lunes, mayo 30, 2016

Miguel Gaya / Hemos vaciado Constantinopla










Hemos vaciado Constantinopla.
Hemos asesinado a sus hombres
Lapidado a sus sacerdotes
Arrojado a sus hijos
Por las murallas

Hemos derribado sus ídolos
Destruido sus palacios
Hecho añicos sus lámparas
Devorado sus manjares

Hemos errado en sus calles
En sus lechos de piedra aguardamos el sueño
En sus fuentes cegadas convocamos la sed.

Ahora frente a sus dioses
Nos echamos de bruces
Repetimos los gestos
De los oficiantes muertos.

La ciudad nos vacía.

Miguel Gaya (Ayacucho, Argentina,1953)




Cabeza de artista,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2016












domingo, mayo 29, 2016

Katharin Schultens / Hidden liquidity










en principio esta mesa está abierta a infinitas posibilidades
y siempre se filtra por las grietas un fluido
cuando algo no está (o no del todo) sellado. quizás
se acumula sin querer hasta que se diluye
como soledad: su carácter es gotear.
en qué momento exacto comerciar se vuelve líquido. ¿tengo que comerciar
para ser líquida? ¿son ser líquida y el comercio
lo que me sostienen?: un detalle. es –por regla– solo un
detalle el que nos separa. suspenso ineludible:
decir que necesito algo. tengo que tener: es única mirada sobre mis
botas. curva. temblar. delirio. nuestro ojo tiene
que palpar cuero imaginario sobre lo que después fijamos
lo que deseamos. importante: nunca sepas el precio
si sabés el precio se pierde la tensión. vos también jugás.
vos también gastás. vos apostás como si en esa mesa.
(estoy sentada debajo: te alcanzo las pieles de conejo)
tampoco conocemos nuestro volumen. eso se determina
al final. en qué moneda, da lo mismo. mientras uno cuente

Katharin Schultens (Kirchen, Sieg, Alemania, 1980), vía Op. Cit, mayo, 2016
Versión: Cynthia Erica Quirós




El fin de la afirmación. Antología de la novísima poesía alemana,
Compilación de Timo Berger y Carla Imbrogno,
27 Pulqui–Vox,
Buenos Aires–Bahía Blanca,  2015










sábado, mayo 28, 2016

Efraín Barquero / La mesa servida










Si arrancas el cuchillo del centro de la mesa
y lo entierras en el muro a la altura del hombre,
estás maldiciendo el pan con su semilla,
estás profanando el cuchillo que usa tu padre
para rebanarse la mano, para que la sangre sea más pura.
Y los hijos se reconozcan. Y no se oculten de sus hermanos.
Sólo el padre la recibe en su cabeza desnuda
ensordecido por el trueno, encandilado por el relámpago.
La recibe como el anuncio de un hijo tardío
o como el signo de una pronta desgracia.

No es una mesa, es una piedra. Tócala en la noche.
Es helada como el espejo de la sangre
donde nadie está solo sino juzgado por su rostro.
Tócala y pídele que vuelva a ser ella misma
porque si no existiera, no podríamos tocar
el sol con una mano y la luna con la otra.
Y comeríamos a oscuras como los ratones el grano.

Es la vieja mesa que nadie pudo mover.
Sólo la luz de la estación la cambia de sitio.
O los nuevos convidados con su voz nunca oída.
Y el ausente la encuentra siempre donde mismo,
siempre dándole su rostro, nunca a sus espaldas.
Porque el hombre tiene la edad de su primer recuerdo.
Y el ausente crece al caminar hacia ella.

Si la mesa está puesta es que alguien va a venir.
¿No la ha visto servida en la casa más sola?
¿No la ha visto surgir de la oscuridad
iluminada sólo por el brillo de las copas
y el color de sal fresca de todas las mesas?
Y es más bella que en el día más esperado
porque la ves con los ojos de un niño que ha crecido
o de la vieja mujer que dispone las flores.

Huelen las casas amadas a la limpieza de su mesa
y está servida en esa espera agrupada del árbol
que nadie puede recordar ni tampoco olvidar
porque todo lo que existe nació a la misma hora.
Y en el punto invisible que guía a las abejas
han puesto el pan y el vino a nuestro alcance.
Para que siempre te acuerdes al extender la mano
que estás tocando la mano de todos los hombres.


de La mesa de la tierra, 1998

Sergio Efraín Barahona, Efraín Barquero (Piedra Blanca, Chile, 1931)
Vía Gabriel Martino/Pie de Espuma




viernes, mayo 27, 2016

Ilse Aichinger / Respuesta invernal









El mundo es de la materia
que exige contemplación:
ya no quedan ojos
para ver los prados blancos
ni oídos para oír entre las ramas
el revolotear de los pájaros.
Abuela, ¿adónde se han ido tus labios
para saborear las hierbas
y quién nos huele el cielo hasta el final?
¿De quién son las mejillas que aún hoy
se desuellan en los muros del pueblo?
¿No es un bosque sombrío
este en el que hemos caído?
No, abuela, no es sombrío,
lo sé, he vivido mucho tiempo
con los niños en la linde
y tampoco es un bosque.

Ilse Aichinger (Viena, 1921), Consejo gratuito, Linteo, Ourense, 2011
Traducción de Rosa Marta Gómez Pato
Envío de Jonio González



jueves, mayo 26, 2016

Jacobo Fijman / Dos poemas










Álamo de Castilla

La ciudad de Toledo:
Desamparo de torres
Y cenizas de águilas vencidas,
De cuya soledad,
Antiguo olvido de dolor
Y quebranto de nubes,
Con el uno y el otro, teniéndose en la gloria
De una misma muerte;
Y tú que ves el álamo tanto ves al Quijote,
Y menester de lanza,
Y siendo en los cipreses ya te cubres de llanto,
Tú, ciudad de Toledo
Para recordar,
Álamo negro de pasión y muerte.


Copla trascendente, o divina relación para tórculos de Castilla la Vieja

Con leyenda dorada
Andan por libros viejos, de quien la rancia gloria,
Las armas y varones,
La agudeza rompiendo las murallas,
Muy en orden las letras, y la paz, y la muerte,
Las gentes y las lenguas, la cristiandad perfecta,
Los hierros y marfiles, retablos y ciudades,
Binas y primaveras, ser de campos, de estrellas:
El trigo, la cebada, y la paz, y la muerte.

Jacobo Fijman (Uriff, Besarabia, 1898-Buenos Aires, 1970), "Poemas no reunidos en libro", Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007



miércoles, mayo 25, 2016

Franco Fortini / Lukács










Los zapatos pesados el codo sobre los libros
el cigarro apagado no por la duda
sino por la duda y la certeza
en la última foto
del otro lado de la verdad
ojos perdidos nos miran.

A su espalda vemos los libros deteriorados
los tapices la talla gótica
de San Martín a caballo
que se desgarra la capa
para darle la mitad al mendigo.

Los hombres son seres admirables.

Franco Fortini (Florencia, Italia, 1917–Milán, Italia, 1994), "Paesaggio con serpente", Versi scelti, 1939-1989, Einaudi Editore, Turín, 1990
Versión de Jorge Aulicino



Lukács

Le scarpe pesanti il gomito sui libri
il sigaro spento non per il dubbio
me per il dubbio e la certezza
nell'ultima foto
dall'altra parte del vero
occhi smarriti guardandoci.

Alle sue spalle guardiamo i libri deperiti
i tappeti il legno gotico
del San Martino a cavallo
che si taglia il mantello
per darne metà al mendicante.

Gli uomini sono esseri mirabili.




martes, mayo 24, 2016

Wallace Stevens / Los acantilados irlandeses de Moher











¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
al pie del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus-
sombras como vientos

Vuelven a un padre antes del pensamiento, antes del discurso,
a la cabeza del pasado.

Van a los acantilados de Moher levantándose de la bruma,
sobre lo real.

Levantándose desde el lugar y el tiempo presente,
sobre el pasto verde y húmedo.

Esto no es un paisaje, lleno de las ensoñaciones
de la poesía

y mar. Esto es mi padre o quizá,
es como él era.

un parecido, uno de la raza de padres: tierra
y mar y aire.

Wallace Stevens (Reading, Estados Unidos, 1879 - Hartford, Estados Unidos, 1955), [The Rock, 1954], The Collected Poems of Wallace Stevens, Vintage Books, Nueva York, 1990
Traducción  de Marina Kohon



The Irish Cliffs of Moher

Who is my father in this world, in this house,
At the spirit’s base?

My father’s father, his father’s father, his—
Shadows like winds

Go back to a parent before thought, before speech,
At the head of the past.

They go to the cliffs of Moher rising out of the mist,
Above the real,

Rising out of present time and place, above
The wet, green grass.

This is not landscape, full of the somnambulations
Of poetry

And the sea. This is my father or, maybe,
It is as he was,

A likeness, one of the race of fathers: earth
And sea and air.



lunes, mayo 23, 2016

Ouyang Jianghe / Entre el inglés y el chino











Habito el interior melancólico de un ideograma,
entre pictogramas que se observan mutuamente.
Aislados pero unidos, mueven sin parar sus miembros,
a un ritmo monótono como una ráfaga de disparos.
Gritos, y de golpe los ideogramas eran simples.
Habían perdido brazos, piernas y ojos,
pero la lengua seguía andando, extendiéndose, mirando.
Un hambre fue engendrada por semejante misterio,
y quedaron además días apetitosos
para compartir y seleccionar con los de mi tribu.
En la pronunciación del habla local,
en el dialecto unido como un cristal,
en la fusión entre lengua moderna y antigua
mi boca era una ruina circular,
mis dientes se hundían en el vacío
sin encontrar el hueso.
Semejante paisaje, semejante carne:
la lengua era una banquete bajo el cielo.
Terminé de comer mis días, devoré a los antiguos,

y luego, un atardecer, fui a dar una vuelta por el rincón del inglés,
y vi a un grupo de chinos alrededor de un anciano
y adiviné que estaban buscando mudarse a otra lengua.
Pero el inglés no tenía territorio propio dentro del chino.
No era más que una asignatura, una forma de hablar, un programa de TV,
un departamento de la universidad, exámenes y papeles.
Sentí en el papel la semejanza entre un chino y un lápiz.
Vagas descripciones, vida consumida como una goma.
Después de mucha tinta, anteojos, máquinas de escribir,
después de tanto plomo, el inglés
terminó por acurrucarse cómodamente
en un rincón de mi propia tierra.
Habituándonos a las abreviaturas y a las órdenes diplomáticas,
a la comida occidental, al tenedor y al cuchillo, a las aspirinas.
Esos cambios no concernían a la nariz ni a la piel.
Igual que la diaria cepillada de los dientes,
el inglés, al andar en la boca, fue emblanqueciendo al chino.
(Antes comía libros y cadáveres, debía cepillarme

cada mañana). Esto tenía que ver con el agua,
tenía que ver con la higiene y las comparaciones.
Surgió un gusto nuevo, un placer en el decir,
y un sinfín de diferencias en las palabras de todos los días.
También tenía que ver con la mano: al entrar en el inglés,
el dedo del medio y el índice se separaron para formar
una letra, una victoria, una experiencia Nazi de sí mismo.
Un cigarrillo cae al suelo, arde hasta la mitad y se apaga,
como un tramo de historia. La historia es una guerra
entre dos tartamudos, y hacia adelante está el Tercer Reich, está Hitler.
Yo no sé si este demente asesinó al inglés,
si asesinó a Shakespeare y a Yeats.
Sin embargo, sé que existe el inglés del Oxford Dictionary, el inglés de la nobleza,
y el inglés armado hasta los dientes de Churchill y Roosevelt.
Sus metáforas, su materia, su estética asolada,
estallaron en Hiroshima y Nagasaki.
Vi un montón de ideogramas chinos convertirse en cadáveres en japonés-
pero por fuera de la lengua, China, Inglaterra y América eran aliadas.
Leyendo esta parte de la historia, sentí un enorme escepticismo.
No sé quién es más ridículo: yo o la historia.

Cien años después, ¿entre el chino y en inglés, al fin y al cabo, qué sucedió?
¿Por qué tantos chinos se han mudado al inglés,
esforzándose por devenir mestizos de piel amarilla,
divorciados de su lengua como de una esposa,
mirándola como un jardín en un espejo roto? ¿Qué pasó realmente?
Habito, solitario, en la morada oscura de mi lengua,
dialogando con un montón de hombres de papel, pensando en el inglés,
mirando a cada vez más chinos sumergirse en su interior,
hombres pictográficos convertidos en hombres fonéticos.

[1989]

Ouyang Jianghe  (Luzhou, China, 1956), en Como una mosca de largas zancas
Traducción de Miguel Ángel Petrecca




汉英之间

我居住在汉字的块垒里,
这些和那些形象的顾盼之间。
们孤立而贯穿,肢体摇晃不定,
节奏单一如连续的枪。
一片响声之后,汉字变得简单。
掉下了一些胳膊,腿,眼睛,
语言依然在行走,伸出,以及看见。
样一种神秘养育了饥饿。
并且,省下很多好吃的日子,
让我和同一种族的人分食、挑剔。
在本地口音中,在团结如一个晶体的方言
在古代和现代汉语的混为一谈中,
我的嘴唇像是圆形废墟,
齿陷入空旷
没碰到一根骨头。
如此风景,如此肉,汉语盛宴天下。
我吃完我那份日子,又吃古人的,直到


一天傍晚,我去英语之角散步,看见
一群中国人围住一个美国佬,我猜他们
想迁居到英语里面。但英语在中国没有领地。
它只是一门课,一种会话方式,电视节目,
大学的一个系,考试和纸。
纸上我感到中国人和铅笔的酷似。
轻描淡写,磨损橡皮的一生。
经历了太多的墨水,眼镜,打字机
以及铅的沉重之后,
语已经轻松自如,卷起在中国的一角。
它使我们习惯了缩写和外交辞令,
还有西餐,刀叉,阿斯匹林。
这样的变化不涉及鼻子
和皮肤。像每天早晨的牙刷
语在牙齿上走着,使汉语变白。
从前吃书吃死人,因此

  
我天天刷牙。这关系到水、卫生和比较。
由此产生了口感,滋味说,
以及日常用语的种种差异。
还关系到一只手:它伸进英语,
中指和食指分开,模
一个字母,一次胜利,一种
对自我的纳粹式体验。
一支烟落地,只燃到一半就熄灭了,
像一段历史。历史就是苦于口吃的
战争,再往前是第三帝国,是希特勒。
我不知道这个狂人是否枪杀过英语,枪杀过
莎士比亚和济慈。
但我知道,有牛津辞典里的、贵族的英语,
也有武装到牙齿的、丘吉尔或罗斯福的英语。
它的隐喻、它的物质、它的破坏的美学,
在广岛和长崎爆炸。
我看见一堆堆汉字在日语中变成尸首——
但在语言之外,中国和英美结盟。
读过这段历史,感到极为可疑。
我不知道历史和我谁更荒谬。

一百多年了,汉英之间,究竟发生了什么?
为什么如此多的中国人移居英语,
努力成为黄种白人,而把汉语
看作离婚的前妻,看作破镜里的家园?究竟
发生了什么?我独自一人在汉语中幽居,
与众多纸人对话,空想着英语,
并看更多的中国人跻身其间,
从一个象形的人变成一个拼音的人。


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domingo, mayo 22, 2016

Linda Pastan / A una hija que se va de casa










Cuando a los ocho años
te enseñaba a andar
en bicicleta, arrastrando los pies
a tu lado
y te alejaste tambaleándote
sobre las dos ruedas, tan redondas
como mi boca abierta por la
sorpresa cuando tomaste
la curva del sendero del parque,
esperando el ruido
que harías al chocar
corrí para alcanzarte
mientras tú te volvías
cada vez más pequeña, más frágil
en la distancia,
pedaleando, pedaleando
por tu vida, gritando
y riendo
el pelo aleteando
detrás de ti
como un pañuelo que dice
adiós.

Linda Pastan (Nueva York, Estados Unidos, 1932), Carnival Evening, Norton, Nueva York, 1998
Versión de Jonio González



TO A DAUGHTER LEAVING HOME

When I taught you
at eight to ride
a bicycle, loping along
beside you
as you wobbled away
on two round wheels,
my own mouth rounding
in surprise when you pulled
ahead down the curved
path of the park,
I kept waiting
for the thud
of your crash as I
sprinted to catch up,
while you grew
smaller, more breakable
with distance,
pumping, pumping
for your life, screaming
with laughter,
the hair flapping
behind you like a
handkerchief waving
goodbye.




sábado, mayo 21, 2016

Guillaume Apollinaire / De "Poemas a Lou", 2











Montparnasse

Oh puerta del hotel con dos plantas verdes
Verdes que jamás
Llevarán flores
Dónde mis frutos Dónde heme plantado
Oh puerta del hotel un ángel hay frente a ti
Distribuye prospectos
Jamás se defendió tan bien la virtud
Denme para siempre un cuarto por semana
Ángel barbudo es usted en realidad
Un poeta lírico de Alemania
Que desea conocer París
Aunque de sus adoquines sólo conoce
Las rayas que no deben pisarse
Y usted sueña
Con pasar su Domingo en Garches

Está un poco pesado y usted tiene el pelo largo
Oh poetita bueno un poco tonto y muy rubio
Sus ojos se parecen tanto a esos dos grandes globos
Que por el aire puro se van
A la aventura

Guillaume Apollinaire, Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky (Roma, 1880 – París, 1918), Poèmes à Lou précédé d'Il y a, Gallimard, París, 1969
Traducción de Magdalena Cámpora para este blog


Documento del Administrador sobre el origen de esta traducción:

Magdalena, ¿cómo estás?
Aquí te cuento algo pequeño y nostálgico, y te pido un favor:
Estaba “reordenando la biblioteca” ayer (eufemismo por estaba cambiando libros de lugar ) cuando se cayeron de adentro de algún libro dos paginitas abrochadas con una abrochadora. Las páginas están sucias y pisoteadas. Son copias de la portada y la página 59 de un libro: “Poèmes à Lou. Précédé de Il y a. Préface de Michel Décaudin”, editado por Gallimard. Estas páginas tienen un valor sentimental para mí porque me las pasó Ricardo Zelarayán, quien pese a su áspero nombre, áspero cuanto querido recuerdo, áspero vozarrón y áspera poesía, era un lector detallista y sibarita, especialmente del francés.
Me dio estas páginas en la vieja redacción de Clarín (mitad de los 80) para mostrarme un poema que le gustaba. Se tomó el trabajo de sacarles fotocopias y de recortarlas a lo que supongo sería su tamaño original (el de un edición de bolsillo). Supuso que yo  leía perfectamente el francés, cosa que no es así. En una sola línea hay una anotación suya que habrá hecho con lápiz en el original. Dice “conocer” al lado del verso décimo primero. 
¿Querías traducir este poema? Si lo hicieras o hicieses su única publicación sería en el blog al que estás suscripta.
Si no tenés ganas, no te gusta el poema o cualquier otra razón te impide traducirlo, de todos modos estaré feliz de haberte contado esta anécdota de un pequeño suceso de domingo a la tarde.
Como sabrás, el poema fue musicalizado por Poulenc.
Aquí te copio link a la vieja edición de Gallimard y el poema, claro

Beso, Jorge

[Jorge Aulicino, para Magdalena Cámpora, 11 de abril de 2016]



Montparnasse 

O porte de l'hôtel avec deux plantes vertes  
Vertes qui jamais             
Ne porteront de fleurs  
Où sont mes fruits Où me planté-je        
O porte de l'hôtel un ange est devant toi              
Distribuant des prospectus         
On n'a jamais si bien défendu la vertu   
Donnez-moi pour toujours une chambre à la semaine   
Ange barbu vous êtes en réalité               
Un poète lyrique d'Allemagne   
Qui voulez connaître Paris           
Vous connaissez de son pavé     
Ces raies sur lesquelles il ne faut pas que l'on marche    
                  Et vous rêvez 
D'allez passer votre Dimanche à Garches             

Il fait un peu lourd et vos cheveux sont longs     
O bon petit poète un peu bête et trop blond      
Vos yeux ressemblent tant à ces deux grands ballons     
Qui s'en vont dans l'air pur          
A l'aventure





viernes, mayo 20, 2016

Jorge Castro Vega / Miserere











Era tal y tan precoz
mi conciencia sobre el punto
que podría decirse que aprendí a leer
a los solos efectos de escribir
mi biografía.

Lo supe desde siempre, desde
antes  incluso de saberlo.  Una vida llena
de palabras perennes y redondas, una vida entera
me esperaba con sus 33 velitas, para ser
contada con crueldad barroca.
Y poner un  punto
o dos
o esos suspensivos.

Iba a ser
extraordinariamente  interesante.
Como la de todos.

Pues bien
ahora que todo ha sido consumado
permíteme olvidar, Señor. Déjame ser
ese amputado
que siente el dolor del pie que ya no tiene.


(inédito)

Jorge Castro Vega (Montevideo, 1963)




jueves, mayo 19, 2016

Alfred Tennyson / Ulises










Nada se gana con que yo, un ocioso
rey junto al fuego quieto del hogar,
rodeado de estériles peñascos,
emparejado a una mujer ya vieja,
sea el encargado de regir y darle
leyes injustas a este pueblo tosco
que acumula y engorda y que se duerme,
y que no me conoce. Yo no puedo
renunciar a viajar, voy a beberme
hasta la última gota de la vida.
Siempre hondamente disfruté y sufrí,
ya fuera con aquellos que me amaron
o a solas, en la orilla, y también cuando
las consteladas ninfas de la lluvia
con ráfagas violentas agitaban
el mar opaco. Hice mi nombre célebre;
de tanto andar con corazón hambriento
mucho vi y conocí: muchas ciudades
y costumbres, y climas, gobernantes,
y no fui despreciado, sino honrado
en todas ellas, y probé el licor
de la feroz batalla, entre mis pares,
lejos, en las llanuras resonantes
de la ventosa Troya. Pertenezco
a todo lo que he visto, y sin embargo
mi experiencia es un arco en el que brilla
ese mundo al que no he viajado aún
y que se aleja siempre que yo avanzo.
¡Qué tedioso poner punto final,
hacer un alto y oxidarse, opaco,
sin relucir brillante por el uso!
¡Como si simplemente respirar
fuera vivir! Cuando una vida, y otra,
y otra después, sería insuficiente.
Ya de la mía va quedando poco,
pero cada hora nueva queda a salvo
del eterno silencio, y además
siempre trae algo nuevo; mala cosa
sería que ocultara esta alma gris
pero que se consume en el anhelo
de seguir aprendiendo, como quien
una estrella persigue más allá
del último confín del pensamiento.

Este es Telémaco, mi propio hijo;
queda a cargo del cetro y de la isla;
siempre lo quise bien, y es criterioso
para llevar a término la empresa
de hacer de este salvaje pueblo un pueblo
apacible, de a poco, conduciéndolo
a lo que es bueno y útil. Intachable,
abocado a la esfera de lo público,
él no descuidará los dulces ritos
y adorará los Lares de mi casa
cuando yo me haya ido. Que haga él
lo suyo, su trabajo. Yo lo mío.

Ahí está el puerto; esperan, desplegadas,
las velas de la nave. Ahí brilla oscuro
el ancho mar. ¡Tripulación! Ustedes,
almas que se esforzaron, trabajaron
y pensaron conmigo, almas que siempre
recibieron con júbilo los truenos
o los rayos del sol, siempre oponiéndoles
sus corazones y sus frentes libres
–ustedes ya son viejos, como yo.
Pero hay honor en la vejez, y retos;
la muerte cubre todo, pero antes
algún trabajo noble puede hacerse,
algo que no sea indigno de los hombres
que lucharon con dioses. Ya comienzan
a titilar las luces en las rocas,
termina el día, asciende ya la luna,
gime rodeándonos con su honda voz
cambiante el mar… No es nunca tarde, amigos,
para buscar un mundo nuevo, ¡vamos!,
soltemos las amarras, castiguemos
bien dispuestos las ondas murmurantes;
deseo navegar aun más allá
de donde cae el sol, donde se baña
la multitud de estrellas del oeste
hasta que muera. A lo mejor el mar
nos hunde en sus abismos, o tal vez
lleguemos a las Islas Venturosas
y veamos de nuevo al gran Aquiles.
Aunque mucho se ha ido, queda mucho,
y aunque ya no seamos esa fuerza
que en los días pasados sacudió
cielos y tierra, esto que somos, somos:
un mismo ardor de heroicos corazones
menguado por el tiempo y el destino
pero determinado a combatir,
a buscar y encontrar, y no rendirse.

Alfred Tennyson (Somersby, Inglaterra, 1809- Aldworth, Inglaterra, 1892)

El Administrador agradece a Salvador Tortosa




Browning y Tennyson. Once personas

traducción de Alejandro Crotto,
Editorial Bajo la Luna,
Buenos Aires, 2015











Ulysses

It little profits that an idle king, 
By this still hearth, among these barren crags, 
Match'd with an aged wife, I mete and dole 
Unequal laws unto a savage race, 
That hoard, and sleep, and feed, and know not me. 
I cannot rest from travel: I will drink 
Life to the lees: All times I have enjoy'd 
Greatly, have suffer'd greatly, both with those 
That loved me, and alone, on shore, and when 
Thro' scudding drifts the rainy Hyades 
Vext the dim sea: I am become a name; 
For always roaming with a hungry heart 
Much have I seen and known; cities of men 
And manners, climates, councils, governments, 
Myself not least, but honour'd of them all; 
And drunk delight of battle with my peers, 
Far on the ringing plains of windy Troy. 
I am a part of all that I have met; 
Yet all experience is an arch wherethro' 
Gleams that untravell'd world whose margin fades 
For ever and forever when I move. 
How dull it is to pause, to make an end, 
To rust unburnish'd, not to shine in use! 
As tho' to breathe were life! Life piled on life 
Were all too little, and of one to me 
Little remains: but every hour is saved 
From that eternal silence, something more, 
A bringer of new things; and vile it were 
For some three suns to store and hoard myself, 
And this gray spirit yearning in desire 
To follow knowledge like a sinking star, 
Beyond the utmost bound of human thought. 

         This is my son, mine own Telemachus, 
To whom I leave the sceptre and the isle,— 
Well-loved of me, discerning to fulfil 
This labour, by slow prudence to make mild 
A rugged people, and thro' soft degrees 
Subdue them to the useful and the good. 
Most blameless is he, centred in the sphere 
Of common duties, decent not to fail 
In offices of tenderness, and pay 
Meet adoration to my household gods, 
When I am gone. He works his work, I mine. 

         There lies the port; the vessel puffs her sail: 
There gloom the dark, broad seas. My mariners, 
Souls that have toil'd, and wrought, and thought with me— 
That ever with a frolic welcome took 
The thunder and the sunshine, and opposed 
Free hearts, free foreheads—you and I are old; 
Old age hath yet his honour and his toil; 
Death closes all: but something ere the end, 
Some work of noble note, may yet be done, 
Not unbecoming men that strove with Gods. 
The lights begin to twinkle from the rocks: 
The long day wanes: the slow moon climbs: the deep 
Moans round with many voices. Come, my friends, 
'T is not too late to seek a newer world. 
Push off, and sitting well in order smite 
The sounding furrows; for my purpose holds 
To sail beyond the sunset, and the baths 
Of all the western stars, until I die. 
It may be that the gulfs will wash us down: 
It may be we shall touch the Happy Isles, 
And see the great Achilles, whom we knew. 
Tho' much is taken, much abides; and tho' 
We are not now that strength which in old days 
Moved earth and heaven, that which we are, we are; 
One equal temper of heroic hearts, 
Made weak by time and fate, but strong in will 
To strive, to seek, to find, and not to yield.



miércoles, mayo 18, 2016

Jorge Fondebrider / Regent's Canal (A la altura de Danbury Street)










De la tierra helada del invierno, apenas los contrastes:
las aguas verdes del canal a la deriva,
la lluvia inglesa y ese cuervo trepándose a la rama,
como quien dice estoy,
yo soy de aquí
y tengo poco tiempo que perder con un extraño.

De esta ciudad de casas de ladrillo y lentas ceremonias,
el cuervo es otro dato de la tarde,
una constancia más que el hombre acepta
y suma a la barcaza, a la botella,
al tipo con su caña y sobretodo
pescando desde el borde
con gusanos que guarda en una caja de zapatos.

El extranjero entonces se aferra a ese canal
y busca detrás de las esclusas,
de los barcos dormidos hasta la primavera,
de pasos fantasmales que cruzan Noel Road
una costumbre que no tiene,
un modo de las cosas que no entiende.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), "Los últimos tres años", 2006, La extraña trayectoria de la luz. Poemas reunidos: 1983-2013, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2016






martes, mayo 17, 2016

Aldo Oliva / La caza de la mosca en vuelo











Hidrógeno 1000 Oxígeno.
Y la explosión del ójido
pautante que dibujó la mano.

Ese es el ojo. Ese, que mira
la palabra "e fa tremare
de chiaritate l'are".

¿La "dulce voz en cuya oreja suena"?
Esa es la oreja, un ojo
ebúrneo, originario, melancólico,
ciego, clarividente:
como la mano que ahora dibujó
la pautada explosión
del silencioxi dado.

¿Asertar es el certero
toque en el blanco,
o su deflagración,
blanquísima,
mascaramagma de la tiniebla?

MEMENTO MORI.

Vuela, vuela la mosca, sin embargo;
punto negro, desazón;
línea negra, desaforada,
exangüe,
del simétrico esplín del corazón.

¿Sonreiría la mosca,
al morir, si amara,
si supiera lo efímero?

Vuela la mosca, sin embargo,
y entenebrece la palabra.

Mano desaforada,
letreando en la tiniebla,
ahora tiemblas y temes
la fosa luminosa
de un sesgo de certeza.

En la luz, por ella, mueres.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "De fascinatione", 1997, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003




lunes, mayo 16, 2016

Charles Simic / Aguja











A la hora de las brujas,
Deja que uno de tus dedos
Camine por el suelo
De esta vieja casa,

Como si lo hiciese por
Un bosque oscuro,
Con la aguja de plata
De tu madre muerta

En el nido de un pájaro,
Una solitaria gota de sangre
Deslizándose
De su ojo insomne.

Charles Simic (Belgrado, actual Serbia, 1938), Selected Early Poems, George Braziller, Nueva York, 1999
Versión de Jonio González


NEEDLE

At ghost hour,
Let one of your fingers
Walk the floor
Of this old house,
As if it were a
Dark forest,
With your dead mother’s
Silver needle
In a bird’s nest
One lone drop of blood
Sliding down
To its sleepless eye.