lunes, enero 30, 2012

Germán Arens / En una nave comandada...




En una nave comandada por Enrique
unos pocos hombres abandonamos la Tierra

(...)

La madrugada del 4 de marzo
Ñancufil dejó un mensaje de voz en mi celular...
diciendo que en dos días
Enrique viajaría con destino incierto.
La vida humana corría serios peligros de extinción.
Había una única posibilidad de impedirlo.
Si quería ser de la partida
debería comunicarme con ellos ni bien me despertara.

No lo pensé dos veces.

El carnicero González, Don Luis Rancaño,
el Cigarra grande, el payador Alderete,
el investigador Pablo Rebich, Barilatis
y el poeta Fabián Benassi
recibieron el mismo mensaje.

Razón que me llevó a escribir sobre ellos...
en estas memorias de mis últimos días en la Tierra.

(...)

Fabián, cuenta que un tal Harold Camping
predijo el fin del mundo
para el 21 de mayo del año 2011.
Dos días después,
Camping agregaría que el fin de los tiempos
llegaría algo más tarde de lo predicho.
-No cambio la fecha...
los humanos debemos ser más espirituales
en relación a esto, diría Camping.

Pablo,
agrega que para el 27 de septiembre de este año,
estuvo pronosticada una explosión solar.
Ese día en Sierra de la Ventana,
precisamente en el cerro Tres Picos,
se suicidaron 27 personas
que integraban parte de una comunidad
llamada Seres de Luz.

Germán Arens (Bahía Blanca, 1967), En una nave comandada por Enrique unos pocos hombres abandonamos la Tierra, editorial Vox, Bahía Blanca, 2011

Ilustración: The Gas Factory at Courcelles, 1884, Ernest Jean Delahaye

domingo, enero 29, 2012

Attilio Bertolucci / Pasolini, Eliot




A Pasolini
(en respuesta)

¿Sobrevivencia, nuestra tierra? Pero son largos
estos crepúsculos, como de verano que nunca

llega la hora de la lámpara encedida, de aquellas
mariposas nocturnas irracionales que se estrellan,

atraídas y rechazadas por el claror que es vida
(pero era también vida el día que muere).

Sólo nos sea dado, en un tiempo incierto
de tránsito, recordar, recordar para nosotros

y para todos, la paciencia de los años
que los relámpagos de amor hirieron - y se apagaron.


Eliot a los doce años
(en una fotografía)

Hoy un viento cálido recorre la tierra,
no árido ni seco como será más tarde;
arrastrando hojas de cobre con un sonido
que imita el infierno, prepara el purgatorio

y su somnolencia otoñal. Esto
es marzo con el sol que te hace
estrechar los ojos hondos, oscuras violetas
sobre las que se fruncen los cabellos desordenados

cuanto permite, o exige, la etiqueta de la
Nueva Inglaterra exiliada en las riveras
meridionales: y tú jamás de frente
querrías combatirla. Vencerla -

si hoy la amarga boca adolescente tal
propósito y empeño significa, mientras
contra la pared de ladrillos el fotógrafo
finge tu ejecución y las rodillas

languidecen culpablemente en la tibieza
de la estación y de la edad - y vencida
abandonarla vacía sobre las orillas del tiempo,
reluciente, querrá decir vivir y escribir

hasta el enero inclemente, el invierno de los huesos.


Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versiones de J. Aulicino

A Pasolini
(in risposta)

Sopravvivenza, la nostra terra? Ma durano a lungo
questi crepuscoli, come d'estate che mai, mai

viene l'ora della lampada accesa, di quelle
falene irragionevoli che vi sbattono contro,

attrate e respinte del chiarore che è vita
(eppure vita era anche il giorno che muore).

Soltanto ci sia dato, in tun tempo incerto
di trapasso, ricordare, ricordare per noi

e per tutti, la pazienza degli anni
che i lampi dell'amore ferirono - e si spensero. 



Eliot a dodici anni
(da una fotografia)

Oggi un vento caldo corre la terra,
non arido non secco come sarà più tardi,
trascinando foglie di rame in un suono
che imita l'inferno prepara il purgatorio

e su sonnolenza autunnale. Questo
è marzo con il sole che ti fa
stringere gli occhi fondi, brune violette
su cui s'aggrondano i capelli scomposti

quanto permete, o esige, l'etichetta della
Nuova Inghilterra esule su rive
meriodinali: e tu mai di petto
vorrai combatterla. Vincerla -

se oggi l'amara bocca adolescente tale
proposito e impegno significa mentre
contro il muro di mattoni il fotografo
finge la tua esecuzione e i ginocchi

illanguidiscono colpevolmente al tepore
della stagione e dell'età - e vinta
abbandonarla vuota sulle rive del tempo,
e lucente, vorrà dire vivere e scrivere

sino al gennaio inclemente, all'inverno delle ossa.

Ilustración: Suburbio, 1920, Matteo Olivero

sábado, enero 28, 2012

Attilio Bertolucci / Restauración de un techo






Restauración de un techo

Este regreso nuestro, y estadía, aquí en setiembre avanzado,
con sol que quema y mariposas amarillas en el aire,
flores perdidamente coloridas desbordando la red metálica
de los huertos en su última maduración y despojamiento, esta

contratación tuya de finos artesanos ancianos, en desguace,
para hacerles aguzar la vista, extremar los músculos en la
restauración difícil del techo de pizarra, acróbatas
tranquilos, las canas mojadas de azul, músicos

intermitentes a los que hacen eco los valles, tanto
es el silencio de las horas pasado el meridiano -
pero persevera el oro en los ojos enamorados aún,
de modo que la obra sea cumplida en el tiempo previsto

y alejado el horror de lo oscuro se acumule
en los senderos para impedir las fugas, aunque sin esperanza,
ya que los puentes están todos en ruinas
bajo estrellas benignas e inflexibles -

y mi dócil aceptación de una tan confiada
laboriosidad, de una tan activa utilización
de los márgenes diurnos en los confines de la noche, no serían tal vez...
Pero no es, no es la contradicción de la poesía
en progreso, su denegación llameante
dura, y prolonga el verano mientras prepara
el otoño, y con él lluvias, enfermedades, recuperaciones,
con humos en cielos que clarean en los agujeros del oeste.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino

Restauro di un tetto

Questo nostro ritorno, e soggiorno, qui a settembre avanzato
con un sole che scotta e farfalle gialle nell'aria
fiori perdutamente colorati traboccanti dalla rete metallica
degli orti in ultima maturità e spoliazione, questo

tuo assoldare fini artigiani anziani, in disarmo,
e farli aguzzare la vista stremare i muscoli nel
restauro difficile del tetto d'ardesia, acrobati
quieti la canizie bagnata d'azzurro, musici

intermittenti che le valli echeggiano tanto
è il silenzio delle ore travalicato il meriggio -
ma trattienine l'oro negli occhi innamorati ancora
così che l'opera sia compiuta nel tempo previsto

e tenuto lontano l'orrore del buio ammassantesi
nei vittoli a impedire le fughe anche senza speranza
poi che i ponti sono tutti in rovina
sotto stelle benigne e irremovibili -

e la mia docile accettazione d'una così fidente
laboriosità, d'un così attivo utilizzo
dei margini diurni ai confini della notte non sarebbe forse...
Ma non è, non è la contraddizione della poesia
in progresso, il suo diniego fiammante
dura, e prolunga l'estate, insieme prepara
l'autunno e dunque piogge, malatie, riprese,
con fumi in cieli schiarentisi nei pertugi dell'ovest.

Ilustración: Casa con scala, c.1860, Raffaello Sernesi

viernes, enero 27, 2012

Gerardo Gambolini / Acoyte y Rivadavia






Acoyte y Rivadavia

Viciados vanamente por la belleza esteparia
regurgitando las cruces de la campiña devota
los cielos vikingos, la bruma calvinista
intoxicados de libros y de insomnio, de
puras categorías
una mañana de primavera
en que la gente se ve en gracia

cruzando la calle, hablando con el portero
una hermosa mañana de primavera
en que estamos a gusto con las cosas
y la ciudad parece otra y diferente, iluminada
no logramos, no tenemos la medida, la gimnasia,
no sabemos celebrar,
tomar un café sin leer la borra.

Gerardo Gambolini (Buenos Aires, 1955), Ruedas, inédito

Ilustración: Naturaleza muerta frente a una ventana abierta: Place Ravignan, 1915, Juan Gris

jueves, enero 26, 2012

Attilio Bertolucci / Para una clínica demolida






Para una clínica demolida

Aquí donde un poeta ha llorado y delirado un mes
de su vida - un abril
de nubes,
de buen cielo sereno
acechado por grietas -
golpean las persianas abandonadas.

¿Donde habéis llevado
vuestras especias y plegarias,
Hijas de la Sabiduría, hijas
de la paciencia,
buenas cocineras y alegres
distribuidoras de sopas y de vino
para el gran hambre de la tarda mañana?

Aquí, otro día, ya
demolidos aquellos queridos cuartos,
ya más avanzando el año y la fábrica
nueva ya alta, sonora
de una obra que calla
sólo cuando el mediodía divide sol y sombra,
pan y tortilla, al albañil he preguntado inútilmente:

"¿Adónde emigraron
aquellas viejas y jóvenes hermanas
que con agujas, con ampollas
derrotaban el mal, precisas
como manecillas sobre el cuadrante para usarlas
sin error, alternándolas
con plegarias cristianas?"

Que sepa dónde están, que yo sepa
que no se fueron
de la ciudad que genera en exceso
la voluptuosidad y el dolor, que yo
las sepa, en esta hora
que precede la noche y el invierno,
aún sabias y pacientes en expulsar

por mí, por todos, de la tierra el infierno.

Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma, 1911-Roma, 2000), "Viaggio d'inverno", 1971, Opere, Mondadori, Milán, 1997
Versión de J. Aulicino


Per una clinica demolita

Qui dove un poeta ha pianto e delirato un mese
della sua vita -un aprile
di nuvole,
di bel cielo sereno
insidiato da crepe-
sbattono le persiane abbandonate.

Dove avete portato
le vostre droghe e preghiere,
Figlie della Sapienza, figlie
della pazienza, tanto
buone cuciniere e allegre
dispensiere di minestre e di vino
per la gran fame nel tardo mattino?

Qui un altro giorno, già
demolite quelle stanze care,
già più avanzato l'anno e la fabbrica
nuova ormai alta, sonora
d'un cantiere che tace
solo se il mezzogiorno spacca in luce e ombra
pane e frittata, al muratore ho chiesto inultimente:

"Dove sono emigrate
quelle vecchie e giovani suore
che con aghi, con fiale
sconfiggevano il male, precise
como lancette sual quadrante a usarle
senza errore, alternandole
con preghiere cristiane?"

Che io sappia dovo sono, che io sappia
ce no sono partite
della città che genera in eccesso
la voluttà e il dolore, che io
le sappia, in quest'ora
che precede la notte e l'inverno,
ancora sagge e pazienti nel fugare

per me, per tutti noi, sulla terra l'inferno.

Foto: Attilio Bertolucci Gazzetta di Parma

miércoles, enero 25, 2012

William Carlos Williams / Paterson, I





El 'Prefacio' de Paterson, aquí


Los delineamientos de los Gigantes

I

Paterson descansa en el valle debajo de las cataratas Passaic
sus aguas agotadas delineando su espalda. Situado
a su derecha, la cabeza cerca del tronar
de las aguas ¡llenando sus sueños! Eternamente dormido,
sus sueños caminan por la ciudad donde permanece
ignorado. Las mariposas se posan en su oreja de piedra.
Inmortal, ni se mueve ni despierta y rara vez
es visto, aunque respira y las sutilezas de sus maquinaciones
obtienen su sustancia del ruido del río que fluye
dando vida a mil autómatas. Quienes como
ignoran sus fuentes y las bases de sus
decepciones, salen de sus cuerpos, mayormente sin rumbo,
encerrados y olvidados en sus deseos— sin emoción.

—Dilo, no hay ideas sino en las cosas—
nada más que las fachadas blancas de las casas
y los árboles cilíndricos
doblados, divididos por accidente y preconceptos—
partidos, combados, arrugados, moteados, manchados—
secretos— ¡hacia el cuerpo de la luz!

Desde arriba, más alto que los capiteles, más alto
incluso que las torres de oficina, desde campos cenagosos
abandonados en grises filones de pasto muerto,
zumaque negro, maleza marchita,
barro y matorrales mezclados con hojas muertas—
el río fluye sobre la ciudad
y se abre camino desde el borde del barranco
bajo un golpe de rocío y brumas de arcoíris—

(¿Qué lenguaje común descifrar?
.     .    registrado en líneas rectas
desde aquella saliente del canto de una
roca).

Un hombre como una ciudad y una mujer como una flor
—enamorados. Dos mujeres. Tres mujeres.
Innumerables mujeres, cada una como una flor.

Pero
solo un hombre—como una ciudad.

    Con respecto a los poemas que te he dejado; ¿serías tan amable de devolvérmelos a mi nueva dirección? Y no te tomes el trabajo de comentarlos si te resulta incómodo— porque lo que motivó mi llamado y mi visita fue la situación humana y no la literaria. 
Además, me reconozco más como mujer que como poeta; y me estoy  menos  concernido por los editores que por… la vida…
Pero ellos iniciaron una investigación… y mis puertas están cerradas para siempre (espero que para siempre) a todos los trabajadores sociales, los bienhechores profesionales y gente por el estilo.

William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión de Silvia Camerotto


The Delineaments of the Giants
I Paterson lies in the valley under the Passaic Falls/ its spent waters forming the outline of his back. He/ lies on his right side, head near the thunder/ of the waters filling his dreams! Eternally asleep,/ his dreams walk about the city where he persists/ incognito. Butterflies settle on his stone ear./ Immortal he neither moves nor rouses and is seldom/ seen, though he breathes and the subtleties of his machinations/ drawing their substance from the noise of the pouring river/ animate a thousand automatons. Who because they/ neither know their sources nor the sills of their/ disappointments walk outside their bodies aimlessly for the most part,/ locked and forgot in their desires—unroused. // —Say it, no ideas but in things— /nothing but the blank faces of the houses /and cylindrical trees/ bent, forked by preconception and accident—/ split, furrowed, creased, mottled, stained—/ secret—into the body of the light!// From above, higher than the spires, higher/ even than the office towers, from oozy fields/ abandoned to grey beds of dead grass,/ black sumac, withered weed-stalks,/ mud and thickets cluttered  with dead leaves—/ the river comes pouring in above the city/ and crashes from the edge of the gorge/ in a recoil of spray and rainbow mists—// (What common language to unravel?/.   .   combed into straight lines/ from that rafter of a rock’s/ lip.)// A man like a city and a woman like a flower/ —who are in love. Two women. Three women./ Innumerable women, each like a flower.// But/ only one man —like a city.// In regard to the poems I left with you; will you be so kind as to return them to me at my new address? And without bothering to comment upon them if you should find that embarrassing — for it was the human situation and not the literary one that motivated my phone call and visit./ Besides, I know myself to be more the woman than the poet; and to concern myself less with the publishers of poetry than with… living…/ But they set up an investigation… and my doors are bolted forever (I hope forever) against all public welfare workers, professional do-gooders and the like.

Ilustración: The Oxbow, 1836, Thomas Cole



martes, enero 24, 2012

Giacomo Leopardi / Las remembranzas






Las remembranzas
de Leopardi

Versión y notas de Angel Faretta

(Primera parte)

Fugaces estrellas de la Osa Mayor no creí
Volver otra vez a diario a contemplarlas
Sobre el jardín paterno centelleantes
Y rumiar con ustedes desde las ventanas
De este albergue en que habité de joven
Cuando de mis alegrías supe el final.
En un tiempo cuántas imágenes y locuras
Me indujeron a pensar el aspecto vuestro
Y vuestras luces compañeras cuando
Silencioso y sentado en verde barbecho
Gran parte de las tardes solía pasar
Mirando el cielo y oyendo el canto
De la rana remota en la campaña
La luciérnaga erraba entre los setos
Y los canteros y al viento susurraban
Las sendas perfumadas y los cipreses
Allá en el bosque y bajo el patrio techo
Se oían voces alternas y las tranquilas
Tareas domésticas. Y qué pensar inmenso,
Qué dulces sueños me inspiró la vista
De aquel mar lejano, esos montes azules
Que desde acá entreveo y cruzar un día
Yo pensaba. Arcanos mundos, arcana
Felicidad fingiendo en el vivir mío
Ignaro de mi hado y cuántas veces
Ésta, mi vida dolorosa e inerte
Mi voluntad con muerte habría trocado.

Giacomo Leopardi (Recanati, 1798-Nápoles, 1837)

Le ricordanze

Vaghe stelle dell’Orsa, io non credea
Tornare ancor per uso a contemplarvi
Sul paterno giardino scintillanti,
E ragionar con voi dalle finestre
Di questo albergo ove abitai fanciullo,
E delle gioie mie vidi la fine.
Quante immagini un tempo, e quante fole
Creommi nel pensier l’aspetto vostro
E delle luci a voi compagne! allora
Che, tacito, seduto in verde zolla,
Delle sere io solea passar gran parte
Mirando il cielo, ed ascoltando il canto
Della rana rimota alla campagna!
E la lucciola errava appo le siepi
E in su l’aiuole, susurrando al vento
I viali odorati, ed i cipressi
Là nella selva; e sotto al patrio tetto
Sonavan voci alterne, e le tranquille
Opre de’ servi. E che pensieri immensi,
Che dolci sogni mi spirò la vista
Di quel lontano mar, quei monti azzurri,
Che di qua scopro, e che varcare un giorno
Io mi pensava, arcani mondi, arcana
Felicità fingendo al viver mio!
Ignaro del mio fato, e quante volte
Questa mia vita dolorosa e nuda
Volentier con la morte avrei cangiato.


Fugaces estrellas de la Osa Mayor: el incipit de este poema fue empleado por Luchino Visconti como título de su film de 1965, conocido en otros lugares como Sandra -nombre de la protagonista- y entre nosotros con el legendariamente estúpido título de Atavismo impúdico -“por el asunto ese del incesto”, como dijo legendariamente una jefa de prensa de aquel tiempo.
La primera palabra, vaghe, ya es desvelo de traductores. No para el traductor de la edición de Aguilar -hombre feliz a su manera- Miguel Romero Martínez- que directameente la eliminó.
Otros u otras –como Loreto Bousquets- la vierten por “vagas”, y hasta, otros, por “dulces”. En realidad puede ser una cosa y la otra como también un deleite, un gusto. Pero en cuanto a cosa pasajera, anhelo inalcanzable. Por cierto el Hoepli tanto en su edición de 1917, en la reedición de 1948, como en la actual, no la contiene. Sí a vaghezza, con lo cual todo parece complicarse. Así significa “impresión”, “vaguedad”, y también “placer”, “gozo”, “deseo”, “anhelo”.
Vaghe podría ser una invención del propio Leopardi, aunque éste detestaba los neologismos. Es posible entonces que sea una apocopación del poeta, a la que el idioma italiano se presta con total plasticidad, de allí que sea el mejor idioma para el canto.
Claro que vaghe-vaghezza expresa un deseo fugaz, un anhelo por lo lejano, tal vez en consonancia con el término sehnsucht casi contemporáneo de los románticos alemanes, con los cuales -sin embargo- Leopardi no tiene muchos otros contactos.
 Por eso optamos por “fugaces” Porque “vagas” además, entre nosotros, referiría más bien al moverse sin sentido, pero aquí es el poeta en sus ricordanze quien les da sentido a su paso. En consonancia -de ser cierta- con la respuesta dada según se cuenta por Hegel a su amigo Heine. “No son las estrellas, Heinrich, es lo que nosotros ponemos en ellas”.

Sobre el jardín paterno: estamos en 1829. En la primavera más exactamente. Leopardi ha vuelto nuevamente a la casa paterna en Recanati, pequeña ciudad ubicada en la región de Le Marche, que forma parte nuevamente de los Estados Pontificios tras el congreso de Viena y las guerras napoleónicas que asolaron la ciudad tras llegar a Italia con la promesa de unidad territorial bajo un solo dominio...
También es el cíclico regreso del poeta a vivir con su padre, el conde Monaldo. Éste ha sido objeto de todo tipo de reconstrucciones líricas por parte del poeta, haciéndoselo así un precipitado de provincialismo, limitación de mollera y de imaginación. Siendo por el contrario el conde un hombre cultísimo cuya vasta biblioteca sirviera a Leopardi desde niño a formarse una vasta cultura y conocimiento de idiomas. Pero -como tantos otros luego- Leopardi necesitará de un lar natal del que huir y extrañar, así como de una figura paterna algo terrible, titánica y hasta jupiteriana, contra las que edificar sus pugnas y polémicas para construir lo que Kafka llamará en el siglo veinte “tentativas de fuga de la esfera paterna”.

Barbecho: “zolla” en el original. “Terrón”, “labrantío”. Opto por “barbecho” además porque éste viene de latín vervactum, derivada a su vez de vervarege, que es el arar la tierra en primavera. Que es precisamente lo que busca expresar aquí Leopardi con su añoranza de un tiempo juvenil que se corresponde con la primavera y con el estar abierto, “en barbecho”.

Mi voluntad con muerte: en el original volentier, “de manera voluntaria”, “con gusto”, que el italiano emplea todavía hoy para aceptar una invitación a beber otra copa de vino –por ejemplo. Elijo “mi voluntad”, además de razones de medida para reproducir en parte el original, porque el autor fue de los primeros en conocer en Italia y fuera de Alemania en general la obra de Schopenhauer, de la cual -como en este poema- muchas veces su lírica es un reflejo casi permanente.
Por eso es que aquí esta voluntad que hubiera cambiado una vida desdichada y vacía por la muerte, no es más que otra representación de aquella Wille omnívora del filósofo alemán.
Es decir le ricordanze a las que se entrega el yo lírico, el circular habitar ahora en la casa paterna y en el lar natal -el paese italiano y el pago nuestro- es también impuesto mediante una representación por la propia Voluntad que podría haber trocado esa vida inerte en muerte.
El otro autor que influyera, aunque de manera secreta -como habría de suceder por más de un siglo en casi toda Europa- fue Sade.
En Sade encontrará Leopardi una filosofía de un biologismo desesperado, la de una physis malvada que le servirá para trazar el arco completo de su propia visión particular. Siendo esta traducción muchas veces la esencia de la poesía.

Ilustración: Pintura en un muro de la Villa de Livia (detalle), Roma, siglo I a.C

lunes, enero 23, 2012

Sor Juana Inés de la Cruz / Con el dolor de la mortal herida...



De una reflexión cuerda con que
mitiga el dolor de una pasión

Con el dolor de la mortal herida,
de un agravio de amor me lamentaba,
y por ver si la muerte se llegaba
procuraba que fuese más crecida.

Toda en su mal el alma divertida,
pena por pena su dolor sumaba,
y en cada circunstancia ponderaba
que sobraban mil muerte a una vida.

Y cuando, al golpe de uno y otro tiro
rendido el corazón, daba penoso
señas de dar el último suspiro,

no sé por qué destino prodigioso
volví a mi acuerdo y dije: ¿qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido más dichoso?

 Juana de Asbaje y Ramírez de Cantillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepanta, 1631-Ciudad de México, 1695),Versos profanos, Mondadori, Madrid, 1998

 Ilustración: Edipo e la Sfinge, 1968, Giorgio de Chirico

Silvina Ocampo / Epístola a Giorgio de Chirico




Epístola a Giorgio de Chirico

Giorgio de Chirico, yo fui su alumna.
Recuerdo el perfil griego y la manzana
y el cielo de París en la ventana
donde soñó el espacio y la columna.

Mientras pintaba yo impetuosamente,
en el silencio, atenta, su mirada,
me asustaba en su cara aprisionada;
Giorgio de Chirico, era usted paciente.

Y recuerdo, en sus cuadros, con un yeso,
pescados cuya sangre no manchaba:
usted para asombrarme la tocaba.
Yo me reí. Perdóneme por eso.

En el ámbito trágico del mar
de sus cuadros, el viento azul se calla,
y en el relámpago se ve en la playa
dos caballos con furia triangular.

Del carro de mudanzas con espejos,
de los muebles que pueblan el desierto,
del ventanal, con sombras, entreabierto,
sobre el místico ardor de los reflejos,

de aquellos habitantes de mi sueño,
de aquellos gladiadores en la arena,
de la niña del arco en la serena
calle patética, es usted el dueño.

Europa está sangrando; así es la guerra
con los follajes de las explosiones
que ha destruido los tiernos corazones,
los hijos, los hogares y la tierra.

Pero el mundo en sus cuadros, admirable,
que buscó el edificio y la moldura
y desdeñó del árbol la dulzura,
permanece en el tiempo, irrevocable.

Las alas del papel, los muros rojos,
la oscura catedral, el cisne triste,
lo que aún no pintó, para mí existe
con imágenes suyas en mis ojos.

El negro, el ocre y el azul -misterio
del aire en sus cuadros- me ha seguido
con fulgor en la vida. Ha prometido
la realidad buscar su cautiverio.

La centáurea es más densa, más abierta;
las estaciones oyen más secretos,
levantando los brazos, altos, quietos;
hay rumores de mar en cada puerta.

Giorgio de Chirico en un sueño arcano
a un muerto habló en las sombras del laurel:
"Oh Piranesi, el bello capitel
conmueve más, sin flores, que un verano.

No invocaré las hojas ni las ramas,
para pintar paisajes duraderos;
no invocaré los hombres verdaderos:
quiero del edificio el muro en llamas,

el hombre como un leño sobre el suelo,
las arañas de sombra estremecida,
la máscara, la espuma definida,
la atormentada formación del cielo".

Poemas de amor desesperado, 1949

Silvina Ocampo (Buenos Aires, 1903-1993), "Diez poemas de la década de 1940 seleccionados por Jorge Aulicino", Otro río que pasa, un siglo de poesía argentina contemporánea, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Autoritratto, 1922, Giorgio de Chirico

domingo, enero 22, 2012

Alda Merini / Leyenda




Leyenda

Podían esperar a tener un hijo,
pero es así. La palabra de nieve
se articula en una barraca
y se hunde de pronto en carnes que voces
tienen y gemidos. Encontrarán la luna
alta, los hijos; las cambiantes estaciones
y algún pariente lejano
que dice ser su abuelo.
Los hijos conocen el rostro que ven primero
y creen que es el alba de su discurso
y que deben hablar con una sola rima
sienten viajar en torno otros horizontes
no saben que el mundo está lleno de cantos mejores,
conocen el rostro de sus madres
y lo cambian solo por la música.

Alda Merini (Milán 1931-2009), Superba è la notte, Giulio Einaudi Editore, Turín, 2000
Versión de J. Aulicino

Leggenda

Potevano aspettare avere un figlio,
ma è cosí. La parola di neve
si articola dentro una baracca
e sprofonda improvvisa nelle carni che voci
hanno e gemiti. Essi troveranno la luna
alta, i figli, le mutate stagioni
e qualche parente alla lontana
che dicono essere il loro nonno.
I figli conoscono il viso che vedono primo
e credeno che sia l'alba del loro discorso
e che debbono parlare con una sola rima
sentono viaggiare intorno altri orizzonti
non sanno che il mondo è pieno di canti migliori,
conoscono il volto delle loro madri
e lo scambiano per la sola musica.

Ilustración: Risveglio, 1929, Anselmo Bucci

sábado, enero 21, 2012

Sor Juana Inés de la Cruz / Feliciano me adora y le aborrezco...





Continúa el asunto y aun le 
expresa con más viva elegancia

Feliciano me adora y le aborrezco;
Lisardo me aborrece y yo le adoro;
por quien no me apetece ingrato, lloro,
y al que me llora tierno, no apetezco:

a quien más me desdora, el alma ofrezco;
a quien me ofrece víctimas, desdoro;
desprecio al que enriquece mi decoro
y al que le hace desprecios enriquezco;

si con mi ofensa al uno reconvengo,
me reconviene el otro a mí ofendido
y al padecer de todos modos vengo;

pues ambos atormentan mi sentido:
aquéste con pedir lo que no tengo
y aquél con no tener lo que le pido.


Juana de Asbaje y Ramírez de Cantillana, Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepanta, 1631-Ciudad de México, 1695), Versos profanos, Mondadori, Madrid, 1998

Ilustración: Pianto d'amore (Ettore e Andromaca), 1974, Giorgio de Chirico

viernes, enero 20, 2012

Raúl Zurita / Sabía Ud. algo de las verdes áreas regidas?





Sabía Ud. algo de las verdes áreas regidas?

Sabía Ud. algo de las verdes áreas regidas por los
vaqueros y las blancas áreas no regidas que las vacas
huyendo dejan compactas   cerradas detrás de ellas?


  I. Esa área verde regida se intersecta con la
     primera área blanca no regida

 II. Ese cruce de áreas verdes y blancas se intersecta
     con la segunda área blanca no regida

III. Las áreas verdes regidas y las blancas áreas no
     regidas se siguen intersectando hasta acabarse las
     áreas blancas no regidas


Sabía Ud. que ya sin áreas que se intersecten comienzan
a cruzarse todos los símbolos entre sí y que es Ud.
ahora el área blanca que las vacas huyendo dejan a
merced del área más allá de Ud.  verde  regida por los
mismos vaqueros locos?


Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), Purgatorio, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2007

Foto: Zurita Vanguardia, México, 12.9.2011