sábado, febrero 15, 2014

Pier Paolo Pasolini / De "Transhumanar y organizar", 18













El problema de los viejos

Tú, que vienes a visitar distraído las catacumbas, con la mente
allá, en la ciudad cercana, que puede ser tan lejana,
con tu chica al lado, cualquier chica,
de las que llevan grandes bufandas de nenas en el cuello,
tú que vienes a visitar los lugares oscuros, con el pensamiento allá,
no te preocupes del que encuentras viviendo aquí en la sombra,
no tengas benévola compresión por sus viejas manías,
ni siquiera te sonrías: en suma, ahórrate cualquier reacción.
El que vive lejos de los nuevos lugares ricos de experiencias
para sus consumidores -enterrado, sí, pero con los debidos honores-
no quiere en modo alguno recordarte que es también él, a su modo, fuerte:
"Hay que dejarlo hacer": estas son las gentiles palabras
de quien lleva la bufanda en torno al cuello, el chico o la chica
por quien se encienden las luces eternamente efímeras en la ciudad lejana.
Vayan, vayan, déjenme solo: estoy muy ocupado.
En las catacumbas la oscuridad desciende sobre la oscuridad.
Los jóvenes regresaron allá: aquí uno se empeña
en un trabajo viejo, comenzado cuando éramos chicos.
Hace falta tener o poca vida detrás o poca vida por delante:
la edad de los artesanos, querido Bernardo Bertolucci,
que el adulto roza con su mirada protectora
sobre las crenchas mal peinadas o sobre las nucas blancas.


Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975) "Appendice a Trasumanar e organizzar", Tutte le poesie, Mondadori, Milán, 2003
Versión: Jorge Aulicino


Il problema dei vecchi

Tu, che vieni a visitare distratto le catacombe, con la mente
là, alla vicina città, che può essere così lontana,
con la ragazza al fianco, una qualsiasi ragazza,
di quelle che hanno grandi sciarpe di bambine al collo;
tu, che vieni a visitare i luoghi bui, col pensiero laggiù,
non preoccuparti di colui che trovi abitare lì all'ombra,
non avere cioè benevola comprensione per le sue vecchie manie,
ma non sorriderne neanche: insomma, risparmiati ogni reazione.
Costui che abita lontano dai nuovi luoghi vissuti
dai suoi destinatari - sepolto però coi dovuti onori -
non vuole affatto ricordarti ch'è anche lui a suo modo forte:
"Bisogna lasciarlo fare": queste sono le gentili parole
di chi ha sciarpe intorno al collo, ed è il ragazzo o la ragazza
per cui si accendeno i lumi eternamente effimiri nella città lontana.
Andate, andate, lasciatemi solo: sono molto occupato.
Così nelle catacombe il buio scende sul buio.
I giovani sono tornati laggiù: qua si armeggia
a un lavoro vecchio, cominciato quando si era bambini.
Bisogna avere o poca vita dietro o poca vita avanti:
l'età degli artigiani, caro Bernardo Bertolucci,
quelli che l'adulto sfiora con il suo sguardo protettore
sui ciuffi mal pettinati o sulle nuche bianche.

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