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lunes, enero 06, 2025

Ianina Fornaro De "Nadie más que vos sabrá mi nombre"


Lady Macbeth le insistió sobre las brujas:
“ellas te dijeron lo que deseabas”.
No las desoyó.
He ahí la tragedia.


*
Me escondo
en algún rincón
para que no vean
qué clase
de pueblo habito.


*
No hay futuro
no hay pasado
solo una repetición de lo mismo.
Fuimos de la destrucción del mundo
a su cuidado
incesantemente.

Ianina Fornaro (Ciudad de Buenos Aires, 1981)

Nadie más que vos sabrá mi nombre,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2025









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Foto: Barnacle

lunes, noviembre 18, 2024

Carolina Kibudi / Dos poemas




Insondable

Remolinos
en el aire.
Danza azul
de la ventisca.

Del otro lado
del tiempo,
en sus bordes
marginales,
el sueño
sigue su viaje
hacia el fin.

Bocanada exiliada
de territorios
vastamente explorados.

Donde los restos
resurgen de las cenizas
para tener
nuevamente
un nombre.

Todos queremos lo mismo.
Y, sin embargo,
algo distinto
cada vez.

Todos buscamos algo
que es todo
y es nada
también.

Mientras el tiempo
nos guarece del olvido
al pie de escaleras
que suben y bajan
por rellanos crepusculares
que invitan
a descansar.


Prehistoria

Un surco
en el vacío

donde la nada
se vuelve traza

en la horda
de los días
por venir.

Carolina Kibudi (Buenos Aires, 1982), Devenir, Barnacle, Buenos Aires, 2022

Más poemas de Carolina Kibudi en Poetas Argentinos, Sofiaterra
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Foto: Barnacle

sábado, octubre 26, 2024

Daniel Mecca / De "Ahora: Apocalipsis"



XVII

Soy el capitán Benjamin L. Willard. 
Escuadrón 505.
Brigada Aerotransportada 173.
Grupo de Estudios y Observaciones.

Cierren la puerta
y váyanse a la mierda.


XXI

Veo tu foto, coronel Kurtz,
Walter E. Kurtz,
Walt Kurtz,
corazón de mi tiniebla. 

Como pintura rupestre
tu imagen es futuro
dentro de esa cueva.


XXXIV

Los estadounidenses se referían a los soldados
del Vietcong (Viet Cong) como Victor Charlie o V-C. 
“Victor” y “Charlie” son letras del alfabeto fonético 
de la Organización del Tratado del Atlántico Norte 
(otan).


XLI

El agua es siempre
testigo de los hombres,
como un hermano.

Nos mira desde abajo
llena de otros.

Nuestra historia
es la de un apneísta 
que solo sabe descender.

Daniel Mecca (Buenos Aires, 1986)

Ahora: Apocalipsis,
Buena Cosecha Editora,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Daniel Mecca en Otra Iglesia Es Imposible, El Otro
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martes, octubre 08, 2024

Ana Ussher / De "Letargo y letanía"



Todavía, con frecuencia, espero un sueño revelador
para dejarlo pasar como una canción desde un auto.
Cuando era chica en el bar de al lado de mi casa un hombre
levantaba quiniela
medio ladeado sobre alguna de las mesas
(un experto en la simulación de la lejanía).
En enero a la tarde seguro que de verdad cabeceaba
mientras con mis hermanos hacíamos remolinos de agua
junto al limonero.
Pero empezó la era
de los autoservicios. Elvira vendió los tacos de billar
también las heladeras y el mostrador.
Y tuvieron que morirse varios
incluido el limonero.
Hubo un borracho, Charoláis,
que sobrevivió bastante
–eso me parece a mí–.
Era de Balcarce o Areco y había sido corredor de turismo carretera.
A veces, llegando a la esquina
se le caían los pantalones: Charoláis.
Un punto blanquísimo
y balbuceante.
Laxo, largo lapso detenido.



Las hormigas escarban la naranja olvidada.
Se llevan la cáscara
en ágil fila.
Lo orgánico triunfa exultante.
Los colores no cambian. Andan.
En un corso
sonaba el tema –me parece– sobre unicornios
cuando perdí un pedazo de diente
por una serie de meneos concatenados que
involucraron una botella
y nos hicieron en vano buscarlo unos minutos por el piso.
De los consultorios odontológicos del gremio docente de mi padre tengo
todavía, en mi boca, un insumo.
Una camioneta verde estaciona.
Entonces, bajan y se dispersan los hacendosos.
Tienen, en sus orejas,
protección auditiva;
llevan, además,
gorro y sobre el gorro capucha.
Para hacer montículos con las hojas secas
prenden sopladores eléctricos de ulular estertóreo
que acaso no concuerda con lo grácil de la acción,
calma excepto para la tierra
que parece revuelo de bichitos.
Por último, usan el rastrillo y las bolsas, se ríen y se van.
¿Cuántas moscas entran –me pregunto–
en un solo poema
y por qué aparecen?
Hace poco una gris tornasolada
se posó en mi hombro izquierdo como si fuera
a decirme un secreto.
Sí…, plata no hay, plata no hay
nunca hay, hay que hacerla.
Pero entre el dicho y el hecho
ya ves bajan del techo
las palomas gordas y sentenciosas del estacionamiento.
A ellas no les interesa la naranja
ni siquiera se acercan a gorjear en mi oído,
aunque dele estamos mirarnos las pupilas:
se nos dilatan, se nos achican.
Y no deberíamos hablar de los caranchos.
Una mañana yo estaba en esta plaza
era temprano para los deportistas y
planeando de un árbol a otro
el pájaro lanzó su grito
¡kraaak!
de resonancia más bien angulosa
¡kraaak!, y duplicó la cosa.
Pero no deberíamos pensar
en el nido del carancho
en su pico curvo abriéndole el cuello a la paloma
en la destreza que logran sus garras.
No, no deberíamos
indagar en la vida de los caranchos.
Una mujer –conozco el nombre de sus hijos–
toma en bicicleta la dirección opuesta a la mía.
Su huella –la veo– es un continuo de rombos
que bordea un lado de los juegos
para niños.
Pero los regadores automáticos activarán
una lluvia invertida que insistirá en subir
simultánea a la puesta del sol
y tras su tris de vuelo a contraluz
(en error de cálculo)
caerá sin más sobre el dibujo
mutilando su forma plana.

Ana Ussher (Haedo, Argentina, 1982)

Letargo y letanía
,
Tren Instantáneo,
Buenos Aires, 2024









Más poemas de Ana Ussher en Otra Iglesia Es Imposible
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martes, agosto 20, 2024

Marcelo D. Díaz / De "Los gamos"


Luz de otra parte

No será agua del cielo la que cae
y te moja, y nos moja
o será el agua del río
cayendo a la inversa
a qué animal nos parecemos en la lluvia.
A un delicado ciervo
cuando anuncia la nieve
y en el medio del río congelado comienza a hablar:
la técnica más cruel es la de la luz
con aquellas flores
que reflejan el corazón de tu mente
flores que no hacen otra cosa
más que atraer peces voladores
Es como una idea fija
las flores, el ciervo, más adelante en el ojo de los peces
vos y yo llegando para dibujar
nuestros nombres en el barro;
los animales así mueren en la memoria
de los árboles
¿te imaginaste un leño carcomido por los vocablos
que traía el río?
Un salvavidas ardiendo en el medio del agua.
Una forma de decir otra vez
hemos llegado al mismo mundo.
Cuántas veces el mismo mundo
como el hada del invierno
que toca con una especie de varita
todo a su paso. ¿Y los animales?
¿Y nuestra lengua de esquimal olvidando la primavera?
¿Y la forma primaria del pez que captura
la forma más compleja de los otros peces?
Nada más romántico que los peces ardiendo
en tu mente perdiéndose
en el hielo;
ahora tu ojo más adelante tu boca después tu corazón
dónde te tocó decir:
esta es mi forma sensible.
El ciervo perdiendo su orfandad entre la nieve
que lo creas o no
siempre brillará para vos.


A través del tiempo

“Hablemos, encendamos el fuego.”
Alberto Szpunberg

                                         a Rodrigo Astorga

Mi amigo me cuenta un sueño en el que el mundo
se convierte en un témpano infinito
más adelante se multiplica el frío
como una helada alrededor del planeta
después me dice: “mi primo estudia
matemática, en una realidad cuántica -me dijo 
dos cosas diferentes ocurren en simultáneo
Y yo me acuerdo de vos, y de tu voz
y pienso en una dimensión invertida
donde lo perdido se recupera.
¿No es un milagro tener el corazón helado así
en pleno verano? ¿No querías ser invierno?
¿O ya no? ¿Qué es lo que brilla en el futuro?
El sol arde a la medida de nuestras pérdidas
y la emoción se vuelve más radiante
cuando decís una y otra vez
somos animales tristes buscando la felicidad
en los vocablos del silencio,
una hoja en un árbol luminoso por momentos
transformado más tarde en leño
y más tarde en fuego,
siempre en un mundo paralelo
Esa es tu definición de la tristeza
una cosquilla, sí, o un aprendizaje a oscuras
de las cosas que son significativas
como cuando yo soñé con vos
y pensar que ahora tu nombre descansa
en un punto ciego de mi mente
mientras mi amigo me narra
la teoría de los mundos posibles
y yo me digo si no estás aquí más adelante
quizá tu corazón, no la imaginación, o mejor
el movimiento afectivo, o sentimental, de los astros
nos devuelva al cauce del río
de una época anterior
de cuando el cielo todavía era soleado.

Marcelo D. Díaz (Villa Mercedes, Argentina, 1981), Los gamos, edición electrónica, Cooperativa Cultural Trafkintu, 2024 

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Imagen: Marcelo D. Díaz por Pablo Elías. Marcelo Díaz/Facebook

sábado, junio 22, 2024

Gabriela Troiano / De "Primera bondad de la sombra", 2



Pequeño sueño del infinito soñante. Silencio es el umbral hacia otro sueño. Quién 
sabe. ¿Quién nos oculta la única puerta 
tendida sobre el océano? Puerta que siempre huye. Puerta 
flotante: danza oblicua de polvo. Dorado polvo del 
pensamiento. Pensamiento de lo soñado.

*
Otras almas esperan la caída del durmiente, el sobresalto del despierto. Otras 
almas esperan en un médano de luz donde danza el enterrador de sueños. Donde 
eleva su pala de hierro en silencio. Sólo sabe ocultarla bajo el rayo oculto de la 
sombra. Pozo de luz para los cuerpos que descienden. Pozo de luz para los 
ojos abiertos.

Gabriela Troiano (Buenos Aires, 1980), Primera bondad de la sombra, Barnacle, Buenos Aires, 2023

Más poemas de Gabriela Troiano en Otra Iglesia Es Imposible
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Foto: Gabriela Troiano, Facebook

miércoles, junio 19, 2024

Diego L. García / De "Registro grave"




Blues

las plantas de la puerta están muertas
pero aún siguen ahí. ocupan
su puesto de trabajo eficazmente
mientras el otoño las consume
(esa estación poética las asfixia).

la madera blanca repite rasguños
que la vuelven más cálida
(empapelado amarillo huevo
y camisa de jean). un terreno
de extraña dulzura patriótica.

ya no hay nadie ahí. sólo viejas historias
en la materia familiar


Renault 12

el sol en el parabrisas del Renault 12
al tercer día hizo que esa salida
fuera una especie de castigo titánico
contra sus pupilas.

la indemnización fue papel picado
que tuvo que barrer mientras los invitados
se ponían los sacos y trastabillaban
entre confusiones horarias.

la casa ya había sido.
los sonidos familiares
se alejaron como una cámara
que retrocede por un carril
para desfigurar el horizonte.
▓▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒▒░▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒ ▒
“Las autoridad▓es locales reciben cada▒▒ ▒ ▒ ▒
vez más▒ ▒ quejas sobre per▓sonas que viven ▒ ▒ ▒ ▒
en sus vehículos”, recuerda KS▒▒▒▒▒, ▒ ▒ ▒ ▒
directora ejecutiva de NB. ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒ ▒▒ ▒ ▒
“Y un día, ▒ ▒ [entonces] la supervisora ▓▒▓▒▓▒▓▒▓
del condado, RS salió después del trabajo y dijo: ‘E▓s▓p▓e▓ra,
hay un estacionamiento ▒ ▒ justo aquí’” ▓▓▒▓▓▒▓▓ ▓ ▓

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983), Registro grave, inédito Op. Cit., junio 12, 2024

Más poemas de Diego L. García en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Diego L. García por Diego Bernachi, Facebook

jueves, mayo 23, 2024

Santiago Venturini / De "En la colonia agrícola"



6.

Nunca más volví a ver
tantas luciérnagas juntas.
Nos gustaba agarrarlas
para mirar su luz fosforescente
dentro del puño.
En el campo
donde las cazábamos
se instaló una vez
un campamento gitano.
A la tardecita,
las gitanas venían en patota
a leer las manos de las mujeres
que cuidaban las casas.
Mi mamá se hizo leer la suya
en el portón del patio.
No me acuerdo qué le dijo
esa gitana,
pero después de darle un billete
nos metió a todos adentro
y se sentó a fumar.
Tal vez pensó
en lo que había escuchado
y tuvo miedo del futuro,
tal vez solamente pensaba
en lo que iba a cocinar
antes de que sus hijos termitas
atacaran la mesa o las sillas.



14.

Los habitantes
de la colonia agrícola
viven rodeados de campos
aunque a veces se olvidan.
Hasta que un domingo
ven desde la ruta
la forma verdadera de la tierra:
una extensión dividida
con postes de alambrado
que tienen dueño.
Acelerando sobre el asfalto
que pusieron otros colonos
pegan los ojos al horizonte,
aprenden la lección del paisaje.
El campo parece
demasiado elemental
pero esconde cosas.
A doscientos metros
alguien que levanta un brazo
no se ve.
De noche
lucecitas de autos ocupados
por dos personas
se hunden en la oscuridad.
Una vez
te internaste en los campos
con alguien.
Cuando terminaron
y te acomodabas la ropa
viste la ciudad desde lejos.
Era una masa naranja
hecha con la energía
de luces públicas,
brillando en el medio de lo negro.
Como si una nave nodriza
con la tripulación de todas
las caras que conocías
acabara de aterrizar
sobre la superficie nueva
de un planeta.

 
25.

En la mutación de la adolescencia
los fresnos de la colonia agrícola
nos parecían más verdes.
Algunos no pasaron de esa edad,
peleaban contra sí mismos
en el cuadrilátero de sus cabezas
y perdieron.
Como Natalia
mi compañera de escuela.
En la calle Chacabuco
está la ventana ovalada
de la pieza en la que se colgó.
No fue la única.
Pienso en el chico lindo
que todos vimos ese sábado
en la discoteca.
Cuando salió ya era de día
y se fue derecho a cazar
con su papá y unos amigos.
Cargó su rifle con resaca
y mientras los cazadores
avanzaban por el campo
se voló la cabeza.
A la hora en que se escuchó
el disparo
algunos dormíamos borrachos,
tres mujeres caminaban
con ropa deportiva,
una chica se sacaba el maquillaje
en el espejo del baño.
 
Santiago Venturini (Esperanza, Argentina, 1981), En la colonia agrícola, Iván Rosado, Rosario, 2016; Liliputienses, España, 2022
Op. Cit. octubre 18 de 2017

Más poemas de Santiago Venturini en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Zenda 

viernes, febrero 09, 2024

Noelia Torres / De "Esta es finalmente mi rabia", 2



Validación

Taller de arreglos
y composturas en general
eso decía un cartel 
que estaba pegado
a un árbol
afuera en la calle cerca
de la casa de mi mamá
nunca supe qué era 
lo que se componía
lo que estaba roto 
en ese lugar 
o en ninguna parte
aunque el cartel 
tenía un número de teléfono de siete dígitos
si querías llamar
para saber


Cortinas

Leo en el diario La Nación del domingo 
que la sonda Juno
llegó a Júpiter,
estoy sentada en el sofá y vos de espaldas 
con las tazas en la cocina
tenés las manos y tu conciencia metidas 
entre el jabón del detergente sabor a limón
te cuento esto a ver si me escuchás:
la sonda tardó siete años en llegar 
y pegar la vuelta interestelar consciente 
los datos no importan y te digo: 
los planetas de lejos muy de lejos
me parecen sucios,
como si hiciera falta barrerlos 
porque se acerca la tormenta 
y todo puede quedar peor que antes.

Noelia Torres (Buenos Aires, 1983), Esta es finalmente mi rabia, Halley Ediciones, Buenos Aires 2021

Más poemas de Noelia Torres en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Envío de la autora

miércoles, enero 10, 2024

Diego L. García / De "Unos días afuera"




Bonito apartamento

el pianista atrás casi como un objeto
estará tocando realmente?
sus movimientos parecen más los de un mecanógrafo.
tiene un pañuelo en el bolsillo del saco
que preparó unas horas antes.
desayunó en piyama. se dio una ducha
con una cantidad de agua que (pensó)
podría haber sido más generosa.
cruzó las calles.
nadie sabe si llegó a destino. se escucha
una música de jazz mientras las siluetas hablan

*

con las teclas blancas y negras escribe
un relato de lo que acontece.
es un ensayo
sobre las posibilidades de los personajes
de pelar la papa del realismo.
no nos interesa la verdad.
nadie en ningún momento sabe
qué es lo que está diciendo

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983)

Unos días afuera
Pixel, 
Argentina, 2023










Poemas de Diego L. García en Otra Iglesia Es Imposible

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sábado, noviembre 11, 2023

Gabino Quiroga / de "Poesía astropolítica"



Karl Marx o Adam Smith 

¿A quién prefieren como pareja heteronormativa?

¿Les chiques de novie?...
¿A quién amarían?

Barba en el rostro
pubis depilado

Los ángeles vengan a mi.

:

En Argentina, tierra cristiana
donde la fe se extiende en cada territorio,
algunes creen que la tierra es plana
negando a la ciencia su luz atemporal.
¿Acaso importa la forma del planeta
cuando el amor y la fe son los que guían?
Argentina, suelo de indígenas, gauchos y gringos
donde las creencias se abrazan...
Y aunque parezcan opuestas unas de otras,
todes buscamos una verdad que nos trascienda.
Dejemos de lado la diferencia
y amalgamemos al país en el dentista...
¡Qué la fe y la razón se autoperciban hermanes!

:

¿Me escribiría un poema 
Que diga algo así como
Agazapado en el conurbano estoy
Esperando el fracaso nacional
Para después volver y continuar 
Con nuestro plan globalista?

ChatGPT
Entiendo tu solicitud, pero quiero enfocarme en promover un discurso constructivo y 
respetuoso. No puedo participar en la creación de contenido que promueva la división, 
el odio o la desestabilización de la sociedad. Si tienes alguna otra solicitud o pregunta 
sobre un tema diferente, estaré encantado de ayudarte.

Gabino Quiroga (San Antonio de Areco, Argentina, 10 de diciembre de 1983)


Poesía astropolítica
(edición limitada), 
Editorial Sismo Bit
Argentina, 2023








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Imagen: Diálogo natural, Luis Felipe Noé, serigrafía, 2008

sábado, septiembre 30, 2023

Gabriela Troiano / De "Primera bondad de la sombra"



Tierra doradazul del sueño. Bajo su cúpula se alza la noche. Allí el soñante traza su destino. Dice palabras y olvida. 
Imprime la densidad del pensamiento bajo la cúpula de la Gran Noche.


Su destino es un río. Bajo la cúpula de la Gran Noche, 
el soñante respira agua. Abre los ojos entre lo sumergido. Dice palabras sin pensamiento. 


La Gran Noche es la única. Noche de Gran Estrella. Porque toda la noche es estrella. No hay vacío azul del cielo soñado.

Con el hacha de luz fue suficiente para derribarlo; eso fue todo. Caía el troncoazul, silencioso caía para siempre en su infinito. 
Y cada hoja de agua que ardía no dejaba cenizas. Los nidos 
de espuma se deslizaban sobre los ojos del durmiente. Fue 
el último roce del sueño. Luego, el ojo ya no fue agua, sino 
cántaro: monolito antiguo del soñante.

Gabriela Troiano (Buenos Aires, 1980)

Primera bondad de la sombra
,
Barnacle, 
Buenos Aires, 2023










Foto: Gentileza Editorial Barnacle

jueves, septiembre 28, 2023

Daniel Mecca / De "Troya, aparta de mí este cáliz"



LIV

Ulises me habló de los feacios
que lo devolvieron
a estas doradas arenas.

Dormido en la costa,
espléndido,
mitológico,
y con un pensamiento de estrellas
y violencia.


LVI

Cuando matemos a estos hombres,
padre,
cuando tuyas sean otra vez
la patria y la mujer;
cuando el crimen nos complazca
verdaderamente,
podré odiarte
como mandan los dioses.


LVII

Amanece.

Es el color
de los dedos rosados.

Me anudo estas hermosas sandalias.

Empuño la lanza
con la fuerza de un mito.

Vuelvo al hogar,
la familia,
el núcleo de la guerra.

Daniel Mecca (Buenos Aires, 1986)

Troya, aparta de mí esta cáliz
La Conjura, 
Buenos Aires, 2022









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domingo, abril 09, 2023

Ezequiel Naya / De "Pueblos para escapar de la Justicia"




K

Señores, sobre las paredes de ladrillo cuelgan las arpas conquistadas en las guerras. No será fácil ver la luz pero sepan que rezaremos por ustedes. Nuestro enemigo también tiene su iglesia. Es igual a esta; con arpas en las paredes y una cosa como yo que informa y propaga el mensaje con estas mismas palabras y este tono de voz. Da lo mismo de qué lado pierdan. Traigan los instrumentos con todas las cuerdas y saluden a Dios.


M

En las olas hay un asesino. 
Mandaron surfers y tipos en 
motos de agua para 
encontrarlo 
algunos dicen haberlo visto 
entre la espuma.  

No desafíes a la naturaleza, 
les dijo  

Todos llegan pálidos a la playa 
los que tienen hijos 
piden abrazarlos, 
los que no tienen familia
comen una fruta  
y vuelven al agua.


O

¿Dónde está la madera que fue mi infancia?
Y la ventana por la que miraba la pileta
con forma de pie izquierdo. ¿Habré pensado,
en la altura del árbol,
si de grande quería ser esto?
Todavía el olor de la hoja quemada
me lleva a esa quinta donde vi por primera vez
sus ojos cerrados y el fuego.
Guardo aún la locomotora plateada que arriba
tiene un hueco para esconder algo
que hasta hoy
no encuentro.

Ezequiel Naya (Buenos Aires, 1981)

Pueblos para escapar de la Justicia
,
Ediciones Liliputienses,
Cáceres, España, 2023










Foto: La Primera Piedra

martes, marzo 21, 2023

Emilia Carabajal / De "Dido"




Barce

Oscurece en Cartago
El viento arremete

Llegan de las calles los pasos y las voces
Y dentro del palacio se alza un rumor

Son los nuevos

Aquellos que hoy dejaron sus navíos en la orilla
E irrumpieron en el templo
Aquellos que hablan una lengua ignota

La reina los oyó
Cual si entendiera
Aprobó sus razones
Y ahora ofrece un banquete en honor a su rey

Y por él los esclavos escancian el vino
Y por él los sacerdotes iluminan los altares

Ante él brinda sus frutos esta ciudad nueva

Y él habla
Despliega su oratoria
Que mi ama apenas parece descifrar

Pero hay algo que entiendo
Por más que procure mostrarse imperturbable
Hay visiones que lo asaltan como hachazos
Palabras que lo queman

Y yo me digo que no es bueno albergar en nuestra casa
     [aquello que se agita
No es sensato abrir la puerta a los incendios

Dido observa a su huésped
Por él levanta la copa
Y ella, reina desterrada, llora el destierro de otro rey

Es extraña la suerte. Hay a quien la tierra de otro depara
     [servidumbre
Y hay quien recibe laureles al llegar

Ha de ser que los reyes se distinguen aun en los
     [naufragios
Que su estirpe se conserva en el exilio
Y por ello unos a otros se agasajan

Y ha de ser en ese idioma selecto de los nobles
Que Dido y el extraño se comprenden

O acaso no
Acaso los ligue un dolor oscuro
Una llaga común los asemeje
Y sea ese el idioma en que se hablan

Yo no sé
Solo veo que el cielo se oscurece
Y oigo un crujir de maderas que llega hasta el palacio
Cada vez que el viento golpea las barcas

Emilia Carabajal (San Miguel, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1989)

Nota del Ad.: Dido es la mitológica fundadora de Cartago en la actual Túnez, unos 800 años antes de la era cristiana. La tradición legendaria establecida por Virgilio en la Eneida es que Eneas, que escapaba de la destruida Troya y enfrentaba una especie de odisea con rumbo apenas insinuado por las profecías, naufragó cerca de Cartago. Recibido en la corte, él y Dido se enamoraron. La reina se suicidó cuando Eneas decidió continuar su viaje para allanarse al destino que los dioses le habían preparado. Llegó al monte Palatino, donde se estableció y murió. Su descendiente, Rómulo, fundó Roma. El punto de vista en este poema es el de Barce, una servidora de la reina

Dido
Editorial De Todos los Mares, 
Capilla del Monte, Argentina, 2021
Prólogo de Jotaele Andrade










martes, octubre 11, 2022

Ariana Daniele / De "Poética de un corazón abierto"



Los corredores del miedo

He vuelto al cuarto oscuro
donde mi corazón fue entregado 
como verbo de la creación
a las manos invisibles de la noche.

En mí se vertieron las caricias de la infancia
con su calor de aliento derramado.
Así eran los cuerpos que me traía la noche.

Ningún ser palpable
y con nombre.


Posteridad

Sólo una mujer sería capaz
de encender la vela que no apague jamás. 
En cada sombra se esconderá otra 
con su pábilo negro.
Lobas de una mordida desigual.

Está escrito en el reverso del sueño
que los ojos pueden volverse córvidos.

¿Quién enseñará a los niños 
la palabra rebelión 
la desobediencia de los santos 
y la deserción de la colmena?


El dulce legado

Hemos venido 
a señalar las mismas cosas de siempre
a irnos cuando se cae el sol 
y todos juegan en la luz.

Hemos venido como raquíticos terrenales
colmados ya de sueños.
Éramos como jóvenes que escriben
con cursiva de testamento. 

Se nos ha ido secando la tinta 
de a poco 
nos hemos ido engañando
hasta llegar a la noche del alma

donde nadie es testigo 
de los pasos que se dan.

Ariana Daniele (Rufino, Argentina, 1990), Poética de un corazón abierto, inédito


martes, septiembre 27, 2022

Diego L. García / De "Siluetas hablando porque sí"



Exterior

un lenguaje a medias
consume carteleras de espectáculos
y bares evanescentes.
cómo encontrar lo que sucede sin titubeos.
algo que se digiere
mucho antes de que la sintaxis
asalte las profundidades.
es el instinto de patinar por las luces de la vida
a la que no se consuela con buenas acciones.
la tentación de no lidiar con eso.
una detención nerviosa
que no prospera. que no saca la cabeza
de su exterior implacable


Momentos de espacios negativos

tras una pared y otra
nos movemos como palabras
que encajan en una frase
sin estar diciendo nada.
son posiciones para disputar lo visible.
los árboles ya no están allí
y solo aquellos tipos engrasados
que no tendrán retiro ni siguiente papel.
manos en los bolsillos.
el pastor tuvo que huir de su granja.
un cigarrillo para no tener que hablar
cuando ya está dicho todo

Diego L. García (Berazategui, Argentina, 1983)

Siluetas hablando porque sí
Editorial Casa Vacía, 
Richmond, Virginia, Estados Unidos, 2022









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Foto: Diego L. García por Diego Bernachi

sábado, septiembre 17, 2022

Julieta Desmarás / De "Desechos de Asunta"



Anunciación 

Asunta se hace de noche
su figura pende de un hilo 
pronto será la toalla 
secándose sobre el ventilador.

(¿Qué hacés que no hacés nada?
¿no es que escribís?)


Mortaja

Asunta conservó de Evita 
sólo lo que se echó a perder:
un lienzo de raso blanco a medida  
y un frasco de su clásica fragancia.

Por orden del General 
ajustó la tela a la muerte
y con las últimas notas de almizcle
perfumó su diva palidez.

Cumpliendo así, el capricho de la difunta:
“Yo, solamente yo, estreno mi vestido.”


Patria

Asunta está hecha 
de pérdidas
su mirada pregunta
por qué
si me abandonaste
te arrastro al hablar.
(¿Por qué?)
No hago más que regresar
adonde no hay remedio

Julieta Desmarás (Buenos Aires, 1982)


Desechos de Asunta
,
Ediciones del Dock,
Buenos Aires, 2022










domingo, febrero 06, 2022

Matías Heer / Titicaca




(Fragmento)

olas
de un lago
a 3800 metros
de altura

olas
v, w tamaño11
avenir next lt pro,
minúsculas,
persiguiéndose
unas a otras,
sismo a sismo,
sin alcanzarse,
cansadas,
más que a la orilla
de la mente
cuando ya
no existen;
el objetivo:
disolverse
y volver
a entrar;
convulsas
arañan la arena,

el esfuerzo
de haberse formado,
de su explosión,
tan sólo
para espejarse

en los ojos
ancestrales

neutros
de las piedras,

chapoteo
de electrones:
colores,

como fermiones y bosones
gases aleatorios
se manifiestan en viento que no veo,

como destrenza
las grelas
de la chola
que mea al caminar,

como desmenuza
el meo
de la chola
caminante

en los ojos
de algún burro
inexplicable,

llegará el burro
a emocionarse
por ese
movimiento
pacífico

construcción
destrucción
regeneración

llegará a por ese
persistirse
insistirse
vivirse

llegará el burro
a emocionarse
de la oreja
boliviana
en el Perú
del Eloy

que menea la estatura
al viento grandioso
que aflora olitas

entre el meneo
de los botes,
al timbal de las olas
y un par de tardes luego:

botes
expuestos
al mismo balanceo
constante,
anclados
a un gomón
relleno de piedras
encallado en la orilla,
un pez
campanea sin eco
en una piedra
con crin
al sol

que
seca

los cueros
de los chanchos

mordiéndose
en la orilla,

las plumas
de las gaviotas
impertinentes,
la lluvia habida,

los dedos
del fumador
cuando decide
si tirar o no
la colilla,
si pronunciar o no
un buen día

y las olas
que nunca deciden
nunca cesan;

una melodía
sin demasiada espuma,

como el que pasa silbando
seco bajo el sol que seca

una melodía
que recuerda
sin saber
de dónde,
que silbó
su padre
sin saber
de dónde,
ni hace
cuánto;

(...)

Zipme, slimbook, 2020

Matías Heer (Buenos Aires, 1984), Op. Cit., noviembre 28, 2021


domingo, enero 30, 2022

Daniel Mecca / De "Música de incendios"



Take Five / Dave Brubeck

Nuestros modales son modernos.

Muevo los dedos
y sé que esto
sonará mañana.

El paisaje tiene 
los colores de la vanguardia.

Un tono 
internacional.


Relaxin’ At Camarillo / Charlie Parker

No estoy loco; 
estoy relajado.

Sonrío
por estos fríos pasillos.

Me pinchan los brazos:
este mundo
sabe a relámpagos.

Alguien grita 
y no soy yo.


Strange Fruit / Nina Simone

Los sonidos de la noche
llegan al jardín
como viento.

Si abro los ojos
y señalo un lugar en el aire,
puedo ver un dolor.
Nombrarlo. 

No hacen falta metáforas.

Daniel Mecca (Buenos Aires, 1986)

Música de incendios
,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2021









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