viernes, julio 01, 2016

Gabriel Chávez Casazola / Dos poemas










La Odisea, libro XVII

Ese mendigo que, estopa en crisma ves llegar,
ese despojo
que Atenea ha vestido
y a quien nadie conoce, ya cerca de casa,
al final del camino iniciado
veinte años ha,
es, sin embargo,
(lo has descubierto con un temblor de tus orejas)
el mismo apuesto doncel que te enseñara
a cazar ciervos y liebres por el monte
en aquellas tardes de libertad
cuando eras raudo y tu cuerpo elástico
y no esta
cosa
que yace hoy sobre el estiércol
(estopa en pelo, despojo también tú).
Mas, sin embargo,
-con la certeza instintiva que da la amistad
que profesan los de tu especie, no los de la nuestra-
en este alto mediodía eres el solo capaz de reconocer
(ni Eumeo ni Filetio ni tan siquiera Telémaco)
al astroso que llega y menearle el rabo
en penúltima señal de alegría
(veinte años ha el camino)
justo antes de ser a tu vez reconocido,
esbelto galgo de ayer,
por Ulises que retorna a habitar lo que es suyo
y atravesar de parte a parte a los traidores
pretendientes
que te dejaban morir en el estiércol
porque les recordabas
al amigo incómodo que se llevaron (pero no para siempre, lo intuías)
los mares,
y al que creían ya morador definitivo
de esotra orilla
donde seguramente nos reencontraremos contigo,
Argos,
en alguna de tus formas y tus nombres
de invariable aunque múltiple
complicidad
con nosotros, pobres hombres,
que no te merecemos.



Ya nada queda por descubrir a lo largo y ancho de esta tierra, todos
los cabos, las bahías, las penínsulas, los istmos,
los volcanes encendidos y los volcanes apagados,
los mares, los océanos,
incluso las corrientes submarinas y
hasta la última isla otrora ignota
todos
los puntos de la geografía y todas las geografías
han
perdido
su misterio.

Tienen
nombre
–es el problema–
y ahora que nada queda por nombrar, tampoco
quedan héroes, pioneros, descubridores, adelantados,
y ni siquiera
viajeros de aventuras.

Sólo
restan
los libros
y la
remota y siempre tentadora
posibilidad de un asalto a los transbordadores.

Gabriel Chávez Casazola (Sucre, Bolivia, 1972), Cámara de niebla, Plural Editores, La Paz, 2015




miércoles, junio 29, 2016

Sandro Penna / Tres poemas











Yo en la rada...

Yo en la rada seguía a un chico encantado
solo de sí, entre escasas luces. Solo yo
mantenía al chico suspendido en el mundo.


Yo quisiera...

Yo quisiera vivir adormecido
en el suave rumor de la vida.


Feliz

Feliz del que es distinto
siendo distinto.
Pero pobre del que es distinto
siendo común.

Sandro Penna (Perugia, Italia, 1906-Roma, 1977), Una extraña alegría de vivir, traducción de Carlos Vitale, La garúa, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2004


IO NELLA RADA...

Io nella rada seguivo un fanciullo incantato
solo di sé, fra rare luci. Io solo
tenevo il fanciullo sospeso nel mondo.


IO VIVERE...

Io vivere vorrei addormentato
entro il dolce rumore della vita.  


FELICE...

Felice chi è diverso
essendo egli diverso.
Ma guai a chi è diverso
essendo egli comune.






martes, junio 28, 2016

William Blake / La esencia humana










No existiría la Piedad
si no hiciéramos pobre a alguien;
y no haría falta la Misericordia
si todos fuesen tan dichosos como nosotros.

Y el miedo recíproco trae paz,
hasta que el amor egoísta se incrementa:
entonces la Crueldad arma su trampa
y esparce sus cebos con cautela.

Se instala con santos temores,
y riega con lágrimas la tierra;
entonces debajo de sus pies
echa raíces la Humildad.

Rápido extiende sobre su cabeza
sombras lúgubres de Misterio;
y la Oruga y la Mosca
se nutren de tal Misterio.

Luego crece el fruto del Engaño,
rubicundo y dulce al paladar;
y el Cuervo su nido instala
en el ramaje más tupido.

Los Dioses de la tierra y el mar
escrutaron la Naturaleza para hallar tal Árbol;
pero la búsqueda fue toda en vano:
crece uno en cada Cerebro Humano.


William Blake (Londres 1757-1827),  Canciones de Inocencia y de Experiencia, traducción de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo, Cátedra, Madrid, 2009

Envío de Jonio González
Ilustración: William Blake, autorretrato (detalle)


THE HUMAN ABSTRACT

Pity would be no more
If we did not make somebody poor
And Mercy no more could be
If all were as happy as we.

And mutual fear brings Peace
Till the selfish loves increase
Then Cruelty knits a snare
And spreads his baits with care.

He sits down with holy fears,
And waters the ground with tears;
Then Humility takes its root
Underneath his foot.

Soon spreads the dismal shade
Of Mystery over his head,
And the caterpillar and fly
Feed on the Mystery.

And it bears the fruit of Deceit,
Ruddy and sweet to eat,
And the raven his nest has made
In its thickest shade.

The Gods of the earth and sea
Sought through nature to find this tree,
But their search was all in vain:
There grows one in the human Brain. 



lunes, junio 27, 2016

Ignacio Di Tullio / Dos poemas











Como magma espeso

Como magma espeso de la garganta del Vesubio
viene subiendo desde el primer hombre
por las napas del tiempo
una lenta lava que disuelve escombros
derrite arterias
y sigue hasta alcanzar la superficie
donde agrieta las placas tectónicas
y la soledad de la llanura es testigo del seco crepitar.
Empuja hasta hinchar y fracturar el suelo
y el eco de un estallido llega a los caseríos.
Paisanos y lugareños se congregan alrededor del milagro:
un geiser de limo rojo busca altura
la tierra escupe su verdad.
Desde las profundidades de nuestra especie
viene subiendo como fuego líquido
el milenario estofado
de la famiglia.


El peluquero

Pienso en mi padre:
cuarenta años visitando la misma peluquería
retoma el callado ritual.
El hombre que golpea siempre en el mismo lugar
trabaja para tener las manos limpias.

las tijeras silencian muchedumbres
a cada susurro
dos filos parecidos a un riesgo cualquiera.
Y reflejada en el espejo
la inocencia de un hombre abatido
casi una resignación

Hace cuarenta años
padre y peluquero
escriben a dos manos
el poema de una reincidencia.

Cierra la puerta
a espaldas de una fatiga de tijeras
y del hombre
que barre los cabellos de los hombres.


Ignacio Di Tullio (Villa Adelina, Argentina, 1982)



Famiglia,
Ediciones del Dock,
Colección La Verdad se Mueve,
Buenos Aires, 2016








Foto: Ignacio Di Tullio en FB



domingo, junio 26, 2016

Salvatore Quasimodo / A un poeta enemigo









Sobre la arena de Gela color de la paja
me tendía de niño a la orilla del mar
antiguo de Grecia con muchos sueños en los puños
apretados y en el pecho. Allí Esquilo exiliado
midió versos y pasos desconsolados,
en aquel golfo árido el águila lo vio
y fue el último día. Hombre del Norte, que me quieres
mínimo o muerto para tu paz, espera:
la madre de mi padre tendrá cien años
en la nueva primavera. Espera: que yo mañana
no juegue con tu cráneo amarillo por las lluvias.

Salvatore Quasimodo (Modica, Italia, 1901-Nápoles, Italia, 1968), Il falso e vero verde, Mondadori, Milán, 1956
Versión de Carlos Vitale
Más en Via Sole

Nota del Administrador: Este poema estaba originariamente dedicado a Giuseppe Marotta, quien no puede ser otro que el narrador, guionista y crítico napolitano nacido en 1902 y muerto en 1963. La dedicatoria no necesariamente se entiende como el nombre del "poeta enemigo". Aunque pasó gran parte de su vida en Milán, Marotta no era "hombre del norte" sino de Nápoles, adonde regresó para morir.


A UN POETA NEMICO

Su la sabbia di Gela colore della paglia
mi stendevo fanciullo in riva al mare
antico di Grecia con molti sogni nei pugni
stretti e nel petto. Là Eschilo esule
misurò versi e passi sconsolati,
in quel golfo arso l’aquila lo vide
e fu l’ultimo giorno. Uomo del Nord, che mi vuoi
minimo o morto per tua pace, spera:
la madre di mio padre avrà cent’anni
a nueva primavera. Spera: che io domani
non giochi col tuo cranio giallo per le piogge.




sábado, junio 25, 2016

Diego Colomba / En el ojo de quien mira










Ahora que la luz pulsa los vibrantes colores solares de
la quinta

que les sale un sarpullido dorado a los tallos de las
trepadoras

que vuelan basuritas y pájaros en la penumbra verdosa
del naranjo

yo aboceto, sin buscarlo, el minuto de un brillo que
empieza a corromperse.

Y no hay distingos lumínicos para mi propia urticaria,
mis picaduras, mis quemaduras del sol en la piel

ni para mis moretones, mis costras que supuran, ni para
la tripa del ombligo mal cortado que dejo al descubierto.

La verdad de mi versión no se resiente, fresca y natural
como la digo, en un mundo

de impresiones donde nada parece sustraerse a la
fuerza de un destino.

Diego Colomba (San Nicolás, Argentina, 1972), El largo aliento, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2016

Foto: Diego Colomba en FB




viernes, junio 24, 2016

Aldo Oliva / Utopía










Vamos, arráncate ese rencor
que hace existir el trémulo eco
de tu voz; déjalo florecer
en las foliaciones de otra
furia: esa posible ondulación
donde module la incidencia
que emerge de la ávida dulzura
que estremece la esencialidad
de tus manos: ésa, la insumisa,
virtual y real, que armó tu cuerpo
e imaginó tu espíritu.
              Desde el balcón
aspiro la sombra, casi sagrada,
de otra sombra: algo que fue; pero que,
semental, en una incontinencia
de altura que, a veces, suponemos alma,
transfiguró la tiniebla en una
tenuidad donde poder,
era trama sutil que, locamente,
arrastramos a las configuraciones
del endulcamiento incierto del futuro.

Aldo Oliva (Rosario, Argentina, 1927-2000), "Poemas 1998-2000", Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, 2003



jueves, junio 23, 2016

Francis Ponge / Las moras











En los matorrales tipográficos constituidos por el poema sobre una ruta que no lleva fuera de las cosas ni al espíritu, algunos frutos están formados de una aglomeración de esferas llenas de una gota de tinta.

*

Negros, rosados y caquis juntos en el racimo, ofrecen más bien el espectáculo de una familia arrogante en sus diversas edades que el de una tentación muy viva en la cosecha.

Vista la desproporción de las pepitas y la pulpa, los pájaros los aprecian poco, tan poca cosa en el fondo les queda cuando del pico al ano han hecho su travesía.

*

Pero el poeta en el curso de su caminata profesional, va al grano a saciedad: [4] “Así, pues, se dice, dan resultado en gran medida los esfuerzos pacientes de una flor frágil aunque defendida por una maraña ingrata de zarzas. Sin muchas otras cualidades —moras, están perfectamente maduras [5] —como también este poema está hecho.”

Francis Ponge (Montepellier, 1899-Le Bar-sour-Loup, Francia,1988), de la antología crítica que publicará Gog y Magog en Buenos Aires, con traducción, selección y notas de Waldo Rojas
Más poemas en Op. Cit.


De las Notas del traductor

 [4]. “…en prend de la graine à raison”: este enunciado reúne, y, en el contexto, actualiza simultáneamente, ambos sentidos figurado y recto de dos locuciones habituales; la primera, “en prendre de la graine”, literalmente ‘coger semillas (de un vegetal)’, sentido que desaparece en la aplicación corriente de su significado estereotípico: ‘obtener una enseñanza, un ejemplo que seguir’. La segunda, “à raison”, significa ‘en cantidad’, ‘a saciedad’, al mismo tiempo que ‘con razón’.
Este juego de palabras que religa dos niveles de realidad, sostiene, como se advertirá, el postulado retórico de la analogía entre las moras y el poema, al servicio del principio imaginario según el cual el poema, todo poema, es semejante a un matorral de moras, postulado del cual este texto es la “teoría” y su ilustración.

[5]. “…mûres, parfaitement elles sont mûres”: este enunciado está construido sobre una ambigüedad semejante a la del juego de palabras anotado anteriormente, pues “mûre” es al mismo tiempo el fruto de la zarzamora, y, sin relación etimológica con ese nombre común, el adjetivo femenino plural ‘maduras’; puesto en relación con el comienzo del poema, la ‘mora/madura’ es el equivalente metapoético del poema mismo llevado a su término.



miércoles, junio 22, 2016

Osvaldo Aguirre / Las conversaciones nocturnas










Era para sacar una foto,
pero nadie se tomó
la molestia, parecía que nunca
haría falta y quién sabe
si había una cámara.
Ahora no quedan recuerdos
salvo de un casamiento
que hubiera sido mejor perderlo
y de parientes lejanos,
ilustres desconocidos
que echarán de menos
lo que nosotros
tenemos de sobra.
Pero si cierro los ojos
puedo ver las luces
del pueblo y los silos
de la federación agraria
en el horizonte,
tal como se apreciaban
desde el corredor de baldosas
rojas al que nos empujaba,
todavía bien entrada la noche,
el calor. Cierro los ojos
y el borde desparejo del piso
me raspa la espalda,
como si estuviera tirado,
con las manos cruzadas
detrás de la cabeza,
ante el espectáculo del cielo.
Igual al que sigue
por primera vez un camino
íbamos a tientas con nombres,
datos y fechas aprendidas
en Explorando los planetas,
un regalo de nochebuena,
y lo que nos contaban
sobre gente que se suicidaba
por el cometa Halley,
que en poco tiempo volvería
a acercarse a la Tierra,
las misiones Apolo, la forma
en que la NASA
preparaba a un astronauta
y la cuenta regresiva
hasta iniciar el despegue
en Cabo Cañaveral. ¿Por qué
algunas estrellas tenían
una luz tan blanca?
¿Cómo se las ingeniaría
alguien que quisiera
alcanzar la que estuviera
a infinita, infinita,
pero infinita distancia?
¿Qué hubo antes del principio
y que habría después
del final? Compromisos,
funerales, graves ofensas,
nacimientos, viajes
y por si fuera poco
un premio de lotería
rompieron el círculo
en poco tiempo,
la casa quedó vacía
y a oscuras,
pero las preguntas
se reavivan al soplo
de la memoria y sus lagunas,
y las antiguas conversaciones
nocturnas en el corredor
continúan y se expanden,
como el propio universo,
cuando cierro los ojos.

Osvaldo Aguirre (Colón, Buenos Aires, Argentina, 1964), La prueba de la pérdida, inédito
Foto: Osvaldo Aguirre en FB




martes, junio 21, 2016

Angel Faretta / Saturno en Puerta de Hierro










No dejaré que me castren,
lo haré yo antes,
ni que lleguen a mi Olimpo
custodiado por caniches.
Lo haré con la hoz sin el martillo,
con el cuchillo sin el gaucho
y el filo de mi voz repetida
una y mil veces y que dice
dos cosas al mismo tiempo.
Tengo que vivir todavía,
para ello me multiplicaré en copias,
consignas y videos -que es “yo veo”
en los Vedas. Serán todos parias
de mis órdenes duales.
En mi jardín de Epicuro complutense
sobreviviré a todo, a todo,
aún a mi propia leyenda.
La sangre joven, la carne fresca
es el mejor alimento para este dios ocioso
que tiene los dientes de un león herbívoro;
pero si no se come es excitante
verlo hacer a los demás.
La sangre derramada, la carne,
que desgarran jóvenes colmillos
nunca ahítos y que deben pedir más
y más carne en la parrilla sacrificial.
Soy el dios ocioso en puerta de hierro
cerrado a cal y canto al afuera,
sea historia, influencia, noticia.
No sé si volveré,
menos si seré millones,
Sí que dejaré una mancha imborrable
En el alma de todos mis hijos.

Estéril como soy,
tendré una larga descendencia
que guiaré, como el ogro del cuento,
hasta los desolladeros; llevados
por mi voz ronca de tanto grito póstumo.
En los extramuros,
en el limes de la civis
se levantan los desolladeros.
Una cruenta fiesta se prepara,
seré su severo arcángel exterminador.
¡Ay, ya no de los vencidos
sino de los convencidos!
Los he criado como sacrificadores
y serán los sacrificados en el altar.
No sacerdotes sino primicias,
las pingües carnes homéricas
vueltas casi núbiles presas
alimentadas con la avena
del progreso y el afrecho
de las vanguardias.

(inédito)


Ángel Faretta (Buenos Aires, 1953)
Foto: Ángel Faretta en FB



lunes, junio 20, 2016

Jaime Gil de Biedma / Trompe l'oeil










Indiscutiblemente, no es un mundo
para vivir en él.
Esas antenas,
cuyas complicaciones, sobre el papel, adquieren
una excesiva deliberación,
y lo mismo esos barcos como cisternas madres
amamantando a los remolcadores,
son la flora y la fauna de un reino manual,
de una experiencia literal
mejor organizada que la nuestra.

Aunque la vaguedad quede en el fondo
- la dulce vaguedad del sentimiento,
que decía Espronceda -, suavizando
nuestra visión del tándem y la azada,
de todos cuantos útiles importa conocer.
(Como aquellos paisajes, en la Geografía
Elemental de Efetedé,
con ríos y montañas abriéndose hacia el mar,
mientras el tren, en primer término,
enfila el viaducto junto a la carretera,
por donde rueda solitariamente
un automóvil Ford, Modelo T.)

Que la satisfacción de la nostalgia
por el reino ordenado, grande y misterioso
de la tercera realidad
no sólo está en el vino y en las categorías:
también hacen soñar estas imágenes
con un mundo mejor.

Las lecciones de cosas siempre han sido románticas
- posiblemente porque interpretamos
los detalles al pie de la letra
y el conjunto en sentido figurado.

Jaime Gil de Biedma (Barcelona, España, 1929-1990), Las personas del verbo, Barral Editores, Barcelona, 1975
Envío de Jonio González




domingo, junio 19, 2016

Giuseppe Ungaretti / La piedad










1

Soy un hombre herido.

Y me quisiera ir
Y finalmente llegar,
Piedad, donde se escucha
Al hombre que está solo consigo.

No tengo más que soberbia y bondad.

Y me siento exiliado entre los hombres.

Pero por ellos sufro.

¿Acaso no soy digno de volver en mí?

He poblado de nombres el silencio.

¿He hecho pedazos corazón y mente
Para caer en servidumbre de palabras?

Reino sobre fantasmas.

Oh, hojas secas,
Alma llevada aquí y allá...

No, odio al viento y su voz
De bestia inmemorial.

Dios, los que te imploran
¿No te conocen ya más que de nombre?

Me has expulsado de la vida.

¿Me expulsarás de la muerte?

Quizá el hombre sea también indigno de esperar.

¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?

Qué importa el pecado,
Si ya no conduce a la pureza.

La carne recuerda apenas
Que ha sido fuerte alguna vez.

Está loca y gastada, el alma.

Dios, mira nuestra debilidad.

Quisiéramos una certeza.

¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?

Y compadécenos, entonces, crueldad.

Ya no puedo más de estar amurallado
En el deseo sin amor.

Muéstranos un indicio de justicia.

¿Cuál es tu ley?

Fulmina mis pobres emociones,
Libérame de la inquietud.

Estoy cansado de clamar sin voz.


2

Melancólica carne
Donde una vez brotó la alegría,
Ojos entreabiertos del despertar cansado,
¿Tú ves, alma demasiado madura,
Al que seré, caído en la tierra?

Está en los vivos el camino de los muertos,

Nosotros somos el aluvión de sombras,

Ellas son el trigo que nos estalla en sueños,

Suya es la lejanía que nos queda,

Y suya es la sombra que da peso a los nombres.

¿La esperanza de un cúmulo de sombra
Y sólo eso es nuestra suerte?

¿Y tú no serías más que un sueño, Dios?

Al menos queremos, temerarios,
Que un sueño se te parezca.

Es fruto de la demencia más clara.

No tiembla entre nubes de ramas
Como gorriones en la mañana
Al filo de los párpados.

En nosotros está y languidece, llaga misteriosa.


3

La luz que nos hiere
Es un hilo cada vez más sutil.

¿Ya no deslumbras tú, si no matas?

Dame esta alegría suprema.


4

El hombre, monótono universo,
Cree aumentar los bienes
Y de sus manos febriles
No salen sin fin más que límites.

Aferrado sobre el vacío
A su hilo de araña,
No teme ni seduce
sino a su propio grito.

Remedia el desgaste levantando tumbas,
Y para pensarte, Eterno,
No tiene más que blasfemias.

Giuseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 1888 - Roma, 1970), Vida de un hombre (Poesía completa), traducción de Carlos Vitale, Ediciones Igitur, Tarragona, 2015



La pietà

1

Sono un uomo ferito.

E me ne vorrei andare
E finalmente giungere,
Pietà, dove si ascolta
L’uomo che è solo con sé.

Non ho che superbia e bontà.

E mi sento esiliato in mezzo agli uomini.

Ma per essi sto in pena.
Non sarei degno di tornare in me?

Ho popolato di nomi il silenzio.

Ho fatto a pezzi cuore e mente
Per cadere in servitù di parole?

Regno sopra fantasmi.

O foglie secche,
Anima portata qua e là...

No, odio il vento e la sua voce
Di bestia immemorabile.

Dio, coloro che t’implorano
Non ti conoscono più che di nome?

M’hai discacciato dalla vita.

Mi discaccerai dalla morte?

Forse l’uomo è anche indegno di sperare.

Anche la fonte del rimorso è secca?

Il peccato che importa,
Se alla purezza non conduce più.

La carne si ricorda appena
Che una volta fu forte.

È folle e usata, l’anima.

Dio, guarda la nostra debolezza.

Vorremmo una certezza.

Di noi nemmeno più ridi?

E compiangici dunque, crudeltà.

Non ne posso più di stare murato
Nel desiderio senza amore.

Una traccia mostraci di giustizia.

La tua legge qual è?

Fulmina le mie povere emozioni,
Liberami dall’inquietudine.

Sono stanco di urlare senza voce.


2

Malinconiosa carne
Dove una volta pullulò la gioia,
Occhi socchiusi del risveglio stanco,
Tu vedi, anima troppo matura,
Quel che sarò, caduto nella terra?

È nei vivi la strada dei defunti,

Siamo noi la fiumana d’ombre,

Sono esse il grano che ci scoppia in sogno,

Loro è la lontananza che ci resta,

E loro è l’ombra che dà peso ai nomi.

La speranza d’un mucchio d’ombra
E null’altro è la nostra sorte?

E tu non saresti che un sogno, Dio?

Almeno un sogno, temerari,
Vogliamo ti somigli.

È parto della demenza più chiara.

Non trema in nuvole di rami
Come passeri di mattina
Al filo delle palpebre.

In noi sta e langue, piaga misteriosa.


3

La luce che ci punge
È un filo sempre più sottile.

Più non abbagli tu, se non uccidi?

Dammi questa gioia suprema.


4

L’uomo, monotono universo,
Crede allargarsi i beni
E dalle sue mani febbrili
Non escono senza fine che limiti.

Attaccato sul vuoto
Al suo filo di ragno,
Non teme e non seduce
Se non il proprio grido.

Ripara il logorio alzando tombe,
E per pensarti, Eterno,
Non ha che le bestemmie.





sábado, junio 18, 2016

Juan Desiderio / Honores al que va, luto al que se queda









Honores al que va, luto al que se queda
Late desde el centro, todo lo que es
Arde la carroña, bocado predilecto
Para fantasmas con buitres en los hombros.

Frutas doradas en arbustos peligrosos
Especias del mas allá, alguna trampa
Entonces la boca se excita, y el paladar
Es un cielo con suspiros y campanas.

Y que va, si para siempre es lo que se dice
La nave sigue recopilando nuestra historia
Piloteada por un amnésico que sonríe
Hasta esfumarse, en la mañana.

Juan Desiderio (Buenos Aires, 1962), Obra poética (1990/2014), Hesíodo, Buenos Aires, 2015
Foto: Juan Desiderio en FB




viernes, junio 17, 2016

Andreu Vidal / Dos poemas















No hurgues mucho en el resplandor del instante
en este sonido
                    magnífico de pulmones
ingrávidos respirando
en oscuridad afable,
bien podrías, entonces,
                                 cuando después de los fuegos
la noche recobra su negrura,
encontrarte entre las uñas un extraño
residuo luminoso:
                         la delgada capa de oro
que cubre el plomo negro de las horas.


***

Sabrás por mí
el nombre de todos los vientos,
los de la tierra
y los del mar. Del tuyo
jamás diré palabra.

Andreu Vidal (Palma de Mallorca, España, 1959-1998), Obra  poètica i altres escrits, Edicions del Salobre, Mallorca, 2008
Versiones de Jonio González


No furguis gaire en la lluor de l’instant,
dins aquest so
                    magnífic de pulmons
ingràvids respirant
dins fosca afable,
ben bé podries, llavors,
                                 quan després dels focs
la nit recobra sa negror,
trobar-te entre les ungles un estrany
residu lluminós:
                      la fina capa d’or
que cobreix el plom negre de les hores.


***

Sabràs per mí
el nom de tots els vents,
els de la terra
i els de la mar. Del teu
mai no diré paraula




jueves, junio 16, 2016

Carlos López Degregori / Bala










Tengo esta bala de helada plata para ti.
Anoche la preparé con sucia, infalible, dulce sangre. Recé horas con ella. La acompañé con velas y las más secretas jaculatorias.
Primero la cegué porque una bala nunca debe ver el aire ominoso ni el cuerpo que encontrará. Después la ensordecí para que no escuche los gritos ni las amenazas ni la música de la carne y los huesos partiéndose.
Sólo le dejé los labios para que pudiera silbar.
Entiéndeme:
Los silbidos son las palabras de las balas: son sus besos últimos y desaforados adentrándose en la lisura de la noche: su extrañeza, su ruego, su respiración.

Carlos López Degregori (Lima, 1952), Flama y respiración, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2005
Vía Claudio Archubi