sábado, julio 30, 2016

Lucas Soares / Esta cosa y el pequeño emperador











(Fragmentos)

"esta cosa"
le dicen a la mente
los maestros zen




en China
al hijo único
se lo llama
el pequeño emperador


2

"esta cosa" es el gato
que mira fijo las venas
de agua que se forman
fuera de la bañera
en dirección a la rejilla




el pequeño emperador
rechina las palabras
hasta dormirse
con el ruido


10

"esta cosa" es el diálogo
anodino de un film
de cine independiente

¿hablás en serio?
bueno, supongo que sí




el pequeño emperador se duerme
en el micro con la prolongación
agónica del televisor
fuera de señal

Lucas Soares (Buenos Aires, 1974)



La sorda y el pudor,
Mansalva,
Buenos Aires, 2016















viernes, julio 29, 2016

Constantino Cavafis / Dos poemas











La prórroga de Nerón

Nerón no se inmutó al escuchar
el vaticinio del Oráculo Délfico:
"Cuídate de la edad de setenta y tres".
Hay mucho tiempo para divertirse:
apenas tiene treinta. La prórroga
que el dios le ha concedido
es más que suficiente
para olvidarse de futuros peligros.

Ahora, un poco fatigado, volverá a Roma,
maravillosamente fatigado
tras un viaje
que consagró al placer:
fiestas en el jardín, teatros, estadios...
Noches en las ciudades de Acaya...
Sobre todo el deleite de los cuerpos desnudos...

Eso cree Nerón. Pero, en Hispania, Galba
en secreto reúne y ejercita sus tropas.
El viejo Galba
que hace ya tres cumplió
los setenta años.


Anduve

Querían atarme. Me solté y anduve.
Anduve por la noche constelada.
Encontré goces que eran mitad reales;
la otra mitad, denuedos de mi alma.
Bebí el áspero vino que reservan,
para el placer, los bravos.

Constantino Cavafis (Alejandría, Egipto, 1863-1933), Una noche, versiones ("aproximación") de José Emilio Pacheco, prólogo de Minerva Margarita Villarreal, Colección El Oro de los Tigres, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2011



jueves, julio 28, 2016

Dolores Etchecopar / Entonces vi que la ciudad se hundía...











entonces vi que la ciudad se hundía
y grité después       mucho después
un grito que me llevó de mí hasta el tiempo
y no se oyó
dónde era que yo rogaba por nosotros
los que íbamos
íbamos
con las aguas y las flores y los restos
de una frase a medio decir
porque el No alumbraba ese lugar inmenso
donde el viento de las palabras
soplaba sin cesar
y nos apagaba

Dolores Etchecopar (Buenos Aires, 1956)




El cielo una sola vez,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2016












miércoles, julio 27, 2016

Pedro Serrano / Dos poemas












Golondrinas

Enganchadas al cable como pinzas de ropa,
gaviotas de madera diminutas,
ágiles y minúsculas contra la brutalidad del azul,
fijas al mediodía cayendo una tras otra,
moviendo ropas, brazos, sonrisas,
el pecho blanco, la capucha negra,
las alas afiladas y en lista, mínima agitación.
Hasta que vuelan todas excepto una,
que se plantó un momento y arañó el regreso,
como una ligerísima despedida,
axila de golpe la mañana.
Quedan los cables, el cielo en abandono intenso,
como una boda de domingo de pueblo,
después nada.


Sa Tuna

Hacia sí misma la cala se recoge,
lanza luces desde la coda del invierno,
varas en inquieto abandono.
Entre la madera turbia y las barcas
gira un aire de aceite crudo,
de luz desmantelada.
Sonreímos y nos abrazamos.
Caminamos entre mesas y gente
en el hervidero y el pescado.
Eso que fuimos.
Hoy la terraza es un garaje abierto
sin nada más que nosotros
y una bicicleta roja recargada en el muro.

Pedro Serrano (Montreal, Canadá, 1957), Ronda del Mig, Parentalia, Ciudad de México, 2015





martes, julio 26, 2016

Nuno Júdice / La crisis griega










Fue en las islas griegas donde vi el Mediterráneo
completamente azul, sin sombra de transparencia. "Y
felizmente es así", me dijo la muchacha griega que
servía cafés a la orilla de las rocas. "Conocí a algunos que
quisieron rasgar el mar para ver lo que escondía
y nunca más volvieron". Entendí lo que quería: que
yo rasgara la superficie del mar, y bajase los peldaños
del abismo que nos cautiva hasta la eternidad. "Si vienes
detrás de mí, y me traes de vuelta, haré lo que
deseas". Pero ella fingió no entender mi
lengua, aunque hablásemos un inglés de aeropuerto.

Y cuando llegamos al gran anfiteatro, bajo
las colinas de los pinos rodenos y los bosques de
cipreses, el cielo estaba completamente limpio, como si
los dioses ya hubieran dejado de existir. Recité
un verso en griego clásico, poniendo a las aves en
desbandada. "¿Ves lo que has hecho?", me gritó la muchacha
griega. "¡Llenaste el cielo con una nube de pájaros!"
Y nos pusimos a mirarlos, a la espera de saber para
dónde se dirigían. Pero se hacía tarde para tomar
el barco. Las islas me dan claustrofobia, dijo
la muchacha griega. Y me puse a correr hacia el barco que
ya tenía los motores en marcha, sin pagarle el café.

Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Portugal, 1949), selecciòn del autor en Aurora Boreal, 2012
Traducciones de Diego Valverde Villena


A CRISE GREGA

 Foi nas ilhas gregas que vi o mediterrâneo
completamente azul, sem sombra de transparência. «E
ainda bem que é assim», disse-me a rapariga grega que
servia cafés à beira das rochas. «Conheci alguns que
quiseram rasgar o mar para ver o que ele escondia,
e nunca mais voltaram.» Percebi o que ela queria: que
eu rasgasse a superfície do mar, e descesse os degraus
do abismo que nos prende até à eternidade. «Se vieres
atrás de mim, e me puxares de volta, farei o que
desejas.» Mas ela fingiu que não percebia a minha
língua, embora falássemos num inglês de aeroporto.


E quando chegámos ao grande anfiteatro, debaixo
das colinas de pinheiros bravos e dos bosques de
ciprestes, o céu estava completamente limpo, como se
os deuses já tivessem deixado de existir. Ainda recitei
um verso em grego antigo, pondo as aves em
debandada. «Vês o que fizeste?», gritou-me a rapariga
grega. «Encheste o céu com uma nuvem de pássaros!»
E ficámos a olhar para eles, à espera de saber para
onde se dirigiam. Mas fazia-se tarde para apanhar
o barco. As ilhas fazem-me claustrofobia, disse
à rapariga grega. E entrei a correr para o barco que
já tinha os motores a trabalhar, sem lhe pagar o café.







lunes, julio 25, 2016

Vahan Tekeyan / Llueve, hijo mío


Llueve, hijo mío... El otoño es húmedo,
húmedo como los ojos de un pobre amor engañado...
Ve, cierra la ventana y la puerta,
después ven a mi lado, ven, siéntate frente a mí

en un silencio supremo... Llueve, hijo mío.
¿Llueve también a veces en tu alma?
¿Se estremece también tu corazón? ¿Tiemblas
al pensar en el brillante y pasado sol

detrás de una de las puertas cerradas del destino?
Pero lloras, hijo mío... En la oscuridad, enseguida
brotan lágrimas de tus ojos húmedos, de tus ojos húmedos...

Derrama, derrama las lágrimas de la inocencia pronto perdida;
llora sin saber, mi pobre, imprudente hijo,
la pobre víctima de la vida; llora que puedes crecer.

Vahan Tekeyan (Constantinopla, 1878-El Cairo, 1945), Selected poems, Edmond Ayadian, editor; traducción del armenio al inglés de Gerald Papasian; The Press at California State University, Fresno, 2014
Traducción del inglés, Jonio González



IT’S RAINING MY SON

It's raining my son.... The autumn is wet,
Wet like the eyes of a poor beguiled love....
Go, close the window, and close the door,
Then come beside me, come, face me seated

In silence supreme.... It's raining my son.
Does it rain sometimes also in your soul?
Does your heart chill too? and do you shiver
Reflecting on the bright and bygone sun

Behind one of the closed doors of destiny?
But you weep my son.... In darkness, at once
Heavy tears outflow from your wet, wet eyes....

Weep, weep the tears of soon lost innocence;
Weep without knowing, my poor unwise son,
The poor prey of life; weep that you may grow.  



domingo, julio 24, 2016

Milo De Angelis / Cercana al alma está la línea vertical










Cercana al alma está la línea vertical.
La tarde nos arrastró suburbanos en un canto,
el instante se volvió desnudez
y el poder griego del llegar: somos suplicantes
permanecidos para escuchar, el cielo que nace
en cada uno de nosotros, bandadas de muchachos
enamorados del número justo,
la hermosa epopeya, el peso mortal de una pelota.

Milo De Angelis (Milán, Italia, 1951), Esplendor en las sombras. Tres voces italianas contemporáneas, selección, traducción y notas de Elena Tardonato Faliere y María Cecilia Micetich, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2015
Traducción de Elena Tardonato Faliere



Vicina all’anima è la linea verticale./ Il pomeriggio ci portò suburbani
in un canto,/ l’attimo divenne nudità/ e potenza greca del finale: siamo i
supplici/ rimasti ad ascoltare, il cielo che nasce/ in ognuno di noi, pattuglia
di ragazzi/ innamorati del numero giusto,/ la bella epopea, il peso mortale
di un pallone.




sábado, julio 23, 2016

Gwendolyn MacEwen / La luz del sol en la esquina de Sherbourne y Bloor










Ya muy tarde mi bicicleta me lleva a través de la ciudad.
Me pregunto como nosotros
amoldamos nuestras vidas, estos desórdenes brillantes,
estos finos errores inspirados cuando – Mira –

El futuro está totalmente implícito en el presente,
el presente es el resultado lógico

De todos los puntos en el pasado y ese edificio al cruzar la calle

su construcción que viene desde Siempre.
Todo lo que hacemos hoy contiene las semillas de su propia transformación.
El puente yace sobre la quebrada honda.

Algo me dice: Nunca harás nada más vital, más
profundo, más perfecto o más necesario que

lo que estás haciendo en estos momentos.

Hoy ha sido Viernes, ese era su nombre – Viernes – y
la luz del sol en Sherbourne y Bloor complementa la ciudad.

Gwendolyn MacEwen (Toronto, 1941-1987), traducción de Lidia García Garay, Zocalo Poets, 26 de junio de 2011
Envío de Jonio González



Sunlight at Sherbourne and Bloor 

Late afternoon my bike takes me across the city. I wonder how we
fashion our lives, these brilliant disorders, these fine, inspired errors when

– look – the future is utterly implicit in the present, the present is the logical outcome

Of all points in the past, and that building going up across the
street has been going up forever. Everything we do now contains the
seeds of its own unfolding.  The bridge eases over the deep ravine.

Something tells me:

You will never do anything more vital, more profound, more perfect or more
Necessary than what you are doing right now.

Today has been Friday, that was its name – Friday – and  the
Sunlight at Sherbourne and Bloor completes the city.




viernes, julio 22, 2016

John Donne / El indiferente











Puedo al mismo tiempo amar a la rubia y a la morena,
A la que la riqueza doblega, y a la que la necesidad traiciona,
A la que ama la soledad, y a la que gusta de juegos y ficciones,
A la formada en el campo, y a la formada en la ciudad,
A la que cree , y a la que trata de hacerlo,
A la que todavía llora con ojos cual esponjas,
Y a la que, corcho seco, nunca llora;
Puedo amar a esta y aquella, y a ti, y a ti,
Puedo amar a cualquiera, aunque no me sea fiel.

¿No habrá otro vicio que te satisfaga?
¿No te divertiría hacer como tus antepasados?
¿O es que agotados tus antiguos vicios, quisieras hallar otros?
¿O el temor de que los hombres te sean infieles, te atormenta?
Déjame conocer otras veinte y haz tú lo mismo,
Despójame, pero no me aprisiones, y déjame ir.
¿Debo yo, que por ti conocí el dolor,
Estar sujeto a ti, sólo porque me eres fiel?

Venus me escuchó suspirar esta canción,
Y por la parte más dulce del amor: la variedad,
Juró no haber oído jamás y que nunca oiría cosa igual.
Fue, observó, y dijo al volver:
¡Ay! Son algunos -dos o tres-
Pobres heréticos del amor,
Que piensan implantar una constancia peligrosa.
Mas yo les dije: "Puesto que quieren ser fieles,
Lo serán con quienes no lo son con vosotros".

John Donne (Londres, c.1572-1631), Poemas de John Donne, versiones de William Shand y Alberto Girri, Ediciones Botella al Mar, Buenos Aires, 1953


The indifferent

I can love both faire and browne, 
Her whom abundance melts, and her whom want betraies, 
Her who loves lonenesse best, and her who maskses and plaies, 
Her whom the country form'd, and whom the town, 
Her who beleeves, and her who tries, 
Her who still weeps with spungie eyes, 
And her who is dry corke, and never cries; 
I can love her, and her, and you, and you, 
I can love any, so she be not true. 

Will no other vice content you? 
Will it not serve your turn to do as did your mothers? 
Or have you all old vices spent, and now would finde out others? 
Or doth a feare that men are true torment you? 
O we are not, be not you so; 
Let me, and do you, twenty know. 
Rob mee, but binde me not, and let me goe. 
Must I, who came to travaile thorow you, 
Grow your fixt subject, because you are true? 

Venus heard me sigh this song, 
And by Loves sweetest Part, Variety, she swore, 
She heard not this till now; and that it should be so no more. 
She went, examin´d, and return'd ere long, 
And said, alas! some two or three 
Poor Heretiques in love there bee, 
Which thinke to stablish dangerous constancie. 
But I have told them, since you will be true, 
You shall be true to them who 'are false to you.

Ilustración: Retrato de Donne (detalle) por un artista desconocido, c. 1595. National Portrait Gallery, Londres




jueves, julio 21, 2016

Alberto Szpunberg / Adivinanza del mirlo










                                                                    A Flavia

Ni siquiera la palabra mirlo puede ser el silbido del mirlo,
ni siquiera la belleza, entre escombros, decirlo: mirlo,
no sólo esa cadencia en el balanceo de las ramas,
sino el silencio al oído que anida en el mirlo
para que el silbido sea solamente mirlo:
es el temblor de las sílabas únicas en los labios,
la claridad del aire como si sus alas me rozaran.

Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940), "Y si el silbido del mirlo"






El nombre revelado,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2016













miércoles, julio 20, 2016

César Fernández Moreno / Nada que decir










nos hemos quedado sin nada
sin arte ciencia filosofía religión magia

conservamos lo primero
vida por cierto tiempo
y varios impulsos
que de vez en cuando parten en falso

no tengo nada que decir
un verso es tan superfluo como un hombre
para qué bebo este café
calle Corrientes para qué

la placentera sensación
que el lápiz trasmite a mis dedos
mientras lo conduzco sobre el papel
a lo largo de esta escritura vacía

["Veinte años después", Sentimientos completos, 1982]

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919-París, 1985), Poemas cortos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2015




martes, julio 19, 2016

César Fernández Moreno / Sorpréndeme paisaje









sorpréndeme paisaje
cae sobre mí

ahora que volcado sobre ideas
giro un poco la cabeza hacia tu lado
como quien distraído mueve algo
¡ahora!

lateralmente velozmente
en el resquicio
introduce tu hoja delgada
aséstame tu verdor súbito
tu circulación silenciosa
tu incorruptible exterioridad


["Veinte años después", Sentimientos completos, 1982]

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919-París, 1985)





Poemas cortos,
Ediciones en Danza,
Buenos Aires, 2015









lunes, julio 18, 2016

Miroslav Holub / Breve reflexión sobre una anciana con carrito





Dados una anciana y un carrito,
es decir, el sistema de una anciana A y un carrito C,

el sistema se mueve del umbral U a la esquina E,
de la esquina E a la piedra P, de la piedra P
al bosque B, del bosque B al horizonte H.

El horizonte H lugar es donde termina la visión
y empieza la memoria.

Sin embargo el sistema se mueve
a velocidad constante v,
por una vía constante,
por un mundo constante y
por un destino constante,
reanudando su impulso y su sentido
por sí mismo.

Es un sistema relativamente independiente,
en los parajes de horizonte a horizonte,
siempre una anciana con carrito.

Y así se forma de una vez para siempre
aquella unidad geodésica,
unidad de la peregrinación de ida y vuelta,
unidad del otoño,
unidad del pan nuestro de cada día,
unidad del viento y del bajo cielo,
unidad del hogar en la distancia,
unidad así como nosotros perdonamos,
unidad del anochecer,
unidad de las huellas y el polvo,
unidad de la vida cumplida amén.

Miroslav Holub (Pilsen, República Checa, 1923-Praga, 1998), Poemas, traducción der Carlos Cid Abasolo y Šárka Grauová, Cátedra, Madrid, 1990
Envío de Jonio González

Imagen: Miroslav Holub YouTube



domingo, julio 17, 2016

Desmond O'Grady / El poeta de edad avanzada pescando al atardecer











               Para Ezra Pound

Llega el momento
en el que hasta las ideas viejas y familiares
flotan  fuera del alcance de los anzuelos de la mente,
y la plenitud del alma
se ha escurrido como un pez  a través del que fuera el dique alto
de una confianza achacosa. Oh, ¿dónde están los libros
sobre esta forma de muerte?

Erguido como amor
en la punta más lejana de una roca,
el mar desenredándose del ojo,
la línea como el nervio
tensando hacia atrás el atardecer del reloj,
él se funde por un tiempo en la mentira

de su propia silueta.

Desmond O'Grady (Limerick, Irlanda, 1935-Cork, Irlanda, 2014), Reilly, The Phoenix Press, Londres, 1961
Versión: Marina Kohon en Ogham



The Poet in Old Age Fishing at Evening

               For Ezra Pound

Comes a time
When even the old and familiar ideas
Float out of reach of the mind’s hooks,
And the soul’s prime
Has slipped like a fish through the once high weirs
Of an ailing confidence.  O where are the books
On this kind of death?

Upright as love
Out on the tip of a tail of rock,
The sea raveling off from the eye,
The line like the nerve
Straining the evening back from the clock,
He merges awhile into the lie

Of his own silhouette.




sábado, julio 16, 2016

Sergio Bizzio / Dos nenitas










Pensaba que estar mal es esto:
"... la luna, falsa en todas sus fases,
una humareda aplastada las nubes,
un velero de velas nipón, niponas..."
-un crawl por esos fracasos del lenguaje-,
cuando una sombrilla empezó a rodar hacia la costa
seguida por una rubiecita de gorro azul,

y vi una pelirroja de 5 años en el agua
(del mar, casi al mismo tiempo) con una vincha dorada
y una pulsera fosforescente en el
tobillo, donde podía leerse one
cada vez que saltaba las antipáticas
y limpias olas sin espuma -y

me dije: "A lo mejor son las mujeres que amé,
de nuevo nacidas. Si puedo confiar
en la primera impresión, ellas
restablecieron el equilibrio del día.
¿Por qué levantar contra el viento
la estúpida cabeza?"

Sergio Bizzio (Ramallo, Argentina, 1956), Te desafío a correr como un idiota por el jardín, editorial Mansalva, Buenos Aires, 2008