jueves, octubre 20, 2011

Alberto Condemarín / Acuérdate, Hermelinda


Hermelinda
[Vals peruano]

Escucha, amada mía,
la voz de los cantares
que brotan de mi lira
cual desolado son.
Malévola tu ausencia,
temiendo mil azares,
enferma tengo el alma
y herido el corazón.

Ya para mí las aves
no cantan sus amores
ni vierte su perfume
la aurora matinal.
Ni el tímido arroyuelo
que bulle entre las flores
tu rostro peregrino
refleja en su cristal.

Qué triste, amada mía,
los días amanecen,
qué lentas son las horas
que estoy lejos de ti.
Para calmar la duda
que tormentosa crece,
acuérdate, Hermelinda,
acuérdate de mí.

Seré tu fiel amante
que solitario llore
al recordar las horas
de dicha y de placer,
bañada con mis lágrimas
tu frente encantadora,
tus ojos dos luceros
fijados hacia mí.

Alberto Condemarín (Lima, 1898-1975), 1921



 

6 comentarios:

  1. Hermoso vals, pero ¿cómo puede ser al mismo tiempo un fiel amante solitario que la llore y la Hermelinda tener su frente bañada con las lágrimas de él?, Irene

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    1. Atinada observación. Quizás se trate de lágrimas y frentes metafóricas. Tampoco se entiende bien cómo es un rostro paregrino y por qué se va a calmar la duda que tormentosa crece si ella se acuerda de él. Con todo y toda su inocencia romántica como señala Marga, este es un magnífico ejemplo de poesía popular.

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  2. ¡Qué precisos vals! la letra tiene un toque inocente y desesperado, muy propio del romanticismo del siglo XIX.

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  3. Irene, lo mismo me pregunté yo, pero hay que pensar que es en su imaginación

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  4. "Lo real debe ser imaginado." Mirtha Defilpo

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  5. A mi parece que la frente y los ojos son también las cosas que evoca, así como "las horas
    de dicha y de placer". Sergio.

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