lunes, diciembre 23, 2013

Andrew Graham-Yooll / Verano
















Para Adriana

Amanece otro día
en el paraíso;
la canícula abruma:
la cortina a las seis ondeó
dos centímetros, eso hasta
con gesto agotado,
por primera vez en la noche.
Aspas lentas en el techo
revuelven el aire
espeso como masa
de budín.

No hay viento, apenas
un soplo sin diploma de
brisa,
de los desnudos sudados
brota
humedad, derrame copioso
que provoca
mera sugerencia de amor
mañanero.

No salió el lagarto overo
indolente
el solazo lo frena,
cocina el rayo la boca
de su cueva.
La hembra del hornero
conmina a gritos
que le traigan fresco del río,
donde, no señor, en el
calor
no piensa volar en la jornada.
El casal de torcazas intenta
un arrullo, pero le
agobia el concierto
atropellado:
los infaltables loros.

Se hace rulos el moho negro
reseco antes verde que generó
la lluvia, cuando llovía,
en los ladrillos
bajo la parra de uvas
achicharradas.
Quema el agua de la canilla
con grados como para el mate,
recaliente está el caño.
  
Las tareas de cada día
reclaman atención
¡qué vamos a pensar en
labores cuando arde el sol!
Sentados en el patio,
consideramos
qué hacer;
hablarlo es
un enorme desafío.
                                                          Pueblo Liebig, Entre Ríos


Andrew Graham-Yooll  (Buenos Aires, 1944), Espanglish 3, Aurelia Rivera Libros, 2013

domingo, diciembre 22, 2013

Sandro Barrella / Navidad












Miro hacia el fondo de la casita miniatura
hecha en cartón pintado
y decorada
con papel madera,
las hebras de embalar
esparcidas en torno
a las figuras que componen
un triángulo isósceles,
una depravación del sentido común,
un escándalo que todavía perdura.
Un buey un burro un perro
los tres reyes la ofrenda
una piña traída el último verano
desde la playa. Al pie del árbol
se representa la escena
que funda la Civilización de la Hermandad;
una curiosidad en la episteme
el Niño no menos que su Madre
y qué decir del carpintero
que completa la escena un tanto ausente
como ahogado en las aguas
de un pensamiento que no tiene costas
a la vista.
Una familia en un establo es todo
lo que cuenta esta noche
que repite las noches
de la noche en Belén
cuando empezó el tiempo que nos cuenta,
nos envuelve como un manto
una fábula una canción de cuna.
Me alejo del pesebre y miro el cielo
sin estrellas oscuro
y digo es cierto nació,
está naciendo.

Sandro Barrella (Buenos Aires, 1967), inédito

sábado, diciembre 21, 2013

Ignacio Uranga / De "Materna"
















lo que se ve y no de ella, la materia manifiesta:
cúmulo, sí, mío, de ideación que la alimenta: la
estrategia en el proceder, episódica, en relación
de paradigma y de sintagma también, consigo
misma, estallada: como nieve, pero oscura: tundra
en lo real, cae, puntos en fuga abre: cada quien, vos
/ yo, en su esfera, Clara, siniestra, colaborando con
versiones varias sobre el “esto”: vos / yo: el mal manejo
de las emociones, tuyas, mías, en simultáneo afectadas:
vos / yo: negar finalmente a Hegel fue nuestro posible
y no hicimos otra cosa en este desacuerdo que afirmarlo:
logramos, acaso, bajo modos aflictivos ser ese nosotros
en siempre estada negativa, conciliación que pudimos
cierto, frente a algo irreversible tal como un apague
el apague, apague en el que inabarcable hueco queda:
voy del betiko al für immer, del pra sempre al oblio:
exmaternado exilio ahora de esta lengua que me habita

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982), Materna, Colección Tristán Lecoq, Ciudad de México, 2013

viernes, diciembre 20, 2013

Salvatore Quasimodo / Diálogo




















"Ateantu commotae Erebi de sedibus imis
umbrae ibant tenues simulacraque luce carentum."
Estamos sucios de guerra, Orfeo bulle
de insectos, horadado por los piojos,
y tú estás muerta. El invierno, aquel peso
de hielo, el agua, el aire de la tempestad
fueron contigo y el trueno de eco en eco
en las noches de tierra. Y ahora sé
que te debía un más hondo consentimiento,
pero nuestro tiempo ha sido furia y sangre;
otros se hundían ya en el barro,
tenían las manos, los ojos deshechos,
aullaban misericordia y amor.
Mas, como siempre, es tarde para amar,
perdóname pues. Ahora grito yo también
tu nombre en esta hora meridiana,
lenta de alas, de cuerdas de cigarras,
tensas bajo la corteza de los cipreses.
Ya no sabemos dónde están tus orillas;
había un camino marcado por los poetas,
junto a fuentes que humean desde precipicios
sobre el altiplano. Pero en aquel lugar yo vi,
de muchacho, arbustos de varas violetas,
perros pastores y pájaros de aire tenebroso
y caballos, misteriosos animales
que tras el hombre van con la cabeza en alto.
Los vivos perdieron para siempre
la senda de los muertos y están solos.

Este silencio es ahora más tremendo
que el que divide tu ribera.
"Sombras venían ligeras." Y aquí
el Olona corre tranquilo, y ni un árbol
se mueve en su pozo de raíces,
¿O no eras Eurídice? ¡No eras Eurídice!
Eurídice está viva. ¡Eurídice! ¡Eurídice!

Y tú, sucio de guerra aún, Orfeo,
como tu caballo, sin el látigo,
alza la cabeza; no tiembla ya la tierra,
aúlla de amor, vence si quieres al mundo.

Salvatore Quasimodo (Módica, 1901-Amalfi, 1968), revista Sur, N° 225, Buenos Aires, noviembre y diciembre de 1953
Versión de Alberto Girri y Carlos Viola Soto


Dialogo

"Ateantu commotae Erebi de sedibus imis
umbrae ibant tenues simulacraque luce carentum."
Siamo sporchi di guerra e Orfeo brulica
d'insetti, è bucato dai pidocchi,
e tu sei morta. L'inverno, quel peso
di ghiaccio, l'acqua, l'aria di tempesta,
furono con te, e il tuono di eco in eco
nelle tue notti di terra. Ed ora so
che ti dovevo più forte consenso,
ma il nostro tempo è stato furia e sangue:
altri già affondavano nel fango,
avevano le mani, gli occhi disfatti,
urlavano misericordia e amore.
Ma come è sempre tardi per amare;
perdonami, dunque. Ora grido anch'io
il tuo nome in quest'ora meridiana
pigra d'ali, di corde di cicale
tese dentro le scorze dei cipressi.
Più non sappiamo dov'è la tua sponda;
c'era un varco segnato dai poeti,
presso fonti che fumano da frane
sull'altipiano. Ma in quel luogo io vidi
da ragazzo arbusti di bacche viola,
cani da gregge e uccelli d'aria cupa
e cavalli misteriosi animali
che vanno dietro l'uomo a testa alta.
I vivi hanno perduto per sempre
la strada dei morti e stanno in disparte.

Questo silenzio è ora più tremendo
di quello che divide la tua riva.
"Ombre venivano leggere." E qui
l'Olona scorre tranquillo, non albero
si muove dal suo pozzo di radici.
O non eri Euridice? Non eri Euridice!
Euridice è viva. Euridice! Euridice!

E tu sporco ancora di guerra, Orfeo,
come il tuo cavallo, senza la sferza,
alza il capo, non trema più la terra:
urla d'amore, vinci, se vuoi, il mondo.
---

miércoles, diciembre 18, 2013

Raúl Zurita / El Desierto de Atacama VII
















i.  Miremos entonces el Desierto de Atacama

ii.  Miremos nuestra soledad en el desierto


Para que desolado frente a estas fachas el paisaje devenga
una cruz extendida sobre Chile y la soledad de mi facha
vea entonces el redimirse de las otras fachas   mi propia
Redención en el Desierto


iii.  Quién diría entonces del redimirse de mi facha

iv.  Quién hablaría de la soledad del desierto


Para que mi facha comience a tocar tu facha y tu facha
a esa otra facha y así hasta que todo Chile no sea sino
una sola facha con los brazos abiertos:   una larga facha
coronada de espinas


v.  Entonces la Cruz no será sino el abrirse de brazos
     de mi facha

vi.  Nosotros seremos entonces la Corona de Espinas
     del Desierto

vii.  Entonces   clavados facha con facha   como una Cruz
       extendida sobre Chile   habremos visto para siempre
       el Solitario Expirar del Desierto de Atacama

Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), Purgatorio, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2007

martes, diciembre 17, 2013

Pablo Gabo Moreno / una discusión larga y tediosa












una discusión larga y tediosa
nos lleva a la idea irracional
Posibilidad de que algo admita distintas interpretaciones:
posibilidad nula
el eccema de violencia que cubre el mundo
atraviesa la estancia y los cristales
la creencia dulce de senderos
es una estrategia equivocada que reintegra
una consecuencia de imágenes insípidas
una troposfera que arrebate el Dogma
a algún Dios pardo que ademas es prudente

Pablo Gabo Moreno (Caleta Olivia, 1974), colorblind, inédito
Envío de Silvina Freire


Foto: Pablo Gabo Moreno en FB

lunes, diciembre 16, 2013

Afric McGlinchey / Debajo del corazón, la forma de una herradura



















nunca te conocí, danny murphy
pero sé que tenías un hijo de seis
y que christy te hizo
boca a boca y te apretó
el pecho, y cuando la ambulancia
llegó, siguieron una hora

y te sonó el teléfono
en el bolsillo
alguien que se llamaba kath
y me imaginé
una cita arreglada
y tú, tarde

y me imaginé tu futuro
saliéndote de la existencia
en el espacio de un auto que dobla
en el espacio de un caballo que se alza
en el espacio de un sol que se hunde
colina abajo.

Afric McGlinchey, The Lucky Star of Hidden Things, Salmon Press, Clare, Irlanda, 2012
Traducción de Jorge Fondebrider


Under the heart,
a horseshoe shape


I never met you, danny murphy
but I know you had a child of six
and that christy gave you 
mouth-to-mouth and pressed 
your chest, and when the ambulance
came, they continued for an hour

and your phone 
rang in your pocket
someone called kath
and I imagined 
a planned date
and you, late

and I imagined your future, 
trampled out of existence
in the space of  a car turning 
in the space of a horse rearing
in the space of the sun sinking
below the hill
---
Foto: Afric McGlinchey en ditch

domingo, diciembre 15, 2013

Horace Gregory / La pasión de M'Phail












(Primer monólogo)

¿Debo acaso probar que puedo vender cualquier cosa?
Puedes verlo en mis ojos, en la manera de cepillarme el pelo,
aun cuando necesite beber y no pueda dejar de hablar.

¿Debo probarlo con mis dos manos y brazos,
levantando quinientas libras sobre mi cabeza,
hasta que el público aplauda y algo se caiga,
se rompa la plataforma y se apaguen las luces,
y multitudes llamen a la policía,
y un niño llore por su madre en los pasillos?

Si el parque está hermoso y el día es tibio
puedo vender el poder de mis ojos que hace crecer la vida
donde antes ni siquiera creció una brizna de hierba,
que es como la luz del sol penetrando
la oscuridad de un pequeño cuarto,
que brilla y se derrama y fluye,
que cuando está aquí, está para siempre
y para siempre desaparece como la luz del sol
cae en la oscuridad cuando se pone.

Hasta podría enseñar a millones cómo vender,
cómo poseer un auto y pagar el alquiler,
cómo vivir igual que si estuvieras en el cielo,
y tus hijos felices, antes de envejecer.
Si lo haces bien podrías vender cualquier cosa,
hasta tu voz y lo que crees estar oyendo,
hasta tu rostro en anuncios de diez pies de altura,
tu juventud, tu vejez y lo que odias y amas,
y todo se vende.

Si puedes despertarte temprano por la mañana,
si puedes aprender a alcanzar el tren,
si puedes enarbolarlo todo para la venta,
si puedes decir: "Soy un hombre,
puedo vender el asfalto de la calle,
puedo vender mujeres muertas brillantes como la nieve
luciendo en las vidrieras de las tiendas,
o las bailarinas desnudas de la herradura de diamantes (1)
u ocho horas parado sobre mis pies,
o veinte años de conversaciones telefónicas,
o cincuenta años detrás de un escritorio",
no tienes por qué fracasar.

Si eres tan fuerte como yo, podrás oírte
conversar de noche contigo mismo
hasta que tu cabello se vuelva gris:
"Soy el muchacho favorito de Dios,
casi me gusta la manera en que vendo
mis labios, mi sangre, mi corazón; y los dejo allí,
y ningún otro puede vender tanta lástima y tanta gloria,
tanta luz, tanta esperanza,
     y aun el postrero, magnífico,
medio olvidado amorío."

Quizás sólo yo pueda hacerlo como se debe,
vendiendo lo que queda, sabiendo sin embargo
que llegará un último día y una última media hora,
o un saldo de cinco minutos imposibles de vender,
los últimos, más valiosos que todos los demás.

Horace Gregory (Milwaukee, Wisconsin, 1898- Shelburne Falls, Massachusetts, 1982), Poesía norteamericana contemporánea, traducciones de William Shand y Alberto Girri, Distribuidora Mexicana de Libros, Ciudad de México, 1976

(1) Diamond horseshoe. Alude a la disposición en herradura del sector de palcos en el Metropolitan Opera House y a la riqueza de quienes habitualmente los ocupan. (Nota de los traductores)


The Passion of M'Phail

(First Monologue)

Do I have to prove I can sell anything?
You can see it in my eyes, the way I brush my hair,
even when I need a drink and can't stop talking.

Do I have to prove it with my two hands and arms,
lifting live hundred pounds above my head,
until the house cheers and something falls,
the plataform broken and the lights gone out,
crowds calling the police,
and child criying for this mother down the aisles?

If the park is beautiful and the day is warm,
I can sell the power in my eyes that makes life grow
where not even one blade of grass has grown before,
that is like sunlight breaking through
darkness in a small room,
that shines and pours and flows,
that is here forever when it is here
and is gone forver as sunlight drops to darkness
when it goes.

I could even teach millons how to sell,
how to own a car and pay the rent,
how to live as through you were living in the sky,
your children happy before they get too old.
If yoy do it right, you can sell anything,
even your face on billboards ten feet high,
your youth, your age and what you hate and love,
and it gets sold.

If you can wake up in the morning early,
if you cab teach yourself to catch the train,
if you cang hang out everything for sale,
if you can say "I am man,
I can sell asphalt off the street,
I can sell snowbright
dead women gleaming through shop windows,
or diamond horseshoe naked dancig girls,
or eight hours on my feet,
or twenty years of talk in telephones,
or fifty years behind a desk" -
you need not fail.

If you strong as I am, you can hear
yourself talking to yourself at night
until your hair turns grey:
"I am God's white-haired boy,
I almost love the way I sell
my lips, my blood, my heart: and leave them there
and no one else can sell such pity and such glory,
such light, such hope
     even down to he last magnificent,
half-forgotten love affair."

Perhaps only I can do it as it should be done,
selling what ramains, yet knowing that a last
day will come and a last half-hour,
or five minutes left imposible to sell,
the last more valuable than all the rest.


Foto: H. Gregory por Nancy Rosenfeld en Poetry Foundation

sábado, diciembre 14, 2013

Amy Lowell / Una calle de Londres, dos de la mañana




















Han regado la calle,
brilla a la luz de las farolas,
frías, blancas farolas,
y yace
como un río lento
de rayas plateadas y negras.
Bajan taxis por ella,
uno,
y después otro,
y entre ambos oigo pies que se arrastran.
Los vagabundos dormitan en los antepechos de las ventanas,
los caminantes nocturnos pasan por las aceras.
La ciudad es vil y siniestra,
con la calle de rayas plateadas en el medio,
lenta,
un río que no lleva a ninguna parte.

Frente a mi ventana,
la luna, clara y redonda,
se abre paso a través de la noche de color ciruela.
No puede iluminar la ciudad:
es demasiado brillante.
Tiene farolas blancas,
y emite un resplandor frío.

Estoy de pie ante la ventana y miro la luna.
Es delgada y tenue,
pero la amo.
Conozco la luna
y esta es una ciudad ajena.

Amy Lowell (Brookline, Massachusetts, Estados Unidos, 1874-1925), "Sword Blades and Poppy Seed" (1914), The Complete Poetical Works of Amy Lowell, Houghton Mifflin, Boston, 1983
Versión de Jonio González
---
Foto: Poeticus


A London Thoroughfare. 2 A.M.

They have watered the street,
It shines in the glare of lamps,
Cold, white lamps,
And lies
Like a slow-moving river,
Barred with silver and black.
Cabs go down it,
One,
And then another.
Between them I hear the shuffling of feet.
Tramps doze on the window-ledges,
Night-walkers pass along the sidewalks.
The city is squalid and sinister,
With the silver-barred street in the midst,
Slow-moving,
A river leading nowhere.

Opposite my window,
The moon cuts,
Clear and round,
Through the plum-coloured night.
She cannot light the city;
It is too bright.
It has white lamps,
And glitters coldly.

I stand in the window and watch the moon.
She is thin and lustreless,
But I love her.
I know the moon,
And this is an alien city.

viernes, diciembre 13, 2013

William Carlos Williams / Paterson, 16




Libro 2
Domingo en el parque
I (cont.)


Apenas pasada la medianoche, el 20 de Agosto de 1878, el agente especial Goodridge, cuando se encontraba frente a la Casa Franklin, oyó un chillido extraño que llegaba de la calle Ellison. Cuando corrió para ver qué era lo que ocurría encontró un gato acorralado debajo de la alcantarilla en la esquina de la ferretería de Clark, que le hacía frente a un animal extraño y negro, demasiado pequeño para ser un gato y definitivamente, demasiado grande para ser una rata. El agente corrió hasta el lugar y el animal se metió debajo de la reja de la ventana del sótano, desde donde asomaba su cabeza a la velocidad de un relámpago. El señor Goodrige intentó varios golpes con su porra pero no logró pegarle. Más tarde el agente Keyes apareció y apenas lo vio dijo que era un visón, lo que confirmaba la teoría previamente enunciada por el señor Goodridge. Ambos trataron de golpearlo con sus porras durante un rato, pero no lo lograron, hasta que finalmente el agente Goodridge sacó su pistola y le disparó al animal. El tiro evidentemente falló, pero el ruido y la pólvora asustaron tanto al pequeño bromista que saltó a la calle y corrió por Ellison a una velocidad increíble, seguido de cerca por los dos agentes. El visón finalmente desapareció por la ventana del sótano de la verdulería que se hallaba debajo de la cervecería de Spangermacher, y no se lo volvió a ver. El sótano fue revisado en la mañana, pero no hallaron huellas del animalito que había causado tanta alegría.


Sin ingenio nada es bien distribuido,
a menos que la mente cambie, a menos
que las estrellas sean medidas de nuevo, de acuerdo
con sus posiciones relativas, la
línea no cambiará, la necesidad
no alcanzará el nivel:  a no ser que haya
una nueva mente no habrá una nueva
línea, la vieja seguirá
repitiéndose a sí misma con mortalidad
recurrente: sin ingenio
nada yace bajo la sombra del
olmo, el aliso no crece entre
las colinas que rodean todo
menos el canal agotado de la vieja cuenca,
las pequeñas huellas
de los ratones debajo de las matas
colgantes de hierba no
aparecerán: sin ingenio la línea
no volverá a enfrentarse a sus antiguas
divisiones cuando la palabra, una dúctil palabra,
reducida ahora a tiza, vivía en ella.

Bajo el arbusto descansan protegidas
del sol que lastima—
11 en punto
Parece que hablan
—un parque, dedicado al placer  :  dedicado a     .   ¡saltamontes!

3 chicas de color, ¡mayores de edad! Paseándose
—su color flagrante,
sus voces errantes
su risa salvaje, flagelante, disociada
de la escena inalterable    .

Pero la chica blanca, su cabeza
sobre un brazo, una colilla entre sus dedos
descansa bajo el arbusto    .    .

Semi desnuda, frente a ella, con una visera
sobre los ojos,
él le habla a ella

—la carcasa medio escondida
detrás de ellos entre los árboles—
compré un nuevo traje de baño, solo

bombacha y un corpiño   :
los pechos y
las partes pudendas cubiertas—debajo

del sol en franca vulgaridad.
Mentes reducidas
por el desperdicio—entre

las clases trabajadoras ALGUNA especie
de quiebre
ha ocurrido. Semi excitados

descansan sobre sus mantas
cara a cara,
salpicados por las sombras de las hojas

encima de ellos, tranquilos,
o aquí al menos sin desafíos.
No indignos  .   .

charlando, flagrantes más allá de toda charla
en perfecta mansedumbre—
Y habiéndose bañado

y habiendo comido (algunos
sándwiches)
sus pensamientos lamentables se encuentran

en la carne—¡rodeados
de amores que trinan! Alas felices
de llevarlos (en sueños)

—sus pensamientos livianos,
lejos
.    .    entre la hierba

Caminando   —

por la vieja cuenca—una ondulación seca en el suelo
aunque todavía marcada por la hilera de alisos indios

.    .    ellos (los indios) caminan haciendo eses
de un lado a otro, ocultos, entre ellos a lo largo del arroyo

.   salen gritando entre la cabaña
y los hombres que trabajan en el campo, ¡apártenlos!
ellos dejaron sus armas en el fortín
y —sin defensa— los tomaron
cautivos. Un anciano    .

¡Olvídalo! por el amor de Dios, termina
ese asunto     .

Caminando  —

retoma el sendero y ve, en una loma
sin árboles—el sendero rojo obstruyéndolo—
una pared de piedra, una especie de refugio
circular contra el cielo, estéril y
desocupado. Monte. ¿Por qué no?

Una ardilla,
con la cola levantada, huye entre las piedras.

(Así crece la mente, en cumbres de pedernal)

pero mientras se inclina, en su andar,
ante la visión de una punta de flecha de pedernal
(no es)

—allá
a la distancia, hacia el norte, surgen
para él los cerros empedernidos

Bueno, así son.

WilliamCarlos Williams (Rutherford, 1883-1963),  Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto


Book Two
Sunday in the Park  I

Shortly after midnight, August 20, 1878, special officer Goodridge, when, in front of the Franklin House, heard a strange squealing noise down towards Ellison Street. Running to see what was the matter, he found a cat at bay under the water table at Clark’s hardware store on the corner, confronting a strange black animal too small to be a cat and entirely too large for a rat. The officer ran up to the spot and the animal got in under the gratin of the cellar window, from which it frequently poked its head with a lightning rapidity. Mr. Goodridge made several strikes at it with his club but was unable to hit it. Then officer Keyes came along and as soon as he saw it, he said it was a mink, which confirmed the theory that Mr. Goodrigde had already formed. Both tried for a while to hit it with their clubs but were unable to do so, when finally officer Goodrige drew his pistol and fired a shot at the animal. The shot evidently missed its mark, but the noise and powder so frightened the little joker that it jumped out into the street, and made down into Ellison Street at a wonderful gait, closely followed by the two officers. The mink finally disappeared down a cellar window under the grocery store below Spangermacher’s larger beer saloon, and that was the last seen of it. The cellar was examined again in the morning, but nothing further could be discovered of the little critter that had caused so much fun.//Without invention nothing is well spaced, /unless the mind change, unless /the stars are new measured, according /to their relative positions, the  /line will not change, the necessity /will not matriculate: unless there is /a new mind there cannot be a new /line, the old will go on /repeating itself with recurring /deadliness: without invention /nothing lies under the witch-hazel /bush, the alder does not grow from among /the hummocks margining the all /but spent channel of the old swale, /the small foot-prints /of the mice under the overhanging /tufts of the bunch-grass will not /appear: without invention the line /will never again take on its ancient /divisions when the word, a supple word, /lived in it, crumbled now to chalk  //Under the bush they lie protected /from the offending sun— /11 0’clock //They seem to talk /—a park, devoted to pleasure  :  devoted to    .  grasshoppers! //3 colored girls, of age! Stroll by /—their color flagrant, /their voices vagrant /their laughter wild, flagellant, dissociated /from the fixed scene    .     //But the white girl, her head /upon an arm, a butt between her fingers /lies under the bush    .    . //Semi-naked, facing her, a sunshade /over his eyes,  //he talks with her //—the jalopy half hid /behind them in the trees— /I bought a new bathing suit, just //pants and a brassier   : /the breasts and /pudenda covered—beneath //the sun in frank vulgarity. /Minds beaten thin /by waste—among //the working classes SOME sort /of breakdown /has occurred. Semi-roused //they lie upon their blanket /face to face, /mottled by the shadow of the leaves //upon them, unannoyed, /at least here unchallenged. /Not undignified.   .   . //talking, flagrant beyond all talk /in perfect domesticity— /And having bathed //and having eaten (a few /sandwiches) /their pitiful thoughts do meet //in the flesh—surrounded /by churring loves! Gay wings /to bear them (in sleep) //—their thoughts alight, /away /.    .    among the grass //Walking  — //across the old swale—a dry wave in the ground /tho’marked still by the line of Indian alders //.    .   they (the Indians) would veave /in and out, unseen, among them along the stream //.    come out whooping between the log /house and men working the field, cut them /off! they having left their arms in the block- /house, and —without defense—carry them away /into captivity. One old man     . //Forget it! for God’s sake, Cut /out that stuff     //Walking    — //he rejoins the path and sees, on  a treeless /knoll —the red path choking it— /a stone wall, a sort of circular /redoubt against the sky, barren and /unoccupied. Mount. Why not? //A chipmunk, //with tail erect, scampers among the stones. //(Thus the mind grows, up flinty pinnacles)// but as he leans, in his stride, /at sight of a flint arrow-head /(it is not) //—there /in the distance, to the north, appear /to him the chronic hills //Well, so they are.


jueves, diciembre 12, 2013

Martín Moureu / Dos poemas














Perder el control

En el cajón de la mesa de luz
del aparador la cómoda
placard el botiquín del baño
el placard de la última pieza
alacena 1 estaba mirando tvr
la repisa fui a la cocina fui
al baño o en el baño no anduve?
el ropero viejo abajo de la mesa
o de la mesada alacena 2
abajo de la cama en los bolsillos
de la campera y no está.
¿Qué lo habré hecho si recién
recién lo tenía en la mano?

En el cajón del aparador mesa
de luz de la cómoda
decí que no es el celular
si no lo hacía sonar la alacena
el placard botiquín el cajón
de la naftalina bajomesada
revuelvo y vuelvo la entropía
la repisa la repaso abajo
del sillón de la otra cama
en la campera de jean y nada.
¿Pero qué hago con la puerta
de la heladera abierta
mirando la botella de agua fría
mirándola?


Sin tácticas

Patria para firmar pactos de sangre
además la atracción que ejerce un cuerpo
en la naturaleza de otro cuerpo,
las ganas de rimar sangre con sangre.

¿Abreviarán el tiempo de la patria
los callejeros nombres de algún barrio?
Hoy encontraron dos cuerpos en mi barrio,
también dieron su sangre por la patria.
Lo que sin definir llamamos tiempo
es la sangre de Dios que por el cosmos
circula y no está escrito en ningún libro.

Y sin más (sin más pérdida de tiempo)    
en sangre cuerpo barrio patria cosmos
la fórmula resuelta de este libro.

Martín Moureu (Ayacucho, Buenos Aires, 1981), SinTácticas, 2013

miércoles, diciembre 11, 2013

Jorge Leonidas Escudero / Lo inescrutable


Si usted toma la punta de un conocimiento
y empieza a tirar el hilo
va a sacar una sombra.

Es tremendo y espanta,
porque si todo está unido a todo
uno piensa extraer un pez gordo
y termina vencido con la boca gusto a nada.

Mi caso es el de siempre, siempre el mismo.
Ya no puedo callar y más tranquilo
vivir sino que indago e inmerecidamente
caigo en la oscuridad.

Tras el fuego sagrado a si pellizco
me levanto alta noche y sigiloso
pongo la caña de pescar en vano.

Sin embargo insisto.

Jorge Leonidas Escudero (San Juan, Argentina, 1920-2016), "Elucidario", Poesía completa, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2011



act. 2020

lunes, diciembre 09, 2013

Irene Gruss / De "De todo, un poco"
















I
Lo que se guarda en el tintero: el moho
por el musgo,
las pajas por el trigo,
la deuda o la duda;
no se dice.                                                                  
**
IV
Lo que se barre
bajo la alfombra,
el polvo no se dice.

El hilo; la hilacha. Lo que se esconde;
lo que uno tapa con gerundio, énfasis
de aquí y de allá, plurales de pájaros, moscas
arreboles, intensidades, vacío que uno tiene y
se tapa.
**
XI
Filmada en escenarios naturales, desde una ventana
el que no tiene fe, con una luz que imita
a Vermeer en interior
y afuera a Cándido López, observa la gesta fatal de las Cruzadas.
No hay más que una vela sobre la mesa.
**
XIII
Ahora se le da por escribir; más bien anota: hay pájaros en el cielo,
hay otros posados en las ramas; y más acá, sobre la tierra.
Salvo esa mirada que alza, panea,
escurre la tinta.
**
XIV
Nunca se tiene lo que se desea. Se escriben hijos, la tierra
yerma.

(inédito)

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950)

domingo, diciembre 08, 2013

Javier Adúriz / Vía de estudio
















Aikido finalmente puede resultar un arte
marcial, aunque asombrosamente pacifista.
Si se me permite la contradictio in adjecto,
una lucha hacia la paz. No se crea
que la paz es un estado nulo, pero sí
una convicción del equilibrio: algo activo.

El Uke viene, como cualquier conflicto
grande o pobre de la vida. Ahí, un compañero
lo representa con mucha belleza y etiqueta.
Sin embargo, como cada milímetro de carne
-indivisa con la mente- lo compone, nunca
la repetición es igual. Por el contrario,
una sorpresa de la concentración.

En cambio el Nague recibe, absorbe, muda
lo que puede sacarlo de su centro
hacia la invisibilidad; reconoce
la dinámica del otro, tal un ritual
y en par de cortesía le tributa homenaje;
y así, hasta que de pronto se comprenden.

Son maestros avanzados Kío y Julián
en el recinto despojado de mi dojo,
donde lo asombroso carece de explicación.
Que tan dispares hagan su camino
de equilibrio en el aire, y del todo
un hecho idéntico
plural, para cualquiera, con verdad
sin palabra. Ahí brilla indefinible
lo evidente: la calma viva.

A Koretoshi Maruyama, Gloria
por la respiración profunda. Y más
Gloria a Morihei Weshiba, otro buda,
lleno de nada que todo lo posee.

Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948-2011), Los nada, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011

sábado, diciembre 07, 2013

Judith Herzberg / Tres poemas




Lo malo

¿Ves?, ahora lo malo está hecho;
ya me importa mucho menos,
aún digo: mejor media hora tus ojos
que mil maravillas una eternidad,
pero mientras lo estoy diciendo
ya no lo digo de verdad.
Ahora debería ponerme de luto
rasgarme la ropa y gritar de dolor
porque el que ya me importe menos
es mucho peor que el eterno pesar.


Cota de malla

Uno tenía una coraza de prisa
otro, una coraza de risa
otro, una de seriedad
otro tenía una coraza de
mira, no tengo coraza
y lo consideraba una cualidad
con la que se podía vivir.


Transitable

Paso a paso nos ayudamos
a volver a cómo fue
Así el sendero, antes
apenas apreciable,
se apisona.
Con cada pisada
lo consolidas, confirmas
que es transitable, aquello

Judith Herzberg (Ámsterdam, 1934), Soms Vaak, De Harmonie, Ámsterdam, 2004
Traducción de Ronald Brouwer
Envío de Jonio González

Foto: Erik Mattijssen/Kiepenheuer


HET ERGE

Zie je, nu is het erge echt gebeurd; 
het kan me al veel minder schelen, 
ik zegnog: liever jouw ogen een halfuur
dan duizend wonderen’s eeuwige duur,
maar terwijl ik het zeg 
meen ik het niet meer echt. 

Nu zou ik dus moeten
beginnen te rouwen 
mijn kleren scheuren en schreeuwen van pijn 
wantdat het me minder schelen kan 
is erger dan eeuwig verdriet zou zijn.


MALIËNKOLDER

Eén had een harnas van haast 
één had een humor harnas 
één had er eenvan ernst 
één had een harnas 
van kijk ik heb geen harnas 
en zag dat als een deugd 
waar mee te leven was.


BEGAANBAAR

We helpen elkaar stap voor stap 
terug te gaan naar hoe het was 
Zo wordt het pad, eerst bijna 
niet te ontwaren, 
aangestampt. 
Met elke tred 
verstevig je, bevestig je 
dat het begaanbaar is, het het

viernes, diciembre 06, 2013

Xi Chuan / Murciélagos al atardecer












En los cuadros de Goya traen pesadillas
al artista. Volando hacia arriba, hacia abajo,
a derecha y a izquierda, murmuran
furtivamente sin llegar a despertarlo

Una felicidad indecible aparece en sus caras
casi humanas. Estas criaturas que parecen
pájaros pero que no lo son, completamente negros
se funden con la oscuridad, como semillas que nunca florecerán

Como demonios sin esperanza de redención
ciegos y crueles, llevados por su voluntad,
cuelgan a veces boca abajo de las ramas
igual que hojas secas, excitando nuestra lástima

En algunas historias
se concentran en húmedas grutas;
cuando el sol cae tras la montaña es su momento
para salir de caza, parir, luego desaparecen

Pueden obligar a un sonámbulo a unírseles,
arrebatarle la antorcha de su mano y apagarla;
pueden alcanzar a un lobo acechante
y hacerlo caer mudo por un precipicio

A la noche, si un niño no puede dormir
es sin duda porque un murciélago
sorteando los ojos hinchados del guardia
llegó hasta él para hablarle del destino

Uno, dos o tres murciélagos,
no tiene riqueza ni patria, ¿cómo puede ser
que traigan felicidad?  La luna creciente y menguante
gastó sus plumas. Son feos, sin nombre.

Su corazón de piedra nunca pudo conmoverme
hasta que un verano hacia el atardecer
al pasar por mi vieja casa vi muchos chicos jugando
y sobre sus cabezas aún más murciélagos

El atardecer arrojaba sombras sobre la calle
y doraba el cuerpo de los murciélagos
Revoloteaban sobre las puertas descascaradas
pero nada tenían para decir sobre el destino

Entre las cosas antiguas un murciélago
es de aquellas que generan una especie de nostalgia.
Su actitud indolente hizo que me detuviera un largo tiempo
en ese barrio, en la calle donde crecí.

Xi Chuan  (西川) (Xuzhou, provincia de Jiangsu, 1963), Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos, selección y traducción de Miguel Angel Petrecca, Gog y Magog Ediciones, Buenos Aires, 2011


夕光中的蝙蝠

在戈雅的绘画里,它们给艺术家
带来了噩梦。它们上下翻飞
忽左忽右;它们窃窃私语
却从不把艺术家叫醒

说不出的快乐浮现在它们那
人类的面孔上。这些似鸟
而不是鸟的生物,浑身漆黑
与黑暗结合,似永不开花的种籽

似无望解脱的精灵
盲目,凶残,被意志引导
有时又倒挂在枝丫上
似片片枯叶,令人哀悯

而在其他故事里,它们在
潮湿的岩穴里栖身
太阳落山是它们出行的时刻
觅食,生育,然后无影无踪

它们会强拉一个梦游人入伙
它们会夺下他手中的火把将它熄灭
它们也会赶走一只入侵的狼
让它跌落山谷,无话可说

在夜晚,如果有孩子迟迟不睡
那定是由于一只编幅
躲过了守夜人酸疼的眼睛
来到附近,向他讲述命运

一只,两只,三只编幅
没有财产,没有家园,怎能给人
带来福祉?月亮的盈亏褪尽了它们的
羽毛;它们是丑陋的,也是无名的

它们的铁石心肠从未使我动心
直到有一个夏季黄昏
我路过旧居时看到一群玩耍的孩子
看到更多的蝙蝠在他们头顶翻飞

夕光在胡同里布下了阴影
也为那些蝙蝠镀上了金衣
它们翻飞在那油漆剥落的街门外
对于命运却沉默不语

在古老的事物中,一只蝙蝠
正是一种怀念。它们闲暇的姿态
挽留了我,使我久久停留
在那片城区,在我长大的胡同里

jueves, diciembre 05, 2013

Leonardo Sinisgalli / Lucania




















Al peregrino que se asoma a sus pasos de montaña
o a quien desciende por el desfiladero de Alburni
o a quien hace el camino de las ovejas por las cuestas de la Serra,
al milano que rompe el filo del horizonte
con un reptil entre las garras, al emigrante, al soldado,
a quien regresa de los santuarios o del exilio, al que duerme
en los rediles, al pastor, al aparcero, al mercader,
la Lucania abre sus páramos,
sus valles donde los ríos corren lentos
como ríos de polvo.

El espíritu del silencio está en todas partes
en mi dolorosa provincia. Desde Elea a Metaponto,
sofístico, de oro, problemático y penetrante,
devora el óleo de las iglesias, se pone el capote
en las casas, se hace monje en las grutas, crece
con la hierba en los umbrales de los viejos pueblos derruidos.

El sol sesgado sobre las plantas de laurel, el buen sol
con sus grandes cuernos, el fragante paladar,
el sol ávido de chicos, ¡ahí va, por las plazas!
Tiene el andar cansino del buey, y sobre la hierba
sobre los adoquines deja grandes lamparones llenos de larvas.

Tierra de madres gruesas, de padres oscuros
y lustrosos como esqueletos, llena de gallos
y de perros, de bosques y de caleras, tierra
magra donde el grano crece penosamente
carosella,* maíz, granofino)
y el vino no es llamativo
(menta del Agri, albahaca del Basento)
y la aceituna tiene el gusto del olvido,
el sabor del llanto.

En un aire volcánico, fuertemente inflamable,
los árboles respiran con un latido inusitado;
las encinas engrosan sus troncos con la sustancia del cielo.
Montones de escombros quedan intactos durante siglos:
nadie mueve una piedra para no horrorizarse.
Debajo de cada piedra, digo, tiene el infierno su ombligo.
Sólo un muchacho puede asomarse a los bordes
del abismo para recoger el néctar
entre los matorrales hirvientes de mosquitos y tarántulas.

Yo regresaré vivo a tus lluvias rojas.
Volveré sin culpas a batir el tambor,
a atar el mulo a la puerta,
a recoger caracoles en los huertos.
¿Oiré humear el rastrojo, la maleza,
las zanjas, oiré al mirlo cantar
bajo las camas, oiré a la gata
cantar sobre los sepulcros?

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981), I nuovi Campi Elisi, Mondadori, Milán, 1947
Versión de Jorge Aulicino

* Carosella:variedad de trigo casi salvaje que se conoce desde la época del Imperio. No se ha determinado si deriva de "caruso" (en Sicilia, niño rapado) por su característica espiga pelada, o del término botánico cariosside (cariópside). Esto último se nos ocurre menos probable (N. del T.)

Foto: Hacca

Lucania

Al pellegrino che s’affaccia ai suoi valichi,
a chi scende per la stretta degli Alburni
o fa il cammino delle pecore lungo le coste della Serra,
al nibbio che rompe il filo dell’orizzonte
con un rettile negli artigli, all’emigrante, al soldato,
a chi torna dai santuari o dall’esilio,  a chi dorme
negli ovili, al pastore, al mezzadro, al mercante
la Lucania apre le sue lande,
le sue valli dove i fiumi scorrono lenti 
come fiumi di polvere.

Lo spirito del silenzio sta nei luoghi
della mia dolorosa provincia. Da Elea a Metaponto,
sofistico e d’oro, problematico e sottile,
divora l’olio nelle chiese, mette il cappuccio
nelle case, fa il monaco nelle grotte, cresce
con l’erba alle soglie dei vecchi paesi franati.

Il sole sbieco sui lauri, il sole buono
con le grandi corna, l’odoroso palato,
il sole avido di bambini, eccolo per le piazze!
Ha il passo pigro del bue, e sull’erba
sulle selci lascia le grandi chiazze zeppe di larve.

Terra di mamme grasse, di padri scuri
e lustri come scheletri, piena di galli
e di cani, di boschi e di calcare, terra
magra dove il grano cresce a stento
(carosella, granturco, granofino)
e il vino non è squillante
(menta dell’Agri, basilico del Basento)
e l’uliva ha il gusto dell’oblio,
il sapore del pianto.

In un’aria vulcanica, fortemente accensibile,
gli alberi respirano con un palpito inconsueto;
le querce ingrossano i ceppi con la sostanza del cielo.
Cumuli di macerie restano intatte per secoli:
nessuno rivolta una pietra per non inorridire.
Sotto ogni pietra, dico, ha l’inferno il suo ombelico.
Solo un ragazzo può sporgersi agli orli
dell’abisso per cogliere il nettare
tra i cespi brulicanti di zanzare e di tarantole.

Io tornerò vivo sotto le tue piogge rosse,
tornerò senza colpe a battere il tamburo,
a legare il mulo alla porta,
a raccogliere lumache negli orti.
Udrò fumare le stoppie, le sterpaie,
le fosse, udrò il merlo cantare
sotto i letti, udrò la gatta
cantare sui sepolcri?

Este poema fue reproducido en Poesie

miércoles, diciembre 04, 2013

Alicia Genovese / De "Aguas"












Thales imaginó la tierra
como un plato flotando
sobre el océano
y dijo que todas las cosas,
agua en su origen,
estaban llenas de dioses.
“Animadas” interpretó luego
la hermeneútica,
pero él lo decía
mientras frotaba
un trozo de ámbar
y briznas de pasto
se le adherían sin explicación;
mientras apoyaba un imán
contra el metal
de una armadura
y la piedra se detenía
como sus ojos atentos;
mientras alcanzaba
la altura de Keops
midiendo en la arena
la sombra proyectada.
Causas, ese más allá,
perseguía Thales,
en su universo
atravesado por ríos
y oscuridad
de dioses enérgicos.
Causas,
cuando el Delta del Nilo
hacía brotar en las mareas
los papiros, el loto,
y el sol de Mileto
caía desarmado
sobre el mar Egeo.
Anaxímenes propuso el aire
y Heráclito el fuego,
pero el agua
fue para Thales el principio,
la omnipresencia ordenadora.
Un ojo de agua
se abría en todas
y en cada una de las cosas
hasta volverlas físicas
y maleables.
Ningún filósofo aún
había separado el agua
de la idea del agua,
ni existían
mundos paralelos,
ni especulaciones
que el agua
no pudiese atravesar.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

Aguas,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2013






martes, diciembre 03, 2013

Leonardo Sinisgalli / Aquí en esta orilla...





















Aquí en esta orilla, me llama
el rumor del día que rompí
a pedradas. La luz nueva y abierta
sobre la tierra que pisoteo
es nada y más joven aún
que mis huesos. Arde el estío
sobre el rastrojo. Sin ruido
en mi cuerpo se quiebra
este fuego.

*
A manos llenas se me hace el día
y el alba tarda en levantarse
como una vela fresca sobre mi cuerpo,
la sangre es feliz y me corre
la brisa, me crece la mañana sobre el mar.
En la vigilia las voces de la regata
tienen cadencias de aventura extrema.
El agua es un prado bajo los pies
florecida, la luz en las manos
es fría como una uña.

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981), revista Sur, N° 225, Buenos Aires, noviembre y diciembre de 1953
Versiones de Alberto Girri y Carlos Viola Soto


Sono a questa riva e mi chiama
Il suono del giorno ch'io ruppi
A sassate. La luce nuova è aperta
Sulla terra che calpesto
E nulla è ancora più giovane
Delle mie ossa. L'estate arde
Sulle stoppie. Senza rumore
Si sgretola entro il mio corpo
Questo fuoco.


*
A mani aperte mi fa giorno
E l'alba indugia a sollevarsi
Come una vela fresca sul mio corpo
E il sangue è felice e mi corre
La brezza, mi cresce mattina sul mare
Nel dormeveglia le voci della regata
Hanno cadenze di estrema avventura
L'acqua è un prato sotto i piedi
Fiorita, la luce dentro le mani
È freda come un'unghia.

Foto: Fondazione Leonardo Sinisgalli 

lunes, diciembre 02, 2013

Judith Filc / Dos poemas














Arpía

Inclinadas sobre el río,
ramas como brazos acarician el agua que acaricia las
hojas en su
vaivén.

Roza las raíces como nervaduras

serpientes

venas de azul oscuro en las manos de la
abuela

patas de pájaro anaranjadas
zarpeando la
tierra.


Baldío

Construyeron las montañas con la pulpa reblandecida de los
cimientos.

Los vidrios (el viento había arrancado de cuajo las ventanas),
convertidos a piedrazos en dragones de cinco
cabezas.

La puerta desgajada para el puente levadizo.

Con las chapas fabricaron la muralla. Con los marcos de las
ventanas
guerreros
agazapados esperando el
enemigo.

Judith Filc (Buenos Aires, 1962), inéditos

domingo, diciembre 01, 2013

Edna St. Vincent Millay / El amor no lo es todo...














El amor no lo es todo: no es comida ni bebida
Ni sueño ni un techo sobre tu cabeza contra la lluvia;
Ni una tabla que flota para los hombres que se hunden
Y se alzan y se hunden y se alzan y vuelven a hundirse;
El amor no puede llenar de aire el pulmón herido
Ni limpiar la sangre ni soldar el hueso partido;
Aun así, en este instante en que te hablo
Muchos hombres se acercan a la muerte sólo por falta de amor.
Podría ser que en un momento difícil,
Atrapada en el dolor y suplicando ser liberada
O llevada por la necesidad más allá del poder de mi voluntad,
Vendiese yo tu amor por un poco de paz,
O cambiara la memoria de esta noche por comida.
Podría ser. Pero no creo que lo hiciera.

Edna St. Vincent Millay (Rockland, Maine, 1892-Austerlitz, Nueva York, 1950), Collected Poems, HarperCollins, Nueva York, 1981
Traducción de Eduardo Conde
Envío de Jonio González


Love Is Not All...

Love is not all: it is not meat nor drink
Nor slumber nor a roof against the rain; 
Nor yet a floating spar to men that sink 
And rise and sink and rise and sink again; 
Love can not fill the thickened lung with breath, 
Nor clean the blood, nor set the fractured bone; 
Yet many a man is making friends with death 
Even as I speak, for lack of love alone. 
It well may be that in a difficult hour, 
Pinned down by pain and moaning for release, 
Or nagged by want past resolution's power, 
I might be driven to sell your love for peace, 
Or trade the memory of this night for food. 
It well may be. I do not think I would.