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sábado, abril 26, 2025

Sergio Velázquez, / De "El recado y otros escritos",2






Aníbal


Tu sombra fue la excusa
para la sal estéril y la brasa. 
Entre Amílcar y Asdrúbal
tu figura, sembró de arrugas 
la frente del romano. 
El África viril forjó tu hierro,
que asoló la metrópolis.
Fuiste, junto a los paquidermos,
el espectro que el Senado 
juró borrar del mapa.
En las noches de luna
aquella loba, que alimentó
los sueños del imperio,
tembló de miedo junto
a las matronas, temiendo 
tu llegada. 
El continente tórrido
aún espera, la osada garra 
de tu justo brazo. 


Fanal


El fanal de proa alarga las sombras de los reos 
danza oscura sobre la cubierta
recreo de las ampollas bajo la Cruz del Sur.

Mueve los pies y sueña navegante 
el salitre está encerrado en la bodega
y el capitán dormita entre los piojos

Mueve tú también los labios sobre el echarpe
muñeco inerte
la casa está tapada por la nieve
y hay demasiado silencio en el globo de vidrio
habla que ya viene el niño
ávidas pupilas transparentes
a romper la mañana

Y tú campesino 
labrador del terrario 
casi musgo
arcilla coloreada
voltea hacia el sol
apura la mañana
la lluvia llegará o no a humedecer la siega
desde el abierto cristalino
luego los ojos 
severos
detendrán los relojes

Sergio Velázquez,El recado y otros escritos (Barnacle, Buenos Aires, 2025)

Más poemas de Sergio Velázquez

domingo, abril 20, 2025

María Belén Aguirre /Entonces tomo con mi mano derecha la lapicera




Entonces tomo con mi mano derecha la lapicera

Mi lapicera es mi espada de Damocles
mi escopeta de Hemingway 
mi katana de Mishima
mi facón desafilado.

La empuño.

Yo heriré.
Yo haré sangrar.
Yo mataré.

Mi presente ya no existe.
En el futuro como un criminal me ocultaré. 
María Belén Aguirre (San Miguel de Tucumán,Argentina,1977)
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sábado, abril 19, 2025

Alberto Muñoz /Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro




Ayer estuve en el Carrefour hablando con un espectro. Había vivido 
por años en situación de calle y la ola polar se lo había llevado. 
Caminaba por los pasillos del Gulag Carrefour guardándose en los 
bolsillos latas y chocolates.
De no haber sido un buen hombre no se hubiera ofrecido a guardarme 
en su bolsa la botellita de fernet, el queso y el pastrón. 
Conversábamos sobre política. 
El de seguridad del supermercado se aproximó a la góndola donde 
conversábamos comiendo turrones. 
Devolví el queso, el pastrón y el fernet. Me dejaron salir del Gulag; 
me perdonaron, tuvieron piedad de mí.
En la escalinata, con un frío mortal, me esperaba el espectro con 
dos panes robados. Hablemos de política. 

Alberto Muñoz (Buenos Aires, 1951), Obras sanitarias, Ediciones en Danza, 2022
Foto: s/d


viernes, abril 11, 2025

Catalina Boccardo / De " Pueblo fantasma"






Mestizaje


Qué periferia

Su laguna irradia el principio de 
                                                     todos los seres

Qué barro 
Humana tensión
nos deja abrir el agua

Oscuros y relucientes bagres de un fondo

Y el sol posa
su escudería hirviente

En las chozas fecundas
La próxima generación y
la siguiente

Los mestizos con otra sangre se multiplican 

Y una niña-avispa de ojos amarillentos
Y un polimorfo de piel pálida

—Qué ha cruzado los alambres
—Unos reptilianos
    Cambian de color 
    Brillan entre las nieblas del estero 

Un pueblo invisible al que adorar 
la urgencia del tabú y del tótem

La zona fronteriza

Pueblo fantasma


En el brazo una fístula
la infancia rompe
el dolor rompe
los rastros de la vacuna
de la niña

con los dedos se cierra
un hueco
por las púas

El alambre separa el terreno
abre llagas de una pobreza
de allá, lejos

Naineck Naineck*

Esteros delgados
hedor
sapos intensos
se escuchan gritos
fantasmales

Una niña fantasma aparece
ni aquí ni allá
Lenguas
víboras
mboi, mboi, mboi**

Piso de tierra
y una docena de cerdos
y un idioma al que habría que limpiarle
la suciedad
las semillas
Un trapo, un desinfectante casero
El brazo herido con pus
Fragmento de las madres que migran
sobreviven, mientras otras quedan
y cada cual intuyó la tristeza
a través del aire

Naineck Naineck Naineck

Sin riesgos no habría una secuencia vital
no habría hijos o alimañas
De boca al mundo trasmigran
Que el brazo se pudra
las palabras se pudran 

¿Se puede desinfectar el desarraigo
la melancolía abierta
un día agusanado?

Al otro día
cada madre
se cuelga
clava el clavel del aire
una jeringa
al árbol
respiro por ellas
para que les cicatrice
sus ecos inflamados
la pérdida y el monte

el auxilio



*Pueblo formoseño con nombre en lengua Qom.
**Víbora en Guaraní.


Mbaipú va a haber


Con papa y batata 
las manos se miraron
Al eterno sol
calcinante de las 10
lo vieron
al siempre presente

El tono soleado de
la abuela

Contra los pavos temblorosos

Las temblorosas nietas

Hambre, la palabra
menos dicha 

Asumir que el estómago 
cruje
hacia la tierra
y no hay padres
alrededor

Con un hacha
Con espuelas de gallos

Mbaipú va a haber
Luego del cedazo
De las plantaciones
Donde se esconden
las madres

Mbaipú va a haber
Al mediodía y
la resistencia vital

En la ronda 
El círculo
Las entregas
El amor cabizbajo
de la abuela

Cuando las palabras
se tornan la comida

Para próximas generaciones

El relato
El bravo intersticio
De una panza llena
Permitiendo
que alguien nazca

El campo da de comer más
a quienes no viven allí

que a unas pequeñas nativas

Injusto se vuelve lo que brilla
Y transpira
Y escucha 
una frase de supervivencia

Mbaipú va a haber
Hasta la noche
Catalina Boccardo(Buenos Aires,1961),/ Partidas. Pueblo fantasma Barnacle, 2025

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Foto:Catalina Boccardo Facebook


martes, abril 08, 2025

María Martha Dechecco / Dos poemas





Avería

Fue en la isla del Astrolabio
allí decidimos encallar.
donde las brújulas enloquecen
y los océanos forman 
un hipnótico 
abismo.

Elegimos el vértice helado
de la gran naranja
para cometer el naufragio.
Era preciso, necesario:
no existe palabra para definir el estrago,
la ley nos condenaría
por esa deliberada meta.

En el hielo del islote
dejamos los últimos mensajes
la bitácora del capitán,
envuelta en lienzos de mortaja
unos granos de pimienta, 
brillaron como gemas sobre la nieve, 
y la osamenta de nuestro amado perro,
muerto al trasponer el paralelo 60.

Luego de la ceremonia
fue el momento de irnos a pique:
la nave, intacta
desprovista de daño alguno,
y nosotros, 
irremediablemente averiados.  



Bitácora con tigres y el otro


Para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, 
debería ser poético, ya que profundamente lo es.
                                                                               J.L.B.



Los tigres de arena viajarán conmigo hoy:
atravesaremos la jornada de tedio y violencia
serán la ciudad, la sala de espera,
la indiferencia de los prójimos,
la miseria bajo los puentes
quienes pongan a prueba la premisa;
cada momento de la vida es poético.

El poeta mismo arrastra una condena
su  muerte no lo ha liberado pues él mismo 
se encargó de destruir el olvido,
ese ominoso castigo que decía anhelar en vida.
Gustaba adornar sus sienes con linajes vacíos, 
e imaginar su silueta recortada en bronce.

Ahora volvamos al instante
y a la verdad poética 
que deben encontrarse en un punto determinado
                                                                                  aunque 
¿podrá un río incesante de automóviles 
y basura 
ser comparado con el paisaje helado del río Charles
en la glorificada Boston? 
¿Vale la imagen para
rememorar a Heráclito, maestro?
Una mujer muy joven
espera el ómnibus a mi lado,
no necesitamos mirarnos
con sus dieciocho años
sabe que quien la observa es ella misma,
desde ese cuerpo tan semejante 
al de su madre.
El caudal creciente de autos y camiones
ha desbaratado la perfección de la mañana
la frescura de la lluvia de hace un instante
ahogada en cientos de miles 
de caños de escape 
                                 ambas lo percibimos al mismo tiempo. 
El instante es poético
el río fluye
ambas hemos estado frente a él
y hemos contemplado la destrucción
aquel día ella lloraba sin lágrimas
había dibujado su adentro 
con trazos desgarrados,
un río rojo de tristeza sin fin,
y la destrucción -como hoy- salía de las bocas humeantes
atronaba la canción sin sentido.

La paloma embistió los cables de alta tensión
y cayó sobre el río de asfalto
veintiséis ruedas de un mismo camión
pasaron sobre su breve cuerpo.
El lagarto overo atrapado en la cuneta
me interpeló con sus ojos aquella mañana
tanto él como yo  
                           insensatos
pretendíamos huir
aún
sabiendo 
que eso
no es 
posible.

María Martha Dechecco (Córdoba, Argentina, 1967)

sábado, abril 05, 2025

Susana Villalba / Domingo de elecciones en la Shell Select Tango



Todo es una pared en que se ve descascarar la vida en una sola frase: Feliz cumple, aguante Brukman, Cuervo puto. Un solo plano todo, todo plano, carbón, tiza, aerosol. Si tocaras en el cielo moriría Charly, Damas gratis, Rocas sucias. A veces un destello de palabras misteriosas como rocas, como mica en las piedras, veredas de hojas amarillas, cascotes en la calle. De qué rocas en esta planicie de llaneza aplastante, el cielo un plomo sucio del hastío de la lluvia del domingo. Se borronea una palabra, gotea en los cartuchos dispersos en el suelo, los disparos recientes se escriben como huecos del ladrillo. Padre Rainbow, Viejas locas, Pibes chorros. Todo un plano, una toma. Una mancha como hombres alrededor de una fogata, como perros de una noche de mil años.

De día se levanta una ciudad y todos van como leyendo un llamado ultravioleta, hereditario, partitura, como moscas, como entrando en molinetes. Vallados hacia una ventanilla a apostar lo que total ya no tenían. Una vida de pizarra, de una tele para acá. Apenas hace nada, cinco siglos, tres reflejos, un alguien pintó esa caravana de ciegos al abismo, al eco del barranco. Detrás de esa pared en que se estrellan.

Por siempre Chaca, Sebi te amo, Los Tarijas stones. Acaso falta sangre, más aún, que abone esa costumbre de rodar horizontal imaginando que es un plano inclinado, la vida vertical, la tierra un vértigo del cielo, se va a acabar, Señor. No escucho que truene tu voz, si es una voz, no veo quebrarse la pared, el mundo o alguno en parte alguna. Alguna vez quisiera ver algo distinto, final inesperado, palabras misteriosas, rebelión que no se muerda el polvo de la cola para ir a caer de a uno en fondo. Si fuera posible en este siglo. Si fuera posible en este mundo.

Ma terre, mater dolorosa. El que devora a sus hijos, cuerpos se arrojan como rocas. Señor, entiendo que no nos dejes elegir algunas cosas pero nunca ser más que humanidad, más que este barro que amasa como miga, como costilla que se quiebra de su alma, cerebro de pan que se resbala chapoteando las patitas hacia arriba, el lomo hundido, la mirada a la punta del látigo otra vez a ver si lo rescata para atrás. Por enésimo siglo, lugar, por enésima vida, vez, palabras mismas.

Se vota por la fiesta que se mira apiñado en la vereda, en el zaguán. Gramilla, ripio, guijarro de payana, ficha de sapo, silla, fila, centavo. Peor están los ciegos, los sordos que no escuchan ese vals, esa fanfarria de fajina cortesana. Palabras de cartel que prenden un reguero, un arma frase de repetición. Desfilan los fiscales de veredas, gerentes de kiosquitos, figuritas en clips, ideas con alfileres, cabecitas de tacho con palo y a la bolsa, con las cartas marcadas.

El Ciclón, Almas Mugrientas, Santa Revuelta, El Bananazo, la Brukman a sus trabajadores. Apenas hace nada la gente la cuidaba, ahora apoya el desalojo. Apenas hace igual el hombre como ahora asumía Carlos V, imperio sacro, bizantino o británico, romano, mayestático. El imperio sintáctico que ahora titila mientras llueve en algún lado, en este lado, en esta esquina, frente a un muro. Hijos del hijo, Patria Chuker, Trujamán.

Nuestra Mater lacrimosa, apenas los gases se disipan. En esta esquina Campeón, le vamo a hacer el culo a las galli. Gallito de baldío. Pollitos mojados bajo el frío. Se vota entre la barra de la jaula o el degüello, en un desfiladero como a cuerda. La marcha hipnotizada de la vida, la primera salvación es la del cuerpo, Señor, recuérdanos el alma cada tanto. En tiempos más soleados, más amables. En este año si es posible. Si es posible en esta vida.

Susana Villalba (Buenos Aires, 1956), El amor es animal. Poesía reunida, Salta el Pez, Buenos Aires, 2024 Op. Cit.,marzo 23, 2025

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Fofo: Pilar Benítez /La Nación

jueves, abril 03, 2025

Alfredo Lemon/ De "El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer"




El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer

Recordá con júbilo el jardín de los jazmines

Gratitud por los momentos magníficos que fueron
               cuerpos espléndidos 
               contornos y dunas del deseo

Tomábamos té de menta y manzanilla
Comíamos cerezas y dátiles para festejar
Había sandías paltas duraznos chocolates

Fuimos amantes leopardos sudando en una cama

Almohadas y alfombras
Memorias y promesas
Mística y marihuana 
Licor de anís y lemoncello

Celebrá así, escribir porque sí
Enlazá el ánimo a la escritura
Sea tu catarsis savia nutriente

Barriletes verdes 
Meteoritos amarillos entre átomos y estrellas

La mente gira como una calesita con visiones que titilan
¿Son fósforos de neón en un parque de diversiones?

Bendecí esa ebullición de absoluto

A beber el champagne de los chimpancés
El cóctel de los arlequines 



El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer

En Las Grutas viste una ballena y pensaste en Jonás 
y en Simbad

En Ansenuza paseaste junto a las gaviotas 
y los flamencos

En el Egeo fuiste desnudo y libre

En el Ganges fuiste un peregrino

En el Quilpo fuiste un vagabundo

Fluye suave fuego de Heráclito hasta que termine mi canto

Hasta que alcance a discernir lo transitorio de lo fijo
lo fugaz de lo perenne

Adiós poemas inconclusos poemas extraviados 

Adiós músicas remotas que no se olvidan

Violín en París/ piano en Berlín/ narguile en Katmandú

Adiós lugares prohibidos, orgasmos de oro y terciopelo
Secretos custodiados bajo una pirámide
Perros infieles de mi infancia que me mordieron dos veces

Dejaré aquí mi torpe itinerario
Mi trabajo sellado en un cofre

Huyo hacia un sitio abierto y palpitante

Adiós adiós



El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer
Aquel verano estuvimos en Ascochinga
Nadamos a cielo abierto al pie de una montaña
Después almorzamos al borde de un puente en Agua de Oro
Al volver caminamos por la costanera hasta que atardeció
Dorada violácea opalina
La naturaleza en calma nos atravesó
Pasó la belleza con un plato redondo de nísperos
y manzanas

Entre mi nacimiento y mi herencia
está mi justificación

Alfredo Lemon (Córdoba, Argentina, 1960)

El búho de Minerva levanta vuelo al anochecer
Mascarón de Proa, Villa María, Córdoba,  Argentina 2025












lunes, marzo 31, 2025

Liliana Ponce /Poemas





Horizontal/Vertical
11
Como una ilusión, así como hablo y siempre que se habla.

Esta tentativa se disipa,
asciende con pasos lentos
haciendo nacer un conjuro semejante a ese hilo temido
sobre algunas omisiones y la transición.

La idea se desvanece detrás del vidrio del ojo,
atravesando reflejos recíprocos,
extendiéndose sobre la corteza aérea del placer
hasta la visión del deseo.

A mí
y a todo lo que uno
fuera de sus garras, de su hambrienta torre,
donde el polvo viene de la noche
a posarse sobre la piel,
ella arranca estas escamas
situadas en un cuerpo que no distinguiría,
estas escamas de mi aspecto actual,
cuando nado y me deslizo entre paredes de nieve.

Exposiciones
8
III
Mares infinitos.
En los bordes, el pensamiento levanta su espiral de hielo.
La araña acecha bajo la lámpara andrógina
Hay un silencio de mármol en la extensión de las cenizas.

Monólogos que fluyen.
Frases tomadas, redes vegetales
que absorben toda forma flotante.
Hebras —palabras en los orígenes del placer
apartando obstinadamente vidrios, reptiles,
cubriendo las esferas nocturnas.
Hombres gusanos viven al abrigo de la ausencia,
a sus propios ojos desaparecen.

Composición (1984)

Urbs dixit

Esperaba una llamada cuando
en pleno Buenos Aires fueron liberados
y desapareció todo vestigio
—proverbial astucia.
Brotaron los temores
(a veces conviene callarse).

A la misma hora y a metros del lugar,
recolección de basura,
máquinas tragamonedas
y en esos paseos, tolderías y colchones,
juegos, bancos, cestos, bebederos,
vecinos que venden sus propias pertenencias
y sueñan con volver al empleo
—una emoción social,
una emoción ligada al propio yo.

La noche avanza en el bar:
dos voces para respirar otro aire.
El país de donde había salido
ya no existía
—existe sólo en el pasado
(está en la mira, aguarda).

A la misma hora y a metros del lugar,
sobre el caracol del paso a nivel, rezaron,
y un tren aminoró su marcha.

Soportar demoras o no poder viajar,
o hacer una huelga, cortar un puente.
Una fuerza fuera de control:
con guantes y uniformes desfilaron
en la calle peatonal
paralela al muro de ladrillos.
Brotaban los temores
—la violencia es hija de la violencia.

Paseante y Huésped (2016)

Liliana Ponce (Buenos Aires  1950) " La intención y el azar"  Op. Cit.,  entrevista y selección de poemas de Silvana Franzetti, marzo 23, 2025

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martes, marzo 25, 2025

Ricardo Zelarayán / Pioja



Rezongado rezongo de palabra renga. Pelo y barro.


La horca... limpita. La horquilla puñalea seis veces por vez.

Puñaladas finas, bien clavadoras...¡Y a la puña!


Arado entierra y desentierra. Peine grueso y fino, suave y

liendre, piojo nomás. No saltona pulga. Roña y sangre.

La piedra aguanta, aguantaraz.


Madera, ¡já! Madera y avispas clavadoras. Una siesta basta.

¿Seguro? La carne sin revés se las arregla. Cae una gota loca.

Dos, tres... A la baba nomás mientras el río corra.


Ricardo Zelarayán (Paraná, Argentina, 1922-Buenos Aires, 2010),Roña criolla, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1991

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jueves, marzo 20, 2025

Carlos Guido y Spano / Dos poemas



Nenia*

En idioma guaraní,
una joven paraguaya
tiernas endechas ensaya
cantando en el arpa así,
en idioma guaraní:

¡Llora, llora urutaú
en las ramas del yatay,
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú ­
¡llora, llora urutaú!

¡En el dulce Lambaré
feliz era en mi cabaña;
vino la guerra y su saña
no ha dejado nada en pie
en el dulce Lambaré!

¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!
Todo en el mundo he perdido;
en mi corazón partido
sólo amargas penas hay ­
¡Padre, madre, hermanos! ¡Ay!

De un verde ubirapitá
mi novio que combatió
como un héroe en el Timbó,
al pie sepultado está
¡de un verde ubirapitá!

Rasgado el blanco tipoy
tengo en señal de mi duelo,
y en aquel sagrado suelo
de rodillas siempre estoy,
rasgado en blando tipoy.

Lo mataron los cambá
no pudiéndolo rendir;
él fue el último en salir
de Curuzú y Humaitá ­
¡Lo mataron los cambá!

¡Por qué, cielos, no morí
cuando me estrechó triunfante
entre sus brazos mi amante
después de Curupaití!
¡Por qué, cielos, no morí!...

¡Llora, llora, urutaú
en las ramas del yatay;
ya no existe el Paraguay
donde nací como tú-
¡Llora, llora, urutaú!

* Canción fúnebre



Amira

Conocéis a la rubia y tierna Amira?
¡Qué belleza, qué flor, qué luz, qué fuego!
Su andar se ajusta al ritmo de la lira,
Hay en su voz la suavidad de un ruego.

El flamenco nadando en la laguna
Entre el verde juncal, no es más gallardo:
Espira un vago resplandor de luna,
Tiene la fresca palidez del nardo.

Hace soñar; la mente se colora
De su candor al virginal destello;
Se sueña con las rosas, con la aurora,
Con las hebras de luz de su cabello.

Parece que un espíritu celeste
Siguiéndola invisible la perfuma,
Y que su blanca y ondulante veste
Por el aire agitada hiciese espuma.

Ayer la vi pasar en lontananza,
E imaginó mi alma entristecida,
Era el ángel de la última esperanza
Que buscaba, el sepulcro de mi vida.

Carlos Guido y Spano (Buenos Aires 1827-1918), Poesías completas, Maucci Hnos, Buenos Aires, 1911,  Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
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Foto: Carlos Guido y Spano en la portada de la revista Caras y Caretas, 1918



martes, marzo 18, 2025

Jonio González / Mudez




¿estás preparado
racimo
para el vino?

nube escondida
en la sucesión de noches
diáspora del cuerpo
es la herida

¿temes o deseas
flor
la llovizna?

sentido imaginario
última excusa
temor de encontrar
en el lugar vacío

[inédito]

Jonio González (Buenos Aires, 1954)

Foto: Jonio González /Facebbok

lunes, marzo 17, 2025

Jorge Fondebrider / Dos poemas




¿En qué consiste ser normal?
 
Acaso en guardar las apariencias
porque, al decir “normal”, “normalidad”,
hablamos de conceptos,
de ideas construidas y no de realidad. Pensemos:
cualquier familia,
cualquier unión entre personas que se quieran
engendra siempre error, a veces desencuentros
disfuncionalidad. Pensemos
en qué consiste ser normal
cuando hay un cuerpo que no somos,
un gusto que es ajeno
olor del sol que no sentimos, sombras, piedras,
un cielo inconcebible y es Finlandia
donde jamás se oyó la voz de nuestra suerte.
Pensemos en el límite de todo
que acaso nos impone guardar las apariencias,
saber que hay otra cosa y no nombrarla
por no saber cómo se nombra
la sombra del leopardo contra el pasto,
su rápida carrera. Ahora pensemos
en las reglas arbitrarias de cada grupo humano. 


Pongámosle que hay viento

un viento que sacude ahora las ramas que se rompen,
cae el nido que estaba en construcción.
Recomenzar,
juntar palitos,
hurgar entre las piedras,
las cosas que uno hace todo el tiempo. 

Pongámosle que llueve y el agua se escurre entre las tejas,
deja un charco y no da tiempo,
como quien dice no llegamos, perdemos el avión.
 
Pongamos lo que sea, da lo mismo
saber o no saber las consecuencias.

[inéditos]

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956)

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Foto: Jorge Fondebrider, Feria del Libro de Buenos Aires. 2015, Antonio Nava / Secretaria de Cultura Ciudad de México/Wikimedia Commons

domingo, marzo 16, 2025

Lucas Peralta/ De "Cenizar"




XV

Queríamos hacer tradición, donde no existía;
queríamos hacer también profecía para
diseñar la gracia y el destino de
nuestras próximas ciudades.
                                             José Lezama Lima

Un hueco en el milagro, ahí calla su huésped.

Ahí donde nadie mira lo insólito de las rúbricas,
donde lo concreto del mundo parece declinar
aquel ruidoso graznido que nada refleja, y que
manifiesta el desarrollo de las grietas y su destino.
Polvo sin sacrificio, piedra y polvo en este devenir.
Sin eco para ser oído, ni lugar para el testimonio.

Ahí cada cosa es una neblina de piedras donde se
oyen latir y correr aquellas viejas gotas de sudor
que brotaron de frentes cansadas y que tan sólo 
lograron humedecer lo que no se concretó en la
realidad. Un nuevo intento estéril de verse en el 
espejo, de alcanzar la entrelínea de las súplicas.

Ahí levantamos nuestras voces. Sin acaso saber
nombrar y antes que comience a secarse aquella
soledad en la boca del que poco dice, se insiste
en la tarea. A tientas buscamos aquel inamistoso
salmo con fe de que lo nombrado se corporice,
con esas ganas de hacer hablar a los objetos.


Ahí nada está para ser leído. Un espacio sin sol,
astroso, pisoteado por aquel deseo ardiente que,
no por imaginar plegarias, sino por fomentarlas,
se desmorona. Sin opciones. Indiferencia para el
ojo y sin sustituto para los vocablos. Tal es la fiel
e intacta costumbre: hacer tradición en el vacío.


Ahí se asentó la palabra y también su silencio.


XVII
Ya no ampara aquel icono, ya no basta. Se redujo
solo a un nombre, a una intención. Y su simple
presencia cuestiona aquellas palabras que, según
entendían, eran para siempre. Ahora lo que ellas
signifi can serán otro escenario propicio y ajeno
en disputa. Huellas apenas divisadas; trozos de
algo que muestra; un rezo que, de afónico, viene a
acoplar aquellos murmullos ajenos a toda última fe.

Se abandonó la tarea de los profetas que tan solo 
pueden predicar lo asido de los escombros. Hay 
veces que se ven como sombras de sueños, como
sonidos lejanos producto de aquel eco vacío en que
se convirtió la historia. Ya es escaso lo que los aúna.
Ciertas hilachas en sus gargantas y poco más. Y así,
con la labor roída, encumbran lo que queda de sus
restos y guardan lo poco que les queda de presencia.

Como cubiertos, todos, por el manto del silencio
y el olvido, el polvo alcanzó a tapar sus caminos.
Siempre alivia cierto estrago, alcanza para evocar
lo mismo siempre necesario. Recomenzar, una y 
otra vez. Antiguas y nuevas tumbas encierran los
rostros, lo mismo sucede con el cenizal de quien
queda y retorna con los labios cansados, los pies
desnudos y la boca seca, inconclusa, aplazada.

No hay reino: sólo el harapo, silencioso, el enigma
de ceniza que vino a empapar a esta tierra y a todo
su desastre. Vladímir Ilich Uliánov encastrado en
mi penúltima voluntad de silencio; en la ausencia
profunda, en los fi eles momentos perdurables de
los rezagados de la historia. Vuelve a hacer estallar
los iconos, límpiate de aquello que ciertos profetas
olvidaron. Y empieza, nuevamente, a nacer o morir.

Lucas Peraltaa (Avellaneda, Argentina, 1977) Cenizar, publicará Barnacle

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Foto: Carla Meza / Facebook

miércoles, marzo 12, 2025

Rolando Revagliatti / Dos poemas




Quiero escribir


Papá
        quiero escribir
un libro lúbrico
                         obtuso
                                    alucinado
un libro que falte no escribir
el más atroz
más mal no escrito
ni siquiera
                 un poquito.


*


Rubia en movimiento


Aparece y desaparece
                                   rubia de verdad
te encuentra en su libreta
y llama por teléfono
                                cuando ya la olvidaste

viene y no viene
es detenida, pero se va
se deja retener huyendo
equidistante y cariñosa

te exige que la quieras
mientras la querés
te hace dudar
que es lo que precisa creer que advierte
para disparar
para arrancarse de vos
insostenible
                   tibia
                          disgustada.


Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), de su libro Obras completas en verso hasta acá, 3a. edición, 2022. Descarga gratuita

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Foto: Gentileza del autor

martes, marzo 04, 2025

Guillermo Bawden / De "Historia de la lluvia"




Geosmina es lo que hace oler a lluvia
como tierra mojada
es una bacteria que se suelta con la humedad
Un olor que también tienen los camellos
del desierto de Gobi
Una caravana que atraviesa lo árido
mientras huele la esperanza
como la fe en la garganta de los sedientos


*


Desde la Revolución Industrial ocurrieron grandes cambios en los regímenes de lluvias de todo el planeta
ahora llueve más en las partes orientales de América del Norte y del Sur
el norte de Europa y el norte y centro de Asia
pero menos en el Sahel, el Mediterráneo, el sur de África partes del sur de Asia y en el pelo de una mujer
que se aleja en un viento seco, lejos, lejos de mí

Guillermo Bawden (Córdoba, Argentina, 1977-2024), Historia de la lluvia, Babel Editora, Córdoba, 2021 Vía Emma Gunst y Presente Griego

Más poemas de Guillermo Bawden en Op. Cit., El Dedo Deicida, Muu+
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lunes, febrero 24, 2025

Ricardo Güiraldes / De "El cencerro de cristal", 3





Leyenda
 
El río dijo al sauce: «Yo soy la vida y, en mi incesante correr, renuevo emociones».

El sauce dijo al río: «Yo soy el poeta, ¿no ves como te embellezco, rezando sobre ti las estrofas de mis ramas?»

Dijo el río: «Pues ven conmigo, tú me darás la belleza de tu canto, yo el encanto de nuevas bellezas».

Y aceptó el sauce; pero en la primer caída, la frágil armazón de verdura se desgarró sobre las toscas.

Y dijo el sauce: «Déjame, que si bien soy un momento de alegría en tu carrera, no puedo, sin romperme, seguirte todo el tiempo».
 
Y el río, para quien el sauce empezaba a ser carga, le depositó en un rincón sereno.

El sauce ha reverdecido y sus hojas besan el agua.

El río sigue su brutal correr, mas al pasar frente al poeta, amansa su delirio, y las aguas, acariciando las raíces, han labrado el remanso.

Un encanto fatal, envuelve aquel sitio dormido. La doncella que pasa, no debe ceder al llamado tranquilo.

La Porteña, 1913

 

Solo

Está el llano perdido en su grandura.
La tarde, sollozando púrpuras, aquieta
las coloreadas vetas,
que depura.

De la cañada el junquillal sonoro, 5
en rojo y oro,
detiene girones de color,
que haraganean, lentos,
sus últimos momentos.

No hay ni hombres, ni poblado.

Polvaredas, 1914



El nido
   
Donde más alto trepa la sierra, un pico agudo y liso apunta al cielo su puñalada de piedra.

El sol y el viento se astillan entre sus riscos.

Y si la nieve, en su base, le circunda con regio fulgor de pureza, emerge más frío, más puro; severo e inconmovible, en su negrura lustrosa.

Cuando la amenaza de enorme cilindro rojizo rueda del horizonte, como un toldo que se corriese sobre el mundo, las cosas todas se quejan, en terror de espera; la tierra empalidece a la amenaza brutal de la tormenta. Entonces un punto negro aparece en el espacio, crece y crece, mientras, en impetuosas curvas, viene ampliando la espiral de su vuelo.

Es el Cóndor.

El viento chirría en sus rehacias plumas. Y súbitamente, cerrando las alas, desciende en perpendicular hacia la cima, como un pedazo de infinito que cayera sobre tierra.

París, 1912

Ricardo Güiraldes (Buenos Aires, 1886-París, 1927), El cencerro de cristal, Librería "La Facultad", de Juan Roldán, Buenos Aires, 1915 Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Más poemas de Ricardo Güiraldes en Otra Iglesia Es Imposible
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martes, febrero 18, 2025

Alicia Silva Rey / Dos poemas



La copa de cristal
Disonancias
/
Theodor A.*
anticipa
los aportes
de la biología molecular
al desempeño
de un ciborg artista:



en la soledad y el aislamiento
el compositor cumple
las demandas sociales

la soledad

la soledad habita
las células más íntimas
de los problemas técnicos


* Theodor W. Adorno.


Tal como el interior de una catedral vibra y concilia

Ahí prietos y en fila india bajo los grandes
archipiélagos de luz;
no luz y más más luz sino
toda la luz en parcelas de luz.
No era sino re-conocer y vibrar.

¿Desde dónde? No sé, no sabíamos.
Era parecido a recordar y enlazar
no como verbos sino como
cantares:

Ariadna recobrando su hilo de manos de Teseo,
Rose pudiendo sostener hasta ser rescatados con vida, la mano de Jack Dawson luego del hundimiento del Titanic
ah,
y la cesación del dolor

¿Qué dije? Dije
aplazamiento, introspectiva del dolor.

Alicia Silva Rey (Quilmes, Argentina, 1950), "La copa de cristal, 7 poemas inéditos", Op. Cit. 31 de enero de 2025

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Foto: Alicia Silva Ray/Facebook

sábado, febrero 15, 2025

Ricardo Ruiz / Dos poemas



miserere

nudo a nudo 
la escritura
presiente

un saber 
que no termina 

de saberse

la lengua 
que nos habla 
resuena
en un callar

de las cosas
del mundo dichas 

y pesares

la ley 
del horror

en la caída

el nosotros
cantando 
miserere 
a verso a verso 

sobre
los huesos rotos

hojas 
en la tormenta 

girando

en el viento 
dicen

lo que la luz
oculta
en su silencio



*

decir tal vez

          Lo que podía haber sido y lo que ha sido
          Apuntan a un fin, que es siempre presente.
                                                                T.S. Eliot

en este tiempo 
que persiste 
en su medianoche 
en un cielo
sin estrellas 
y negro biblia

escuchamos
sus máquinas 
de guerra
bendecir

en letras de sangre y fuego

el bajo continuo
de la rapiña 
acumulación
primitiva
permanente

de la mentira 
la construcción 
verdadera:
el sinsentido 
de las cosas 

el resto 
del resto
los sin nombre
que somos

aparecidos
de cuerpo presente
cantando
un sueño plural
que no despierta

bajo este cielo
que nos queda

la indisciplina 
de la oralidad 
reunida 
en escritura

decir 
tal vez 

y  
que tal vez 
sea

[inéditos]

Ricardo Ruiz (Buenos Aires, 1953)

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Foto: Ricardo Ruiz7Facebook