sábado, mayo 29, 2010

Microensayo


El 45: Poesía y función
Por Jorge Aulicino
Donde se especula sobre la condición física de la poesía contemporánea y se explica el criterio de este blog.

Cualquier hecho histórico, en sus formas materiales, podría ser tomado como símbolo o como el ícono de una época, o de su comienzo, o de su final. De modo arbitrario, pero a mi juicio significativo, tomo como símbolo del final de una larga época los hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, en 1945. Estoy persuadido que esas dos flores dantescas cierran un período de la humanidad al que necesariamente debemos fijar un comienzo en la caída de Troya, el exilio de Eneas y la fundación mitológica de Roma. No es poco, pero es imposible no ver en el bombardeo de esas dos ciudades japonesas un suceso jamás concebido por ningún sistema de creencias o de imaginación, en toda la historia humana. Los hongos atómicos dicen a la vez muchas cosas. Que la vida puede desaparecer en masa. Que la naturaleza íntima de la materia es divisible. Que acaso todo ha surgido de un punto de concentración y calentamiento. Que el desarrollo de los imperios sigue la misma lógica de la explosión atómica. Que la humanidad es capaz de condenarse a vivir en un desierto radiactivo en un futuro no muy lejano. Que la sustancia del universo es de tipo gaseoso y árido, y que la vida es un accidente o un hecho mágico en el desarrollo de las cosas en la escala cósmica, si es que aún podemos utilizar la palabra desarrollo aplicada a sucesos más allá de un ínfimo organismo, como el organismo animal o vegetal.
Dadas estas circunstancias, y las inferencias arbitrarias, pero significativas, que de ellas pueden hacerse, yo leo la historia de la humanidad, y de la literatura toda, de otro modo a partir de 1945. Y creo no estar absolutamente separado de la realidad si digo que, con un tejido no homogéneo, la literatura presenta sin embargo ciertas características reconocibles a partir de la mitad del siglo pasado en todo el mundo y en todas las lenguas. Los poetas anteriores a la década de los cuarenta, pero más cercanos a esos años en el tiempo, nos parecen más afines que los que escribían, por ejemplo, a fines del siglo XIX y comienzos del XX. A medida que los poetas se aproximan a 1945, nos parecen aun más afines. Hemos nacido en los cuarenta. Me temo que muchos de los nacidos veinte o treinta años más tarde superan nuestro sistema de creencias. Y ese efecto doppler, que es el que produce la onda sonora de un automóvil, por ejemplo, cuando se acerca y se aleja, es aun más perceptible si pensamos en los que nacieron cuarenta años más tarde, alrededor de los 80. La frecuencia de onda ha variado y nuestro oído sabía de aquella que señalaba la aproximación del fenómeno; ignora esta otra, la del bólido que se aleja.
Hasta el final del siglo XIX, la poesía era un campo uniforme. Antigua, renacentista o romántica, procedía del mismo modo y tenía el mismo objetivo. Ese objetivo era el de emocionar por medio de la cadencia y la metáfora, usadas con fines de intensificar y embellecer el efecto de un mensaje inequívoco. No se concebía al poema como una imagen única y orgánica, ni siquiera como metáfora única, y como una única vibración -aunque en varios compases o intensidades- como empezó a proponerse a fines del XIX. Nadie, hasta, concretamente, las correspondencias de Baudelaire y su normativa, establecida por el creacionismo y el imaginismo, pensó que el poema era un evento, un suceso, diferente en el orden de los sucesos cotidianos -a los que no representaba, sino que se sumaba a ellos- y que la mal llamada "música" del poema pudiera ser la de una sola cuerda. Es decir que si algo decía el poema, lo decía con su propia estructura, no con recursos retóricos adicionales ni con sonidos adicionales. Y lo que el poema decía era el poema mismo. Diría Wallace Stevens, resumiendo: el poema es un meteoro. La teoría de cuerdas de la física astronómica vino a confirmar –metodológicamente, puesto que en el plano de la física moderna no existe posibilidad de confirmación empírica- lo que la poesía había establecido a lo largo del siglo XX: el campo unificado es una vibración universal, una función de onda, en cuyas intensidades se forman las galaxias, la materia inestable, atravesada por la entropía. El efecto doppler provoca que aquella poesía y esta teoría nos suenen cada vez más graves. La luz del objeto tiene una longitud de onda más amplia y, de este modo, sabemos que todo, la poesía y la física incluidas, se mueve en una de estas dos direcciones: hacia el límite de sus posibilidades de expansión, desde donde volverá a retraerse hacia un mundo infinito e inequívoco de masa pura; o hacia la expansión absoluta y la falta de calor y energía: la muerte térmica. Pero en el plano especulativo el cero absoluto no existe y entonces la más mínima expresión de calor persistirá en el universo y creará nuevos fenómenos.
Estamos lejos de saber qué otro lenguaje están produciendo las ciencias y la poesía, ya que la ciencia es imposible sin la palabra en estado lógico puro, sobre la base de un efecto de big bang producido por la expansión de la poesía y la teoría desde mediados del siglo XX.
En el blog Otra Iglesia es Imposible he * agrupado a los poetas de acuerdo con este criterio: poetas nacidos antes de 1940 y nuevos poetas, en el convencimiento de que alrededor de los 60-70 la poesía, nacida del big bang de las vanguardias, tenía un estado de onda corta, en el que los procesos se verificaban a muy breves distancias entre el núcleo significativo y sus alcances reales. A partir de allí, habría empezado una nueva historia, la historia del cosmos, la historia de la expansión, en la que la poesía se hizo indistinguible de lo que menciona. Es imposible, dicho en otros términos, asegurar si la poesía y la teoría nombran fenómenos o se designan a sí mismas. Del estado primitivo, que duró más de dos milenios y medio, la poesía pasó a expandirse del mismo modo en que lo hizo la materia, sin que sepamos -como no lo saben los físicos- cuál fue la fuerza, el motivo, de que un estado de densidad infinita, autosuficiente, en el que la física o la poesía no necesitaban interpretación, haya estallado para dar lugar a un universo que no sabemos si va hacia su extensión casi absoluta o hacia un nuevo repliegue en sí mismo.


* La agrupación de los autores en el blog cambió, para mejor organización visual del blog, pero no el criterio que, para el autor, sigue ubicando los 50 del siglo pasado como un punto de inflexión en la poesía moderna.

13 comentarios:

  1. Al administrador: Usted arranca, o toma como corte para el ordenamiento de los poetas en su blog, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, hongos físicos, literales y "metafóricos" de un antes y el después. Luego de un discurso que no veía desde Roberto Arlt, Macedonio Fernández, Xul Solar y otros, usted cierra con éstas, sus palabras: "(...) cuál fue la fuerza, el motivo, de que un estado de densidad infinita, autosuficiente, en el que la física o la poesía no necesitaban interpretación, haya estallado para dar lugar a un universo que no sabemos si va hacia su extensión casi absoluta o hacia un nuevo repliegue en sí mismo". Los motivos de la Segunda Guerra Mundial fueron varios; los cambios en la poesía han sido varios. Tanto en número como en densidad, la palabra cambió, supongo, por necesidad, por sobrevivencia. Aun así, pregunto si la poesía argentina, cubana o la de Irak se mueven y se modifican encima de o bajo los mismos rieles que usted plantea. No me animo a absolutizar porque no quiero absolutizar; tampoco me animo a unificar la relación entre la física y la poesía. Algo más se mueve en el mundo, junto con el mundo, y lo mismo pasa en y con las palabras -y no sólo la historia se suma-, que provoca aquel estallido y los que vendrán.
    Hay un hilo entre lo que se creó antes de la preguerra y el hoy y, supongo, el mañana: algo de verdad y belleza. Aggiornadas a cada situación estética, creo que no hay big bang ni entropía que puedan destituirlas. El Hongo, según mi arbitrario parecer, que subvirtió la poesía argentina fue en 1974. Del '74 a los ochenta y tantos, el buraco ha ido fermentando y formando el lenguaje de las generaciones posteriores. Pero tampoco me olvido de la alquimia. No es lo mismo el ajenjo que la cocaína; el opio que el cayote; el tetra o el "E" que el crack o el paco. O la sífilis de Nietzsche igual que el VIH de Perlongher. El estado gaseoso se ha entremezclado con el líquido; el átomo se divide y también se clona. No sé si habrá desintegración, elongación o repliegue. Desconozco. De cualquier manera, seguiré apelando a ese hilo que me sostiene, y que bien puedo llamar Vacío, doy fe; I.G.

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  2. Irene: Salvo que no sé bajo qué parametros se mueve la poesía de Irak, todo lo demás está dicho en la nota en cuestión. No creo que los motivos no sean varios, y a los hongos nucleares no los pongo como motivos. Su comentario no está lejano del mío. Y tomo como elogio que me diga que no veía un discuro así desde macedonio, xul y arlt. Yo creo sí, usted no, que hay entropia que todo puede desmembrar, no sólo poesía, sinotambién bienes muebles, inmuebles y semovientes. Del big bang estoy menos seguro. Gracias por su comentario
    (en cuanto al modo de ordenar los autores en el blog, eso puede variar en alguna curvatura del espaciotiempo por propia densidad o efecto del ajenjo o el peyote)

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  3. en tal caso, la indivisivilidad (pienso en 'indistinción') entre el fenómeno y la autodesignación, limitaría la poesía al plano de la hipótesis, de la metáfora por no poder nombrar.

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  4. En efecto, es un elogio; algo que refresca las papilas. Y sí creo, cómo no, en la entropía de la que hablan la física, Borges, la realidad contante y sonante. Gracias, Irene

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  5. Sibila, el no poder nombrar nombrando viene antes de Baudelaire. La autodesignación o cualquier designación es sólo eso: una oblea. ¿Qué sería esa indistinción?, pregunto; Irene

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  6. Digo que no se puede saber si la poesía nombrala realidad, no que la realidad no existe. No sabemos si la nombra porque no sabemos qué es en su totalidad contante y sonante o no contante ni sonante. Entonces, aclaración o marbate: la poesía debe dar la impresión de que nombra la realidad. Segunda ley de Huidobro: debe ser un árbol o no serás nada

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  7. Ley o marbete de César F. Moreno: nunca quieras saber qué hace un hombre
    con la cabeza entre las rodillas

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  8. Como en otras ocasiones, mi primera reacción consistirá en manifestar una profunda admiración por el tipo de pensamiento sobre la poesía que desarrolla Aulicino. Hay algo oblicuo allí que no deja de conmover, justamente porque no se anulan otros puntos de vista, sino que se los cruza de manera transversal, devolviéndolos más ricos.

    Entonces, más allá de si su punto de vista puede comprobarse en términos absolutos o no, entiendo que sirven para poner en marcha toda una maquinaria que a esta altura de la civilización me parece indispensable para poder entender por qué muchas cosas en la esfera de la poesía funcionan de la manera en que lo hacen. Dicho de otro modo, plantear que el advenimiento de la era atómica –Hiroshima y Nagasaki mediante– marca un punto de inflexión para la humanidad y, por lo tanto, para la poesía implica desmentir que lo que después venía era una etapa de silencio, como la que propuso la frase ¿de Celan? sobre la imposibilidad de seguir escribiendo después de Auschwitz. Lo de Aulicino es una manera de oponerse a los slogans que dan por concluido nuestro modesto tránsito por el mundo y la particular manifestación que de ello hacemos cuando escribimos poemas.

    Sobre el resto, no sé. Tal vez falten datos. O quizás estamos todavía muy cerca del objeto como para poder comprobar que tiende o no a expandirse. Pero celebro que Jorge haya hecho el gasto y nos deje pensando.

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  9. Me parece original la relación entre la física y la poesía; Parra postulaba analogías entre una y otra, decía que para él los nuevos poetas eran los físicos, a partir de la física cuántica. Me parece acertado el recorte antes del 45' o del 50' y lo que viene después, algo parecido, en cuanto a la expansión puede leerse en la música contemporánea a partir de John Cage, donde la exploración de los timbres y de las sonoridades se alejan tanto de la tradición que para muchos las composiciones no son música.
    Me imagino, Jorge, que cuando aludís al ordenamiento de los poetas por décadas, te referís sólo a la poesía argentina, no? Me quedó esa duda.
    Lo bueno es que a pesar de la entropía, "la más mínima expresión de calor persistirá en el universo y creará nuevos fenómenos", lo cual no deja de ser optimista, ya sea en la expansión o en el repliegue. La materia inestable, ya sea física o literaria no debería hacernos olvidar que el poema es un objeto autónomo, con vida propia. Y, por ahora, eterno.

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  10. ¿Por qué la poesía debe dar la impresión de que nombra la realidad? ¿Y si no quiere nombrarla? ¿Y si quiere nombrar lo irreal, qué pasa? ¿Debe hacerlo como si fuese lo real? Puede ser, tiene razón.
    Respecto del marbete de F. Moreno, jamás me metería en tal situación..., IG

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  11. Agradecido por los comentarios. Marcelo: el cálculo en décadas es aproximado, y seguramente pienso más en la poesía argentina que en cualquier otra, porque es la que más conozco, aunque me parece que el proceso abarca a todas, por lo que se puede saber de América latina y el resto del mundo. La fusión de realidad e imaginación me parece el rasgo distintivo. Para Irene:segunda ley de la termodinámica de Stevens: "la realidad es sólo la base, pero es la base", en la que conviene tener en cuenta que el adverbio "sólo" es equivalente y precede al adversativo, y no, como generalmente se hace, subrayar el "pero".

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  12. Para mí que Stevens era peronista, che. Con todo respeto a los unos y a los otros.
    Pero ya que se está hablando de física, por qué no hablar del vacío; ése, el de la creación. Gracias, Irene

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  13. irene:
    solo un rato después.
    donde dice 'indivisibilidad' o 'indistinción', léase 'no diferenciación, unión, fusión' o similar.
    donde dice 'no poder nombrar', léase 'no poder nombrar'.
    un saludo cordial,

    s.

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