sábado, abril 16, 2016

Raciel Quirino / Dos poemas











¿Por qué Dios permite que exista el mal?

Cuando vimos un ovni,
12 minutos estuvimos paralizados en las estrellas

hasta que se marchó al cielo.

Era el verano.
Un destello naranja.

Una niña
con la que no podía hablar.



¿Cuál es el modo más rápido de adquirir fortuna?

El viejo Carlos Castaneda emprendió el mágico desplazamiento del nahual y se fue a vivir a Los Ángeles con un séquito de brujas en una mansión de Bel Air. Las brujas eran guapísimas y les gustaba el sexo salvaje y los viajes en jeep por el desierto. El viejo Carlos Castaneda podía dar una charla en Lima y al mismo tiempo asistir a una lectura de José Agustín en Ciudad de México. Recuerdo el bulto oscuro de una mujer que gruñía como cerdo arrojándose de pronto sobre caballos de carga. La muerte llevaba un sombrero del que colgaban dos focos. En la oscuridad de la carretera, Carlos observaba las luces de un auto en el retrovisor. Aparecían cuando el terreno bajaba. Desaparecían cuando el terreno subía. Esa es la muerte.


de Sesión de ouija


Raciel Quirino (Ciudad de México, 1982), Periódico de Poesía de la UNAM, N° 88, México, abril de 2016



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