lunes, mayo 23, 2011

Salvatore Quasimodo / Dos poemas



[de Erato y Apòllion, 1932-36]

Canto de Apolo

Noche terrenal, en tu débil fuego
me complací a veces
y descendí entre los mortales.

Y vi al hombre
inclinado sobre el vientre de la amada
oírse nacer,
y mudarse desechado a la tierra,
las manos enlazadas,
los ojos y la mente secos.

Amé. Frías eran las manos
de la criatura nocturna:
altos terrores acogí en el vasto lecho
donde al alba despertóme
un revuelo de palomas.

Luego el cielo allegó hojas
sobre su cuerpo inmoble:
subieron lúgubres las aguas en los mares.

Amor mío, heme aquí lamentándome
Sin muerte, solo.

Traducción de Carlos Viola Soto (Salvatore Quasimodo, Poesía completa, Editorial Sur, Buenos Aires, 1959)


[De La terra impareggiabile, 1960]

Todavía, desde el infierno

No nos dirán una noche gritando
por los megáfonos, una noche
de azahares, de nacimientos, de amores
apenas comenzados, que el hidrógeno
en nombre del derecho quema
la tierra. Los animales los bosques se funden
en el Arca de la destrucción, el fuego
es un muérdago sobre los cráneos de los caballos,
en los ojos humanos. Luego, a nosotros, muertos,
ustedes muertos dirán nuevas tablas
de la ley. En el antiguo lenguaje,
otros signos, otros perfiles de dagas.
Balbuceará alguno sobre la escoria,
inventará todo de nuevo
o nada en la suerte uniforme,
el murmullo de las corrientes, el crepitar
de la luz. No será la esperanza
lo que dirán ustedes muertos a nuestra muerte
en los embudos de fango hirviente,
aquí, en el infierno.

Versión de Jorge Aulicino

Salvatore Quasimodo (Módica, 1901-Nápoles, 1968)


Canto di Apòllion

Terrena morte, al tuo essiguo fuoco / mi piacqui tavolta, / e scese fra i mortali. // E vidi l'uomo / chino sul grembo dell'amata /ascoltarsi nascere, / e mutarsi consegnato alla terra, / le mani congiunte, / glui occhi arsi e la mente. // Amavo. Frede erano le mani / della creatura notturna: / alti terrori accoglieva ne vasto letto / ove nell'alba udii destarmi / da battito di colombe. // Poi el cielo portò foglie / sul suo corpo immoto: / salirono cupe le acque nei mari. // Mio amore, io qui mi dolgo / senza morte, solo.

Ancora dell'inferno

Non ci direte una notte gridando / dai megafoni, una notte / di zagare, di nascite, d’amori / appena cominciati, che l’idrogeno / in nome del diritto brucia / la terra. Gli animali i boschi fondono / nell’Arca della distruzione, il fuoco / è un vischio sui crani dei cavalli, / negli occhi umani. Poi a noi morti / voi morti direte nuove tavole / della legge. Nell’antico linguaggio / altri segni, profili di pugnali. / Balbetterà qualcuno sulle scorie, / inventerà tutto ancora / o nulla nella sorte uniforme, / il mormorio delle correnti, il crepitare / della luce. Non la speranza / direte voi morti alla nostra morte / negli imbuti di fanghiglia bollente, / qui nell’inferno.


Ilustración: Quito de la nube negra, 1987, Oswaldo Guayasamin

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