viernes, diciembre 19, 2014

Rubén Reches / El sastre y sus clientes










Ya nada puede hacerse:
estás viejo
y tus clientes murieron.

En la sastrería, tu cuerpo
va y viene trazando
débiles estelas
de pez de acuario.

Hoy vivir es para tu alma
como si te mantuvieran sumergida la cabeza
en una palangana llena al ras de dolor humano.

Con su lápiz rojo, el sol
te circunda, te señala.
Estás ahí,
pero tus clientes murieron.

 Vos protestás, decís
a quien quiera escucharte
que todavía sos fuerte,
que, si se te antoja,
podés levantar por una pata
la silla en que cosés
sin que se incline;
que quién sabe si no sos
más fuerte que tus hijos.

Pero tus clientes murieron.

Se fueron de todas partes,
Se salieron de sus tibiezas
y ya no hay ángel que pueda encontrar
a aquel que, mientras lo medías,
hacía mohínes de galán de teatro;
ni a aquel otro, el que venía con moño;
ni al que te traía calendarios
con mujeres desnudas;
ni a ese al que tus hijos bautizaron
“Rinoceronte Perfumado”.

Porque tus clientes murieron.

Nunca más se los verá de lejos
llegando a tu taller,
ya silbando, ya canturreando,
preocupados o sumidos en sueños,
unos erguidos, otros encorvados,
el sombrero en la cabeza o en la mano,
el soliloquio en los labios siempre.
Se fueron yendo de a uno
a las entrañas de la tierra.
Se fueron a hacerse trajes
con sastres del otro mundo.
¡La superficie del planeta
los extrañará por siempre!

Porque tus clientes murieron.


(Inédito)

Rubén Reches (Buenos Aires, 1949)

1 comentario:

  1. Qué poema tan trágico, mientras lo leía ví al sastre con los alfileres en los labios apretados, recordé todos los poemas que he leído de Edgar Lee Masters, a este de Rubén Reches sólo le faltó darle un nombre a su hombre fatigado para hacerme soltar el llanto. Le vi también el jabón delgado que usaban los sastres de mi infancia. Hoy desaparecidos.

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