lunes, septiembre 21, 2009

Darío Rojo / de "Una explicación para todo"


En el lujo inadvertido de poder determinar

la estación que lo contiene,
el tenista se concentra en su revés paralelo
para con su golpe transformar un cristal de memoria
donde una plaga de langostas oscurece el cielo por completo,
en una proyección de hechos intermedios
de algo que alguien fue en algún tiempo.
En aquella indeterminación el mecanismo de los peces y el vino
abandona su voluntad lúdica, y al reflejar un águila bifronte
en cada espejo improvisado, pervierte la comodidad adquirida
y sin anunciantes da comienzo al interminable viaje en trineo:
el ruido de los perros golpeando la nieve, la intermitente
visión de las montañas y el cielo
desfigurando la posición gravitacional del individuo
que frente a la inminente tormenta inaugura
la imperiosa necesidad de reconciliar la convulsión de la carne
con un estado de severa inmovilidad, sintetizada erróneamente
en las uñas que están creciendo sin recibir esmalte o acetona.
Y sin esperar el desenlace, los hechos siguientes se ocultan
como una frutilla de plástico en el puño del señor Marasco.
El que al cerrar lentamente un paraguas
expuso, sin querer, el matiz general de toda perfección.

Darío Rojo (Eduardo Castex, 1964), "La Sexta armonía", Una explicación para todo. Poemas reunidos, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2009

Ilustración: Maurice Biais, Partie de tennis, Biblioteca Nacional de Francia

Otros poemas de Rojo en este blog
Convictos de su majestad
El primer peinado Leyendecker
Presentación del motivo

1 comentario:

  1. Me encantó el final con el Sr Marasco, por algo me hizo acordar al doctor Py de Bayley
    Notable el poema

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