viernes, diciembre 06, 2013

Xi Chuan / Murciélagos al atardecer












En los cuadros de Goya traen pesadillas
al artista. Volando hacia arriba, hacia abajo,
a derecha y a izquierda, murmuran
furtivamente sin llegar a despertarlo

Una felicidad indecible aparece en sus caras
casi humanas. Estas criaturas que parecen
pájaros pero que no lo son, completamente negros
se funden con la oscuridad, como semillas que nunca florecerán

Como demonios sin esperanza de redención
ciegos y crueles, llevados por su voluntad,
cuelgan a veces boca abajo de las ramas
igual que hojas secas, excitando nuestra lástima

En algunas historias
se concentran en húmedas grutas;
cuando el sol cae tras la montaña es su momento
para salir de caza, parir, luego desaparecen

Pueden obligar a un sonámbulo a unírseles,
arrebatarle la antorcha de su mano y apagarla;
pueden alcanzar a un lobo acechante
y hacerlo caer mudo por un precipicio

A la noche, si un niño no puede dormir
es sin duda porque un murciélago
sorteando los ojos hinchados del guardia
llegó hasta él para hablarle del destino

Uno, dos o tres murciélagos,
no tiene riqueza ni patria, ¿cómo puede ser
que traigan felicidad?  La luna creciente y menguante
gastó sus plumas. Son feos, sin nombre.

Su corazón de piedra nunca pudo conmoverme
hasta que un verano hacia el atardecer
al pasar por mi vieja casa vi muchos chicos jugando
y sobre sus cabezas aún más murciélagos

El atardecer arrojaba sombras sobre la calle
y doraba el cuerpo de los murciélagos
Revoloteaban sobre las puertas descascaradas
pero nada tenían para decir sobre el destino

Entre las cosas antiguas un murciélago
es de aquellas que generan una especie de nostalgia.
Su actitud indolente hizo que me detuviera un largo tiempo
en ese barrio, en la calle donde crecí.

Xi Chuan  (西川) (Xuzhou, provincia de Jiangsu, 1963), Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos, selección y traducción de Miguel Angel Petrecca, Gog y Magog Ediciones, Buenos Aires, 2011


夕光中的蝙蝠

在戈雅的绘画里,它们给艺术家
带来了噩梦。它们上下翻飞
忽左忽右;它们窃窃私语
却从不把艺术家叫醒

说不出的快乐浮现在它们那
人类的面孔上。这些似鸟
而不是鸟的生物,浑身漆黑
与黑暗结合,似永不开花的种籽

似无望解脱的精灵
盲目,凶残,被意志引导
有时又倒挂在枝丫上
似片片枯叶,令人哀悯

而在其他故事里,它们在
潮湿的岩穴里栖身
太阳落山是它们出行的时刻
觅食,生育,然后无影无踪

它们会强拉一个梦游人入伙
它们会夺下他手中的火把将它熄灭
它们也会赶走一只入侵的狼
让它跌落山谷,无话可说

在夜晚,如果有孩子迟迟不睡
那定是由于一只编幅
躲过了守夜人酸疼的眼睛
来到附近,向他讲述命运

一只,两只,三只编幅
没有财产,没有家园,怎能给人
带来福祉?月亮的盈亏褪尽了它们的
羽毛;它们是丑陋的,也是无名的

它们的铁石心肠从未使我动心
直到有一个夏季黄昏
我路过旧居时看到一群玩耍的孩子
看到更多的蝙蝠在他们头顶翻飞

夕光在胡同里布下了阴影
也为那些蝙蝠镀上了金衣
它们翻飞在那油漆剥落的街门外
对于命运却沉默不语

在古老的事物中,一只蝙蝠
正是一种怀念。它们闲暇的姿态
挽留了我,使我久久停留
在那片城区,在我长大的胡同里

jueves, diciembre 05, 2013

Leonardo Sinisgalli / Lucania




















Al peregrino que se asoma a sus pasos de montaña
o a quien desciende por el desfiladero de Alburni
o a quien hace el camino de las ovejas por las cuestas de la Serra,
al milano que rompe el filo del horizonte
con un reptil entre las garras, al emigrante, al soldado,
a quien regresa de los santuarios o del exilio, al que duerme
en los rediles, al pastor, al aparcero, al mercader,
la Lucania abre sus páramos,
sus valles donde los ríos corren lentos
como ríos de polvo.

El espíritu del silencio está en todas partes
en mi dolorosa provincia. Desde Elea a Metaponto,
sofístico, de oro, problemático y penetrante,
devora el óleo de las iglesias, se pone el capote
en las casas, se hace monje en las grutas, crece
con la hierba en los umbrales de los viejos pueblos derruidos.

El sol sesgado sobre las plantas de laurel, el buen sol
con sus grandes cuernos, el fragante paladar,
el sol ávido de chicos, ¡ahí va, por las plazas!
Tiene el andar cansino del buey, y sobre la hierba
sobre los adoquines deja grandes lamparones llenos de larvas.

Tierra de madres gruesas, de padres oscuros
y lustrosos como esqueletos, llena de gallos
y de perros, de bosques y de caleras, tierra
magra donde el grano crece penosamente
carosella,* maíz, granofino)
y el vino no es llamativo
(menta del Agri, albahaca del Basento)
y la aceituna tiene el gusto del olvido,
el sabor del llanto.

En un aire volcánico, fuertemente inflamable,
los árboles respiran con un latido inusitado;
las encinas engrosan sus troncos con la sustancia del cielo.
Montones de escombros quedan intactos durante siglos:
nadie mueve una piedra para no horrorizarse.
Debajo de cada piedra, digo, tiene el infierno su ombligo.
Sólo un muchacho puede asomarse a los bordes
del abismo para recoger el néctar
entre los matorrales hirvientes de mosquitos y tarántulas.

Yo regresaré vivo a tus lluvias rojas.
Volveré sin culpas a batir el tambor,
a atar el mulo a la puerta,
a recoger caracoles en los huertos.
¿Oiré humear el rastrojo, la maleza,
las zanjas, oiré al mirlo cantar
bajo las camas, oiré a la gata
cantar sobre los sepulcros?

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981), I nuovi Campi Elisi, Mondadori, Milán, 1947
Versión de Jorge Aulicino

* Carosella:variedad de trigo casi salvaje que se conoce desde la época del Imperio. No se ha determinado si deriva de "caruso" (en Sicilia, niño rapado) por su característica espiga pelada, o del término botánico cariosside (cariópside). Esto último se nos ocurre menos probable (N. del T.)

Foto: Hacca

Lucania

Al pellegrino che s’affaccia ai suoi valichi,
a chi scende per la stretta degli Alburni
o fa il cammino delle pecore lungo le coste della Serra,
al nibbio che rompe il filo dell’orizzonte
con un rettile negli artigli, all’emigrante, al soldato,
a chi torna dai santuari o dall’esilio,  a chi dorme
negli ovili, al pastore, al mezzadro, al mercante
la Lucania apre le sue lande,
le sue valli dove i fiumi scorrono lenti 
come fiumi di polvere.

Lo spirito del silenzio sta nei luoghi
della mia dolorosa provincia. Da Elea a Metaponto,
sofistico e d’oro, problematico e sottile,
divora l’olio nelle chiese, mette il cappuccio
nelle case, fa il monaco nelle grotte, cresce
con l’erba alle soglie dei vecchi paesi franati.

Il sole sbieco sui lauri, il sole buono
con le grandi corna, l’odoroso palato,
il sole avido di bambini, eccolo per le piazze!
Ha il passo pigro del bue, e sull’erba
sulle selci lascia le grandi chiazze zeppe di larve.

Terra di mamme grasse, di padri scuri
e lustri come scheletri, piena di galli
e di cani, di boschi e di calcare, terra
magra dove il grano cresce a stento
(carosella, granturco, granofino)
e il vino non è squillante
(menta dell’Agri, basilico del Basento)
e l’uliva ha il gusto dell’oblio,
il sapore del pianto.

In un’aria vulcanica, fortemente accensibile,
gli alberi respirano con un palpito inconsueto;
le querce ingrossano i ceppi con la sostanza del cielo.
Cumuli di macerie restano intatte per secoli:
nessuno rivolta una pietra per non inorridire.
Sotto ogni pietra, dico, ha l’inferno il suo ombelico.
Solo un ragazzo può sporgersi agli orli
dell’abisso per cogliere il nettare
tra i cespi brulicanti di zanzare e di tarantole.

Io tornerò vivo sotto le tue piogge rosse,
tornerò senza colpe a battere il tamburo,
a legare il mulo alla porta,
a raccogliere lumache negli orti.
Udrò fumare le stoppie, le sterpaie,
le fosse, udrò il merlo cantare
sotto i letti, udrò la gatta
cantare sui sepolcri?

Este poema fue reproducido en Poesie

miércoles, diciembre 04, 2013

Alicia Genovese / De "Aguas"












Thales imaginó la tierra
como un plato flotando
sobre el océano
y dijo que todas las cosas,
agua en su origen,
estaban llenas de dioses.
“Animadas” interpretó luego
la hermeneútica,
pero él lo decía
mientras frotaba
un trozo de ámbar
y briznas de pasto
se le adherían sin explicación;
mientras apoyaba un imán
contra el metal
de una armadura
y la piedra se detenía
como sus ojos atentos;
mientras alcanzaba
la altura de Keops
midiendo en la arena
la sombra proyectada.
Causas, ese más allá,
perseguía Thales,
en su universo
atravesado por ríos
y oscuridad
de dioses enérgicos.
Causas,
cuando el Delta del Nilo
hacía brotar en las mareas
los papiros, el loto,
y el sol de Mileto
caía desarmado
sobre el mar Egeo.
Anaxímenes propuso el aire
y Heráclito el fuego,
pero el agua
fue para Thales el principio,
la omnipresencia ordenadora.
Un ojo de agua
se abría en todas
y en cada una de las cosas
hasta volverlas físicas
y maleables.
Ningún filósofo aún
había separado el agua
de la idea del agua,
ni existían
mundos paralelos,
ni especulaciones
que el agua
no pudiese atravesar.

Alicia Genovese (Lomas de Zamora, Argentina, 1953)

Aguas,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2013






martes, diciembre 03, 2013

Leonardo Sinisgalli / Aquí en esta orilla...





















Aquí en esta orilla, me llama
el rumor del día que rompí
a pedradas. La luz nueva y abierta
sobre la tierra que pisoteo
es nada y más joven aún
que mis huesos. Arde el estío
sobre el rastrojo. Sin ruido
en mi cuerpo se quiebra
este fuego.

*
A manos llenas se me hace el día
y el alba tarda en levantarse
como una vela fresca sobre mi cuerpo,
la sangre es feliz y me corre
la brisa, me crece la mañana sobre el mar.
En la vigilia las voces de la regata
tienen cadencias de aventura extrema.
El agua es un prado bajo los pies
florecida, la luz en las manos
es fría como una uña.

Leonardo Sinisgalli (Montemurro, Lucania, 1908-Roma, 1981), revista Sur, N° 225, Buenos Aires, noviembre y diciembre de 1953
Versiones de Alberto Girri y Carlos Viola Soto


Sono a questa riva e mi chiama
Il suono del giorno ch'io ruppi
A sassate. La luce nuova è aperta
Sulla terra che calpesto
E nulla è ancora più giovane
Delle mie ossa. L'estate arde
Sulle stoppie. Senza rumore
Si sgretola entro il mio corpo
Questo fuoco.


*
A mani aperte mi fa giorno
E l'alba indugia a sollevarsi
Come una vela fresca sul mio corpo
E il sangue è felice e mi corre
La brezza, mi cresce mattina sul mare
Nel dormeveglia le voci della regata
Hanno cadenze di estrema avventura
L'acqua è un prato sotto i piedi
Fiorita, la luce dentro le mani
È freda come un'unghia.

Foto: Fondazione Leonardo Sinisgalli 

lunes, diciembre 02, 2013

Judith Filc / Dos poemas














Arpía

Inclinadas sobre el río,
ramas como brazos acarician el agua que acaricia las
hojas en su
vaivén.

Roza las raíces como nervaduras

serpientes

venas de azul oscuro en las manos de la
abuela

patas de pájaro anaranjadas
zarpeando la
tierra.


Baldío

Construyeron las montañas con la pulpa reblandecida de los
cimientos.

Los vidrios (el viento había arrancado de cuajo las ventanas),
convertidos a piedrazos en dragones de cinco
cabezas.

La puerta desgajada para el puente levadizo.

Con las chapas fabricaron la muralla. Con los marcos de las
ventanas
guerreros
agazapados esperando el
enemigo.

Judith Filc (Buenos Aires, 1962), inéditos

domingo, diciembre 01, 2013

Edna St. Vincent Millay / El amor no lo es todo...














El amor no lo es todo: no es comida ni bebida
Ni sueño ni un techo sobre tu cabeza contra la lluvia;
Ni una tabla que flota para los hombres que se hunden
Y se alzan y se hunden y se alzan y vuelven a hundirse;
El amor no puede llenar de aire el pulmón herido
Ni limpiar la sangre ni soldar el hueso partido;
Aun así, en este instante en que te hablo
Muchos hombres se acercan a la muerte sólo por falta de amor.
Podría ser que en un momento difícil,
Atrapada en el dolor y suplicando ser liberada
O llevada por la necesidad más allá del poder de mi voluntad,
Vendiese yo tu amor por un poco de paz,
O cambiara la memoria de esta noche por comida.
Podría ser. Pero no creo que lo hiciera.

Edna St. Vincent Millay (Rockland, Maine, 1892-Austerlitz, Nueva York, 1950), Collected Poems, HarperCollins, Nueva York, 1981
Traducción de Eduardo Conde
Envío de Jonio González


Love Is Not All...

Love is not all: it is not meat nor drink
Nor slumber nor a roof against the rain; 
Nor yet a floating spar to men that sink 
And rise and sink and rise and sink again; 
Love can not fill the thickened lung with breath, 
Nor clean the blood, nor set the fractured bone; 
Yet many a man is making friends with death 
Even as I speak, for lack of love alone. 
It well may be that in a difficult hour, 
Pinned down by pain and moaning for release, 
Or nagged by want past resolution's power, 
I might be driven to sell your love for peace, 
Or trade the memory of this night for food. 
It well may be. I do not think I would. 

sábado, noviembre 30, 2013

Guillermo Boido / Tres poemas




















Mendiga

quieres tomar de mi crepúsculo
lo que de fiebre en él aún permanece
y pides a mi cuerpo
países inocentes donde acaso dios exista
o al menos donde baste el dolor para pensarlo
y estás conmigo
como un dorado enero enamorado del invierno
y narras sólo para mí toda tu muerte


Hábitos nocturnos

A veces un espejo,
en la oscuridad de la bohardilla abandonada,
recuerda una antigua luz y se ilumina.

Y en el silencio, entonces,
las palabras de un libro que ya nadie leerá
se nombran a sí mismas.

La luz y las palabras, a veces,
se resisten a creer que nadie ha vivido.

a Ray Bradbury


Alta madrugada

nacer es arrancarse
la astilla que sangra en la memoria
allí donde la infancia es infinita

vivir de amordazarle
el grito al mensajero que nos cuenta
su espanto al pie de las murallas

morir de asesinarse
al extraño que nos mira en el espejo
desde el lado de las cosas

y ser de circunstancia y bruma
como la última estrella de la mañana

Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941-2013), La oscuridad del alba. Poemas 1970-2005, Ediciones Virgilio, Buenos Aires, 2006
---
Foto: Guillermo Boido por Ana Laura Monserrat

viernes, noviembre 29, 2013

Enrique Lihn / De "La pieza oscura"
















Jonás

Todo lo podría condenar igualmente, no se me pregunte en nombre de qué.
En nombre de Isaías, el profeta, pero con el grotesco gesto inconcluso de su
          colega Jonás
que nunca llegó a cumplir su pequeña comisión sujeto a los altos y bajos
del bien y del mal, a las variables circunstancias históricas
que lo hundieron en la incertidumbre de un vientre de ballena.
Como Jonás, el bufón del cielo, siempre obstinado en cumplir su pequeña
          comisión, el porta-documentos incendiario bajo la axila sudorosa, el
          paraguas raído a modo de pararrayos.
Y la incertidumbre de Jehová sobre él, indeciso entre el perdón y la cólera,
          tomándolo y arrojándolo, a ese viejo instrumento de utilidad dudosa
caído, por fin, en definitivo desuso.

Yo también terminaré mis días bajo un árbol
pero como esos viejos vagabundos ebrios que abominan de todo por igual,
          no me pregunten
nada, yo sólo sé que seremos destruidos.
Veo a ciegas la mano del señor cuyo nombre no recuerdo,
los frágiles dedos torpemente crispados. Otra cosa, de nuevo, que nada
          tiene que ver. Recuerdo algo así como...
no, no era más que eso. Una ocurrencia, lo mismo da. Ya no sé a dónde voy
          otra vez.
Asísteme señor en tu abandono.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), La pieza oscura,1963, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2007

jueves, noviembre 28, 2013

Dante Gabriel Rossetti / Luz repentina






















Yo estuve aquí antes,
pero no puedo decir ni cuándo ni cómo:
conozco el prado del otro lado de la puerta,
el aroma dulce e intenso,
el sonido susurrante, las luces a lo largo de la costa.
Has sido mía antes −
No puedo saber hace cuánto:
Pero hace un momento cuando remontó vuelo esa golondrina
y giraste tu cuello de esa forma,
cayó algún velo − lo supe todo, lo reconocí.
¿Ha sido esto antes así?
¿Y entonces no será que el vuelo arremolinado del tiempo
restaura con nuestras vidas nuestro amor
a pesar de la muerte,
y el día y la noche nos dan este deleite una vez más?

Entonces, ahora − ¡por ventura otra vez!...
¡Alrededor de mis ojos tiembla tu pelo!
¿No volveremos a estar como estamos ahora, acostados
y así, en nombre del amor,
dormir, y despertar, y no romper nunca la cadena?

Dante Gabriel Rossetti  (Londres, 1828 – Birchington-on-Sea, Kent, 1882), Poems, F. S. Ellis, 33 King Street, Covent Garden, Londres, 1870
Versión de Inés Garland


Sudden Light    

          I have been here before, 
              But when or how I cannot tell: 
          I know the grass beyond the door, 
              The sweet keen smell, 
    The sighing sound, the lights around the shore.
          You have been mine before,— 
              How long ago I may not know: 
          But just when at that swallow's soar 
              Your neck turned so, 
    Some veil did fall,—I knew it all of yore.
          Has this been thus before? 
              And shall not thus time's eddying flight 
          Still with our lives our love restore 
              In death's despite, 
    And day and night yield one delight once more?
 
 Then, now,—perchance again! . . . . 
              O round mine eyes your tresses shake! 
          Shall we not lie as we have lain 
              Thus for Love's sake, 
    And sleep, and wake, yet never break the chain?


Imagen: Dante Gabriel Rossetti por William Holman Hunt, 1853

miércoles, noviembre 27, 2013

Margaret Atwood / Dos poemas














Hotel

Me despierto a oscuras
en una habitación extraña.

Hay una voz en el techo
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;

ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire de alrededor y encuentra
espacio. Al final, me

penetra y se vuelve mía.


Grajos azules

Mientras yaces, acorralado
en este rectángulo blanco, sin apenas querer
respirar, colgado
de la vida por un fino hilo,

los grajos van y vienen, todavía comen
las semillas que dejaste,
las esparcen en la hierba entre
las peras y las manzanas mustias.

¿Quién te hizo este agujero?
Los pájaros vuelan en el aire blanco,
sus gritos cortan el espacio
congelado entre árbol y árbol,
azul penetrante, ángeles

o agujas. ¿Eras tú
esa voz que decía
que el único camino era llegar al final?
¿o era un ángel el que quería
que eligieras, que respiraras?

Pájaros de ojos rutilantes y afilado
pico, no se
disculpan al devorar
cualquier cosa que alimente
sus fugaces vidas:

tus girasoles.

El próximo verano
brotará allí algo olvidado.

Margaret Atwood (Ottawa, 1939), Historias reales, Bruguera, Barcelona, 2010
Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo
Envío de Jonio González

martes, noviembre 26, 2013

Bruno Di Benedetto / Don Corleone acaricia a un gato






















la voz
estrangulada
por la falta de uso civil

una mano planta
canarios muertos
en la boca de los que cantan

y otra mano
sube a contrapelo
por el espinazo de la nada:

ay de mí,
cabeza de caballo
perdida
entre sábanas de seda.


Bruno Di Bendetto (Avellaneda, 1955; vive en Puerto Madryn desde 1979), Cine de trasnoche, inédito

lunes, noviembre 25, 2013

William Shakespeare / Soneto 123





















CXXIII

Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.

Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia.

Os desafío a ti y a tus anales;
no me asombran pasado ni presente,
pues tus anales y lo visto engañan
al transformarse mientras te apresuras.

Por mí, te juro que he de ser constante
a pesar de tu hoz y de ti mismo.

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Inglaterra, 1564-1616), Sonetos, selección y traducción de Manuel Mujica Lainez, Losada, Buenos Aires, 1964


No, Time, thou shalt not boast that I do change:
Thy pyramids built up with newer might
To me are nothing novel, nothing strange;
They are but dressings of a former sight.

Our dates are brief, and therefore we admire
What thou dost foist upon us that is old,
And rather make them born to our desire
Than think that we before have heard them told.

Thy registers and thee I both defy,
Not wondering at the present nor the past,
For thy records and what we see doth lie,
Made more or less by thy continual haste.

   This I do vow and this shall ever be;
   I will be true, despite thy scythe and thee.

Imagen: un grabado basado en el retrato atribuido a John Taylor (c 1610) La firma de Shakespeare es el único texto de puño y letra del autor que se conserva

domingo, noviembre 24, 2013

Gerard Manley Hopkins / El eco plomizo





















¿Cómo conservarla... hay algo, algo, no hay nada
en ningún lugar conocido, lazo o broche o trenza
o traba, cuerda, cerrojo o pasador o llave para retener
la belleza, preservarla, belleza, belleza... de
la disolución?
Oh, ¿no hay un medio de alisar estas arrugas,
                      estriadas arrugas profundas,
de alejar estos funestísimos mensajeros, callados
                     mensajeros,
tristes y furtivos mensajeros del gris?
No, no hay ninguno, no hay ninguno, oh, no hay
                     ninguno,
ni por mucho tiempo podrás, como ahora, ser
                     llamada bella,
a pesar de cuanto puedas hacer, de que hagas lo que
                      puedas,
es sabiduría desesperarse por anticipado:
comienza, pues, tú; ya que no, nada puede hacerse
para tener a raya
los años y los males de la edad, cabellos blancos,
pliegues y arrugas, la declinación, el morir, el
                     detrimento
de la muerte, sudarios, tumbas y gusanos y el
                      desplomarse
de la disolución;
de modo que comienza, comienza a desesperar:
Oh, no hay nada; no, no, no, no hay nada:
comienza a desesperar, a desesperar,
desespera, desespera, desespera.

Gerard Manley Hopkins (Essex, Inglaterra, 1844-Dublin, 1889), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974

 Imagen: Gerard Manley Hopkins en 1880, por Forshaw & Coles National Portrait Gallery

sábado, noviembre 23, 2013

Georges Bataille / De "El ser indiferente nada es"














VI

Las palabras del poema, su indocilidad, su número, su
insignificancia, conservan en el corazón el instante impalpable,
beso lentamente posado en la boca de una muerta,
dejan el aliento suspenso en lo que ya nada es.

La transparencia del ser amado, milagrosa indiferencia,
lo que extravía, extraviado en el cristal incontable de la luz;
no pensar en ello nunca más.

Georges Bataille (Billom, 1897-París, 1962), Lo Arcangélico y otros poemas, traducción de Pilar Ruiz Va, Visor, Madrid, 1999, edición no bilingüe

Foto: s/d

viernes, noviembre 22, 2013

Marguerite Yourcenar / Aquí la miel que rezuma...












Aquí la miel que rezuma del corazón profundo de las flores,
los colores, los aromas y los alientos amados.
Ya no le sonreirás a la belleza de las cosas;
se han cerrado al fin, tus brazos siempre abiertos.

No sentirás más, sobre tus párpados dormidos,
el lento deshojar de los perfumados  llantos;
tu corazón se disuelve en la metamorfosis;
llego justo a tiempo para perderte eternamente.

Aquí mis manos, mis ojos, mis pies que vos buscás;
en este estrecho jardín donde estás tendida,
yo avanzo titubeante como un triste extranjero.

Te alcanzo demasiado tarde… me arrepiento, envidio
a aquellos que mucho me advirtieron que todo es pasajero,
que te demostraron su amor cuando estaban a tiempo.

Marguerite Yourcenar (Bruselas, 1903- Northeast Harbor, Maine, 1987), Les Charités d’Alcippe, Gallimard, 1929
Versión de Marina Kohon



Voici le miel qui suinte...

Voici le miel qui suinte au cœur profond des roses,
 Les couleurs, les parfums et les souffles aimés. 
Vous ne sourirez plus à la beauté des choses ; 
Vos bras prompts à s’ouvrir se sont enfin fermés. 

Vous ne sentirez pas, sur vos paupières closes,
Le lent effeuillement des longs pleurs parfumés ; 
Votre cœur s’est dissous dans les métamorphoses ; 
J’arrive juste à temps pour vous perdre à jamais. 

Voici mes yeux, mes mains, mes pieds qui vous cherchèrent ;
 Dans cet étroit jardin où d’autres vous couchèrent, 
J’avance en hésitant comme un triste étranger. 

Je vous rejoins trop tard… Je me repens, j’envie 
Ceux qui, mieux avertis que tout est passager, 
Vous montraient leur amour quand vous étiez en vie.


jueves, noviembre 21, 2013

Inger Christensen / Dos poemas













Si estoy de pie...

Si estoy de pie
 sola en la nieve
 es lógico
 que yo sea un reloj
  ...
 ¿cómo iba si no la eternidad
 a encontrar su camino?

 Lys, 1962


 Lo efímero

 La piedra en la playa se evapora.
 El lago perece bajo el sol.
 Los esqueletos de los animales
 están ocultos bajo las arenas eternas del desierto.
 Las cosas caminan,
 mueren una en la otra,
 navegan como pensamientos
 en el alma del espacio.
 Caravanas de arena viva.

 ¿Es esto una amenaza?
 ¿Dónde está mi corazón?
 Prisionero en la piedra.
 Escondido en un lago.
 Latiendo profundamente
 en un camello jorobado,
 que yace en la arena
 gimiendo y va a morir.

 Lys, 1962

Inger Christensen (Vejle, 1935 - Copenhague, 2009),  Poesía nórdica, Ediciones de la Torre, Madrid, 1999. Traducción de Francisco Uriz
Envío de Jonio González
---
Foto: s/d

miércoles, noviembre 20, 2013

William Carlos Williams / Camino hacia el hospital de infecciosos














Camino hacia el hospital de infecciosos
bajo la oleada de las azules
y abigarradas nubes empujadas
desde el noreste: un viento frío. Más allá
el yermo de amplios, pantanosos campos
pardos de secas malezas, erguidos y caídos

parches de agua estancada,
entre árboles dispersos.

A lo largo de todo el camino, el rojo
purpúreo, bifurcado, vertical, ramoso
conjunto de matas y pequeños árboles
con pardas hojas muertas,
y bajo éstas, deshojadas parras -

Exánime en apariencia, indolente,
aturdida, la primavera se aproxima -

Entran desnudas al nuevo mundo,
frías, inseguras de todo
salvo que entran. A su alrededor
el frío, familiar viento -

Hoy la hierba, mañana
el firme rizo de la hoja de biznaga.

Uno a uno se perfilan los objetos -
Se apresuran: claridad, contorno de la hoja.

Mas ahora la severa dignidad de la entrada -
apacible, el profundo cambio
ha llegado hasta ellas, enraizadas
se aferran al suelo y comienzan a despertar.

William Carlos Williams (Rutherford 1883 - 1963), Poesía norteamericana contemporánea, traducciones de William Shand y Alberto Girri, Distribuidora Mexicana de Libros, Ciudad de México, 1976


By the road to the contagious hospital

By the road to the contagious hospital
under the surge of the blue
mottled clouds driven from the
northeast-a cold wind.  Beyond, the
waste of broad, muddy fields
brown with dried weeds, standing and fallen

patches of standing water
the scattering of tall trees

All along the road the reddish
purplish, forked, upstanding, twiggy
stuff of bushes and small trees
with dead, brown leaves under them
leafless vines-

Lifeless in appearance, sluggish
dazed spring approaches-

They enter the new world naked,
cold, uncertain of all
save that they enter.  All about them
the cold, familiar wind-

Now the grass, tomorrow
the stiff curl of wildcarrot leaf
One by one objects are defined-
It quickens:  clarity, outline of leaf

But now the stark dignity of
entrance-Still, the profound change
has come upon them:  rooted, they
grip down and begin to awaken

Imagen: Foto en el pasaporte de William Carlos Williams, 1921. Biblioteca de la Universidad de Yale

lunes, noviembre 18, 2013

Leopoldo Castilla / Vista aérea















Aquí estuvo una vez el mundo.

En estos círculos
de agua quemada
fundió su calavera,
en la grafía de estos ribazos
drenó las tinieblas del viaje,
dejó irse a la muerte.

El mar retrocede
ante el territorio desollado
donde late el sortilegio
de los lagos seniles.

Abandonó sus huellas
con la suave brutalidad del páramo:
tatuadas
la implosión de un volcán
la furia de los metales.

Y un silencio a desaparición
                          que no se acaba.

Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Coirón, Ediciones del Zorrito, Buenos Aires, 2011

domingo, noviembre 17, 2013

Mark Strand / Llegar a esto





















Hemos hecho lo que queríamos.
Hemos desechado sueños y preferido nuestra mutua
industria pesada, y hemos dado la bienvenida a la aflicción
y llamado ruina al inaguantable hábito de la ruptura.

Y ahora henos aquí.
La cena está servida y no podemos comer.
La carne se asienta en el blanco lago de su plato.
El vino espera.

Llegar a esto
tiene su recompensa: nada se promete, nada se quita.
No tenemos confianza ni mérito,
ningún lugar al que ir, ninguna razón para quedarnos.

Mark Strand (Summerside, Canadá, 1934-Nueva York, 2014), Selected Poems, Alfred A. Knopf, Nueva York, 1990
Versón de Jonio González


Coming to This

We have done what we wanted. 
We have discarded dreams, preferring the heavy industry   
of each other, and we have welcomed grief 
and called ruin the impossible habit to break. 

And now we are here. 
The dinner is ready and we cannot eat.   
The meat sits in the white lake of its dish.   
The wine waits.

Coming to this 
has its rewards: nothing is promised, nothing is taken away.   
We have no heart or saving grace, 
no place to go, no reason to remain.
---

sábado, noviembre 16, 2013

Ágnes Nemes Nagy / De las metáforas




















¡Cuánto amé las metáforas!
Dios, cuánto disfrutaba
su resoplido en torno a mí,
su piafar de caballos agitados -
Les ponía la brida y ¡adelante!
Les soltaba la rienda, y sólo a punto
de desbocarse ya, la recogía,
tirando y refrenando, con el doble
placer en ambos brazos,
de galopar y detener.
Hoy les vuelvo la espalda.
Voy pateando las piedras de la plaza.
Sólo un músculo tiembla con el ruido
De una que otra que viene por la espalda
Y me apoya su testa nervuda sobre el hombro.

Ágnes Nemes Nagy (Budapest, 1922-1991), El reverso de la luz: Cuatro poetas húngaros, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2000. Traducción de Rodrigo Escobar Holguín y Vera Székács
Vía Jonio González
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Foto: Ágnes Nemes Nagy, 1989 Wikimedia Commons

viernes, noviembre 15, 2013

Yvor Winters / Al Espíritu Santo


                     








de un cementerio abandonado
                       en Valle Salinas

Inconmensurable bruma;
el desierto valle esparce
dorados lechos de ríos
como en otros tiempos.
Se alzan árboles afinados por la distancia,
y detrás de los árboles, las colinas,
una pura línea de polvo y sombra,
ofrecen un testimonio a nuestra voluntad:
nosotros podemos y debemos verlas;
allí están, calmas en el engaño.

El sol del mediodía devuelve la mente
a su lugar verdadero:
seca hierba y arena; no encontramos
ninguna visión que nos distraiga.
Abajo, en el ardor estival,
con los nombres de viejas tumbas,
se agrupan piedras aquí y allá,
sin sentido, y debajo, de igual modo,
están los huesos:
reliquias de hombres solitarios,
brutales y sin meta, irregulares
en su vida como ahora.

Estos son tus hijos caídos;
tú, a quien trato de alcanzar,
tú, a quien el ojo esquiva rápido,
tú, que eludes mi palabra.
Sin embargo, cuando me aparto de los sentidos
y te sigo con el pensamiento,
entonces te encuentro, intenso,
y te conozco como debo.
Pero tú sólo eres espíritu,
y yo, ay, como puro espíritu
estoy encadenado a la carne y a los huesos,
y la carne y los huesos están encadenados a la tierra.

Estos no tuvieron un pensamiento, a lo más
una oscura fe, y la tierra los cegaba.
¿Dónde está el espectro que los perturbaba?
¿Había un nuevo nacimiento?
Sólo una certeza,
fuera de tu ojo incorpóreo,
fuera del árbol espectral,
puedo distinguir: estos hombres mueren.
Todo este temblor del tiempo,
aunque eluda mi sentido sin saber
hacia qué herencia, parece caer
silencioso, sin posibilidad
de despertar, en la nada.

Yvor Winters (Chicago, 1900-Palo Alto, 1968), Alberto Girri, Versiones, Corregidor, Buenos Aires, 1974


To the Holy Spirit

Immeasurable haze:
The desert valley spreads
Up golden river-beds
As if in other days.
Trees rise and thin away,
And past the trees, the hills,
Pure line and shade of dust,
Bear witness to our wills:
We see them, for we must;
Calm in deceit, they stay.

High noon returns the mind
Upon its local fact:
Dry grass and sand; we find
No vision to distract.
Low in the summer heat,
Naming old graves, are stones
Pushed here and there, the seat
Of nothing, and the bones
Beneath are similar:
Relics of lonely men,
Brutal and aimless, then,
As now, irregular.

These are thy fallen sons,
Thou whom I try to reach.
Thou whom the quick eye shuns,
Thou dost elude my speech.
But when I go from sense
And trace thee down in thought,
I meet thee, then, intense
And know thee as I ought.
But thou art mind alone,
And I, alas, am bound
Pure mind to flesh and bone
And flesh and bone to ground.

These had no thought: at most
Dark faith and blinding earth.
Where is the trammeled ghost?
Was there another birth?
Only one certainty
Beside thine unfleshed eye,
Beside the spectral tree,
Can I discern: these die.
All of this stir of age,
Though it elude my sense
Into what heritage
I know not, seems to fall
Quiet beyond recall,
Into irrelevance.