lunes, diciembre 01, 2014

William Carlos Williams / Paterson, 22


Libro Dos
II
Domingo en el Parque 




Como corolario a la famosa pelea por la asunción subyacía el entendimiento entre muchas de las mentes más destacadas de la joven república de que a menos que la industria se reactivara, a menos que la manufactura de productos se activara los ingresos por impuestos serían un mito.
El nuevo mundo había sido considerado como productor de metales preciosos, pieles y materia prima que serían entregados a la tierra madre a cambio de productos manufacturados, que los colonos no tendrían otra opción sino comprarlos a precios elevados. Se les impidió fabricar telas de lana, algodón o lino para la venta. Tampoco se les permitió la construcción de hornos para convertir el hierro de origen en acero.
Incluso durante la Revolución, Hamilton había quedado impresionado ante la vista de las Grandes Cataratas de Passaic. Su imaginación fértil vislumbró un gran centro de manufactura, una gran Ciudad Federal, que supliera las necesidades del país. Allí había fuerza hidráulica para hacer funcionar la rueda de los molinos y un río navegable para el transporte de la manufactura a los centros de comercio: una manufactura nacional.

¡Desprenderme de mi dinero!

–con insistencia monótona
las cataratas de su arenga poco interesante colgaban
de la oreja, aunque de forma extraña,
como suspendidas en el espacio

Eso sería difícil de hacer
para mí. ¿Qué dirían mis amigos ricos?
Dirían: Ese viejo tonto de Klaus Ehrens está
enloqueciendo, deshacerse de su
efectivo. ¡Cómo! ¿abandonar aquello por lo que luché
por apilar toda mi vida –para poder decir que era rico?
¡No! no podría hacerlo. Pero mi mente me
atormentaba.

Hizo una pausa para secarse la frente mientras
los cantantes entonaban un animado cántico.

No podía comer, no podía
dormir pensando en mi problema, y cuando
el Señor vino hacia mí por tercera vez yo estaba
listo y me arrodillé ante Él
y dije: ¡Señor, haz de mí tu voluntad!

¡Entrega tu dinero, Él dijo, y Yo
te haré el hombre más rico del mundo!
E incliné mi cabeza y le dije: Sí, Señor.
Y su verdad bendita descendió sobre mí y me llenó
de regocijo, tal regocijo y tal riqueza como nunca
había conocido en mi vida hasta ese día y le dije
a Él: ¡Señor!
En el Nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.

¡Amén! ¡Amén! repitieron los asistentes devotos.

¿Es esta la única belleza aquí?
Y ¿es esta belleza–
la que destrozan los
cismáticos acechantes?

¿Dónde estará la belleza entre
estos árboles?
¿Son los perros cuyos dueños
traen aquí para secar su pelaje?

Estas mujeres no son
bellas y no reflejan
ninguna belleza sino vulgaridad . .
A menos que la belleza

se encuentre, en cualquier parte,
tan flagrante en deseo  .
La belleza de la santidad,
si así fuera,

es la única belleza
visible en este lugar
además del paisaje
y el fresco e incipiente árbol.

Empecé entonces a despojarme de mi dinero. ¡No me llevó
mucho tiempo debo decir!  Lo tiré a manos
llenas. Y comencé a sentirme mejor  .  .  .  .

–y apoyado en el parapeto, pensaba

Desde aquí, uno podría verlo –aquel
hombre atado, aquel asesino
a sangre fría  .  ¡Abril! siendo ahorcado
en la distancia. Grupos en diferentes
puntos del acantilado  .  reunidos
desde antes del amanecer
para ser testigos.


William Carlos Williams (Rutherford, 1883-1963), Paterson, New Directions, New York, 1963
Versión © Silvia Camerotto



Book Two
II 
Sunday in the Park 

As a corollary to the famous struggle for assumption lay the realization among many leading minds in the young republic that unless industry were set upon its feet, unless manufactured goods could be produced income for taxation would be a myth. //The new world had been looked on as a producer of precious metals, pelts and raw materials to be turned over to the mother country for manufactured articles which the colonists had no choice but to buy at advanced prices. They were prevented from making woolen, cotton or linen cloth for sale. Nor were they allowed to build furnaces to convert the native iron into steel. //Even during the Revolution Hamilton had been impressed by the site of the Great Falls of the Passaic. His fertile imagination envisioned a great manufacturing center, a great Federal City, to supply the needs of the country. Here was water-power to turn the mill wheels and the navigable river to carry manufactured goods to the market centers: a national manufactury. //Give up my money! //–with monotonous insistence /the falls of his harangue hung featureless /upon the ear, yet with a certain strangeness /as if arrested in space //That would be a hard thing /for me to do. What would my rich friends say? /They'd say, That old fool Klaus Ehrens must /be getting pretty crazy, getting rid of his  /cash. What! give up the thing I'd struggled all /my life to pile up–so I could say I was rich? /No! that I couldn't do. But I was troubled /in mind. //He paused to wipe his brow while /the singers struck up a lively hymn tune. //I couldn't eat, I couldn't  /sleep for thinking of my trouble so that /when the Lord came to me the third time I was /ready and I kneeled down before Him /and said, Lord, do what you will with me! //Give away your money. He said, and I /will make you the richest man in the world! /And I bowed my head and said to Him, Yea, Lord. /And his blessed truth descended upon me and filled /me with joy, such joy and such riches as I /had never in my life known to that day and I said /to Him, Master! /In the Name of the Father /and the Son and the Holy Ghost. //Amen. //Amen! Amen! echoed the devout assistants. //Is this the only beauty here? /And is this beauty– /torn to shreds by the /lurking schismatists? //Where is beauty among /these trees? /Is it the dogs the owners /bring here to dry their coats? //These women are not /beautiful and reflect /no beauty but gross  .   .    /Unless it is beauty //to be anywhere, /so flagrant in desire  . /The beauty of holiness, /if this it be, //is the only beauty /visible in this place /other than the view /and the fresh budding tree. //So I started to get rid of my money. It didn't take /me long I can tell you! I threw it away with both /hands. And I began to feel better  .   .   .   . //–and I leaned on the parapet, thinking /from her, one could see him– that /tied man, that cold blooded /murderer   .    April! in the distance /being hanged. Groups at various /vantages along the cliff   .   having /to witness it.

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