viernes, enero 31, 2014

Horacio Castillo / Dos poemas breves
















El árbol azul

Un árbol azul ordena el universo.
Sus hojas destilan sobre la tierra lluvia o miel
y nace a su alrededor un espacio indeleble,
la zona donde duerme el pájaro real.


Inscripción

Viva el sol degollado al mediodía,
viva el aroma de los eucaliptos,
viva el cuello del ánade,
viva el color del azafrán,
viva la cólera del sueño,
viva el pie desnudo sobre la nada.


Horacio Castillo (Ensenada, 1934-La Plata, 2010), Alaska, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993

jueves, enero 30, 2014

Ricardo Molinari / Una rosa para Stefan George


                               
                                  









                     


                     Il va parmi ses fleurs;
                    et les souffles de l’air
                                     HÖLDERLIN

                   (Similis factus sum pellicano
                   solitudinis)


No es la paciencia de la sangre la que llega a morir,
ni el sueño ni el mármol de Delfos, sino el polvo
que se calienta entre las uñas.
Qué importa morir, que se borren las paredes como un río seco;
que no quede una flor en la calle con su borde de luto en la frente,
ni el viento sobre las piedras podridas.

Qué haces allí, tronchado sin humedad,
con tu dicha sin aliento, con tu muerte tendida a los pies.
Con tu espuma llena de ceniza. Desdeñoso.

Ya vendrán los hombres con el ruido, con los gestos;
pero el odio seguirá intacto.

Todos te habrán estrechado la mano alguna vez,
y tú habrás bebido la cicuta en la soledad,
como un vaso de leche.

Adiós, país de nieve, de ventisca agria, sin gentes que digan mal
de ti. Eterno. Desnudo.
La sangre metida en su canal de hielo
—fuego sin aire— Jordán perdido. Si el tiempo
tuviera sentido
como el Sol y la Luna presos;
si fuera útil vivir,
si fuera necesario,
qué hermoso espanto: tengo la voluntad avergonzada.

Yo soy menos feliz que tú. Me quedo combatiendo
sin honor,
con un haz de ramas en las manos.
Duerme. Dormir para siempre es bueno, junto al mar;
los ríos secos debajo de la tierra con su rosa de sangre muerta.

Duerme, lujo triste, en tu desierto solo.

¡Esta palabra inútil!

[1934]


Ricardo Molinari (Buenos Aires, 1898-1996), La pena del aire, Mondadori, Buenos Aires, 2000

martes, enero 28, 2014

Ariel Williams / Un poema













9

miro a los hombres;
los veo moverse a la música de los días,
gritan, ríen, suspiran como si tuvieran viento
adentro:
los veo inflarse, ponerse rojos ser gallos,
los veo querer quererse, quisieran;
veo sus ojos enfermos, sus patas flacas blancas
con los pelos desparejos;
veo también sus miembros suaves, sus pies
delicados, romos,
entrando en los zapatos puntiagudos,
en las botitas de seda;
los veo entrar en la sombra
y desparramarse adentro de la tierra
como si de sus cuerpos salieran dedos urgentes,
especialistas en tocar violines mudos.

de Lomasombra, 2003


Ariel Williams (Trelew, 1967), El pensadito y su corazone, Plan Lectura,  2009

lunes, enero 27, 2014

Frank O'Hara / Por qué no soy pintor















No soy pintor, soy poeta.
¿Por qué? Creo que preferiría ser
pintor, pero no lo soy. Bueno,
por ejemplo, Mike Goldberg
está empezando un cuadro. Me paso a verlo.
«Siéntate y toma algo», me
dice. Bebo; bebemos. Levanto
la vista. «Has puesto SARDINAS.»
«Sí, ahí le hacía falta algo.»
«Ah.» Me voy, transcurren los días,
me paso a verlo otra vez. El cuadro
avanza, me voy, transcurren los
días. Me paso a verlo. El cuadro está
terminado. «¿Y las SARDINAS?»
Sólo quedan unas
letras. «Era demasiado», dice Mike.

¿Y yo? Un día pienso en
un color: naranja. Escribo una línea
sobre el naranja. Pronto es toda
una página cubierta de palabras, no unas líneas.
Luego otra página. Debería haber
bastante más, no más naranja, sino
más palabras, sobre lo terrible que es el naranja
y la vida. Pasan los días. Incluso está en
prosa, soy un poeta de verdad. Mi poema
está terminado y aún no he mencionado
el naranja. Son doce poemas, los titulo
NARANJAS. Y un día en una galería
veo el cuadro de Mike. Se titula SARDINAS.


Frank O'Hara (Baltimore, 1926-Fire Island, Nueva York, 1966)
Versión de Andrés Boiero


Why I Am Not A Painter

I am not a painter, I am a poet.
Why? I think I would rather be
a painter, but I am not. Well,
for instance, Mike Goldberg
is starting a painting. I drop in.
"Sit down and have a drink" he
says. I drink; we drink. I look
up. "You have SARDINES in it."
"Yes, it needed something there."
"Oh." I go and the days go by
and I drop in again. The painting
is going on, and I go, and the days
go by. I drop in. The painting is
finished. "Where's SARDINES?"
All that's left is just
letters, "It was too much," Mike says.

But me? One day I am thinking of
a color: orange. I write a line
about orange. Pretty soon it is a
whole page of words, not lines.
Then another page. There should be
so much more, not of orange, of
words, of how terrible orange is
and life. Days go by. It is even in
prose, I am a real poet. My poem
is finished and I haven't mentioned
orange yet. It's twelve poems, I call
it ORANGES. And one day in a gallery
I see Mike's painting, called SARDINES. 

domingo, enero 26, 2014

Alberto Muñoz / Kapelusz













Un pedazo de la historia argentina
quedó prendido al cuenco de tu mano
cuando quitaste del río
la tremenda pampa del agua.

Yo no sé, al igual que tantos
que intentaron medir el sueño
con varas y sistemas,
qué habrá de cierto en el fondo de los ríos,
pero allí,
como en el uso del ámbar y la estrella,
se habla de lo oscuro,
del abúlico tenor de la desgracia,
de perros y maestras.

Se dice que en el lecho de los ríos
de la plata
duermen, esperando que la muerte los reflote,
algas con voz de hombre,
peces con risa de niña,
trozos de buques del Edén.

¡Dios mío cuándo levantarás del río
el cuenco lleno!

 de Terra balestra, 1985

 Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), La luz contra el centeno, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2013
en Poesía Argentina

sábado, enero 25, 2014

John Burnside / Ne de cest an











Conoces la región: jadis et naguère;
húmedas huellas en la nieve; húmedos huesos desmoronados;
húmedos terraplenes prensados bajo la escalera;
huevos de chorlito quebrados y armazones rotos.

Noviembre. Barres las moscas muertas
y sólo cuando el piso está limpio te das cuenta
lo arreglado que se ve un espacio cuando algo muere
y no deja ningún rastro de haber estado;

lo arreglada de la casa inhabitable
que no guarda en el tiempo ninguna traza espectral,
ningún frío familiar, empapado de sangre y pérdida,
sólo un hilo de viento, el sonsonete nítido del reloj
y la luz habitual del día, suficientemente clara para mostrar
lo que se derrite y lo que queda de la nieve del año pasado.

de Feast Day


John Burnside (Dunfermline, Escocia, 1955), Carlos López Beltrán y Pedro Serrano, La generación del cordero. Antología de la poesía actual de las islas británicas, Trilce Ediciones, Ciudad de México, 2000


Ne de cest an

You know this country: jadis et naguère;
wet treadmarks in the snow; wet crumbled bones;
wet earthworks in the press beneath the stair;
blown plover's eggs and broken staddlestones.

November. You are sweeping out dead flies
and only notice when the floors is clean
how tidy space appears when something dies
and leaves no mark to show that ithas been;

how tidy the inhabitable house
that holds no spectral afterprint in time,
no cold familiar, damp with blood and loss,
only a thread of wind, the clock's neat chime
and common daylight, clear enough to show
what melts and what remains of a last year's snow.


Foto: John Burnside por Murdo Macleod en The Guardian

viernes, enero 24, 2014

Maria Luisa Vezzali / balada de los chicos matados por sus madres




    -¿Es Medea la mujer que avanza con pequeñas calaveras sujetas a la cintura?
    -No, Media.        

       en memoria de Neil Gaiman, American Gods


mamá no mandes de paseo el diario
tan lleno de cosas indecibles
del trípode de la sibila délfica
de la bolsa de Tiresias    del sol

los triciclos grises abandonados
los guijarros de jardines perfectos
los informes psiquiátricos    el juego
bajo la cuna      el biberón lleno

de metadona       la foto del padre
abatido     los abuelos incrédulos    el vecino
que quizá había escuchado algo
en el fondo personas de bien o quizá

más bien no tanto    pero la usl * se sabe desde agosto
no responde    el sindicato lidiando
entre privacy y propaganda      el abogado
excelente    los dogmas de la autopsia

sobre el papel se arremolinan lagos
enfermos       los largos sedales atraen
la carne bondadosa     nutrida y ofendida
por aquella vieja historia de amor

hostil          que mata lo que ama sin
dejar de amarlo    amando por sí mismo
incluso el aire    de oxígeno al menos una
burbuja       en el agua densa y plena

los narvales enrojecidos de los móviles
dibujan indicios tortuosos
no se los puede contar     seguir
hasta el fondo     entre las algas nidifican

desde siempre     y quién diría que no los ha
entrevisto si ha decidido descender
en el agua       unida al agua dentro y fuera
transformada a su vez en batisfera

un medio        de transporte de sustenta-
ción            y reconocer así qué
no hace la vida para abrirse paso
qué sacrifica    tu danzar     te

papel papel    no es la calle en que
vivimos pero se le parece mucho
tiene apariencia de tierra pero se mueve
bajo los ojos      fango       no habitable

chau cantan voces de labios sucios
de plomo     a ti que estás del otro lado
de la página     somos profundos
en la rendición     libres en la vorágine

de la inocencia    tenemos gargantas que
son trampas entre los corales de preguntas
ojos que laten sin ver
no nos sirve la interpretación

chau recién nacidos de cuatro días
de quince meses tres o diez años
compañero de asilo parque patio
dice el chico que observa el diario

antes de doblar la hoja para hacer
una vela     una ballena                   no
regresen sopla un viento de piratas
tierra      una isla existirá en algún lado


Maria Luisa Vezzali (Boloña, 1964), lineamadre, Crocetti, Roma, 2007
Versión de Jorge Aulicino

* Siglas de Unità Sanitaria Locale


ballata dei bambini uccisi dalle loro madri

                   - E’ Medea la donna che avanza con piccoli teschi attaccati alla cintura?
                    - No, Media.

                     a memoria da Neil Gaiman, American Gods


mamma non lasciare in giro il giornale
molto più pieno di cose indicibili
del tripode della sibilla delfica
della sacca di Tiresia del sole

i triciclini grigi abbandonati 
sui ciottoli di giardini perfetti
i referti psichiatrici il gioco
sotto la culla        il biberon riempito

di metadone la foto del padre
affranto i nonni increduli il vicino
che forse aveva sentito qualcosa
ma in fondo persone perbene o forse

poi non tanto        ma l'usl si sa d’agosto 
non risponde        il sindaco combattuto 
tra privacy e propaganda il legale
eccellente i dogmi dell'autopsia

sopra la carta vorticano laghi
ammalati le lenze lunghe adescano
la carne più mite nutrita e offesa
da quella vecchia storia dell’amore

nemico che uccide ciò che ama senza
smettere di amarlo ma amando per sé
anche l’aria           d’ossigeno almeno una 
bolla         nell’acqua densa e piena

i narvali arrossati dei moventi
disegnano tracce contorte
non si può contarli seguire
fino in fondo        tra le alghe nidificano

da sempre e chi dirà di non averli
intravisti se ha deciso di scendere
nell’acqua unita all’acqua dentro e fuori
trasformata a sua volta in batisfera

un mezzo di trasporto di sostenta-
mento e riconoscere così cosa
non fa la vita per tenere il passo
cosa sacrifica     il tuo danzare    te

carta carta      non è la strada che
abitiamo ma le assomiglia troppo
ha parvenza di terra ma si muove
sotto gli occhi     fango     non da abitare 

ciao cantano voci da labbra sporche
di piombo a te che sei dall’altra parte 
della pagina noi siamo profondi
nella resa liberi nella voragine

dell’innocenza        abbiamo gole come
trappole tra i coralli di domande
occhi che pulsano senza vedere
non ci servono le interpretazioni

ciao appena nato di quattro giorni 
di quindici mesi tre o dieci anni
compagno di asilo parco cortile
dice il bambino che osserva il giornale

prima di piegare il foglio per farne
una vela una balena                 non vi
voltate soffia un vento di pirati
terra un'isola esisterà pure



jueves, enero 23, 2014

Marqués de Santillana / Serranillas, 2

















Serranilla I

La serrana de Boxmediano

Serranillas de Moncayo,
Dios vos dé buen año entero,
ca de muy torpe lacayo
faríades caballero.
   Ya se pasaba el verano,
al tiempo que hombre s'apaña
con la ropa a la tajaña,
encima de Boxmediano
vi serrana sin argayo
andar al pie d'un otero,
más clara que sal'en mayo,
el alba nin su lucero.
    Díjele: «Dios vos mantenga,
serrana de buen donaire».
Respondió como'n desgaire:  
«¡Ay!, qu'en hora buena venga
aquel que para Sant Payo
d'esta irá mi prisionero».
E vino a mí como rayo
diciendo: «Preso, montero».  
    Díjele: «Non me matedes,
serrana, sin ser oído,
ca yo non soy del partido,
d'esos por quien vos lo habedes.
Aunque me vedes tal sayo  
en Ágreda soy frontero,
e non me llaman Pelayo,
maguer me vedes señero».
    Desque oyó lo que decía,
dijo: «Perdonad, amigo,  
mas folgad ora conmigo,
e dejad la montería.
A este zurrón que trayo
quered ser mi parcionero,
pues me fallesció Mingayo,  
que era comigo ovejero.

Finida

    Entre Torrellas y el Fayo
pasaremos el febrero».
Díjele: «De tal ensayo,
serrana, soy placentero».  



Serranilla V

Menga de Manzanares

Por todos estos pinares
nin en Val de la Gamella,
non vi serrana más bella
que Menga de Manzanares.
    Descendiendo'l yelmo ayuso,  
contra Bóvalo tirando,
en ese valle de suso
vi serrana entrar cantando;
saluela, segund es uso,
e dije: «Serrana, estando
oyendo, yo non m'excuso
de facer lo que mandares».
    Respondiome con ufana:
«Bien vengades, caballero.
¿Quién vos trae de mañana  
por este valle señero?
Ca por toda aquesta llana
yo non dejo andar vaquero,
nin pastora, nin serrana,
sinon Pascual de Bustares.
    Pero ya, pues la ventura
por aquí vos ha traído,
convien'en toda figura,
sin ningund otro partido,
que me dedes la cintura,
o entremos a braz partido,
ca dentro en esta espesura
vos quiero luchar dos pares».
    Desque vi que non podía
partirme d'allí sin daña,  
como aquel que non sabía
de luchar arte nin maña,
con muy grand malenconía,
armele tal guadramaña
que cayó con su porfía  
cerca d'unos tomellares.

Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana (Carrión de los Condes, 1398-Guadalajara, España, 1458), Obras completas, Fundación José Antonio de Castro, Madrid, 2002
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

miércoles, enero 22, 2014

Marcos Siscar / Trescientos años Voltaire nacía

















verter el café en un día sin color el cálculo
del azúcar la cuchara inútil girando
pero mirando desde dentro de la espiral de humo
mil poetas absortos no obstante muertos
tal vez se digan que romper esta taza
bastaría para cambiar la vida changer la vie
decidí ser feliz hace bien a la salud
dice uno de ellos libre me he unido al aniversario
de su ausencia flor de ébano glauca

Marcos Siscar (Borborema, São Paulo, 1964),  versión de Aníbal Cristobo


Foto: Marcos Siscar en Kriller 71 Ediciones

martes, enero 21, 2014

Carl Sandburg / Tres poemas breves
















Niebla

La niebla llega
con pisadas de gato.
Se sienta silenciosa
para observar el puerto y la ciudad.
Después
se marcha.


Astilla

El canto del último grillo
atraviesa el frío de la primera nevada
y de ese modo se despide de nosotros.
Esa astilla delgada que canta.


Elige

Un solo puño alzado, listo,
o la mano abierta, tendida, con su pregunta.
Elige:
en uno de los dos hemos de encontrarnos.

Carl Sandburg (Galesburg, Illinois, 1878 -Flat Rock, Carolina del Norte, 1967), Harvest Poems, Harcourt, Brace and World, Nueva York, 1960
Versiones de Eduardo Conde

lunes, enero 20, 2014

Edwin Muir / Los caballos














Al final de la tarde, apenas un año después
de la guerra de siete días que hizo dormir al mundo,
los extraños caballos regresaron.
Por entonces ya habíamos sellado nuestro pacto con el silencio,
pero aquellos primeros días todo estaba tan quieto
que el sonido de nuestra propia respiración nos asustaba.
Al segundo día
las radios se estropearon; movíamos el dial; ningún sonido.
Al tercer día un barco de guerra pasó ante nosotros en dirección norte,
sembrado de cadáveres en cubierta. Al sexto día
un avión cayó al mar sobre nosotros. A partir de ese instante,
nada. Las radios mudas;
y ahí siguen, en un rincón de nuestras cocinas,
y siguen encendidas, tal vez, en un millón de habitaciones
de todo el mundo. Pero ahora, si rompieran a hablar,
si de pronto les diera por hablar,
si al dar las doce una voz nos hablara,
no le haríamos caso, dejaríamos fuera
ese mundo maligno que engulló a nuestros hijos
de un bocado. No habría vuelta atrás.
A veces pensamos en las naciones que duermen,
arropadas ciegamente en un dolor impenetrable,
y la extrañeza de esta idea nos confunde.
Los tractores descansan en los campos; cuando se pone el sol
parecen acecharnos y esperar como monstruos marinos.
Están bien donde están, cubriéndose de herrumbre:
«Que acaben de pudrirse, nos servirán de abono».
Hacemos que los bueyes tiren de los viejos arados,
los mismos que juntaban polvo. Hemos vuelto
para ensanchar la tierra de nuestros padres.
                                                                    Entonces esa noche
al final del verano los extraños caballos regresaron.
Oímos un lejano retumbar en el camino,
un traqueteo cada vez más violento; se detuvo, luego empezó de nuevo
y al doblar el recodo se transformó en un clamor vacío.
Cuando vimos las cabezas
como una gran ola salvaje tuvimos miedo.
Habíamos vendido los caballos en época de nuestros padres
para comprar tractores nuevos. Y nos eran extraños
como corceles fabulosos en antiguos escudos
o ilustraciones de un libro de caballerías.
No nos atrevíamos a acercarnos. Sin embargo esperaron,
testarudos y tímidos, como si tiempo atrás
hubieran recibido la orden de encontrarnos
y revivir el lazo arcaico que dábamos por perdido.
En un primer momento no pensamos siquiera
que aquellos seres se dejaran domar o utilizar.
Había en la manada media docena de potrillos
paridos entre ruinas, en terreno salvaje,
y aun así frescos como si hubieran emergido de un edén propio.
Desde entonces arrastran los arados y llevan nuestras cargas,
pero esa libre servidumbre nos sigue traspasando el corazón.
Nuestra vida ha cambiado; en su venida está nuestro comienzo.


Edwin Muir ( Deerness,1887 – Cambridge 1959)
Versión de Jodi Doce en Perros en la Playa


The Horses

Barely a twelvemonth after
The seven days war that put the world to sleep,
Late in the evening the strange horses came.
By then we had made our covenant with silence,
But in the first few days it was so still
We listened to our breathing and were afraid.
On the second day
The radios failed; we turned the knobs; no answer.
On the third day a warship passed us, heading north,
Dead bodies piled on the deck. On the sixth day
A plane plunged over us into the sea. Thereafter
Nothing. The radios dumb;
And still they stand in corners of our kitchens,
And stand, perhaps, turned on, in a million rooms
All over the world. But now if they should speak,
If on a sudden they should speak again,
If on the stroke of noon a voice should speak,
We would not listen, we would not let it bring
That old bad world that swallowed its children quick
At one great gulp. We would not have it again.
Sometimes we think of the nations lying asleep,
Curled blindly in impenetrable sorrow,
And then the thought confounds us with its strangeness.
The tractors lie about our fields; at evening
They look like dank sea-monsters couched and waiting.
We leave them where they are and let them rust:
'They'll molder away and be like other loam.'
We make our oxen drag our rusty plows,
Long laid aside. We have gone back
Far past our fathers' land.
                    And then, that evening
Late in the summer the strange horses came.
We heard a distant tapping on the road,
A deepening drumming; it stopped, went on again
And at the corner changed to hollow thunder.
We saw the heads
Like a wild wave charging and were afraid.
We had sold our horses in our fathers' time
To buy new tractors. Now they were strange to us
As fabulous steeds set on an ancient shield.
Or illustrations in a book of knights.
We did not dare go near them. Yet they waited,
Stubborn and shy, as if they had been sent
By an old command to find our whereabouts
And that long-lost archaic companionship.
In the first moment we had never a thought
That they were creatures to be owned and used.
Among them were some half a dozen colts
Dropped in some wilderness of the broken world,
Yet new as if they had come from their own Eden.
Since then they have pulled our plows and borne our loads
But that free servitude still can pierce our hearts.
Our life is changed; their coming our beginning. 

domingo, enero 19, 2014

Erika Martínez / Carga y descarga














Los técnicos de equipaje caminan erguidos, a cámara
    lenta, con la figura desdibujada por el calor de los
    motores. Llevan cascos amarillos para aislarse de un
    estruendo que tampoco se escucha dentro del avión:
    película muda a ambos lados de la ventanilla.

Los técnicos de equipaje vienen de Bolivia, Marruecos,
    Zambia. Cargan, descargan maletas que han hecho tantos
    kilómetros como ellos pero mucho más rápido. Las
    maletas no necesitan pasaportes, visados, asilo: tienen
    pegatinas.

Los técnicos de equipaje se fajan la cintura como un luchador
    de sumo antes de salir al ring. Son hermosos como eran
    hermosos los proletarios de Pasolini, que los imaginó
    hedonistas con un clasismo a su manera. Pasolini
    al que escupieron, violaron, lincharon, Pasolini que
    también era hermoso a su manera.

Los técnicos de equipaje visten monos azules aunque la
    empresa que los contrata cultiva el respeto a la diferencia.
    Cuando salen llevan todos los mismos vaqueros,
    zapatillas, camisetas estampadas. El capitalismo es un
    uniforme.

Los técnicos de equipaje son muy feos porque lo perdieron
    todo y viajaron para comer basura, para cargar, descargar
    maletas hasta volverse feos. Miran a los pasajeros
    que los miran a través de la ventanilla y piensan: qué
    hermosos, qué feos son mientras trasladan nuestras
    maletas con souvenires procedentes de Bolivia,
    Marruecos, Zambia, donde fuimos a hacer juegos de
    supervivencia.

Los técnicos de equipaje saben que cuatro maletas pesan
    igual que el cuerpo de un técnico de equipaje.

Erika Martínez (Jaen, 1979), El falso techo, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2013

sábado, enero 18, 2014

Raúl González Tuñón / Surprise party en Madrid
















7 de noviembre

(1936)

Quevedo entró sonriendo -cojeaba un poco- y mirando por el rabillo del ojo a Fray Luis de Granada, Baltasar Gracíán y Fray Luis de León, los primeros en acudir a la cita.
Luego entraron juntos Fernando de Rojas y Santa Teresa, lo que no dejó de causar cierto regocijado asombro a Quevedo.
Lope de Vega llegó con varios Autores Anónimos, cantando unas coplas que hablaban de la villa de Madrid, insobornable y heroica.
El Marqués de Santillana, el Arcipreste y Gonzalo de Berceo saboreaban un vino de soldado como si fuera de primera, pasándose la bota a cada instante.
Jorge Manrique apareció después. Le acompañaba el Autor Anónimo del "Mío Cid".
Fuera, don Luis de Góngora se alegraba de volver a ver un Madrid ennoblecido por el dolor.
Al mismo tiempo Velázquez, el Greco, Murillo y Goya contemplaban con distintos ojos e idéntico ardor el mismo cielo cuyos secretos conocían de antiguo,
Bécquer entró solo, con una lágrima en la corbata.
Le seguía Espronceda, con un ramo de siemprevivas. (Aprovecharía para visitar la tumba de Teresa).
Luego entró Larra (con el trabuco que pensaba donar a las milicias). ¡Qué irresistible simpatía la suya!
Pérez Galdós y Ganivet entraron juntos. El primero apoyado en su bastón rugoso y el segundo con el rostro verdoso, lejano y triste.
Todos daban muestras de impaciencia cuando apareció Valle Inclán haciendo el saludo antifascista con la mano que le faltaba, y todos se alegraron.
De pronto se produjo un gran silencio.
Federico García Lorca hizo su entrada.
Estaba un poco pálido, pero sonrió a todos. ¡Que irresistible simpatía la suya!
Santa Teresa se acercó a él, dándole un beso en la frente (en la que se veía un agujero rojo).
Pedro Espinosa, Garcilaso, el Conde de Villamediana y Calderón, que llegaron enseguida, sentáronse a su lado.
Después vino la oscuridad.
Todos se reunieron en el fondo del templo vacío, donde únicamente había quedado el Cristo de madera pintada (obra de Juan de Juanes, que estaba presente, con Berruguete) y al cual, con gran contento suyo, los obreros habían puesto esta leyenda colgada del pecho ensangrentado:
"Tú eres de los nuestros".
Fue entonces cuando el templo se iluminó. Con la luz, luz él mismo, llegó Don Quijote. (Era fácil reconocer en él a Cervantes).
Después de saludar con una inclinación de cabeza levantó levemente la lanza señalando hacia el oeste de la ciudad.
Todos se incorporaron.
Encaminóse a la puerta del templo.
Todos le siguieron.
Silenciosamente atravesaron la plaza de Santa Ana y continuaron andando por las calles, entre banderas, carteles, explosiones de júbilo y coraje, hacia el oeste de la ciudad.
Ellos podían ver, pero a ellos no los veían.
En el oeste de la ciudad había comenzado la lucha.
Pasaron, apartando cadáveres.
Parecía que de un momento a otro, pese a la bravura del pueblo en armas, los agentes del extranjero, los generales traidores y la tropa mercenaria iban a lograr su propósito: ocupar y arrasar la ciudad.
Don Quijote (era fácil reconocer en él a Cervantes) alzó la lanza sobre el suelo ardido del barrio de Argüelles,
Luego guió a los demás hasta el Paseo de Rosales.
Entrada la noche recorrieron todo el costado de la cintura amenazada de la ciudad de Castilla.
Allí donde ellos se detenían, allí donde la lucha era más terrible, allí donde caían los bravos del pueblo, allí se hacía más fuerte Madrid.
Allí fue contenida la avalancha.
Y las sombras volvieron a su mundo de perfecta sombra. Quiero decir, de perfecta luz.

Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "Las puertas del fuego", 1938, La luna con gatillo, Tomo I, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1957

viernes, enero 17, 2014

Fabio Morábito / No he amado bastante...












NO HE amado bastante
las sillas.
Les he dado siempre
la espalda
y apenas las distingo
o las recuerdo.
Limpio las de mi casa
sin fijarme
y solo con esfuerzo puedo
vislumbrar
algunas sillas de mi infancia,
normales sillas de madera
que estaban en la sala
y, cuando se renovó la sala,
fueron a dar a la cocina.
Normales sillas de madera,
aunque jamás
se llega a lo más simple
de una silla,
se puede empobrecer
la silla más modesta,
quitar siempre un ángulo,
una curva,
nunca se llega al arquetipo
de la silla.
No he amado bastante
casi nada,
para enterarme necesito
un trato asiduo,
nunca recojo nada al vuelo,
dejo pasar la encrespadura
del momento, me retiro,
solo si me sumerjo en algo existo
y a veces ya es inútil,
se ha ido la verdad al fondo
más prosaico.
He amortiguado el brillo
creyéndolo un ornato,
y cuando me he dejado seducir
por lo más simple,
mi amor a la profundidad
me ha entorpecido.

Fabio Morábito (Alejandría, 1955, radicado en México), "Alguien de lava", 2002, Ventanas encendidas. Antología poética, Visor, Madrid, 2012

jueves, enero 16, 2014

Joaquín Valenzuela / Dos poemas













puede haber cualquier trapo entre las cortaderas
un mechón de lana
una sospecha enganchada al
alambrado en tu vereda.
una prueba
de abandono

puede haber otra vida entre la yuca
otra ciudad
más atlántica y perdida


era puro humo la tormenta
smog de smoke no smoking de las fábricas
puertos orilleros puestos en patas
nenes sin aliento que se les suben en
negro entre sus perros potrillos a las cañas
el ombú de aglomerado que se abre y en su
fibra se desgrana la
chapa cae la lente cae del cielo y sube al
sauce con una tos grave sin ojotas
un pelo crece por las casas
una pasta se pega a los colchones se
hunde el pie entre pollos la gallina hace
su calle sale un chasis salen
bolsas batatas cordilleras de
cables de piñas de pañales


Joaquín Valenzuela (Dolores, Buenos Aires, 1971), La casa del deshielo, Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2013

Foto: Joaquín Valenzuela en FB

miércoles, enero 15, 2014

Alberto Girri / Tu psiquis, cueva

















Tu psiquis, cueva
de idiotismos, asociaciones
con y sin significado,
incoherencia y orden, subterránea
gloria de lo inviolable,
                           recinto
de prácticas anhelosas
de la figura de la madre,
de fundirte con el padre,
                           cielo
regresivo, infantil, narcisista,
                           Eros
agitándose en contradicciones,
                           vergonzante y premioso
invocar a Tiresias
para que presencie, te defina
el sacudir del amor,
                          brotes imaginativos
con tipos ideales de burdeles
concebidos como religiones ideales,
                         y reclamos
por una identidad adulta
que tarda en venirte,
no te llegará a tiempo.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Valores diarios", 1970, Obra poética II, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1978


Foto: Alberto Girri, 1988, por Luis Barreiro, en Javier Barreiro

martes, enero 14, 2014

Pablo Anadón / Mariposas blancas













Demasiado dolor
para este solo día
que dura nuestra vida.

¿Es así, sin remedio,
como una enfermedad
mortal, o es nuestra la impericia
para hallar el diagnóstico, la cura?

Ahí están, por ejemplo,
la luz de enero entre las hojas verdes,
el café negro, el vaso de agua fresca,
el ruido -vida al fin- por la avenida
y esas pequeñas mariposas blancas
que han invadido la ciudad
en estos días…

                        ¿Por qué pesan más
en el pecho las pérdidas sabidas
que esas apariciones milagrosas
que aletean como ángeles
vacilantes,
extraviados en medio de las calles?

Alguna clave se nos ha perdido.


Córdoba, 11-I-14

Pablo Anadón (Villa Dolores, Córdoba, 1963)



lunes, enero 13, 2014

Theodore Roethke / Tres poemas breves














El asno

Tuve un Asno que se portaba muy bien,
Pero siempre quería remontar mi Cometa;
Cada vez que se lo permitía el Hilo se cortaba.
Tu Asno se conduce mejor, espero.


El cielo raso

¿Y si el Cielo Raso saliera
Y tomase Frío y al Instante Muriese?
La sola Cosa que tendríamos como Prueba
De que se fue sería el Tejado;
Pero pienso que la Mayor Revelación
Consistiría en descubrir cómo se siente el Cielo Raso.


El hipopótamo

¿Qué le falta, la Cabeza o la Cola?
¡Creo que es su Adelante lo que retrocede!
Vive de Zanahorias, Puerros y Heno;
Para bostezar necesita un Día Entero...

A veces pienso que viviré así.


Theodore Roethke (Saginaw, Michigan, 1908- Bainbridge Island, Washington, 1963), Poemas, versión y prólogo de Alberto Girri, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1979


The Donkey

I had a Donkey, that was all right,
But he always wanted to fly my Kite;
Every time I let him, the String would bust.
Your Donkey is better behaved, I trust.


The Ceiling

Suppose the Ceiling went Outside
And them caught Cold and Up and Died?
The only Thing we'd have for Proof
That he was Gone, would be the Roof;
I think it would be Most Revealing
To find out how the Ceiling's Feeling.


The Hippo

A Head or Tail - which does he lack?
I think his Forward's comming back!
He lives on Carrots, Leeks and Hay;
He starts to yawn - it takes All Day -

Some time I think I'll live that way.

domingo, enero 12, 2014

Lew Welch / Tres poemas
















La imagen, como en un hexagrama

La imagen, como un hexagrama:

El ermitaño cierra la puerta contra la ventisca.
Conserva cálida la cabaña.

Se pasa el invierno clasificando cuanto tiene.
Lo que bien empezó, bien terminará.
Lo que no, debería desecharse.

Al llegar la primavera, emerge cubierto con una sola prenda
y con un único libro.
La cabaña está muy limpia.

Excepto por eso, jamás sospecharías
que alguien vivía allí.


Poemas circulares

Cada vez que tengo un día libre, escribo un poema.
¿Significa esto que uno no debería trabajar o que
escribes mejor en tu día libre?

Por ejemplo, éste es el poema que he escrito hoy.

**

Cuando tenía veinte años comprendió algunos de los secretos de
la vida y se comprometió a registrarlos por escrito de manera tan sencilla que
hasta un idiota podría entenderlo.
“Porque”, razonó, “si no puedo hacerlo, no
lo entiendo.”

Comprobó que estaba en lo cierto.
Cuando tuvo cincuenta años, no lo entendía.

**

Querida Joanne

Querida Joanne,

Anoche Magda soñó que ella,
tú, Jack y yo recorríamos Italia.

Aparcábamos en Florencia y dejábamos
a nuestro perro vigilando el coche.

Estaba preocupada porque
no entendía el italiano.

Sumisión anónima.


Lew Welch (Phoenix, Arizona, 1926- Sierra Nevada, California, 1971),  Ring of Bone: Collected Poems of Lew Welch, City Lights Books, San Francisco, 2012
Versiones de Jonio González



The image, as in a Hexagram

The image, as in a Hexagram:

The hermit locks his door against the blizzard.
He keeps the cabin warm.

All winter long he sorts out all he has.
What was well started shall be finished.
What was not, should be thrown away.

In spring he emerges with one garment
and a single book.

The cabin is very clean.

Except for that, you'd never guess
anyone lived there. 


Circle Poems

Whenever I have a day off, I write a new poem.
Does this mean you shouldn’t work, or that you
write best on your day off?
  
For example, this is the poem I wrote today.
  
  **
When he was 20, he understood some of the secrets of
 life, and undertook to write them down so simply that
 even an idiot could understand.
 “For,” he reasoned, “if I can’t do that, I don’t
 understand it myself.”
  
 He proved himself right.
 When he was 50, he didn’t understand it himself.

**

Dear Joanne

Dear Joanne,

Last night Magda dreamed that she,
you, Jack, and I were driving around
Italy.

We parked in Florence and left
our dog to guard the car.

She was worried because he
doesn't understand Italian.

Anonymous submission.


Foto: Lew Wech (izq.) con Allen Ginsberg

sábado, enero 11, 2014

Jonio González / Dos poemas















9

se internó en el mercado
a la sombra de los toldos
entre el olor de las especias
y el brillo de la plata
avanzó entre rostros sin edad
mientras el mar se abría
a sus espaldas
y oía el piafar de los caballos
el rumor de los trenes
en las vías secundarias

de La invención de los venenos, inédito



La felicidad pide permiso

si al lavarme las manos
desaparece la tinta

ah entonces
el amor se echa a reír
rendido
sobre el lecho

¿y ese papel en blanco
que asoma
en el bolsillo de la bata?

como el antifaz de un loco

de Últimos poemas de Eunice Cohen, Plaza y Janés, Barcelona, 1999


Jonio González (Buenos Aires, 1954)

viernes, enero 10, 2014

María Esther Vázquez / En el descolorido paño verde



















(julio 2013)

En el descolorido paño verde
que exacto cubre las teclas del piano
hay tres notas bordadas y un vago pentagrama
que las sostiene como una abierta mano.
No hay una melodía en la mínima línea,
sólo el recuerdo de los marchitos dedos
sosteniendo la aguja en el adorno inútil.
Alguien bajó la tapa y una descolorida
punta verde se asoma sorprendida
del lado de los graves.
Nadie advirtió el detalle
porque han vuelto a morir
las melodías de Schubert y
el Beethoven de las sonatas tristes y aquel
Doménico Scarlatti, a veces sttacato;
un liviano juguete bajo sus bellas manos
reveladas en las fotografías dispersas por la casa.
Una, en que de niño, se adivinan las lágrimas
en la boca crispada por caprichos negados.
De adolescente tímido, a joven ya consciente
de su alta estatura y su figura amable,
de sus ojos tan claros, de su sonrisa cálida
y de su voz alzada sobre toda belleza
de los versos amados.
Llenan la casa sus fotografías y su presencia
sube, silenciosa, hasta el cuarto más alto.
Porque nunca se ha ido,
está seguro aquí, al lado.
Sonriendo, como siempre,
tolerando sin ganas la estupidez ajena
que nunca entiende nada.
Se ha detenido el péndulo del reloj.
Y aunque se le da cuerda
los sábados de mañana
ceremonia ya hábito
no se oye el sonido de las horas
ni la media ni el cuarto
y el diario se ha caído, sin abrir, olvidado.

María Esther Vázquez (Buenos Aires, 1937),  Estrategia de la pena (inédito)

jueves, enero 09, 2014

Leopoldo María Panero / Mutis













Era más romántico quizá cuando
arañaba la piedra
y decía por ejemplo, cantando
desde la sombra a las sombras,
asombrado de mi propio silencio,
por ejemplo: "hay
que arar el invierno
y hay surcos, y hombres en la nieve"
Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura.

Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-Las Palmas de Gran Canaria, 2014), El que no ve, Ediciones de la Banda de Moebius, Madrid, 1980
Via Romanticismo y Verdad

miércoles, enero 08, 2014

Marguerite Yourcenar / No debí dudar...












No debí  dudar; debí acudir
debí llamar; no debí callar.
He seguido por demasiado tiempo mi camino solitario;
nunca presentí  que fueras a morir.

Nunca presentí  que vería agotarse
el manantial en el que una bebe y se refresca;
No comprendí que bajo la tierra yacen
frutos amargos y dulces que la muerte debe madurar.

El amor no es más que un nombre, la existencia sólo un número;
bajo la ruta del sol yo encontré tu sombra;
mis remordimientos tropiezan con los ángulos de una tumba.

La muerte, menos indecisa, te ha alcanzado.
Si piensas en nosotras tu corazón se compadece
porque una queda ciega cuando se extingue una antorcha.


Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903- Northeast Harbor, Maine, 1987), Les Charités d’Alcippe, Gallimard, 1929
Versión de Marina Kohon


Je n'ai su que'hésiter…

Je n’ai su qu’hésiter ; il fallait accourir ; 
Il fallait appeler ; je n’ai su que me taire. 
J’ai suivi trop longtemps mon chemin solitaire ; 
Je n’avais pas prévu que vous alliez mourir. 

Je n’avais pas prévu que je verrais tarir 
La source où l’on se lave et l’on se désaltère ; 
Je n’avais pas compris qu’il existe sur terre 
Des fruits amers et doux que la mort doit mûrir. 

L’amour n’est plus qu’un nom ; l’être n’est plus qu’un nombre; 
Sur la route au soleil j’avais cherché votre ombre ; 
Je heurte mes regrets aux angles d’un tombeau. 

La mort moins hésitante a mieux su vous atteindre. 
Si vous pensez à nous votre cœur doit nous plaindre. 
Et l’on se croit aveugle à la mort d’un flambeau.

martes, enero 07, 2014

Jorge Posadar / Dos poemas













arseni tarkovski viaja a leningrado 

se dirige a un salón donde sologub recita
sobre mirlos
que en la tormenta se convierten en polvo

arseni aguarda el final de la tertulia

entrega a sologub unas hojas
el poeta lee

sus poemas son malos pero no se desanime 
escriba y escriba quizá algo surja después 

arseni regresa a su pueblo
durante décadas mira caballos
y la muerte de esos caballos

por las noches deja que los insectos
invadan la habitación de su mujer


de La belleza son los aeropuertos vacíos, Liliputienses, España, 2013



Miro esas películas con De Niro joven...

Miro esas películas con De Niro joven,
resultan más demoledoras que cualquier espejo.

Me percato de las horas desperdiciadas,
de la obsesiva gordura,
de la calvicie incipiente.

De Niro pasó de ser Travis
a esos personajes de ocasión:
policía, amante, maestro;
papeles que requieren apenas leer adecuadamente las líneas.

Debí hacer lo mismo:
cumplir con mi obligación de pater familia
y desmentir la felicidad de los otros cuerpos.

Como él, debí aceptar que lo más difícil
es hacer bien los papeles mediocres.


de Costa sin mar, UAM, México, 2012


Jorge Posada (San Luis de Potosí, México, 1980)


Foto: Jorge Posada-Costasinmar en el Festival Poesía y Movimiento en el Metro de México, 2012

lunes, enero 06, 2014

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 17














La mano que tiembla

Por naturaleza estoy dentro de la pelea,
por edad estoy fuera de ella -
la ambigüedad está ratificada por la relación ambigua
entre contigüidad y semejanza -¡gracias, viejo Jakobson!,
que no por nada te fundas no sólo en Poe, sino en Valéry -
pongamos un poco de oscuridad, él de hecho decía -
y es lo que hago cuando sonrío como quien está fuera de la pelea,
Y VICEVERSA - y es lo que hago cuando diciendo cosas claras
"les meto oscuridad" y, naturalmente, VICEVERSA -
pero nadie olvida que, como las fábulas,
también las estructuras tienden a repetirse, a no cambiar
y si una corriente literaria ha sido reaccionaria,
ésa ha sido el simbolismo, sin embargo...
l'excitation prolongée entre le sens e le son...
quien está fuera de la pelea es, se entiende, un poco reaccionario,
pero también quien está dentro lo es; un poco reaccionario es quien es claro,
con todas sus comas, y quien ayuda a la natural ambigüedad
creando adrede los obstáculos. ¿Por qué no decirlo?

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


La man che trema

Per natura sono dentro la mischia,
per età sono fuori -
l'ambiguità è ribadita dal rapporto ambiguo
tra contiguità e similarità - grazie, vecchio Jakobson!
che non per nulla ti fondi oltre che su Poe, su Valéry -
mettiamoci un po' di oscurità, egli infatti diceva -
è quello che faccio quando sorrido come chi è fuori della mischia,
E VICERVERSA - ed è quello che faccio quando dicendo cose chiare
"ci metto dell' oscurità", e, naturalmente, VICEVERSA -
ma nessuno dimentica che come le fiabe
anche le strutture tendeno a ripetersi, a non cambiare
e se una corrente letteraria è stata reazionaria
questa è stata il simbolismo, tuttavia...
l'excitation prolongée entre le sens e le son...
chi è fuori della mischia è, si capisce, un po' reazionario,
ma anche chi è dentro lo è; un po' reazionario è chi è chiaro,
con tutte le sue virgole, e chi aiuta la naturale ambiguità
creando apposta degli ostacoli. Perché non dirlo?

domingo, enero 05, 2014

Pier Paolo Pasolini / De "Trashumanar y organizar", 16















Dutschke *

Durante todo el período en que no habías nacido,
yo he razonado. No sé en el vientre de qué madre estabas.
No fecundé yo a esa mujer, eso es cierto.
Sin embargo, si considero el largo período de tiempo
que pasó por mí después del nacimiento y por ti antes,
no hay dudas: te soy padre.
¿Por qué entonces te miro con ojos de hijo?
Nuestra experiencia tiene las mismas palabras, nuestra razón
tiene el mismo léxico. Pero tú, más allá de lo que es tuyo,
tienes también lo que es mío; y esto es lo que te vuelve más adulto.
De mis años prenatales no he podido atesorar nada, yo.
Se han borrado de mi experiencia, inútil tragedia.
No he usado una sola palabra
usada por mis padres (salvo para augurarles el Infierno).
Su criminalidad y su odio por la razón
son puros y simples pesos en mi vida.
También yo, naturalmente, he recorrido
un largo camino en el vientre de mi madre y he llegado,
como un bárbaro indescifrable, provisto de toda exquisitez
-de una extraña e inadmisible madurez-, a esta tierra.
No fui recibido con amor. No me miraron con ojos filiales.
Nadie se asombró por mi amarga sabiduría.
Tuve sobre mí ojos de padres... Pero basta con esta historia.
Están muertos, acompañados por mi maldición, por mi indiferencia
o por mi piedad. Ahora yo, en cambio, toda mi experiencia te la he dado.
Y por lo tanto tienes la tuya más la mía: y esto te da una autoridad ... paterna.
Pendo de tus labios, que dicen novedades,
incubadas en aquel largo período prenatal en el que yo operaba
(ingenuamente, de muchacho) ¿Cuál es la novedad?
Ni siquiera tú, finalmente, sabrás decirla. Otras historias prenatales
se están ya desarrollando en los umbrales del mundo, de nuevo viejo.
¿La fundación de un Partido Comunista en Alemania?
¡Cuántos obstáculos, cuántas oposiciones, cuántas contrariedades,
cuántas imposibilidades históricas debidas a ajustes ya definitivos!
En Frankfurt se espera. En Heidelberg se estudia en medio del aburrimiento.
La burguesía de cuyas entrañas misteriosamente has nacido,
lo vi con mis ojos, tiene rostros blancos como lápidas:
¡no te dejes engañar por su buena voluntad,
por su atormentada sensibilidad, por su cómica timidez!
Están todos aterrorizados, padre mío, jefe. Y tus jóvenes coetáneos
van por el camino principal, no por los senderos.

* Por encargo de la revista Tempo

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino

Nota del traductor: Sin duda Dutschke es Alfred Willi Rudolf Dutschke (1940-1979), conocido como Rudi Dutschke, uno de los líderes del llamado, genéricamente, "movimiento del 68", que nació en las Universidades y se extendió por distintos países europeos. Dutschke militó en la Juventud Comunista de la ex RDA y se fugó luego a Berlín Occidental. Estudió sociología en la Universidad Libre y se unió a la federación de estudiantes. Ante el giro radical que tomó el movimiento estudiantil en cuanto a los modos de lucha, Dutschke, partidario de un marxismo con base cristiana, pergeñó una controvertida idea de "larga marcha a través de las instituciones". Fue víctima de un atentado en Londres en 1968, al que sobrevivió, aunque las heridas de bala que recibió en la cabeza le provocaron trastornos nerviosos severos. Murió en medio de un ataque de epilepsia durante su nuevo exilio, en Dinamarca, en 1979.

Dutschke *

Per tutto il periodo in cui tu non era nato,
io ho ragionato. Non so nel ventre di quale madre tu stavi.
Non l'ho fecondata io, quella donna, questo è certo.
Eppure, se considero il lungo periodo di tempo
che per me passò dopo la nascita e per te prima,
non c'è dubbio: ti sono padre.
Perché allora ti guardo con l'occhio del figlio?
La nostra esperienza ha le stesse parole; la nostra ragione
ha lo stesso lessico. Ma tu, oltre a ciò ch' è tuo,
hai anche ciò ch'è mio: è questo che ti rende più adulto.
Dei miei anni prenatali non ho potuto far tesoro, io.
Si sono cancellati dalla mia esperienza, inutile tragedia.
Non ho mai usato una sola parola
usata dai miei padri (eccetto che per augurargli l'Inferno).
La loro ciminalità e il loro odio per la ragione
sono dei puri e semplici pesi nella mia vita.
Anch'io ho naturalmente percorso
un lungo cammino nel ventre di mia madre, e sono giunto,
come un barbaro indecifrabile, e formito di ogni squisitezza
-di una strana e inammissibile maturità- su questa terra.
Non fui accolto con amore. Non mi si guardò con occhi figliali.
Non ci stupì per la mia acerba sapienza.
Ebbi su me occhi di padri... Ma basta, con questa storia.
Sono morti, accompagnati dalla mia maledizione, dalla mia indifferenza
o dalla mia pietà. Ora, io, invece, tutta la mia esperienza te l'ho data.
E dunque hai la tua più la mia: e ciò ti dà un'autorità... paterna.
Pendo della tue labbra, che dicono novità,
covate in quel lungo periodo prenatale, in cui io operavo
(ingenuamente, da ragazzo). Qual è questa novità?
Neanche tu, alla fine, saprai dirla. Altre storie prenatali
si stanno già svolgendo alle soglie del mondo di nuovo vecchio.
La fondazione di un Partito Comunista in Alemania?:
Quanti ostacoli, quante opposizioni, quante contrarietà:
quante impossibilità storiche dovute ad assestamenti ormai definitivi!
A Francoforte si spera. Ad Heidelberg si studia, tra la noia.
La borghesia dalle cui viscere misteriosamente sei nato,
l'ho vista coi miei occhi, ha visi bianchi come lapidi:
non lasciarti ingannare dalla loro buona volontà,
dalla loro tormentata sensibilità, dalla loro comica timidezza!
Sono tutti terrorizzati, padre mio, capo. E tuoi giovani coetanei
vanno per la strada maestra, non per i sentieri.

* Su commissione della rivista Tempo.


sábado, enero 04, 2014

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 15















Un afecto y la vida

Tengo un afecto más grande que cualquier amor
sobre el cual exponer inutilizables deducciones -
Todas las experiencias del amor
son de hecho restituciones misteriosas de aquel afecto
en el cual se repiten idénticas.
Estoy ligado a él
porque me impide otros.
Pero soy libre porque soy un poco más libre de mí mismo.
La vida pierde interés porque se ha reducido a un teatro
en el que las fases de ese afecto se desarrollan:
y así he perdido la embriaguez de tener caminos desconocidos
para tomar cada noche
(al viejo viento que anuncia cambios de horas y de estaciones).
Pero qué embriaguez en el poder decir "no viajo más".
Todo es monótono porque en todo no hay más
que un cierto destello de ojos,
un cierto modo de correr un poco cómico,
un cierto modo de decir "Paolo", y un cierto modo
de atormentarse a causa de la resignación.
Pero todo queda en tal vez por temor a que algo cambie.
En todo amor hay una fusión entre la persona que se ama
y cualquier otro, y esto es natural. En el afecto
eso parece en cambio tan innatural:
la fusión ocurre a tal profundidad
que no es posible explicarla, encontrarle motivos
por los cuales congratularse, cualquiera sea, de la propia suerte.
La ternura que tal afecto impone
en lo profundo no conduce ni a fecundar
ni a ser fecundado, aunque sea jugando;
y sin embargo se sucumbe a él
con la misma sensación de precipitarse en el vacío
que se experimenta al arrojar el semen, cuando se muere
y uno se vuelve padre. En fin (¡pero cuántas cosas
se podrían decir todavía!),
aunque parezca absurdo, por un afecto así
se podría dar la vida. Es más, creo
que este afecto no es más que un pretexto
para saber que se tiene una posibilidad -la única-
de deshacerse sin dolor de uno mismo.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Trasumanar e organizzar", 1971, Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


Un affetto e la vita

Ho un affetto più grande di qualsiasi amore
su cui esporre inutilizzabili deduzioni -
Tutte le esperienze dell'amore
sono infatti rese misteriose de quell'affetto
in cui si ripeteno identiche.
Sono legato da esso
perché me ne impedisce altri.
Ma sono libero perché sono un po' più libero da me stesso.
La vita perde interesse perché si è ridotta a un teatro
in cui le fasi di questo affetto si svolgono:
e così ho perso l'ebbrezza de avere strade sconosciute
da prendere ogni sera
(al vecchio vento che annuncia cambiamenti di ore e stagioni).
Ma che ebbrezza nel poter dire: "Io non viaggio più".
Tutto è monotono perché in tutto non c'è altro
che un certo luccichio di occhi,
un certo modo di correre un po' buffo,
un certo modo di dire "Paolo", e un certo modo
di straziare a causa della rassegnazione.
Ma tutto è messo in forse dal terrore che qualcosa cambi.
In ogni amore c'è una fusione tra la persona che si ama
e qualcun altro: ma ciò è naturale. Nell'affetto
ciò sembra invece così innaturale:
la fusione avviene a tali profondità
che non è possibile darne spiegazioni, trarne motivi
per congratularsi, comunque essa sia, della propria sorte.
La ternezza che tale affetto impone
al profondo, non conduce né a fecondare
né a essere fecondati, anche se per gioco;
eppure si soccombe ad esso
con lo stesso senso di precipitare nel vuoto
che si prova gettando il seme, quando si muore
e si diventa padri. Infine (ma quante altre
cose si potrebbero ancora dire!),
benché sembri assurdo, per un simile affetto
si potrebbere anche dare la vita. Anzi, io credo
que questo affetto altro non sia che un pretesto
per sapere di avere una possibilità -l'unica-
di disfarsi senza dolore di se stessi.



viernes, enero 03, 2014

Cesare Pavese / Paisaje V















Las colinas insensibles que llenan el cielo
están vivas al alba; después se quedan inmóviles
como si fueran siglos, y el sol las mira.
Recubrirlas de verde sería una dicha,
y en el verde, dispersas, la fruta y las casas.
Cada planta, al alba, sería un vida
prodigiosa, y las nubes tendrían un sentido.

Nos falta sólo un mar que resplandezca fuerte
y que inunde la playa con un ritmo monótono.
Sobre el mar no crecen plantas, no se mueven hojas:
cuando llueve sobre el mar, cada gota se pierde,
como el viento sobre estas colinas, que busca las hojas
y no encuentra más que piedras. Es un momento al alba:
se dibujan sobre la tierra las siluetas oscuras
y las manchas bermejas. Después, vuelve el silencio.

¿Tienen un sentido las cuestas arrojadas al cielo
como casas de una gran ciudad? Están desnudas.
Pasa a veces un aldeano tallado en el vacío,
tan absurdo que parece pasar sobre un techo
de la ciudad. Viene a la mente la estéril mole
de las casas amontonadas, que agarra la lluvia
y se seca al sol y no da ni un poco de hierba.

Para cubrir las casas y las piedras de verde
-y que el cielo tenga sentido- hace falta hundir
en la oscuridad raíces bien negras. Al volver el alba,
correría la luz dentro de la tierra
como un golpe. Toda la sangre estaría más viva:
también los cuerpos están hechos de venas negruzcas.
Y los aldeanos que pasan tendrían un sentido.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908- Turín, 1950), "Lavorare stanca", Poesie, Mondadori, Milán, 1969
Versión de Jorge Aulicino


Paesaggio V

Le colline insensibili che riempiono il ciel
sono vive nell'alba, poi restano immobili
come fossero secoli, e il sole le guarda.
Ricoprirle di verde sarebbe una gioia
e nel verde, disperse, le frutta e le case.
Ogni pianta nell'alba sarebbe una vita
prodigiosa e le novule avrebbero un senso.

Non ci manca che un mare a risplendere forte
e inondare la spiaggia in un ritmo monotono.
Su dal mare non sporgono piante, non muovono foglie:
quando piove sul mare, ogni goccia è perduta,
come il vento su queste colline, che cerca le foglie
e non trova che pietre. Nell'alba, è un istante:
si disegnano in terra le sagome nere
e le chiazze vermiglie. Poi torna il silenzio.

Hanno un senso le coste buttate nel cielo
come case di grande città? Sono nude.
Pasa a volta un villano stagliato nel vuoto,
cosí assurdo che pare passeggi su un tetto
di città. Viene in mente le sterile mole
delle case ammucchiate, che prende la pioggia
e si asciuga nel sole e non dà un filo d'erba.

Per coprire le case e e pietre di verde
-sí che il cielo abbia un senso- bisogna affondare
dentro il buio radici ben nere. Al tornare dell'alba
scorrerebbe la luce fin dentro la terra
come un urto. Ogni sangue sarebbe più vivo:
anche i corpi son fatti di vene nerastre.
E i villani che passano avrebbero un senso.

jueves, enero 02, 2014

Dane Zajc / Reposo













La llanura gris de piedra.
Y tus pasos.
Se hunden en la grisura
cono en un edredón ensordecedor.

Ta das vuelta:
tu sombra, cómica,
camina lejos, tras de ti.
Borracha sombra imbécil.

Dices la palabra:
los oídos invisibles del pedregal
persiguen el eco.

Pues sólo hay pedregal.
En las grietas del pedregal, la soledad.
En los rostros del pedregal, la indiferencia.

Te sientas en medio del cuadrado de piedra.
(Tu sombra persiste. Quieta.
La noche se aposenta en tu cabeza.)

Inclinas la cabeza en lo profundo del pecho.
Con una voz extraña, un hombre extraño comienza a hablar dentro de ti:
Lejos están las montañas azules de la paz.
No las alcanzas jamás.
(La noche rompe en tu cabeza sonoros vasos).

La grisura está inmóvil.
Se ha posado en las cabezas de las piedras
como una gran gata gris.
Ahora te acecha desde los ojos de las piedras.

Y te pones de pie y vas
por la ancha llanura.

Tus pasos son en ella la canción de la hormiga.

                                                               de Jezik iz zemlje [La lengua de la tierra], 1961

Dane Zajc (Zgorjna Javoršica, 1929- Ljubljana, 2005), Ceniza negra, traducción de Florencia Ferre, Pen Press, Nueva York, 2013

miércoles, enero 01, 2014

John Ashbery / Poema en el año nuevo














Una vez, afuera en el agua en el claro crepúsculo decimonónico,
pediste al tiempo que frenara su vuelo. Si los deseos pudieran traer más que sollozos,
ese sería mi deseo para ti, mi amor, mi ángel. Pero otros
principios prevalecen en este sombrío paraíso, ¿no es cierto? Si eso es lo que es.
Luego el viento amainó por decisión propia.
Salimos, y vimos que realmente había sucedido.
La estación se quedó inmóvil, alerta. Cuán quieta la gota en el
abrojo, no lo sé. Vengo totalmente empaquetado y
sereno, pero pierdo cosas constantemente.

Me pregunto sobre Australia. ¿Hay algo sobre Canadá?
¿Las palomas aletean? ¿Acaso hay una extrañeza allí para completar
la que llevo dentro? ¿O debo reaprender mi sistema de archivo?
¿Podemos confiar en que otros nos acusen si solo nos
ven en la hora pico de la tarde
y nunca se detienen a pensar? Oh, yo sabía tanto sobre vos,
mi ave canora, alguna vez. Ahora, solo para las totoras inmoladas
en el pantano congelado tengo tiempo.
Los días están tan polarizados. Pero el tiempo mismo está descentrado.
Al menos, así lo siento yo.

Lo conozco tan bien como las calles en el mapa de mi ciudad
industrial imaginada. Pero tiene su propia manera de escurrirse.
Nunca hubo plenitud que fuera a ser:
hiciste cola para distintas cosas, y la manchada luz era impenitente.
"Puntiaguda" fue el adjetivo que se me ocurrió,

aunque a pesar de todos sus niveles elevados o bajos me acerco a este canal.
Su hora era la justa en el invierno. Había humo de pipa en los
cafés, y afuera la gran ave cenicienta
fluía de vidrieras rotuladas y esperaba
un poco más allá. Otra oportunidad. Nunca se convirtió en gesto.

John Ashbery (Rochester, 1927), versión de Judith Filc


POEM AT THE NEW YEAR

Once, out on the water in the clear, early nineteenth-century twilight, 
you asked time to suspend its flight. If wishes could beget more than sobs, 
that would be my wish for you, my darling, my angel. But other
principles prevail in this glum haven, don't they? If that's what it is.

Then the wind fell of its own accord.
We went out and saw that it had actually happened.
The season stood motionless, alert. How still the dropp was
on the burr I know not. I come all
packaged and serene, yet I keep losing things.

I wonder about Australia. Is it anything about Canada? 
Do pigeons flutter? Is there a strangeness there, to complete
the one in me? Or must I relearn my filing system? 
Can we trust others to indict us
who see us only in the evening rush hour, 
and never stop to think? O, I was so bright about you, 
my songbird, once. Now, cattails immolated 
in the frozen swamp are about all I have time for.
The days are so polarized. Yet time itself is off center.
At least that's how it feels to me.

I know it as well as the streets in the map of my imagined
industrial city. But it has its own way of slipping past.
There was never any fullness that was going to be; 
you waited in line for things, and the stained light was
impenitent. 'Spiky' was one adjective that came to mind,

yet for all its raised or lower levels I approach this canal.
Its time was right in winter. There was pipe smoke
in cafés, and outside the great ashen bird
streamed from lettered display windows, and waited
a little way off. Another chance. It never became a gesture.