miércoles, marzo 30, 2011

Richard Gwyn / El sendero no elegido



El sendero no elegido

Había una bifurcación en el camino. Escogí uno de los dos, suponiendo que el otro era el sendero no elegido. Al cabo de unos minutos volví a la bifurcación, elegí el otro. Se parecía mucho al primero, aunque supe que al tomarlo me estaba metiendo con el destino. En el lapso de casi una hora, el sendero originariamente elegido se había convertido en el sendero no elegido, y tuve que inventar algún tipo de destino alternativo para él. Decidí que todas las consecuencias son, en buena medida, el resultado de la voluntad. Fue entonces cuando me di cuenta de que había perdido mi sombra.


Traducción

Todas tus historias son sobre ti mismo, dijo ella, incluso cuando parecen ser sobre otra gente. No iba a negarlo, ni a darle el gusto de tener razón. Así que cité a Proust, quien dijo que los escritores no inventan libros; los encuentran en sí mismos y los traducen. Eso pareció resolver el problema y ella se quedó callada. Hundí mis dedos en un bol de agua perfumada y empecé con el arroz. Un dejo a arcilla y a hojas y a metal me tomó por sorpresa. ¿Qué hay en el arroz?, le pregunté. ¿Caldo de hongos? ¿Cartuchos de escopeta? ¿Lombriz? No, dijo, mirando a través de la luz de la vela, las historias que todavía no has escrito están en el arroz. Debes estar paladeándolas.


Richard Gwyn (Gales, 1956), Sad Giraffe Café, Arc Publications, UK, 2010
Versiones de Jorge Fondebrider


The road not taken

There was a fork in t he track. I chose one of them, assuming the other to be the road not taken. After a few minutes I returned to the fork, chose the other one. It looked much the same as the first, though I knew that by taking it I was messing with fate. Within an hour or so, the road originally taken had become the road not taken, and I had to invent some kind of alternative destination for it. I decided that all outcomes are, to a large extent, the result of will. It was then that I realized I had lost my shadow.


Translation

All your stories are about yourself, she said, even when they sem. To be about other people. I was not going to deny this, nor give her the pleasure of being right. So I quoted Proust, who said that writers don’t invent books; they find them within themselves and translate them. This seemed to do the trick, and she fell silent. I dipped my fingers into a bowl of scented water and started on the rice. An aftertaste of clay and leaves and metal took me by surprise. What is in this rice? I asked her. Mushroom stock? Shotgun cartridge? Earthworm? No, she said, peering at me through the candlelight, the stories that you haven’t written yet are in the rice. You must be tasting them.


Foto: Richard Gwyn Sitio Oficial

2 comentarios:

  1. Mariángel Mauri31 marzo, 2011 15:56

    Inteligente, irónico. Gracias, Mariángel.

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