lunes, octubre 09, 2023

Diego Colomba / De "Los malos hábitos"



Visita del fantasma

No se ha movido ni una comadreja en el baldío.
Como si todos, en la noche, estuviéramos esperándote.

Te vimos, finalmente, traspasando el tapial
y la puerta tejido.

Podemos dar nuestra palabra. Pero, ¿podría
alguien más que nosotros mismos
dar fe de nuestros ojos?

Una estrella se corrió para iluminar la parte del cielo
que nos correspondía.
No era necesaria más luz. Mirábamos alrededor
con lo que llaman el ojo 
del espíritu.

Ninguno de nosotros teme infectarse por tocarte.

Cuando estés más cerca te saldremos al paso.
Te gritaremos que te detengas.
Te hablaremos de buena manera. 

Nada por las malas se consigue
de una masa de aire 
invulnerable.

Nuestros corazones en duelo te hablarán
tal como nos lo pide nuestro amor.

Solo el canto del gallo romperá nuestra ilusión.


Hogar

Hay lluvia. Hay rayos. Hay truenos.
El frío cala los huesos.

¡Enciendan los marlos de la estufa! 
¡Agreguen madera seca!

¡Calor!, pide el cuerpo, ¡calor! ¡Y luz!
Que la parentela se arrime al fuego.

El Gran Sapo nos reclama
debajo del bargueño. 

¿Quién dejó la puerta abierta?

¡Escuchen el reclamo del ojudo!
¡Qué hermoso puede ser lo feo!

El estruendo de las chapas 
nos está dejando mudos.


Una literatura vitalista

Escucho los consejos, las advertencias de mis muertos. Recibo sus signos diurnos y nocturnos. Acojo sus recuerdos. Escribo en estado de inspiración.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972)

Los malos hábitos
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










domingo, octubre 08, 2023

Nancy Cunard / Arrepentimiento



He sido derrochadora, lasciva, alocada, atrevida 
y he amado con manos codiciosas y ojos lujuriosos
a lo largo de días frenéticos y cielos de verano,
a lo largo de calles sin fin; pero ahora soy vieja
y estoy enferma y mal –me contento con el descontento–, 
soportando el malestar y los golpes 
con la cabeza hundida y el corazón agitado.
Resignada a esperar sentada en castigo,
una mártir que nada demanda, una parodia
de los clásicos apóstoles coronados y de los dulces santos
ahora glorificados en mármol y magníficas pinturas
o sonoras partituras y armonías...
Permanezco sentada en esta habitación, apenada y en silencio
mientras las calles húmedas se adentran en la oscuridad.

Nancy Cunard (Londres, 1896 - París, 1965), Wheels, Longmans, Green & Co., Nueva York 1916
Versión de Jonio González


Foto: Nancy Cunard en el hotel Grampion, de Harlem, Nueva York, el año 1932 Bettmann/Getty Images


REMORSE

I HAVE been wasteful, wanton, foolish, bold,
And loved with grasping hands and lustful eyes
All through the hectic days and summer skies,
And through the endless streets; but now am old
And ill and bad—content with discontent, —
Enduring the discomfort and the blows
With sunken head and heart that shaking goes.
Resigned to sit and wait in punishment,
A martyr without claim, a parody
Of classic crowned apostles and sweet saints
Now praised in marble and in gorgeous paints
Or singing in loud scores of harmony . . . .
I sit ashamed and silent in this room
While the wet streets go gathering in their gloom.

sábado, octubre 07, 2023

Elizabeth Bishop / El alce




para Grace Bulmer Bowers

Desde provincias estrechas
de pescado y pan y té,
hogar de las mareas largas
donde la bahía deja el mar
dos veces al día y toma
los largos recorridos de los arenques,

adonde si el río
entra o se retira
en una pared de espuma marrón
depende de si encuentra
a la bahía entrando,
a la bahía fuera de su lugar;

donde, enarenado de rojo
a veces el sol se pone
mirando hacia un mar rojo,
y otros, veteando el lavanda
llano, barro fértil
en corrientes encendidas;

sobre rojas calles arenosas
por hileras de arces de azúcar,
pasando casas de campo
y prolijas, iglesias de madera,
blanqueadas, surcadas como almejas,
pasados un par de abedules gemelos plateados,

a través de la tarde noche
un colectivo viaja hacia el oeste,
el parabrisas destella rosa,
un rosa rebotando del metal,
cepillando el flanco abollado
del esmalte azul, destartalado;

por hondonadas, se eleva
y espera, paciente,
mientras un viajero solo
da besos y abrazos
a siete familiares
y un collie supervisa.

Adiós a los olmos,
a la granja, al perro.
El colectivo arranca. La luz
se intensifica; la niebla,
movediza, salada, tenue,
viene cerrándose.

Sus cristales redondos, fríos
se forman y deslizan y asientan
en las plumas blancas de las gallinas,
en repollos grises vidriosos,
sobre rosas de repollos
y lupinos como apóstoles;

las dulces arvejas se adhieren
a su blanca fibra húmeda
sobre los cercados blanqueados;
se arrastran los abejorros
dentro de las campanitas,
y la noche comienza.

Una parada en Bass River.
Luego las economías:
baja, media, alta;
cinco islas, cinco casas,
donde una mujer sacude un mantel
después de la cena.

Un parpadeo pálido. Pasó.
El pantano de Tantramar
y el aroma salado del heno.
Un puente de acero tiembla
y un tablón suelto cruje
pero no cede el paso.

A la izquierda, una luz roja
nada a través de la oscuridad:
la linterna del puerto de un barco.
Aparecen dos botas de goma,
iluminadas, solemnes.
Un perro ladra una vez.

Sube una mujer
con dos bolsas del mercado,
enérgica, pecosa, mayor.
“Una noche espléndida. Sí, señor,
todo el camino hacia Boston.”
Nos mira amigablemente.

Luz de luna mientras entramos
a los bosques de Nueva Brunswick,
peludos, rasposos, fragmentados;
luz de luna y bruma
atrapadas en ellos como lana de oveja
sobre arbustos en una pradera.

Los pasajeros se recuestan en sus asientos.
Ronquidos. Algunos largos suspiros.
Una divagación ensoñadora
comienza en la noche,
una apacible, auditiva,
lenta alucinación…

Entre ruidos y crujidos,
una vieja conversación
que no nos concierne,
pero que reconocemos, en algún lugar,
desde el fondo del colectivo:
voces de abuelos

ininterrumpidamente
hablando, eternamente:
nombres que se mencionan,
cosas finalmente esclarecidas;
lo que él dijo, lo que ella dijo,
quién consiguió la pensión;

muertes, muertes y enfermedades;
el año en el que volvió a casarse;
el año (en que algo) pasó.
Murió dando a luz.
Ese fue el hijo perdido
cuando la barcaza naufragó.

Empezó a tomar. Sí.
Ella empezó a caer.
Cuando Amos empezó a rezar
hasta en el almacén y
finalmente la familia
tuvo que encerrarlo.

“Sí…” ese peculiar
afirmativo. “Sí…”
Una respiración contenida,
mitad gemido, mitad aceptación,
que significa “La vida es así.
Lo sabemos (también la muerte).”

Hablando como hablaban
en la vieja cama de plumas,
en paz, una y otra vez,
luz de lámpara tenue en el pasillo,
por la cocina, el perro
escondido en su manta.

Ahora, está todo bien ahora
incluso para dormirse
así como en todas esas noches.
De repente el colectivero
frena con un sacudón,
apaga las luces.

Un alce ha salido
del bosque impenetrable
y está parado ahí, se asoma en realidad,
en la mitad de la calle.
Se aproxima; olfatea
el capó caliente del colectivo.

Imponente, sin cornamenta,
alto como una iglesia,
doméstico como una casa
(o seguro como las casas).
La voz de un hombre nos asegura
“Perfectamente inofensivo…”

Algunos de los pasajeros
exclaman en susurros,
como niños, suavemente,
“Realmente son grandes criaturas.”
“Es tremendamente liso”
“Mirá! Es hembra!”

Tomándose su tiempo,
examina el colectivo,
grandioso, de otro mundo.
¿Por qué, por qué sentimos
(todos sentimos) esta dulce
sensación de alegría?

“Curiosas criaturas,”
dice nuestro tranquilo conductor,
haciendo rodar sus erres.
“Miren eso, por favor.”
Después pone un cambio.
Por un momento más,

estirándose hacia atrás,
se puede ver al alce
sobre el pavimento iluminado por la luna
luego aparece un vago
olor a alce, un agrio
olor a gasolina.

Elizabeth Bishop (Worcester, Estados Unidos, 1911 - Boston, Estados Unidos, 1979) [The New Yorker, 15 de julio de 1972, p. 27]. Op. Cit., 21 de septiembre de 2016
Versión de Laura Crespi



The Moose

For Grace Bulmer Bowers

From narrow provinces
of fish and bread and tea,
home of the long tides
where the bay leaves the sea
trice a day and takes
the herrings long rides,

where if the river
enters or retretas
in a wall of brown foam
depends on if it meets
the bay coming in,
the bay not at home;

where, silted red,
sometimoes the sun sets
facing a red sea,
and others, veins the flats’
lavender, rich mud
in burning rivulets;

on red, gravelly roads,
down rows of sugar maples,
past clapboard farmhouses
and neat, clapboard churches,
bleached, ridged as clamshells,
past twin silver birches,

through late afternoon
a bus journeys west,
the windshield flashing pink,
pink glancing off of metal,
brushing the dented flank
of blue, beat-up enamel;

down hollows, up rises,
and waits, patient, while
a lone traveller gives
kisses and embraces
to seven relatives
and a collie supervises.

Goodbye to the elms,
to the farm, to the dog.
The bus starts.  The light
grows richer; the fog,
shifting, salty, thin,
comes closing in.

Its cold, round crystals
form and slide and settle
in the white hens’ feathers,
in gray glazed cabbages,
on the cabbage roses
and lupins like apostles;

the sweet peas cling
to their wet white string
on the whitewashed fences;
bumblebees creep
inside the foxgloves,
and evening commences.

One stop at Bass River.
Then the Economies
Lower, Middle, Upper;
Five Islands, Five Houses,
where a woman shakes a tablecloth
out after supper.

A pale flickering.  Gone.
The Tantramar marshes
and the smell of salt hay.
An iron bridge trembles
and a loose plank rattles
but doesn’t give way.

On the left, a red light
swims through the dark:
a ship’s port lantern.
Two rubber boots show,
illuminated, solemn.
A dog gives one bark.

A woman climbs in
with two market bags,
brisk, freckled, elderly.
«A grand night.  Yes, sir,
all the way to Boston.»
She regards us amicably.

Moonlight as we enter
the New Brunswick woods,
hairy, scratchy, splintery;
moonlight and mist
caught in them like lamb’s wool
on bushes in a pasture.

The passengers lie back.
Snores.  Some long sighs.
A dreamy divagation
begins in the night,
a gentle, auditory,
slow hallucination. . . .

In the creakings and noises,
an old conversation
–not concerning us,
but recognizable, somewhere,
back in the bus:
Grandparents’ voices

uninterruptedly
talking, in Eternity:
names being mentioned,
things cleared up finally;
what he said, what she said,
who got pensioned;

deaths, deaths and sicknesses;
the year he remarried;
the year (something) happened.
She died in childbirth.
That was the son lost
when the schooner foundered.

He took to drink. Yes.
She went to the bad.
When Amos began to pray
even in the store and
finally the family had
to put him away.

«Yes . . .» that peculiar
affirmative.  «Yes . . .»
A sharp, indrawn breath,
half groan, half acceptance,
that means «Life’s like that.
We know it (also death).»

Talking the way they talked
in the old featherbed,
peacefully, on and on,
dim lamplight in the hall,
down in the kitchen, the dog
tucked in her shawl.

Now, it’s all right now
even to fall asleep
just as on all those nights.
–Suddenly the bus driver
stops with a jolt,
turns off his lights.

A moose has come out of
the impenetrable wood
and stands there, looms, rather,
in the middle of the road.
It approaches; it sniffs at
the bus’s hot hood.

Towering, antlerless,
high as a church,
homely as a house
(or, safe as houses).
A man’s voice assures us
«Perfectly harmless. . . .»

Some of the passengers
exclaim in whispers,
childishly, softly,
«Sure are big creatures.»
«It’s awful plain.»
«Look! It’s a she!»

Taking her time,
she looks the bus over,
grand, otherworldly.
Why, why do we feel
(we all feel) this sweet
sensation of joy?

«Curious creatures,»
says our quiet driver,
rolling his r’s.
«Look at that, would you.»
Then he shifts gears.
For a moment longer,

by craning backward,
the moose can be seen
on the moonlit macadam;
then there’s a dim
smell of moose, an acrid
smell of gasoline.

Poets, The Complete Poems 1927-1979 by Elizabeth Bishop, Farrar, Straus & Giroux, Inc. Copyright 
© 1979, 1983 by Alice Helen Methfess
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viernes, octubre 06, 2023

Rubén Darío / De "Epístolas y poemas" y de "El canto errante"




Introducción 
(a "Epístolas y poemas", fragmentos)

*

¡Lloriqueos en el cántico,
salmodias y triste queja!
Esto conocer os deja
que es algún vate romántico,
vaporoso y aeromántico,
de mucha imaginación,
el que os hará gracia con
las coplas de su talento...
Señores, ¿sabéis el cuento
del gaitero de Gijón?


*

Al par que ser sacerdote
es urgente ser verdugo;
imponer un férreo yugo
y con el yugo el azote;
hacer que del arpa brote
la sátira en la canción,
y demostrar con razón
al enjambre mundanal
que si hacemos el panal
tenemos el aguijón.

Epístolas y poemas, 1885


La bailarina de los pies desnudos

Iba en un paso rítmico y felino
a avances dulces, ágiles o rudos,
con algo de animal y de divino
la bailarina de los pies desnudos.

Su falda era la falda de las rosas,
en sus pechos había dos escudos.. .
Constelada de casos y de cosas. ..
La bailarina de los pies desnudos.

Bajaban mil deleites de los senos
hacia la perla hundida del ombligo,
e iniciaban propósitos obscenos
azúcares de fresa y miel de higo.

A un lado de la silla gestatoria
estaban mis bufones y mis mudos. . .
¡Y era toda Selene y Anactoria
la bailarina de los pies desnudos!


Esquela a Charles de Soussens *

A la vista del blanco lucero matutino,
a tu amistad envío mi saludo cordial,
pues tus dedos despiertan el alambre divino
sobre la lira, sobre el tímpano inmortal.

Tu Suiza, coronada de un halo diamantino,
circundada en abismo de torres de cristal,
alzará un día, para tu numen peregrino,
un busto blanco y fino de firme pedestal.

Compañero, que traes en tu lira extranjera
caras rosas nativas a nuestra primavera,
y que tu Ranz nos cantas en el modo español,

¡que la América escuche tu noble melodía
y a Suiza, Buenos Aires pueda enviar algún día
tu cabeza lunática coronada de sol!

El canto errante, 1907

Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Nicaragua, 1867 - León, Nicaragua, 1916), Poesías completas, Ediciones Antonio Zamora, Buenos Aires, 1967

* Puede verse aquí el poema que también Baldomero Fernández Moreno dedicó a Charles de Soussens (Friburgo, Suiza, 1865-Buenos Aires, 1927), figura singular de la bohemia porteña que acumulaba sus poemas en un Castillo lírico destinado a la posteridad


Foto: Rubén Darío en Nueva York, 1915. Abajo, la foto entera con dedicatoria y firma Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes




miércoles, octubre 04, 2023

Santiago Llach / Fragmentos




Todo esto fue pensado
por un colectivo de cabezas objetivistas.
El anfiteatro contemporáneo,
el declive asfaltado hacia el río,
la grulla gimiendo
como una jugadora checoslovaca de tenis.
A la noche, la escena municipal
se convierte en poema.
En el corredor de la costa
reina la ficción, es decir las parejas.
Hace años me fui a la ciudad,
a refugiarme en los brazos de la cultura.
El miércoles o el jueves
vuelvo al casillero number one.
...

*

Desde el jardín se ve un monoblock.
En el piso alto, había uno
que siempre ponía ACDC a todo volumen
y salía al balcón.
Quince años después, todavía está ahí.
O quizás es el hijo, o un hermano.
Pero lo cierto es que desde acá, sesenta metros más abajo
se sigue escuchando Back in Black.

*

Brainwash: la paz del seno materno

(Poemas municipales, Eloísa Cartonera, 2009)


Una guerra sin infiltrados,
una guerra sin dilaciones, espías
ni diálogos, una guerra sin dilaciones,
una guerra sin objetores
de conciencia, una guerra
que no fuera el fruto de largos, largos
diálogos, decisiones del partido
que no tuvieran en sí
la carnadura fecunda del diálogo,
la experiencia silenciosa y la experiencia y la experiencia rica
y la imaginación burguesa y la experiencia concreta.
Y la dirección y la vanguardia y el abrazo
de las masas.
Como si hubiera una guerra sin ética,
como si no hubieras pedido el orden,
como si el orden burgués. Como si este
dolor, esta incertidumbre, esta voz sin médula
no hubieran sido pensadas, masticadas y documentadas
en cientos de escritos de la máquina, del
movimiento, de la juventud, del partido, del frente
de la tendencia y del partido, como si eso que soñamos,
como si esa voz que limpia, no también ardiera...
Como si ardiera todo lo que no fuera silencio...
Como si eso que ardía, como, como, como...
Como si eso que soñaron los otros,
como si eso que soñamos nosotros,
como esto, que contiene dolor,
como esto, que no contiene dolor,
como si no hubiera instancias, como si no
hubieran sido pensadas, como si no
hubiera habido instancias, ni discursos
ni guerra, ni orden, ni ley, ni sangre,
ni guerrilla, ni espías, ni infiltrados, ni delatores,
ni documentos, ni filtraciones, ni niveles,
ni uniformes, ni condecoraciones, ni muertos.

(Aramburu, Vox, 2008)

Santiago Llach (Buenos Aires, 1972)


martes, octubre 03, 2023

Philippe Jaccottet / Luna de invierno




Para entrar en la oscuridad
toma este espejo donde se apaga
un glaciar incendio:

alcanza el centro de la noche,
ya no verás reflejado más
que un bautismo de ovejas

Airs. Poèmes 1961-1964

Philippe Jaccottet (Moudon, Suiza, 1925 – Grignan, Francia, 2021), "La poesía de Philippe Jaccottet", Op. Cit., abril 12, 2021
Versión de Carolina Massola 


Foto: Philippe Jaccottet, Zurich, 2008, France Culture/Ayse Yavas/Keystone

lunes, octubre 02, 2023

domingo, octubre 01, 2023

Amy Lowell / Meditación



Un hombre sabio,
mirando las estrellas cruzar el cielo,
comentó:
en las capas superiores de la atmósfera
las luciérnagas se mueven con mayor lentitud.

Amy Lowell (Brookline, Estados Unidos, 1874 - 1925), Poetas norteamericanos en dos siglos I, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2020
Traducción de Jonio González



Meditation

A wise man,
Watching the stars pass across the sky,
Remarked:
In the upper air the fireflies move more slowly.

---

sábado, septiembre 30, 2023

Gabriela Troiano / De "Primera bondad de la sombra"



Tierra doradazul del sueño. Bajo su cúpula se alza la noche. Allí el soñante traza su destino. Dice palabras y olvida. 
Imprime la densidad del pensamiento bajo la cúpula de la Gran Noche.


Su destino es un río. Bajo la cúpula de la Gran Noche, 
el soñante respira agua. Abre los ojos entre lo sumergido. Dice palabras sin pensamiento. 


La Gran Noche es la única. Noche de Gran Estrella. Porque toda la noche es estrella. No hay vacío azul del cielo soñado.

Con el hacha de luz fue suficiente para derribarlo; eso fue todo. Caía el troncoazul, silencioso caía para siempre en su infinito. 
Y cada hoja de agua que ardía no dejaba cenizas. Los nidos 
de espuma se deslizaban sobre los ojos del durmiente. Fue 
el último roce del sueño. Luego, el ojo ya no fue agua, sino 
cántaro: monolito antiguo del soñante.

Gabriela Troiano (Buenos Aires, 1980)

Primera bondad de la sombra
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2023










Foto: Gentileza Editorial Barnacle

viernes, septiembre 29, 2023

Jun Fujita / Dos tankas




Olvido

Aquí no existe el tiempo.
De troncos gigantes el venerable musgo
cuelga en la verdosa oscuridad del aire.
Y fresco rocío derrama.


Niebla

Por encima de la compacta niebla,
Por encima de las fantasmales islas sobre la compacta niebla,
en la opalina luz de la luna,
el relincho de un caballo pasa corriendo.

Jun Fujita (cerca de Hiroshima, Japón, 1888 - Chicago, Estados Unidos, 1963), Poetry, vol. XVIII, nº 3, junio de 1921 Poetry FoundationTanka: Poems in Exile, Covici-McGhee, Chicago, 1923. 
Traducción de los originales en inglés, Jonio González

* Según la Enciclopedia Británica, tanka es una composición tradicional de cinco versos y 31 sílabas que constituye la forma básica de la poesía japonesa; hoy, es sinónimo de waka, término que designa más ampliamente a la poesía tradicional. Es evidente que Fujita no se ciñó a esas normas de medida ni podía hacerlo en un idioma cuya poesía tradicional se rige por otro tipo de métrica (N. del Ad.)


Fotos: arriba, Jun Fujita por Louis Tendler, c.1930, Chicago Tribune; abajo, la periodista Florence Carr y el poeta y fotoperiodista Jun Fujita (esta relación irritó los prejuicios raciales y sociales de la época) The Newberry


OBLIVION

There is no time here.
From giant trunks hoary moss
Hangs through the air of shadowy green.
And cool dew drops.


MIST

Above the settling mist,
Above the phantom isles upon the settling mist,
In the opalized moonlight,
The whinny of a horse careers by.




jueves, septiembre 28, 2023

Daniel Mecca / De "Troya, aparta de mí este cáliz"



LIV

Ulises me habló de los feacios
que lo devolvieron
a estas doradas arenas.

Dormido en la costa,
espléndido,
mitológico,
y con un pensamiento de estrellas
y violencia.


LVI

Cuando matemos a estos hombres,
padre,
cuando tuyas sean otra vez
la patria y la mujer;
cuando el crimen nos complazca
verdaderamente,
podré odiarte
como mandan los dioses.


LVII

Amanece.

Es el color
de los dedos rosados.

Me anudo estas hermosas sandalias.

Empuño la lanza
con la fuerza de un mito.

Vuelvo al hogar,
la familia,
el núcleo de la guerra.

Daniel Mecca (Buenos Aires, 1986)

Troya, aparta de mí esta cáliz
La Conjura, 
Buenos Aires, 2022









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miércoles, septiembre 27, 2023

Georg Trakl / El sol



Cada día el amarillo sol se alza sobre la colina.
Bello es el bosque, el oscuro animal,
el hombre; cazador o pastor.

Rojizo asciende en el verdoso estanque el pez.
Bajo la cúpula del cielo
navega calladamente el pescador en su barca azul.

Con lentitud madura la uva, el grano.
Cuando en silencio el día declina
El Bien y el Mal aguardan.

Al caer la noche
el caminante abre los pesados párpados.
Desde el valle oscuro el estallido del sol.

Georg Trakl (Salzburgo, Austria, 1887 - Cracovia, Polonia, 1914), Die Dichtungen, Insel, Berlín, 1989
Versión de Ruth Jacob y Eduardo Conde



DIE SONNE

Täglich kommt die gelbe Sonne über den Hügel.
Schön ist der Wald, das dunkle Tier,
Der Mensch; Jäger oder Hirt.

Rötlich steigt im grünen Weiher der Fisch.
Unter dem runden Himmel
Fährt der Fischer leise im blauen Kahn.

Langsam reift die Traube, das Korn,
Wenn sich stille der Tag neigt,
Ist ein Gutes und Böses bereitet.

Wenn es Nacht wird,
Hebt der Wanderer leise die schweren Lider;
Sonne aus finsterer Schlucht bricht.
---
Foto: s/d

martes, septiembre 26, 2023

Richard Gwyn / Dos poemas




El poeta en Samos

Éstas son las cosas que dejaste atrás: 
un viejo boleto de bus para un lugar con nombre ilegible,
un montón de archivos gubernamentales de distintos regímenes,
una pila de rocas, una ejemplar de Cavafis, muy usado.
No sé cuántas veces comiste aquí, 
al lado de la ventana que da al mar. No sé
si el postigo te mantuvo despierto a la noche
cuando golpeaba ignorado contra la pared, o si,
como dijiste, fue una especie de consuelo.
Leyendo Paréntesis vuelvo a ver de qué manera
el mundo se convirtió en un apéndice de tus poemas,
tus poemas en un apéndice del mundo.

Éstas son las cosas que inventaste, aun
cuando, a su vez, te inventaron a ti. Nada era inanimado.
Convertiste cada movimiento de la cabeza,
cada hoja caída o bicicleta en fragmento de un relato.
Nos dijiste que estabas escondido detrás de cosas sencillas
y que si no podíamos hallarte, en vez de a ti hallaríamos las cosas.


El Museo de la Inocencia

En Estambul, fue a un lugar llamado Museo de la Inocencia, en el cual un escritor famoso había creado un mausoleo para la emoción usada. Allí había pilas de cosas viejas, incluida toda una pared cubierta por falsas colillas de cigarrillos. Le pareció que era una vergüenza exhibir cuarto tras cuarto los artefactos que enumeran las obsesiones de un hombre, sus pecadillos, exponer al mundo los fantasmas de su arrepentimiento. Naturalmente, se enamoró de la guía y se preguntó si el escritor la había puesto allí para atraparlo.

Richard Gwyn (Pontypool, Gales, Reino Unido, 1956), "Stowaway Poems", Ciudades y recuerdos, una antología de poemas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2017
Traducciones de Jorge Fondebrider



The Poet in Samos

Here are the things you left behind: 
an old bus ticket to a place with an illegible name, 
a stack of government files from distinct regimes, 
a pile of rocks, a copy of Cavafy, well-thumbed.
I don’t know how many meals you ate here,
by the seaward window. I don’t know 
whether the shutter kept you awake at night 
as it banged unheeded on the wall, or whether
as you claimed, it was a kind of comfort.
Reading Parentheses, I see once more how 
the world became an adjunct to your poems, 
your poems an adjunct to the world.

Here are the things that you invented, even 
as they, in turn, invented you. Nothing was inanimate.
You turned each movement of the head, 
each falling leaf or bicycle into the fragment of a story. 
You told us that you hid behind simple things 
and if we could not find you, we’d find the things instead. 


The Museum of Innocence

In Istanbul, he went to a place called the Museum of Innocence, where a famous author had created a mausoleum of spent emotion. There were piles of old stuff there, including an entire wall covered with fake cigarette stubs. He thought it was a shame to parade room after room of artefacts detailing a man’s obsessions, his peccadillos, exposing to the world his phantoms of regret. Naturally, he fell in love with the guide and wondered whether the author had planted her there in order to entrap him.

lunes, septiembre 25, 2023

Ralph Waldo Emerson / Días



Hijos del Tiempo, los Días hipócritas,
embozados y mudos como derviches descalzos,
marchan solos en una fila interminable,
traen diademas y haces de leña entre las manos.
A todos ofrecen dones a voluntad,
pan, reinos, estrellas o el cielo que los sostiene.
Yo, en mi jardín enredado, miré la opulencia,
olvidando los deseos del alba, con apuro
recogí hierbas y manzanas, el Día
se volteó y partió en silencio. Demasiado tarde,
bajo su velo solemne, vi el desprecio.

Ralph Waldo Emerson (Boston, Estados Unidos, 1803-Concord, Estados Unidos, 1882)
Fantasmas de lo sublime. Poesía en lengua inglesa en torno a la finitud y la trascendencia, Serapis, Rosario, 2023. Op. Cit., mayo 2023
Versión de Yanina Audisio y Federico Sironi



Days

Daughters of Time, the hypocritic Days,
Muffled and dumb like barefoot dervishes,
And marching single in an endless file,
Bring diadems and fagots in their hands.
To each they offer gifts after his will,
Bread, kingdoms, stars, or sky that holds them all.
I, in my pleached garden, watched the pomp,
Forgot my morning wishes, hastily
Took a few herbs and apples, and the Day
Turned and departed silent. I, too late,
Under her solemn fillet saw the scorn.

[1851]

The Atlantic, 1857 Virginia Commonwealth University, Richmond
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Imagen: Ralph Waldo Emerson, 1859. Litografía de Leopoldo Grozelier Britannica/The Library of Congress Washinton DC

domingo, septiembre 24, 2023

Victor Segalen / De "Estelas", 4



Rostro en los ojos

Poderoso no sé qué; al fondo de sus ojos que arrojan la cesta trenzada de mi deseo, no he obtenido el aullido del agua pura y profunda.

Mano sobre mano, al pesar la cuerda de escamas, se me desgarran las palmas, no he alzado siquiera una gota del agua pura y profunda:

O  porque la cesta fue cobardemente trenzada, o porque la cuerda es pequeña; o porque no había nada en el fondo.

[Estelas, 1912]

Victor Segalen (Brest, Francia,1878 - Huelgoat, Francia, 1919), "Victor Segalen. Versiones: Carolina Massola", Op. Cit., mayo 2023
Traducción de Carolina Massola



Puisant je ne sais quoi; au fond de ses yeux jetant le panier tressé de mon désir, je n’ai pas obtenu le jappement de l’eau pure et profonde.

Main sur main, pesant la corde écailleuse, me déchirant les paumes, je n’ai levé pas même une goutte de l’eau pure et profonde:

Ou que le panier fut lâchement tressé, ou la corde brève; ou s’il n’y avait rien au fond.
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Foto: Retrato de Victor Segalen por Louis Talbot, 1904 Wikimedia Commonsisage dans les yeux

sábado, septiembre 23, 2023

Carlos Battilana / Enigma



Antes
en la estepa ventosa,
ella escrutaba,
como si trajera una larga visión infantil,
los días que vendrán.

Ahora observa las piedras alrededor. Una a una. Despreocupada.

El futuro -dice- es un pequeño territorio
que se mira con afecto,
amorosamente

y sin verdadera comprensión.

Carlos Battilana (Paso de los Libres, Argentina, 1964), La lengua de la llanura, Buenos Aires, Caleta Olivia, 2021 


viernes, septiembre 22, 2023

Kay Ryan / Pérdida simbólica



Para el dragón
cualquier pérdida es
total. Su reposo
se interrumpe
si han robado
una copa 
con una joya incrustada.
El círculo
de sí mismo
en el nido
de su oro
se ha
roto. Ninguna
pérdida es simbólica.

Kay Ryan (San José, Estados Unidos, 1945), The Best of It: New and Selected Poems, Grove Press, Nueva York, 2010
Versión de J. G.



TOKEN LOSS To the dragon any loss is total. His rest is disrupted if a single jewel encrusted goblet has been stolen. The circle of himself in the nest of his gold has been broken. No loss is token.
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jueves, septiembre 21, 2023

Pablo Seguí / De "Remy LaCroix y otros poemas"




Un cuarto propio 

Leíste bibliotecas
grandiosas y renuentes
al olvido. La noche,
sin embargo, te pide
que escribas otros mitos
que los que tanto aducen
los libros diurnos. Algo
que sea un cuarto propio,
algo que te callés
ante el resto y, así,
complacerla. La noche
requiere tu mirada
más íntima. Qué importa
toda literatura.

Qué importan los demás.


¿Era el gatito blanco? 

Sostenés un gatito
entre tus brazos, madre,
en la foto, de pie
junto a tu abuela, Doña
Liberata, en un patio
en que, sentada, mira
a la cámara. “¡Todo
ha sido tan veloz...!”,
quizá te digas. Cuántas
remembranzas traslucen
tus ojos al callar,
hoy que por fin te escucho...

Pablo Seguí (Ciudad de Córdoba, Argentina, 1973)

Remy LaCroix y otros poemas,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2023










Foto: Pablo Seguí por Pablo Gleiser, 2019 Pablo Seguí/Facebook

miércoles, septiembre 20, 2023

Pablo Queralt / de "Mi casa siempre fue la poesía"



Esa es mi forma de engendrarme  hacer desaparecer la tristeza. 
Y esas otras cosas que llevaré tanto tiempo en mí por esa maldita decisión cuando el viento 
corría las sombras de las nubes en mi cara. Parece que fue ayer la felicidad que el silencio 
     guardado trajo.

Y el vuelo de garzas al costado del faro, el sol luminoso. 

Ese algo del fuego donde escribí. Y su poesía otra vez arrojando luz. 

El cuerpo es uno y la mente otra.

Otra vez digo palabras que no quiero decir 
me salen solas como un relámpago un zapato que se cae
como una obra de teatro del cuerpo y la mente
cuya obsesión es añadir sombras

y el ser como pelota es peloteado todo el santo día.


*


Ganar, cuando ganar. Andá aunque sea llorando al Banco. Y cobra. Deja de escribir en el espejo. Si las preguntas no te interesan. El dolor está pasando por detrás del cuello. Recibiré compasión o lastima. Pero nadie me podrá quitar lo aprendido. Va despacio el secreto. 

En ese blancor de la mañana nublada crecía mi intensidad. Decidí entrar en mi veta interna. Irme a tomar un café y mirar. Resbalaba el aire. Vi que el único refugio está en uno. Y a veces duele estar aquí. Y contarse la historia. A veces dan ganas de no contarla.

Esa es la oposición los que se atreven y los que no. Los pobres y los plenos. Eso es lo que se interpone entre ellos y nosotros. Algo que no se atreven o no pueden traducir. 

*

Pagué y levanté mi prenda. Así es el amor para los que no lo conocemos, como ya me dije antes a los que nos llaman pobres de corazón. Y una noche mientras palmeaban farrucas, tal vez entre sombras y luces entré sobre la hora al teatro. Cantaba Agnes Baltsa Cosi Fan Tutte de Mozart, la soprano, hermosa, hermosa tal vez como Norma. Por alguna razón volví a mis 16 sin saberlo sobre las aguas entre los canales y puentes de esa noche veneciana. Mi amor fue tan solo de una noche. Como el que entra de colado en una fiesta después de programarlo todo un tiempo para ese día ir a robarse a la más bella cuando uno solo está empezando a vivir. Y la saca a bailar y cruza los dedos para que diga que sí, y ahí mismo baila y baila y charla y ríe hasta que llegan los lentos y la abraza y le da besos entre su mejilla y sus cabellos. Y después la timidez la soledad mi amiga. Tejiendo su pequeño telar. 

Pablo Queralt (Buenos Aires, 1955)

Mi casa siempre fue la poesía
,
Barnacle,
Buenos Aires, 2023










martes, septiembre 19, 2023

Enrique Cadícamo / Tres Esquinas




[Tango]


Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más compadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud...
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.

[1941]

Enrique Cadícamo (General Rodríguez, Argentina, 1900 - Buenos Aires, 1999)


lunes, septiembre 18, 2023

Max Jacob / Fantomas otra vez




El Señor y la Señora eran tan gastrónomos como estirados. La primera vez que el chef se les acercó, con el gorro en la mano, y les dijo: "Perdón, ¿el Señor y la Señora están satisfechos?", le contestaron: "Se lo haremos saber por el maître". La segunda vez no contestaron. La tercera vez pensaron echarlo, pero no pudieron decidirse a ello, porque era un chef único. La cuarta vez (¡Dios mío, vivían en un extremo de París, estaban siempre solos, se aburrían tanto!), la cuarta vez comenzaron: "La salsa de alcaparras es estupenda, pero el canapé de perdiz estaba un poco duro". De allí se pasó a hablar de deportes, de política, de religión. Esto es lo que deseaba el chef, que no era otro que Fantomas.

                                                                                                Le Cornet à Dés, 1917

Max Jacob (Quimper, Francia, 1876 - Drancy, Francia, 1944), Poetas franceses contemporáneos, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1974
Traducción de Raúl Gustavo Aguirre




Encore Fantomas

Ils étaient aussi gourmets que gourmés, le monsieur et la dame. La première fois que le chef des cuisines vit, un bonnet à la main, leur dire: "Excusez moi, est-ce que Monsieur et Madame son contents?" on luis répondit: "Nous vous le ferons savoir par le maître d'hôtel!" La seconde fois ils ne répondirent pas. La troisième fois, ils songèrent à le mettre dehors, mais il ne purent s'y résoudre, car c'était un chef unique. La quatrième fois (mon Dieu, ils habitaient aux portes de Paris, ils étaient seuls toujours, ils s'ennuyaient tant!), la quatrième fois, ils commencèrent: "La sauce aux câpres est épatante, mais le canapé de la perdrix était un peu dur" On en arriva à parler sport, politique, religion. C'est ce que voulait le chef des cuisines, qui n'était autre que Fantomas.