martes, abril 18, 2017

Gregory Orr / El río dentro del río (fragmentos)















*
Nota para mí mismo: recuerda
lo que Emerson dijo
de Thoreau—
que amaba todo lo bajo
de la naturaleza:
musarañas
y grillos, chupones
y ranas.
No las estrellas.

Canciones de lo carnal,
canciones de lo que somos.

*
Cuando el ataúd fue cerrado por fin
cuando las llamas lo consumieron
tus ojos fueron inútiles—

¿Qué lágrimas podrían apagar
ese fuego?
                 Así que los cerraste.

Así, dejaste que los párpados de tus ojos
se cerraran sobre el cuerpo de tu amada.

Por un momento ahora— la oscuridad.

Y todo lo que veas estará en tu interior.

*
Primero, estuvo el destrozo.
Luego, las repercusiones.

Sólo después y sólo despacio
recolectamos las palabras
en contra de nuestra pérdida.

Pero el final no fue lo menos importante,
el final no fue lo menor de esto.

*
Plomo del corazón;
oro de la canción.

La alquimia del duelo
El poema se recrea.

*
Calvo, de domo alzado, el sabio taoísta
está sosteniendo el Durazno de la Inmortalidad
en una mano, un cayado en la otra.

Me gusta pensar que está recitando un poema,
uno que comienza: “Comerse un durazno…”
Uno que recalca su suculencia
y cómo el pegajoso, delicioso jugo
se desliza por tu barbilla.

Se encuentra fresco de una cita
con la amada. El Durazno
y el poema— ambos son sus símbolos.

*
El río dentro del río.
El mundo dentro del mundo.

Solamente tenemos palabras

para revelar la rosa
que la rosa obscurece.


Gregory Orr (Albany, Estados Unidos, 1947) Periódico de Poesía, N 97, Universidad Autónoma de México (UNAM), marzo de 2017
Traducción de Daniela Birt

Ref.:
River Inside the River, Norton, Nueva York, 2013

Foto: Gregory Orr, Festival de Poesía Geraldine R. Dodge, 2012, por Michelle Aldredge en Gwarlingo


River Inside the River (Fragments)


Note to self: remember                                   
What Emerson said
Of Thoreau—
That he loved the low
In nature:
Muskrats
And crickets, suckers
And frogs.
Not stars.

Songs of the carnal,
Songs of what we are.

*
When the coffin closed at last,
When flames consumed it,
Your eyes were useless—

What tears could put out
That fire?
               And so, you shut them.

So, you let the lids of your eyes
Close over the beloved’s body.

For a while now—darkness.

And what you see will be inside you.

*
First, there was shatter.
Then, aftermath.

Only later and only slowly
We gathered words
Against our loss.

But last was not least,
Last was not least of these.


Lead of the heart;
Gold of song.

Alchemy of grief
The poem performs.

*
Bald, high-domed Taoist sage
Holding the Peach of Immortality
In one hand, a hiking staff in the other.

I like to think he’s reciting a poem,
One that begins: “To eat a peach...”
One that stresses its succulence,
And how the sticky, delicious juice
Dribbles down your chin.

He’s fresh from a rendezvous
With the beloved. Peach
And poem—both are her tokens.

*
River inside the river.
World within the world.

All we have is words

To reveal the rose
That the rose obscures.




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