miércoles, diciembre 14, 2011

Laura Wittner / La fiesta






La fiesta

Levantaron la compuerta del baúl
y salimos arando hacia el fondo del cielo.
Carreras, equilibrios y verticales-puente
en ámbitos que se levantaban y caían
a nuestro paso, según nuestra voluntad:
galerías con arcos y columnas,
infinitos gimnasios con pisos de madera,
tinglados ásperos con reverberaciones,
y así...

Figuras finas y flexibles, fuimos, en esa tela inmensa
donde el mayor esfuerzo del pintor había estado en la luz:
llegar al tipo exacto de luz con el óleo
y de paso atrapar la blandura del aire;
el punto exacto, en óleo, de esa consistencia.

A los grandes los volvimos a ver
dos o tres veces a lo largo del día.
Por el momento no eran más que una idea
o varios pares de sombras demarcantes:
esto es centro, esto es suburbio y lo del medio es no-terreno,
sin saber que tragábamos aire casi ilegalmente
de y en cada una de esas franjas
siempre a punto de pasar a ser otros.

Todo cambió cuando corrieron el toldo con la noche.

Sin la velocidad de los espacios abiertos
nos subsumimos en zonas apretadas,
pozos a compartir con las luciérnagas.

Tanta luciérnaga en los ojos,
tanta humedad y reflejos estelares–
como el confeti o el rocío de sal,
o ese humo abrillantado de las grandes explosiones–
funden los cinco sentidos en un sexto.
Pispeamos desde ahí a nuestros padres en sombras:
y resultó que se habían puesto a administrar
una fluida intimidad en la que cada recoveco
servía de altarcito para un símbolo.

Tierna es la noche, parece, nos dijimos.
O qué nos podemos haber dicho.

Salvo que sí, hay una subcorriente
nocturna, como en cualquier día de playa
bajo la sólida costa, por las venas iodadas
transcurre lo decapitado en general.

Laura Wittner (Buenos Aires, 1967), Balbuceos en una misma dirección, Gog y Magog, Buenos Aires, 2011

Ilustración: Carretera nocturna, 1873, Maksymilian Gierymski

martes, diciembre 13, 2011

W. H. Auden / En homenaje a la piedra caliza




En homenaje a la piedra caliza

Si forma el único paisaje que nosotros, seres inconstantes,
consistentemente añoramos, esto se debe en gran parte
a que de disuelve en el agua. Fíjate en estas cuestas redondeadas
con su fragancia a tomillo en la superficie y, debajo,
un sistema secreto de cavernas y conductos; oye los manantiales
que con una risa ahogada brotan por doquier,
cada uno con su estanque privado para sus peces, o que tallan
su propia pequeña barranca, cuyos acantilados entretienen
a la mariposa y al lagarto; examina esta región
de breves distancias y lugares concretos;
¿qué otro lugar podría parecerse más a Madre, qué mejor entorno
para su hijo, el galanteador varón que holgazanea,
recostado contra una roca bajo el sol, sin dudar nunca
de que, a pesar de sus defectos, es amado, y que sus actos son sólo
extensiones de su habilidad para cautivar? Desde el afloramiento erosionado
hasta el templo en la cima, desde las surgentes aguas hasta
las conspicuas fuentes, desde el salvaje hasta el formal viñedo
hay pasos ingeniosos, aunque cortos, que un niño deseoso
de recibir más atención que sus hermanos puede fácilmente dar, ya sea
complaciendo o fastidiando.

Observa, entonces, la pandilla de rivales que suben y bajan
por los empinados pasajes de piedra en grupos de dos o tres, a veces
tomados del brazo, pero nunca, gracias a Dios, marcando el paso;
o que se demoran en el lado umbrío de una plaza al mediodía, entregados
a la voluble charla; se conocen demasiado bien para pensar
que pueda haber secretos importantes, incapaces
de concebir un dios cuyos berrinches sean morales
y no puedan ser apaciguados por una frase feliz
o el buen sexo: porque acostumbrados a la piedra que responde,
nunca tuvieron que cubrirse el rosto con un velo, ni temieron
a un cráter cuya flameante furia no pudiera aplacarse;
ajustados a las necesidades locales de los valles
donde todo puede tocarse o alcanzarse a pie,
sus ojos jamás han contemplado el espacio infinito
a través del enrejado del peine de un nómada; habiendo nacido afortunados,
sus piernas nunca tropezaron con los hongos
e insectos de la jungla, las formas y vidas monstruosas
con las que nos gusta creer que nada compartimos.
Por eso, cuando uno de ellos se echa a perder, la forma en que le
   trabaja la mente
sigue siendo comprensible: convertirse en alcahuete,
traficar en joyas falsas o arruinar una buena voz de tenor
para lograr efectos que hagan que el teatro se venga abajo podría
   pasarle a cualquiera de nosotros,
excepto a los mejores o a los peores...

                                      Es por eso, supongo,
que ni los mejores ni los peores se quedaron aquí mucho tiempo,
   sino que buscaron
suelos inmoderados donde la belleza no fuera tan externa,
la luz menos pública, y el significado de la vida
algo más que una exclamación afeminada. "¡Ven!" exclamaron los
   desiertos de granito,
"¡Cuán evasivo es tu humor, cuán accidental
tu más amable beso, cuán permanente la muerte!". (Los futuros santos
se escabulleron, suspirando.) "¡Ven!" ronronearon las arcillas y las gravas,
"En nuestras llanuras hay lugar para que se entrenen los ejércitos: ríos
que esperan ser domesticados y esclavos que aguardan para
   construirte un sepulcro
en gran estilo: blanda como la tierra es la humanidad y ambas
necesitan ser alteradas". (Los administrativos Césares se levantaron y
se fueron, danto un portazo.) Pero los verdaderamente temerarios
   fueron llamados
por una voz más vieja y fría, el susurro oceánico:
"Yo soy la soledad que no pide ni promete nada;
así habré de hacerlos libres. El amor no existe;
solo existen las diversas envidias, todas lamentables".

Estaban en los cierto, mi querido, todas esas voces estaban en lo cierto.
Y aún lo están; esta tierra no es el hogar dulce que parece,
ni es su paz la histórica calma de un sitio
donde algo quedó decidido de una vez por todas: una provincia
atrasada y desmantelada, conectada
con el bullicioso gran mundo por un túnel, con una cierta
sórdida atracción, ¿es eso todo lo que queda? No exactamente:
tiene un deber mundano que, a pesar de sí misma
no descuida, pero pone en duda
todo lo que las Grandes Potencias dan por sentado; perturba
   nuestros derechos. El poeta,
admirado por su hábito honesto de llamar
sol al sol, y a su mente Enigma, siente desazón
ante estas estatuas de mármol que tan obviamente dudan
de su antimitológico mito; y estos pilluelos
que acosan al científico por la columnata azulejada
con tan vivaces ofertas, reprochan su interés por los aspectos
más remotos de la Naturaleza: yo, también, siento el reproche,
como tú bien sabes,
y cuánto sabes. No perdamos tiempo, que no nos atrapen,
no nos quedemos atrás, y, ¡por favor! no nos parezcamos
a las bestias que se repiten, o algo como el agua
o la piedra, cuyo comportamiento puede predecirse: tal
es nuestra liturgia, cuyo mayor consuelo es la música
que puede hacerse en cualquier parte, es invisible,
y no tiene olor. En la medida que debemos considerar
la muerte como un hecho, sin duda estamos en lo cierto.
Pero si hay perdón para los pecados, si los cuerpos se levantan de la muerte,
estas modificaciones en la materia en
atletas inocentes y gesticulantes fuentes,
hechos solo para el placer, dicen algo más:
a los benditos no les importará el ángulo del que se los mire,
pues nada tienen que ocultar. Querido, yo no sé nada de
una ni otra cosa, pero cuando intento imaginar un amor perfecto
o la vida que vendrá, lo que oigo es el murmullo
de corrientes subterráneas; lo que veo, un paisaje de piedra caliza.

                                                                                   Mayo de 1948

W. H. Auden (York, 1907- Viena, 1973), Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta 1939-1973, selección y traducción de Rolando Costa Picazo, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


In Praise of Limestone

If it form the one landscape that we, the inconstant ones,
     Are consistently homesick for, this is chiefly
Because it dissolves in water. Mark these rounded slopes
     With their surface fragrance of thyme and, beneath,
A secret system of caves and conduits; hear the springs
     That spurt out everywhere with a chuckle,
Each filling a private pool for its fish and carving
     Its own little ravine whose cliffs entertain
The butterfly and the lizard; examine this region
     Of short distances and definite places:
What could be more like Mother or a fitter background
     For her son, the flirtatious male who lounges
Against a rock in the sunlight, never doubting
     That for all his faults he is loved; whose works are but
Extensions of his power to charm? From weathered outcrop
     To hill-top temple, from appearing waters to
Conspicuous fountains, from a wild to a formal vineyard,
     Are ingenious but short steps that a child's wish
To receive more attention than his brothers, whether
     By pleasing or teasing, can easily take.

Watch, then, the band of rivals as they climb up and down
     Their steep stone gennels in twos and threes, at times
Arm in arm, but never, thank God, in step; or engaged
     On the shady side of a square at midday in
Voluble discourse, knowing each other too well to think
     There are any important secrets, unable
To conceive a god whose temper-tantrums are moral
     And not to be pacified by a clever line
Or a good lay: for accustomed to a stone that responds,
     They have never had to veil their faces in awe
Of a crater whose blazing fury could not be fixed;
     Adjusted to the local needs of valleys
Where everything can be touched or reached by walking,
     Their eyes have never looked into infinite space
Through the lattice-work of a nomad's comb; born lucky,
     Their legs have never encountered the fungi
And insects of the jungle, the monstrous forms and lives
     With which we have nothing, we like to hope, in common.
So, when one of them goes to the bad, the way his mind works
     Remains incomprehensible: to become a pimp
Or deal in fake jewellery or ruin a fine tenor voice
     For effects that bring down the house, could happen to all
But the best and the worst of us...
                                             
                                             That is why, I suppose,
     The best and worst never stayed here long but sought
Immoderate soils where the beauty was not so external,
     The light less public and the meaning of life
Something more than a mad camp. 'Come!' cried the granite wastes,
     "How evasive is your humour, how accidental
Your kindest kiss, how permanent is death." (Saints-to-be
     Slipped away sighing.) "Come!" purred the clays and gravels,
"On our plains there is room for armies to drill; rivers
     Wait to be tamed and slaves to construct you a tomb
In the grand manner: soft as the earth is mankind and both
     Need to be altered." (Intendant Caesars rose and
Left, slamming the door.) But the really reckless were fetched
     By an older colder voice, the oceanic whisper:
"I am the solitude that asks and promises nothing;
     That is how I shall set you free. There is no love;
There are only the various envies, all of them sad."

     They were right, my dear, all those voices were right
And still are; this land is not the sweet home that it looks,
     Nor its peace the historical calm of a site
Where something was settled once and for all: A back ward
     And dilapidated province, connected
To the big busy world by a tunnel, with a certain
     Seedy appeal, is that all it is now? Not quite:
It has a worldy duty which in spite of itself
     It does not neglect, but calls into question
All the Great Powers assume; it disturbs our rights. The poet,
     Admired for his earnest habit of calling
The sun the sun, his mind Puzzle, is made uneasy
     By these marble statues which so obviously doubt
His antimythological myth; and these gamins,
     Pursuing the scientist down the tiled colonnade
With such lively offers, rebuke his concern for Nature's
     Remotest aspects: I, too, am reproached, for what
And how much you know. Not to lose time, not to get caught,
     Not to be left behind, not, please! to resemble
The beasts who repeat themselves, or a thing like water
     Or stone whose conduct can be predicted, these
Are our common prayer, whose greatest comfort is music
     Which can be made anywhere, is invisible,
And does not smell. In so far as we have to look forward
     To death as a fact, no doubt we are right: But if
Sins can be forgiven, if bodies rise from the dead,
     These modifications of matter into
Innocent athletes and gesticulating fountains,
     Made solely for pleasure, make a further point:
The blessed will not care what angle they are regarded from,
     Having nothing to hide. Dear, I know nothing of
Either, but when I try to imagine a faultless love
     Or the life to come, what I hear is the murmur
Of underground streams, what I see is a limestone landscape.
                                                                                  May 1948
---
Ilustración: Sources Rievaulx Abbey, Yorkshire, c. 1825, J.M.W. Turner

lunes, diciembre 12, 2011

Matsuo Bashō / De "Haiku de las Cuatro Estaciones"



[de Haiku de las Cuatros Estaciones]

(Primavera)

Sólo soy un hombre
comiendo su sopa
ante la flor de asagao

Noche de primavera
en la sombra del templo
un misterioso devoto

¿Es primavera?
La colina sin nombre
se ha perdido en la bruma

(Verano)

Viene a verme aquí
desde el vivero
una voz de sapo

Esta jornada ardiente
la arroja al mar
el río Mogami

(Otoño)

Al oscurecerse el mar
la voz del pato salvaje
apenas es blanca

Lluvias frías
hasta el mono quisiera
un abrigo de paja

Sopa de arroz
oigo tocar el laúd
granizo sobre el tejado

(Invierno)

Hielo nocturno
me despierto
mi cántaro estalla

Tan enjuto
como el salmón seco
el bonzo en el frío

Retiro de invierno
sobre el biombo dorado
envejecen los pinos

¿La nieve que cae
es otra
este año?

Matsuo Bashō (Ueno, 1644-Osaka, 1694), Haiku de las Cuatro Estaciones, traducción de Francisco Villalba, Libros de los Malos Tiempos, Miraguano Ediciones, Madrid, 1983

Ilustración: Bashō según Yokoi Kinkoku, c.1820

domingo, diciembre 11, 2011

John Ashbery / Ocaso de Greuze






Ocaso de Greuze

Como grupo éramos algo vulnerables
y hoy seguimos siéndolo. Mi cuñado me ha preparado
una torre en el molino, desde cuyo balcón
veo los moscardones que irritan al cielo
con su insignificancia. ¿Qué esperan que hagan?
¿Fundar familias? ¿Ser diáconos? Si es así, mis cálculos
se hunden en un bric-a-brac, mis ecuaciones
se deshacen.

Al otro lado de la carretera construyen una casa de cemento.
Al parecer no tendrá ventanas. Un palomar
para palomas de cemento. Siempre cuando hablaba contigo
durante decenios en mis cartas había algo que no era seguro:
tu respuesta. De nuevo corremos peligros,
como pájaros muertos, y el salivajo rubí del otoño asciende
por el cielo como un tornado. Intenta mantenerte
sereno y vacío en esta desnuda habitación.
Examina los espejos del estudio.
El destello del lagarto, la manta de terciopelo del caballo
te sorprenderán algún día hasta llegar a ver la esperanza.

John Ashbery (Rochester, 1927), Secretos chinos (Chinese Whispers), traducción de Dámaso López García, Visor Libros, Madrid, 2002

The Evening of Greuze

As a group we were somewhat vulnerable
and are so today. My brother-in-law has fixed
me a tower in the mill, from whose oriel
I can see the bluebottles who nag heaven
with their unimportance. But what are thet expected to do?
Raise families? Become deacons? If so my calculations
collapse into bric-a-brac, my equations
are undome.

Across the road they are building a cement house.
It will seemingly have not windows. A columbarium
for cement pigeons. And ever as I talked to you
down the decades in my letters one thing was unsure:
your reply. Now are again endangered,
like dead birds, and autumn's ruby spittle mounts
in the sky like a tornado. Try to keep
cold and empty in this bare room.
Examine mirrors in the studio.
The lizard's glint, the horse's velvet blanket
will surprise you into veiled hope one day.

Ilustración: Picnic on the Hudson, siglo XIX, Andrew Melrose

sábado, diciembre 10, 2011

Juan Antonio Vasco / Perspectivas para mañana


















Perspectivas para mañana

Desde atrás de los muebles en las habitaciones que
    desordena el deseo
espiamos a los hombres
sus largas piernas sus hacecillos de rayos que
    acosan a las mujeres como la mantis religiosa
    cuando se arrodilla en los altares
Hemos visto al amante correr por los aposentos
quitándose la ropa
huyendo del remordimiento que maneja su ascensor
    durante toda la noche
y devora las caparazones de la familia abandonadas
    en los desvanes como las madres entre sus hijos
Hemos viajado en esos vehículos de azar hemos
    adormecido al centinela
para que la noche y el sueño recuperen la sangre
    que han perdido

Juan Antonio Vasco (Buenos Aires, 1924-1984), Obra poética. Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2012

Foto: La Otra

act. jul. 2020

viernes, diciembre 09, 2011

Franz Wright / Reunión





Reunión

Cesa la nieve sobre las cicatrices de los campos,
entre las nubes
una vela en un cráneo de caballo:
luna
al amancer -
Mi pecado está siempre delante de mí-.

Al final el precio de comprender
todo será el de su
comunicación
a los que te rodean:
la completa y absoluta
imposibilidad,
pero

¿esto significa que
no voy a recordar
la Tierra?
tal vez es eso, pero
no lo sé.
Pronto lo sabré.

          La nieve sobre
los campos cicatrizados
está cesando,
lo que yace
ante mí es pasado.
Esto es

deberé criar un chico sin padre.

Franz Wright (Viena, 1953-Waltham, Massachusetts, Estados Unidos, 2015), Waking to Martha's Vineyard, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2008
Versión J. Aulicino

Reunión

Snow over the scarred fields just ending, between clouds
a candle in a horse skull
moon
at dawn -
My sin is always before me.

In the end the price of understanding
everything will be, of
its communication
to those who stand around you,
the complete and absolute
impossibility
but

does this mean
I won't remember
Earth? Perhaps
it does, but
I don't know.
Soon I will find out.

          Snow over
the scarred fields
just ending,
what lies
before me is past.
That is,

should I father a fatherless child.

Ilustración: A Morning Snow Hudson River, 1910, George Bellows

jueves, diciembre 08, 2011

Franco Fortini / Las dificultades de la fábrica de pintura



Las dificultades de la fábrica de pintura

Al compañero Wang Tong-kieu
secretario del ex Comité del Partido
los obreros de una fábrica de pinturas de Pekín
le han dicho:
"En un tiempo los odiábamos. Pero
lo que odiábamos en ustedes
eran sus errores".

¿Podemos de estas palabras
extraer qué distingue
a los adversarios de los enemigos?

Tenemos enemigos.
No sólo los errores odiamos en ellos:
también los cuerpos que los provocan.
Y adversarios tenemos
y el error odiamos en ellos
que hemos cometido nosotros mismos
o cometeremos.

Si tienen sólo adversarios,
¡felices los obreros de Pekín!
¡Felices si pueden ser humanos
con ellos y consigo mismos
y despiadados sólo con el error!
Nosotros, felices su tuviésemos enfrente
sólo enemigos.

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Questo muro", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino


Le difficoltà del colorificio

Al compagno Wang Tong-kieu
segretario dell' ex Comitiato di Partito
gli operai di un colorificio di Pechino
hanno detto:
"Un tempo noi vi si odiava. Ma quello
che noi si odiava in voi
erano i vostri errori".


Possiamo da queste parole
capire cos'è che distingue
gli avversari dai nemici?


Noi abbiamo nemici.
Non gli errori solamente odiamo in essi
ma i corpi che li recano.
E anche avversari abbiamo
e l'errore odiamo in essi
che è già stato in noi stessi
o sarà.


Se avessero solo avversari
felici gli operai di Pechino!
Se potessero essere umani
con loro e con se stessi
e spietati solamente con l'errore!
Noi felici se avessimo a fronte
solamente nemici.
---
Ilustración: Tinta y papel, Zhang Guiming, artista chino contemporáneo El País, Madrid

miércoles, diciembre 07, 2011

Archibald MacLeish / Epístola para ser dejada en la Tierra






Epístola para ser dejada en la Tierra

... Ahora hace más frío,
      hay muchas estrellas,
           flotamos a la deriva
Al norte de la Osa Mayor,
      las hojas caen
El agua es piedra en las rocas excavadas,
       hacia el sur
Sol rojo, aire gris:
       lentamente vuelan los cuervos
Con sus torcidas alas,
       las chovas nos abandonaron:
Desde que dejamos atrás los resplandores de Orión,
En su corazón cada hombre piensa que habrá de morir.
Muchos escribieron sus últimos pensamientos y cartas.
Ninguno sabe si nuestras muertes son pasajeras o eternas:
Ninguno sabe si esa errante tierra será hallada.
Yacemos y la nieve cubre nuestras vestiduras.

Les ruego a ustedes
       a ustedes (si alguien abre este escrito),
Que formen en sus bocas las palabras que fueron nuestros nombres.
Les diré todo lo que hemos aprendido:
        les diré todo:
La tierra es redonda,
         hay manantiales debajo de los huertos.
La arcilla se corta con un cuchillo romo,
         cuídense
De los olmos cuando truena,
         las luces del cielo son estrellas...
Pensamos que no nos ven,
         pensamos también
Que nos árboles no nos conocen, que las hojas de la hierba no nos oyen:
También los pájaros son ignorantes.
         No escuchen.
No se detengan en la oscuridad en las ventanas abiertas.
Hemos oído esto antes que ustedes:
         son voces:
No son palabras sino el viento que se levanta.
Tampoco ninguno de nosotros ha visto a Dios.
(... A menudo hemos creído
Que las ráfagas de sol en el tardío y violento temporal
Señalaban un árbol, pero no era así.)
En cuanto a las noches, les advierto que las noches son peligrosas:
De noche cambia el viento y llegan los sueños.

Hace mucho frío,
         hay raras estrellas cerca de Arturo,
Voces gritan en el cielo un nombre desconocido.

Archibald MacLeish (Glencoe, Illinois, 1892-Boston, 1982), William Shand y Alberto Girri, Poesía norteamericana contemporánea, Distribuidora Mexicana de Libros, Ciudad de México, 1976


Epistle to Be Left in the Earth


...It is colder now,
   there are many stars,
  we are drifting
North by the Great Bear,
the leaves are falling,
THe water is stone in the scooped rocks,
to southward
Red sun grey air:
the crows are
Slow on their crooked wings,
  the jays have left us:
Long since we passed the flares of Orion.
Each man believes in his heart he will die.
Many have written last thoughts and last letters.
None know if our deaths are now or forever:
None know if this wandering earth will be found.


We lie down and the snow covers our garments.
I pray you,
 you (if any open this writing)
Make in your mouths the words that were our names.
I will tell you all we have learned,
I will tell you everything:
The earth is round,
  there are springs under the orchards,
The loam cuts with a blunt knife,
beware of 
Elms in thunder,
the lights in the sky are stars——
We think they do not see,
we think also
The trees do not know nor the leaves of the grasses hear us:
The birds too are ignorant.
  Do not listen.
Do not stand at dark in the open windows.
We before you have heard this:
they are voices:
They are not words at all but the wind rising.
Also none among us has seen God.
(...We have thought often
The flaws of sun in the late and driving weather
Pointed to one tree but it was not so.)
As for the nights I warn you the nights are dangerous:
The wind changes at night and the dreams come.


It is very cold,
there are strange stars near Arcturus,


Voices are crying an unknown name in the sky


---
Ilustración: Los argonautas abandonan Cólquida, c.1480, Ercole de Roberti

martes, diciembre 06, 2011

Giovanni Giudici / De "Il ristorante dei morti"





Los harapos y la santidad

Creo que era la única escapatoria -disfrazarse.
Porque, sin duda alguna, no era de ellos.
Identificable a simple vista, bastaba
Que pasara por la calle - ahí está
Decían enseguida.
Expuesto esteban protocristiano
Y ahí las piedras a las manos.

No faltaban trapos con los que camuflarme
No exactamente de paño - melindrosos ojos bajos
Palabras tomadas en préstamo de libros y labios
Y mosquita muerta y ruidos vulgares y toda
La guarangada de los modos de existir.
Nene timorato que siempre tenía miedo
De carabineros esposadores mi querido.

Los harapos me quedaban grandes, sin embargo
Y casi siempre mi esfuerzo era en vano:
Las lanzas se encarnizaban
Con la torpe mascarada
Yo - acorralado tarsicio rumbo a sus misterios.
¿A quién querés dársela, pichoncito?
¿Pero a quién querés darle por atrás?
Dos o tres, me acuerdo bien, me esperaban
Sobre la punta que bifurca en dos calles
Una lisa y derecha y la otra una avenida
Cuesta abajo con plátanos y una gran curva.
Dos o tres, piensen en la cara - y luego quizá en
Vejadores ofendidos a su vez
En el giro de futuras historias. Parces

Nobis Domine, tanto o más que yo mismo
Precisamente de esto he aprendido a sobrevivir:
A lapidar a Esteban, a atrapar por la túnica a Tarsicio.
Crecido en los harapos que me quedaron que ni pintados
Y no parecieron más un disfraz.
Confortado por la maldad de ellos,
Más de una vez me sentí bribón y contento.

¿Y en este punto quitármelos? ¿Quién pensará
Jamás en molestar a un hombrecito tan gris
En el orden mentido, como el de estas estrofas?
¿Arriesgar ahora la santidad?
Que mi tribunal me hurgue, incierto
Entre ser y cambiar - tengo una ventaja
Que no es lo que parezco.

Giovanni Giudici (Le Grazie, Liguria, 1924-La Spezia, Liguria, 2011), Dopo la lirica, poeti italiani 1960-2000. A cura di Enrico Testa, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2005
Versión de Jorge Aulicino

[da Il ristorante dei morti]


Gli stracci e la santità

Credo che fosse la sola scappatoia – travestirsi.
Perché, nessun dubbio, non ero dei loro.
Identificabile a vista, basta
Che passassi per via – eccolo
Dicevano subito.
Esposto stefano protocristiano
E lì i sassi a portata di mano.

Non mancavano stracci di cui camuffarmi
Non propriamente di stoffa – smorfie occhi bassi
Parole prese a prestito da libri e labbra
E gattamorta e rumori scurrili e tutto
Il turpiloquio dei modi d’esistere.
Timorato bambino che ognora paventavo
Carabinieri ammanettanti il mio caro.

Gli stracci mi andavano larghi però
E quasi sempre la mia fatica sprecata:
Vieppiù i lanzi infierivano
Alla maldestra mascherata.
Io – braccato tarcisio in corsa ai suoi misteri.
A chi vorresti darla a bere piccioncino?
Ma chi vorresti prendere per il sedere?
Due o tre me li ricordo bene, mi facevano la posta
Sulla punta biforcante due strade
Una piana e diritta e l’altra un viale
Planante giù con platani e una grande ansa.
Due o tre, pensati in faccia – e poi chissà come
Angariati offesi a loro volta
Nel volgere di future storie. Parce

Nobis Domine, tanto più che io stesso
Proprio di lì ho appreso il sopravvivere:
A lapidare Stefano, a acchiappare per la tunica Tarcisio.
Cresciuto negli stracci che mi vennero a pennello
E non parvero più travestimento.
Confortato dalla loro malizia
In più di un’occasione ne fui gaglioffo e contento.

E a questo punto spogliarmene? Chi mai
Penserà a molestare un ometto così grigio
Nell’ordine mentito come di queste strofe?
Rischiarla adesso la santità?
Mio tribunale che mi frughi incerto
Fra essere e diventare – ho un bel dirti
Che non è quel che sembro.

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Foto: Del obituario de Giovanni Giudici en La Repubblica

lunes, diciembre 05, 2011

Eduardo Ainbinder / Sépanlo






Sépanlo:

nuestra forma de gobierno
se da mediante un mecanismo de poleas,
cuando sube al poder un enano
baja un gigante, o viceversa.
Mi filosofía no ha ido más allá
de escribir insultos contra el régimen
en el interior de las grutas
que otros inmediatamente leerán como elogios
ya que veinticuatro horas al día funciona
la maquina de transformar
vituperios en alabanzas.
Con más acierto andaban quienes dejaron escritos
sus consejos amorosos en un abanico, lo sé.
Y como de escribir en las grutas
diatribas contra el régimen no se vive,
ante la mirada atenta de mi superior,
puloi en mano, limpiando cacas e insultos
de la estatua del tirano de turno, voy.

Eduardo Ainbinder (Buenos Aires, 1968), inédito

Ilustración: fresco en la Villa di Agrippa Postumo, Boscotrecase, Nápoles, fines del siglo I a.C., comienzos del siglo I

sábado, diciembre 03, 2011

Miguel Angel Petrecca / Paisaje




Paisaje

El examen de sus documentos personales,
agendas y cuadernos que llevaba consigo
o servilletas llenas de mapas y garabatos,
podrían mantener ocupado durante décadas
a algún pobre diablo con alma de detective.
Y sin embargo no llegarían a revelar mucho
sobre la vida del hombre en cuestión.
Una vida así derrochada entre esos papeles
tendría como único saldo tangible al fin
la acumulación de más documentos y comentarios,
un tesoro documental anexado al primero
a la espera de nuevos comentaristas.
Date una vuelta por el lugar donde vivió
y tratá si podés de alejar los ojos
de la torre de agua que preside horrenda,
igual que un espantapájaros, la zona.
Tal vez después de esa pequeña excursión
no estés más cerca de ninguna clave,
pero al menos podés sentir a la vuelta
una especie de empatía mientras mirás desde la autopista
adefesios de hormigón, fábricas y hoteles que ensayan sin mucho éxito
tibios gestos de seducción hacia los viajeros,
y decir: este era al fin, más que nada, uno de los nuestros.

Miguel Angel Petrecca (Buenos Aires, 1979), inédito

Foto: Petrecca, cementerio de Las Flores, provincia de Buenos Aires, 2011, J. Aulicino

viernes, diciembre 02, 2011

Mirta Rosenberg / Domingo 28


[de "El tiempo"]

Domingo 28

¿Qué debo escuchar,
Oídos?

¿El viento en las palmeras,
el mareo del mar, el estruendo mental
del movimiento de estrellas inaudibles

o tu voz diciendo
"me das miedo"?

A veces me das miedo.

Soy una ruta secreta
y quería ser un atajo
para el corazón.

A veces me das miedo cuando escucho
"no sé si debo correr la carrera
o la vocación".

¿Cambiaste tus convicciones?
¿Cambió mi vocación?

A veces, Oídos, hace falta cierto tacto
con una misma, con ésta o con aquélla,
el vaivén de la metáfora y del mareo del mar,

y quedarse allí sentada, tranquila
como alguien satisfecha con la muerte,
como alguien satisfecha.

Escuchame, Oídos,
como lo que debo escuchar.

Tenés que seguir tu vocación,
convicción, corazón.

Soy una cabeza de alfiler repleta
de estruendo mental, prendida
a esa metáfora como a una cofia.

Mirta Rosenberg (Rosario, 1951), "El arte de perder", 1998, El árbol de palabras. Obra reunida 1984/2006, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2006

Ilustración: Galatea de las esferas, 1952, Salvador Dalí

jueves, diciembre 01, 2011

Nicanor Parra / De "Canciones rusas"




Pan caliente

Me llama la atención
El siguiente fenómeno
Para nosotros completamente desconocido:
Una cola de cien metros de largo
Cerca del Metropol
A pesar de los grados bajo cero.

Dentro de sus enormes abrigos
Y de sus densos gorros de pieles
Que sólo dejan libres la nariz y los ojos
Todos los moscovitas
Parecen buzos interplanetarios
O cosmonautas del fondo del mar.

Me cuesta abrirme paso
Para llegar al núcleo
De ese cometa de seres humanos.

Describo lo que veo:
Una mujer detrás de una mesa
Entrada en carnes como todas las rusas
-Seguramente madre varias veces-
Con la cabeza envuelta en un pañuelo
Rojo
...... de listas verdes y amarillas.
Y qué creen ustedes que vende
Esa mujer heroica
En pleno mes de enero
En su pequeño bar improvisado
En plena vía pública
Sin importarle la nieve que cae.

Pan caliente ..................
................. ¿verdad?

Una antología de poetas chilenos
Traducidos por Margarita Aliguer.

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, 1914) Canciones rusas, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1967
Nota: En la fecha, Parra fue elegido para recibir el premio Cervantes, que otorga España

Foto: Nicanor Parra por Viviana Peláez, SISIB y Facultad de Filosofía y Humanidades - Universidad de Chile

Michelangelo Buonarroti / Al corazón de azufre...




Al corazón de azufre, a la carne de estopa...

Al corazón de azufre, a la carne de estopa,
a los huesos que son de seco leño;
al alma sin guía y sin freno
al desear pronto, a la gracia extrema;
a la ciega razón, débil y coja,
al muérdago, a los lazos de los que el mundo es pleno,
no es asombroso ver en un relámpago
arder en el primer fuego con que topan.
Al arte bella que, si del cielo consigo
cada uno trae, vence a la natura,
aun cuando ésta apremia en todo sitio:
si yo nací a aquélla ni sordo ni ciego,
proporcionado a quien el corazón me enciende y roba,
culpa es de quien me ha destinado al fuego.


Michelangelo Buonarroti (Caprese, 1475- Roma, 1564), Rime, Universale Laterza, Bari, 1967
Versión de J. Aulicino


 Al cor di zolfo, a la carne di stoppa,
a l'ossa che di secco legno sièno;
a l'alma senza guida e senza freno
al desir pronto, a la vaghezza troppa;
    a la cieca ragion debile e zoppa,
al vischio, a' lacci di che 'l mondo è pieno;
non è gran maraviglia, in un baleno
arder nel primo foco che s'intoppa.
    A la bell'arte che, se dal ciel seco
ciascun la porta, vince la natura,
quantunche sé ben prema in ogni loco;
    s'i' nacqui a quella né sordo né cieco,
proporzionato a chi 'l cor m'arde e fura,
colpa è di chi m'ha destinato al foco.

Ilustración: Incendio en Roma, 64 a.C., siglo XVIII-XIX, Hubert Robert


miércoles, noviembre 30, 2011

Hwang Ji-woo / Dos poemas





Yendo a pie hasta el río Chesok

    Es febrero. Me acordé de repente del poeta Ko Eun, monje budista secularizado, cuando entré en la zona del templo budista Yung-so. ¿No habría entrado él tal vez ya en el nirvana? Ando a pie hasta el río Chesok y sigo pensando en él, tal vez muerto ya. Es febrero. Entra en mi patio interior el templo Yung-so y una pieza de la torre Baek-che se va quedando acepillada por el agua fría del río. El frío me hiela los tobillos, me hiere la orejas. Me duele la carne en todo el cuerpo mientras el mundo está más tranquilo que nunca.

Una cabra negra llora en el herbazal

Las golondrinas han hecho ejercicios de vuelo en formación
aun con el tiempo nublado, para estar en forma para volver
El banco del pantano está todo cubierto de arbustos revueltos
y todos éstos muestran el color plateado de las hojas al revés
Correrá aire también allá en la isla de Okinawa
Está revuelta la piel acuática del pantano verde
mientras se retuerce de fatiga el herbazal bajo el cielo alargado
Una cabra negra llora y grita sobre las hierbas
tirando con más esfuerzo la cuerda que la tiene atada
como si se olvidara de la vida recien inaugurada

Hwang Ji-woo (Haenam, Corea del Sur, 1952), No brilla la luz verdadera, traducción de Yong-Tae Min, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011

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Ilustración: Floating Ice, 1910, Geroge Bellows

martes, noviembre 29, 2011

Mu-san Baek / Las flores de ume



Las flores de ume

¿Dónde ir a ver flores en pleno frío de diciembre lunar?
Como no llegaba un solo rayo de sol a mi pecho
     encogido de invierno,
torcí el rumbo y fui al valle de los árboles de ume *
     a la sombra del monte Gaji.

Habían arrasado la senda del pinar
     y estaban abriendo un camino más ancho.
Derribadas las casas a la vera de la senda,
     yacían en la calle los vestustos ume de los patios.
El filo de la pala de la excavadora estaba
     por engancharse en los troncos.
Estaban por unir el nuevo camino pisando los árboles caídos.

Pero los árboles ume, como si lo supieran,
a pesar de lo temprano de la estación.
habían abierto todos sus brotes, sus pimpollos,
     sus rojas flores.
Al soplo del viento helado dejaban caer los rojos pétalos,
dejaban caer las gotas de sangre sobre el seco matorral,
     sobre el río helado.
Todos los años traían la primavera a la aldea
     antes que nadie
y ahora adelantaban el último instante
     de los días que les quedaban de vida
para traer la primavera desangrándose ellos mismos.

Oh, personas que ahora no estáis en este mundo.
Oh, personas que no vivisteis ni una sola gota de sangre en vano.


Mu-san Baek (Ulsan, Corea del Sur, 1954), El tiempo humano, traducción de Sun-me Yoon, editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011

* El ume, cuyo nombre científico es Prunus nume, es llamado también albaricoque japonés o ciruela china. Sus flores florecen antes que las hojas en invierno, esto es a fines de enero o en febrero. [Nota de la traductora]

Ilustración: Paisaje coreano, siglo XVIII

lunes, noviembre 28, 2011

Franco Fortini / En una calle de Florencia



En una calle de Florencia

En una calle de Florencia
hay una puerta que da a un patio de piedra.
Hay grabados antiguos sobre las paredes:
Hércules y la Hidra, Amor, coronas de hojas,
laureles tallados y rosales.
No sé quién habrá en la casa. Es como una tranquila iglesia.
En lo alto reposa el cielo. Cada cosa está en su lugar.
Cuando vuelvo a Florencia, si voy por esa calle,
entro al patio y miro:
pasan en lo alto las nubes naturales,
como montes se ensombrecen las paredes.
En mí mismo pasan esas nubes,
también en mí están esas paredes.
Por eso miro tanto ese silencio,
las coronas de hiedra antiquísimas,
y creo que una rosa hesita dentro de la piedra.

1954

Franco Fortini (Florencia, 1917–Milán, 1994), "Poesia e errore-In una strada di Firenze (1947-54)", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de J. Aulicino


In una strada di Firenze

In una strada di Firenze
c'è una porta che dà in un cortile di pietra.
Graffiti antichi sono sulle pareti:
Ercole e l'Idra, Amore, corone di foglie,
allori incisi e roseti.
Non so chi sia nella casa. È come una chiesa tranquilla.
In alto il cielo riposa. Ogni cosa è al suo luogo.
Quando torno a Firenze, se vo por quella strada,
nel cortile entro e guardo:
passano in alto le nuvole naturali,
come monti si ombrano le pareti.
Anche in me stesso quelle nuvole passano,
anche in me stesso stanno quelle pareti.
Por questo guardo e guardo quel silenzio,
le corone di edera antichissime
e credo che una rosa esiti dentro il sasso.

1954
---
Ilustración: Fresco de la villa Fannius en Boscoreale, Campania, Italia, siglo I a.C.

sábado, noviembre 26, 2011

Kathleen Raine / Dos poemas



Una mujer a su amante

Soy fuego
destilado en agua

una ola
alzándose del abismo.

En mis venas se alza
la luna que atrae las mareas
hacia un árbol con flores
caídas en la espuma del mar.

Soy aire
atrapada en una red,

el pájaro agorero
que canta en un cielo reflejo.

Soy un sueño antes de la nada;
soy corona de estrellas,
soy camino a la muerte.

(de The Pithoness and other poems, 1949)


Eros alado

Un pensamiento se alza desde mi deleite
con unos ojos como de pájaro y con alas
que va tornándose ángel y rosa en el aire.

Ave que cruzas distancias de cielos interiores,
vuela adonde mi amor yace junto al mar azul,
despierto en sueños y dormido para el mundo.

Ángel, sé el mensajero dorado de mi alma,
colma de plegarias a su corazón inefable
y como viento atraviesa su casa cual flama.

Rosa, tiñe sus venas del carmesí de tu sangre,
rosa, ábrele a su corazón tu misterio intonso
y con tus agudas flechas hiérele en su deseo.

(de Living in Time, 1946)

Kathleen Raine (Ilford, Essex, 1908-Londres, 2003)
Versiones de Angel Faretta


Woman to Lover

I am fire
Stilled to water,

A wave
Lifting from the abyss.

In my veins
The moon-drawn tide rises
Into a tree of flowers
Scattered in sea-foam.

I am air
Caught in a net,

The prophetic bird
That sings in a reflected sky,

I am a dream before nothingness
I am a crown of stars,
I am the way to die.


Winged Eros

A thought new-born rises from my delight
With bird-like eyes and wings
Turning in air to angel and to rose.

Bird that can cross the distance of interior skies,
Fly to where my love beside the blue sea lies
Wake in his dream while to the world he sleeps.

Angel, be of my soul the golden messenger
To fill his heart unspeakably with prayer,
And in the wind pass through his house like fire.

Rose, dye his veins in crimson of your blood,
Rose at his heart your mystery unfold
And with your sharp thorns wound his desire.

Foto: Cubierta de The Collected Poems of Kathleen Raine, Brian Keeble Editor amazon.co.uk

viernes, noviembre 25, 2011

Huang Canran / 3 mujeres




3 mujeres

Una mujer que me ama, una mujer que amo,
una que nunca me amó y a la que no amo.
Pienso en la primera con frecuencia
y recuerdo ocasionalmente a la segunda;
en la tercera no pienso nunca ni la recuerdo.
Con la primera perdí hace años todo vínculo,
al igual que con la segunda y la tercera.
Ellas habrán continuado su vida,
habrán perdido tal vez un montón de cosas,
y las cosas perdidas en su vida, como el agua,
habrán dejado o no una marca.
Hoy las tres me han llamado por teléfono;
ahora sus tres voces, sus tres caras
a la vez aparecen en mi cabeza y las veo hablar
como si estuvieran conversando entre sí,
como si se conocieran mutuamente.

Huang Canran (Fujian, 1963), Miguel Angel Petrecca, Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos, Gog y Magog Ediciones, Buenos Aires, 2011

Ilustración: El banquete nocturno de Han Xizai (detalle), siglo X, atribuido a Gu HongZhong

jueves, noviembre 24, 2011

Luis Enrique Belmonte / Dos poemas


        


        











Los corredores del miedo      

        Iba yo tuerto y resoplando,
        chapoteando entre charcas en donde se reflejaban
        dientes de oro y hebillas de plata
                        manchadas por el cieno.

        Buscaba una ramita que reviviera con un soplo
        para que nacieran flores violetas
        o un monte más tierno.

        Pasaban los mancos con su perorata
        junto a malévolos generales que escondían su tufo
        detrás de cortinas de pólvora.

                        Iba tan asustado
       como el que viene de la guerra
       con una jauría detrás de la nuca,
       pensando que a lo mejor
       ya no existían las últimas trincheras,
                        espantando tábanos,
       soplando cualquier ramita en ascua,
       volando del susto
       porque tan sólo llevaba un ojo.

       Y con la cuchilla hacía surcos
       que me permitiesen atravesar
       densas regiones de caballos agónicos,
                        buitres en disputa,
       perros azotados por espectros vengativos.

       Eran los corredores del miedo.

       Iba yo tuerto y resoplando.



       Antes que lleguen las lechuzas
                           
       Los meses se nos atragantaban
       en un estacionamiento subterráneo
       vigilado por un viejo tuerto.
                 
       En los bolsillos no faltaban fósforos cercenados
       o servilletas en donde se graficaban teoremas
       de cómo los espíritus salían de sus trajes
       en los escaparates de la última temporada.

       No tardaron en llegar saltimbanquis,
       sanadores, profetas, vendedores de seguro,
       cobradores, videntes, traficantes:
       seres fantasmagóricos reverberando
       como espejos arrastrados por el río.

       Mi amiga había vuelto a posar desnuda
       ante un grupo de bisoños debidamente matriculados,
       y los malévolos iban de un lado a otro
       como si fuesen yesqueros
       o pastillas para dormir.    
     
       De repente aparecía un ángel remendado
                        y te susurraba al oído
       en medio de una balacera con tres muertos incluidos
       y gran jolgorio de vecinos
       restregando sus lagañas.

       No es fácil retener a un pájaro asustado,
       pues la vida se escurre
       como el vino en la garganta de los goliardos,
       como se escurren los ciclistas, los escarabajos,
       los escapistas bajo el puente.
     
       Ahora resulta que sólo nos queda seguir la ruta larga                    
       y sacudirse después de cada embestida
       para olvidarnos de este chicle pegado
       a la suela del zapato.

       Ahora resulta que, sin estrellas
                        ni embarcadero a la vista,
       sólo nos queda respirar con paciencia
       y esperar que sanen las costillas
       antes que lleguen las lechuzas.
 
Luis Enrique Belmonte (Caracas, 1971), Compañero paciente, inédito
Enviado por Gustavo Valle
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Foto: Belmonte R.E. Lectura   

miércoles, noviembre 23, 2011

Joan Margarit / No estaba lejos ni era difícil






No estaba lejos ni era difícil

Ha llegado este tiempo
en que la vida perdida no hace daño,
en que la lujuria es una lámpara inútil
y la envidia se olvida. Es un tiempo
de pérdidas prudentes y necesarias,
no es un tiempo de llegar, sino de irse.
Es ahora cuando el amor
coincide por fin con la inteligencia.
No estaba lejos ni era difícil. Es un tiempo
que no me deja más que el horizonte
como medida de la soledad.
El tiempo de la tristeza protectora.

(Versión de Jonio González)


No estaba lejos, no era difícil 

Ha llegado este tiempo
cuando ya no hace daño la vida que se pierde,
cuando ya la lujuria es tan sólo
una lámpara inútil,
y la envidia se pierde en el olvido.
Es un tiempo de pérdidas prudentes, necesarias,
y no es un tiempo de llegar
sino de irse. El amor, ahora,
por fin coincide con la inteligencia.
No estaba lejos,
no era difícil. Es un tiempo
que no me deja más que el horizonte
como medida de la  soledad.
Un tiempo de tristeza protectora.

(Versión de Joan Margarit)



No era lluny ni difícil 

Ha arribat aquest temps 
quan la vida perduda no fa mal, 
quan la luxúria és un llum inútil 
i l’enveja s’oblida. És un temps 
de pèrdues prudents i necessàries, 
no és un temps d’arribar, sinó d’anar-se’n. 
És ara quan l’amor 
coincideix a la fi amb la intel·ligència. 
No era lluny ni difícil. És un temps 
que no em deixa res més que l’horitzó 
com a mesura de la soledat. 
El temps de la tristesa protectora. 

Joan Margarit (Sanaüja, Lleida, 1938), No era lluny ni difícil, Proa, Barcelona, 2010; No estaba lejos, no era difícil, traducción de Joan Margarit, Visor, Madrid, 2011
Foto: Margarit Web del autor