domingo, febrero 23, 2014

Ariosto / Sátira Primera, 2















(Este poema se publica en dos partes. Ver
aquí la primera.)


[2]

Ruggier, si a tu progenie me haces      (20)
poco grato, si no cuenta a favor
cantar tus altas gestas y valor,
¿qué voy a hacer por allí? No sirvo
para trinchar perdices en la horquilla,
llevar perro o gavilán a la traílla.
No hice jamás cosas tales y hacerlas
ahora, estoy viejo para aprenderlas
y adaptarme a las botas y espuelas.
Yo no gusto mucho de las viandas,
y de trinchar, digno fui venir al mundo
cuando los hombres vivían de bellotas.
No deseo llevar cuentas de Gismondo;    (21)
ni de andar a Roma como posta
y aplacar la gran ira del Segundo;         (22)
si sucediera aún, ya no tengo edad,
debido al mal contraído por entonces
no conviene andar corriendo caminos.
Haga tales servicios quien tiene sed
de estar cabe tuyo, como sed de oro,
tal lo hace el Boyero con la Osa;             (23)
Antes que riqueza, deseo quietud:
más que ocuparme de otro encargo,
y dejar que el Leteo invada mi estudio.
Aunque no pueda alimentar el cuerpo,
lo da a la mente con tal noble cebo
que merece no estar sin cultivo.
Ello hace que la pobreza no crezca,
y que no desee la riqueza al precio
de dejar mi libertad para tenerlas;
lo que no espero tener no me enoja
ni desdén ni envida me consumen
que el señor a Marón o Celio llame,   (24)
no espero del medio estío las luces
a ser visto con el Señor cenando,
no me hago ilusión con tales humos;   (25)
que vaya solo, a pie, donde me lleva
mi deseo, y cuando vaya a caballo
pueda atar las alforjas a su lomo.
Creo que hay en esto menor fallo
que hacerme pagar si recomiendo
al príncipe la causa de un vasallo;
mover litigios en provecho, cuando
no hay razón, o vengan los rufianes
a rogarme y ofreciendo donaciones.
Ello hace que lleve las manos al cielo,
que en mi casa vivo cómodamente,
sea entre citadinos o entre villanos;
del remanente de bienes paternos
vivir pueda sin saber nuevas artes,
entre los míos sin que se avergüencen.
Para que no tenga que darte cinco        (26)
sueldos, que no tengo, regresaré
hasta el comienzo de mi fábula.
Tengo mis razones para quedarme:
te he dicho una, y para las otras
ni lo dicho bastará ni otro folio.
Diré solo una más: que tolerar
no debo, que quitado todo sostén
nuestra casa en ruinas se quedara.
De los cinco que somos, Carlo vive    (27)
do los turcos raptaron a Cleandro,
y estarse allí un tiempo es su deseo;
Galasso busca en la ciudad de Evandro
poner camisa sobre camiseta;  
vos, Alessandro, con el señor fuiste.
Está Gabriel ¿pero qué quieres que haga
si de muchacho su mala fortuna
lo dejó impedido de pies y brazos?
No estuvo jamás en plaza o en corte,
y regir casa, como es debido,
comprende que para esto importe.
La quinta de mis hermanas restantes
está aún en casa y es tarea nuestra
darle buena dote ahora que marida.
La edad de nuestra madre me percute
de piedad el corazón, que de golpe
la dejáramos sola sería una infamia.
Yo soy de diez hermanos el primero
cuarenta y cuatro años, cabeza calva
ha tiempo que escondo bajo gorra.
La vida avanza y la paso lo mejor
que puedo, pero vos que tardaste
dieciocho años en salir de la panza,
andá nomas con húngaros y alemanes,
tras el señor ya con sol o haya frío
sirve por ambos y purga mis faltas.
El cual si desea de cálamo y tinta
de mí servirse y no seguir el pleito,
dirás: “señor mi hermano es vuestro”.
Yo, estando aquí, con clara tromba
haré sonar su nombre quizás tan alto
donde jamás volando llegó paloma.
A Filo, a Cento a Ariano a Calto
llegaría, pero nunca hasta el Danubio,
que no tengo pies gallardos para salto.
Pero si nuevamente me tuviese enjulio  (28)
los quince años que lo he servido,
no dudaría ni en vadear la Tana.    (29)
Si por darme cada cuatro meses
veinticinco escudos, no seguros,
que muchas me han regateado,
cree me puede encadenar de esclavo,
tenerme a que sude y que tirite
sin respeto alguno, muera o enferme,
no le dejen creer cosa tal de mí;
y díganle que antes que ser siervo
cargaré la pobreza con paciencia.
Hubo un asno todo hueso y nervio   (30)
y tan magro que entró un día
por la grieta de un granero;
y tanto que comió que la panza
se le hizo grande como un barril,
pero no de golpe, hasta saciarse.
Temiendo que los huesos le molieran,
salir intentó de donde se había colado,
más ya por aquel hueco no cabía.
Mientras luchaba por salir en vano,
le dijo un ratoncito: “compadre
si querés salir, a vaciar la tripa:
a vomitar ponete ya y aprisa
lo que tenés adentro y enflaquecer,
que así no hay buco al que vencer”.
Concluyendo, digo que si el sacro
Cardenal piensa haberme comprado
con sus dones, no es acerbo y agrio
rendirle, y recobrar mi libertad.

Ludovico Ariosto (Reggio Emilia, 1474-Ferrara, 1533), Satire, Biblioteca Universale Rizzoli, Milán, 1990
La presenta versión y notas son de Angel Faretta

Notas:
20: Ruggier, apócope de Ruggiero, Rogelio, Roger. Nombre poético de uno de los paladines que aparecen su Orlando Furioso, como un antecedente familiar epónimo, cabeza (capo) de la casa d’Este.

21: Gismondo uno de los administradores de Ippolito, el contador, y raggionier; no el spenditor, como se ha dicho.

22: “el segundo” es Julio II, papa. Conocido por sus campañas militares, por terminar de pintar el techo de la Capilla Sixtina, por las peleas ciclópeas con el pintor de marras –Michelangelo- y que se oían hasta Sicilia, o casi; por ser interpretado en un horrendo film por Rex Harrison, por crear la Guardia Suiza que no eran entonces esos figurones decorativos sino bravísimos mercenarios helvéticos (ya que Suiza jamás tuvo “ocho siglos de paz”), por ser retratado por otro de su protegidos –Rafaello- y por ser uno de los que -a su manera- intentó la unidad italiana. Que casi logra.
Los pequeños estados principescos, como Ferrara, eran los que muchas veces debían ser más instigados a la unidad -vaticana o secular-, porque eran o ricos dispensadores de material –no de hombres, porque los italianos usaban tropa extranjera para sus guerras, a pesar de las recomendaciones del Secretario florentino en sentido contrario-, o caían, nolens volens, en el status de estados tapones.

23:“artofilace”, “guardián de la osa menor”, constelación conocida en castellano como “boyero”. Los latinos la llamaban Bootes y su estrella más conocida es Arturo. Sería interminable dar las asociaciones que Ariosto emplea aquí (como Leopardi en su “Vaghe stelle dell Orsa”), digamos que en “mimético bajo”, sería el argentinismo, “pararse”, o “estar parado”

24: de Marón ya se ha dicho; Celio es otro poeta-cortesano, más que dispuesto a viajar tras Ippolito.

25:“in questi fiume” estos humos. “Darse humos”, la expresión atravesó casi intacta el océano Atlántico.

26: costumbre, tradición, de quien no concluía un relato debía pagar al o los oyentes cinco sueldos.

27: Los Ariosto eran diez hermanos, y su madre -Daria Malaguzzi- sería una santa para aguantarlos. Carlo, para la fecha de este poema, era comerciante en Nápoles, donde se desarrolla la mejor y más conocida comedia de Ariosto “I Suppositi” (“Los supuestos”, “Los fingidos”, etc.); allí su héroe, Cleandro, es raptado por los turcos. Galasso vagabundeaba en Roma (ciudad de Evandro según Virgilio) en busca de aventuras o de alguna colocación. Alessandro es uno de los dos destinatarios de esta epístola. El infortunado Gabrielle estaba impedido, y la hermana Taddea era quien estaba por casarse. Otras dos habían “entrado en religión y otras dos estaban ya casadas.
N. B.: “poner camisa…” Digamos ponerse a cubierto, asegurarse, estar algo más abrigado. No se me ocurre otra forma de traducir “la camiccia sopra la guarnaccia”; es decir camisa, que podría ser entonces un “manto”, esa suerte de bolero masculino que se observa en tantas pinturas renacentistas, siendo “guarnaccia” una capa corta para cubrirse del frío. Creo que el argentinismo le cae muy bien a éste como a otros momentos italianos.

28: Traduzco como “enjulio” lo que Ariosto “subbio” puesto que es, literalmente, el cilindro donde los tejedores van recogiendo la tela.

29: Tana, nombre mítico-legendario del río Don.

30: obviamente a los lectores de J. D. Salinger esto les recordará la fábula central de su relato “Un día perfecto para el pez banana”. Ariosto a su vez la toma y deriva –con variaciones- de una Epístola de Horacio (I, vii, 21-33), aunque aquí no es un asno sino una zorra la que se atora de alimento.



Ruggier, se alla progenie tua mi fai
sì poco grato, e nulla mi prevaglio
che li alti gesti e tuo valor cantai,

che debbio far io qui, poi ch'io non vaglio
smembrar su la forcina in aria starne,
né so a sparvier, né a can metter guinzaglio?

Non feci mai tai cose e non so farne:
alli usatti, alli spron, perch'io son grande,
non mi posso adattar per porne o trarne.

Io non ho molto gusto di vivande,
che scalco io sia; fui degno essere al mondo
quando viveano gli uomini di giande.

Non vo' il conto di man tòrre a Gismondo;
andar più a Roma in posta non accade
a placar la grande ira di Secondo;

e quando accadesse anco, in questa etade,
col mal ch'ebbe principio allora forse,
non si convien più correr per le strade.

Se far cotai servigi e raro tòrse
di sua presenza de' chi d'oro ha sete,
e stargli come Artofilace all'Orse;

più tosto che arricchir, voglio quïete:
più tosto che occuparmi in altra cura,
sì che inondar lasci il mio studio a Lete.

Il qual, se al corpo non può dar pastura,
lo dà alla mente con sì nobil ésca,
che merta di non star senza cultura.

Fa che la povertà meno m'incresca,
e fa che la ricchezza sì non ami
che di mia libertà per suo amor esca;

quel ch'io non spero aver, fa ch'io non brami,
che né sdegno né invidia me consumi
perché Marone o Celio il signor chiami;

ch'io non aspetto a mezza estade i lumi
per esser col signor veduto a cena,
ch'io non lascio accecarmi in questi fumi;

ch'io vado solo e a piedi ove mi mena
il mio bisogno, e quando io vo a cavallo,
le bisaccie gli attacco su la schiena.

E credo che sia questo minor fallo
che di farmi pagar, s'io raccomando
al principe la causa d'un vasallo;

o mover liti in benefici, quando
ragion non v'abbia, e facciami i pievani
ad offerir pension venir pregando.

Anco fa che al ciel levo ambe le mani,
ch'abito in casa mia commodamente,
voglia tra cittadini o tra villani;

e che nei ben paterni il rimanente
del viver mio, senza imparar nova arte,
posso, e senza rossor, far, di mia gente.

Ma perché cinque soldi da pagarte,
tu che noti, non ho, rimetter voglio
la mia favola al loco onde si parte.

Aver cagion di non venir mi doglio:
detto ho la prima, e s'io vuo' l'altre dire,
né questo basterà né un altro foglio.

Pur ne dirò anco un'altra: che patire
non debbo che, levato ogni sostegno,
casa nostra in ruina abbia a venire.

De cinque che noi siàn, Carlo è nel regno
onde cacciaro i Turchi il mio Cleandro,
e di starvi alcun tempo fa disegno;

Galasso vuol ne la città di Evandro
por la camicia sopra la guarnaccia;
e tu sei col signore ito, Alessandro.

Ecci Gabriel; ma che vuoi tu ch'ei faccia?
che da fanciullo la sua mala sorte
lo impedì de li piedi e de le braccia.

Egli non fu né in piazza mai, né in corte,
et a chi vuol ben reggere una casa
questo si può comprendere che importe.

Alla quinta sorella che rimasa
n'era, bisogna apparecchiar la dote,
che le siàn debitori, or che se accasa.

L'età di nostra matre mi percuote
di pietà il core; che da tutti un tratto
senza infamia lasciata esser non puote.

Io son de dieci il primo, e vecchio fatto
di quarantaquattro anni, e il capo calvo
da un tempo in qua sotto il cuffiotto appiatto.

La vita che mi avanza me la salvo
meglio ch'io so: ma tu che diciotto anni
dopo me t'indugiasti a uscir de l'alvo,

gli Ongari a veder torna e gli Alemanni,
per freddo e caldo segui il signor nostro,
servi per amendua, rifà i miei danni.

Il qual se vuol di calamo et inchiostro
di me servirsi, e non mi tòr da bomba,
digli: «Signore, il mio fratello è vostro».

Io, stando qui, farò con chiara tromba
il suo nome sonar forse tanto alto
che tanto mai non si levò colomba.

A Filo, a Cento, in Arïano, a Calto
arriverei, ma non sin al Danubbio,
ch'io non ho piei gagliardi a sì gran salto.

Ma se a voglier di novo avessi al subbio
li quindici anni che in servirlo ho spesi,
passar la Tana ancor non starei in dubbio.

Se avermi dato onde ogni quattro mesi
ho venticinque scudi, né sì fermi
che molte volte non mi sien contesi,

mi debbe incatenar, schiavo tenermi,
ubligarmi ch'io sudi e tremi senza
rispetto alcun, ch'io moia o ch'io me 'nfermi,

non gli lasciate aver questa credenza;
ditegli che più tosto ch'esser servo
torrò la povertade in pazïenza.

Uno asino fu già, ch'ogni osso e nervo
mostrava di magrezza, e entrò, pel rotto
del muro, ove di grano era uno acervo;

e tanto ne mangiò, che l'epa sotto
si fece più d'una gran botte grossa
fin che fu sazio, e non però di botto.

Temendo poi che gli sien péste l'ossa,
si sforza di tornar dove entrato era,
ma par che 'l buco più capir nol possa.

Mentre s'affanna, e uscire indarno spera,
gli disse un topolino: «Se vuoi quinci
uscir, tràtti; compar, quella panciera:

a vomitar bisogna che cominci
ciò c'hai nel corpo, e che ritorni macro,
altrimenti quel buco mai non vinci».

Or, conchiudendo, dico che, se 'l sacro
Cardinal comperato avermi stima
con li suoi doni, non mi è acerbo et acro
renderli, e tòr la libertà mia prima.

1 comentario:

  1. Esta sátira, en su segunda parte que sigue siendo la Primera, me entristece, Ángel Faretta. Luego, las NOTAS son otra Novela, tan eruditas y amenas a la vez. Lo satírico, al parecer, toca en el lector, o pulsa, unas cuerdas acongojantes. Es un texto que entra en uno en plenitud, por lo inesperado -al menos para mí- de su efecto tan conmovedor de lectura. Admirabilísimo, gracias. Y al Administrador.

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