jueves, diciembre 31, 2009

Frederick Seidel / E-mail (de fin de año)



E-mail de un búho

El sistema de riego quiere que se sepa que irriga
El jardín,
No que lo riega.
¡Insiste mucho en eso!
El riego es algo hecho a mano.
El servicio automático naturalmente
Puede hacer un mejor trabajo que una mano con una regadera de lata.
Concebido en Israel para regar sus plantaciones de naranjos,
Da vida por doquier en los desiertos de la vida a los que llega.
Gotea sobre los elegidos, una parcela por vez.
Gotéanos hoy el pan nuestro de cada día, o, más bien, esta noche,
Ya que una gota en una hoja, en dirección de la luz del sol, puede convertirse
En un vidrio de aumento que queme a un inocente en una estaca.
El sistema de aspersores sisea sus besos según un temporizador,
Bajo un exoftálmico cielo de estrellas.
Esta noche mi voz te mirará fijamente para siempre.
Cliqueo en Enviar,
Y te envío esta hora mágica perfumada.



Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino con J.Salvetti


E-mail from an owl
The irrigation system wants is to be known it
irrigates / The garden, / It doesn' t water it. / It is a stickler about this! / Watering is something done by hand. / Automated catering naturally / Does a better job than a hand with a watering can can. / Devised in Israel to irrigate their orange groves, / It gives life everywhere in the desert of life it goes. / It drips water to the chosen, one zone at a time. / Drip us this day our daily bread, or, rather, this night, / Since a drop on a leaf in direct sunlight can make / A magnifying glass that burns an innocent at the stake. / The sprinkler system hisses kisses on a timer/ Under an exophthalmic sky of stars. / Tonight my voice will stare at you forever. / I click Send, / And send you this perfumed magic hour.

Foto: Siedel, Harper's Magazine / Mark Mahaney

martes, diciembre 29, 2009

W.H. Auden / Materia


No, Platón, no

No se me ocurre nada
que menos me gustaría ser
que un Espíritu descarnado,
incapaz de masticar o sorber
o hacer contacto con las superficies,
aspirar las fragancias del verano,
comprender el lenguaje y la música
o contemplar lo que vendrá después.
No, Dios me ha ubicado exactamente
donde yo hubiera escogido estar:
el mundo sublunar es divertido,
un lugar en que las Personas son hombres y mujeres
y les dan Nombres Propios a las cosas.

No obstante, puedo concebir
que los órganos que me dio la Naturaleza,
por ejemplo, mis glándulas endocrinas,
que trabajan como esclavas las veinticuatro horas del día,
sin ningún gesto de resentimiento
para gratificarme a Mí, su Amo,
y mantenerme en buena forma,
(no porque se los ordene,
pues no sabría qué gritarles),
sueñen con otra existencia
que la que han conocido hasta el momento:
sí, bien podría ser que mi Carne
esté rezando para que El muera,
y la libere entonces a Ella, convertida
en Materia irresponsable.

W.H. Auden (York, 1907-Viena, 1973), Rolando Costa Picazo, Los Estados Unidos y después, Poesía selecta, Cuarta parte (1972-1973), Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


No, Plato, No
I can’t imagine anything / that I would less like to be / than a disincarnate Spirit, / unable to chew or sip / or make contact with surfaces / or breathe the scents of summer / or comprehend speech and music / or gaze at what lies beyond. / No, God has placed me exactly / where I’d have chosen to be: / the sub-lunar world is such fun, / where Man is male or female / and gives Proper Names to all things. // I can, however, conceive / that the organs Nature gave Me, / my ductless glands, for instance, / slaving twenty-four hours a day / with no show of resentment / to gratify Me, their Master, / and keep Me in decent shape / (not that I give them their orders, / I wouldn’t know what to yell), / dream of another existence / than that they have known so far: / yes, it well could be that my Flesh / is praying for ‘Him’ to die, / so setting Her free to become / irresponsible Matter.



Ilustración: Estudio de anatomía humana, Leonardo Da Vinci, s. XVI

Alvarez Tuñón / Los días


La ficción de los días

Padeces la ebriedad del viento, su secreto espejismo.
Lo que quieres besar ya se ha fugado.
Descarta la ficción de los días.
Las tardes y las lluvias tienen un mismo oficio:
Caen sobre los seres en verano
y disuelven las fiestas y las danzas.
No puedes abrazarlas y crees que se han ido con todos los perfumes.
Tal vez el tiempo sea ese viaje de un color hacia su muerte,
que sólo tú percibes y el universo ignora.
La niñez una forma de sentir los aromas.
La vejez, una hoguera de días y de ramas.
Aprende de aquellos relojes de arena,
que se sienten eternos cuando cae lo efímero:
Con sólo un movimiento la arena ha de volver
y, al igual que la fruta, verás desde arriba lo vivido.
Nada separa al muro de su escombro,
sino esa red azul que tú mismo has creado.
Nada separa al barco de su bello naufragio:
Es ilusorio el viaje
y en la palabra pétalo ya estaba lo marchito.
El recuerdo es un sueño de lo deshabitado.
Descarta la ficción de los días.
Como el antiguo pueblo imaginaste un éxodo
y perdiste un rostro para poder amarlo.

Eduardo Alvarez Tuñón (Buenos Aires, 1957)

lunes, diciembre 28, 2009

Eugenio Montale / El genio


El genio

El genio desdichadamente no habla
por su propia boca.

El genio deja algunos rastros de patas
como la liebre en la nieve.

La naturaleza del genio es que si deja
de andar todos los engranajes son atacados
de parálisis.

Entonces el mundo se detiene a la espera
de que alguna liebre corra sobre improbables
nevadas.

Detenido y veloz en su ronda
no puede leer huellas
pulverizadas desde hace tiempo,
indescifrables.

Eugenio Montale (Génova, 1896-Milán, 1981), versión de Alberto Girri en "Arbol de la estirpe humana", 1978, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980


Il genio
Il genio purtroppo non parla / per bocca sua. // Il genio lascia qualche traccia di zampetta / come la lepre sulla neve. // La natura del genio è che se smette / de camminare ogni congegno è colto / da paralisi. // Allora il mondo è fermo nell' attesa / che qualche lepre corra su improbabili / nevate. // Fermo e veloce nel suo girotondo/ non può leggere impronte / sfarinate da tempo, / indecifrabili.

de Satura, 1971

Ilustración: Mesa en el mar, 1985, Miquel Barceló

Daniel Fragoso / Una carta




Carta de Lou Forlayo a Hans Magnus Enzesberguer

Lou Forlayo le ha escrito a Hans Magnus Enzesberguer
diciendo que en la Universidad de Ítaca
un alumno suyo construyó un autómata que en lugar de literatura
paría logaritmos. Y el aparato tocaba el timbre
cada vez que encontraba una raíz imaginaria.
En mil ochocientos treinta y cuatro, el año de Hessischer Landbote,
Charles Babbage, neurópata rematado, Fellow de la Royal Society,
fundador del análisis operacional, ideó la ficha perforada.
Dividió en siete operaciones la fabricación de un alfiler:
tirar, enderezar, afilar, tornear, rematar, estañar y envasar,
y calculó el gasto salarial en una millonésima exacta de penique.
Lour Forlayo también le ha dicho que leer es de feos
que ya no está cool ir de modernito, con gafas de pasta,
que su alumno le ha enseñado que los pantalones pitillo
tienen fecha de caducidad
y que incluso ahora, mientras le escribe esta carta,
tal vez le envíe un email donde le explique los elixires de la ciencia
en los últimos días de su vida
cuando restituya el alfabeto de los ángeles.

Daniel Fragoso Torres (Pachuca, México, 1980), en Las afinidades electivas, Barcelona

domingo, diciembre 27, 2009

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 1


Peripecia dramática

En el crujir de la silla,
que es lo que es: madera,
como es lo que es
el que se vale de ella: asiento,
trono habitual que al quejarse
se anima como protesta,
frustración de decaer,
pesaroso de no haber sido nunca
ni silla de los juicios
ni asiento de las primeras
filas de un templo,
ni respaldo de los echados por Cristo
con los vendedores de palomas, los cambistas
que venden y compran en los templos

Afirmándonos en el canto,
su crujir, follaje crujidor, se aplaca,
pero al mismo tiempo
con cuánta más nitidez
trasmite sus expectativas, patas
próximas a estallar,
y nos condiciona
para el desmoronamiento, rodar, alzarnos
del piso, inclinarnos en seguida
a recoger pedazos instantáneamente
degradados en húmedas manchas, pelusas,
exánime polvo gris,
un incidental,
doméstico paralelo con los hollejos
y semillas que al resbalarse de las manos
corren por suciedades, rincones, arcanas
y tenebrosas rajaduras.

Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Ilustración: La silla de Gauguin, 1888, Vincent Van Gogh

Herman Melville / Victoria naval



Conmemoración de una victoria naval

[Fragmento]


Pero raramente la corona de laurel se concibe
pura de pensativas, tristes violetas;
hay una luz y una sombra en cada hombre
que al final alcanza su punto más alto
cuidando en la noche la eterna chispa.
Jamás puede ser soberbio;
él siente los espíritus que gozosos exaltaron su mérito,
dormir en el olvido... Blanco, el tiburón
se desliza a través de un mar de fósforo.


Herman Melville (Nueva York, 1819-1891), versión de Alberto Girri en "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Commemorative Of A Naval Victory
(...)
But seldom the laurel wreath is seen / Unmixed with pensive pansies dark; / There's a light and a shadow on every man / Who at last attains his lifted mark-- / Nursing through night the ethereal spark. / Elate he never can be; / He feels that spirit which glad had hailed his worth, / Sleep in oblivion.--The shark / Glides white through the phosphorus sea.


Ilustración: Victoria naval de los venecianos en Jaffa, 1590, Sante Peranda


De Melville en este blog
Viejo consejo / Fragmentos de un poema gnóstico

sábado, diciembre 26, 2009

Chico Buarque / Construcción


Construcción

Amó aquella vez como si fuese la última
Besó a su mujer como si fuese la última
Y cada hijo suyo como si fuese único
Y atravesó la calle con su paso tímido
Subió a la construcción como si fuese máquina
Levantó en la altura cuatro paredes sólidas
Ladrillo con ladrillo en un diseño mágico
Sus ojos embotados de cemento y lágrima
Se sentó a descansar como si fuese sábado
Comió feijao y arroz como si fuese un príncipe
Bebió y sollozó como si fuese un náufrago
Bailó y carcajeó como si oyese música
Y tropezó en el cielo como si fuese un ebrio
Y flotó en el aire como si fuese un pájaro
Y acabó en el suelo como un paquete flácido
Agonizó en el medio del paseo público
Murió a contramano entorpeciendo el tránsito

Amó aquella vez como si fuese lo último
Besó a su mujer como si fuese única
Y a cada hijo suyo como si fuese pródigo
Y atravesó la calle con su paso ebrio
Subió a la construcción como si fuese sólido
Levantó en lo alto cuatro paredes mágicas
Ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
Sus ojos embotados de cemento y tráfico
Se sentó a descansar como si fuese príncipe
Comió feijao y arroz como si fuese máximo
Bebió y sollozó como si fuese máquina
Bailó y carcajeó como si fuese el próximo
Y tropezó en el cielo como si oyese música
Y flotó en el aire como si fuese sábado
Y acabó en el suelo como un paquete tímido
Agonizó en el medio del paseo náufrago
Murió a contramano entorpeciendo al público

Amó aquella vez como si fuese máquina
Besó a su mujer como si fuese lógico
Levantó en lo alto cuatro paredes flácidas
Se sentó a descansar como si fuese un pájaro
Y flotó en el aire como su fuese un príncipe
Y acabó en el suelo como un paquete ebrio
Murió a contramano entorpeciendo el sábado

Por el pan para comer, por el suelo para dormir
Un certificado al nacer y una concesión para sonreír
Por dejarme respirar, por dejarme existir,
Dios se lo pague
Por la cachaza de grasa que la gente tiene que engullir
Por el humo y la desgracia que la gente tiene que toser
Por los andamios colgantes que la gente tiene para caer,
Dios se lo pague
Por la mujer plañidera para alabarnos y escupir
Y por las moscas gusaneras que nos van a besar y a cubrir
Y por la paz duradera que al fin nos va a redimir
Dios se lo pague

Chico Buarque de Hollanda (Río de Janeiro, 1944), disco Construção, Media Philips, 1971
Versión J. Aulicino


Construção
Amou daquela vez como se fosse a última / Beijou sua mulher como se fosse a última / E cada filho seu como se fosse o único / E atravessou a rua com seu passo tímido / Subiu a construção como se fosse máquina / Ergueu no patamar quatro paredes sólidas / Tijolo com tijolo num desenho mágico / Seus olhos embotados de cimento e lágrima / Sentou pra descansar como se fosse sábado / Comeu feijão com arroz como se fosse um príncipe / Bebeu e soluçou como se fosse um náufrago / Dançou e gargalhou como se ouvisse música / E tropeçou no céu como se fosse um bêbado / E flutuou no ar como se fosse um pássaro / E se acabou no chão feito um pacote flácido / Agonizou no meio do passeio público / Morreu na contramão atrapalhando o tráfego // Amou daquela vez como se fosse o último / Beijou sua mulher como se fosse a única / E cada filho como se fosse o pródigo / E atravessou a rua com seu passo bêbado / Subiu a construção como se fosse sólido / Ergueu no patamar quatro paredes mágicas / Tijolo com tijolo num desenho lógico / Seus olhos embotados de cimento e tráfego / Sentou pra descansar como se fosse um príncipe / Comeu feijão com arroz como se fosse o máximo / Bebeu e soluçou como se fosse máquina / Dançou e gargalhou como se fosse o próximo / E tropeçou no céu como se ouvisse música / E flutuou no ar como se fosse sábado / E se acabou no chão feito um pacote tímido / Agonizou no meio do passeio náufrago / Morreu na contramão atrapalhando o público // Amou daquela vez como se fosse máquina / Beijou sua mulher como se fosse lógico / Ergueu no patamar quatro paredes flácidas / Sentou pra descansar como se fosse um pássaro / E flutuou no ar como se fosse um príncipe / E se acabou no chão feito um pacote bêbado / Morreu na contra-mão atrapalhando o sábado // Por esse pão pra comer, por esse chão prá dormir / A certidão pra nascer e a concessão pra sorrir / Por me deixar respirar, por me deixar existir, / Deus lhe pague / Pela cachaça de graça que a gente tem que engolir / Pela fumaça e a desgraça, que a gente tem que tossir / Pelos andaimes pingentes que a gente tem que cair, / Deus lhe pague // Pela mulher carpideira pra nos louvar e cuspir / E pelas moscas bicheiras a nos beijar e cobrir / E pela paz derradeira que enfim vai nos redimir, / Deus lhe pague


Foto: Buarque EFE/Clarín, Buenos Aires

viernes, diciembre 25, 2009

Alberto Girri / De "Arbol de la estirpe humana", 1


¿Espiritualmente qué?

Calamidad y dicha,
latente
la una en la otra como estados
de calamidad y de dicha
y latente también
tu resistencia:
¿por qué puros estados,
por qué no en centros
localizables, zonas de uno mismo
donde gozarse, quedarse,
o donde dar rodeos, no entrar?

Débil objeción, tanto
más que no reconocemos lo palpable,
felicidad y desgracia dando señas
en tu cuerpo, que a su manera es ellas
y las consume:
¿no respiras
por la boca, ahogándote,
durante la desdicha,
y en el contentamiento
no se complace tu nariz en respirar,
llevar el aire hasta tu vientre,
y no es
con pies fríos, cabeza caliente,
como anuncias tu pena,
y con pies calientes, cabeza fresca,
la posesión de un bien?

Estos son los términos,
de lo contrario
caer en el ilusorio coraje
de desdeñarlos, negarles
mínima y verdadera certidumbre,
calamidad y dicha
bajo el desplante, desabrimiento
de que sólo son formas de paso
por nuestra vida entendida como apenas
una construcción alzada en el vacío;

esos son, piénsalo,
si no, ¿espiritualmente qué?


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Arbol de la estirpe humana", 1978, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980

Ilustración: La realidad en su totalidad, 1968, Antoni Tàpies

jueves, diciembre 24, 2009

T. S. Eliot / El árbol de Navidad


El cultivo del árbol de Navidad

Existen diversas actitudes en relación con la Navidad,
y de alguna de ellas podemos hacer caso omiso:
la social, la torpe, la manifiestamente comercial,
la bulliciosa (los bares están abiertos hasta la medianoche),
y la infantil, que no es la del niño
para el cual cada vela es una estrella, y el ángel dorado
desplegando sus alas en la copa del árbol
no es solamente un adorno, sino un ángel.
El niño se maravilla ante el árbol de Navidad:
dejadlo que continúe con ese espíritu de maravilla
ante la Fiesta, como un evento aceptado, no como un pretexto;
de modo que el luminoso enajenamiento, el asombro
del primer árbol de Navidad recordado,
de modo que las sorpresas, las alegrías de las nuevas posesiones
(cada una con su inconfundible y excitante perfume)
y la espera del ganso o del pavo,
y el expectante momento de su aparición,
de modo que la reverencia y el gozo
no sean olvidados en las experiencias posteriores,
en la fastidiosa rutina, la fatiga, el tedio,
el conocimiento de la muerte, la conciencia del fracaso,
o en la piedad del converso
que pudiera teñirle de vanagloria
desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños
(y aquí el recuerdo también con gratitud
a Santa Lucía, su villancico, su corona de fuego):
de modo que antes del fin, en la octogésima Navidad
(significando por "octogésima" la última, cualquiera sea),
los acumulados recuerdos de la emoción anual
puedan concentrarse en una gran alegría
semejante siempre a un gran temor, como la ocasión
en que el temor llega a cada alma:
pues el principio nos ha de recordar el fin
y la primera venida la segunda venida.

T. S. Eliot (St. Louis,1888-Londres, 1965), versión de Alberto Girri en "Valores diarios", 1970, Obra Poética II, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1978


The Cultivation of Christmas trees
There are several attitudes towards Christmas,/ Some of which we may disregard:/ The social, the torpid, the patently commercial, / The rowdy (the pubs being open till midnight),/ And the childish - which is not that of the child / For whom the candle is a star, and the gilded angel/ Spreading its wings at the summit of the tree /Is not only a decoration, but an angel. // The child wonders at the Christmas Tree: /Let him continue in the spirit of wonder/ At the Feast as an event not accepted as a pretext; / So that the glittering rapture, the amazement / Of the first-remembered Christmas Tree,/ So that the surprises, delight in new possessions / (Each one with its peculiar and exciting smell), / The expectation of the goose or turkey /And the expected awe on its appearance, // So that the reverence and the gaiety / May not be forgotten in later experience, / In the bored habituation, the fatigue, the tedium, / The awareness of death, the consciousness of failure, / Or in the piety of the convert / Which may be tainted with a self-conceit / Displeasing to God and disrespectful to children / (And here I remember also with gratitude / St.Lucy, her carol, and her crown of fire): // So that before the end, the eightieth Christmas / (By "eightieth" meaning whichever is last) / The accumulated memories of annual emotion / May be concentrated into a great joy / Which shall be also a great fear, as on the occasion / When fear came upon every soul: / Because the beginning shall remind us of the end / And the first coming of the second coming.
1954
tripod.com

Ilustración: Angelus Novus, 1920, Paul Klee


De Eliot en este blog:
Mr. Mistófeles
Retrato de una dama

Horacio Castillo / Al maestro


Visita al maestro

Llueve sobre colinas y jardines.
Allá, junto a la ventana, está el fuego.
Hablar o callar ¿qué es lo mejor?
Preguntar o responder ¿qué es lo peor?
Llueve sobre colinas y jardines,
el agua salmodia en la penumbra.
¿También el callar es un hablar?
¿También el hablar es un callar?
Llueve sobre colinas y jardines.
Un caballo negro viene como volando.
¿La respuesta es entonces la pregunta?
¿La pregunta es entonces la respuesta?
Llueve sobre colinas y jardines.
El silencio del cuarto es el silencio del mundo.

Horacio Castillo (Ensenada, Buenos Aires, 1934-La Plata, 2010), de "Alaska", 1993, Mitografías. Cuadernos orquestados, 11. Colección de Poesía Dirigida por Abel Robino. Ernesto Girard Editor, La Plata, 2009

Ilustración: Ornitóptero, 1962, Fernando Zobel

De Castillo en este blog:
Hice un hoyo/ San Agustín, I,3/ Encrucijada

Leopoldo Castilla / de "Libro de Egipto"



La pirámide

a Antonio Requeni


Entré a la trampa de rodillas,
iluminado por mi carne
como una víbora.
Traje luz de afuera,
el desorden de los animales,
el mareo de la hierba,
una voluta intrusa
atragantada
entre los planos fríos
y el silbido del canto de las piedras.

Aquí, en el centro de la pirámide,
sin gravedad, sin alma,
donde el universo se detiene
y cava la fosa de su propia guerra,
en un ángulo homicida,
hendido
por el venablo de una línea recta,
aguardo que descienda el faraón,
suntuoso de olvido,
desde otro sol
por la escalera inversa.

Ya no me oculta mi nombre ni mi calavera.

La pirámide se cierra
insurrecta en la luz.

El espejismo era toda la tierra.


Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Libro de Egipto, Ediciones Ultimo Reino, Buenos Aires, 2003

De Castilla en este blog:
LV, de Manada

Foto: Caravana cerca de las pirámides de Giza, 2006, Jorge Aulicino

martes, diciembre 22, 2009

Ezequiel Martínez Estrada / Dos poemas



Quevedo

Aun en el mármol blanco se te ve, Don Francisco,
cual en tus epigramas y en tus estudios sabios:
tu amplia frente es severa, pero juega en tus labios
el pequeño demonio de brasa del mordisco.

Español, español de espada firme y justa
y de juicios que tienen el vigor de la mano,
tu sonrisa en flor fluye como un beso villano
que atempera el agravio de la mirada adusta.

(Sin embargo, esa facha de D' Artagnan bizarro
velaba un alma grave, deslumbrante y sencilla.
En su carne se dio la absurda maravilla
de las estrellas y las lámparas de barro.)


Job, Dios y Satanás

Entre este mísero judío
triste y ansioso de la muerte
y un Dios feroz que se divierte
en la eternidad y en el hastío,
Satanás, el Angel Sombrío,
se hace divinamente fuerte.

Ezequiel Martínez Estrada (San José de la Esquina, Santa Fe, 1895-Bahía Blanca, 1964) "Nefelibal", 1922, Poesía, editorial Argos, Buenos Aires, 1947




Foto: Martínez Estrada La Nación, Buenos Aires

lunes, diciembre 21, 2009

Enrique Lihn / De "Una nota estridente", 3


Epoca del dato

Nadie le niega a la poesía el derecho de creerse la muerte o la naturaleza
/o el amor
única depositaria de los temas eternos.
Lo que yo me atrevo a pensar es que no queremos ser engañados
por esas informaciones alevosamente incompletas
pues si los ángeles existieran
otras serían sus reglas del juego
y no dejarían huellas de amor en la escritura
que es siempre señal de insatisfacción
y el módico resultado de una búsqueda
que en el mejor de los casos empieza con ella,
pero la muerte también es un dato
en la Epoca del Dato algo tan concreto
como inaccesible para quien la sondea
una hipótesis de trabajo y la información hace falta.

Por otra parte somos la naturalza
poetizarla es incurrir en un error de perspectiva
algo así como ver doble bajo los efectos del alcohol.
Finalmente no somos poetas religiosos
ni amamos la palabra por sus significados ocultos
frente a los cuales la palabra
resulta por definición impotente.
En lugar de unir, separamos.
La separación y la información se confunden
y el dato es todo lo contrario de Dios.


Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), Una nota estridente (1968-1972), Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2005


Ilustración: Physys (Gravitación). Papel con tinta y cortes, 1997, Eduardo Chillidas Revista de la Universidad de México

domingo, diciembre 20, 2009

Rafael Oteriño / Arquitectura



La arquitectura

A pocos pasos del silencio,
pero mucho más cerca de la humildad,
este hábil merodeador de tiendas se acerca a su obra:
ciudades en llamas, bosques inanimados,
árboles que sólo un ojo atento podría reconocer.

La historia era el lugar, los objetos tenían un fin,
su perfil en la casa era la acuarela
donde nos podíamos ver.
Eros hubiera sido la palabra:
una voluptuosidad para caer, un espíritu religioso
para abrazar el mundo en la caída.

Sólo la Arquitectura: las olas, las olas muy altas,
y esta cabeza sobrevolada por grandes pájaros.

Rafael Felipe Oteriño (La PLata, 1945), de "El orden de las olas", En la mesa desnuda. Poemas escogidos, Ediciones al Margen, La Plata, 2008


Ilustración: Vassily Kandisnky, acuarela sin título, 1910

De Oteriño en este blog
Yo corría
Ahab

sábado, diciembre 19, 2009

Enrique Lihn / De "Una nota estridente", 2


A los poetas norteamericanos de mi generación

A diferencia de ellos la rima trabajosa
no me ha dado qué hacer, ni tampoco el suicidio
ni la locura que frecuenta sus versos
más de lo estrictamente necesario
rigurosa como el whisky y la retórica:
el trago amargo de la poesía anglosajona.
Cuido de una cabeza angular sobre hombros frágiles y el pudor
/de lo que ellos llaman corazón
no figura en la lista de sus enfermedades, tampoco
el miedo a la oscuridad o a la elocuencia
Son poetas de mi tiempo, allá;
tenemos en común nuestra mutua ignorancia
pero algo más sin duda: nuestro oficio es el mismo
en el vacío hablamos de casi nada, a nadie



Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores

Esta belleza con que el cielo y el mar hacen horrores
a la caída del sol envuelto en su espectáculo,
en realidad irreprochable.
Esto que es como el fin de todos los siglos: la belleza
-y yo me aflojo en su honor el nudo de la corbata-
viene a poner en el corazón música de ésa, sublime.
No, un silencio rayano en el gran poema
un disco rayado
que por iguales partes es dolor y es somnífero.


Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), Una nota estridente (1968-1972), Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2005


Ilustración: Skin with O’Hara Poem, 1963/1965, Jaspers Johns

viernes, diciembre 18, 2009

Kenneth Rexroth / Lucrecio


Lucrecio, III, 1053-1076

Baudelaire sabía cómo era aquello,
Las teclas ardientes de la máquina de escribir,
Los pinceles del tamaño de una yarda,
La pintura mezclada con goma de mascar.
Yo escribo cartas pero no las envío
Y no dejo de soñar con el fin de la pobreza;
Realizo un increíble montón
De malos bocetos; releo las grandes
Obras maestras; repaso mi
Griego y mi chino, y descubro
Que he perdido el vocabulario;
Me tomo el pulso, emprendo caminatas
Y regreso a mi hogar; mi mente está aguda
Y clara, como la de los deipnosofistas.
Jean Jaques. Amiel, Bashkirtsev,
Es posible producir
Una ontología muy influyente
Con semejantes materiales, de garantizada
Procedencia ecuménica.
Porsh y Garden actualizados,
Kiekegaard y Sacher Masoch,
“Uno siente como un hombre
de cara a su ejecución”. Niebuhr
descubrió que cada uno,
al igual que Wanda,
es su propia guillotina.
El protestantismo liberal
Marcha al fin a su remoto hogar,
A sólo unas cuantas horas
Del sistema capitalista.
Die Ausrottung der Besten.
Piensa en todos esos promotores
De los surrealistas que sienten así
Todo el tiempo. De hecho,
Prácticamente cada mujer,
Con una renta, lo hace en nuestro medio-
“Bajo la gélida luna de otoño
muere la cigarra en su caparazón.”
Aún en la cárcel Mirabeau
Encontró trabajo para manos ociosas.
La regla de San Benedicto
Es muy explícita acerca
De la mortífera enfermedad
De mediodía.

Una de las ventajas
De ser instruido es que
No hay aprieto en el que no puedas meterte
Y para el cual no encuentres compañía
Incluso, si tus consejeros
No se consideran muy útiles.


Kenneth Rexroth (South Bend, Indiana, 1905-Montecito, California, 1982), La señal de todas las cosas. Antología poética. Selección, traducción, notas y comentarios de Marcelo Pellegrini y Armando Roa Vial. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2004


Ilustración: Representación de aire, tierra y agua, en referencia a De rerum natura, de Lucrecio, en el Ara Pacis Agustae (altar de la paz de Augusto), siglo I, Roma

jueves, diciembre 17, 2009

Mercedes Roffé / De "Las linternas flotantes"


XX

Caída no hubo.
Lo alto está aquí. Es aquí.
Adentro.

Caída no hubo.
Distracciones hay. Vientos. Fugas.
Maquinarias. Grandes, grandes.
Juego de sombra, preocupación y olvido. De sí.
Siempre los hubo...

Cada época. Cada
civilización
retratada en su propio engranaje
de humillaciones y olvido. De sí.
Robar el fuego no es robar ni es fuego.
Recordar es remontarse, preservar para sí el acceso
al resplandor custodiado por
-no sus guardianes, sino sus enemigos.
Vertedero de sombra y sangre.
Cuanto mayor probreza, más olvido.
Cuanta más prepotencia, menos luz.

En sí y fuera de sí
-todo es uno-
solo morada de pura geometría
y luz rigiendo
mansa, inexorable, generosa-
mente bañando
todo de sí.

Luz estético-ética.
Olvidada de sí -entregada.
Fórmula-Madre.

Y aún hay Algo. Algo fuera
que no se piensa,

Otro tono. Otra
modulación de la luz.

Allá en origen.

Mercedes Roffé (Buenos Aires, 1954), Las linternas flotantes, ediciones Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009

Foto: Roffé las afinidades electivas-las elecciones afectivas

miércoles, diciembre 16, 2009

Kenneth Rexroth / Qué es un poema



Ellos dicen que esto no es un poema

El orden en el universo
Es sólo el reflejo
De la voluntad y la razón humanas.
Todo ser es contingente,
Ningún ser subsiste por sí mismo.
Todos los objetos son movidos por otros objetos.
Ningún objeto se mueve por sí mismo.
Todos los seres tienen origen en otros seres.
Ningún ser lleva en sí su propia causa.
No hay ser que sea perfecto.
El ser ignora la economía.
Los seres se multiplican
Sin una necesidad. No poseen
Principio de razón suficiente.
El único orden de la naturaleza
Es la relación armónica
De una persona con otra.
Las relaciones que abjuran de la persona
Son por esencia caóticas.
Las relaciones entre las personas
Son el modelo a través del cual vemos
En la naturaleza un sistema.
Desde Homero, todos los hombres sensibles
Nos han exhortado una y otra vez
Acerca de que el universo y
Los grandes principios y fuerzas
Que mueven el mundo, poseen armonía
Sólo como reflejos
Del coraje, la lealtad,
El amor y la honestidad de los hombres.
Dejados a su suerte, esos principios son crueles
Y completamente superfluos.
El hombre que claudica ante ellos acaba en la locura,
Mata a sus hijos, su mujer o sus amigos
Y muere sumergido en el polvo sangriento,
Habiendo destruido el trabajo
Atesorado por las manos de otros hombres.
Sólo quien es más listo que ellos logra sobrevivir
Y encuentra un hogar donde envejecer.

Kenneth Rexroth (South Bend, Indiana, 1905-Montecito, California, 1982), La señal de todas las cosas. Antología poética. Selección, traducción, notas y comentarios de Marcelo Pellegrini y Armando Roa Vial. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2004

Foto: Rexroth Bone Stamp

martes, diciembre 15, 2009

Rubén Reches / Casa


Las noches de la casa...

Las noches de la casa en donde la madre y el padre ajetrean, dan la comida y los cuentos, huelen remotas, son del pasado. Horas presentes en el pasado, ya al hacerse están disueltas en la memoria de los hijos crecidos, viejos ya. Son más patentes que los recuerdos, y los cuerpos pueden ir y venir en ellas, pero no tienen ni el clamor ni la condición de cumbre del presente. Están abajo.
Como un compendio de todo lo que los padres ya saben, la esencia contradictoria de la vida brilla entera en esos lapsos de una cena y el acostarse. La felicidad más astral y veloz irrumpe cada tanto en el cansancio dolorido de los cuerpos. En las almas adultas conviven el pozo siempre mal cegado de la renuncia y la fuerza de haber elegido y construir. El padre de a ratos se encierra en otra pieza a librarse a verdaderos sollozos. Esos sollozos en esa pieza no están en el pasado. Vuelve y todavía siente impulsos de quebrarse la cabeza contra el filo de la puerta. Eso no lo sabrán jamás los chicos, no es de esas horas singulares, eso le viene al padre del pasado banal, del grande en donde se le están callando voces. De esas noches quedarán para los chicos la tibieza, la nostalgia, la fuerza.


Rubén Reches (Buenos Aires, 1949), Arrabal de esferas, Ediciones la Lámpara Errante, Buenos Aires, 1984

lunes, diciembre 14, 2009

W.H. Auden / Horas doradas


También nosotros conocimos las doradas horas

También nosotros conocimos las doradas horas
en las que cuerpo y alma estaban en armonía,
también nosotros danzamos con los que verdaderamente amábamos
a la luz de la luna llena,
y compartimos la mesa de los sabios y los buenos
mientras las lenguas se soltaban, con ingenio y alegría,
gozando de un noble plato
ideado por Escoffier;
también nosotros sentimos la entrometida gloria
para la cual las lágrimas reservan un lugar aparte,
y en consonancia con el gran estilo de los tiempos idos
cantamos con resonante corazón.
Pero manoseados y criticados
por la promiscua multitud,
fraguados por los editores
en los hechizos para dejar perpleja a la plebe,
las palabras como Amor y Paz,
todo discurso afirmativo y sano,
han sido ensuciados, profanados, degradados
en un horrendo y mecánico chirrido.
Ningún estilo decente ha sobrevivido
a ese pandemonio,
excepto el retorcido, el sotto voce,
irónico y monocromo.
Y ¿dónde hallar refugio
para la alegría o el simple contento
cuando tan poco ha quedado en pie,
salvo el suburbio del disenso?

1950

W.H. Auden (York, 1907-Viena, 1973), Rolando Costa Picazo, W.H. Auden: Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta, 1939-1973, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009


We Too Had Known Golden Hours
We, too, had known golden hours / When body and soul were in tune, / Had danced with our true loves / By the light of a full moon, / And sat with the wise and good / As tongues grew witty and gay / Over some noble dish / Out of Escoffier; / Had felt the intrusive glory / Which tears reserve apart, / And would in the old grand manner / Have sung from a resonant heart. / But, pawed-at and gossiped-over / By the promiscuous crowd, / Concocted by editors / Into spells to befuddle the crowd, / All words like Peace and Love, / All sane affirmative speech, / Had been soiled, profaned, debased / To a horrid mechanical screech. / No civil style survived / That pandaemonioum / But the wry, the
sotto-voce, / Ironic and monochrome: / And where should we find shelter / For joy or mere content / When little was left standing / But the suburb of dissent?


Foto: The house and the end of world, 2005, (Vogue Italia), David Lachapelle

Enrique Lihn / N.Y.


"Pascuas en Nueva York"

Momentos antes de que el aire se congelara
por las chimeneas del Village brotaba delicadamente el humo moldeado
por manos de artistas y a la luz del sol de hielo resplandeciente
se operaban las cristalizaciones preliminares:
charcos y esputos.

Las excepciones confirmaban la regla, no se veía ni un alma
salvo las que, vestidas de cuero y lana, paseaban sus perros inquietos
por la inminencia de la catástrofe
Y se veía al poeta de turno
aunque no dejara de pasar desapercibido
Las palomas imitaban en el vuelo a los murciélagos con un zigzagueo
/histérico y ciego
y él dobló no sabía qué esquinas, una y otra vez
porque estaba de paso en la ciudad y ella lo había seducido:
la cara blanca espolvoreada de hielo, los labios amoratados
sedientos de rouge, aguardiente y drogas.

Empezaba el día de la navidad hundido en el incógnito de
/las humaredas artísticas
que brotaban de las casas como avalanchas de nieve azotadas por el sol
y de las chimeneas gigantescas
Había hombres diminutos y perros mínimo
pero en un número tan escaso que alguno de esos paseantes
podía inspirar una desconfianza sobrenatural.

El poeta bien abrigado que lloraba de frío -copos en lugar de lágrimas
era un vidente: olfateaba la catástrofe
y tenía adicción perruna al callejeo
Descendió, pues, en la calle cuarenta y dos a los infiernos
la Gran Estación Terminal retiene allí en sus concavidades marmóreas
/un resto de calor
y lo redistribuye entre los desventurados:
viejos y agonizantes que fingen esperar el tren entredormidos
/sobre las bancas
que parecen lápidas
Se bajó el Metro vacío, terrible de no ocupantes
por equivocación en la catorce street
En una de las bocas tapiadas del Metro tuvo, antes de huir,
/la entrevisión
de una muchacha que parecía un pierrot, vestida de harapos negros
a la espera de un viejo pascuero de las postrimerías del mundo
con su saco de heroína

Por las chimeneas brotaban nubecillas de nieve, en las vitrinas
/se congelaban
los desperdicios del veinticuatro de diciembre
(regalos para el próximo milenio)
En los cines sin nada pasaban películas de terror
Entró a uno de ellos, pero lo aterrador era el frío;
/lo emocionante estar allí
en la misma ciudad en que el operador ausente proyectaba
/en la pantalla
simulacro en blanco y negro
una maquette de Manhattan flotando en una palangana de agua helada
que emitía un resplandor boreal para luego desaparecer en él.

La película era muda como el poeta y la muchacha vestida de negro que
le devolvió, por fin, la mirada en la oscuridad
Una mirada obviamente glacial, un cuchillo que podía desprender
/el alma del cuerpo
sin dolor
la boca un escupo de sangre lanzado sobre el petrificado montón
/de nieve y todo eso
que significaba graciosamente el horror.

Al salir del cine sin haber conseguido romper el hielo que lo separaba de todo
vio cómo el aire convertido en un solo bloque
oscilaba de un lado para otro, aunque este fenómeno pasara desapercibido
pues el cielo estaba más que transparente
Y se dispuso a participar de la congelación general.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), Al bello aparecer de este lucero, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 1997 (Primera edición: Ediciones del Norte, EE.UU., 1983)

Ilustración: La última cena, Andy Warhol, 1984

De Lihn en este blog:
Piedra sacrificial / Para Andrea
de Estación de los desamparados
La revolución es

sábado, diciembre 12, 2009

Piedad Bonnett / Pepino de mar


Lección de supervivencia

Nada hay de bello en el pepino o carajo de mar.
Es, en verdad, un animal sin gracia,
como su nombre.
En el fondo de los grandes océanos,
inmóvil, blando, amorfo,
permanece,
condenado a la arena
y ajeno a la belleza que encima de su cuerpo
despliega el mar.
Se sabe que
cuando el pepino de mar huele la muerte
en el depredador que lo amenza,
expele su instestino
y hasta el racimo entero de sus vísceras
que sirven de alimento a su enemigo.
Y es que también nos puede hablar la poesía
desde lo horrible:
con un limpio ritual
huye el pepino de aquello que amenaza con dañarlo.
Para sobrevivir queda vacío.
Liviano ya de sí y libre de otros
muda su ser.
Y poco a poco
sus entrañas
se recomponen.
Y vuelve a ser, en letargo de sal,
una entidad que vive a su manera.

Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía, 1951), www.Periódico de Poesía.unam.mx, anuario 2008-2009, edición impresa, Ciudad de México

Foto: Bonnett La Opinión, Cúcuta, Colombia

De Bonnett en este blog:
Aquí golpeaba airadamente...

jueves, diciembre 10, 2009

Pedro Serrano / Dos poemas



Helada en Auxonne

El campo gélido, asfixiado por una luz transfija.
Escoriados los surcos, falto de nieve todo, / crispado en el ahogo.
Por los canales un brillo de venas congeladas,
dedos artríticos el filo de los árboles.
El terral un cuerpo glauco cubierto por un gel transparente.
Fosforecencia de calcio la grava,
molida por la ausencia del aire.
Una saliva metálica, un polvo helado la arada.
Emanan apenas el barro, la paja, el ramerío,
grumos ocre y marrón.
Abajo, abajo, como aliento ventral,
el valle, un cuenco de madera,
y muy adentro, el apretado corazón de un pino,
como una irradiación de manos húmedas.


Desagüe

En una espiral sin sol voy descendiendo,
no peldaños, vapores, entresijos,
aguas turbias de ciegas atarjeas,
tubos rotos que ofrecen la palpitante mierda.
Hay que pasar una y otra vez por esa cañería abierta,
desmadejar los piojos y larvas luminosas
para que no se pringuen los deseos.
Todo el ordeñadero queda ventilando
los despojos azules y ennegrecidos.
Ah, esta oscuridad oscilante,
este abrasadero para limpiar el alma, la cloaca.

Pedro Serrano (Montreal, 1957), Nueces, Trilce Ediciones, México, 2009

Ilustración: Paisaje con anacoreta y ruinas clásicas, Jean Lemaire, siglo XVII


De Serrano en este blog:
Cardenal / Cuervo y niño
Tuscania, 5

miércoles, diciembre 09, 2009

Jorge Leonidas Escudero / Dos poemas


La cruz de palo

A unos cerros del sur de Calingasta
fui a buscar lo que todavía no hallo
cuando vi una cruz de palo
tirada en el camino.
Ya iba pasando de largo y pensé
ques mala seña ver algo así cuando uno
anda buscando riquezas minerales.
Me devolví pues y le dije: Vos
¿qué andás haciendo aquí?

La cruz se quedó callada. Ntonces agregué:
Sos propia de un cementerio
y vaya a saber cómo
apareciste ‘n la huella;
pero ahora te invito, con todo respeto,
acompañarme a unos mates. Vos
como leña al fuego y ahí conversamos.

Así fue. Y al escuchar
en el silencio cordillerano
su crepitar en las llamas le dije a ver
si me decís algo del más allá porque en eso
supuesto sos muy entendida.

Y ahí empezó la cruz a chisporrotear
cosas de muertos mientras llegó la noche oscura
y me dio miedo.


Paleontología

Ntonces fue que desde ser amigos
cambié ‘l tono de voz para decirle siento
por vos algo más... Ella
me puso mano en el hombro y dijo callate
porque por ese camino vas mal,
sigamos como hasta hoy.

Así fue y seguí a oscuras
hasta quel destino dispuso un chau adiós.
Esto ocurrió en el paleozoico,
en el tiempo de los moluscos
donde en un camino primaveral
aparecieron mis primeros fósiles.


Jorge Leonidas Escudero (San Juan, 1920), de Aún ir a unir. Publicará Ediciones en Danza en marzo de 2010

De Escudero en este blog:
Le digo a un gran poeta / Tratamiento de la gripe
Mi actor gratuito

Foto: Escudero, 2002 Javier Quiroga/Ediciones en Danza

lunes, diciembre 07, 2009

Leopoldo Castilla / La historia


LV

Tardan en morir los siglos
como tarda en nacer el polvo.


¿Donde estuvo la historia
lloverá nieve negra,
páginas de ardiente transparencia,
élitros de hombre?

La memoria del universo, bifronte,
cabe en un instante.
En otra dimensión
está sola la espada,
sola la mano y, muy lejos,
solitario el enemigo que cae.
Allí nadie restituye a Roma.
En cada segundo Odiseo pierde a Odiseo.
El camino comienza, sólo comienza
y desaparece el viaje,
En cada acto el César elimina al César.
Uno es el Cristo y otro el resucitado.

Esa latitud detiene las esferas de Galileo
y en el derrumbe eterno
fija el átomo. Ríe, impar, el Diablo
y se reonoce Heráclito.

Allí, seco
en su bocanada el héroe
que decapitó un impero
(no sus vestidos,
la guerra fría de sus puntillas,
sus alamares de espanto)
allí el fuego fatuo de las naciones
estupefacto el Papa
y en su aguja negra el esclavo.

En esa inmensidad,
inmóvil en su crisálida,
vuela la historia,
helicoidal,
inversa,
rumbo a su gusano.

Leopoldo Castilla (Salta, 1947), Manada, Ediciones el Mono Armado, Buenos Aires, 2009

Ilustración: La caída de Icaro, Jacob Peter Gowi, 1636

De Castilla en este blog:
Nacimiento de la simetría

domingo, diciembre 06, 2009

Generación del 50 / de "Antología interna"


Cibernética

Pero tampoco es eso
es que estoy aqui
echado a la vera del universo
en este rincón tranquilo de la Vía Láctea
casi en su zona exterior

sobre este oscuro corpúsculo que llaman la Tierra
cerca de un sol que devora su hidrógeno
que ha girado diez veces alrededor de la Galaxia
y que arderá todavía otros mil años
y diez mil años más
y cincuenta mil
y un millón
y otras diez mil veces un millón
y después ya no más.

Y arderán los mares mientras tanto
y arderá la tierra
y los hombres refugiados en Plutón harán un nuevo sol con Júpiter
y todo empezará de nuevo.

(porque el universo entero en expansión es sólo una pequeña estrella fría
de la constelación del Tensor
una entre un billón de constelaciones que forman el Segundo Universo)


El destino y sus criaturas

Cada mañana el destino abre un ojo
apoya un codo
bosteza, se rasca el ombligo
piensa en nosotros:
¿qué le mando hoy a este randolfo
a aquel miguele?
el dedo del destino
se introduce en la oreja
gira rápidamente
de izquierda a derecha
sensación placentera beneficia los nervios
del destino
el destino se siente a su vez benefactor, amable
deja caer una benevolencia para randolfo
una concesión que baja volando por el aire
como baja una pluma
como baja una hoja
desde lo alto de un árbol
de una manera casual
arbitraria y rectilínea
cae la benevolencia hacia el alma de randolfo
pero viene un viento
viento astuto
la benevolencia es arrastrada
hacia otros destinos
qué le vamos a hacer
randolfo queda fuera del itinerario
por azar como sucede siempre.
En cambio sobre miguele
el destino opera eficazmente
le pone una cuchara
de plata en la boca
se ocupa de él con ánimo empresario
lo llama por teléfono, le dice:
tengo tu dossier en mi escritorio
estás fichado
todo concedido, todo bien
el destino pasará a buscarme en su automóvil
me llevará personalmente
me dará su tarjeta
así vale la pena
él resuelve por mí, yo descanso
vida radiante

Edgar Bayley, Miguel Brascó, César Fernández Moreno, Noé Jitrik, Ramiro de Casasbellas, Francisco Urondo, Alberto Vanasco, Antología interna- 1950-1965, Ediciones Zona, Buenos Aires, 1965 *

* La ordenación de esta antología estuvo a cargo de César Fernández Moreno, Noé Jitrik y Francisco Urondo. En la introducción, los compiladores señalan que los poemas fueron agrupados según un criterio temático, "como si esta antología no lo fuera, como si, por el contrario, fuera el libro de un solo poeta, hasta como si fuera un poema solo". En los hechos, sólo el índice revela quién es el autor de cada poema. Los dos aquí publicados inician el último capítulo,"El mundo", y sus autores son Alberto Vanasco (Buenos Aires, 1925-1993) y Miguel Brascó (Sastre, Santa Fe, 1926).



Foto: Av. Roque Saenz Peña, Buenos Aires, 1936; Horacio Coppola

sábado, diciembre 05, 2009

Eli Tolaretxipi / Filósofos


Poema de los filósofos excavadores

Para que se vaya haciendo una carne tártara
he metido la mano en el costado del caballo,
la mano que se dobló cuando el derrumbe.
Si me derribó de ese mismo caballo no recuerdo.
Desde la cuneta observo a un grupo de filósofos
cavando zanjas, construyendo túneles.
Son topos con lentes de montura metálica
que me indican que pasarán el resto de su vida
estudiando debajo de la tierra.
El filósofo y su novia, la filósofa y su bebé me invitan
pero mi mano anida en los pliegues del caballo
y permanezco en la cuneta
observando los refugios, las escaleras de emergencia
dirigidas forzosamente hacia abajo.
Detrás de mí, en un taller de reparación
de estelas funerarias
los restauradores subcontratados
se empeñan en embellecer la superficie de las piedras,
en delinear las letras de las inscripciones
y recuperar el relieve de los adornos.
Hablan con delicadeza de las formas: helicoidal, astral,
discoidal, geométrica, circular, y cuando el capataz
/atiza el aire con su látigo y dice "el patrimonio", se callan.
Mi mano dejará un hueco en la caja de
las costillas del caballo, que morirá en pocas horas,
cuando los filósofos hayan desaparecido
bajo el mutismo seguro de las compuertas.

Eli Tolaretxipi (San Sebastián, 1962), de El especulador, en la selección de Daniel García Helder para Transatlántico, periódico del Centro Cultural Parque España / AECID, Rosario, N° 8, verano 2009

Ilustración: La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David, 1787

De Eli Tolaretxipi en este blog:
V

viernes, diciembre 04, 2009

Gerardo Gambolini / Dos poemas


Afterglow
a S.


dios, los hados,
la corte de sátiros,
quienquiera que seas,

cuando la arena y la luz
comienzan a fugar
hacia el invierno

y cada palabra resuena
lejana como el mar
en una caracola,

¿ahora me envías
su voz, la vista de la gracia?
de acuerdo, pues

no seré yo quien la rechace,
no le daré más muerte
al gélido carro del Tiempo.



Declive de aspiraciones

Entender el arjé,
las vías de la ascensión
refutar a Protágoras
abarcar las herejías
el mundo de lo visible
y lo invisible

Discernir
los rostros de la Odisea
los mares y las sagas y los infiernos
libros de los cinco continentes
todos los excesos
de la belleza

Tocar Voodoo Child
amar como Casanova
cantar Acalanto, Don Gayferos
Romaria
oír música de cámara
sin aburrirme

Tener plata
ver a mis hijos contentos
recordar
olvidar
saber qué negocio van a abrir
en el local de la esquina


Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955), inéditos

Ilustración: La caída de los Titanes, Pedro Pablo Rubens, 1638

De Gambolini en este blog:
Citación
Deriva
Omnes iuncti vincemus

jueves, diciembre 03, 2009

Dario Bellezza / Poemas



Poemas de Dario Bellezza

versiones y nota de Martina Bortignon



De Invettive e Licenze (1971)

En la luz tenue me lamo...

En la luz tenue me lamo
las heridas mortales y mi
alma-hoja ligera sale

en busca del Amo.

Quien está en la sombra sólo sabe
cuán mortal es el día
blanca estatua solar
que ya no cautiva mi
muerta mañana.


Dios se me moría en el mar...

Dios se me moría en el mar
azul, en el patín acuático donde
me había invitado a subir.

Pero fueron los celos, la normalidad
de los chicos lo que me impulsó a rehusar,
a encogerme de hombros delante
de las salidas
mordaces.

El olor del mar llenaba
los navíos y vos cantabas en los ojos,
risueña de victoria.



De Io, 1975-1982

Hay un llanto dentro de mí: la vida

Hay un llanto dentro de mí: la vida
gritando no deja rastros verosímiles,
desfigurada enlaza amor y muerte,
en la noche ingrata del sueño.

Entonces piensa uno en los pasados engaños:
sueña. Todo lo que en paz
más importa hay que combatirlo,
rechazarlo... ¿Qué hago yo aquí? ¿Me despido
de cansadas propuestas de Reyes Huraños
prometedores de vanos insultos al Dios,
o calamitosos al porqué de vida
infame e incierta? Yo lloro
las tétricas gradas de juventud
donde el adelanto de la mente
a los días, a las horas extremas
era semblante vivo
de nuestro destinado cruzarse
en tierra sembrada de frescos
verdugos, tiernas sileas
de esperanza
inquieta en su desmoronarse.

Dario Bellezza (Roma, 1944-96)


Noticia
Dario Bellezza, aunque perteneció a una generación cuyos imperativos eran, por una parte, el compromiso político y la contestación ideológica y, por otra, la experimentación estilística, cuyo camino había sido abierto, en Italia, por el neovanguardismo de los “Novissimi”, se destaca por ser una vox sola, más bien atada a una linea poética que de Saba pasa por Penna y llega a Pasolini, a quien el poeta llamaba su verdadero “maestro”. En efecto, fue el propio Pasolini quien intuyó antes que todos la novedad y la fuerza candente de los versos de Bellezza, subrayando cómo en ellos se reflejaba “una vida como contestación vivida, como lento suicidio, como huelga o martirio...”.
Desde el comienzo, la poesía de Bellezza se caracteriza por el hecho de estar muy íntimamente enlazada con lo autobiográfico, devolviendo el testimonio de una soledad abismal, de un forcejeo desesperado con el encierro del cuerpo, con el acoso por parte del conformismo burgués, con el sino mortal del ser humano. A lo largo de su evolución poética, lo que cambia es la hondura de perspectiva y, quizás, el tono, más pausado en su dolor; seguramente no la inconformidad radical y la fijación en las ingógnitas fundamentales de su búsqueda existencial, en primer lugar la muerte. Estilísticamente, la propuesta de Bellezza juega su originalidad en la mezcla, guiada por la ironía y la figura de la antífrasis, de un registro de muy refinada y controlada literariedad con el prosaísmo de circunstancias concretas y diarias: las de un hombre obligado a “sufrir humanamente / la retórica de todos los normales días de las / normales personas”.

Dario Bellezza fue poeta y prosista. En poesía publicó las siguientes obras: Invettive e Licenze (1971), Morte segreta (1976), Libro d'amore (1982), Colosseo (1982), Io (1983), Piccolo Canzoniere per E.M. (1986), Undici erotiche (1986), Serpenta (1987), Libro di poesia (1990), Gatti e altro (1993), Testamento di sangue (1992) y L'avversario (1994).


Nella luce fiocca mi lecco
Nella luce fioca mi lecco / le ferite mortali e la mia / anima-foglia leggera va // in cerca del Padrone. // Chi è nell’ombra solo sa / quanto il giorno è mortale / bianca statua solare / che non incanta più la mia / morta mattina.

Dio mi moriva sul mare
Dio mi moriva sul mare / azzurro, sul suo pattino dove / mi aveva invitato ad andare. // Ma fu la gelosia, la normalità / dei ragazzi a spingermi a rifiutare,/ ad alzare le spalle alle battute / salaci. // L'odore del mare riempiva / le navi e tu cantavi negli occhi / ridarella di vittoria.

C'è un pianto dentro di me: la vita
C'è un pianto dentro di me: la vita/ Urlando non lascia tracce verosimili,/ sfigurata allaccia amore e morte,/ nella notte ingrata al sonno. // Allora si pensa ai trascorsi inganni: / si sogna. Tutto quello che in pace / importa di più va combattuto,/ respinto...Che ci sto a fare? A prendere congedo / da stanche proposte di Re Musoni / promettitori dei vani insulti al Dio, / o calamitosi al perché di vita / ignobile e incerta? Io piango / le tetre scalee di gioventù / ove il sorpasso della mente / ai giorni, all'ore estreme / era sembiante vivo / del nostro destinato incrociarsi / in terra seminata di freschi / virgulti, tenere silee / di speranza / inquieta nel suo sfarsi.


Foto: Bellezza Guglielmina Otter/ Fermenti, 1976


Aquí poemas de Martina Bortignon

miércoles, diciembre 02, 2009

Ezra Pound / Guerra


La llegada de la guerra: Acteón

Una imagen del Leteo
y los campos
cubiertos por una luz débil
pero dorada,
acantilados grises,
y debajo de ellos
un mar
más áspero que el granito,
inquieto, interminable;

Figuras altas
con el andar de los dioses,
aspecto peligroso;
Y uno dijo:
“Este es Acteón.”
¡Acteón de las grebas doradas!

Por los prados bellos,
por la faz fría de este campo,
inquieto, siempre en movimiento,
hueste de un pueblo antiguo,
el silencioso cortejo.


Ezra Pound, (Hailey, Idaho, 1885 – Venecia, Italia, 1972), Lustra, 1917
Versión de Silvia Camerotto



The coming of war: Actaeon
An image of Lethe, / and the fields/ Full of faint light / but golden, / Gray cliffs, / and beneath them / A sea / Harsher than granite, / unstill, never ceasing; / / High forms / with the movement of gods, / Perilous aspect; / And one said: / “This is Actaeon.” / Actaeon of golden greaves! // Over fair meadows, / Over the cool face of that field, / Unstill, ever moving, / Host of an ancient people, / The silent cortège.

Ilustración: Walhalla, collage; Nancy Malseed, 1964

Cesare Pavese / Gente que ha sido


Gente que ha sido

Luna tierna y helada sobre los campos en el alba
asesina el grano.

Sobre el campo desierto,
aquí y allá prutrefacto (se depende del tiempo
porque el sol y la lluvia entierran a los muertos),
era todavía un placer despertarse y mirar
si la helada cubría también a aquellos. La luna
desbordaba, y alguno pensaba, por la mañana,
que la hierba brotaría más verde.

A los aldeanos que miran les lloran los ojos.
Por este año, al regreso del sol, si regresa,
hojitas quemadas serán todo el grano.
Triste luna - no sabe más que comer nieblas,
y las heladas al sereno tienen una mordida de serpiente
que del verde hace abono. Nos dio abono
para la tierra; ahora, convierte en abono también el grano
y no sirve mirar, y quedará todo abrasado,
putrefacto. Es una mañana en que quita toda la fuerza
solamente el despertarse y caminar a lo largo de los campos.

Verán muy tarde brotar
algún tímido verde sobre el campo desierto,
sobre la tumba del grano, y deberán luchar
para reducir también eso a abono, quemando.
Porque el sol y la lluvia protegen solo malezas,
y la helada, cuando tocó el grano, no vuelve.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino



Gente che c' è stata
Luna tenera e brina sui campi nell' alba/ assassinano il grano.// Sul piano deserto,/ qua e là putrefatto (ci vuole del tempo / perchè il sole e la pioggia sotterrino i morti), / era ancora un piacere svegliarsi e guardare / se la brina copriva anche quelli. La luna / inondava, e qualcuno pensava al mattino / quando l' erba sarebbe spuntata piú verde. // Ai villani che guardano piangono glui occhi. / Per quest' anno al ritorno del sole, se torna, / foglioline bruciate saran tutto il grano. / Trista luna -non sa che mangiare le nebbie,/ e le brine al sereno hanno un morso si serpe / che del verde fa tanto letame. Ne han dato letame / alla terra; ora torna in letame anche il grano, / e non serve guardare, e sarà tutto arso,/ putrefatto. È un mattino que toglie ogni forza / solamente svegliarsi e girare da vivi / lungo i campi. // Vedranno piú tardi spuntare / qualche timido verde sul piano deserto, / sulla tomba del grano, e dovranno lottare / a ridurre anche quello in letame, bruciando. / Perché il sole e la pioggia proteggeno solo le erbacce / e la brina, toccato chi ha il grano, non torna.


Ilustración: Nieve helada, óleo; Guillermo Sedano, Premio Adquisición de la cooperativa vinícola "Vírgen de las viñas", Tomelloso, Ciudad Real, España, 2008

martes, diciembre 01, 2009

Ronald Kay / Tres poemas



X
A título de ejemplo


La página carcomida por su propia escritura
Propaga la última palabra del progreso:
La muerte del autor en el número fantasma
De las bellas letras. La ilusión óptica
De que el bosque a cada paso ofrece
Admirables temas de pintura,
Traerá consigo el olvido total.
Más allá de los poderes de falsificación,
La honestidad es la ortografía
El último cuadro, inconcluso.


XX
Arco de triunfo del siglo Veinte

Cuando después de poco se retoca la palabra
la parte invisible de cada hecho
configura un panorama lleno de amenaza:
basta con un solo cuerpo extraño
en la quietud del mundo inorgánico
para crear un mundo de opinión
en favor de las actividades sexuales.
No siempre los gobiernos hicieron
uso inobjetable de las poderosas armas.
Para no atribuirle a la situación
más importancia de la que tiene en realidad,
los documentos oficiales
están a disposición de todos.


XXX
Clarity is not enough


Quienes tienen a su cargo
Tan delicada como responsable misión
Parten a los alrededores
A escrutar los rostros
A remozar los monumentos sumergidos
En los años, a sospechar de todo
Y de cada uno
El placer de vivir en un espectáculo
Reproduciendo
La incertidumbre
de un hecho inconcluso.


Ronald Kay (Hamburgo, 1941) Variaciones ornamentales, Ediciones Universidad Diego Portales, 2009, Santiago de Chile

Foto: Kay Viviana Morales/El Mercurio, Chile

lunes, noviembre 30, 2009

Gary Snyder / Alfalfa



Pasto para los caballos

Manejó la mitad de la noche
desde el sur de San Joaquín
a través de Mariposa, surcando
las rutas de la Montaña Peligrosa,
y estacionó a las ocho a. m.
su gran camión-acoplado de alfalfa
detrás del granero.

Con cabria y sogas y ganchos
apilamos prolijos los fardos encima
de vigas de pino rojo astilladas
en lo alto de la oscuridad, jirones de alfalfa
giraban entre haces de luz escalonados,
picaduras de polvo de alfalfa en
la camisa sudorosa y los zapatos.
A la hora del almuerzo bajo el roble Negro
fuera del corral caliente
-la vieja yegua olisqueando las vianderas,
las langostas crujiendo entre los yuyos-:
"Tengo sesenta y ocho", dijo él;
"la primera vez que cargué alfalfa tenía diecisiete.
Pensé, ese día que empezaba,
que seguro iba a odiar hacerlo toda mi vida.
Y maldito sea, eso
terminé haciendo".

Gary Snyder (San Francisco, 1930), Todas las palabras para decir roca. Selección, traducción, introducción y notas de Bárbara Belloc, ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2008

Hay for the Horses
He had driven half the nigth / From far down San Joaquin / Through Mariposa, up the / Dengerous Mountain roads, / An pulled in at eight a. am. / Whit his big truckload of hay / benhind the barn. / With winch and ropes and hooks / We stacked the bales up clean / To splintery redwood rafters / High in the dark, flecks of alfalfa / Whirling through shingle-cracks of light, / Itch of haydust in the / sweay shirt and sohes. / At lunchtime under Black oak / Out in the corral, / -The old mare nosing lunchpails, / Grasshoppers crackling in the weeds - / "I' m sixty-eight", he said, / "I first bucked hay when I was seventeen. / I thought, that day I started, / I sure would hate to do this all my life. / And dammit, that's just waht / I' ve gone and done."

De Snyder en este blog:
Toji

Foto: Snyder Sierra Nevada College

sábado, noviembre 28, 2009

William Shakespeare / Sonetos 35, 39






XXXV

No te lamentes más por tus acciones:
la rosa tiene espinas; lodo, el lago;
eclipses las estrellas y los soles;
y el brote más meloso tiene un chancro.
Los hombres tienen faltas y yo mismo,
al comparar la tuya, la consiento,
y hacerlo me corrompe pues estimo
más leve tu pecado que el ajeno.
A un tiempo tu abogado y contrincante,
intento razonar tu dulce falta
e inicio una demanda de tu parte:
la lucha entre mi amor y mi odio es tanta
que tengo que erigirme en auxiliar
del reo que me arroba sin piedad.


XXXIX
¿Qué modo es el mejor para cantarte
si tú eres, de mis partes, la mejor?
¿De qué puede servir que yo te alabe,
ya que al cantarte a ti me alabo yo?
Por eso, amor, vivamos divididos
sin dar a nuestro amor el mismo nombre;
pues sólo al separarte de lo mío
podré alabarte como corresponde.
¡Ausencia! Qué tormento tan amargo
serías sin el dulce pasatiempo
de amar pensando pues amando es cuando
se encantan juntos tiempo y pensamiento.
De ti aprendí a alabar lo que no está;
así, donde hay uno, sale el par.

William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, 1564-1616), Sonetos & Lamento de una amante, traducción de Andrés Ehrenhaus, Paradiso Ediciones, Buenos Aires, 2009

XXXV
No more be grieved at that which thou hast done: / Roses have thorns, and silver fountains mud; / Clouds and eclipses stain both moon and sun, / And loathsome canker lives in sweetest bud. / All men make faults, and even I in this, / Authorizing thy trespass with compare, / Myself corrupting, salving thy amiss, /Excusing thy sins more than thy sins are; / For to thy sensual fault I bring in sense-- / Thy adverse party is thy advocate-- / And 'gainst myself a lawful plea commence:/ Such civil war is in my love and hate / That I an accessary needs must be / To that sweet thief which sourly robs from me.

XXXIX
O, how thy worth with manners may I sing,/ When thou art all the better part of me? / What can mine own praise to mine own self bring? /And what is 't but mine own when I praise thee? / Even for this let us divided live, / And our dear love lose name of single one, / That by this separation I may give / That due to thee which thou deservest alone./ O absence, what a torment wouldst thou prove, / Were it not thy sour leisure gave sweet leave / To entertain the time with thoughts of love, / Which time and thoughts so sweetly doth deceive, / And that thou teachest how to make one twain, / By praising him here who doth hence remain!

Ilustración: San Juan el Bautista, Leonardo Da Vinci, 1513

viernes, noviembre 27, 2009

Pedro Serrano / Aves


Aviario

1
Cardenal

Un diminuto sol recién salido
de adentro de la tierra,
un carbón al rojo aventado al aire
en la cresta del día como reflejo
entre los sicomoros y la luz,
adviento en la perplejidad. Mi padre.
Testigo del milagro de la luz,
clavel de corazón clavado en alas
dentro de la armería parda del bosque.

2
Cuervo y niño

Un cuervo gris, ceniza en el áspid de la palmera
como si toda la socarronería del mundo
lo hubiera puesto ahí,
en las hojas de la mañana
a punto de volar o caer.
Una piedra asida a la rama
tras los ronquidos del mar.
Cáscara de graznidos como un fruto pesado,
una granada ennegrecida.
Picotea el cuervo en la laja de agua,
para que de allí surgiera lo verde
del almendro que la rodea.
Chirría antes de volar.
Detrás, un niño avizora el amanecer,
como un sol único en la arena.

Pedro Serrano (Montreal, 1957)

Ilustración: Iván y el pájaro de fuego, Iván Bilibin, 1899

De Serrano en este blog:
Tuscania, 5

Cesare Pavese / Manía de soledad


Manía de soledad

Como un poco de cena sentado en la clara ventana.
En la habitación ya está oscuro y se ve el cielo.
Afuera, los caminos tranquilos conducen,
después de un trecho, al campo abierto.
Como y miro el cielo -quién sabe cuántas mujeres
están comiendo a esta hora-, mi cuerpo está tranquilo;
el trabajo aturde mi cuerpo y a cada mujer.

Afuera, después de la cena, vendrán las estrellas a tocar,
sobre la ancha llanura, la tierra. Las estrellas están vivas,
pero no valen estas cerezas que como solo.
Veo el cielo, pero sé que entre los techos herrumbrosos
ya brilla alguna luz y que, abajo, hay un susurro.
Un gran sorbo y mi cuerpo saborea la vida
de las plantas y de los ríos, y se siente unido a todo.
Basta un poco de silencio y cada cosa se detiene
en su lugar real, así como está detenido mi cuerpo.

Cada cosa está aislada delante de mis sentidos
que la aceptan sin turbarse: un roce de silencio.
Cada cosa en la oscuridad la puedo saber
como sé que mi sangre corre en las venas.
La llanura es un gran fluir de agua entre la hierba,
una cena de todas las cosas. Cada planta y cada piedra
vive inmóvil. Escucho a mis alimentos nutrir las venas
de cada cosa que vive sobre esta llanura.

No importa la noche. El cuadrado del cielo
me susurra todos los rumores, y una estrella menuda
se debate en el vacío, alejada del alimento,
de las casas, distinta. No se basta a sí misma
y necesita demasiadas compañeras. Aquí en lo oscuro, solo,
mi cuerpo está tranquilo y se siente patrón.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino



Mania di solitudine
Mangio un poco di cena seduto alla chiara finestra. / Nella stanza è già buio e si guarda il cielo. / A uscir fuori, le vie tranquille conducono / dopo un poco, in aperta campagna. / Mangio e guardo nel cielo - chi sa quante donne / stan mangiando a quest'ora - il mio corpo è tranquillo;/ il lavoro stordisce il mio corpo e ogni donna. // Fuori, dopo la cena, verranno le stelle a toccare / sulla larga pianura la terra. Le stelle son vive,/ ma non valgono queste ciliege, che mangio da solo./ Vedo il cielo, ma so che fra i tetti di ruggine / qualche lume già brilla e che, sotto, si fanno rumori./ Un gran sorso e il mio corpo assapora la vita / delle piante e dei fiumi e si sente staccato da tutto. / Basta un po' di silenzio e ogni cosa si ferma / nel suo luogo reale, così com'è fermo il mio corpo. // Ogni cosa è isolata davanti ai miei sensi,/ che l'accettano senza scomporsi: un brusío di silenzio. / Ogni cosa, nel buio, la posso sapere / come so che il mio sangue trascorre le vene. / La pianura è un gran scorrere d'acque tra l'erbe, / una cena di tutte le cose. Ogni pianta e ogni sasso / vive immobile. Ascolto i miei cibi nutrirmi le vene / di ogni cosa che vive su questa pianura. // Non importa la notte. Il quadrato di cielo / mi susurra di tutti i fragori, e una stella minuta / si dibatte nel vuoto, lontano dai cibi, / dalle case, diversa. Non basta a se stessa, / e ha bisogno di troppe compagne. Qui al buio, da solo, / il mio corpo è tranquillo e si sente padrone.
Ilustración:Paul Cézanne, La montaña Sainte-Victoire vista desde Lauves, 1904-1906

jueves, noviembre 26, 2009

Cesare Pavese / Encuentro


Encuentro

Estas duras colinas que han hecho mi cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
de ella, que no sabe que la vivo y no llego a comprenderla.

La encontré una noche: una mancha muy clara
bajo las estrellas ambiguas, en la neblina de verano.
Había alrededor el olor de estas colinas
más profundo que la sombra, y de repente sonó,
como salida de estas colinas, una voz más limpia,
y áspera a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, vívida delante,
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca pude aferrarla: su realidad
cada vez se me escapa y me lleva lejos.
Si es bella no lo sé. Entre las mujeres es joven:
me sorprende al pensarla un recuerdo remoto
de la infancia vivida entre aquellas colinas,
tan joven es. Es como la mañana. Me trae en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.
Y tiene en los ojos un propósito firme: la luz más limpia
que haya tenido jamás el alba sobre estas colinas.

La he creado desde el fondo de todas las cosas
que me son más queridas y no llego a comprenderla.

Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino


Incontro
Queste dure colline che han fatto il mio corpo / e lo scuotono a tanti ricordi, mi han schiuso il prodigio / di costei, che non sa che la vivo e non riesco a comprenderla. // L'ho incontrata, una sera: una macchia più chiara / sotto le stelle ambigue, nella foschia d'estate. / Era intorno il sentore di queste colline / più profondo dell'ombra, e d'un tratto suonò / come uscisse da queste colline, una voce più netta / e aspra insieme, una voce di tempi perduti. // Qualche volta la vedo, e mi vive dinanzi / definita, immutabile, come un ricordo. / Io non ho mai potuto afferrarla: la sua realtà / ogni volta mi sfugge e mi porta lontano. / Se sia bella, non so. Tra le donne è ben giovane: / mi sorprende, a pensarla, un ricordo remoto / dell'infanzia vissuta tra queste colline, / tanto è giovane. È come il mattino, mi accenna negli occhi / tutti i cieli lontani di quei mattini remoti./ E ha negli occhi un proposito fermo: la luce più netta / che abbia avuto mai l'alba su queste colline. // L'ho creata dal fondo di tutte le cose / che mi sono più care, e non riesco a comprenderla.



Ilustración: La dama de los cabellos despeinados, Leonardo Da Vinci

Héctor Viel Temperley / Bajo las estrellas


Bajo las estrellas del invierno

La liebre que una vez que yo miraba
atardecer -volaban los chimangos!-
salió del sol y se sentó a mirarme

El pájaro que una mañana
se posó exactamente sobre mi corazón
a una hora en que su cuerpo todavía
calentaba la piel más que el sol

El pene entre mis dedos de ese enfermo
al que ayudé a orinar mientras marchábamos
lentamente una noche a un hospital
cruzando playas de estacionamiento

La perra que buscaba a mi pene en la sombra
cada vez que salía para orinar desnudo
mirando las estrellas del invierno
antes de regresar corriendo hasta el colchón
iluminado por el fuego que ardía toda la noche
en los troncos que hachaba con mi hacha todo el día

La mujer que pedía serenamente auxilio
agitando los brazos y volviendo a nadar
en las primeras horas de una tarde pesada
en que yo con el pan en el estómago
no encontraba a otro hombre en las orillas

Y todos los metros que nadé por el mar
sin ver jamás a la terrible aleta
Y mi alegría de noche en las ramas de un árbol
oyendo tangos en mi adolescencia
Y mis siestas sentado junto al cajón de un muerto
descansando en la diga frescura de una bóveda
del verano porteño que tantos nos había humillado

Hablo de todas las horas y de todos los días
y de todas las estaciones y de todos los años

Pero la liebre que una vez que estaba solo
se ubicó exactamente entre el sol y mis ojos
guardando exactamente la distancia
que guarda un ángel que visita a un hombre...

Y el pájaro que un día
se posó exactamente sobre mi corazón
lo que es igual a recibir de un golpe
el propio corazón en el lugar exacto
el único lugar del universo
donde es una victoria recibirlo...

Y la perra que se acercaba agitando la cola
cada vez que volvíamos a encontrarnos desnudos
y solos bajo el cielo del oeste...

En fin...
Brillan los miles de ojos que me miran
Brillan las estrellas del oeste en invierno
Sobre la borda del colchón iluminada por las llamas
me siento arreglo el fuego
leo diarios viejos mientras mi sombra crece

Son las tres de la tarde en el reloj
que después del almuerzo se detiene
La noche es larga
Toda la noche sopla el viento
Mi muslo brilla con la saliva de la perra
o entre las piernas de una mujer de buen carácter
desnuda alegre dormida satisfecha
Vuelvo a despertarme cuando quiero
Vuelvo a salir al frío y a orinar nuevamente
porque estas noches bebo mucha agua
El fuego hace sudar al que lo cuida

En fin...
Hice orinar a un hombre
Salvé del mar a una mujer lejana
Y sé que puedo recordar algunos otros
actos de más amor de más coraje

En fin...
Pienso en todas las horas pienso en todos los días
pienso en todos los años sin encontrar mi imagen

Pero una liebre un pájaro una perra
me miraron a los ojos al corazón al sexo
como creo que sólo me miró también el mar
una madrugada de verano en que vagaba
con una pistola en el puño sin tener dónde afeitarme

Héctor Viel Temperley (Buenos Aires, 1933-1987), "Legión extranjera", 1978, Obra Completa, Ediciones del Dock; Buenos Aires, 2003, 2009

Foto: Viel Temperley © Herederos de Héctor Viel Temperley/Ediciones del Dock