sábado, abril 25, 2015

Selma Meerbaum-Eisinge / Un paseo











...tantas gallinas y un pequeño perro blanco
y un cielo tan colorido y brillante;
el árbol estéril parece tan fantasmal
y las casas grisáceas tan desprovistas de vigor..
Diminutas gotas de lluvia cuelgan de las ramas
y las distantes montañas están envueltas en silencio.

Los campos no son más que terrones del marrón más oscuro
y aquí y allá un poco de amarillo verdoso
hacia el que unos gorriones pequeños, tontos, jóvenes y atrevidos
se precipitan igual que niños chillones...
Y a lo lejos la ciudad con sus torres,
con sus casas que surgen impetuosas, tan luminosas y alegres,

es como una imagen de un cuento de hadas.
El aire está quieto, cargado de anhelo,
de modo que esperas las azules alondras
y quieres navegar en pequeños botes de remos.

Aquí crecen ásteres blancos, blancos y puros,
y allá la cabeza de una col, pequeña y joven.
Son como una sombrilla perdida hace tiempo
en el medio de calles cubiertas de nieve.
Un conejo pasa corriendo, no puedes creerlo:
el verano, o eso parece, está de nuevo aquí.

                                            Noviembre 29, 1939

Selma Meerbaum-Eisinger (Czernowitz, Rumania, hoy Ucrania, 1924-Campo de concentración de Mijailovska, Ucrania, 1942), Harvest and Blossom: Poems of a Life Cut Short, Northwestern University Press, Evanston, Illinois, 2008
Traducción del alemán, Florian Birkmayer y Jerry Glenn
Versión del inglés de Jonio González


A STROLL

... so many chickens and a small white dog  
and sky, which is so colorful and bright-
the barren tree appears so phantomlike  
and grayish houses so bereft of strength...  
Some tiny beads of rain hang from the branches,  
and distant mountains are wrapped up in silence.  

The fields are merely clods of darkest brown  
and here and there a bit of yellow-green,  
and little sparrows, silly, fresh, and daring,  
are darting over them like raucous children...  
And far away the city with its towers,  
with houses storming forth, so light and merry,  

is like an image from a fairy tale.  
The air is quiet, filled with yearning,  
so that you wait for sky-blue larks  
and want to ride in slender rowboats. 
  
Here stand white asters, white and pure,  
and there a head of cabbage, small and young.  
They're like a long-forgotten parasol  
in the middle of snow-covered streets.  
A rabbit, running past, cannot believe it:  
The summer, so it seems, is here again. 


SPAZIERGANG

... so viele Hühner und ein kleiner weißer Hund
und Himmel, der so farbenfroh und bunt -
der kahle Baum wirkt so gespensterhaft
und graue Häuser wie ganz ohne Kraft …
Ganz kleine Regenperlen hängen an den Zweigen
und ferne Berge sind getaucht in großes Schweigen.

Die Felder sind nur dunkelbraune Schollen
und hie und da ein bißchen gelbes Grün
und kleine Spatzen, dumm und frech und kühn,
laufen darüber hin wie Kinder, welche tollen ...
Ganz fern die Stadt mit ihren vielen Türmen,
mit Häusern, welche licht und froh hinstürmen,

ist wie ein altes Bild aus einem Märchen.
Die Luft ist leis und voll von Sehnen,
so daß man wartet auf die blauen Lerchen
und fahren möchte in ganz schlanken Kähnen.

Hier stehen weiße Astern, weiß und rein,
und da ein Krautkopf, jung und klein.
Sie sind wie ein vergeßner Sonnenschirm
mitten auf tief verschneiten Straßen.
Ein Hase, der vorbeiläuft, kann sich gar nicht fassen:
es scheint, es würde Sommer wieder sein.



viernes, abril 24, 2015

Graciela Aráoz / Luz en el cuerpo










En el pasado me vuelvo río.
Mis muertitos me caen encima.

Los ojos desposeídos de cal y humo.

La huerta y los pájaros de mi padre.
Mi padre ahora.

En algún sitio
que no es esta tierra.

Los jazmines en el deseo.
Los jazmines en los ojos de ríos
en que se sumerge

                                   el mundo.



Los ojos se detienen un instante,
el tiempo es río
es memoria
y el pasado,

                     luz en el cuerpo.

Graciela Aráoz (Villa Mercedes, Argentina), El protegido del ciervo, Ediciones Ultimo Reino, Buenos Aires, 2012



jueves, abril 23, 2015

Denise León / 306, Milliken Hall










Las ventanas cerradas.
El sol que encandila
y el sonido
–estridente–
de unos pocos pájaros.
Los ojos empañados
por una ligera
humedad
y la seguridad
de la esperanza
esfumada
para siempre.
El corazón aún alerta:
¿será posible que
por fin
hayamos pagado
nuestra cuota
de amargura?
El día despliega
una soledad definitiva
a la que
ya no hace falta temer.

Denise León (Tucumán, Argentina, 1974), Poemas de Middlebury, Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2014




miércoles, abril 22, 2015

Patrizia Cavalli / No tengo simiente que esparcir en el mundo











No tengo simiente que esparcir en el mundo,
no puedo inundar los meaderos
ni los colchones. Mi avara simiente de mujer
es demasiado poco para un agravio. ¿Qué puedo
dejar en las calles, en las casas,
en los vientres infecundos? Palabras,
esas sí, a montones,
pero han dejado ya de parecerse a mí,
han olvidado la furia
y la maldición, se han vuelto señoritas,
tal vez de baja laya
pero señoritas al fin.

Patrizia Cavalli (Todi, Italia, 1947), "Mis poemas no cambiarán al mundo", 1974, Yo casi siempre duermo. (Antología poética), Selección, traducción y prólogo de Fabio Morábito, UNAM, Ciudad de México, 2008


Non ho seme da spargere per il mondo
non posso inondare i pisciatoi né
i materassi. Il mio avaro seme di donna
è troppo poco per offendere. Cosa posso
lasciare nelle strade nelle case
nei ventri infecondati? Le parole
quelle moltissime
ma già non mi assomigliano piú
hanno dimenticato la furia
e la maledizione, sono diventate signorine
un po’ malfamate forse
ma sempre signorine.



martes, abril 21, 2015

Néstor Groppa / Mis anteojos perdidos










Qué estarán mirando mis anteojos.
Sin mis ojos, ya no sirven.
Vacíos y con un solo paisaje fijo, son ciegos
perdidos un en maizal de letras y otro maizal
de cosas. Mendigan paisajes
de este mundo y de los demás.
Qué estarán dejando mirar y desde qué ángulo.
Aunque sus cristales entiendan y corrijan
les faltará el corazón que les encienda
una fiesta más la primera lluvia de la primavera,
la glicina de la nostalgia, los pétalos de los afectos,
las conclusiones constantes.
Porque ya nadie podrá cantar tras ellos
lo perdurable que enhebran los días.
Sus distancias quedarán en dibujos que nadie entienda.

Serán idioma que se irá apagando. Puras nieblas de acecho.
Alejados de mí, huérfanos de mis ojos
de espíritu mirador,
y lector,
ninguno podrá con ellos enamorar y besar el corazón
de las cosas.
Pobre mis anteojos con esa inútil
vaguedad verdosa, con su único paisaje helado
de muerte, para el resto del tiempo.
Y sus cristales sin ojos
como una ventana abierta a la que nadie asoma,
en la que de vez en cuando aparece un ciego
gesticulando al paredón del mundo:
“Para qué quiere el ciego
casa pintada;
ventanas a la calle
si no ve nada”
                                       dice el cantar

                                       Para qué mis anteojos
                                       al que los halló
                                       si esos vidrios sólo hablan
                                       cuando miro yo.



Néstor Groppa (Laborde, Córdoba, Argentina, 1928 -San Salvador de Jujuy, Argentina, 2011), Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 2004
Envío de Eduardo Ainbinder




lunes, abril 20, 2015

Alejandro Romualdo / Cosa corriente









Si me volteo para ver qué pasa,
pasa un río de sangre bajo el puente.
De arriba a abajo. Rasa la corriente,
bramadora de sangre y de sanguaza.

Y si salgo a la calle, con la masa
hambreada, aprendo al tiro, mortalmente,
que la sangre es igual: cosa corriente,
arriba, bajo el puente y en la plaza.

Igual. Cosa corriente, en este valle
de sangre, en donde un hombre tira al blanco,
al negro, al rojo, y barre de la calle

al mendigo sentado junto a un Banco
de sangre y soledad. Y es un detalle
que quien no queda cojo quede manco.

Alejandro Romualdo (Trujillo, Perú, 1926-Lima, 2008), Como Dios manda, Editorial Joaquín Mortiz, México, 1967
Envío de Eduardo Ainbinder



domingo, abril 19, 2015

Estela Figueroa / Principios de febrero










No.
El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son.
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.

No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.

Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.

Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
¡Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!

Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto
asaltan.

Estela Figueroa (Santa Fe, Argentina, 1946), La forastera, Recovecos, Córdoba, Argentina, 2007

Foto: Estela Figueroa en Bajo la rosa china
Más poemas del mismo libro en La infancia del procedimiento

sábado, abril 18, 2015

Marianne Moore / Cuando compro cuadros










o, lo que es más exacto,
cuando miro aquello de lo que puedo considerarme dueña
imaginaria,
elijo lo que en mi cotidianidad podría darme gozo:
la sátira de una curiosidad en la que solo se discierne
la intensidad del estado anímico;
o bien lo opuesto: el viejo objeto, la sombrerera medieval
decorada
con galgos de cintura estrecha como la de un reloj de arena,
y ciervos y pájaros y gente sentada;
puede ser solo un cuadro de marquetería; quizá la biografía literal,
con letras ubicadas a un lado sobre un espacio como de
pergamino;
una alcachofa con seis matices de azul; las patas de agachadiza
en un jeroglífico triple;
la valla de plata protegiendo la tumba de Adán o Miguel cogiendo
a Adán por la muñeca.
El énfasis demasiado intelectual sobre esta o aquella cualidad
disminuye el goce.
No debe pretender demostrar nada; ni puede exaltarse el triunfo
fácilmente concedido:
eso que es grande porque otra cosa es pequeña.
Se reduce a esto: de la clase que sea, la obra
debe estar “iluminada con penetrantes destellos en la vida de las
cosas”.
debe confirmar la fuerza espiritual que la creó.

Marianne Moore (Missouri, Estados Unidos, 1887-Nueva York, Estados Unidos, 1972), Poesía reunida 1915-1951, Hiperión, Madrid, 1996
Traducción de Lidia Taillefer de Haya
Envío de Jonio González



viernes, abril 17, 2015

Patrizia Cavalli / La estación me invita. ¿Qué estación...?










La estación me invita. ¿Qué estación
es esta que me invita? Me extravié
en la plaza cerrada del mercado.
El mercado centellea cada mañana
temprano, pero luego la fruta se opaca,
fruta tardía, yo me abro camino,
con paso de primavera cansado,
entre toda esa mercancía que me invita,
saludo, luego saludo y luego saludo,
abro el corazón y la boca y luego los cierro.
el corazón se abre mucho, es más: sube,
ah demasiado sube y heme aquí perdida
dentro de una lejanísima mañana.
sin embargo tan cercana, mi hermana
de otro tiempo, gemela, pero siempre
atenta, mies que curva su maleable
espalda, que hacia mí se alarga,
yo no la tomo, pero ella se obstina
en caminarme al lado. Es una mañana
de rendida luz, casi vencida:
cuando no se la ve, se la adivina.
Estaba en esa mañana y me esparcía,
la mirada no mentirosa o verdadera,
y veía juntas felicidad y ruina.

Patrizia Cavalli (Todi, Italia, 1947), Sempre aperto teatro, Einaudi, Turín, 1999
Versión de Jorge Aulicino


La stagione mi invita. Che stagione
è questa che mi invita? Ero sparita
nella piazza conclusa del mercato.
Il mercato scintilla ogni mattina
presto, ma poi la frutta si fa opaca,
frutta tardiva, io mi faccio strada,
il passo primavera stanco,
fra tutta quella merce che mi invita,
saluto e poi saluto e poi saluto
apro il cuore e la bocca e poi li chiudo,
il cuore si apre molto, anzi sale,
ah troppo sale e eccomi smarrita
dentro una lontanissima mattina,
pure cosí vicina, mia sorella
d’altri tempi gemella, eppure sempre
attenta, messe che curva cedevole
il suo dorso, che verso me si tende,
io non la colgo, e invece lei si ostina
a camminarmi accanto. E’ una mattina
di arrendevole luce, quasi vinta,
che quando non si vede s’indovina.
Ero in questa mattina e mi spargevo,
lo sguardo non bugiardo o veritiero
vedevo insieme felicità e rovina.

jueves, abril 16, 2015

Susana Thénon / Algún instante vuelve...












Algún instante vuelve con sus palabras
llenas de sal, murmuradas,
indescifrables como entonces,
con su mismo latir: no son aquellas voces
las que murieron, inundadas por sonidos extraños
bajo el hosco sol de una despedida.
El recuerdo no existe, sólo su ángel:
viene de un mar sin tiempo
con la urdimbre y el árbol de sus voces.

Susana Thénon (Buenos Aires, 1935-1991), De lugares extraños, Carmina, Buenos Aires, 1967
Envío de Jonio González


Foto: Susana Thénon en Corregidor



miércoles, abril 15, 2015

Eduardo Mileo / Caída de un bretel a mediodía












                       A Gabriela Franco

Amanece bajo un cielo de sombra.
Los pájaros saludan a la luz.
En los ojos inquietos
las nubes pasan
como carrozas de agua.

Tras la ventana duermen
ignorantes del día.
Amparados
en la horqueta del abrazo.

Cae su bretel
como la noche.
Su hombro de luna
embriagado de azul.

Pero, ¿cómo?
Si es mediodía y suspiran
sus párpados de humo.

Con los ojos cerrados
busca la puerta.
Hay una leve
imitación del aliento.

Ningún detalle más,
nada que pedir:
que llovizne sobre el vidrio,
que el agua cante
su tango ciego.

(Inédito)


Eduardo Mileo (Buenos Aires, 1953)


Foto: Eduardo Mileo en FB


martes, abril 14, 2015

Vassily Kandinsky / Ver











Lo azul, lo azul se elevó, se elevó y cayó.
Lo puntiagudo, lo sutil silbó y penetró, pero no perforó.
En todos los rincones retumbó.
Lo pardo espeso permaneció suspendido aparentemente por
    toda la eternidad.
Aparentemente, aparentemente.
Debes separar más tus brazos.
Separarlos más. Separarlos más.
Y cubre tu cara con rojo paño.
Puede que ello no se perturbe en modo alguno y que sólo tú
    te perturbes.
Blanco salto, después de blanco salto.
Y después de ese blanco salto, un blanco salto.
No está precisamente bien que no veas lo turbio: en lo turbio
estribas justamente eso.
Pues allí comienza todo —
— reventó

Vassily Kandinsky (Moscú, 1886-Neuilly-sur-Seine, Francia, 1944), Mirada retrospectiva y otros textos 1912-1922, Emecé Editores, Buenos Aires, 1979
Traducción de Alcira Nélida Baixio
Envío de Jonio González



lunes, abril 13, 2015

Vittorio Bodini / Muerta en Puglia




Cuando supo el aumento del precio de los tomates
comprendió que el tiempo de los latidos había terminado.
Aprendió a rezongar
y a meter las manos en la lavandina hirviente.
En la casa blanqueada hacía poco tiempo
ardía sobre una pared
una ristra de ajíes para los machos.
Al amanecer un albañil salió tosiendo
y cerró la puerta de la casa,
las hojas de limonero en el cojín
recordaron un sol de amarillo óseo.
Muerta, no mueras más.
Acuérdate de las aceitunas negras.
Lustra los picaportes y riega los claveles.
Olvida que los vidrios de las ventanas
se lavan con agua y vinagre;
que las manchas sobre la ropa oscura
se quitan con la borra del café.
No es más tu mano la que destina a otro uso
la cera aún blanda de los candelabros
o que calienta sobre el gas el chocolate de los muertos.
Resurge en lo Inútil, muerta de la Puglia:
en los corales del mar o en el ulular del viento
en tu tierra de ostras y licántropos.

Vittorio Bodini (Bari, Italia, 1914-Roma, 1970), "La luna dei Borboni e altre poesie" [1962], Poesie 1939-1970, Mondadori, Milán, 1983
vía Antonio Bux
Versión de Jorge Aulicino

MORTA IN PUGLIA

Quando seppe l'aumento del prezzo dei pomodori
capì che il tempo dei palpiti era finito. 
Imparò a brontolare
e a mettere le mani nella liscivia bollente.
Nella casa imbiancata da poco tempo
ardeva su una parete
un serto di pepe diavolo per i maschi.
All'alba un muratore uscì tossendo
e chiuse l'uscio di casa, 
le foglie di limone dentro il cuscino 
ricordarono un sole di giallo d'ossa.
Morta, non morire di più. 
Ricordati delle ulive nere. 
Lucida le maniglie e annaffia i garofani.
Dimentica che i vetri delle finestre 
si lavano con acqua e aceto;
che le macchie sui vestiti scuri 
si tolgono con la posa del caffe. 
Non è più la tua mano che destina ad altro uso
la cera ancora molle dei candelieri
o che scalda sul gas la cioccolata dei morti. 
Risorgi nell'Inutile, morta in Puglia: 
nei coralli del mare o negli urli del vento 
nella tua terra d'ostriche e di lupi mannari.



domingo, abril 12, 2015

Mara Pastor / Déjense de excusas











Los profesores nos volvieron locos
                     Nicanor Parra


Los estudiantes saben
las arañas en la luna pero alegan
que es mejor saber si pasan hambre
por culpa de los zares muertos
que cantaban con la boca llena.
Fue Gioconda quien se hizo los bigotes.
No hay gerundios cuando se está en guerra
ni te sangra la nariz en el Amazonas.
Un mandala es un apóstol de la forma.
Flaubert pensó en los mayas cuando fue a Egipto.
No hay ilustrador que haya hecho a Cide Hamete.
Lo importante es que Goliat era un gigante,
la filosofía un holograma de la historia
y una churuata yekuana es una bóveda al cielo.
Irnos, irnos, irnos desde entonces.
Todos dirán que los estudiantes
sabían de la historia su lápiz roto
hablándole sin devociones
con la infidelidad frágil al evento.
Así iban con mezclilla y pancarta
como que estamos a comienzos de siglo.
Tenían todo por lo que molestarse
molestándolos de esa manera
sobre todo por lo inconfesable:
a qué tanta manía policíaca
¡Tanta crueldad en el vacío más negro!


(fragmento)

Mara Pastor (San Juan, Puerto Rico, 1980), 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, Argentina, 2014
Vía revista Ñ

Foto: Mara Pastor About en español