martes, febrero 27, 2024

César Bisso /de "Andares"



Estado de ánimo

Ah la lluvia de marzo…

Borra nombres, huellas,
rememora calendarios,
exalta viejas dolencias.
Guarnece a los cobardes. 

Esta lluvia sin tiempo
debilita la pira,
apacigua tempestades,
desala el fondo del mar,
inmola dioses y relatos.

Vivifica la historia 
mientras mece la cuna
de la infamia.

Lava hojas, cadáveres…


El viaje

El duende se desliza por las escaleras del morro
bajo el sordo desamparo de la noche.
De pronto encuentra la estación de autobuses
y rodeado de murciélagos aguarda la hora
cuando la lluvia vomita sobre la tierra.
Antes, lo vieron vaciar bolsos malolientes
en busca de un poema extraviado, alguna vez,
entre la ropa pegajosa de los pobres.
Aquí no hay nada -le dicen- sólo dolor disperso
en alcantarillas. ¿Sólo dolor? pregunta, moroso de frío.
¿Y cómo regreso a casa? ¿Cuál es la boletería?
El autobús, a punto de partir al país más profundo,
demora la marcha hasta que leven sus pequeños pasos.
Llega a sentarse en la última fila, donde el mar
ya no escucha a las gaviotas
y la tierra se transforma en un cielo azul, inefable.                             

                                                           a Ledo Ivo

César Bisso (Coronda, Argentina, 1952)

Andares
,
Ediciones La Yunta,
Buenos Aires, 2023









Más poemas de César Bisso en Otra Iglesia Es Imposible

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lunes, febrero 26, 2024

Eduardo Chirinos / Puerta de Atocha-Estación de los Desamparados

             
       Váca mi estómago, váca mi yeyuno
                                       César Vallejo


1

Paradojas del movimiento. En el interior del tren
el paisaje se percibe desde la quietud. Todo
lo sólido se desvanece en el aire, deja partículas
de polvo, su estela multicolor en la retina.
En el exterior, en cambio, el paisaje es inmóvil.
El tren perfora la quietud como una aguja en la
arteria, como la sangre que circula en un cuerpo
inerte pero todavía vivo. Y el sol. El sol benéfico
que arde en los metales, en la memoria que
agradece la llegada del tren. Y me adormece. 

2

Ahora, por ejemplo, veo paisajes con vacas.
¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes
con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas
como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi
cuerpo, callado, las recibe. Miro sin entusiasmo
las ubres de las vacas. Su leche rosada y salina
que ha de llegar hasta mí. Una enfermera entra
a la habitación y pide mi boleto. Las vacas pastan
en las laderas de los Andes, vuelan por los tejados
de Madrid, aterrizan sin alas a orillas del Jocko.
Yo bebo su leche, palpo las ubres que cuelgan del
soporte de fierro. Siempre de pie, junto a mi cama. 

3

Estación de los Desamparados, mayo de 1973.
Todo está en orden: el sol, el río, los asientos
numerados. Domingo familiar en las afueras
de Lima. Escucho la algarabía del tren, su
insistente y frágil traqueteo. ¿Quién hace
tanta bulla? Quiero descansar, pero tampoco
quiero que se vayan. Me hace bien tanto
alboroto, tanto laberinto. La enfermera
me pide mi boleto. No lo tengo, pregúntele
a mis padres, tal vez esté escondido entre
las sábanas. El tren partió con media hora
de retraso. Miro las aguas del río. Ellas
también viajan, pero en sentido contrario.
Conforme suben se tornan más limpias,
más violentas, menos habladoras.

4

Silencio. Lo que necesito es silencio. Cierro
los ojos, acomodo la cabeza en la almohada
y trato de dormir. Pero no puedo. En cada
estación los ambulantes ofrecen sus productos:
bolsitas de cancha, de camote frito, de maní
tostado. Artesanía barata para turistas pobres.
La enfermera me trae la comida en una bandeja
de aluminio. Dice que volverá en dos horas.
Se llama Eulalia como la santa del pueblo,
como la marquesa de Darío que ríe y ríe y ríe. 

5

Estación de Atocha, septiembre de 1986.
Frente a nosotros viaja una familia de gitanos.
El compartimento es pequeño y huele mal.
Aquí no hay cante jondo, ni romance con luna,
ni sangre de cuchillos. Con una navaja el padre
corta un queso. La niña duerme en faldas de la
madre, el niño me ofrece revistas pornográficas
por tres duros. El destino se aleja a la velocidad
del tren, se adentra en la noche, se hunde sin
piedad en la pupila del lobo. Me aferro a los
barrotes de la cama (“váca mi estómago, váca
mi yeyuno”). En la próxima estación se bajan
los gitanos. Y yo debería irme con ellos.

6

Imagina un tren que parte de una estación
cualquiera. Imagina que en cada estación el
tren se multiplica. Que lo que fue al comienzo
un tren solitario y reluciente son ahora miles
circulando sin control. Invadiendo lentamente
y en silencio cada vía sana y libre de tu cuerpo.

7

Infiernillo es rojo y da miedo. Estoy hablando
de mi primer viaje en tren (Lima-Jauja, 1967).
Atrás quedó Desamparados, la cuesta amable
de Chosica, Matucana, San Mateo. Mejor no
mires, advierte mi madre. Estelas de sal en los
rieles podridos de la Oroya (3,700 m.s.n.m.).
El tren perfora la montaña y la divide en dos
en tres, en cuatro. La enfermera pregunta
si he comido ancas de rana. Hace tiempo me
arrodillé ante la Señora de los Desamparados,
me preguntó si leía revistas pornográficas.
No supe contestarle. Me perturban los ojos
del niño gitano, su insoportable olor a queso.
Mejor no mires, advierte mi madre. Abajo
camiones pequeñitos transportan minerales
a una fundición. Me siento mareado. Mejor no
mires, advierte mi madre. Mejor no mires.

8

Eulalia entra a la habitación y pide mi boleto.
Volteo nerviosamente los bolsillos, reviso una
y otra vez la billetera, rebusco entre las sábanas.
Si no lo encuentro tendré que bajarme en la
próxima estación. No te preocupes, me dice
un pasajero. Ahora ya eres uno de los nuestros. 

9

El tren es una mancha que enturbia la pureza
del paisaje. Perfora la quietud como una aguja
en la arteria, como la sangre que circula en un
cuerpo inerte, pero todavía vivo. Y el sol. El sol
benéfico que arde en los metales, en la memoria
que agradece la llegada del tren. Y me despierta.

Eduardo Chirinos (Lima, 1960 - Missoula, Montana, Estados Unidos, 2016), Medicinas para quebrantamientos del halcón, Pre-Textos, Valencia, 2014


Poemas de Eduardo Chirinos en Otra Iglesia Es Imposible

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domingo, febrero 25, 2024

Liliane Wouters / Al final del amor




Al final del amor está el amor.
Al final del deseo está la nada.
El amor no tiene comienzo ni fin.
Él no nace, resucita.
Él no encuentra, reconoce.
Él se despierta como después de un sueño
donde la memoria ha perdido las llaves.
Se despierta con los ojos claros
y se dispone a vivir su jornada.
Pero el deseo insomne muere con el alba
después de haber luchado toda la noche. 

Algunas veces el amor y el deseo duermen abrazados.
En esas noches se ven la luna y el sol.

Liliane Wouters (Ixelles, Bélgica, 1930 - Gilly, Bélgica, 2016), Círculo de Poesía, 30 de enero de 2012
Traducción de Valeria Guzmán
Envío de Jonio González


Au bout de l’amour il y a l’amour.

Au bout du désir il n’y a rien.
L’amour n’a ni commencement ni fin.
Il ne naît pas, il ressuscite.
Il ne rencontre pas, il reconnaît.
Il se réveille comme après un songe
dont la mémoire aurait perdu les clefs.
Il se réveille les yeux clairs
et prêts à vivre sa journée.
Mais le désir insomniaque meurt à l’aube
Après avoir lutté toute la nuit. 

Parfois l’amour et le désir dorment ensemble.
En ces nuits-là on voit la lune et le soleil.

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Foto: Le Soir

sábado, febrero 24, 2024

Susana Szwarc / De "Ahora Bárbara dice:"




Ráfaga

Pero la sombra de la vela
mitiga el nombre. En su luz
se deletrea. Y como de un incendio
la red del alambrado se abre:

jardín de cuerpos
hasta mi ojo.


La gacela del emperador

Soy, a veces,
irreal, como  un fantasma que sale de sí mismo.
Bailo y río en sitios desconocidos
con esas mujeres –siempre-
más jóvenes que yo: incluso en mi infancia.

Ellas no son irreales 
porque están
donde están. Sin embargo hablamos,
reparto mis aspirinas y ellas 
mueven las cabezas
agradeciendo.

El dolor no las detiene
en su ir y venir entre perfumes
a algún sitio cercano
a desvestirse, a jadear,
a mostrar sus ojos,
las uñas rojas de los pies en cada extremo
de las habitaciones

¿No soy irreal para ellas?


Al borde

Un cliente cae 
al borde de la piedra, en  mi
escalera.
Yace completamente. (¡Tu cabeza,
 tu cabeza! ¡Mis vecinos!)
 
No está muerto –pienso,  
me alegro –porque se queja. 
No es grave, le digo: no se inundó
el rancho, no te torturan.

Sin embargo sale de su boca
un espanto tras otro
como si la piedra crujiera
de certezas. 

Y lo real que lastima
y el cuerpo en posición fetal.

Susana Szwarc (Quitilipi, Argentina, 1954)

Ahora Bárbara dice:, 
Polibea, 
Buenos Aires, 2023     









Poemas de Susana Szwarc en Otra Iglesia Es Imposible     

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Foto: El Litoral, Santa Fe, Argentina                                      

viernes, febrero 23, 2024

Mary Oliver / Desperté




Desperté
y me deslicé
como un gato

con pasos silenciosos
en mi propia casa- 
para

mirarte
mientras dormías,
tu pelo

disperso sobre la almohada,
tus ojos
cerrados,

tu cuerpo
a salvo y solitario,
y mis puertas

cerradas para tu seguridad
y tu comodidad.
Lo hice

pensando que me entrometía,
pero deseando ver
la cosa más maravillosa

que jamás ha habido en mi casa.

MAry Oliver (Maple Heights, Estados Unidos, 1935 - Hobe Sound, Estados Unidos, 2019), Blue Horses, Penguin Press, Nueva York, 2014
Versión de Jonio González

Más poemas de Mary Oliver en Otra Iglesia Es Imposible


I WOKE 

I woke
and crept
like a cat

on silent feet
about my own house—
to look

at you
while you were sleeping,
your hair

sprayed on the pillow,
your eyes
closed,

your body
safe and solitary,
and my doors

shut for your safety
and your comfort.
I did this

thinking I was intruding,
yet wanting to see
the most beautiful thing

that has ever been in my house.

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jueves, febrero 22, 2024

María del Carmen Suárez / Nos encontramos




Nos encontramos muchas veces y charlamos 
a pesar de nuestra libertad de perdernos en los bosques 
para volver convertidos en ciudadanos dispuestos a la noche 
y en ese preciso momento la visión de tantas calles 
sonrisas y cinematógrafos y residuos 
y la comida exhibiéndose como algo tan extraño 
y esas aves que no cesaban de mirarnos 
nos parecieron 
remotisimos pájaros surgiendo a la vida 
como un aviso retenido largo tiempo. 

María del Carmen Suárez (Buenos Aires, 1943), La noche y los maleficios, La Loca Poesía, Buenos Aires, 1967
Envío de Jonio González

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miércoles, febrero 21, 2024

Alberto Cisnero / "De rayos negros"




1-

Por todas partes crecen flores y matas.
desprovistas de un propósito aleve 
requieren de la oscuridad, cobran forma 
entre el olor a humareda del carbón 
y las noticias viejas repetidas: violencia 
policíaca, subsidios de desempleo (literario). 
y se parecen tanto a la música que solían tocar 
en los burdeles durante noches todavía 
artificialmente iluminadas en algún recoveco 
de nuestros cerebros. sólo otro ruido 
distante y ajeno que el viento trae 
y se lleva para siempre. 


8-

¿Qué alegan, hechos mierda, en retirada,
bajo la errática luz del candil: un antiguo 
amor, una lata de salsa de tomate vacía 
y pisoteada, un subsidio municipal, respirar
(todo lo cercano se aleja), valor o congoja 
para cuando reciten otra épica de pleimóbiles, 
denodadas exégesis en suplementos literarios?
¿ya lo practicaron en sueños? ¿ya hicieron 
un mapa en la cancha? cof, cof. 


23-

Se imaginaban en un coche estacionado 
a kilómetros de distancia, frente a un teléfono 
público. en otra ciudad. hasta lear tuvo a su tonto 
y a su bufón. esperaban a que las luces se volviesen 
pequeñas y duras en el espejo retrovisor. para tener 
algo que recordar. allá afuera, en algún lugar, 
el tiempo comenzó a correr, allá afuera 
en algún lugar del fondo inmóvil de la noche, 
alejándose de los diversos colores de las estaciones 
y de los días (agreguemos silencio, cráteres y rocas 
sobre aquellas cabezas).

Alberto Cisnero (La Matanza, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1975)

De rayos negros,
Barnacle,
Buenos Aires, 2024










Poemas de Alberto Cisnero en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Alberto Cisnero por Merlina H. Cisnero

martes, febrero 20, 2024

W. B. Yeats / Sin otra Troya




¿Por qué la culparía de que colmara
Mis días de aflicción,
De que enseñara a hombres ignorantes
Caminos de violencia,
De que lanzara al débil contra el grande
Si aquél tenía valor equiparable a su ansia?
¿Qué podría haber traído paz a su cabeza
Que la nobleza hiciera elemental, como un fuego,
Y su belleza como un arco tenso 
-Algo no natural en estos tiempos-
Fuera severa, altiva, y solitaria?
Mas siendo lo que es, ¿qué podría haber hecho?
¿Había acaso otra Troya para que ella la incendiara?

William Butler Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939), "El yelmo verde y otros poemas" [1910], Antología poética, Selecciones Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1984
Versiones de E. Caracciolo Trejo 

Nota del Ad.
Biógrafos y críticos señalaron que este poema alude a Maud Gonne McBride, feminista y nacionalista irlandesa, con quien Yeats tuvo una relación sentimental entre 1889 y 1916. Aquí la compara con la Helena griega, a quien atribuye la responsabilidad por la guerra de Troya y la caída de la ciudad, quizá unos 800 años antes de Cristo. Como la naturaleza de los conflictos con Maud Gonne McBride era política -ella esperaba mayor participación de Yeats en la lucha por la independencia de Irlanda y su conversión al catolicismo- no es extraño que la inspiradora del poema haya sido la militante irlandesa. Y que, en términos más amplios, Yeats se pregunte sobre una revolución radical. 


No Second Troy

Why should I blame her that she filled my days   
With misery, or that she would of late   
Have taught to ignorant men most violent ways,   
Or hurled the little streets upon the great,   
Had they but courage equal to desire?
What could have made her peaceful with a mind   
That nobleness made simple as a fire,   
With beauty like a tightened bow, a kind   
That is not natural in an age like this,   
Being high and solitary and most stern?
Why, what could she have done, being what she is?   
Was there another Troy for her to burn? 

Poetry Ireland Review Issue 116, Poetry Ireland

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Foto: W. B. Yeats, c.1910 Hulton Archive/Getty Images

lunes, febrero 19, 2024

Ignacio Di Tullio / De "Famiglia"




El arquitecto

Los domingos al mediodía
el hombre encendía el fuego.
Sus hijos tenían edad para conseguir sus alimentos
pero el hombre acomodaba cuidadosamente las ramas.
Medio cuerpo adentro de la parrilla
poco papel y mucha madera
las palabras brotaban del interior de la cueva
y dejar espacio para que respire el fuego. Eso decía.
Edificaba
una prolija vivienda inflamable.

Nosotros conocemos el resto de la historia:
incendiará palabras y casa
el holocausto de costumbre
y desde la mesa todos sentiremos lástima
al ver arder la bella casa.
Pero en el día del señor
esa es su ofrenda
el precio que le pone al hambre
que él mismo inventa.

¿Y si no agarra? preguntamos.
Sonríe.
Va a agarrar, responde.
Y enciende un fósforo.



Abuela

          Dichosos aquellos en quienes la edad produce el efecto del vino
          y que pierden la memoria cuando están saciados de días.
                                               FRANÇOIS DE CHATEAUBRIAND

Bajo el asilo de sombra
de un parque cubierto de hojas
me viste llegar. 

Tu silla de ruedas tembló con los espasmos
de los bebés cuando se sobresaltan. 

Con una sonrisa me acariciaste la cara.
Habías olvidado todas las palabras.
 
A veces te quedabas ciega
por una o dos horas.
¿Adónde ibas?

La última vez me miraste como enamorada.
Atravesé esa alegría hasta llegar
a la mácula lechosa de la niña a la que habías vuelto.

Conservo la postal
que me mandaste desde ese lugar, abuela:
una nena sentada bajo la sombra de un árbol.

Es primavera en la foto.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Argentina, 1982)

Famiglia
Del Dock
Buenos Aires, 2024
Segunda edición








Poemas de Ignacio Di Tullio en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Ignacio Di Tullio/Facebook

domingo, febrero 18, 2024

Giulia Catricalá / En los hospitales...




En los hospitales el revoque 
se cansa antes,
la luz es el encanto de los muertos
el lamento de los vivos.
Pocos pueden realmente volver,
pero ya es de noche,
la noche ya teje la trama y se iguala.
Divide sus preguntas en dos,
no respondo,
finjo el sueño en que sueño con gritar.

Giulia Catricalá (Roma, 1990), La rosa sbagliata, Fallone, Tarento, 2023
Versión de Jorge Aulicino



Negli ospedali l’intonaco
si stanca prima,
la luce è l’incanto dei morti
il rimpianto dei vivi.
Pochi possono veramente tornare
ma è già sera,
già la notte tesse la trama e si equivale.
Spacca in due le sue domande,
io non rispondo,
fingo il sonno dove sogno di urlare.

---
Foto: L'Altro

sábado, febrero 17, 2024

Safo / Versiones de Pedro Ignacio Vicuña




Libro 1º [1]

2
Ese me parece igual a un dios,
ese hombre sentado frente a ti
que de cerca, mientras hablas con dulzura,
escucha

y también mientras ríes deseosa; eso 
hizo saltar mi corazón dentro del pecho;
porque si te miro a ti un instante, 
no me es posible hablar

mi lengua se hace trizas en silencio, un fuego
sutil me corre por debajo de la piel,
con los ojos nada veo, me zumban
los oídos,

me recorre un sudor frío y un temblor
me atrapa entera, y estoy más verde que la hierba
y me parece ya
que necesito morir.
Mas todo es soportable [así pobre como soy]*

---
*Este verso no necesariamente corresponde al poema, aunque muchos autores lo incorporan y agregan la frase que está entre corchetes [N. del T.]


3
Alrededor de la hermosa luna los astros 
tienen que esconder su brillo 
cuando ella, plena, cubre
la tierra de plata 


4
el agua cantarina
rueda fría entre las ramas del manzano,
crepitan las hojas
y el sueño fluye


27
Unos dicen que un ejército a caballo; otros, que de infantería
y otros que de naves es lo más bello que hay sobre la negra tierra; 
yo, en cambio, 
digo que lo más bello es aquello que uno ama.

Y qué fácil es que todos 
lo comprendan, porque la más bella
entre todos los humanos, Helena,
abandonó a su hombre, el más sobresaliente,

y partió a Troya en una nave,
sin siquiera acordarse de sus padres
ni de su hija, arrebatada por 
la Cipria Afrodita…

ooo

El corazón cede tan fácilmente 
y anhela con urgencia lo que piensa. 
Eso me hace recordar a mi Anactoria 
ausente.

Quisiera ver su paso amable,
el luminoso brillo de su rostro
en vez de ver los carros lidios
y los soldados en batalla.

Pero no es posible a los hombres
la felicidad plena, quizás sólo un poco
en lo inesperado.*

---
*Panagis Lekatsás incluye este fragmento como parte del poema; sin embargo, muchos autores, entre ellos el poeta Odysseas Elytis, lo consideran como un fragmento independiente. Dado que seguimos, en principio, la reconstrucción establecida por Panayís Lekatsás, incorporamos este fragmento al poema, aunque podría ser perfectamente un texto autónomo [N. del T.]


[1] En el ordenamiento de los fragmentos, sigo, en principio, el orden de Lekatsás [Lekatsás, Panayís (Λεκατσάς, Παναγής) Safo [obra] Completa. (Σαπφούς Άπαντα), Sociedad Científica de las letras griegas.] N. del T.



Del prólogo:

La Suda, una enciclopedia escrita en griego por eruditos de la época bizantina del siglo X, refiere que "Safo, hija de Simón -o, según otros, de Eunonimos o de Eurigio o de Ekrytos, o de Semos o de Kamon o de Etarchos o de Escamandrónimo- era hija de Cleide; era nativa de Ereso en la isla de Lesbos. Poeta lírica que floreció hacia la 42ª olimpiada (612 - 609 a. C.), tiempo en el que vivieron Alceo, Estesícoro y Pítaco. Tuvo tres hermanos: Láricos, Kharaxos y Eurigio. Casó con Kerkylas, un hombre muy rico de la isla de Andros, y tuvo una hija llamada Cleide. Tuvo tres compañeras o amigas: Atthis, Telesippa y Megara, la calumnia condenó sus relaciones. Sus alumnas fueron Anactoria de Mileto, Gongila de Colofón, Eunica de Salamina. Escribió 9 libros de cantos líricos y fue la inventora del plectro*"

*El plectro es el arco o herramienta para hacer sonar los instrumentos de cuerdas [N. del T.]

Safo (Mitilene, Grecia, VII a. C – probablemente Léucade, Grecia, VI a. C.), Lo que dispersó la aurora, Lom Ediciones, Santiago de Chile, 2024
Prólogo, notas y versiones de Pedro Ignacio Vicuña

Los poemas de Safo en Otra Iglesia Es Imposible


2
φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἄδυ φωνεί
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμέροεν, τὸ μ᾽ἧ μὰν
καρδίαν ἐν στήθεσι ἐπτόαισεν·
ὠς γὰρ ἐς σ᾽ἴδω βρόχε᾽ὤς με φώναι
σ᾽οὐδ᾽ἔν ἔτ᾽εἴκει,

ἀλλά κὰμ μὲν γλῶσσα ϝέαγε, λέπτον
δ᾽αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν
ὀππάτεσι δ᾽οὐδ᾽ἔν ὄρρημμ᾽,ἐπιρρόμ
βεισι δ᾽ἄκουαι,

ἀ δε μ᾽ἴδρως κακχέεται, τρόμος δὲ
παίσαν ἄγρει, χλωροτέρα δε ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πίδευην
φαίνομ᾽ 
--
ἀλλά πὰν τόλματον ∪ ἐπεί καὶ πένητα ∪


3
ἄστερες μὲν ἀμφὶ κάλαν σελάνναν
ἄψ ἀπυκρύπτοισι φάεννον εἶδος,
ὄπποτα πλήθοισα μάλιστα λάμπης᾽ἀργυρία γᾶν


4
[]ἀμφὶ δ᾽ὔδωρ
[]ψῦχρον κελάδει δι᾽ὔσδων
μαλίνων, αἰθυσσομένων δε φύλλον
κῶμα κατάρρε


27
[Ο]ἰ μὲν ἰππίων στρότον οἰ δὲ πέσδον
οἰ δὲ νάων φαῖσ᾽ἐπ[ί] γᾶν μέλαιναν
[ἐ]μμεναι κάλλιστον, ἔγω δὲ κῆν ὄ
ττω τις ἔραται

[πά]γχυ δ᾽εὔμαρες σύνετον πόησαι
[π]άντι τ[ο]ῦτ᾽·ἄ γὰρ πόλυ περσκόπει[σ]α
[κάλ]λος [ἀνθ]ρώπων ᾽Ελενα [τὸ]ν ἄνδρα
[κρίννεν ἄρ]ιστον

[ὄσ τὸ πᾶν] σέβας Τροΐα[ς ὄς]λεσς]εν
[οὐδὲ π]αῖδος οὐδὲ φ[ί]λων το[κ]ήων
[οὖδεν] ἐμνἀσθ᾽, ἀ[λλὰ] παρά[γα]γ᾽αὔταν
[Κύπρις ἔραι]σαν.

[ἦ μάλ᾽εὔκ]αμπτον γὰρ [ἔφη βρότων κῆρ]
[καὶ μάτει] κούφως τ[όδ᾽, ὄ κε ν]οήσηι.
[ἀλ]λὰ νῦν ᾽Ανακτορί[ας γε] μ[έ]μναι·
[μ᾽οὐ] παρεοίσας,

[τᾶ]ς βολλοίομαν ἔρατόν τε βᾶμα
κἀμάρυ <γ>μα λάμπρον ἴδην προσώπω,
ἤ τὰ Λύδων ἄρματα κἂν ὄπλοισι
[πεσδομ]αχέντας.

[εὒ μὲν ἴδ]μεν οὐ δύνατον γένεσθαι
[λῳστ᾽] ὀν ἀνθρώπ[οις, π]εδέχην δ᾽ἄρασθαι
• • • • • •
β. τ᾽ἐξ ἀδοκή[το]

---
Imagen: Recorte de la Safo imaginada por Charles Mengin, 1877. También ilustra la tapa de esta edición de Lom

viernes, febrero 16, 2024

Genevieve Taggard / Círculo infinito





El árbol bajo el que nos acostamos,
el trueno, el trueno
de mi corazón, y tu asombro,
y nuestro llanto...

Ahora somos viejos, estamos rendidos, cansados de dormir.
Para toda pena hay un final: ha de haber un final para nuestro llanto.
Ven conmigo, vuela conmigo, encuentra conmigo, ríe y salta-

El árbol bajo el que nos acostamos,
el trueno, el trueno
de mi corazón, y tu asombro-
y nuestro llanto.

Genevieve Taggard (Waitsburg, Estados Unidos, 1894 - Nueva York, Estados Unidos, 1948), For Eager Lovers, HardPress Publishing, Los Ángeles, 2012
Versión de Jonio González.


ENDLESS CIRCLE

The tree we lay under
The thunder, the thunder
Of my heart, and your wonder
And our weeping...

Now we are old, we are worn, we are weary of sleeping;
There's an end to all sorrow, there must be an end to our weeping:
Come with me, run with me, find with me, laughing and leaping–

The tree we lay under,
The thunder, the thunder
Of my heart, and your wonder–
And our weeping.

---
Foto: Femilogue

jueves, febrero 15, 2024

Dylan Thomas / Prólogo del autor



Este día que hoy termina de a poco 
al final del acelerado verano de Dios
en el torrente del sol color salmón,
en mi casa sobre rocas peligrosas
sacudida por el mar
enredada entre chirridos y fruta,
espuma, flauta, aleta y pluma,
frente a la pata danzante de un bosque,
junto a las sucias arenas de estrellas de mar
atravesadas por vendedoras de pescado
gaviotas, gaiteros, berberechos y velas,
allí afuera, la corneja negra, hombres
interceptados por nubes, que se arrodillan
ante las redes del atardecer,
gansos casi tocando el cielo, muchachos 
que los apuñalan y garzas y caracoles
que dicen los siete mares,
aguas eternas lejos
de las ciudades de noches de nueve días
cuyas torres serán rodeadas
por el viento religioso
como estacas de paja alta y seca,
ante la pobre paz yo canto
para ustedes, desconocidos, (aunque el canto
sea un acto ardiente y furioso,
el fuego de los pájaros en
el mundo del bosque que cambia,
porque mis sonidos afilados se propagan),
más allá de estas hojas de pulgares marinos
que volarán y caerán
como las hojas de los árboles, que veloces
se desmoronan y se estrellan
contra la noche llena de cigarras.
En dirección al mar, el consumido sol se escurre,
y los aturdidos cisnes sacuden 
el anochecer danzarín de mi bahía, mientras limpio
este tumulto de sombras
para que tú sepas
que yo, un hombre habilidoso,
también celebro a la estrella, pájaro 
clamando, mar nacido, hombre roto, sangre bendita.
Oye: ¡yo anuncio el lugar,
desde el pez hasta la colina que se eleva! Mira:
construyo mi arca que grita 
por el bien de mi amor
cuando el diluvio comienza,
desde el origen del miedo,
rabia furiosa, hombre vivo, 
chorreante y enorme para desparramarse
sobre las heridas granjas de ovejas, 
blancas, vacías, dormidas
hasta Gales en mis brazos.
¡Oye, tú, quédate en el castillo,
tú que reinas la cantinela de los búhos,
que con la luz de la luna iluminas
los parpadeantes caminos y lanzas
muerto al peludo ciervo del valle!
¡Ay, en colinas verticales,
oh, mis acicaladas tórtolas de collar negro
ululan, casi oscurecidas
por la reverente graja galesa,
que arrulladora mordisquea la alabanza del bosque,
llorando sus notas tristes desde el nido
hacia la bandada de sarapicos!
¡Ey, ágape del escandaloso clan, 
con pesar en vuestros picos, 
en los cabos locuaces! 
¡Epa, montando la colina, la
veloz liebre macho!, que escucha
allí bajo esta luz tramposa, el estruendo del diluvio 
de mi arca mientras golpeo y destruyo todo
(un choque de yunques para mi
fárrago y mi violín, esta tonada
de habladores hongos de polvo)
menos a los animales más rápidos que ladrón
en las duras e inestables tierras de Dios
(¡Alabadas sean Sus bestias!).
Bestias que duermen bien y profundo,
¡shhh, en los bosques entre colinas! ¡Empajonadas 
granjas vacías, aglutinadas en una hilera 
de aguas cacarean y se aferran,
y los graneros cacarean guerra!
Oh reino de vecinos, aleteante
caído y emplumado, corran a mi arca
remendada y a la luz de la luna
que se bebe a Noé en la bahía,
con piel y escamas y vellones:
solo las profundas campanas ahogadas
de ovejas e iglesias hacen ruido
por la pobre paz mientras cae el sol
y la oscuridad cae sobre cada campo sagrado.
¡Solos resistiremos, y después,
bajo las estrellas de Gales,
gritaremos, Multitudes de arcas! A través
de las tierras cubiertas de agua,
guiados por sus amores se desplazarán,
como islas boscosas, de una colina a otra.
¡Hola, mi paloma de proa con su flauta!
¡Ah, viejo zorro maestro del mar,
jilguero y herrerillo!
Mi arca canta bajo el sol
al final del acelerado verano de Dios
y el diluvio florece ahora.

[1952]

Dylan Thomas (Swansea, Gales 1914 - Nueva York, Estados Unidos, 1953), Poemas escogidos (1934-1952), Editorial Barnacle, Buenos Aires, 2024
Traducciones de Silvia Camerotto

Nota del autor:
"El prólogo en verso -escrito para esta edición de poemas escogidos- fue pensado como guía para mis lectores, esos desconocidos.
"Este libro contiene la mayoría de los poemas que he escrito y, también, todos aquellos que, hasta el presente año, deseo conservar. He corregido un poco algunos de ellos, pero de continuar corrigiendo todo aquello que ahora no me gusta de este libro, estaría tan ocupado que no tendría tiempo para seguir escribiendo nuevos poemas.
"Leí alguna vez sobre un pastor quien, cuando le preguntaron por qué seguía ciertos ritos a la luna, dentro de un corro de brujas, para proteger a sus rebaños, respondió: “¡Sería un maldito idiota si no lo hiciera!”. Estos poemas con sus crudezas, sus dudas y complicaciones han sido escritos por amor al Hombre y en alabanza de Dios, y yo sería un maldito idiota si no lo fueran.
  Dylan Thomas
  Noviembre, 1952


Los poemas de Dylan Thomas en Otra Iglesia Es Imposible

Foto: Dylan Thomas junto a edificios dañados por un bombardeo, Londres, 1945 Erich Auerbach*/ Popperfoto/ Getty Images

* El autor de esta imagen (Erich Auerbach, Sokolov, República Checa, 1911 - Londres, 1977), fotógrafo y crítico musical, fue homónimo del autor de Mímesis y de un célebre ensayo sobre Dante Alighieri y la Divina Comedia (Erich Auerbach, Berlín, 1892 - Wallingford, Estados Unidos, 1957). Las fotos del fotógrafo checo figuran en las colecciones de la Cancillería de su país, la Tate Gallery y la National Portrait of London. Abajo se reproduce la toma entera, con el sello de Getty Images.


Author's Prologue 

This day winding down now 
At God speeded summer's end 
In the torrent salmon sun, 
In my seashaken house 
On a breakneck of rocks 
Tangled with chirrup and fruit, 
Froth, flute, fin, and quill 
At a wood's dancing hoof, 
By scummed, starfish sands 
With their fishwife cross 
Gulls, pipers, cockles, and sails, 
Out there, crow black, men 
Tackled with clouds, who kneel 
To the sunset nets, 
Geese nearly in heaven, boys 
Stabbing, and herons, and shells 
That speak seven seas, 
Eternal waters away 
From the cities of nine 
Days' night whose towers will catch 
In the religious wind 
Like stalks of tall, dry straw, 
At poor peace I sing 
To you strangers (though song 
Is a burning and crested act, 
The fire of birds in 
The world's turning wood, 
For my swan, splay sounds), 
Out of these seathumbed leaves 
That will fly and fall 
Like leaves of trees and as soon 
Crumble and undie 
Into the dogdayed night. 
Seaward the salmon, sucked sun slips, 
And the dumb swans drub blue 
My dabbed bay's dusk, as I hack 
This rumpus of shapes 
For you to know 
How I, a spining man, 
Glory also this star, bird 
Roared, sea born, man torn, blood blest. 
Hark: I trumpet the place, 
From fish to jumping hill! Look: 
I build my bellowing ark 
To the best of my love 
As the flood begins,
Out of the fountainhead 
Of fear, rage read, manalive, 
Molten and mountainous to stream 
Over the wound asleep 
Sheep white hollow farms 
To Wales in my arms. 
Hoo, there, in castle keep, 
You king singsong owls, who moonbeam 
The flickering runs and dive 
The dingle furred deer dead! 
Huloo, on plumbed bryns, 
O my ruffled ring dove 
In the hooting, nearly dark 
With Welsh and reverent rook, 
Coo rooning the woods' praise, 
Who moons her blue notes from her nest 
Down to the curlew herd! 
Ho, hullaballoing clan 
Agape, with woe 
In your beaks, on the gabbing capes! 
Heigh, on horseback hill, jack 
Whisking hare! who 
Hears, there, this fox light, my flood ship's 
Clangour as I hew and smite 
(A clash of anvils for my 
Hubbub and fiddle, this tune 
On a tounged puffball) 
But animals thick as thieves 
On God's rough tumbling grounds 
(Hail to His beasthood!). 
Beasts who sleep good and thin, 
Hist, in hogback woods! The haystacked 
Hollow farms in a throng 
Of waters cluck and cling, 
And barnroofs cockcrow war! 
O kingdom of neighbors finned 
Felled and quilled, flash to my patch 
Work ark and the moonshine 
Drinking Noah of the bay, 
With pelt, and scale, and fleece: 
Only the drowned deep bells 
Of sheep and churches noise 
Poor peace as the sun sets 
And dark shoals every holy field. 
We will ride out alone, and then, 
Under the stars of Wales, 
Cry, Multiudes of arks! Across 
The water lidded lands, 
Manned with their loves they'll move, 
Like wooden islands, hill to hill. 
Huloo, my prowed dove with a flute! 
Ahoy, old, sea-legged fox, 
Tom tit and Dai mouse! 
My ark sings in the sun 
At God speeded summer's end 
And the flood flowers now.



miércoles, febrero 14, 2024

Bertolt Brecht / Moritat de Mackie Navaja




Y el tiburón tiene dientes
Y te los muestra en su cara
MacHeath tiene navaja
Pero no suele mostrarla.

(...)

Es un domingo claro,
Y hay un muerto en la playa,
Alguien dio vuelta en la esquina,
Lo llaman Mackie Navaja.

Schmul Meier desapareció
Y muchos hombres de plata, 
Mackie tiene su dinero, 
Pero no le prueban nada.

Y Jenny Tower fue encontrada
Con un cuchillo en la garganta,
Por el muelle camina Mackie
Que no sabe nada de nada.

Y el gran incendio en el Soho:
Siete niños, un anciano.
En la multitud Mackie mira,
No preguntes, no sabe nada.

Y una viuda menor de edad
Que no hace falta nombrarla,
Se despertó y fue violada,
Mackie dime ¿cuánto te pagan?

[1928]

Bertolt Brecht (Augsburgo, Alemania, 1898 - Berlín, 1956), Die Dreigroschenoper (La ópera de tres centavos), Universidad Masaryk, República Checa
Versión de Jorge Aulicino sobre traducción literal de Hans Weber

N. del Ad.: Esta canción, con música de Kurt Weill, fue estrenada en 1928. Formó parte al año siguiente de La ópera de tres centavos, también de Weill y Brecht. La ópera del mendigo, del inglés John Gay (1728), imaginó al apuesto salteador MacHeath, basado en un criminal real llamado Jack Sheppard, ejecutado por aquellos años. Para Brecht, Mackie es un vulgar ladrón, extorsionador y asesino. El moritat era el tipo de balada medieval alemana que trataba sobre asesinatos, asesinos y ahorcamientos. El moritat de Mackie se convirtió en un standard de jazz que interpretaron desde Louis Armstrong hasta Los Iracundos, pasando por Frank Sinatra, con distintos arreglos y variaciones en la letra. 

Poemas y canciones de Bertolt Brecht en Otra Iglesia Es Imposible


Die Moritat von Mackie Messer

Und der Haifisch, der hat Zähne,
Und die trägt er im Gesicht,
Und MacHeath, der hat ein Messer,
Doch das Messer sieht man nicht.

(...)

An 'nem schönen blauen Sonntag
Liegt ein toter Mann am Strand.
Und ein Mensch geht um die Ecke,
Den man Mackie Messer nennt

Und Schmul Meier bleibt verschwunden
Und so mancher reiche Mann,
Und sein Geld hat Mackie Messer
Dem man nichts beweisen kann.

Jenny Towler ward gefunden
Mit 'nem Messer in der Brust,
Und am Kai geht Mackie Messer,
Der von allem nichts gewußt.

Und das grosse Feuer in Soho:
Sieben Kinder und ein Greis -
In der Menge Mackie Messer, den
Man nicht fragt, und der nichts weiss.

Und die minderjährige Witwe,
Deren Namen jeder weiß,
Wachte auf und war geschändet,
Mackie welches war dein Preis?

Refrain
Und die einen sind im Dunkeln,
Und die anderen sind im Licht,
Doch man sieht nur die im Lichte,
Die im Dunklen sieht man nicht.

Doch man sieht nur die im Lichte.
Die im Dunklen sieht man nicht.

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Foto: Bertolt Brecht, primeros años Bettmann/Getty Images

martes, febrero 13, 2024

W. H. Auden / El escudo de Aquiles



Ella miró por encima de su hombro *
Buscando vides y olivos,
Ciudades de mármol bien gobernadas
Y barcos en mares indómitos,
Pero allí en el metal brillante
En su lugar sus manos habían puesto
Un desierto artificial
Y un cielo de plomo.

Una llanura sin ninguna particularidad, desnuda y marrón,
Ni  brizna de hierba, ni rastro de vida,
Nada que comer y ningún lugar donde sentarse,
Sin embargo, agrupada en su vacío, permanecía
Una multitud ininteligible,
Un millón de ojos, un millón de botas en fila,
Inexpresivas, esperando una señal.

De la nada una voz sin rostro
Demostró con estadísticas que había una causa justa
Con tonos tan secos y chatos como el lugar:
No se alentó a nadie y nada se discutió;
Columna tras columna en una nube de polvo
Marcharon sosteniendo una creencia
Cuya lógica los llevó, en otro lugar, al sufrimiento.

Ella miró por encima de su hombro
Buscando devociones rituales,
Vaquillonas con guirnaldas de flores blancas,
Libación y sacrificio,
Pero allí en el metal brillante
Donde debía estar el altar,
Ella vio bajo la titilante luz de la fragua
Una escena muy distinta.

Alambre de púas cercando un lugar azaroso
Donde los funcionarios aburridos haraganeaban (uno hizo un chiste)
Y centinelas sudaban por el día caluroso:
Una multitud de gente común y decente
Miraba desde fuera y ni se movió ni habló
Mientras tres figuras pálidas fueron llevadas al frente y atadas
A tres postes clavados en el suelo.

La masa y majestad de este mundo, todo
Lo que tiene peso y siempre pesa lo mismo
Dejado en manos de otros; eran insignificantes
Y no podían esperar ayuda y ninguna ayuda llegó:
Lo que más les gustaba hacer a sus enemigos se hizo, su vergüenza
Fue todo lo peor que podían desear; perdieron su orgullo
Y murieron como hombres antes de que sus cuerpos murieran.

Ella miró por encima de su hombro
Buscando  atletas en sus juegos,
Hombres y mujeres en un baile
Moviendo sus dulces extremidades
Veloces, veloces, al ritmo de  la música,
Pero allí en el escudo brillante
Sus manos no dispusieron ninguna pista de baile
Sino un campo cubierto de hierba mala.  

Un pícaro harapiento, sin rumbo y solitario,
Merodeaba alrededor del vacío, un pájaro
Voló buscando salvarse de su piedra certera:
Las muchachas son violadas, dos muchachos apuñalan a un tercero,
Eran axiomas para él, que nunca había oído
De ningún mundo donde las promesas se cumplieran,
O donde uno pudiera llorar porque otro llora.

El herrero de labios finos,
Hefesto, se alejó cojeando,
Tetis de los senos brillantes
Gritó en espanto
Ante lo que el dios había forjado
Para complacer a su hijo, el fuerte
Aquiles, hombre de corazón de hierro y asesino
Que no viviría mucho tiempo.

[1952]

W. H. Auden (York, Inglaterra, 1907- Viena, 1973), The Shield of Achilles, Random House, 1955 
Traducción de Silvia Camerotto en De Sibilas y Pitias

* Se refiere a la ninfa Tetis, madre de Aquiles, a cuyo pedido el dios herrero Hefesto labró un nuevo escudo para su hijo, luego de que Héctor venciera a Patroclo, quien llevaba las armas de Aquiles. Lo hizo de metales preciosos. Se narra en el canto XIII de la Ilíada (N. del Ad.)

Los poemas de W.H. Auden en Otra Iglesia Es Imposible


The Shield of Achilles

She looked over his shoulder
       For vines and olive trees,
    Marble well-governed cities
       And ships upon untamed seas,
    But there on the shining metal
       His hands had put instead
    An artificial wilderness
       And a sky like lead.

A plain without a feature, bare and brown,
   No blade of grass, no sign of neighborhood,
Nothing to eat and nowhere to sit down,
   Yet, congregated on its blankness, stood
   An unintelligible multitude,
A million eyes, a million boots in line,
Without expression, waiting for a sign.

Out of the air a voice without a face
   Proved by statistics that some cause was just
In tones as dry and level as the place:
   No one was cheered and nothing was discussed;
   Column by column in a cloud of dust
They marched away enduring a belief
Whose logic brought them, somewhere else, to grief.

    She looked over his shoulder
       For ritual pieties,
    White flower-garlanded heifers,
       Libation and sacrifice,
    But there on the shining metal
       Where the altar should have been,
    She saw by his flickering forge-light
       Quite another scene.

Barbed wire enclosed an arbitrary spot
   Where bored officials lounged (one cracked a joke)
And sentries sweated for the day was hot:
   A crowd of ordinary decent folk
   Watched from without and neither moved nor spoke
As three pale figures were led forth and bound
To three posts driven upright in the ground.

The mass and majesty of this world, all
   That carries weight and always weighs the same
Lay in the hands of others; they were small
   And could not hope for help and no help came:
   What their foes liked to do was done, their shame
Was all the worst could wish; they lost their pride
And died as men before their bodies died.

    She looked over his shoulder
       For athletes at their games,
    Men and women in a dance
       Moving their sweet limbs
    Quick, quick, to music,
       But there on the shining shield
    His hands had set no dancing-floor
       But a weed-choked field.

A ragged urchin, aimless and alone,
   Loitered about that vacancy; a bird
Flew up to safety from his well-aimed stone:
   That girls are raped, that two boys knife a third,
   Were axioms to him, who'd never heard
Of any world where promises were kept,
Or one could weep because another wept.

    The thin-lipped armorer,
       Hephaestos, hobbled away,
    Thetis of the shining breasts
       Cried out in dismay
    At what the god had wrought
       To please her son, the strong
    Iron-hearted man-slaying Achilles
       Who would not live long.

Auden Society, © Estate of W. H. Auden


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lunes, febrero 12, 2024

Héctor Borda Leaño / Soneto a la serpiente




Lloró en la noche grande la serpiente
y lloraron los pájaros de arena
el agua temblorosa en su corriente
y la sombra vibrando en la falena.

Lloró en la noche grande la serpiente
como insuflando su dolor de quena,
quemando como fuego en el sufriente
corazón de la piedra y de la pena,

Lloró en la noche con dolor ajeno,
con voz de polvareda y de veneno,
con voz de soledad y de regreso.

Mas la piedra sonora en trizadura,
acomodó a la sierpe en la ternura
de su matriz cantora y de su hueso.

Héctor Borda Leaño (Oruro, Bolivia, 1927 – Malmö, Suecia, 2022), La challa, Papeles de Buenos Aires, 1974

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domingo, febrero 11, 2024

María Teresa Andruetto / De "Poesía reunida"




Ha visto

Ha visto la luna temblando sobre el Po en el agua 
que se ondula, y en la noche de allá lejos los yuyales, 
las chicharras, sentaditas con su hermana en unos sillones 
de jardín que chirriaban. Y vio una ciudad dorada y escuchó 
sobre el Moldava conversaciones animosas sin entender nada. 
Y una escena perfecta con su padre en el patio de una casa 
de la que pronto se fueron y la mudanza a otra casa, ella llevando 
un gato y su hermanita una pelela en la mano. El gato 
se llamaba Geppo y dormía junto al brasero. Vio también allá 
en el sur una ciudad con palafitos y en el norte una sobre agua 
y otra toda de sal prendida a una barranca. Y una ciudad rosada 
como un labio y los últimos damascos del verano y una tropilla 
La desamparada corriendo sin bocado por el campo y una niña 
tan pequeña que cabía en la palma de una mano. Ha visto 
los basurales, las barracas del hambre y los puppi sicilianos, 
y el sol hundiéndose en los maizales, tristeza de puro rojo 
sobre la pampa. Animales como troncos manando hilos 
de sangre y un camino de penurias cuando ya ha caído 
el rayo. Por limitada que sea la vida de cada uno, hay 
un rebaño invisible que come pasto en la noche
estrellada.

Últimos poemas (2018/2019)


Un amigo me escribe desde Siria

                           a Pablo Sigismondi

Un amigo me escribe desde Siria, 
dice pronto esta noche infernal 
terminará y volveremos a caminar 
sobre cadáveres. Recibo su mensaje
en la casa de la hija de otro amigo, 
que ha cumplido quince. Somos viejos 
los invitados a la fiesta; alguien canta 
coplas, cantos cimarrones, montañeses, 
que aprendió en los valles calchaquíes. 
La mujer se llama Eva y le dedica sus coplas 
a la niña que está cabeza baja mirando 
el celular. También yo estoy cabeza baja, 
tengo otro mensaje desde Siria, fui a 
Maalula a ver a mi familia. No puedo 
contarle esto a mi madre, este luto, este 
dolor, Dios cubra a mi tierra con su manto
La copla sale de la garganta de Eva, su 
falsete es un grito que llega a Siria, 
mientras la chica dice dale papá, 
pongan música buena, que esto 
está muy triste.

Cleofé [2007]

María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, Argentina, 1954), Poesía reunida, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2019


Más poemas de María Teresa Andruetto en Otra Iglesia Es Imposible

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sábado, febrero 10, 2024

Tomás Segovia / Jacarandas



Las dulces jacarandas se quedan en lo suyo
Todos son verdes y ellas no
Nadie les quitará de la cabeza
Que hay mil maneras de ser árbol
Mil maneras de ser lo mismo
De otra manera
Que se puede ser verde siendo azul
Tener flores por hojas
Tener por copa un fresco resplandor
Ser dichosas aparte y a su modo
Bien seguras están de que hacen bien
Que nos da gusto que así sean
Que no por eso las queremos menos
Que siempre nos ha sido necesario
Que haya otra cosa.

Tomás Segovia (Valencia, España, 1927- Ciudad de México, 2011), La Otra, año 3, nº 13, México, octubre-diciembre de 2011
Envío de Jonio González

Tomás Segovia en Otra Iglesia Es Imposible

Nota del Ad.: Las jacarandas de México y otros países centroamericanos son los jacarandás de la Argentina, el Uruguay y Paraguay

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viernes, febrero 09, 2024

Noelia Torres / De "Esta es finalmente mi rabia", 2



Validación

Taller de arreglos
y composturas en general
eso decía un cartel 
que estaba pegado
a un árbol
afuera en la calle cerca
de la casa de mi mamá
nunca supe qué era 
lo que se componía
lo que estaba roto 
en ese lugar 
o en ninguna parte
aunque el cartel 
tenía un número de teléfono de siete dígitos
si querías llamar
para saber


Cortinas

Leo en el diario La Nación del domingo 
que la sonda Juno
llegó a Júpiter,
estoy sentada en el sofá y vos de espaldas 
con las tazas en la cocina
tenés las manos y tu conciencia metidas 
entre el jabón del detergente sabor a limón
te cuento esto a ver si me escuchás:
la sonda tardó siete años en llegar 
y pegar la vuelta interestelar consciente 
los datos no importan y te digo: 
los planetas de lejos muy de lejos
me parecen sucios,
como si hiciera falta barrerlos 
porque se acerca la tormenta 
y todo puede quedar peor que antes.

Noelia Torres (Buenos Aires, 1983), Esta es finalmente mi rabia, Halley Ediciones, Buenos Aires 2021

Más poemas de Noelia Torres en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Envío de la autora

jueves, febrero 08, 2024

Mary Cornish / Números



Me gusta la generosidad de los números,
el modo, por ejemplo,
en que están dispuestos a contar
cosas o personas:
dos pepinillos, una puerta que da a la habitación,
ocho bailarinas vestidas de cisne.

Me gusta la domesticidad de la adición-
"añadir dos tazas de leche y remover"-
el sentido de abundancia: seis ciruelas
en el suelo, tres más
que caen del árbol.

Y la multiplicación escolar
de pez por pez,
cuyos cuerpos plateados se reproducen
bajo la sombra
de una barca.

Ni la sustracción representa una pérdida,
sino una adición en otra parte:
cinco gorriones menos dos,
los dos que están ahora
en el jardín de alguien.

Hay una amplitud en la división,
como abrir una caja de comida china
bolsita a bolsita,
dentro de cada galleta doblada
una nueva fortuna.

Y nunca deja de sorprenderme
el regalo de un resto impar,
libre al final:
cuarenta y siete dividido once igual a cuatro,
y restan tres.

Tres niños lejos de sus madres que los llaman,
dos italianos lanzándose al mar,
una media que no está donde la buscas.

Mary Cornish (Nueva York, Estados Unidos, 1948), Red Studio, Oberlin College Press, Oberlin, Ohio, 2007
Versión de Jonio González


NUMBERS 

I like the generosity of numbers.
The way, for example,
they are willing to count
anything or anyone:
two pickles, one door to the room,
eight dancers dressed as swans.

I like the domesticity of addition—
add two cups of milk and stir—
the sense of plenty: six plums
on the ground, three more
falling from the tree.

And multiplication's school
of fish times fish,
whose silver bodies breed
beneath the shadow
of a boat.

Even subtraction is never loss,
just addition somewhere else:
five sparrows take away two,
the two in someone else’s
garden now.

There’s an amplitude to long division,
as it opens Chinese take-out
box by paper box,
inside every folded cookie
a new fortune.

And I never fail to be surprised
by the gift of an odd remainder,
footloose at the end:
forty-seven divided by eleven equals four,
with three remaining.

Three boys beyond their mother’s call,
two Italians off to the sea,
one sock that isn't anywhere you look.

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miércoles, febrero 07, 2024

Ingeborg Bachmann / Dos poemas




Toma de tierra

Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesta a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.


Sombra rosas sombra

Bajo un cielo extraño
sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 - Roma, 1973), Invocación a la Osa Mayor [1956], Ediciones Hiperión, Madrid, 2001
Versiones de Cecilia Dreymüller y Concha García

Más poemas de Ingeborg Bachmann en Otra Iglesia Es Imposible

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Foto: Ingeborg Bachmann  c.1960 Estorff/ullstein bild/Getty Images