martes, noviembre 25, 2014

Ewa Lipska / Eclipse lunar









La primera oración. Una lagartija inmóvil
en las canteras de la habitación.
Dolor de cabeza. Vacío atestado.
No se oye idea alguna.
Contemplo con los prismáticos las grises fibras de papel.
Un chantajista espera ya junto a la puerta.
En ese momento Hölderlin
sufre un ataque de furia. Me inclino
sobre un punto. Puntuación funeraria.
Una isla negra con la garganta de la bahía constreñida.
Observo un eclipse lunar.
Sobre lo demás he de reflexionar.

Ewa Lipska (Cracovia, Polonia, 1945), Fresas blancas, Huerga y Fierro, Madrid, 2001
Trad. de Fernando Presa González
Envío de Jonio González

lunes, noviembre 24, 2014

Louise Glück / Vísperas ["Una vez creí en vos..."]










Una vez creí en vos; planté una higuera.
Aquí, en Vermont, el país
del no verano. Era una prueba, si el árbol vivía,
significaba que vos existías.

Por esta lógica, vos no existís. O existís
únicamente en climas más cálidos,
en la ardiente Sicilia y Méjico y California
donde crecen los inconcebibles
damascos y delicados duraznos. Quizá
ellos vean tu rostro en Sicilia, aquí apenas vemos
el dobladillo de tus prendas. Debo organizarme
para compartir con John y Noah la cosecha del tomate.

Si hay justicia en algún otro mundo, aquellos
como yo, a los que la naturaleza fuerza
a vidas de abstinencia, deberían
obtener la mejor parte de todo, todos
objetos del hambre, la avaricia
de alabarte. Y nadie alaba
más intensamente que yo, con
un doloroso deseo más documentado que yo, o nadie
se merece sentarse a tu derecha, si existe, compartiendo
lo perecedero, la higuera inmortal,
que no viaja.

Louise Glück (Nueva York, 1943), The Wild Iris, The Ecco Press, Nueva York, 1992
Versión: Marina Kohon



Vespers ["Once I believed in you..."] 

Once I believed in  you; I planted a fig tree.
Here, in Vermont, country
of no summer. It was a test: if the tree lived,
it would mean you existed.

By this logic, you do not exist. Or you exist
exclusively in warmer climates,
in fervent Sicily and Mexico and California,
where are grown the unimaginable
apricot and fragile peach. Perhaps
they see your face in Sicily; here we barely see
the hem of your garment. I have to discipline myself
to share with John and Noah the tomato crop.

If there is justice in some other world, those
like myself, whom nature forces
into lives of abstinence, should get
the lion's share of all things, all
objects of hunger, greed being
praise of you. And no one praises
more intensely than I, with more
painfully checked desire, or more deserves
to sit at your right hand, if it exists, partaking
of the perishable, the immortal fig,
which does not travel.

domingo, noviembre 23, 2014

Ivana Romero / La palma de nuestras manos









Qué cosa las mujeres. Con nuestras vidas intensas, luminosas, difíciles.
Vamos por la vida abrazadas a otras, que nos llevan para no caer.
Vamos por la vida sosteniendo a las que hoy no pueden para que mañana sí.
Reímos y nos besamos en la calle porque no necesitamos explicar nada.
Qué bellas que somos.
Escuchándonos por horas en bares y pizzerías
mientras los hombres solitarios nos miran
y se hacen los desentendidos
porque estos fulgores, estos chispazos los desconciertan.
Saben los hombres mantener distancia,
venir a nuestro encuentro sólo cuando sienten que ya no molestan.
Hablamos mal de nosotras, las mujeres.
Nos creemos poca cosa cuando nos miramos en el espejo.
Hablamos bien de nosotras.
Tomamos los micrófonos, las calles, las iglesias, los juzgados.
Arrojamos todos los papeles que sobran por las ventanas.
Salimos en bicicleta por la ciudad, en taxis, en autos que echa fuego
para socorrernos para protegernos de la desdicha
como talismanes.
Nos contamos secretos escondidos en los astros
porque los astros llevan nuestro nombre.
Abortamos, las mujeres.
Nos desnudamos.
Tenemos hijos y desafiamos el desconcierto.
Hacemos de nuestros cuerpos el territorio de todas las batallas.

Ivana Romero (Firmat, Santa Fe, Argentina, 1976), en el blog La Biblioteca de Marcelo Leites

sábado, noviembre 22, 2014

Antonio Cisneros / Por Robert Lowell



                   





                       Lowell retornaba en taxi a Nueva York desde el 
                       aeropuerto Kennedy. Al llegar al destino el chofer 
                       se dio cuenta de que el pasajero no se movía 
                       constatando que estaba muerto. 

                                                                                                       N.Y. 13.9.77 ANSA


Del avión al taxi,del taxi al sudor frío, del sudor al diafragma cerrado.
90.000 kilómetros de sangre a la deriva en el fondo de un taxi.
Rojos caballos bajando las colinas, evitando las altas hierbabuenas,
corriendo, siendo, riendo,
hundiéndose en las aguas como el sol del Pacífico.
Más libres que un cadáver azul a la deriva.
Sólo tumbos y chillidos de delfín.
Sin duelo alguno en los acantilados. En el fondo de un taxi.

(No hay quien tome tu mano y te consuele y te seque el sudor
y te recuerde -en 14 segundos- el mar Atlántico contra un bosque de pinos
y el orden de la tierra perfecta como una tía vieja.)

Azul a la deriva.
No hay duelo en los semáforos que guardan el camino
ni un abeto en tu puerta todavía.

Antonio Cisneros (Lima, 1942-2012), "El libro de Dios y de los húngaros", 1978, Como un carbón prendido en la niebla, Lom, Santiago de Chile, 2007

viernes, noviembre 21, 2014

Benjamin Péret / Tres poemas












Hombre de cuarto hombre de mitad

Misterio del hombre o recíprocamente
Para explicar qué es preciso
Dos hombres y tres peces
Es un misterio
Para disminuir qué es preciso
Estar seguro de su edad
Es un misterio
Para aumentar qué es preciso
Marchar o descender o subir
Es un misterio
Tierra


Los pasajeros de segunda clase y sus cabellos

Yo corrí ahí
Dónde corres tú
En ninguna parte
Yo también
Entonces


Alarma más calculada

Estamos lejos o en tal caso
Hay agua que no se bebe
es el agua potable
Hay gentes que no se ven
son los muertos
tampoco se los oye
Por qué pretende usted lo contrario
Por qué grita tan fuerte
Usted ve bien que vamos a morir
yo no tengo ningún interés

Benjamin Péret (Rezé, 1899-París, 1959), El gran juego, Visor, Madrid, 1980
Trad. de Manuel Álvarez Ortega
Envío de Jonio González

jueves, noviembre 20, 2014

Johann Wolfgang Goethe / Las Gracias










De Fausto, Parte II

Las Gracias

   Aglae:
Y pues le damos a la vida gracia,
que el dar la deje ver todo momento.

   Hegemona:
En lo que recibáis poned la gracia;
amable es ver colmados los deseos.

   Eufrosina:
Sea en los cortos días apacibles
lleno de gracia el agradecimiento.

Johann Wolfgang Goethe (Frankfurt, 1749-Weimar, 1832), La poesía alemana de los primitivos al romanticismo, selección, prólogo y notas de Jaime Bofill y Fierro, traducción de Jaime Bofill y Fierro y Fernando Gutiérrez, José Janés Editor, Barcelona, 1947


Die Grazien

   Aglaia:
Ammut bringen wir ins Leben;
Leget Ammut in das Geben!

   Hegemone:
Leget Ammut ins Empfangen!
Lieblich ists, den Wunsch erlangen.

   Euphrosyne:
Und in stiller Tage Schranken
Höchst anmuting sei das Danken.


 Ilustración: J.W. Goethe por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein, 1787 (detalle)

miércoles, noviembre 19, 2014

Eliseo Diego / Dos poemas











Arqueología

Dirán entonces: aquí estuvo
la sala, y más allá,
donde encontramos los fragmentos
de levísimo barro, el sitio
del calor y la dicha.
Luego
vendrá una pausa, mientras
el viento alisa los hierbajos
inconsolables; pero
ni un soplo habrá que les evoque
la risa, el buenas tardes,
el adiós.


En la cocina

Enrosca el gato su delicia
de sí sobre sí mismo, duerme
de su principio a fin, secreto.
En tanto
esboza la penumbra disidencias
de cazuelas y potes, resistentes
al imperio del sueño.
Cae el mundo
por el filo del agua, gruñe
para sí el fuego, pero el gato
lo ignora:
permanece
sencillamente, inmune
a memoria y olvido, a salvo
en la delicia de su ser
- perfecto.

Eliseo Diego (La Habana, 1920 - Ciudad de México, 1994), Voy a mirar las cosas y otros poemas, Muestrario de Poesía, edición digital, 2009
Envío de Jonio González

Ilustración: Eliseo Diego (detalle) por Rapi, su hijo Constante Alejandro de Diego García Marruz, en Me quedaría con la poesía. Un blog para Wichy

martes, noviembre 18, 2014

Giovanni Giudici / De "Il ristorante dei morti", 2









El restaurante de los muertos

Miremos mínimamente a los otros.
Transitorio, Helvetius está de vuelta.
Tal vez no fue tan justo, un malentendido
Fuera llamado pro bono - o era
Yo el tonto en creer
Que es una especie de mago.
Temo que ni a él las cuentas le den.

Veámonos - y al punto
el restaurante a medio camino fue acordado.
Estuve allí -agrego- hace exactamente veintiún
Años con don Lorenzo Milani
La única vez que lo visité.
Y también Noventa -creo
Que vivía a dos pasos.

Nombro los nombres -
Cuánta historia me pasó por encima
A mí que soy un privado.
De uno con quien te encuentras puedes llegar a entender
Quién es -no en quién está por cambiar.
Pero si el poeta habló
Al futuro y al pasado, don Lorenzo
Que traía con él esa noche
La turbulenta escuadra
De los escolares de Barbiana - no,
Era todo presente, usaba a menudo
La vieja palabra "pueblo", alto hombre
Que tomaba al pie de la letra
Incluso la palabra "justicia".

Los muchachos que dieron vueltas
Por fábricas y despachos demandando al Rector
Por qué aquel hombre del rascacielos
Todo el día mandaba arriba y abajo el ascensor
Fueron llevados a la cama - y nosotros
Paseábamos por los márgenes del Parque
Bajo la suave lluvia.

De los proyectos futuros me puso al tanto -
Demostrar que la propiedad privada
De la cual goteamos
Era de los Padres de la Iglesia condenada.
Qué importancia tiene -
Repuse yo que en ese tiempo
Era todo teórica austeridad.

Miremos mínimamente a los de afuera, Helvetius -
Tú, explorador y científico del adentro.
Ríe -me has convocado al restaurante de los muertos.
Con tu relámpago de hielo azul rubio en el teléfono.
Cuánto de historia se comunica empero
Con nuestros indefensos recuerdos -
Pasó incluso Amelia, volaba como una túnica.


Giovanni Giudici (Le Grazie, Liguria, 1924-La Spezia, Liguria, 2011), Il ristorante dei morti, Mondadori, Milán, 1981


Il ristorante dei morti

Guardiamo un minimo agli altri.
Transitorio Helvetius si riaccosta.
Forse fu meno che giusto, un malinteso
Sia detto pro bono - o ero
Io lo sciocco a pensare
Che è una specie di mago.
Temo neppure a lui i conti tornino.

Vediamoci - e in breve
Il ristorante a mezza via è combinato.
Vi fui - soggiungo - fa essattamente ventuno
Anni con don Lorenzo Milani
La sola volta che lo avevo frequentato.
E poi Noventa - credo
Che lì a due passi abitava.

Nomino i nomi -
Quanto di storia è transitato addosso
A me che sono un privato.
Uno che incontri puoi anche capirlo
Chi è - non quel che è per diventare.
Ma se il poeta parlò
Al futuro e al passato, don Lorenzo
Che aveva con sé quella sera
La turbolenta schiera
Degli scolari di Barbiana - no
Era tutto al presente, usava spesso
La vecchia parola "popolo", uno alto
Che prendeva alla lettera
Persino la parola "giustizia".

I ragazi che avevano girato
Fabbriche e uffici, domandando al Rettore
Perché quell'uomo del grattacielo
Tuto il giorno a mandare su e giù l 'ascensore
Furoni messi a letto - e noi
Passeggiavamo proprio ai margini del Parco
Sotto la picola pioggia.

Dei progetti futuri mi ragguagliò -
Dimostrare che la proprietà privata
Della quale grondiamo
Era dai Padri della Chiesa condannata.
Quale importanza ha -
Risposi io che in quel tempo
Era tutto teorica austerità.

Guardiamo un minimo al di fuori, Helvetius -
Tu esploratore e scienziato del dentro.
Ridi - mi hai convocato al ristorante dei morti.
Con un tuo lampo di ghiaccio biondonlù nel telefono.
Quanto di storia però si comunica
Ai nostri indifesi ricordi -
Passò anche Amelia, volaba come una tunica.

lunes, noviembre 17, 2014

Giovanni Giudici / De "Il ristorante dei morti"







Toledo

XI. Conversación con un poeta filipino en Africa

Cuando hube terminado de exponerle la situación
Bello rostro asiático sin necesidad de comentario
También un amigo mío -respondió- tiene un caso así
Esperaba que tú me mostrases cómo salir de él

Tenía mi edad al revés
Y el aire de suponer que yo estaba
Mucho más allá del punto al que tendía
Llevando los años y el nombre de un hijo mío

Tengo una hija Miranda -continuó
El nombre es en honor de una plaza revolucionaria
Te juro me parece a mí mismo increíble
Estar aquí en un lugar que soñaba sobre los atlas

Al volver de ella toda la historia
Es clarísima - de A se va a B
Pero somos de los que deben remontarla
Arriesgándonos en la oscuridad salto tras salto

En un lugar lejano muchas horas de vuelo
Y muy lejos de su país él mismo
En medio de la calle en los balbuceos de las lenguas
Así le contaba cómo están nuestras cosas

Giovanni Giudici (Le Grazie, Liguria, 1924-La Spezia, Liguria, 2011), Il ristorante dei morti, Mondadori, Milán, 1981


Toledo

XI Conversazione con un poeta filippino in Africa

Poi che ebbi finito di esporgli la situazione
Bel viso asiatico incurante di commento
Anche un mio amico -rispose- ha un caso così
Speravo che tu proprio mi mostrassi come uscirne

Egli portava la mia età capovolta
E aveva l'aria si supporre che io ero
Bel al di là del punto verso il quuale tendeva
In sé portando gli anni e il nome di un mio figlio

Io ho una figlia Miranda -continuò
Il nome è preso da una piazza di rivolta
Ti giuro sembra anche a me da non crederci
Essere qui in un posto che sognavo sugli atlanti

A ridiscenderla tutta la storia
E chiarissima -da A si va a B
Ma noi siamo di quelli che dovevano salirla
Rischiando al buio salto dopo salto

In un luogo lontano molte ore di volo
E molto lontano dal suo paese egli stesso
A metà strada nel balbettare delle lingue
Così gli raccontavo le nostre cose come stanno

domingo, noviembre 16, 2014

Ignacio Di Tullio / De "Famiglia"










REPUBBLICA ITALIANA
Passaporto per l´ estero
7 Genn 1950

El padre de mi padre me mira fijo desde el papel amarillento. Quiere escapar de la fotografía. Su pasaporte dice manovale, figlio di Enrico e di Giovanna. Pondrá manos a la obra, cruzará el océano, bajará de un barco. Con esa mirada podría arrancar orejas con los dientes. Quiere desgarrar, fornicar, comer tierra. Vulnerar el corazón de una nación. Un hombre capaz de comerse a otros.
¿Pero qué culpa tenía tu hijo de todo esto? ¿Por qué no puede pronunciar tu nombre? Me contaron acerca de las trompadas en las orejas. Y ahora a mi padre le falta oído para algunas respuestas.
En la foto de la renovación tampoco quiso hablar. Luce cansado. Viste saco y corbata, se ha sacado el bigote. ¿Cómo será vivir en las fotografías descargando golpes en la cabeza?
Yo debería poder decir nonno. Mi padre, hablar de vos. Pero tiene tu nombre empozado en una mano. Y cada vez que lográs escapar de las fotos, la cierra.



Recuerda siempre al hombre
que cada sábado te despertaba
para que lo ayudaras con la casa.
Decía para qué llamar a alguien
si el único problema
que no tiene solución
es la muerte.
Recuerda su cara crecida de sombra
y los ojos achinados
por el humo del cigarrillo.
Subía a altillos y tejados
pero lo esperabas al pie de la escalera
con la caja de herramientas.
Fuiste su instrumentista.
Odiaste a ese cavernícola
que decía dejá y pedía
que le alumbraras con la linterna.
Parecía que no enseñaba pero recuerda
cuando arreglaba las cosas
te pedía que lo acompañaras.
Recuerda
su catequesis



Pienso en mi padre:
cuarenta años visitando la misma peluquería,
retomando las cosas, su callado ritual.
Ese hombre golpea siempre en el mismo sitio:
trabaja para tener las manos limpias,
escribe el largo poema de su reincidencia.
Otra vez, mi padre.
Confiándole su vida a un desconocido,
cortándose el pelo:
hay dos tijeras que silencian muchedumbres a cada susurro;
dos filos parecidos a dos riesgos cualquiera.
Y una inocencia reflejada en el espejo.
una inocencia de humano abatido:
casi una resignación.
También un peluquero, hace cuarenta años,
viene escribiendo el mismo poema.
Allí se marcha mi padre. Está vivo una vez más.
Cierra la puerta a espaldas de una fatiga de tijeras
y de un hombre de manos limpias que barre los cabellos
de los hombres.

Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Buenos Aires,1982), Famiglia, inédito

sábado, noviembre 15, 2014

Charles Baudelaire / El enemigo










Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.

Charles Baudelaire (París, 1821-1867), Las flores del mal, La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976
Versión de Antonio Martínez Sarrión.
Envío de Jonio González



L'Ennemi

Ma jeunesse ne fut qu'un ténébreux orage,
Traversé çà et là par de brillants soleils;
Le tonnerre et la pluie ont fait un tel ravage,
Qu'il reste en mon jardin bien peu de fruits vermeils.

Voilà que j'ai touché l'automne des idées,
Et qu'il faut employer la pelle et les râteaux
Pour rassembler à neuf les terres inondées,
Où l'eau creuse des trous grands comme des tombeaux.

Et qui sait si les fleurs nouvelles que je rêve
Trouveront dans ce sol lavé comme une grève
Le mystique aliment qui ferait leur vigueur?

— Ô douleur! ô douleur! Le Temps mange la vie,
Et l'obscur Ennemi qui nous ronge le coeur
Du sang que nous perdons croît et se fortifie

viernes, noviembre 14, 2014

Amy Lowell / Dos poemas










Circunstancia

Sobre las hojas de arce
brilla rojo el rocío
pero sobre la flor de loto
tiene la blanca transparencia de las lágrimas.


Ángulos

La lluvia es oscura contra el cielo blanco
o blanca contra el follaje de eucaliptos.
Pero en el estanque es una lámina de ámbar y malva
por los crisantemos
amontonados en su borde.

Amy Lowell (Boston, 1874-1925), Poemas japoneses, Palimpsesto, Sevilla, 2013
Trad. de Eva Gallud Jurado
Envío de Jonio González

miércoles, noviembre 12, 2014

Umberto Saba / A mi mujer










Eres como una joven,
como una blanca polla.
Se le ahuecan las alas al viento
las plumas, baja el cuello
para beber, la tierra escarba;
mas su andar tiene el lento
paso tuyo de reina,
y se marcha por la hierba
pretenciosa y soberbia.
Es superior al macho.
Es como lo son todas
las hembras de todos
los puros animales
que avecinan a Dios.
Así, si el ojo, si el criterio mío
no me engaña, son éstas tus iguales
y no mujer alguna.
Cuando las adormece la noche,
las polluelas
emiten voces que recuerdan esas
tan dulces con que a veces de tu males
te quejas, sin saber
que en tu voz hay la delicada y triste
música del gallinero.

Tú eres como una grávida
ternera;
alegre y sin pesadez
todavía, incluso jubilosa;
que vuelve el cuello donde
tiñe la carne un rosa
tierno, si la acaricias.
Y si la encuentras y mugir
la oyes, tan lastimero es
ese sonido, que arrancas hierba
para hacerle un regalo.
Así mi don te ofrezco
cuando te encuentro triste.

Eres como una perra
que tiene siempre tanta
dulzura en la mirada
y crueldad en el alma.
A tus pies una santa
parece, que arde en una
devoción indomable,
y así te considera
su Dios y su Señor.
Si en casa o por la calle
te sigue, a quien intente
sólo acercársete, los dientes
blanquísimos le enseña.
Y su cariño sufre
de celos.

Eres como la tímida
coneja, que en la estrecha
jaula, enhiesta al verte
se alza,
y hacia ti las orejas
fijas y altas extiende,
pues afrecho y achicoria
le traes, que si de ellos
carece, se acurruca
en rincones oscuros.
¿Quién podría quitarle
ese alimento? ¿Quién, el pelo
que se arranca a sí misma
para agregarlo al nido
donde ha de tener cría?
¿Quién hacerte sufrir?

Eres como la golondrina
que vuelve en primavera.
Pero en otoño parte
y no es tuyo este arte.
Tú tienes esto de la golondrina:
la liviana apostura,
esto que a mí, que me sentía viejo
y lo era, me anunciaba otra primavera.

Eres como la hormiga
previsora. De ella le habla
la abuela al niño
que la acompaña
cuando salen al campo.
Y así te encuentro
en la abeja y en todas
las hembras de todos
los puros animales
que avecinan a Dios,
y no en mujer alguna.

Umberto Saba (Trieste, 1883 - Gorizia, 1957), Poetas italianos del siglo XX, selección, prologo, traducción y notas de Horacio Armani, Librería Fausto, Buenos Aires, 1973

Nota del traductor: Saba narra que este poema, en que compara a su mujer con diversos animales, suscitó al principio alegres carcajadas. La pieza, sin embargo, ha ganado fervientes admiradores. [Edoardo] Sanguinetti expresa que si debiese conservar una sola poesía de Saba, ésta sería la elegida.


A mia moglie

Tu sei come una giovane
una bianca pollastra.
Le si arruffano al vento
le piume, il collo china
per bere, e in terra raspa;
ma, nell'andare, ha il lento
tuo passo di regina,
ed incede sull'erba
pettoruta e superba.
È migliore del maschio.
È come sono tutte
le femmine di tutti
i sereni animali
che avvicinano a Dio,
Così, se l'occhio, se il giudizio mio
non m'inganna, fra queste hai le tue uguali,
e in nessun'altra donna.
Quando la sera assonna
le gallinelle,
mettono voci che ricordan quelle,
dolcissime, onde a volte dei tuoi mali
ti quereli, e non sai
che la tua voce ha la soave e triste
musica dei pollai.

Tu sei come una gravida
giovenca;
libera ancora e senza
gravezza, anzi festosa;
che, se la lisci, il collo
volge, ove tinge un rosa
tenero la tua carne.
se l'incontri e muggire
l'odi, tanto è quel suono
lamentoso, che l'erba
strappi, per farle un dono.
È così che il mio dono
t'offro quando sei triste.

Tu sei come una lunga
cagna, che sempre tanta
dolcezza ha negli occhi,
e ferocia nel cuore.
Ai tuoi piedi una santa
sembra, che d'un fervore
indomabile arda,
e così ti riguarda
come il suo Dio e Signore.
Quando in casa o per via
segue, a chi solo tenti
avvicinarsi, i denti
candidissimi scopre.
Ed il suo amore soffre
di gelosia.

Tu sei come la pavida
coniglia. Entro l'angusta
gabbia ritta al vederti
s'alza,
e verso te gli orecchi
alti protende e fermi;
che la crusca e i radicchi
tu le porti, di cui
priva in sé si rannicchia,
cerca gli angoli bui.
Chi potrebbe quel cibo
ritoglierle? chi il pelo
che si strappa di dosso,
per aggiungerlo al nido
dove poi partorire?
Chi mai farti soffrire?

Tu sei come la rondine
che torna in primavera.
Ma in autunno riparte;
e tu non hai quest'arte.

Tu questo hai della rondine:
le movenze leggere:
questo che a me, che mi sentiva ed era
vecchio, annunciavi un'altra primavera.

Tu sei come la provvida
formica. Di lei, quando
escono alla campagna,
parla al bimbo la nonna
che l'accompagna.

E così nella pecchia
ti ritrovo, ed in tutte
le femmine di tutti
i sereni animali
che avvicinano a Dio;
e in nessun'altra donna.