y en medio de ella, una escultura de Albert Marque de estilo neo renacentista. Como suele suceder desde el barroco, los jóvenes pintores  -a los que luego se uniría Georges Roualt- tomaron el término despectivo en polémico, y fueron conocidos a partir de allí, como les fauves. [N, del A.]

miércoles, enero 13, 2016

Carlos Pellicer / Señor, tenme piedad, bajo el escombro

















Señor, tenme piedad, bajo el escombro
desta noche de púas y venenos.
Relampaguea, mírame en qué cienos
pudro la voz con que al azul te nombro.

Haz que vaya otra vez hombro con hombro
con la alegre verdad que hiciste llenos
mis ojos peces de amargados senos
que miran sin belleza y sin asombro.

Una callada tempestad asoma
y se lleva la sombra. Una paloma
vuela sobre las brújulas destruidas.

Se ve el retoño entre mi pecho fuerte,
y un ángel con las alas compungidas
se interpuso entre mí y aquella muerte.

Carlos Pellicer (Villahermosa, México, 1897-Ciudad de México, 1977), Sonetos lamentables y nocturnos, Fondo de Cultura Económica, México D. F., 1994
Envío de Jonio González

martes, enero 12, 2016

Wallace Stevens / Té en el Palacio de Hoon













No porque en púrpura yo descendiera
del ocaso a través de lo que vos llamaste
el aire más solitario, no por eso era menos yo.

¿Qué era el ungüento que esparciste por mi barba?
¿qué eran los himnos que zumbaban detrás de mis orejas?
¿qué era el mar cuya marea me arrastró hasta allí?

Fuera de mi mente el ungüento dorado llovió,
y mis oídos crearon los himnos danzantes que escuchaban.
Yo mismo era el compás de ese mar:

Yo era el mundo en el que caminé,  y lo que vi
o  escuché o sentí  brotaba de mí mismo;
y  allí me encontré más verdadero y más extraño.

Wallace Stevens (Reading, Estados Unidos, 1879 - Hartford, Estados Unidos, 1955), The Collected Poems of Wallace Stevens, Vintage Books, Nueva York, 1990
Versión: Marina Kohon


Tea at the Palaz of Hoon 

Not less because in purple I descended
The western day through what you called
The loneliest air, not less was I myself.

What was the ointment sprinkled on my beard?
What were the hymns that buzzed beside my ears?
What was the sea whose tide swept through me there?

Out of my mind the golden ointment rained,
And my ears made the blowing hymns they heard.
I was myself the compass of that sea:

I was the world in which I walked, and what I saw
Or heard or felt came not but from myself;
And there I found myself more truly and more strange.

[Harmonium, 1923]
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Foto: Getty Images