domingo, marzo 20, 2011

Elvio Romero / Muerte de Perurimá



Muerte de Perurimá, cuentero,
enredado en su lengua


... Y entonces se fue yendo,
y se fue yéndosele se le fue
el párpado cayendo,
y se le fue la boca,
y se le fue yendo el habla,
yéndose en sombras, yéndosele
los pasos fuésele yendo el tiempo
y yéndosele
se le fue el silencio.

¡Las viejas cuentan
cosas increíbles!

Que trampero y tramposo,
Perurimá acababa
enredado en su lengua,
con la ojera en la oreja,
la oreja por la ojera,
chueco en el recoveco
de su lengua cuentera;
que su voz se enredaba
dicharachero, ojoso,
menguante que no mengua,
el cuerpo de mandioca
contorsionado, seco,
el ojo como arveja
que mira el labio mudo,
demudado el saludo
que fritaba en la boca.

... Y se engullía el aire,
frotando con su voz el aire, trotando
el eco con su voz, trotándosele
y frotando la lengua herida y rota,
rota al trotarle por la boca
la lengua, trotándosele la lengua
rota sobre la boca,
engulléndose el eco
al frotársele el aire sobre la boca
trotando sobre la lengua.

... tragaba la fatiga,
rasguñádose las pestañas,
destiñéndose el habla hablando,
virando el ojo al ajo,
en lodo el lado
resabio de su labio,
tragándose la voz, atragantándosele
el habla en la garganta
(lampiña lengua luna)
tragándose la luna, fatigándosele
la voz se fatigaba,
y se le fue yendo el habla,
fuésele yendo el tiempo,
y se le fue yéndosele se le fue
el párpado cayendo
y se le fue cayendo hasta el silencio...

¡Las viejas cuentan
cosas increíbles!

Elvio Romero (Yegros, 1926-Buenos Aires, 2004), "Los innombrables" (1959-1973), Sus mejores poemas, Editorial El Lector, Asunción, 1996

Ilustración: De la serie Droguinhas, c. 1964-1966, Mira Schendel El País, Madrid

3 comentarios:

  1. Olvidaba mi poema anterior, de finales de invierno:

    Mientras ella teje la vida será siempre, sin titubeo.
    Y en el el huevo del tiempo
    hoy erijo la viga
    y hoy erijo la viga
    y es hoy eternamente la confianza que funda y todo está en origen
    Y regreso y progreso
    más y más si ella teje.
    Qué sagrada mudez... Qué sagrada mudanza.


    Gracias, Salvador Tortosa, hasta el otoño que auspicia.

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  2. Tengo este libro de hace bastante tiempo. Este poema siempre me gustó: sonoridad: para aprenderlo de memoria y recitarlo, me digo a veces.

    Saludos.

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