miércoles, marzo 31, 2010

Compiuta Donzella / Dejar querría...




Dejar querría el mundo y Dios servir...

Dejar querría el mundo y Dios servir,
y alejarme de toda vanidad,
ya que veo crecer y subir
locura y villanía y falsedad,
y aun juicio y cortesía sucumbir
y el fino precio y toda la bondad:
por lo que no quiero marido ni sir,
ni estar en el mundo por mi voluntad.
Recordado que todos se visten con el mal,
de cada uno me siento desdeñosa
y hacia Dios mi persona se encamina.
Mi padre me vuelve cavilosa,
pues de servir a Cristo me desvía:
no sé a quién quiere darme por esposa.

Compiuta Donzella (Florencia, siglo XIII)
Versión de J. Aulicino

Nota
Compiuta Donzella es, se supone, el seudónimo de una dama florentina no identificada. Se da su existencia por cierta pues aparece mencionada en manuscritos de poetas de su época, entre aquellos, una carta de Guittone d'Arezzo (c.1235-1294) en la que el poeta le expresa su admiración. Se conservan solo tres composiciones suyas, de acuerdo con el códice vaticano 3793: A la stagion che 'l mondo foglia e fiora, Lasciar vorria lo mondo e Dio servire y Ornato di gran pregio e di valenza. Se la considera la primera poeta italiana.


Lasciar vorria lo mondo e Dio servire

Lasciar vor[r]ia lo mondo e Dio servire
e dipartirmi d’ogne vanitate,
però che veg[g]io crescere e salire
mat[t]ezza e villania e falsitate,
ed ancor senno e cortesia morire
e lo fin pregio e tutta la bontate:
ond’io marito non vor[r]ia né sire,
né stare al mondo, per mia volontate.
Membrandomi c’ogn’om di mal s’adorna,
di ciaschedun son forte disdegnosa,
e verso Dio la mia persona torna.
Lo padre mio mi fa stare pensosa,
ca di servire a Cristo mi distorna:
non saccio a cui mi vol dar per isposa.

Intratext.com

Ilustración: La adolescencia de María, 1849, Dante Gabriel Rossetti

martes, marzo 30, 2010

Umberto Saba / Dos poemas




El arbolito

Hoy el tiempo es de lluvia.
Parece el día un atardecer,
parece la primavera
un otoño, y un gran viento devasta
el arbolito, que está, y no parece, firme;
parece entre las plantas un chico, muy
alto para su muy verde edad.
Tú lo miras: tienes piedad,
quizá, de todas esas cándidas flores
que le arranca el viento del norte;
y son fruta, son dulces conservas
para el invierno sus flores, que entre la hierba
caen; y de ellas se duele tu vasta
maternidad.

del Canzoniere


Partido decimotercero


Sobre las gradas, un manípulo pálido
se calefaccionaba a sí mismo.
Y cuando
-desmesurada estrella- el sol apagó
tras una casa su deslumbrante resplandor, el campo
encendió el presentimiento de la noche.
Corrían arriba y abajo las casacas rojas,
las casacas blancas, en una luz
de una extraña, irisada transparencia. El viento
desviaba la pelota, la Fortuna
se volvía a poner la venda sobre los ojos.
Daba gusto
ser tan pocos, ateridos,
unidos,
como últimos hombres sobre un monte,
para mirar la última confrontación.

de Cinque poesie per il gioco del calcio


Umberto Saba (Trieste, 1883-Gorizia, 1957)
Versiones de J. Aulicino


L'arboscello
Oggi il tempo è di pioggia. / Sembra il giorno una sera, / sembra la primavera un autunno, / ed un gran vento devasta / l'arboscello che sta, / e non pare, saldo; / par tra le piante un giovanotto, alto / troppo per la sua troppo verde età. /Tu lo guardi. Hai pietà / forse di tutti quei candidi fiori / che la bora gli toglie; e sono frutta, / sono dolci conserve / per l'inverno quei fiori che tra l'erbe / cadono. E se ne duole / la tua vasta maternità.


Tredicesima partita
Sui gradini un manipolo sparuto / si riscaldava di se stesso. / E quando / - smisurata raggiera– il sole spense / dietro una casa il suo barbaglio, il campo / schiarì il presentimento della notte. / Correvano sue e giù le maglie rosse, / le maglie bianche, in una luce d’una / strana iridata trasparenza. Il vento / deviava il pallone, la Fortuna / si rimetteva agli occhi la benda. / Piaceva / essere così pochi intirizziti / uniti, / come ultimi uomini su un monte, / a guardare di là l’ultima gara.

Arlindo Correia / Saba

Ilustración: Arbol al viento, 1929, Joan Miró

lunes, marzo 29, 2010

María Cristina Aparicio / En la terraza


Corpiño en la terraza


En la terraza
el corpiño colgado mira el sol
¿Quién brilla para quién?
Nadie conoce la diferencia
entre la emoción del corpiño
colgado al sol y la belleza
que sube en la noche
El corpiño es blanco y negro
o noble
Se esconde en el cajón
a camas que no soporta
no se queja
no cambia nada
no pide que lo toquen
le basta con lo que sucedió
El corpiño colgado en la terraza tiene
ese estar y no estar
Respira lo no vivido al sol
Siempre se cuelga el corpiño por primera vez
Siempre se cuelga el corpiño la primera vez
Sólo hay que esperar colgarlo
en cualquier lugar
En un cuarto sin luz
siempre será corpiño
Es bello su estar
Es bello su no estar
Se puede elegir no colgarlo
pero no sirve de nada
Lo que no sirve es colgarlo
y hablar
no del corpiño de hoy
o de mañana
ojalá fuera de ayer
Ojalá siempre seas
ojo que mira el corpiño
colgado en la terraza
ojo que mira
el sol que cae de lo alto
y trepa hacia el brillo de luz
Porque el corpiño al sol es un misterio

María Cristina Aparicio (Buenos Aires), plaqueta La Mano de Cristal 4, Ediciones La Guillotina, APOA, Buenos Aires, 2008

Ilustración: Ilusión visual, en Psicoactiva.com

domingo, marzo 28, 2010

Francisco Segovia / Sobre palabras




Palabras

(Fragmentos)

¿Qué dice el grillo entre las hojas?
Algo que tal vez ni él mismo entiende.
Palabras espectrales
sacadas brevemente al aire
y vueltas a enterrar en el oído.

También las nuestras vienen
de una lengua muerta y van
a oídos muertos.

***

Si digo “el agua”
¿quién va a imaginarse una caleta
revolcada un mar sin olas
vulgar y tibio como el agua tibia?

Si digo “el río”
¿quién va a mirar la espuma
espesa y ocre la mugre rancia
que avanza lenta a flor del agua?

Cañadas de basura y latas viejas.
Cielos manchados árboles tullidos.

Sólo en la memoria
que guardan las palabras
siguen limpios.

***

Rezaban mirándose los pies.
Es lo menos —decían—
que se debe a la oración.
Porque ella sube por nosotros.

Los domingos eran juntos
una mata de campánulas
pendientes ...

Si la oración es santa —decían—
hay que rezarle también al rezo
cantarle al canto
dar la vida por la vida ...

Palabras sobre palabras ...

Pero todos las decían
en voz baja a lo más alto
y en su murmullo parecían
santificarse unas a otras.

Mata de Datura
que meneaba el viento ...


Francisco Segovia (Ciudad de México, 1958), Periódico de Poesía, México, N° 27, marzo 2010

Ilustración: Venus Anadyomenes, c.80 a.C, fresco pompeyano

De Segovia en este blog:
Amate viejo

sábado, marzo 27, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 4




Robert Fulton Tanner

Si uno pudiera morder la mano gigantesca
que lo atrapa y lo destruye
como una rata mordió la mía
aquel día en mi negocio, en una demostración
de la trampa que había patentado...
Pero uno nunca se puede vengar
del ogro monstruoso que es la Vida.
Uno entra en el cuarto, esto es, uno nace,
y entonces tiene que vivir — moldear el alma.
¡Ahá! El cebo que uno ansía está a la vista:
una mujer de dinero por esposa,
prestigio, posición, o poder en el mundo.
Pero hay trabajo que hacer y cosas que superar...
¡oh, sí! los alambres que protegen el cebo.
Uno logra meterse, finalmente. Pero entonces oye pasos:
el ogro, la Vida, entra al cuarto
(estaba esperando y ha escuchado el ruido del resorte)
para vernos mordisquear el queso tentador,
y clava en nosotros su ardiente mirada,
y frunce el ceño y se ríe, y se burla y nos maldice,
mientras corremos de acá para allá en la trampa,
hasta que nuestra miseria lo aburre.


Georgine Sand Miner

Una madrastra me echó de casa, y me hizo agria.
Un mujeriego, vago y dilettante me quitó la virtud.
Por años fui su amante. Nadie lo sabía.
De él aprendí la astucia del parásito
que usé con los faroleros, para moverme
como una pulga en un perro.
Todo ese tiempo no fui sino “muy íntima” de diferentes hombres.
Después fui de Daniel, el radical, durante años.
Su hermana me llamó su querida,
y Daniel me escribió: “¡Palabra deshonrosa,
que ensucia nuestro bello amor!”
Pero mi cólera se enroscó, preparando sus colmillos.
En ese momento, mi amiga lesbiana entró en escena.
Ella odiaba a la hermana de Daniel.
Y Daniel despreciaba al enano de su esposo.
Y ella vio la ocasión de dar una estocada venenosa.
¡Yo debía quejarme ante la esposa de Daniel
diciéndole que él me acosaba!
Pero antes de hacer eso le rogué que huyéramos a Londres.
“¿Por qué no quedarnos aquí como hasta ahora?”, preguntó.
Entonces obré por detrás y me vengué de su rechazo
en los brazos de mi amigo dilettante. Después, abiertamente,
fui con la carta que Daniel me había escrito,
para probar que mi honor estaba intacto, y se la mostré a su mujer,
y a mi amiga lesbiana, y a todo del mundo.
¡Ojalá Daniel me hubiera pegado un tiro!
en lugar de poner al desnudo mis mentiras,
¡una ramera en cuerpo y alma!


Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini


Robert Fulton Tanner
If a man could bite the giant hand / That catches and destroys him, / As I was bitten by a rat / While demonstrating my patent trap, / In my hardware store that day. / But a man can never avenge himself / On the monstrous ogre Life. / You enter the room--that's being born; / And then you must live--work out your soul, / Aha! the bait that you crave is in view: / A woman with money you want to marry, / Prestige, place, or power in the world. / But there's work to do and things to conquer-- / Oh, yes! the wires that screen the bait. / At last you get in--but you hear a step: / The ogre, Life, comes into the room, / (He was waiting and heard the clang of the spring) / To watch you nibble the wondrous cheese, / And stare with his burning eyes at you, / And scowl and laugh, and mock and curse you, / Running up and down in the trap, / Until your misery bores him.

Georgine Sand Miner
A stepmother drove me from home, embittering me./ A squaw-man, a flaneur and dilettante took my virtue./ For years I was his mistress--no one knew. / I learned from him the parasite cunning / With which I moved with the bluffs, like a flea on a dog./ All the time I was nothing but "very private," with different men. / Then Daniel, the radical, had me for years. / His sister called me his mistress; / And Daniel wrote me: "Shameful word, soiling our beautiful love!" / But my anger coiled, preparing its fangs. / My Lesbian friend next took a hand. / She hated Daniel's sister. / And Daniel despised her midget husband. / And she saw a chance for a poisonous thrust: / I must complain to the wife of Daniel's pursuit! / But before I did that I begged him to fly to London with me. / "Why not stay in the city just as we have?" he asked. / Then I turned submarine and revenged his repulse / In the arms of my dilettante friend. Then up to the surface, / Bearing the letter that Daniel wrote me / To prove my honor was all intact, showing it to his wife, / My Lesbian friend and everyone. / If Daniel had only shot me dead! / Instead of stripping me naked of lies / A harlot in body and soul.


Ilustración: Trapecio, maroma y teatro en la moderna Alacena Mexicana, Eduardo Stein

viernes, marzo 26, 2010

Frederick Seidel / Doctores




Para Holly Andersen

¿Qué podría ser más agradable que hablar de personas que agonizan,
Y los doctores realmente empeñándose,
En una tarde de invierno,
En el Carlyle Hotel, en nuestro capullo?
Nosotros también vamos a agonizar un día de estos.

La doctora Holly Andersen toma un cosmopolitan de vodka,
Y toma otro, y se convierte verdaderamente en napolitana,
La luna gorjea una canción sobre el sol,
Sentada en un sofá en el Carlyle,
Permanece elegantemente viva, por el momento.

Su espirituosa gracia
Causa, la verdad, cierta angustia.
Hace que mi urbanidad se desvista.
Presento síntomas que expresan
Una subyacente felicidad ante la hermosa vaciedad.

Perdió un paciente muy enfermo especialmente importante para ella.
El hombre murió en la mesa. No era cuestión de sentir alguna culpa o duda.
Algo sobre un doctor que puede curar, o al menos lo puede intentar,
Pero también puede llorar,
Es una suerte de último arrorró, y descansa.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino


For Holly Andersen
What could be more pleasant than talking about people dying. / And doctors really trying, / On a winter afternoon, / At the Carlyle Hotel, in our cocoon? / We also will be dying one day soon. // Dr. Holly Andersen has a vodka cosmopolitan, / And has another, and becomes positively Neapolitan, / The moon warbling a song about the sun, / Sitting on a sofa at the Carlyle, / Staying stylishly alive for a while. // Her spirited loveliness / Does cause some distress. / She makes my urbanity undress. / I present symptoms that express / An underlying happiness in the face of the beautiful emptiness. // She lost a very sick patient she especially cared about. / The man died on the table. It wasn't matter of feeling any guilt or doubt. / Something about a doctor who can cure, or anyway try, / But can also cry, / Is some sort of ultimate lullaby, and lie.


Ilustración: Lady Doctor, John Woodwark

jueves, marzo 25, 2010

Norberto Napolitano / Blues




El hombre suburbano

Estamos en el tiempo
en que el ser humano
vive con razón de ser;
con sólo unas palabras,
un caso puede resolver.

Pero pega una trompada
y tira todo;
se cree ya muy listo
con su modo de ser.

Un hombre sin historia,
sin tiempo y sin memoria,
puede reaccionar así;
pero no se da cuenta,
su personalidad
en venta está,
ah.

El hombre suburbano
sigue su rutina,
sin darse cuenta que
su vida terminará,
¡yes!

Norberto Napolitano, Pappo (Buenos Aires, 1950-Luján, 2005), Pappo's blues, 1971

Foto: Pappo y B.B. King , Nueva York, 1994, El sitio de Pappo

de archivo / Nicolás Olivari





de archivo


Se trataba de un hombre corpulento, sentado durante horas frente a un vaso de whisky en el bufé de Argentores. Solía vestir un sobretodo de piel de camello. Decían que era amarrete, descreído, pero dueño de una piedad infinita. Cuarenta años antes había escandalizado el ambiente literario introduciendo muchos más feísmos en un libro de poesía que los que podía soportar un suplemento dominical. Pero luego -veinte años antes de aquellos atardeceres en el bar de Argentores- publicó su último libro de poesías con este amargo propósito: "Para librarme de la tentación de escribir más versos en este país que desprecia a los poetas y los condena al hambre, al olvido, a la desesperación y al suicidio."

Desde antes, desde mucho antes que eso, Nicolás Olivari creía que la poesía era una actitud, más que un oficio. En cada uno de sus libros, y aun de sus versos, desde La musa de la mala pata y El gato escaldado. Poemas postergados fue una provocación natural. Su objeto no era, sin embargo, mostrar la mescolanza de valores que Enrique Santos Discépolo denunciaría, con obsesivo moralismo, sino provocar la realidad hasta probar si no era, en última instancia, una burla de Dios.

Según todos los testimonios, Nicolás Olivari sabía que tenía esa partida perdida de antemano.

Se lo recuerda corpulento, cansado, quizá aburrido, triste. Murió en setiembre de 1966 y había nacido en el mismo mes, en 1900, en la esquina de Cangallo y Ombú (hoy Pasteur), que trató de inmortalizar en un poema. Hijo de genoveses, amó desde lejos la patria de sus padres, pero cuando pudo visitarla, de grande, volvió decepcionado. En Roma contempló la casa en la que murió John Keats y lo imagino en su ventana / frente a la piazza que transitan energúmenos turistas, escupiendo el resto de su pulmón marchito, mirando ávidamente las azaleas /que huelen como muchachas inéditas.En Génova, su mujer, María Luisa Rubertino, constató que no se inclinó para besar el suelo, como cientos de veces le oyó decir que haría. Por las callejuelas de la ciudad llovía y un borracho caminaba bandeándose de pared a pared.

No había olvidado al padre genovés que murió como quien dice sobre la cubierta de un barco y que en su mesa de luz tenía siempre la Divina Comedia. Quizá, del extrañamiento de los inmigrantes le vino la necesidad de "exagerar los elementos de la realidad hasta la irrealidad". Por eso, tal vez, no creía en los peces de colores, nombraba el hampa y la prostitución en sus versos, llamó a su esquina natal "loma del diablo" e inauguró el escepticismo a partir de un dolor, una locura contenida que se disfrazaba de resignación. Así, emulaba a Jorge Manrique: Nuestras vidas son los ríos / que van a dar a la mar que es el morir. / Allá van los señoríos / derechos a se acabar / y consumir... / Allá vas, Francesa, ya lo ves / y no te preocupe, mi querida Guadalupe, / pues de aquí te sacarán por los pies.

Proponía el ingreso del hampa al mundo lírico, pero a la vez de una forma novedosa, más adecuada a las características que asumía la ciudad, definitivamente moderna, fea, absurda. Enseguida lo notaron sus contemporáneos, que vieron en su poesía mal fatta una verdad incuestionable. "Su factura del mero escribir -no su estilo, palabra para mí sin sentido- es la manera más personal que yo he conocido; yo veo que es el escribir 'a desgano', la gramática 'a desgano' de que otros se avergonzarían", le escribió Macedonio Fernández. Y Jorge Luis Borges entendió de entrada: "El tema de Olivari es el aburrimiento, el rencor suburbano que ha sucedido a la compadreada orillera en esta ciudad".

Curioso: se dice que Olivari era un hombre apacible. Si él mismo escribió en 1927 (tenía justamente 27 años): “No tengo ninguna ambición ni ninguna esperanza. Estoy sereno y aburrido como un pez del 'aquarium' de Río de Janeiro que vi una vez y que bostezó frente a mí con el gesto de omnisapiente comprensión que sólo hallé más tarde en la redacción de la revista Nosotros". Y declaraba su mayor ambición: "Comprarme una hamaca paraguaya para descabezar una siesta larga que me cure de una vez y para siempre de esta, mi vieja enfermedad, la tristeza".

Entre la apacibilidad y el esgunfio -esa recreación porteña del splín británico, con una dosis de rabia- hay un paso. Es el que a veces daba Olivari. Entonces se exaltaba, pero sólo en los libros. Como personaje de un Decamerón argentino, describía el feo tedio de los prostíbulos. Se apiadaba de un hombre completamente solo a las dos de la tarde de un domingo. Rabiaba con esa forma de rabia que es el sarcasmo, el escribir sin ganas, mal, reemplazando la rima por la cacofonía, de manera que no quedaran dudas de que aquella poesía era una cosa vivida, una verdad irreal.

Es curioso también verlo en una foto, en Roma, junto a Giuseppe Ungaretti, poeta que parecía estar en sus antípodas (el dolor lo llevaba a la fe: De otros diluvios / una paloma escucho). Es curioso pero no increíble. Su fe aparecía en el negativo: describiendo el infierno del sinsentido, de los chicos que no llegarán nunca a ser ni siquiera una foto.

Periodista imbatible, de Crítica, después de Clarín, escribió viñetas memorables, como la de aquel Gary Cooper a su imagen y semejanza, "profundamente pesimista" y que "no cree en la perfección del género humano. Este hondo pesimismo le viene de no poder agacharse para anudar los lazos desprendidos de sus botas de sheriff." O de aquel Roland Colman "de las alcobas glaciales, en donde hay un juego de cepillos de plata en cuyas cerdas jamás se enredó un cabello de mujer". Amaba a Spencer Tracy, a Goldoni y a Giovanni Papini.

Todo los aprendió deportivamente. Dijo una vez a estudiantes de periodismo, en algo parecido a una biografía: "Lo hicimos todo jugando con un sentido deportivo de hinchas de fútbol aplicado a la literatura... Vivimos dura y miserablemente del periodismo, casi siempre amarillo, pero en el que más o menos nos dejaban expresar. Nuestro orgullo sigue siendo el de haber sido gente de diarios y por eso en nuestra función de escritores tenemos el saludable olor a tinta fresca." Acaso todos los de su generación -los González Tuñón, César Tiempo, Edmundo Guibourg y Borges- están comprendidos en esta evocación. Pero él no consiguió salir de la trampa, del infierno de quien combate por nada, y tal vez eso explique a aquel hombre que ponía a cocinar avellanas sobre una sartén, como sus padres genoveses, y a quien su amigo Jorge Koremblit recuerda en sus últimos días con una carga tal en la mirada que parecía siempre a punto de llorar. Y permite imaginar a un hombre que se despierta con la boca seca, piensa en la ciudad de la bohemia y de la inmigración como en un continente arrasado, recuerda sus propios versos a un caudillo (Aura que me estoy por ir, Tata Dios, enseñame cómo se debe morir) y muere. Solo, en un cuarto cuya ventana da al Parque Centenario, entre una vieja máquina de escribir y un retrato de Charles Baudelaire.

Jocosamente, su propia generación, la de Florida y Boedo, lo había bautizado "Primer Poeta Maldito de Buenos Aires", pero ya estaban lejos las lecherías de alrededor de la cancha de San Lorenzo, el Auller Keller y la máscara de poeta prostibulario. Era un genovés lejos de su patria, endurecido. Yéndose, muriéndose en un mundo vacío.

Jorge Aulicino
Clarín, Buenos Aires, 10 de abril de 1988


Foto: retrato de Nicolás Olivari sobre un papel, 1988, Hermenegildo Sábat, archivo del diario Clarín

De Olivari en este blog
La negra olvidada en la lechería

miércoles, marzo 24, 2010

Manuel Martínez Novillo / de "Perseguir lobos"





La mensajera

Decía que los rayos y relámpagos eran el goce y la maldad de Dios.
Por esas luces alumbraba
y con los truenos insultaba para castigar al mundo.
¿Algo como el ano de Lutero?
Pero a esa teoría de Dios la escuché de una tía.
En las noches de tormenta y rayos
nos hacía subir a los niños sobre las camas
por si se electrificaba la tierra.
Era como una mensajera de la furia de Dios.

Una vez se fue.
Nadie sabe si murió o fue un sueño de los niños.


El niño y la abuela

Cuando era niño no podía dormir en las noches de tormenta.
Temía desaparecer en los relámpagos
o quedar inmóvil en sus luces blancas como telas de fantasmas.
Era en Tafí
y su abuela prendía velas
murmurando:
"No temas,
la quietud no es la ausencia del mundo.
Es una parte".

En esas noches conoció el mundo
entre los relámpagos, la oscuridad,
el miedo
y esa abuela que machacando a Dios con sus rezos
lo salvó de la locura.

Ella,
la abuela de las velas, murió en un cine
mirando una película de miedos, gritos y relámpagos.


Manuel A. Martínez Novillo (San Miguel de Tucumán, 1950), Perseguir lobos, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2010

Foto: Artic Photo

martes, marzo 23, 2010

Alberto Girri / De "Juegos alegóricos", 1




Explícito y no explícito

Estar ante un tapiz, muelles formas,
llamarlo bosque,
inquieta su trama
de píos, estridentes voces,
cornejas anunciadoras de lluvias,
jóvenes ciervos de aún tiernos cuernos,
húmeda pelusa recubriéndolos,
ojos de búhos entre vapores
nocturnos, que suben, se esfuman, empañan.

Inversamente, al penetrar en un bosque,
pensarlo tapiz,
por nuestra mirada tejido, al amparo
de que cualquier presencia que la distrae
existe mediante ella, sus significados, nombres,
de ella espera,
¡no otra expectativa, mientras
el sueño de su apariencia transcurre!

Es como que por una vez
hagamos de cuenta que los nombres
de las cosas son las cosas,

es darles nombres
para desmentirlas,
es descreer
de lo sin nombre, la simplicidad sin nombres,
y no ir más allá,
abrazándolas con el silencio,
si es que quien mira
en silencio mira las cosas para siempre,
y sólo porque entonces
son como queremos, tapiz, bosque,
y son porque pueden ser, tapiz, bosque.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Juegos alegóricos", 1991, Poemas selectos, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Sous-Bois Provençal, c.1900, Paul Cézanne

lunes, marzo 22, 2010

Frederick Seidel / Capital




Das Kapital

Las ventanas sin persianas o con cortinas imposibles de ser abiertas
Para permitir que la luz del amanecer pase el trapo a la sangre
Están iluminadas esta noche porque la gente trabaja hasta tarde.
Algunas de las torres de oficina están iluminadas y vacías,
De modo que pueden ser limpiadas durante la noche,
Horas que la funeraria necesita
Para preparar el cadáver para que dure.
Los restos de la clase de Anatomía en Bruto
Se convierten en el desfile del Día de Puerto Rico.
Y la limpieza de después de la fiesta se convierte
En desnudas limpias mesas de acero inoxidable con drenajes.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Going Fast", 1998, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009
Versión de J. Aulicino


Das Kapital
The without blinds or curtains and incapable of being opened / That let the light in after dawn to mop the blood up into day / Are lighted up tonight because people are working late. / Some of the office towers are lighted up empty / So they can be cleaned overnight, / Hours the undertaker needs, / To prepare the corpse to last. / The Gross Anatomy debris / Becomes the Puerto Rico Day parade. / And the cleanup after becomes / Bare clean stainless steel tables with drains.


Ilustración: Cubierta del álbum Sleep Dirt, de Frank Zappa, 1979. Arte: Gary Panter. CD: 1991, Rikodisc

domingo, marzo 21, 2010

Frederick Seidel / Guerra




Mood Indigo *

Uno de ellos era más negro.
El otro estaba asustado.
Cortaron el cable de teléfono.
Usaron mis corbatas.
Mi dieron en el estómago.
Hicieron un nudo corredizo alrededor de mi cuello
Y estiraron la cuerda de corbatas por mi espalda
Hasta mis muñecas y mis tobillos.
El más leve movimiento me ahogaba.
Uno agarró una cuchilla que yo tenía
Y me apuñaló la sien una y otra vez,
Ante su compañero que parecía horrorizado,
Y nunca jamás se rompió la piel,
Una técnica usada en Vietnam.
Busca la cuchilla más grande que puede
Y se la clava al muchacho blanco bastante bien
Y nunca jamás se corta la piel,
Una tortura usada en Vietnam.
Hay una guerra
Y te la pone bien puesta en la patilla
Y ni siquiera araña la superficie.

Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Going Fast", 1998, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009
Versión de J. Aulicino

* Música de Duke Ellington y Barney Bigard; letra de Irving Mills (1930)

Mood Indigo
One was blacker. / The other one was frightened. / They cut the phone wires. / They used my neckties. / They had me on my stomach. / They tied a hangman's noose around my neck / And stretched the rope of neckties down my back / to my wrists and ankles. / The slightest movement choked me. / He grabbed a carving knife I had / And stabbed me in the temple over and over, / While his partner looked on in horror, / And never even broke the skin, / A technique used in Vietnam. / He find the biggest knife he can / And stab this white boy pretty good / And never even break the skin, / A torture used in Vietnam. / A war there is / And stuck it in a sideburn hard / And didn't even scratch surface.


Ilustración: Portada del álbum Weasels Ripped my Flesh, de Fran Zappa y The Mothers of Invention, 1970. Arte: John Williams. Edición en CD de Rycodisc, 1990

Frank Zappa / Broadway the Hard Way




Elvis acaba de abandonar el edificio


Señoras y señores... Elvis acaba de abandonar el edificio

Elvis acaba de abandonar el edificio -
Miren sus pisadas, justo ahí.
Elvis acaba de abandonar el edificio -
Para subir la escalera celestial.

Repartió Cadillacs de vez en cuando;
Tuvo sexo en sus calzoncillos.
Sí, tenía estilo.
¿Enteritos de botamangas acampanadas?
De eso tuvo un montón,
Pero ahora no los necesita
Porque está haciendo sonreir a Jesús.

Todos los ángeles lo quieren.
Les lleva alivio
Con gotitas de humedad
De su pañuelo.
Querubines y serafines
Zumban sobre su cabeza.
¡Jesús, déjalo regresar!
No queremos a Elvis muerto.

¿Y qué hay si parece un jabalí caliente?
Sabe que todos lo queremos -
Sólo lo vemos comer,
Entonces quitamos el papel de alumino
De su retiro de hotel,
Y traemos de vuelta al Rey
Para el hombre de la calle.


Frank Zappa (Baltimore, 1940-Los Angeles, 1993), del álbum Broadway the Hard Way, 1988
Versión de J. Aulicino

Elvis has just left the building
Ladys and Gentlemen... Elvis has just left the building. // Elvis has just left the building -- / Those are his footprints, right there / Elvis has just left the building -- / To climb up that heavenly stair. // He gave away Cadillacs once in a while;/ Had sex in his underpants,/ Yes, he had style! / Bell-bottom jump-suits? / That's them in a pile, / But he don't need'em now, / 'Cause he's makin' Jesus smile! // Elvis has just left the building -- / Those are his footprints, right there / Elvis has just left the building -- / To climb up that heavenly stair. // The Angels all love him, / He brings them relief / With droplets of moisture / From his handkerchief! / Cher'bim 'n ser'phim / Whizz over his head -- / Jesus, let him come back! / We don't want Elvis dead. // So what if he looks like a wart-hog in heat? / He knows we all love him -- / We'll just watch him eat, / So take down the foil / From his hotel retreat, / And bring back The King. / For the man in the street!

Elvis has just left the building

Ilustración: Portada y reverso del álbum Broadway the Hard Way, Rykodisc, 1989

sábado, marzo 20, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 3




Mrs. Purkapile

Huyó y se fue por un año.
Cuando volvió me contó la historia tonta
de su rapto en el lago Michigan
por unos piratas que lo tuvieron encadenado,
de manera que no pudo escribirme.
Fingí creerlo, aunque sabía muy bien
lo que había estado haciendo, y que de tanto en tanto
veía a la modista, Mrs. Williams, cuando ella
iba a hacer compras a la ciudad, según decía.
Pero una promesa es una promesa
y el matrimonio es el matrimonio,
y por respeto a mi propio carácter,
me negué a ser arrastrada al divorcio
por el ardid de un marido
que simplemente se había cansado
de su deber conyugal y de su voto.



Roscoe Purkapile

Ella me amaba. ¡Oh, cuánto me amaba!
Ya nunca tuve chance de escapar
a partir del primer día en que me vio.
Pero luego, ya casados, pensé que podría
demostrar que era mortal y dejarme en libertad,
o divorciarse de mí.
Pero pocas mueren, y ninguna renuncia.
Entonces me escapé y anduve de juerga un año.
Ella jamás se quejó. Decía que todo iría bien,
que yo volvería. Y yo volví.
Le dije que me habían capturado unos piratas
cerca de Van Buren Street
mientras paseaba en un bote en el lago Michigan,
y que no pude escribirle porque estaba encadenado.
¡Ella lloró y me besó, y dijo que aquello era cruel,
humillante, inhumano!
Entonces supe que nuestro matrimonio
era una dispensa divina
y que no podría ser disuelto
sino por la muerte.
Y tuve razón.

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini


Mrs. Purkapile
He ran away and was gone for a year. / When he came home he told me the silly story / Of being kidnapped by pirates on Lake Michigan / And kept in chains so he could not write me. / I pretended to believe it, though I knew very well / What he was doing, and that he met / The milliner, Mrs. Williams, now and then / When she went to the city to buy goods, as she said. / But a promise is a promise / And marriage is marriage, / And out of respect for my own character / I refused to be drawn into a divorce / By the scheme of a husband who had merely grown tired / Of his marital vow and duty.

Roscoe Purkapile
She loved me. Oh! how she loved me! / I never had a chance to escape / From the day she first saw me. / But then after we were married I thought / She might prove her mortality and let me out, / Or she might divorce me./ But few die, none resign. / Then I ran away and was gone a year on a lark. / But she never complained. She said all would be well, / That I would return. And I did return. / I told her that while taking a row in a boat / I had been captured near Van Buren Street / By pirates on Lake Michigan,/ And kept in chains, so I could not write her. / She cried and kissed me, and said it was cruel, / Outrageous, inhuman! / I then concluded our marriage / Was a divine dispensation / And could not be dissolved, / Except by death. / I was right.

Ilustración: Portada del álbum Them or us, de Frank Zappa, 1984

viernes, marzo 19, 2010

Raúl González Tuñón / De "La muerte en Madrid"




Muerte del héroe
(Buenaventura Durruti)


"Tiene usted una cultura de
Biblioteca Sempere."
(En el café)


Juego de la linterna y el gatillo
lo veo en el retrato del prontuario,
de frente, de costado, con un número,
con el cabello turbio y despeinado.
(Sólo faltaba arriba una paloma
con algo de furioso y delicado.)

Lo veo en el vestíbulo del Banco
donde están los ingleses,
en pleno mediodía del asalto,
multiplicado en los espejos cóncavos
de parque de atracción y policía,
clima de enfermería y tren ligero,
aire de boletín de última hora
subiendo en el coraje desatado
la escalera del miedo.

Lo veo en las polémicas del hierro,
en los locales de los sobresaltos,
en las noches del cuero y del cemento,
en los subsuelos de la harina,
en las llanuras del asfalto,
en los techos del vino y del petróleo,
en la vigilias de tabaco y cebo,
en las orillas de los sindicatos
con la luna presidiaria y ateneo.

Lo veo derramando plomo y oro
por las huelgas del mundo, comandante,
lejos aún de la bala de plata
fundida para él un siglo antes.

Lo veo por los muelles del acero,
por los enlaces ferroviarios,
por las traseras de los frigoríficos,
por las tabernas de los jornaleros
y el paredón del arrabal llovido
cuyo revoque evoca todavía
su perfil bondadoso y pistolero.

En donde yacen los himnos anarquistas,
entre tahonas, libreros de lance,
novias de fugitivos y retratos
de Francisco Ferrer ya fusilado;
durante el heroísmo sin consignas,
antes del cine y de los comisarios,
oh, qué auténtica entonces
su mezcla de cordero y de leopardo,
qué madurez crecida de repente,
qué francotirador y Jesucristo
su corazón, perdido por noviembre.

¡Desciendo la bandera hasta el cadáver!
Me encamino al espectro preferido,
vuelvo a ver una calle con un río
de manifestación y cementerio
y a él sobre el caos, levantando
su índice muerto.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), "La muerte en Madrid", 1939, La luna con gatillo. Selección de poemas líricos, sociales y políticos, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1957


Nota
Buenevantura Durruti (León, 1896-Madrid, 1936), aunque muerto al comienzo de la guerra civil en España (1936-1939), es recordado como una de las grandes figuras de aquella contienda. Dirigió la "columna Durruti" que se encaminó desde Barcelona a Zaragoza y logró establecer comunas libertarias en varias poblaciones aragonesas. En los años anteriores, el grupo de Durruti produjo numerosos asaltos y muertes; entre éstas se le imputa la del cardenal-arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevilla y Romero, en 1923. Fugitivos por América, también asaltaron bancos en Chile, Argentina y Uruguay. Durruti murió en Madrid, de un balazo proveniente, probablemente, de un arma de su propio bando, según los testimonios disponibles, entre ellos el de su compañero Antonio Bonilla.


Foto: Durruti; Aragón, 1936. Archivo de la Guerra Civil, Archivo Nacional, Salamanca

jueves, marzo 18, 2010

Alberto Girri / De "En la letra, ambigua selva", 1


En la letra, ambigua selva

1
El ritmo de lo escrito
es el ritmo del que escribe,
y el texto, el poema,
en parte mecanismo verbal,
en parte sistema de correspondencias,
es con el mundo una sola entidad.

2
La forma equivale
a convicción interna,
y la letra la emplea con vistas
a proveer al mundo de significados,
y aun para el Significado,
y aun para subyugarlo
con el prejuicio de que la palabra
traduce y vierte lo ideado.

3
Lenguaje y estilo
penosamente edifican jerarquías,
y al lograrlo
el mundo queda en suspenso, extático,
aunque luego el producto se descompone,
su linaje se vulgariza,
suena escarnecido y degradado
como fofa, mustia potencia,
y las línea mejores, las ejemplares
y musicales tiradas, apenas si sobreviven
como detrás de un vidrio, burla y tedio,
¡oh pobre Olimpo!

4
¿Campos donde el que más despoja
es el que avanza?
¿Trampa y recompensa
para la que perseveran
enfermizamente atentos a apoderarse
de la totalidad atreviéndose
a lo banal absoluto de escribir
"Cierren esa puerta", o "Quisiera dormir"?
Cuanto trace la escritura
será interpretado, obtendrá respuesta,
como a los piadosos se les permite
orar según les plazca, convencidos
de que Dios escucha y lee
hasta las pisadas de una hormiga.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "En la letra, ambigua selva", 1972, Poemas selectos, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2010


Ilustración: Representación gráfica de la perspectiva en De pictura, de Léon Baptiste Alberti; 1496

miércoles, marzo 17, 2010

William Jay Smith / Poema



Interior

Llevó el universo a su cuarto
y cerró la puerta;
alrededor de su pared rotaban planetas,
a lo largo del piso se elevaban estrellas
y caían en la grave, lenta respiración de las tinieblas;
nadaban cometas como los dientes de tiburones que nadan,
vigas de encina tenían orejas monstruosas,
y el ladrido del chacal.

Pájaros marinos llegaban desde lejanas
islas: rabihorcados, golondrinas de mar,
alisaban en la baja, giratoria luz,
sus plumas brillantes como el mar, giraban,
gritaban, se lanzaban
a los agitados cardúmenes
en la larga noche.

Pasado y futuro, dos flacas panteras
negras como el carbón,
recorrían los límites de su cerebro,
la veta preciosa de su vida;
y podía ver
puertas que ante él se abrían con calma
sobre un coche de bancos rosados esperando la lluvia.


William Jay Smith (Winnfield, Louisiana, 1918), Alberto Girri, "Versiones", Poemas selectos, selección y prólogo de Jorge Monteleone, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2010

Ilustración: Antiplato, 1956, Joan Miró

De William Jay Smith en este blog:
Primitivo americano

Manuel Ferradás Campos / Canción




Nieve

No cantes, hermano, no cantes,
que Moscú está cubierto de nieve
y los lobos aúllan de hambre...
No cantes que Olga no vuelve,
aunque el sol nuevamente ilumine,
aunque siga cayendo la nieve...

Rumbo a Siberia mañana
saldrá la caravana,
¡quién sabe si el sol
querrá iluminar nuestra marcha de horror!
Mientras en Moscú,
mi Olga tal vez a otro amor se entregó.
¡No cantes, hermano,
no cantes, por Dios!

Unidos por crueles cadenas,
por la estepa mil leguas haremos,
caminando con rumbo a Siberia...
No cantes, que es ruda la helada;
ya Moscú se ha cubierto de nieve
y la nieve ha llegado a mi alma.


Manuel Ferradás Campos (Buenos Aires,1913-1986), estrenada con música y voz de Agustín Magaldi en 1936

Ilustración: Invierno, 1811, Caspar David Friedrich

Armando Tejada Gómez / Canción




Canción de lejos

Me voy, amor. Si soy motivo para el olvido,
decime adiós; decímelo.
Que la paloma de tu pañuelo
me diga no; me diga adiós.

Me dices no. Pero tus ojos se van conmigo
por donde voy; huellita soy,
que va y que vuelve como dos veces:
el rio a mí ; el cielo a vos.

¡Qué sencillo modo
tuvo el cariño entre vos y yo:
tan sólo un pañuelo, en donde el cielo
se me olvidó; se te olvidó!

Humito azul, que sube y sube
desde la leña quemándose; quemándome.
Como la luna que con tu ausencia
me sale a ver, quemándome.

Ausente soy como paloma
herida en un ala: penando estoy.
Me suelen ver a medio vuelo
de tu pañuelo, buscándote; buscándome

Armando Tejada Gómez (Mendoza, 1929-Buenos Aires, 1992), música y voz de César Isella, álbum América joven III, 1973


Foto: Tejada Gómez con el guitarrista Julio Lacarra

martes, marzo 16, 2010

Constantino Cavafis / Dos poemas




Cosas escondidas

Que nadie trate de deducir quién fui
de todo lo que hice y todo lo que dije.
Había un obstáculo que deformaba
mis acciones y mi modo de vivir.
Había un obstáculo que me detenía
muchas veces cuando iba a hablar.
Por medio de mis acciones más inadvertidas
y mis escritos más velados,
sólo por medio de estas cosas podré ser comprendido.
Pero quizá no valga la pena dedicar
tanto interés y tantos esfuerzos a descubrir quién soy.
Más adelante –en una sociedad más perfecta-
otro, hecho exactamente como yo,
sin duda aparecerá y actuará con libertad.


Media hora

Ni te he poseído ni te poseeré
nunca, creo. Unas pocas palabras, un acercamiento
como en el bar anteayer, y nada más.
Es triste, no lo niego. Pero nosotros los artistas,
a veces, con el poder de la mente, y, claro está, sólo
por pocos minutos, creamos un placer
que casi parece real.
Así, en el bar anteayer –ayudado, además,
tan misericordiosamente por el alcohol-
pasé media hora totalmente erótica.
Y me parece que lo comprendiste
y te quedaste un rato más a propósito.
Y eso era muy necesario. Porque,
a pesar de toda mi imaginación y de la magia del vino,
me era preciso ver tus labios,
me era preciso tener tu cuerpo junto a mí.

Constantino Cavafis (Alejandría,1863-1933), Constantine Cavafy, Cien poemas, versiones de Francisco Rivera, Monte Avila Editores, Caracas, 1978

Ilustración: Cafe Royal, 1912, William Orpen

De Cavafis en este blog:
Los caballos de Aquiles / Un viejo / Che fece il gran rifiuto

lunes, marzo 15, 2010

Virgilio Piñera / Cinco poemas



Tararí tarará

Los niños y las moscas me recibían
con miles de mosquitos en La Lisa,
donde vive mi hermana maestra,
que hace tiempo se arrastra por el llano.
¡Tararí! ¡Tarará! Las moscas se comían el pastel,
con matamoscas los niños las mataban.
Los mosquitos la sangre nos chupaban,
una vaquita negra hacía muuu...
Mis grandes alegrías terminaron.

1969

Mi padre
Dice mi padre que es inútil la despedida:
no tiene la esperanza de un retorno.
Mi padre, cuya partida es inminente,
con su equipaje a la puerta,
en el helado aire de la mañana,
rechaza nuestros abrazos y nuestras lágrimas:
"Será inútil dejar las puertas abiertas".


Ladyladiva

Ladyladiva va
divavigando,
Ladyladiva vive
encadivaramada en pisoquín
de Zanja sin agua, go ni una.

La vida pasa a ojo de la diva
sin aguagó, ni una tá siquiera,
llave mirando a cubo y cubo a llave.
Ladyladiva a divar se pone
en secocubocúbicobicubo:
¡Gua-á, Gua-á!...
hasta infartarse el cubo
en el infartoser de ladyladiva.

En Zanja pisoquín la vida pasa
aguamanando sin llave vida aguando
a cuboagua con ladyladivavigando.

1970


No se parece
No se parece a mi persona
y dice venir de otro mundo.
Y cuando lo dice,
me veo en su mundo
diciéndole lo mismo.
De modo que si viene y yo voy
ambos permanecemos inmóviles.
Está su nave espacial
junto al latón de la basura en mi patio;
y está mi nave espacial
junto al latón de la basura en su patio.
Cuando él parte en su nave,
en el mismo instante
llego en la mía a su mundo.

1976


Sombras chinescas

Pasa -digo-. Has cambiado tanto
que de pronto pensé que no eras.
¿Cómo dices? Soy yo quien te habla.
Sólo que... no estoy seguro de que seas.
Quizá la penumbra de la tarde... Haré luz.
¿Dices que no me reconoces? Pues
será mejor tocarnos como los salvajes.
¡Oh, mi mano pasa a través de tu cuerpo!
¿Y dices que a tu mano le ha ocurrido lo mismo?
¿Somos ya sólo sombras con una luz detrás?
¿Divertido espectáculo de infinitas miradas,
miradas que nos traspasan como dagas crueles?
Habrá que convenir en que es todo un suceso.

1977

Virgilio Piñera (Cárdenas, 1912-La Habana, 1979), "Una broma colosal" (1988), La isla en peso. Obra poética, Tusquets Editores, Barcelona, 2000

Ilustración: La profecía, Vladimir Iglesias

domingo, marzo 14, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 2




Sexsmith, el dentista

¿Ustedes creen que las odas y sermones
y las campanas de iglesia
y la sangre de jóvenes y viejos
martirizados por la verdad que vieron
con ojos iluminados por la fe en Dios
lograron las grandes reformas del mundo?
¿Creen que el Himno de Batalla de la República
habría sido escuchado si el esclavo personal
hubiera entronizado al dólar dominante,
pese a la desmontadora de Whitney,
y el vapor y las laminadoras y el acero
y el telégrafo y la mano de obra blanca y libre?
¿Creen que a Daisy Fraser
la habrían desalojado y expulsado
si la fábrica de conservas
no hubiera necesitado su casita y su terreno?
¿O creen que al salón de póker
de Johnnie Taylor, y al bar de Burchard
los habrían clausurado si el dinero perdido
y gastado en cerveza no hubiera vuelto,
con ello, a Thomas Rhodes
para vender más zapatos y frazadas
y mantas para niños y cunas de roble dorado?
Vamos, una verdad moral es un diente hueco
que hay que fijar con oro.


Thomas Rhodes

Muy bien, ustedes liberales
y navegantes de los dominios del intelecto,
ustedes marinos de las alturas de la imaginación,
llevados por corrientes erráticas, cayendo en pozos de aire,
ustedes, Margaret Fuller Slacks, Petits
y Tennessee Claflin Shopes,
ustedes descubrieron, con su alardeada sabiduría,
qué difícil es al fin
evitar que el alma se divida en átomos celulares.
Mientras nosotros, buscadores de los tesoros de la tierra,
los que obtenemos y acumulamos oro,
somos compactos, independientes, armónicos,
aún hasta el final.

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Sexsmith the Dentist
Do you think that odes and sermons, / And the ringing of church bells, / And the blood of old men and young men, / Martyred for the truth they saw / With eyes made bright by faith in God, / Accomplished the world's great reformations? / Do you think that the Battle Hymn of the Republic / Would have been heard if the chattel slave / Had crowned the dominant dollar, / In spite of Whitney's cotton gin, / And steam and rolling mills and iron / And telegraphs and white free labor? / Do you think that Daisy Fraser / Had been put out and driven out / If the canning works had never needed / Her little house and lot? / Or do you think the poker room / Of Johnnie Taylor, and Burchard's bar / Had been closed up if the money lost / And spent for beer had not been turned, / By closing them, to Thomas Rhodes / For larger sales of shoes and blankets, / And children's cloaks and gold-oak cradles? / Why, a moral truth is a hollow tooth / Which must be propped with gold.

Thomas Rhodes
Very well, you liberals, / And navigators into realms intellectual, / You sailors through heights imaginative, / Blown about by erratic currents, tumbling into air pockets, / You Margaret Fuller Slacks, Petits, / And Tennessee Claflin Shopes — / You found with all your boasted wisdom / How hard at the last it is / To keep the soul from splitting into cellular atoms. / While we, seekers of earth's treasures / Getters and hoarders of gold, / Are self-contained, compact, harmonized, / Even to the end.


Ilustración: The Poor Author and the Rich Bookseller, 1811, Washington Allston

sábado, marzo 13, 2010

Frederick Seidel / Odiseo



Violín

A menudo me voy a la cama con un libro
E inmediatamente apago la luz.
Me despierto a la mañana y me cepillo y me visto y voy al escritorio y escribo.
Siempre pongo mi brazo en la manga derecha antes de deslizarme en la izquierda.
Siempre me pongo el zapato izquierdo primero, y después me pongo el derecho.

Ocurre que ahora mismo
Estoy paseando los perros por el parque peligroso a la noche,
Que es peligrosa, que no me gusta.
Pero estoy encantado, mi paseo del perro es una delicia.
Soy derecho, pero en general no estoy pensándolo.

(CORO)
Un hombre puede irse a dormir una noche y no despertar nunca y no enterarse.
Un hombre puede pasear por una calle de Bagdad y nunca más dar un paso.
Un hombre puede ir a lo de su editor y caer muerto camino al baño de hombres.
Un poeta puede desarrollar una demencia frontotemporal.
Un hombre delicioso puede, y luego no existir.

Las chicas a domicilio que vinieron a nuestros cuartos eran realmente lindas.
¿Se habrán asombrado de que sus clientes fueran ilegalmente jóvenes?
La mía me preguntó suavemente qué quería hacer. El pecado es Menester.*
Justo en ese momento sonó el teléfono -
Su amiga controlando si ella estaba a salvo con el joven Rambo, Rimbaud.

Yo te persigo, vida, hasta los confines de la tierra a través de un Sahara de mantel.
Miro alrededor en el resturante buscando aire.
Tapo mis oídos para navegar más allá del canto de sirena de las rocas.
El violín de tus ojos
Me escucha dulcemente.

Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009
Versión de J. Aulicino

* "Sin is Behovely, but / All shall be well, and / All manner of things shall be well." (El pecado es Menester, pero todo estará bien, y todo tipo de cosas estará bien). Dame Julian of Norwich, Revelations of Divine Love; T.S. Eliot, "Little Gidding" III, Cuatro cuartetos (N. del Editor)

Violin
I often go to bed with a book / And immediately turn out the light. / I wake in the morning and brush and dress and go to the desk and write. / I always put my arm in the right sleeve before I slip into the left. / I always put on my left shoe first and then I put on the right. // I happen right now / To be walking the dogs in the dangerous park at night, / Which is dangerous, which I do not like, / But I am delighted, my dog walk is a delight. / I am right-handed but mostly I am not thinking. //
(CHORUS) / A man can go to sleep one night and never wake up that he knows of. / A man can walk down a Baghad street and never walk another drop. / A man can be at is publisher´s and drop dead on the way to the men´s room. / A poet can develop frontotemporal dementia. / A flavorful man can, and then he is not. // The call girls who came to our separate rooms were actually lovely. / Weren't they shocked that their customers were so illegally young? / Mine gently asked me what I wanted to do. Sin is Behovely. / just then the phone rang - / Her friend checking if she was safe with the young Rambo, Rimbaud. // I am pursuing, life, to the ends of the earth across a Sahara of tablecloth. / I look around the restaurant for breath. / I stuff my ears to sail past the siren song of the rocks. / The violin of your eyes / Is listening gently.


Ilustración: Ulises y las sirenas, 1909, Herbert Draper

viernes, marzo 12, 2010

Irene Gruss / Dos poemas inéditos




O ese arbusto de yerba mala...

O ese arbusto de yerba mala justo al lado del pino,
molesta, no se ve bien;
como ese hongo al costado de la casa,
el que E. Dickinson mató un día, lo escribió así
y envió una carta, terrible el pisotón,
no pudo no hacerlo ni dejar de contar
(como el que calcula sus pecados),
sumaba.

Como una luz tardía o lo que es dejado

Como una luz tardía o lo que es dejado
a pudrir, así encendí o dejé una fruta cualquiera,
un gesto cualquiera.
Es cansancio, decía, y en mi gesto no vi cómo hieden
los muertos, aun sin vergüenza, pero
cómo hieden. Chéjov anotó esto último, viajaba
y conocía mentes bajas,
deseosas y bajas.
No era atenazarme, sencillamente se echaba a perder
lo que dejaba perder. Recogía la pulpa enmohecida, aturdida,
obsecuente. Se me va de las manos
la caricia perdida
… Cómo así:
lo que no he dado ha caído,
no siente vergüenza pero hiede.


Nota: Lo remarcado en cursiva parafrasea un poema de Alfonsina Storni.
Irene Gruss

Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), inéditos

Ilustración: Ajo y uvas, 1987, Miquel Barceló

De Gruss en este blog:
La mente de águila de un viejo
El tocador de la marquesa De Merteuil
Tatuaje I

miércoles, marzo 10, 2010

Miguel Angel Morelli / Poemas


1

mi madre creía en dios y hablaba con él en voz alta
mientras lavaba la ropa y la colgaba de la soga

sentado en un rincón del patio / después de la escuela
yo la escuchaba hablar sola y pensaba que mi madre estaba loca

¿cómo no iba a pensarlo? / yo tenía apenas doce años
la edad del mundo / la edad de todas las verdades de este mundo

pero un día llegué y ella no estaba
y fue como volver a nacer / aunque del lado de la desesperanza

eso pasó hace mucho tiempo, es cierto, pero de tarde en tarde
cuando el olvido me acorrala / me siento en el rincón de pensarla
y vuelvo a ser entonces ese niño al que la muerte le mordía los labios


2

y me pregunto qué va a ser de mí / con esta lluvia
con tanta agua corriendo calle abajo y esos despojos
que van a la deriva / si hoy el mundo es una boca de tormenta

hay que llegar / me digo / a la otra orilla
mientras trato de recordar cómo era que rezaba
aquel hombre que no salía de su casa sin paraguas


3

la armonía entre pensamiento y realidad,
como todo lo metafísico,
hay que buscarla en la gramática del lenguaje

ludwig wittgenstein, tractatus logico-philosophicus


cuando ya nada puede ser dicho y el silencio impone su agonía /
¿calla el decir o el pensamiento?
si calla el decir, son las palabras las que nos han abandonado
en el límite exacto de nuestro propio lenguaje /
si calla el pensamiento / en cambio
es el lenguaje el que nos roba cualquier promesa de mundo

silencio sobre silencio / cuando todo es intemperie
lo inexplicable que emerge del poema
nos devuelve del vacío y da consuelo /

pero esa luz ya no es nuestra


Miguel Angel Morelli (Coronel Suárez, Pcia. de Buenos Aires, 1955)


Foto: Morelli Analecta Literaria

martes, marzo 09, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 1




Benjamin Pantier

Juntos en esta tumba yacen Benjamin Pantier, abogado,
y Nig, su perro, fiel colega, consuelo y amigo.
Por el camino gris, amigos, niños, hombres y mujeres,
uno por uno abandonaron la vida, dejándome solo
con Nig como socio, compañero de cama, camarada en la bebida.
En la mañana de mis años conocí aspiraciones
y vislumbré el honor.
Luego ella, que me sobrevive, lazó mi alma
con un lazo que me fue desangrando hasta la muerte,
y yo, fuerte de voluntad en un tiempo,
terminé quebrantado, indiferente,
viviendo con Nig en un cuarto detrás de una oficina sombría.
La huesuda nariz de Nig contra mi mentón;
nuestra historia se pierde en el silencio. ¡Pasa, loco mundo!



Mrs Benjamin Pantier

Sé que decían que enlacé su alma
con un lazo que lo fue desangrando hasta la muerte.
y que todos los hombres lo querían
y que muchas mujeres le tuvieron compasión.
Pero suponte que eres realmente una dama,
y que tienes gustos delicados
y detestas el olor del whisky y la cebolla.
y que la “Oda” de Wordsworth fluye en tus oídos
mientras él va repitiendo, de la mañana a la noche,
partes como esa cosa ordinaria:
“¿Oh, por qué será orgulloso el espíritu del hombre?”
Y luego, suponte:
eres una mujer con una buena dote
y el único hombre con quien la ley y la moral
te permiten tener relaciones conyugales
es justamente aquel que te repugna
cada vez que piensas en eso — y piensas en eso
cada ves que lo ves.
Por eso lo eché de casa
a vivir con su perro en un cuarto sombrío
detrás de su oficina.

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868 -Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Nota
"En un ensayo titulado The Genesis of Spoon River, donde Masters historia su libro, ilustra sus intenciones al escribirlo; refiere que hay en la obra no menos de doscientos cuarenta y cuatro personajes, y diez y nueve historias cuyo desarrollo logra armar mediante sucesivos epitafios adecuadamente relacionados. Y señala, asimismo, que prácticamente todos los oficios o profesiones humanas están representados allí, salvo los de barbero, sastre, remendón y garagista." Alberto Girri, prólogo a la Antología de Spoon River, Barral Editores, Barcelona, 1974

Benjamin Pantier
Together in this grave lie Benjamin Panitier, attorney at law, / And Nig, his dog, constant companion, solace and friend. / Down the gray road, friends, children, men and women, / Passing one by one out of life, left me till I was alone / With Nig for partner, bed-fellow; comrade in drink. / In the morning of life I knew aspiration and saw glory, / Then she, who survives me, snared my soul / With a snare which bled me to death, / Till I, once strong of will, lay broken, indifferent, / Living with Nig in a room back of a dingy office. / Under my jaw-bone is snuggled the bony nose of Nig / Our story is lost in silence. Go by, mad world!

Mrs Benjamin Pantier
I know that he told that I snared his soul / With a snare which bled him to death. / And all the men loved him, / And most of the women pitied him. / But suppose you are really a lady, and have delicate tastes, / And loathe the smell of whiskey and onions. / And the rhythm of Wordsworth's "Ode" runs in your ears, / While he goes about from morning till night / Repeating bits of that common thing; / "Oh, why should the spirit of mortal be proud?" / And then, suppose: / You are a woman well endowed, / And the only man with whom the law and morality / Permit you to have the marital relation / Is the very man that fills you with disgust / Every time you think of it — while you think of it / Every time you see him? / That's why I drove him away from home / To live with his dog in a dingy room / Back of his office.


De E. Lee Masters en este blog:
Cuatro de Spoon River, versiones de Alberto Girri
La colina, versión de Alberto Girri

Otras traducciones de ELM por Gerardo Gambolini:
Faro vacío

Foto: Lápidas en el Lake View Cemetery, del estado de Nueva York, donde este año se realizará una perfomance sobre los poemas de Edgar Lee Masters Fenton History Center

lunes, marzo 08, 2010

Bertran de Born / Me agrada...



Me agrada el alegre tiempo de pascua

I
Me agrada el alegre tiempo de pascua,
que hace que vengan las hojas y las flores:
y me agrada oír la alegría
de los pájaros que hacen tintinear
su canto por el bosque;
y me agrada ver en los prados
levantadas las tiendas y pabellones;
y tengo gran alegría
al ver en el campo alineados
caballeros y caballos armados.

II
Me agrada que los batidores
hagan huir a la gente con sus bienes;
y me agrada ver venir tras ellos
muchas gentes de armas todos juntos;
y me agrada en mi corazón
ver castilos fuertes asediados,
muros derrumbados y rotos
y ver la hueste en la orilla,
rodeada de fosos
con estacadas de fuertes y apretados palos.

III
Del mismo modo me agrada el señor
cuando es el primero en atacar
a caballo, armado y sin miedo,
que así hace que se enardezcan los suyos
con valiente ánimo.
Y cuando el combate se ha entablado,
todos deben estar dispuestos
a seguirlo gustosos,
pues nadie es apreciado en nada
hasta que ha dado y recibido muchos golpes.

IV
Mazas y espadas, yelmos de colores,
escudos que se rompen y despedazan,
todo lo veremos al entrar en el combate
y a muchos vasallos golpear juntos,
por lo que vagabunadearán
los caballos de los muertos y de los heridos.
Y cuando haya entrado en la batalla, cada noble
no pensará sino en cortar cabezas y brazos,
que más vale muerto que vivo vencido.

V
Os digo que no me agrada tanto
comer, beber o dormir
como cuando oigo gritar: "¡A ellos!"
por ambas partes y oigo relinchar
caballos vacíos en la sombra
y oigo gritar: "¡Socorro! ¡Socorro!"
y veo caer por los fosos,
en la hierba, a grandes y pequeños
y veo los muertos que por los costados
tienen las astas y los cendales.

VI
Nobles, empeñad
castillos, villas y ciudades
antes de dejar de combatiros.

VII
Papiol, de grado
ve, rápido, a Sí y No
y dile que hace mucho que están en paz.


Bertran de Born, vizconde de Hautefort (Born de Salagnac, Perigord, c.1150-Dalon, c.1215), Poesía de trovadores, trouvères, minnesinger, antología y traducción de Carlos Alvar, Alianza Editorial, Madrid, 1981
Bertran en el infierno: Dante Alighieri, Comedia, Infierno, 28

Be·m platz lo gais temps de pascor

I
Que fai folhas e flors venir,
E platz mi quant aug la baudor
Dels auzels que fan retentir
Lor chan per lo boschatge,
E platz mi quan vei por los pratz
Tendas e pabalhos fermatz,
E ai grant alegratge
Quan vei per champanha renjatz
Chavaliers e chavaus armatz.

II
E platz mi quan li coredor
Far las gens e l'aver fugir,
E platz mi quan vei apres lor
Granre d'armatz ensems venir,
E platz mi en mon coratge
Quan vei fortz chastels assetjatz
E·ls berris rotz e esfondratz
E vei l'ost el ribatge
Qu'es tot entorn claus de fossatz
Ab lissas de fortz pals seratz.

III
E altresi·m platz de senhor
Quant es premiers a l'envazir
En chaval armatz, sens temor,
Qu'aissi fai los seus enardir
Ab valen vassalatge,
E pois que l'estorns es mesclatz,
Chascus deu esser acesmatz
E segre·l d'agradatge,
Que nuls om non es re prezatz
Tro qu'a maintz colps pres e donatz.

IV
Massas e brans, elms de color
E scutz trauchar e desgarnir
Veirem a l'intrar de l'estor
E maintz vassals ensems ferir,
Dont anaram aratge
Chaval de·ls mortz e de·ls nafratz;
E quant er en l'estorn entratz
Chascus om de paratge,
No pens mas d'asclar chaps e bratz,
Que mais val mortz que vius sobratz.

V
E·us dic que tan no m'a sabor
Manjar ni beure ni dormir
Com a quant aug cridar: A lor!
D'ambas partz, e aug ennir
Chavaus voitz per l'ombratge,
E aug cridar: Aidatz! Aidatz!
E vei chazer per los fossatz
Paucs e grans per l'erbatge,
E vei los mortz que pe·ls costatz
An los tronzos ab los sendatz.

VI
Baro, metetz en gatge
Chastels e vilas e ciutatz
Enanz qu'usquecs no·us guerrejatz.

VII
Papiols, d'agradatge
Ad Oc-e-No t'en vai viatz;
Dijas que trop estan en patz.



Ilustración: The second day of the Battle of Bannockburn, Scotland, 1314 , (detalle), Mark Churms, siglo XX

domingo, marzo 07, 2010

Daniel García Helder / de "El guadal"





El garage de Rembrandt

La calle está revuelta y sucia,
ramas que se frotan como espadas
a la altura de cornisas y balcones
donde la lluvia se resume
en un mínimo de luz, de gris sucio
y en un chisporroteo como de aceite frito.
Se ve la mala maniobra de un camión
frigorífico, la puerta de atrás que se abre.
Una media res colgando del travesaño
oscila, sola, a la vista de la gente.
Y habría que pensar que no la llevan
a la carnicería, sino al garage
donde montó su atelier un naturalista
tardío, un futuro nuevo Rembrandt
que a esta hora de la madrugada
debe estar limpiando los pinceles
en la manga de su camisa
-libros viejos ocupando la escalera
que sube a una puerta clausurada,
debajo una mesita con pomos
estrujados y porrones de ginebra,
trapos, viandas frías y restos de café
en las tazas que ahora se usan de cenicero.


Treinta segundos de ingravidez

Yo sabía que las ramas
arriba llevan una vida más libre,
absolutamente aislada, casi abstracta;
pero ahora es distinto, yo también vivo arriba,
mi cabeza y los hombros se pierden
entre las hojas más altas
y hasta siento y pienso como algo
que está solo, absolutamente aislado
y no tiene raíz.


Apuntes de pervigilio

Palabras que son la mitad de un diálogo.
Lo mismo si oyeras a cualquiera
recitar su parte en un teléfono público.
Ninguna idea rectora, lo sólido ya ves que se licúa;
ningún resto de conciencia o de vidas pasadas
en el filtro del café.

Daniel García Helder (Rosario, 1961), El guadal, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993

Foto: Helder, Buenos Aires, c.1994, Eduardo Grossman. Archivo del editor

sábado, marzo 06, 2010

Celedonio Flores / Cross

















Corrientes y Esmeralda


Amainaron guapos junto a tus ochavas
cuando un cajetilla los calzó de cross
y te dieron lustre las patotas bravas
allá por el año... novecientos dos...

Esquina porteña, tu rante canguela
se hace una melange de caña, gin fitz,
pase inglés y monte, bacará y quiniela,
curdelas de grappa y locas de pris.

El Odeón se manda la Real Academia
rebotando en tangos el viejo Pigall,
y se juega el resto la doliente anemia
que espera el tranvía para su arrabal.

De Esmeralda al norte, del lao de Retiro,
franchutas papusas caen en la oración
a ligarse un viaje, si se pone a tiro,
gambeteando el lente que tira el botón.

En tu esquina un día, Milonguita, aquella
papirusa criolla que Linnig mentó,
llevando un atado de ropa plebeya
al hombre tragedia tal vez encontró...

Te glosa en poemas Carlos de la Púa
y el pobre Contursi fue tu amigo fiel...
En tu esquina rea, cualquier cacatúa
sueña con la pinta de Carlos Gardel.

Esquina porteña, este milonguero
te ofrece su afecto más hondo y cordial.
Cuando con la vida esté cero a cero
te prometo el verso más rante y canero
para hacer el tango que te haga inmortal.

Celedonio Flores (Buenos Aires, 1896-1947), Todo Tango

Fotos: Celedonio Flores; Pascual Contursi Todo Tango; Jorge Newbery, c.1909, Raúl Larra, Newbery, Schapire Editor, Buenos Aires, 1975

Nota
Fuera de consignar que el verso "Cuando un cajetilla los calzó de cross" alude, según la canonizada leyenda, a Jorge Newbery (1875-1914), héroe de la aviación argentina, boxeador amateur, dandy que impuso sus puños en el ambiente bravo del cabaret de tango, no haría falta, en mi opinión, ninguna otra nota a esta poema clásico de la letrística argentina, al que puso música Francisco Pracánico. Pero he aquí que el limpio y redondo término porteño "calzar" merece distintas categorizaciones de parte de la Academia Argentina de Letras y de la Real Academia Española, lo que nos dice algo respecto del punto en que nos encontramos en la relación con la institución idiomática materna. Para la Academia Argentina de Letras, calzar es un coloquialismo; para la española, un vulgarismo, según consta en las definiciones que copio abajo. La acepción argentina de calzar, para colmo la coloca la RAE junto a otra, al parecer usual en Costa Rica y Ecuador, a la que etiqueta como coloquial. No parece más distinguida que la nuestra. En cuanto a Celedonio Flores, parecía pensar que la Real Academia consistía en otra cosa.

calzar. tr. coloq. Asestar un fuerte golpe a una persona.
Celedonio Flores. Corrientes y Esmeralda: 1933: Amainaron guapos junto a tus ochavas / cuando un cajetilla lo calzó de cross / y se dieron lustre las patotas bravas / allá por el año 902.
Santillán, 1976, p. 66; Coluccio, 1979, p. 41; Ávila, 1991, p. 96; Rodríguez, 1991, p. 62; Haensch, 1993, p. 119; Conde, 1998, p. 70; Teruggi, 1998, p. 65; Haensch, 2000, p. 123
Academia Argentina de Letras

11. tr. vulg. Arg. Asestar un golpe.
12. tr. Col., C. Rica y Ec. Empastar un diente o muela.
RAE

viernes, marzo 05, 2010

César Fernández Moreno / Argentino





Argentino hasta la muerte


He nacido en Buenos Aires,
¡Qué me importan los desaires
con que me trata la suerte!
Argentino hasta la muerte,
He nacido en Buenos Aires.


.............Guido y Spano, 1895



A Buenos Aires la fundaron dos veces
a mi me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuántos tatarabuelos tiene uno
yo acuso siete españoles seis criollos y tres franceses
el partido termina así
combinado hispanoargentino 13 franceses 3
suerte que los franceses en principe son franceses
si no qué haría yo tan español
nací por fín hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina
nacía en Chascomús en Buenos Aires
nací en tantos lugares casi todos con agua
cuando empezó mi desarrollo se acabó el del país
una hija me nació de cada oreja
fallecí en una playa de Vigo
vuelvo a nacerme cada vez que amo
me naceré en París con lluvia fina
porque yo hermanos igual que Buenos Aires
no estaba aquí me trajeron de Europa
me trajeron por piezas
primero una mitad la otra dos siglos después
tengo entonces dos piernas como desparejas
una pisa el abismo de malones y humo
otra un muelle reciente sobre el río de barro
abierto así en el tiempo camino rengueando
y bueno soy argentino

a mi abuelo más histórico lo mandó Carlos el Hechizado
le ordenó respirar estos aires no aquéllos
porque el tipo según dice mi tío Mario
se apuntaba cierta dama de la corte
contra los mejores derecho de su majestad
excelente medida del buen rey
aquí las ñustas no eran problema
fue así como ese abuelo españolísimo gauchísimo
fundó una dinastía de capitanes de frontera
es decir de terratenientes
es decir de políticos conservadores
doña Agustina la pegó en gran forma
al casarse con un tal Ortiz de Rozas
pero después la casa fue poniéndose fea
las mesas de caoba se fueron enchapando
los picos de gas quedaron abandonados entre los caireles
y sobrevino la era del querosén
entonces es claro muera la caoba maciza
y viva el querosén ese combustible tan distinguido
al final a mamá la arreglaron con quinientas hectáreas
y bueno soy argentino

Napoleón y un ejército de abuelos franceses
quisieron invadir España pobre d´eyo
pero hubo una española que se dejó
invadir ella sí por el mío
produciéndose a la larga una niñita
con quien vino a casarse mi español más reciente
el abuelo de quien desciendo más
el verdadero Baldomero
el que cambió su huerta de Bárcena por una ropería en la avenida de Mayo
y dale al por mayor algo muy simple
comprar a tanto vender a cuánto
el estado gendarme vigilaba sin mucho entusiasmo
este mundo era nuevo qué fácil ponerse las ofrecidas botas
también era fácil arruinarse dejar a la familia entre cachivaches
pero no era tan fácil ser el padre del gran poeta
y sin embargo se le dio
tampoco era fácil ser el hijo del gran poeta
y sin embargo se me dio
El hijo por Baldomero Fernández
puro por cruza con la Negrita López
ella no se veía
él clausuraba el horizonte
cada paso que doy se me caen encima setenta balcones
ustedes dirán acabala con el viejo
pero cómo dejar de ser overo de tal tigre
disculpen la riqueza
las telas de mi abuelo las recibí en palabras
ahora con mi tesoro voy cruzando la pampa
atravesando las calles desiertas con los bolsillos rebosantes de piedras preciosas
y bueno soy argentino

así engendrado y concebido
me muevo como buzo ágil a distintas alturas de la sociedad
como avión con base bien situada y mucha autonomía de vuelo
tengo suficiente confianza con el boy Julito
pero soy uno más entre los pibes que vivían en los ranchos junto a la laguna
yo les prestaba mi bicicleta importada una vuelta manzana a cada uno
yo no fumaba ni decía malas palabras ni amenazaba con ir al prostíbulo
tampoco iba al catecismo como ellos
yo creía que el padrenuestro no era más que un tango
pero todos barajábamos los mismos cubitos de mármol sobre el dorso de la misma mano
pero todos mordíamos los mismos damascos sobre los mismos techos de cinc
todos éramos iguales ante la ley bajo el farol de la esquina
ese provinciano mediador entre el cielo de oro y la calle de tierra
oscilante a la altura de las hojas más claritas de los plátanos
rodeado por un halo de insectos predispuestos a la muerte rápida
todos éramos iguales iluminados así desde arriba
arrastrando las zapatillas en el colchón de polvo del verano
así soy de todas esas maneras
guerrero campesino comerciante poeta perhaps
español francés indio casi seguro
rico pobre de todas las clases y de ninguna
y bueno soy argentino

ma de qué argentino me estás hablando
qué clase de argentino sos vos que no sos italiano
pa'ser bien argentino tenés que ser semita
momentito momentito que yo soy del Moreno
sí yo simulé educarme en ese colegio nacional
una dos y tres el Moreno otra vez
allí aprendí el eppur de Galileo y la pizza de Tuñín
no es cierto Gennarelli Robiglio
allí me amontoné con esos otros margentinos de perfil asirio o bereber
no es cierto Grosman Paley
y todo era lo mismo todos gritábamos cuando pasaba cualquier mujer
no es cierto Robiglioman Grosmicelli
a todos nos deleitaban la banana split y las memorias de la princesa rusa
todos pusimos un poco de fuerza en aquella piña panamericana de Luis Angel Firpo
pero todos malogramos nuestra chance frente al malvado Billy Petrolle
todos nos quemamos con Carlitos Gardel
pero todos resucitamos con Juan Manuel Fangio
cinco veces campeón mundial el más grande de los argentinos si todas las actividades fueran lo mismo
pero nuestra única religión verdadera era el fútbol
todos rezábamos de memoria aquel rosario de once cuentas
que comenzaba Bosio Bidoglio y Paternóster
y así con unción hasta acabar con el punzante wing izquierdo
y todavía nos disolvemos todos en las tribunas
hoy que el progreso cambió los tablones de madera por el cemento seguro y seguido
donde la multitud que viene tempranito para encontrar sitio entre sí misma
no tiene más remedio que orinar contra sí misma
pero el asunto ya no cae abajo sino que desciende armoniosamente grada por grada y uno ya no se puede sentar qué macana
y bueno soy argentino

también conozco a fondo los rulemanes de la burocracia
yo manejaba un afilalápices hasta una máquina de calcular fijensé
un ascenso para nosotros era tan emocionante como el galope final de un western
también soy abogado
es la manera más intensa de ser argentino
demandaos los unos a los otros
dos o tres argentinos no son abogados
me refiero a los escribanos
pero nadie está nunca en su despacho
nunca está porque nunca es
cómo ser argentino sin una secretaria
por favor dónde están dónde son los argentinos
el médico está haciendo política
el empleado está haciendo tiempo
el abogado está haciendo versitos ¿no ven?
en rigor nadie tiene profesión
hay tan pocos antecedentes es facilísimo parecer hábil
se puede hacer cualquier cosa con la zurda
y de pronto alguno se da cuenta
rectifico procede a darse cuenta el idioma argentino dice las cosas pero largas
y entonces las murallas se vuelven tabiques de madera terciada
al tipo no le queda de dónde agarrarse salvo de su propia corbata
te avivaste gallo ciego pero no tenés no lenguaje
te la vas a armar Mallarmé
que vachaché Jacques Vaché
what do you think cholito
qué sería de mí sin la máquina de escribir
ella me expresa tan bien sobre todo cuando se equivoca
estoy candaso agodato diré más exhasuto
hay de mí cómo se pronuncian algunos actores de cine
vos usté tú ta te ti corazón corazón qué vas a hacerle hacelle bla bla bla
si no sabes ni siquiera sabés quién sos eres
batime che Keiserling
Orteguita pasame el dato
eh bien je suis argentin

observaréis marquéis
que hablo bastante de mis tatarabuelos
de mi educación de mi contorno social de mis angustiosos problemas linguísticos
pero nada digo de mis virtudes y mis vicios pero ñato please
lo ético lleva de cajón a lo político
no les voy a dar el gusto a los rayados ni a los orejanos argentino señor
nosotros somos así vivos esencialmente
en nuestro suelo se acomodan veinte millones de habitantes
preferimos las agachadas a los levantamientos
eso lo decís por mí a que no sos capaz de repetirlo
necesitamos que nos insulten dos veces
entonces casi nos agarramos a cachetazos
necesitamos un amigo que nos separe
pero decile que donde lo encuentre le voy a romper el alma
necesitamos que el azar se pliegue a nuestra venganza
queremos encontrar no buscar
que busquen los foráneos petróleo o lo que sea
pero nos las sabemos rebuscar
lo importante es postergar la responsabilidad
muchachos me estoy trabajando una mina fenómeno
ojalá no venga a la cita
tengo una pila de trabajo atrasado
ojalá decreten feriado el viernes
vos no te preocupés dejalo todo en mis manos
mañana a las siete y diez te tengo listo el asunto sin falta

y después pasamos de la extrema precisión a la extrema vaguedad
vos esperate ya veremos hay tiempo
y cuando ya no hay tiempo cuando el tiempo nos abandona se sacude de nosotros harto ya de ser prometido en vano
entonces venga la gran biaba de trabajo
o mejor la rica improvisación la socarrona payada en una de esas la pegamos por qué no
entonces agradecemos conmovidos los aplausos de nuestra barrita particular
chas gracias chas gracias con las manos juntas más arriba de nuestros parietales
y bueno soy argentino

y bueno ésta es una tierra así
montones de fausto natural de miseria natural
poquitos aborígenes que ya no son problema
puñados de blancos puñados de grises sueltos entre las leguas
o de pronto envasados a presión a la orilla de un río teratológico
pero sueltos también
cada cual solito por la calle Florida
qué sobresalto si alguien nos dirige la palabra en el subte
gracias a dios el tango nos unifica
qué más nos unifica no entiendo esta unidad
algunos ficheros tal vez
el procedimiento es sencillo se toma un mostrador se pone detrás un funcionario
un funcionario es un hombre que fuma
y delante surge espontáneamente una cola
vea señor lo fundamental es llenar el formulario
aquí los papeles son la realidad
ir a los papeles significa ir a la realidad
papeles son papeles flor de ontología
papeles cantan qué poético
mirá que te hago la boleta qué susto
pero después ay se me quemaron los papeles
nuestras cosas empiezan en una corazonada y terminan en un expediente
hay tantos expedientes al final todo parece nada
el portafolio es el verdadero símbolo nacional no el gorro frigio
como Sísifo con su roca cada argentino con su portafolio
por fuera cuero de vaca por dentro expedientes de vacas
cada fín de año en son de júbilo
arrojamos por la ventana las hojitas de nuestros calendarios
entonces se descubre que todas estaban vacías
los trenes argentinos son pura forma
vacíos y radiantes pasan veloces por las estaciones sin parar en ninguna
los edificios públicos tienen enormes pórticos
pero la gente debe entrar por la gatera del ordenanza
enormes escalinatas rampas rampantes
pero se sube por el pastito
aquí las vacunas nunca prenden
los timbres de alarma sólo suenan cuando se descomponen
entonces de todos modos nadie se alarma
la policía solo descubre a los terroristas cuando se les caen las bombas
los teléfonos se cortan solos ni las malas noticias pueden recibirse de un tirón
cuando alguien lleva un libro en la mano es su autor
cuando no es una caja de ravioles
y de pronto salta Macedonio Fernández zapateando un malambo con Pascualito Pérez
pero no me hable de la literatura argentina ni del atletismo nacional
no crean en lo general en el general
crean en lo particular en el particular
crean en algunas firmas no crean en ningún sello aclaratorio
la realidad tiene más de veinticinco renglones por foja
de qué sirve un papel bajo la lluvia
y bueno soy argentino

éste es el revirado canto natal que yo traigo aquí
I'm sorry a usted le molestará sepa que a mi también
pero alguna vez tenemos que acercar la realidad a los papeles
esta bronca me sale de ser argentino
soy gaucho y entiendanló
soy de los de acá de este lugar y no de otro
soy argentino de la mejor y de la peor manera
mejorando las provincias presentes soy porteño
aquí me tienen al pie del obelisco mirando hacia arriba
yéndome de boca sobre el santo cielo
aquí me tienen en este cine aguantando al zanguango que me patea toda la noche el respaldo del asiento
aquí me tienen en esta esquina balanceándome peligrosamente sobre el cordón de la vereda
mientras los autos golosos
buscan la bocacalle como lechones convergentes contra la ubre materna
mientras las casitas de un piso más una balaustrada por si acaso
alternan con los rascacielos de las ensanchadas avenidas
como infantil escritura donde las letras vacilan tambalean
Buenos Aires me tenés en cafúa
yo no puedo vivir sin tu agua en los pulmones
no puedo vivir sin este frío sin este calor
me pongo el saco me saco el saco
me pongo el chaleco el pullover la camisa me los saco me los vuelvo a poner
pero definitivamente me abrigo bien
sobre todo a las tres de la tarde un día de verano en el barrio bancario
no vayan a pensar que éste es un país tropical
qué esperanza mijito nosotros somos muy civilizados tan nórdicos
como el mejor noruego…

…en cuanto a vos patria
sí patria a vos te estoy hablando
a vos ésa que está detrás de la palabra
vos che cielo favorito de los cúmulos cielo alambrado por el arco iris
cielo que día a día me revive con su añagaza de luz
cielo que tarde a tarde me asesta su beso plano
cielo que noche a noche me emborracha
vos che tierra que por ahora te dejás estar abajo mío
tierra de las ciudades afrentada de cloacas embozada de asfalto
tierra de los ejidos turbia de cascotitos y fósforos usados y los restos de un sapo
tierra del campo tierra terráquea mejilla de planeta
che patria que volás entre cielo y tierra como pájaro entre sus dos alas
yo te voy a decir lo que necesitás
necesitás muchos hijos insolentes calaveras
generaciones de hijos desalmados
que te quieran que te odien furiosamente
que te tomen como una curva cerradísima
que te tomen como una copa de cicuta
que te tomen la mano la cintura
yo pongo sobre vos y nada más que sobre vos todo mi cuerpo
a esta luz me dieron a esta luz me doy
y bueno soy argentino

César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919-París, 1985), "Argentino hasta la muerte", 1954, Obra poética, recopilada por Jorge Fondebrider, Perfil Libros, Buenos Aires, 1999

Foto: Rivadavia, entre Salguero y Medrano, 1931, Horacio Coppola