
O ese arbusto de yerba mala...
O ese arbusto de yerba mala justo al lado del pino,
molesta, no se ve bien;
como ese hongo al costado de la casa,
el que E. Dickinson mató un día, lo escribió así
y envió una carta, terrible el pisotón,
no pudo no hacerlo ni dejar de contar
(como el que calcula sus pecados),
sumaba.
Como una luz tardía o lo que es dejado
Como una luz tardía o lo que es dejado
a pudrir, así encendí o dejé una fruta cualquiera,
un gesto cualquiera.
Es cansancio, decía, y en mi gesto no vi cómo hieden
los muertos, aun sin vergüenza, pero
cómo hieden. Chéjov anotó esto último, viajaba
y conocía mentes bajas,
deseosas y bajas.
No era atenazarme, sencillamente se echaba a perder
lo que dejaba perder. Recogía la pulpa enmohecida, aturdida,
obsecuente. Se me va de las manos
la caricia perdida… Cómo así:
lo que no he dado ha caído,
no siente vergüenza pero hiede.
Nota: Lo remarcado en cursiva parafrasea un poema de Alfonsina Storni.
Irene Gruss
Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), inéditos
Ilustración: Ajo y uvas, 1987, Miquel Barceló
De Gruss en este blog:
La mente de águila de un viejo
El tocador de la marquesa De Merteuil
Tatuaje I
Qué intenso, qué grave figura llevar a cuestas un sentimiento como un olor. Hemoso poema, qué golpe justo al centro
ResponderEliminarComo lamento conocerte hasta ahora.
ResponderEliminarEspero subirme a tu tren.
Venía a dejar esta publicidad, espero me disculpes.
La invito a enfrentar el reto.
http://loscaballerosdeladamadecristal2.blogspot.com/
Espero tu participación.
Saludos y gracias
hannibal
Estremece, hace vibrar, es poesía de la buena. Gracias Auli y muchas gracias Irene.
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