lunes, septiembre 10, 2007



Tal vez en ese largo y acidioso lapso de inacción juvenil, con su probable sentimiento de inutilidad y hasta de culpa, surge el futuro male di vivere de Montale, que determinará el tono introspectivo y desolado de su poesía. También debió sellarse entonces, en esos paseos divagantes por la Génova laboriosa de principios de siglo, muy pronto nimbados por "indefinidas vocaciones extra-comerciales", es decir, la filosofía y la literatura, la importancia del mar en la percepción montaliana de la realidad. Quien conozca Liguria, reconocerá en los poemas de Huesos de sepia, el primer libro de Montale, una auscultación casi encarnizada de su paisaje marino, en especial la parte que va desde Génova hasta Cinque Terre, donde la familia de Montale tenía una casa de veraneo en la localidad de Monterosso; un paisaje escabroso, en el que la violencia del oleaje, el viento, los rociones de espuma y la vegetación aferrada a la roca se constituyen en emblemas de una radical dificultad de vivir, de una indecisión crónica, que tiene su objetivación más acabada en la luz del mediodía, esa luz paralizante y a menudo espectral que ha tenido en Montale, tal vez, a su cantor más profundo.

(...) Si acaso, el concepto cristiano que más atrae a Montale es el de gracia, que él entiende, laicamente, como un regalo, esto es, como una virtud de la que gozan aquellos que no hicieron el menor esfuerzo por ganársela. La idea de esfuerzo no tiene casi cabida en el mundo de Montale, donde sólo un milagro, una coincidencia, un afortunado golpe de dados pueden resquebrajar la rigurosa trama de eventos que nos oprimen.

Así, para Montale, la dignidad estriba, más que en esforzarse por ser mejores, en resistir, sobrellevando el propio papel, sin quejas. ¿En qué consiste el papel del poeta? Consiste, dicho metafóricamente, en atenuar el impacto del mar sobre la costa, reproduciendo en su propia poesía el lenguaje marino, con la secreta esperanza de hallar la brecha, el pasadizo, que el mar busca en cada una de sus arremetidas.

... y le otorga, por ese carácter que tiene el encabalgamiento de eludir la escansión esperada de los versos y relativizar de esa manera el cauce señalado por los mismos, un carácter de rápida anotación periodística, de apunte in situ. El resultado es una cadencia movediza, casi arisca, que aspira, con las herramientas de la poesía, a sonar como prosa. Por ello, no es de sorprender que la renuncia a una musicalidad plena y sin fisuras lleve a Montale a revalorizar esas zonas grises del poema en el que éste muestra inevitablemente sus costuras y sus remiendos.

Fabio Morábito, en el Prólogo de Poesías completas de Eugenio Montale, Galaxia Gutenberg, Barcelona-Navarra, 2006

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