lunes, septiembre 15, 2008

Lo que ha bastardeado la poesía es la obviedad, el coloquialismo recurrente y extremoso, el ninguneo ontológico, la falta de cuestionamiento

La teoría del glamour

por Silvia Camerotto
en de sibilas y pitias


todo empezó con el comentario sobre un libro del que no estaba segura, aún no estoy segura, (si es que hay algo que sea en realidad seguro), sobre cuánto me gusta. entonces, mi interlocutor, en un salto, pensando en el lenguaje, me dijo que los que establecen el canon habían arruinado la poesía, que la habían degradado, que produjeron la renuncia a una poesía elevada, fomentado el coloquialismo, agregando: porque el poeta es un ser diferente, porque estos son todos burgueses, porque mirá a fijman, mirá a bustos... ellos se encontraron en el borda.
primera in-conclusión: todo poeta que así se precie, ha de ser un border.
si mal no recuerdo, no todos los grandes poetas han terminado en el punto de encuentro 'borda'. algunos zafaron. si mal no recuerdo, algunos grandes poetas pactaron con el fascismo, el catolicismo, y con cualquier otro ismo que estuviera a mano. si mal no recuerdo, algunos canónicos medios publicaron a celan, (vaya, con el canon oficialista. se puede escribir poesía después de auschwitz? ), y a surrealistas, y a dadaístas, y sí, también a objetivistas y publicaron mucha y variada poesía. si mal no recuerdo, algunos poetas, además de respirar, comen, se visten y duermen, aunque sea muy de vez en cuando. incluso pessoa trabajaba,en una oficina, traduciendo correspondencia comercial.
el poeta: es un pequeño dios? es el intermediario entre dios y el hombre? es el visionario? un ser oracular?
primera conclusión: sea como fuere, el poeta también es un hombre.
lo que ha bastardeado la poesía es otra cosa. no es un grupo de personas a cargo de una revista. ni siquiera es un grupo de personas. ni el canon. lo que ha bastardeado la poesía es la obviedad, el coloquialismo recurrente y extremoso, el ninguneo ontológico, la falta de cuestionamiento, el fast life y las modas. sí, las modas
hoy, aquí, alguna (mucha) gente de la cultura no asiste a la casa del escritor porque es macrista. si se rinde homenaje a giannuzzi o a monguzzi, da igual. no vamos, porque el lugar del evento es macrista y además, no es cool. hoy, aquí, se buscan los quince minutos de fama, proliferan los talleres literarios donde todo se mezcla, se infortuna y los alumnos pasan del extremo del discurso cotidiano del tacho de basura a la ampulosidad de las palabras carentes de significado.
hoy, aquí, los conceptos se confunden y se alteran, como la biblia y el calefón.
no importa el escritor, importa el lugar.
no importa la escritura, importa el diseño de tapa.
no importa la lectura, importa la performance.
no importa si hay algo para decir, ni si hay cómo decirlo. se dice lo que viene en gana, como sea.
segunda conclusión: no se dice. no se está diciendo.
se vive en definiciones, en inclusiones que excluyen, en cegueras monocordes que marcan a dedo, que castigan y, a veces, premian.
lo que bastardea la poesía es la futilidad con que se escribe, una poética del vacío que se convierte en profuso llenado y nunca silencio.
no, no es el canon, ni un grupo de gente, ni un diario, ni una revista.
lo que bastardea la poesía es el olvido de la poesía misma.
tercera y última conclusión: el pensamiento encerrado, es pensamiento inútil.


2 comentarios:

  1. En respuesta a una parte de los temas que plantea Silvia, en verdad solo a los primeros renglones, quiero citar unas palabras del escritor Cesar Aira, con cuyo pensamiento coincido o, por lo menos, coincido con el fragmento que cito a continuación:

    «Hubo una época, felizmente no tan lejana como para que no hayamos alcanzado a vivirla, en que los escritores eran figuras románticas, dramáticas, envueltas en el misterio: inexplicables. Después, fue como si empezaran a hablar, y ya no pudieran dejar de hacerlo. Ahí coincidieron, no por azar, el desarrollo de la llamada «industria de la cultura» y una especie de temor de los artistas a alentar esperanzas excesivas en su trabajo, temor que los llevó a adelantarse a declarar que eran seres comunes y corrientes, más vulgares inclusive que el promedio, preventivamente. Sea como sea, es difícil imaginarse cómo pueden despertarse vocaciones literarias en los jóvenes que ven escritores diciendo banalidades en televisión, y comportándose en general como pequeñoburgueses bienpensantes».

    Más allá de las ironías de Aira, creo que la «desromantización» de la figura del escritor ha dado lugar a un prolongado equívoco, en un mundo que tiene rigurosamente prohibidas las revelaciones.

    Por supuesto, no considero que todos los escritores deban ser «border» (termino del discurso psiquiátrico, y por lo tanto sospechoso).
    Pero pienso que el artista es un ser de una sensibilidad particular que, socialmente, absorbe en su cuerpo circunstancias que mucha otra gente no percibe.
    Esto provoca que los poetas, eventualmente, den la hora antes de tiempo.

    Allí está Rimbaud, dando la tónica del siglo XX.
    Allí tenemos, por ejemplo, a Kafka, quien sufre corporalmente un horror que seria el de su escritura, que es el de la época que vaticina. Milena y la hermana del escritor checo, deportadas a los campos de concentración. La denuncia de un poder inmemorial escribiendo sobre el cuerpo de los condenados en la colonia penitenciaria.

    Los últimos poemas de Alejandra Pizarnik y toda la obra de Miguel Angel Bustos cobran un nuevo sentido a esta luz.
    Algunos versos de Bustos, como «tuve que morir volver a ustedes» tienen un significado especial en retrospectiva.
    Lo mismo ocurre con el joven Rimbaud cuando anuncia y describe el final de su vida. «Las mujeres cuidan de los inválidos que vuelven de tierras calientes».

    Por otro lado, pienso que existe un perverso mecanismo propio de la sociedad neurótica, donde una mayoría supuestamente «cuerda» se apropia de la riqueza intelectual de seres que en vida excluyó.
    Basta decir que Jacobo Fijman tenía prohibida la entrada a la Biblioteca Nacional.
    Y la desaparición por parte del proceso militar del gran poeta Miguel Angel Bustos, es seguida por la desaparición de su voz misma, hasta la reciente publicación de sus obras completas.

    Cabe preguntar:

    ¿Dejarían a Van Gogh, entrar al Louvre? ¿Podría Van Gogh comprar un Van Gogh? ¿Podría Nietzsche pagar la cuota de una universidad privada donde se discute su pensamiento?

    Ante la mención de Paul Celan en la nota, bien vale citar una frase de este poeta: «La poesía ya no se impone, se expone». Allí estaría tal vez una respuesta posible a la teoría de glamour.

    Personalmente le pediría a la poesía gestos más audaces, operaciones de lectura más jugadas, construcciones que no se conforten en ninguna escuela o canon.

    Cito estas palabras de Alain Badiou, en el análisis que hace de la Oda Marítima de Fernando Pessoa:
    «Para que el individuo se convierta en sujeto es preciso que supere el temor, el «miedo innato a las prisiones», sin duda, pero más aún el miedo a perder toda identidad, a ser desposeído de las rutinas del lugar y el tiempo, de la vida «reglamentada y revisada...».
    «...El miedo inmoviliza al individuo, lo transforma en impotente. Y no tanto el miedo a la represión o al dolor, como el miedo a no ser más lo poco que se es, ni tener lo poco que se tiene. El primer gesto que lleva a la incorporación colectiva y a la trascendencia artística es dejar de tener miedo.
    Nos gusta que nuestra vida esté reglamentada para escapar a la inseguridad. Y el custodio subjetivo de la regla es el miedo...».

    En consonancia con esta idea, no me parece casual que Hölderlin haya usado la palabra «indigencia» para hablar de los tiempos que vendrían o que Juan L. Ortiz defina a la poesía como «la intemperie sin fin».

    El temor a lo sensible o a lo trascendente, ha hecho olvidar que la poesía fue el viaje espiritual en San Juan de la Cruz y también, en bodas con la noche, el reencuentro con la amada en Novalis, ascensión y caída en Fijman y en Bustos, por citar algunos ejemplos.

    Bueno, me he extendido demasiado y quedan muchas cuestiones del escrito original sin abordar. Pero comienzo por estos pensamientos, borroneados de forma apresurada, pero intensa, para proseguir el debate.

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  2. si bien el tema de la función del poeta no es, o no era, el centro de la cuestión, intento responder a su comentario brevemente. ningún poeta que se precie dejará de hablar (tomo su cita de aira, a quien yo no citaría), con o sin romantización mediante. si así fuera, a esta altura y de acuerdo a la necesidad de mercado, la poesía habría dejado de existir. todos sabemos que se venden novelas, libros de autoayuda, etc., pero no se vende poesía. nadie la compra.
    la poesía, salvo alguna mínima excepción, no es leída en las universidades, no es leída en los colegios secundarios, no es leída en los colegios primarios.
    un pequeño burgués bienpensante, no escribe poesía porque no le interesa porque no es ‘útil’, (siguiendo los parámetros utilitaristas)porque no se puede hacer negocio con ella.
    conozco a algunos poetas que han dejado/van dejando la marca de su tiempo, sin terminar en las situaciones límites de algunos de los poetas que usted menciona, condiciones que, además, no considero esenciales para escribir.
    hacer un juicio de valor con respecto a dar la hora antes de tiempo, en la contemporaneidad, formando parte de la contemporaneidad, me parece un juicio apresurado o en tal caso, lábil. la escritura anticipada se reconoce cuando el tiempo, la línea del tiempo, se corre lo suficiente.
    la exclusión o inclusión no es exclusiva del campo poético o cultural o intelectual, es extensiva a todos los campos de la sociedad sin excepción.
    los gestos audaces existen: aún, pese a todo, se escribe poesía. esa es la audacia. creo que ningún poeta actúa/escribe ‘reglamentado’ o ‘temeroso’. el temor o el reglamento, desde lo fundacional, no se condicen con la escritura poética.
    la poesía sigue siendo poesía (hablo de poesía, no de simulacros poéticos) más allá de cualquier circunstancia social, económica, política o partidaria; más allá de todo. y, en el sentido otro: la poesía, definitivamente, no se vende.

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