viernes, febrero 28, 2014

Enrique Lihn / De "La pieza oscura", 3















Fin de semana

"Volveremos a la vida", nos prometieron las flores
por boca de su hermana mayor. Me parece estar viéndola. De pie frente a la mesa
     ofreciéndonos el canastillo
donde las frutas confirmaban a las flores. "Sí. Sí. Como nosotras".
Está claro que el sol entra también por los oídos; sucede cuando uno cree
     escuchar visiones,
porque, de veras, las flores dijeron por su boca, en un momento de ansiedad:
     "Volveremos a la vida".

O bien: "¿Vendrán Uds. el año que viene?" Y algo así como: "Entonces, los conejos..."

La tentación es el primer recurso de la mujer y el último.
En esa aldea tan próxima al cielo lo natural era que la serpiente jugara un pequeño papel
como antes de entrar al paraíso, cuando éste era un pueblo entre otros, el tosco letrero
    de madera borrado por el polvo de la gran ruta.

Sí, se asiste al nacimiento del mundo en las aldeas que visitamos sólo una vez
cuyo camino extraviaríamos si se nos ocurriera rehacerlo.
El agua se distingue apenas de la luz, la tierra abraza en los rincones, la tierra
     color fuego que, de repente, fluye,
los elementos no responden sino al eco de su nombre.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988), La pieza oscura, 1963, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2007

1 comentario:

  1. Algo del oden de lo planetario ocurre; se alza muy alto, muy arriba.

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