lunes, mayo 30, 2011

John Donne / De "Devociones"



XV

Intereà insomnes noctes Ego duco, Diesque

No duerme ni de día ni de noche

Los hombres corrientes han concebido un doble uso del sueño; que es un alivio del cuerpo en esta vida; que es una preparación del alma para la próxima; que es una fiesta y la gracia de una fiesta; que es nuestro esparcimiento y nos regocija, y es nuestro catecismo y nos instruye; y yacemos en la esperanza de que nos levantaremos más fuertes; y yacemos en la inteligencia de que no hemos de alzarnos más. El sueño es un opio que nos da descanso, acaso, sometido a él, no nos despertaremos más. Pero aunque los hombres corrientes, que han inducido consideraciones secundarias y metafóricas, han hallado este segundo, este emblemático uso del sueño, de que es una representación de la muerte; Dios, quien forjó y perfeccionó su obra, antes de que la naturaleza comenzara (porque la naturaleza no fue sino su aprendiz, que aprendió en los primeros siete días, y ahora es su capataz y trabaja bajo sus órdenes), Dios, decía, destinó el sueño solamente para alivio del hombre mediante su descanso corporal, y no como imagen de la muerte, porque todavía no había pensado en la muerte. Pero habiendo el hombre provocado la muerte sobre sí mismo, Dios ha tomado esa criatura del hombre, la muerte, en sus manos y la ha mejorado; y por cuanto tuvo terrible forma y aspecto, y el hombre su horrorizó de su propia criatura, Dios e la presentó en una familiar, en una asidua, en una agradable y aceptable forma, como sueño, de modo que cuando el hombre despierta, y se dice a sí mismo: "No estaré de otra manera, cuando haya muerto, que como estuve ahora, mientras dormía", puede avergonzarse de sus sueños al despertar, y de su melancólica fantasía de una horrible y espantosa figura de esa muerte que tanto se asemeja al sueño. Así como necesitamos del sueño para vivir nuestros setenta años, también necesitamos de la muerte para vivir esa vida que no podemos sobrevivir. Y así como, siendo la muerte nuestro enemigo, Dios nos permite defendernos en contra de ella (ya que nos avituallamos en contra de la muerte dos veces por día, cuando comemos), también Dios, habiendo dulcificado, como lo ha hecho, nuestra muerte en sueño, nos pone en manos de nuestro enemigo una vez por día; en la medida en que el sueño es muerte; y el sueño es tan muerte como el alimento es vida. Tal es, pues, la miseria de mi enfermedad, que la muerte, conforme es creada por mí mismo, y es mi propia criatura, está ahora ante mis ojos, pero en la forma en que Dios la ha mitigado para nosotros, y la ha hecho aceptable, en sueño, no puedo verla; ¡cuántos prisioneros que han cavado ellos mismos sus tumbas en esta tierra, sobre la que han yacido tanto tiempo bajo fuertes grillos, sin embargo en esta hora están dormidos, aunque todavía trabajen sobre sus propias tumbas con su propio peso! El que ha visto a su amigo morir hoy, o sabe que lo verá morir mañana, se hunde sin embargo en un sueño intermedio. Yo no puedo; y, oh, si ahora estoy entrando en la eternidad, donde ya no habrá diferencias de horas, ¿por qué me ocupo ahora de la marcha de los relojes?; ¿por qué ninguna de las opresiones de mi corazón le son ahorradas a mis párpados, para que puedan caer, como caerá mi corazón? ¿Y por qué, puesto que he perdido mi placer en todas las cosas, no puedo interrumpir la facultad de verlas, cerrando mis ojos en el sueño? Pero, ¿por qué, ya que estoy entrando en esa presencia, donde estaré continuamente despierto y nunca más dormiré, no interpreto mi estar continuamente despierto, aquí, como una parasceve, y mi preparación para aquello?


John Donne (Londres, c.1572-1631), Devociones, traducción de Alberto Girri, Breviarios de Información Literaria, Editorial Brújula, Buenos Aires, 1969


XV. Interea insomnes noctes ego duco, diesque.

I sleep not day nor night.

XV. MEDITATION.

Natural men have conceived a twofold use of sleep; that it is a refreshing of the body in this life; that it is a preparing of the soul for the next; that it is a feast, and it is the grace at that feast; that it is our recreation and cheers us, and it is our catechism and instructs us; we lie down in a hope that we shall rise the stronger, and we lie down in a knowledge that we may rise no more. Sleep is an opiate which gives us rest, but such an opiate, as perchance, being under it, we[Pg 97] shall wake no more. But though natural men, who have induced secondary and figurative considerations, have found out this second, this emblematical use of sleep, that it should be a representation of death, God, who wrought and perfected his work before nature began (for nature was but his apprentice, to learn in the first seven days, and now is his foreman, and works next under him), God, I say, intended sleep only for the refreshing of man by bodily rest, and not for a figure of death, for he intended not death itself then. But man having induced death upon himself, God hath taken man's creature, death, into his hand, and mended it; and whereas it hath in itself a fearful form and aspect, so that man is afraid of his own creature, God presents it to him in a familiar, in an assiduous, in an agreeable and acceptable form, in sleep; that so when he awakes from sleep, and says to himself, "Shall I be no otherwise when I am dead, than I was even now when I was asleep?" he may be ashamed of his waking dreams, and of his melancholy fancying out a horrid and an affrightful figure of that death which is so like sleep. As then we need sleep to live out our threescore and ten years, so we need death to live that life which we cannot outlive. And as death being our enemy, God allows us to defend ourselves against it (for we victual ourselves against death twice every day), as often as we eat, so God having so sweetened death unto us as he hath in sleep, we put ourselves into our enemy's hands once every day, so far as sleep is death; and sleep is as much death as meat is life. This then is the misery of my sickness, that death, as it is produced from me and is mine own creature, is now before mine eyes, but in that form in which God hath mollified it to us, and made it acceptable, in sleep I cannot see it. How many prisoners, who have even hollowed themselves[Pg 98] their graves upon that earth on which they have lain long under heavy fetters, yet at this hour are asleep, though they be yet working upon their own graves by their own weight? He that hath seen his friend die to-day, or knows he shall see it to-morrow, yet will sink into a sleep between. I cannot, and oh, if I be entering now into eternity, where there shall be no more distinction of hours, why is it all my business now to tell clocks? Why is none of the heaviness of my heart dispensed into mine eye-lids, that they might fall as my heart doth? And why, since I have lost my delight in all objects, cannot I discontinue the faculty of seeing them by closing mine eyes in sleep? But why rather, being entering into that presence where I shall wake continually and never sleep more, do I not interpret my continual waking here, to be a parasceve and a preparation to that?

Devotions, pág 23, Proyecto Gutenberg

Ilustración: Sleep and His Half Brother Death, 1874, John William Waterhouse

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