jueves, noviembre 11, 2021

Giorgio de Chirico / Una noche



La noche última el viento silbaba tan fuerte que creí que iba a derribar 
las rocas de cartón. 
Mientras duraron las tinieblas las luces eléctricas 
Ardían como corazones 
En el tercer sueño desperté cerca de un lago 
Donde venían a morir las aguas de dos ríos. 
Alrededor de la mesa las mujeres leían. 
Y el monje se callaba en la sombra. 
Lentamente crucé el puente y en el fondo del agua oscura 
Vi pasar lentamente grandes peces negros. 
Súbitamente me encontraba en una ciudad grande y cuadrada. 
Todas las ventanas estaban cerradas, por doquier silencio 
Por doquier meditación 
Y el monje pasó aún por mi lado. A través de los agujeros de su 
silencio podrido vi la belleza de su cuerpo pálido y blanco 
como una estatua del amor. 
Al despertar la dicha dormía aún cerca de mí. 

Giorgio de Chirico (Volos, Grecia, 1888 - Roma, 1978), Versiones del surrealismo, Tusquets, Barcelona, 1974
Versión de César Moro
Envío de Jonio González


Foto: Giorgio de Chirico, 1936 Carl van Vetchen/ Punctul pe Cuvant

miércoles, noviembre 10, 2021

Cesare Pavese / Paisaje III




Entre la barba y el solazo, la cara todavía pasa,
pero está la piel del cuerpo, que blanquea temblorosa
entre los remiendos. No basta la suciedad para taparla
en la lluvia o el sol. Aldeanos renegridos
lo han visto alguna vez, pero la mirada insiste
sobre ese cuerpo, camine o se abandone al descanso.

Por la noche, los grandes campos se funden
en una sombra pesada que ahonda las hileras de viñas
y las plantas: sólo las manos conocen los frutos.
El hombre andrajoso parece un aldeano en la sombra,
pero rapiña todo, y los perros no lo sienten.
Por la noche la tierra no tiene más patrones,
sino voces inhumanas. El sudor no cuenta.
Cada planta tiene su frío sudor en la sombra,
y no hay más que un campo, para nadie y para todos.

Por la mañana este hombre harapiento y tembloroso
sueña, tendido junto a un muro ajeno, que los aldeanos
lo persiguen y quieren morderlo, bajo el solazo.
Tiene una barba goteante de frío rocío
y entre los agujeros, la piel. Llega un aldeano
con la azada al hombro y se seca la boca.
No lo esquiva siquiera, sino que lo pasa sin pisarlo:
uno de sus campos, este día, necesita su fuerza.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, Italia, 1908- Turín, Italia, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Trabajar cansa. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Griselda García Editora, Del Dock, Cartografías, Buenos Aires, 2018
Versión de Jorge Aulicino


Foto: s/d

Paesaggio III

Tra la barba e il gran sole la faccia va ancora,
ma è la pelle del corpo, che biancheggia tremante
tra le toppe. No basta lo sporco a confonderla
nella pioggia e nel sole. Villani anneriti
l'han guardato una volta, ma l'occhiata perdura
su quel corpo, cammini o si accasci al riposo.

Nella notte le grandi campagne si fondono
in un'ombra pesante, che sprofonda i filari
e le piante: soltanto le mani conoscono i frutti.
L'uomo lacero pare un villano, nell'ombra,
ma rapisce ogni cosa e i cagnacci non sentono.
Nella notte la terra non ha più padroni,
se non voci inumane. Il sudore non conta.
Ogni pianta ha un suo freddo sudore nell'ombra
e non c'è più che un campo, per nessuno e per tutti.

Al mattino quest'uomo stracciato e tremante
sogna, steso ad muro non suo, che i villani
lo rincorrono e vogliono morderlo, sotto il gran sole.
Ha una barba stillante di fredda rugiada
e tra i buchi la pelle. Compare un villano
con la zappa sul collo, e s'asciuga la bocca.
Non si scosta nemmeno, ma scavalca quell'altro:
un suo campo quest'oggi ha bisogno di forza.

Poesie, Mondadori, Milán, 1969

martes, noviembre 09, 2021

Piergiorgio Viti / (anoche)




Estábamos en ese lugar en medio de los montes,
donde se crían truchas, ¿te acordás?
Y en el pasto que bordea los estanques,
allá, entre las truchas que encrespan el agua,
encontraste una flauta.
Todo alrededor, cristal,
las montañas, propagaban el eco de tus notas
y las truchas, poco a poco, comenzaron
a volar en el cielo como pájaros.

Piergiorgio Viti (Sulmona, Italia, 1978), Aperto per inventario, Pequod, Ancona, 2019
Versión de Jorge Aulicino



(stanotte)

Eravamo in quel posto in mezzo ai monti,
dove si allevano le trote, ricordi?
E tu, nell'erba que borda le vasche,
là, fra le trote que increspano l'acqua,
hai trovato un flauto.
Tutto intorno, cristallo,
le montagne, rimbalzavano l'ecco delle tue note
e le trote, piano piano, hanno iniziato
a volare in ciello come uccelli.

lunes, noviembre 08, 2021

W. B. Yeats / El regalo de Harun al-Rashid




(Fragmento)                  

       "Caen los años dentro de mí".

"Pero tú y yo no parecemos viejos
Como esos hombres que viven por rutina. Cada día
Cabalgo con el halcón a la orilla del río
O llevo la cota anillada sobre la espalda
O cortejo a una mujer; ni enemigo
Ave de caza ni mujer hacen dos veces la misma cosa;
Y así el cazador lleva en el ojo
Un gesto fingido de juventud. ¿Puede el pensamiento del poeta,
Que en el cuerpo brota y en el cuerpo cae
Como este puro chorro, ora perdido en medio del cielo azul,
Ora sobre la hoja del lirio y la escala del pez,
Ser un simulacro?"
                   "¡Mas qué importa si nuestras almas
Están más cerca de la superficie del cuerpo
Que las almas sin el juego de la caza y de la rima!
La propia juventud del alma y no la juventud del cuerpo
Se abre a través de nuestros rasgos. El fulgor de mi vela,
Mi linterna, es muy leal para no mostrar
Que ha sido creada en el reino de tu gran padre".

"Y sin embargo la estación del jazmín calienta nuestra sangre".

"Gran príncipe perdona la libertad de mis palabras;
Tú piensas que el amor tiene estaciones
Y que si la primavera agota lo que ella dio,
El corazón no necesita sufrir una derrota; pero Yo
Que he aceptado la fe de Bizancio,
Innatural para las mentes árabes, 
Pienso que cuando escojo una novia la escojo para siempre;
Y si sus ojos no se entornaran para mí
O brillaran sólo para otros ojos más jóvenes,
Mi corazón nunca podría volver de la ruina incesante,
Ni hallar remedio".
                   "Pero qué tal si yo
Me he tropezado con una mujer, que comparte
tu sed por esos viejos misterios indescifrables,
Que ve más allá de nuestra vida, un ojo
Que nunca supo que ese esfuerzo podría apenas asomar luminoso,
Y que ella, sin embargo, puede parecer la fuente de la juventud,
Rebosante de vida".
                   "Si esto fuera verdad,
Habría hallado lo mejor que la existencia puede dar,
La compañía de esas cosas misteriosas
En que el alma de un hombre o el alma de una mujer
Se hacen ellas mismas y no alguna otra alma".

[1923]

William Butler Yeats (Dublín, 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), El regalo de Harun al-Rashid, El Tucán de Virginia, Ciudad de México, 2018
Versión de Víctor Manuel Mendiola


             'I am falling into years.’

‘But such as you and I do not seem old
Like men who live by habit. Every day
I ride with falcon to the river’s edge
Or carry the ringed mail upon my back,
Or court a woman; neither enemy,
Game-bird, nor woman does the same thing twice;
And so a hunter carries in the eye
A mimic of youth. Can poet’s thought
That springs from body and in body falls
Like this pure jet, now lost amid blue sky,
Now bathing lily leaf and fish’s scale,
Be mimicry?’
        ‘What matter if our souls
Are nearer to the surface of the body
Than souls that start no game and turn no rhyme!
The soul’s own youth and not the body’s youth
Shows through our lineaments. My candle’s bright,
My lantern is too loyal not to show
That it was made in your great father’s reign,

And yet the jasmine season warms our blood.’

‘Great prince, forgive the freedom of my speech:
You think that love has seasons, and you think
That if the spring bear off what the spring gave
The heart need suffer no defeat; but I
Who have accepted the Byzantine faith,
That seems unnatural to Arabian minds,
Think when I choose a bride I choose for ever;
And if her eye should not grow bright for mine
Or brighten only for some younger eye,
My heart could never turn from daily ruin,
Nor find a remedy.’
        ‘But what if I
Have lit upon a woman who so shares
Your thirst for those old crabbed mysteries,
So strains to look beyond Our life, an eye
That never knew that strain would scarce seem bright,
And yet herself can seem youth’s very fountain,
Being all brimmed with life?’
        ‘Were it but true
I would have found the best that life can give,
Companionship in those mysterious things
That make a man’s soul or a woman’s soul
Itself and not some other soul.’
---
Foto: W.B. Yeats, años 1920 Independent, Irlanda/ Getty Images s/d

domingo, noviembre 07, 2021

Alicia Silva Rey / Las especies se hunden sin un estallido *



[Un magma sin aristas]

La cuestión es si se puede pensar sin cuerpo**
y a qué llamamos cuerpo.
Él dijo que un profeta estaba fuera
de lo general, ***describió perspectivas
como quien hurga en un pensamiento 
de heliotropo.


[Una pantorrilla es un engranaje de músculos]

Él mira su pantorrilla desnudada, recuerda
un galgo en agonía, la cabellera negra
del árbol, ¿qué cosa es una cabellera, 
qué un árbol tácitamente incluido 
en la escena a caballo entre la muerte 
y la no muerte del sujeto, ese árbol 
negro, la fronda entre
el morir y el no morir?
En lugar de eso, él dice:
La calle retoma velocidad. **


[Se trataría de una cuestión de tiempo]

no de imagen ni rememoración a secas,
un tiempo medible como la duración 
de un organismo viviente.
La humilde alga sintetizada, hace millones de años, 
en las orillas de los charcos, por la luz, ***
¿no sería en su dulce matriz de tiempo el alga,
en sí misma, un dispositivo útil a la supervivencia, 
el medio tecnológico capaz de filtrar información, 
memorizarla, procesarla, regularla al punto 
de inducirle conductas, *** intervenciones, invenciones?


[El alga agita sus filamentos en un agua verdosa]

Él agita su mano viendo pasar las eras, los microbios, los chasquidos 
de lenguas desconocidas en sus cofres de cáñamo
pero ignorando la asociación entre unos signos del habla y una cuna 
o asta cuneiforme, el constelado Toro ungido
en lo alto de la frente por un círculo y en él
una cruz circunscripta y multitud de geranios rojos en los belfos.

[inédito[

Alicia Silva Rey (Quilmes, Buenos Aires, 1950)

Notas de la Autora:

* Por oposición a la frase de Charles Olson, “Las especies se hunden con un estallido”.
** Las especies se hunden sin un estallido (actualmente en progreso) intersecta con Lo inhumano. Charlas sobre el tiempo, de Jean-François Lyotard. Traducción de Horacio Pons. Buenos Aires, Ediciones Manantial SRL, 1988, 
y
*** dialoga con el poema de Jorge Aulicino,
     "Un profeta pasa en taxi por la calle Mario Bravo" (Del libro inédito, Fuera de lo general, 2021):

Se abre desde la ventanilla una rara perspectiva: 
media casa ha sido abolida, de la otra mitad 
emergen tubos de ventilación, varios desde el techo,
dos desde una pared, horizontales. 
Arriba de todo, las ventanas de un altillo
permiten la vista de los techos linderos, seguramente,
y del hueco ganado a la vieja casa:
un estacionamiento privado, sobre cuya pared inclina 
una cabellera seca, negra, el árbol de la vereda.
Un milagro está por ocurrir.

Como que cientos de años civilizados se condensen
en una escena misteriosa que está por suceder.
Pero la calle retoma velocidad.
Arranca el taxi. Y por la ventilla desfilan fachadas taciturnas,
carteles banales de publicidad, grafitis de remolinos
y firmas falsas, un abecedario griego. Incluso, sumerio.

---
Foto: Años Luz

sábado, noviembre 06, 2021

Ingeborg Bachmann / Vuelo nocturno




Nuestro campo es el cielo,
arado con el sudor de los motores,
frente a la noche,
bajo la intervención del sueño.

Soñado sobre calvarios y piras,
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
en nuestra casa y en los molinos
los ciegos vuelos de los murciélagos.
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
¿Quién resplandecía en la noche,
fantasma a los fantasmas?

Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
instrumentos el espacio, relojes y escalas,
la maleza de nubes, y roza el amor
el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
corto y largo largo... Durante una hora
bate granizo el tímpano del oído,
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.

No ha desaparecido el sol ni la tierra,
solo se han movido como astros, irreconocibles.

Nos hemos remontado de un puerto
en que no cuenta el retorno,
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón
les pertenecen a los comerciantes,
como los peces a las redes.

Pero se percibe un olor
que se anticipa a los cometas,
y el tejido del aire
desgarrado por el cometa caído.
Llámalo estado de los solitarios
en que se lleva a cabo el asombro.
Nada más.

Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
en las bases y extendido sobre las rodillas
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.

¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...?
¿Quién pierde la llave de la casa?
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...?
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
¿quién se atreve a recordar la noche?

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926-Roma, 1973), El tiempo postergado, Cátedra, Madrid, 1991
Versión de Arturo Parada  


Foto: Ingeborg Bachmann, Roma, 1954 Herbert List/ Magnum/ The New York Review

viernes, noviembre 05, 2021

Linda Pastan / Orfeo



Cuando Orfeo se volvió
y miró hacia atrás y supo
que el genio no era suficiente,
me pregunto qué lamentó más:
¿el fracaso de la voluntad,
Eurídice perdida,
o lo que se debería intentar para que ella
permaneciera
como un fragmento de oscuridad?

¿A pesar de ello debió domesticar animales
con sus sonidos,
o parecería un juego de niños ahora?
¿Debió haber tocado su lira
en una clave menor,
las últimas notas cayendo
como hojas oscuras
para flotar hacia Lesbos?

En el ballet de Balanchine
la caída parece ser culpa de Eurídice
que sedujo sin su venda,
como si el artista pudiera ser absuelto,
como si el problema
fuera el cuerpo en sí mismo -
ese instrumento de cuerda ensartado
con el tendón y el hueso
que compone su propia música.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932)
Esperando mi vida y otros poemas, 
Ediciones Igitur, Valencia, España, 2021
Traducciones de Jonio González y Rosa Lentini











Orpheus

When Orpheus turned
and looked back and knew
that genius wasn’t enough,
I wonder which he regretted most:
the failure of will,
Eurydice lost,
or what it must mean for her
to remain
a fraction of darkness?

Did he still tame animals
with his songs,
or would that seem a child’s game now?
Did he tune his lyre
to a minor key,
the last notes falling
like darkened leaves
to drift toward Lesbos?

In Balanchine’s ballet
the failure seems Eurydice’s fault
who tempted his blindfold off,
as if the artist must be absolved,
as if what matters
is the body itself –
that instrument stringed
with tendon and bone
making its own music.

jueves, noviembre 04, 2021

Paul Colinet / El abuso de confianza



No todos los nudos son de gelatina,
no todos los rodetes son de maíz,
no todas las lámparas pierden su línea de flotación,
no todos los plintos simulan burlarse.

No todas las vértebras del caballo forman una dentadura,
no todas las láminas de los libros están juntas,
no todas las nubes son de tinta,
no todos los ventrílocuos son confidenciales.

No toda mano toca todo lo que no existe,
no toda palabra es la rama del rosal,
no todo gesto es imposible,
no toda mujer, parcialmente concebible, ha desaparecido,
no toda llave perdida engendra su poema.

La manivelle du château [1954]

Paul Colinet (Arquennes, Bélgica, 1898-Forest Bruxelles, Bélgica, 1957), Antología de la poesía surrealista de lengua francesa (1961),
Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2006
Traducción de Aldo Pellegrini




















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Dibujo: Paul Colinet faisant dans son vase, René Magritte Artnet

miércoles, noviembre 03, 2021

Ángel Ortuño / El juicio final




Todo era cierto y yo
sólo hice el ridículo.
Por supuesto que había
platillos voladores e incluso jardineros
extraterrestres que
con exquisito gusto hacían esos diseños que nosotros,
neandertales
irredentos,
llamábamos
agrogramas, con uno de los muchos y torpísimos idiomas que tenemos pero que no
     merecen
ser considerados ni siquiera un estornudo
al lado de su música celeste.

Sigo.

Al fondo de ese lago escocés sí vivía un dinosaurio
que salía a pasear con Elvis por las noches, al amparo de ese
dispositivo de invisibilidad
que les regaló Margarita de Inglaterra feliz
por haberse follado a Mick Jagger cuando era joven y no ahorita, qué
asco!

(¿Podría, Señor Juez, pedirle a la reina Isabel que guarde compostura?)

Para no entretener con idioteces a Su valiosa eternidad, Señores
del Jurado,
en resumen no sé ni lo que dije y creo que sí creía pero me dediqué
a otras cosas.

Sólo espero clemencia.
Muchas gracias.

Me llega un mensaje: “Soy fulano, y quiero ser tu diputado…”.
Agoté las consultas a glosarios sadomaso (impresos y en línea) y todavía no entiendo qué
  placer obtendré haciéndole caso.

Ángel Ortuño (Guadalajara, México, 1969-2021), "Neandertales irredentos", Periódico de Poesía, México, 12 de noviembre de 2018


martes, noviembre 02, 2021

Ignacio Uranga / De "Al grave aparecer de lo que ser ahí"



alguien tembló bajo un caño de escopeta esa misma noche
en que cruzó un bandaje de patos, Daniela, sobre nosotros:
el bajo resplandor de luces a lo lejos que hacen ver lo oscuro
la demora en el vuelo del que no puede agregarse, y es que
se estaba en lo enfermo y en la compañía de otro: habrás
de amar al prójimo, nos dijo el cielo entonces, luego de que
fueras alguien, y empezaras otra escena y otro personaje:
después fue un toque de queda, y quemas de Napalm
contra la vida: el 8 de junio en que a Phan Thi Kim Phúc
la ardieron a 1200 ˚C, y fue una estrella Phan Thi Kim Phúc
en la noche de la historia, como cada noche, también en esta
noche, Señor, esta noche en que te pido nos guardes del hospicio
de este orfelinato: estarse a la intemperie cada quien, a los 1200
arrojados de Napalm, entre tanto carbohidrato y diazepinas
para seguir viviendo: sigue aún dormido Aylan Kurdi, una barca
soñaría acaso, la barca de papel de Aylan Kurdi, y para en un sueño
en que no hay huérfanos de pan, mientras apagan en el mundo
cada día amor humano, niños, tantos, tantísimos en el mundo
cada día, incluso niños, los niños todos por entero, y qué haría
el hombre sin niños en el mundo: este parecer, pienso, Daniela
y otros tantos posibles, por caso, en que bajo un sol de mediodía
estamos: ejemplo hoy tus manos, diciendo adentro mío cosas
las cosas que jamás dirás, lo sé, mientras tus manos sin embargo
no terminan de decir adentro mío esto que por cierto afuera
no dirás, posiblemente, pero sí dirás, por qué no: el tiempo
es la espera hasta tu próxima palabra, tu posible, Daniela
próxima palabra: lo sé, distancias que no son en forma alguna
equivalentes, aunque te acerque, al darte, cuando te escribo
Daniela, el nombre, y sea esto soportar el peso de mis decisiones

Ignacio Uranga (Bahía Blanca, Argentina, 1982)

al grave aparecer de lo que ser ahí
Barnacle, 
Buenos Aires, 2021










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lunes, noviembre 01, 2021

Ian McMillan / La noche del día que murió Pavarotti



Eché un chorro de leche condensada en mi taza de café.
Me senté afuera para observar como caía la tarde
Sobre el árbol en el cementerio al fondo del jardín.

Mi mujer no pasaba de la sorpresa. "Nunca tomas leche
En tu café, ¿no es cierto?", comentó. Muchas veces
Termina sus oraciones en un tono que sube como pregunta.

Escuchamos y de la casa de Mr. Lowe al lado
Y de la casa de Steve subiendo por la calle escuchamos
La última nota de Nessum Dorma alzarse y quedar colgada

Ahí, como luz en un árbol. Si buscas perfección acércate:
El árbol, la nota, y sí, hasta la leche condensada
En el café en la taza azul brillante. La ardilla

Sobre el galpón fue demasiado, como una orquesta que hace
Un saludo final cuando ya me levantaba para retirarme.

Este lago estaba helado: lámparas, 2011

Ian McMillan (Darfield, Yorkshire, Reino Unido, 1956), Once British, Aurelia Rivera Libros, Buenos Aires, 2013
Traducción de Andrew Graham-Yooll


Foto: BBC


The Evening of the Day Pavarotti Died

I poured some Carnation Milk into a cup of coffee
And sat outside to wacht the light fading
On the tree in the cemetery at the back of our garden.

My wife couldn't get over it. 'You never have milk
In the coffee, do you?' she said. She often
Ends her sentences with the rising hint of a question.

We both listened and from Mr Lowe's house next door
And from Steve's house upt the street we heard
The last note of Nessum Dorma rising and hanging

There like light on the tree. If you want perfection, come here:
The tree, the note, and yes, even the Carnation Milk
In the coffee in the bright blue cop. Then the squirrel

On the shed was too much, like an ochestra taking
One too many bows when you've already stood up to go.

This Laked Used to be Frozen: Lamps, Smith / Doorstop Books, Sheffield, 2011

domingo, octubre 31, 2021

Atribuido a Francisco de Quevedo/ Rogarla, desdeñarme; amarla, hundirme...




Rogarla, desdeñarme; amarla, hundirme;
seguirla, defenderse; asirla, airarse;
querer y no querer dejar tocarse
y a persuasiones mil mostrarse firme.

Tenerla bien, probar a desasirme;
luchar entre mis brazos y enojarse;
besarla a su pesar y ella agraviarse;
probar, y no poder, a despedirse.

Decirse agravios, reprenderse el gusto
y, en fin, a baterías de mi prisa,
dejar el ceño, no mostrar disgusto.

Consentir que le aparte la camisa,
hallarlo limpio y encajarlo justo:
esto es amor y lo demás es risa.

Atribuido a Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-Torre de San Juan Abad, Villanueva de los Infantes, España, 1645), "Sonetos encontrados en diversos lugares", Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Nota del Ad.: El soneto se considera una respuesta satírica al muy conocido de Lope de Vega (Madrid, 1562-1635) que enseguida se reproduce:

CXXVI

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega, Rimas, 1602 , edición de Ramón García González, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes


Ilustración: Detalle de una de las tres copias del retrato original de Francisco de Quevedo pintado por Diego de Velázquez, cuyo paradero se desconoce. Las copias se atribuyen a Juan van der Hamen (Madrid, 1596-1631).Siglo XVII Wikimedia Commons

sábado, octubre 30, 2021

Irma Cuña / Dos poemas



Desvestimos una colina boscosa
para hacerla un seno de arena,
un desierto empinado,
una duna del aire.

El arco del ala es más terso que nuestra palma
y las palomas envidian esta quietud de siesta.
El destierro del origen se ha sumado al destierro del suelo
y erramos,
mordiendo mendrugos solares,
apretando colas de cometas,
hundiendo uñas en la pulpa fría de los ríos.
(El sol hirsuto al mediodía
y por las noches
sólo el andar pausado de las hojas.)

¿A qué alzar vanas tiendas,
desperdigadas,
laxas?
Recolector de caracolas y algas secas,
el caminante afianza el paso
en otros caminantes y espejismos.

El extraño (1977)


*

               Fría, la luna otoñal resplandece en el álamo blanco                                                                                                                                                                       Li Po  

     Li Po tiene un álamo blanco,
álamo de agua el de Li Po.
Los nuestros son muy verdes, muy espesos.

Sólo por accidentes
se queda aislado un álamo en el valle.
Árbol sin arboleda,
tal vez ése
pueda ser el helado,
el del Li Po.

Irma Cuña (Neuquén, Argentina, 1932-2004), Pasajera del viento. Antología poética, selección y prólogo de Irene Gruss, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2013


Foto: Más Neuquén                        

viernes, octubre 29, 2021

W. S. Merwin / Ejercicio



Primero olvida qué hora es
durante una hora
hazlo regularmente todos los días

después olvida qué día de la semana es
hazlo regularmente durante una semana
después olvida en qué país estás
y practica haciéndolo en compañía de alguien
durante una semana
después haz las dos cosas a la vez
durante una semana
con la menor cantidad de interrupciones posible

lo siguiente es olvidar cómo se suma
o se resta
da igual el orden
puedes variarlo
al cabo de una semana
ambos te ayudarán más tarde
a olvidar cómo se cuenta

olvida cómo se cuenta
empieza por tu propia edad
empieza por cómo contar hacia atrás
empieza por los números pares
empieza por los números romanos
empieza por las fracciones de números romanos
empieza por el calendario antiguo
sigue con el alfabeto antiguo
sigue con el alfabeto
hasta que todo sea de nuevo un continuo

sigue con los elementos olvidados
empieza por el agua
procede con la tierra
avanza con el fuego

olvida el fuego

William Stanley Merwin (Nueva York, Estados Unidos, 1927-Haiku, Hawai, Estados Unidos, 2019), Migration: New & Selected Poems, Copper Canyon Press, Port Townsend, WA, 2007
Versión de Jonio González.



EXERCISE

First forget what time it is
for an hour
do it regularly every day

then forget what day of the week it is
do this regularly for a week
then forget what country you are in
and practice doing it in company
for a week
then do them together
for a week
with as few breaks as possible

follow these by forgetting how to add
or to subtract
it makes no difference
you can change them around
after a week
both will help you later
to forget how to count

forget how to count
starting with your own age
starting with how to count backward
starting with even numbers
starting with Roman numerals
starting with fractions of Roman numerals
starting with the old calendar
going on to the old alphabet
going on to the alphabet
until everything is continuous again

go on to forgetting elements
starting with water
proceeding to earth
rising in fire

forget fire

jueves, octubre 28, 2021

Takis Varvitsiotis / Dos poemas



Boîte à musique

Era otoño
Y era un muelle

Una triste voz
Del ayer
Que subía a su paso hacia los astros

Y algunos sueltos cabellos amarillos

Como un legendario crepúsculo
Como una bandera victoriosa


El cielo está muy azul

                     Il semble que ce soit le ciel qui ait
                     le dernier mot. Mais il le prononce
        à voix si basse que nul ne l'entend jamais.
                                                          René Char

Decías; el cielo está muy azul
Un círculo inmenso donde se hunden los años
Un círculo inmenso donde se hunden las estrellas
Nos separa de la tierra nos une a la tierra
Parece un camino que llevara a un extraño
Cementerio de pájaros parece un río transparente
El cielo está muy azul como una voz que brilla
Anunciando el más prodigioso nacimiento
La más prodigiosa metamorfosis

Takis Varvitsiotis (Tesalónica, Grecia, 1916-2011), Seis poetas griegos, Colihue, Buenos Aires, 2000
Traducciones de Horacio Castillo


miércoles, octubre 27, 2021

August Kleinzahler / La libélula azul



¿Un pétalo de jazmín atrapado
por la brisa
o una campanilla agitada
entre las cuatro en punto y una mujer desnuda?

No, no se trata de una flor
sino de una mariposa,
mostrándose de pronto blanca
contra el verde de una hoja.

¿Y ese azul, allí, cobalto
por un instante, después iridiscente,
frágil como la horquilla de una dama
flotando por encima de la capuchina?

Ah, me dice el poeta más viejo,
es una libélula azul.

Y si te tomaras tu tiempo
y miraras,
verías toda clase de cosas:

a media mañana hacia el final del verano,
una cabeza nadando en el perfume del jardín

después de una rápida, sorprendente lluvia.

August Kleinzahler (Jersey City, Estados Unidos, 1949), Red Sauce, Whiskey and Snow, Farrar, Strauss & Giraux, Nueva York, 1996
Versión de Jonio González


Foto: August Kleinzahler en su casa en San Francisco, Estados Unidos, 2017 Poetry Foundation/ MediaNews Group/ Bay Area News/ Getty Images


THE DAMSELFLY

A petal of jasmine caught up
by the breeze
or morning glory aflutter
between the four o'clock and naked lady?

No, not a flower at all,
a butterfly,
showing suddenly white
against the green of a leaf.

And that blue there, cobalt
a moment, then iridescent,
fragile as a lady's pin
hovering above the nasturtium?

Ah, the older poet tells me,
that's a damselfly.

And if you just slowed down
and looked,
you'd see all sorts of things:

midmorning toward the end of summer,
head swimming in the garden's perfume

after a quick, surprise rain.

martes, octubre 26, 2021

Concha García / Dos poemas




Sillas

Días en los que vivir parece una tabla
que apuntala una ciudad, y luego
querer tomar café. Qué clase de correcta
inarmonía duele al desechar los azucarillos.
Un mundo en los dedos y un mundo
más hondo y desgajado que no late
en la mirada de nadie. Momentos así
son todo alrededor de tantas sillas.
Me gustaría emborracharme pero son las diez
y calculo que dentro de ocho horas
estaré perdida. Come algo.
No, porque no tengo apetito. Deseo fumar
y hacer malabarismos con el instante
éste. ¿Sabes que no eres adorable?
Busco echarme en el suelo y tener libertad
para mojarme. Son cosas que comienzan
cuando apuntalas el mundo un lunes.
Si se está realmente quieta
notas el humo del tabaco
en el espejo y te ves irreal
para poder pasar el brazo
por encima de una imagen
que apuntala cinco años de vida.
¿Tienes grietas cuando sales a la calle?
Tres o cuatro. Y me empujas para no entrar
donde hasta las piedras sienten la lejanía.
Son bares en habitaciones,
posters iluminados de artificiales ratos
que invitan a morirse de risa
ante una silla. La gente ofrece dicha
con la lengua pastosa, demanda roces
imperecederos apurando una copa,
son brechas de diminutas felicidades
enjuagadas en alcohol. Yo me río
porque me encuentro cobarde,
quiero aferrarme a algo, a una silla,
hacer una prueba de fuego sobre un taburete
dejándome llevar de la mirada
del personaje que pone los discos y me veo
extendida en una biblioteca irreal,
la sabiduría pide demasiado poco.
Es tan temprano. Te quiero acompañar
y derrumbar contigo el puente de la salvación
que nos lleva de esta casa a los vientos
y a las salidas de mar.
Tienes la voz de un gran amor
y una presencia de escondite
que enturbia planes, que sale de dudas
y entra en ciudades donde no hay un local
para abrazarte. Yo te veo en la 315
asomada hacia la calle para ver si llego.
Llega una bandeja con café sobre una silla
que apuntalo al borde de la cama.
Y después yo, que soy las aberturas,
el grifo goteando, el tic-tac, las voces
de la gente que chilla que se quiere morir
de una rabia hecha jirones.

Cuántas llaves, Icaria, Barcelona, 1998



Esto está muerto

Ha sonado alrededor de los aconteceres
una silueta que no estaba prevista
pero que existía. Tiene sombra.
Se cubre de tus órganos principales
y elabora un porvenir onírico
forjado en el centro de tu alma.
Pero a eso que tú llamas alma,
llámalo fumar un poco más, detenerse
en más bares.

Poetisas españolas, Tomo IV: de 1976 a 2001,antología seleccionada por Luzmaría Jiménez Faro, Ediciones Torremozas, Madrid, 2002

Concha García (La Rambla, Córdoba, España, 1956)