domingo, febrero 28, 2010

Joaquín Giannuzzi / de "Violín obligado"




Teólogo en la ventana

Este cerrado dolor de cabeza
causado por la presión del mundo visible
reclama un significado.
Pero la visión de la calle desde mi ventana
solo ofrece alternativas a una apariencia dislocada
hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos
y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma.
¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?
No esta especie de traición a lo largo del pavimento,
la naturaleza criminal que revelan los automóviles,
el taciturno rumor de los objetos manufacturados,
la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,
los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta.
¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?
La divinidad está aquí por delegación sombría.
Hay un millón de ventanas y cada una padece
su teólogo fracasado ante la única realidad posible
con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.


Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1924-Salta, 2004), Violín obligado, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1984

Ilustración: El fumador, 1913, Juan Gris

Joaquín Giannuzzi, violín


de archivo


VIOLIN OBLIGADO,
De JOAQUIN GIANNUZZI.
Libros de Tierra Firme,
Buenos Aires, 1984

“Hay un millón de ventanas y cada una padece/ su teólogo fracasado ante la única realidad posible”.
En estos dos versos del poeta Joaquín Giannuzzi se cifran algunas claves para una posible interpretación de una obra que creció verdaderamente sin estridencias, no ya ante el público sino en el propio ambiente literario porteño, donde las glorias no serán masivas, pero son.
Hombre frente a una ventana, hombre asomado a la “única realidad posible”. “Teólogo fracasado”. Una imagen y, a la vez, un epíteto. Es sospechable que un hombre frente a una ventana sea un teólogo fracasado. Giannuzzi, no obstante, lo subraya. Es que estos versos, se lo haya propuesto o no, funcionan como una poética. Pero, además, son “millones de ventanas” y cada una “padece” este tipo de observador. Con lo cual, la poesía de Giannuzzi ingresa en la historia.
Giannuzzi ha publicado –con éste- seis libros de poesías. Cada uno de ellos da testimonio, desde su título, de la misma sed de absoluto –un absoluto que debe refrendarse en la realidad cotidiana- y de las mismas incertidumbres: Nuestros días mortales (que fue publicado por Sur en 1958), Contemporáneo del mundo (1963), Las condiciones de la época (1968), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1981) y Violín obligado, que aunque parezca no alude de entrada al lirismo obligado, sino a esa porción del concierto que corre por cuenta exclusiva de un solo instrumento. Ese tramo que solo un instrumento –y ningún otro- puede ejecutar.
De esto se trata: el sentimiento ético que inspira la poesía de Joaquín Giannuzzi es existencial. Solo, en tanto nadie puede acompañarlo hasta más allá de la muerte, el hombre se define por todo aquello que dice a la luz de la muerte.
Entonces, el violín que ejecuta esa parte única y exclusiva se vale nada más que de su música y la de ningún otro. Que Giannuzzi haya elegido el violín, que su libro no se haya llamado “Saxo obligado” o “Fagot obligado” también habla de algo. Por supuesto, el violín es un instrumento con enorme prestigio lírico, es casi el instrumento por excelencia, en tanto se entienda –por metonimia obligada- el instrumento como música y ésta, a la vez, por otra obligada metonimia, como el arte por excelencia. Y al arte como belleza pura y así.
Pero la época, incesantemente mencionada por Giannuzzi, es el límite. Allí es donde está el caos, la imposibilidad de que sea uno realmente único e irrepetible. De allí la ventana como lugar recurrente que serviría para revelar gran parte de la significación de la poesía de Giannuzzi. Lugar por excelencia donde comercian el adentro tenso y el exterior abrumado.
Pero desde luego la poesía no se agota en el campo de la significación. Nunca fue un juego malabar, un código descrifrable: no se trata de que las interpretaciones alumbren un derrotero que deliberadamente elude una decodificación precisa. La poesía, en ese caso, no serviría realmente para nada. La aventura está en la lengua misma, en el uso de la lengua y, tratándose de Giannuzzi, en el hábil desplazamiento que permite convertir una realidad concreta, sensorialmente plena e inconfundible, en una abstracción intelectual que, sin embargo, no pierde el sabor –la atmósfera- de la anécdota, llámese hombre de la ventana, hombre deambulando por el jardín, “poeta enroscado en su silla”.
De allí las dalias “inclinadas hacia este oscuro planeta” o este poeta que dice: “Pongo mi amarga cabeza a circular por el jardín./ Busco un rumor terrenal/ a un costado de la escritura consciente”. Estos juegos en los que se complace Joaquín Giannuzzi –el traslado de una significación realista al plano de la especulación- son el sitio de la belleza, único y fugaz.
Un enrarecido aliento sobre la profundidad de la existencia recorre esta poesía, pero se da –como debe ser, tratándose justamente de poesía- en el trabajo sutil con las palabras.
La eternidad no está, y es su busca la que define a este poeta de cabo a rabo, desde su soporte narrativo hasta la instrumentación misma de las palabras. Pide piedad para nosotros ese “hombre confeso, diluido, cardíaco/ esperando justicia con agua muerta en las arterias”.
Pero con él se llega a uno de los más altos logros de la poesía argentina contemporánea. Poesía trágica, poesía urbana, poesía donde la cuestión personal dialoga definitiva –e infinitamente- con el tiempo sin salida.

Jorge Aulicino

Clarín Cultura y Nación, 13 de diciembre de 1984

sábado, febrero 27, 2010

Basilio Uribe / Dos poemas




El faraón impreso

Aislada sobre la página blanca
donde está impresa en colores refulgentes,
la belleza que irradia
la máscara del faraón
excluye el polvo, la paciencia sorda
del escarabajo entre carroñas de tejidos,
el olor insidioso y otras colonias de alimañas
del tiempo. El hombre repule así la belleza
que no mantuvo la belleza
creada por el hombre. Crear
es una infinita escalinata
donde cada escalón se ensucia luego,
y sólo el nuevo nos deslumbra todavía
para que pronto lo pisemos.

3-VIII-74


La luz quieta del otoño

Primero vino la lluvia, luego
el frío de la tarde
en el cuarto sin otros. La ausencia
se adueña siempre del sábado y el domingo
como un bloque que colma cada rincon,
donde una figura sola ni siquiera intenta
que el tiempo pase. Aguarda sin espera,
mira la aralia contra el cedro,
en el equívoco que crea la perspectiva
vista desde el sillón, y a veces
el televisor. La comedia chispea
o de pronto se quiebra
con el destello melancólico del amor
impedido por falta de dinero.
Casi no hay transcurso en la tarde.
La luz del nublado se sucede siempre a sí misma.

20-IV-74

Basilio Uribe (Buenos Aires, 1916-1997), Raúl Gustavo Aguirre, Antología de la poesía argentina, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979


Ilustración: Máscara del faraón, dibujo para pintar Yodibujo.com


De Uribe en este blog:
Objeto psicológico

viernes, febrero 26, 2010

Frederick Seidel / Materia oscura




12. La materia oscura invisible

Es de la materia
Oscura invisible de la que no estamos hechos
De lo que tengo miedo.
La mayor parte del universo se compone de eso.

Pongo un único y normal cubito
En mi trago.
Pesa cien millones de toneladas.
Es una muestra de la estrella más densa.

Me abrí paso a través
Del temor sagrado que escribí
Y que estás leyendo ahora.
No puedo creer que estés ahí

Excepto que estás. Me pregunto qué
Los cosmólogos no saben
Que podría ser todo
Lo que hay.

El alguien que mira esta página
Podría ser todo lo que hay,
Material que brilla
O brilló.

La materia oscura es otra
Materia. Los cosmólogos no saben.
Los físicos tampoco.
Las estrellas no son.

Otra cosa al lado
De una fila de cosas está
Parada aquí. Es invisible
Y lee en silencio.

No importa
Que en realidad no lo haga.
Necesito tomar su mano
Para cruzar la calle.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "The Cosmos Trilogy: The Cosmos Poems (2000)", 2003, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino


12. Invisible dark matter
It is the invisible / Dark matter we are not made of / That I am afraid of. / Most of the universe consists of this. // I put a single normal ice cube / In my drink. / It weighs one hundred million tons. / It is a sample from the densest star. // I read my way across / The awe I wrote / That you are reading now. / I can't believe that you are there // Except you are. I wonder what / Cosmologists don't know / That could be everything / There is. // The someone looking at the page / Could be the everything there is, / Material that shines, / Or shined. // Dark matter es another / Matter. Cosmologists don't know, / The Physicists do not. / The stars are not. // Another thing beside / The row of things is / Standing there. It is invisible / And reads without a sound. // It doesn't matter / That it doesn't really. / I need to take its hand / To cross the street.

Imagen: Teatro Negro de Praga

jueves, febrero 25, 2010

Raúl González Tuñón / Juguete




Un juguete roto en el basural

Un poema está en el sueño. También fuera del sueño.
A veces está allí donde el poeta mira.
Y nada más poético que ese juguete roto
-extraña flor brotada a la intemperie-
que junto a los residuos de los inquilinatos
grises y fraternales
y la hierba menuda del baldío
recatado en el bosque de cemento
piensa cuando jugaba con él un dulce niño
que después fue soldado.

Nunca vuelven.

Y un poema está allí, donde no está el poeta.


Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905-1974), Poemas para el atril de una pianola, 1965. Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1993.


Ilustración: Niños jugando (detalle), c.1778, Francisco de Goya

miércoles, febrero 24, 2010

Carlos de la Púa / Dos sonetos



Packard

Era una mina bien, era un gran coche,
era un packard placero, era una alhaja:
auto que siempre trabajó de noche
llevando siempre la bandera baja.

Pero un día la droga la hizo suya
y, en vez de cargar nafta, echó morfina
y cerrando el escape por la buya
se fajaba debute en cada esquina.

Ayer la vi pasar... Iba dopada
y me sentí, yo curda, un santo Asís
al ver que de su pinta abacanada

pinta que fuera de auto de parada,
sólo queda, cual resto de chocada,
con los cuatro fierritos del chasís.


El feite

Recuerdo de un amuro ranfañoso,
luce tajo de guapo, marca rea,
un feite refasí, meticuloso,
que un cacho de nariz le escolasea.

Beso maula de daga matadora,
no ha de borrarse nunca, hasta la muerte,
por más que el que lo lleve sea ahora
tayador ventajero con la suerte.

Por eso es que le digo cuando pasa
-engrupido debute, farolero,
de mucho cueyo y de corbata escasa-:

-Ya que aura sos bacán y el vento empacas,
y la rolás con púas, ¡pesebrero!,
no te sacas el feite, no te sacas.


Carlos Muñoz del Solar, Carlos de la Púa (La Plata, 1898-Buenos Aires, 1950), La crencha engrasada, cuaderno sin mención de editorial ni pie de imprenta, páginas sin numerar (la primera edición es de 1928)


Ilustración: De la Púa, por Hemenegildo Sábat, archivo del diario Clarín, Buenos Aires

martes, febrero 23, 2010

Cesare Pavese / Fumadores de papel





Fumadores de papel

Me trajo a escuchar su banda. Se sienta en un rincón
y emboca el clarinete. Arranca un estruendo infernal.
Afuera, un viento furioso y los cachetazos,
entre los relámpagos, de la lluvia, hacen que la luz vacile
cada cinco minutos. En la oscuridad, las caras
se torturan, trastornadas, al tocar de memoria
un bailable. Enérgico, mi pobre amigo
conduce a todos desde el fondo. El clarinete se retuerce,
rompe el alboroto sonoro, demanda, se desfoga,
como un alma solitaria, en un seco silencio.

Estas pobres latas están demasiado a menudo abolladas:
campesinas las manos que aprietan las teclas,
y las frentes, duras, que apenas se levantan de la tierra.
Miserable sangre agotada, extenuada
por muchas fatigas, se la oye mugir
en las noches y el amigo la guía con esfuerzo mortal,
él, que tiene las manos endurecidas de tomar una maza,
de mover el cepillo de carpintero, de romperse el alma.

Tuvo en otro tiempo compañeros y no tiene más que treinta años.
Fue de aquellos de después de la guerra, crecidos en el hambre.
Fue también él a Turín, buscando una vida,
y encontró la injusticia. Aprendió a trabajar
en las fábricas sin una sonrisa. Aprendió a medir,
sobre su propia fatiga, el hambre de los otros,
y encontró en todas partes injusticias. Intentó calmarse
caminando, embotado, las avenidas interminables
en la noche, pero vio solamente un millar de faroles
resplandecientes sobre iniquidad: mujeres broncas, borrachos,
tambaleantes fantoches perdidos. Había llegado a Turín
un invierno, entre centelleos de fábricas y escorias de humo;
y sabía qué era el trabajo. Aceptaba el trabajo
como un duro destino del hombre. Pero si todos los hombres
lo aceptaran, en el mundo habría justicia.
Se hizo de compañeros. Soportaba las largas palabras
y debía escucharlas, esperando el final.
Tuvo compañeros. Cada uno en su casa tenía familia.
La ciudad estaba cercada por ellos. Y la cara del mundo,
ellos la cubrían. Sentían dentro de sí
la gran desesperación de vencer al mundo.

Toca seco esta noche, a pesar de la banda
que ha instruido uno a uno. No atiende al estruendo
de la lluvia ni a las luces. La cara severa
mira atenta un dolor, mordiendo el clarinete.
Le he visto esos ojos una noche en que, solos,
con el hermano, diez años más triste,
velábamos en una luz escasa. El hermano estudiaba
sobre un inútil torno construido por él.
Y mi pobre amigo acusaba al destino
que lo tenía clavado al cepillo y a la maza
para alimentar a dos viejos, sin pedirlo.

De repente gritó
que no era el destino si el mundo sufría,
si la luz del sol arrancaba blasfemias:
el hombre era culpable. Si por lo menos pudiéramos irnos,
libres con el hambre, responder no
a una vida que usa amor y piedad,
la familia, el pedacito de tierra, para atarnos las manos
.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino


Fumatori di carta
Mi ha condotto a sentir la sua banda. Si siede in un angolo / e imbocca il clarino. Comincia un baccano d’inferno. / Fuori, un vento furioso e gli schiaffi, tra i lampi, / della pioggia fan sí che la luce vien tolta, /ogni cinque minuti. Nel buio, le facce / dànno dentro stravolte, a suonare a memoria / un ballabile. Energico, il povero amico / tiene tutti, dal fondo. E il clarino si torce, / rompe il chiasso sonoro, s’inoltra, si sfoga / come un’anima sola, in un secco silenzio. // Questi poveri ottoni son troppo sovente ammaccati: / contadine le mani che stringono i tasti, / e le fronti, caparbie, che guardano appena da terra. / Miserabile sangue fiaccato, estenuato / dalle troppe fatiche, si sente muggire / nelle note e l’amico li guida a fatica, / lui che ha mani indurite a picchiare una mazza, / a menare una pialla, a strapparsi la vita. // Li ebbe un tempo i compagni e non ha che trent’anni./ Fu di quelli di dopo la guerra, cresciuti alla fame. / Venne anch’egli a Torino, cercando una vita, / e trovò le ingiustizie. Imparò a lavorare / nelle fabbriche senza un sorriso. Imparò a misurare /sulla propria fatica la fame degli altri, / e trovò dappertutto ingiustizie. Tentò darsi pace / camminando, assonnato, le vie interminabili / della notte, ma vide soltanto a migliaia i lampioni / lucidissimi, su iniquità: donne rauche, ubriachi,/ traballanti fantocci sperduti. Era giunto a Torino / un inverno, tra lampi di fabbriche e scorie di fumo; / e sapeva cos’era lavoro. Accettava il lavoro / come un duro destino dell’uomo. Ma tutti gli uomini / lo accettassero e al mondo ci fosse giustizia. / Ma si fece i compagni. Soffriva le lunghe parole / e dovette ascoltarne, aspettando la fine. / Se li fece i compagni. Ogni casa ne aveva famiglie. / La città ne era tutta accerchiata. E la faccia del mondo / ne era tutta coperta. Sentivano in sé / tanta disperazione da vincere il mondo. // Suona secco stasera, malgrado la banda / che ha istruito a uno a uno. Non bada al frastuono / della pioggia e alla luce. La faccia severa / fissa attenta un dolore, mordendo il clarino. / Gli ho veduto questi occhi una sera, che soli, / col fratello, piú triste di lui di dieci anni, / vegliavamo a una luce mancante. Il fratello studiava / su un inutile tornio costrutto da lui. / E il mio povero amico accusava il destino / che li tiene inchiodati alla pialla e alla mazza / a nutrire due vecchi, non chiesti. // D’un tratto gridò / che non era il destino se il mondo soffriva, / se la luce del sole strappava bestemmie: / era l’uomo, colpevole.
Almeno potercene andare / far la libera fame, rispondere no / a una vita che adopera amore e pietà, / la famiglia, il pezzetto di terra, a legarci le mani.

Ilustración: Sin pan y sin trabajo, 1894, Ernesto de la Cárcova

lunes, febrero 22, 2010

Lawrence Ferlinghetti / Un parque de diversiones en la mente, 3




El ojo del poeta obscenamente mirando
ve la superficie del redondo mundo
con sus techos borrachos
y sus oiseaux de madera en los alambres de tender la ropa
y sus varones y mujeres de arcilla
piernas calientes y los capullos de rosa de sus pechos
en camas con ruedas
y sus árboles llenos de misterios
y sus parques domingueros y sus perplejas estatuas
y su América
y sus pueblos fantasmas y su vacías islas de Ellis
y sus paisajes surrealistas de
praderas mecánicas
supermercados suburbanos
cementerios climatizados a vapor
feriados de cinerama
y catedrales protestantes
un mundo de plástico a prueba de besos inodoros tampax y taxis
cow-boys de quiosco drogados y vírgenes de las vegas
indios repudiados y matronas locas por el cine
senadores no romanos y no objetores de conciencia
y todos los otros fatalmente esquilados fragmentos
del sueño de los inmigrantes que se volvió demasiado cierto
extraviado
entre los que toman sol

Lawrence Ferlinghetti (Nueva York, 1919), A Coney Island of the Mind, New Directions, Nueva York, 1958

Versión de J. Aulicino

A Coney Island of the Mind
3
The poet's eye obscenely seeing / sees the surface ot de round world / with its drunk rooftops / and wooden oiseaux on clotheslines / and its clay males and females / with hot legs and rosbeud breasts / in rollaway beds / and its tree full of mysteries / and its Sunday parks and speechless statues / and its America / whit its ghost towns and empty Ellis Islands / and its surrealist landscape of / mindless praires / supermarket suburbs / steamheates cemeteries / cinerama holy days / and protesting cathedrals / a kisspoof world of plastic toiletseats tampax and taxis / drugged store cowboys and las vegas virgins / disowned indians and cinemad matrons / unroman senators and conscientious non-objetors /and all the other fatal shorn-up fragments / of inmigrant's dream come too true / and mislaid / among the sunbathers


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Ilustración: Las bañistas, 1937, Jorge González Camarena


De Ferlinghetti en este blog:
Un parque de diversiones en la mente, 1

En de sibilas y pitias:
Un parque de diversiones en la mente, 11

domingo, febrero 21, 2010

Lawrence Ferlinghetti / Un parque de diversiones en la mente, 1




En las más grandes escenas de Goya parece que vemos
a la gente del mundo
en el momento exacto en que
por primera vez alcanzó el título de
"sufriente humanidad"
Se retuercen sobre el papel
en un verdadero furor
de adversidad
Amontonados
gimiendo con chicos y bayonetas
bajo cielos de cemento
en un abstracto paisaje de árboles malditos
estatuas torcidas alas y picos de murciélagos
horcas viscosas
cadáveres y gallos carnívoros
y todos los gritones monstruos finales
de la
"imaginación del desastre"
son tan sangrientamente reales
que es como si en realidad todavía existieran

Y existen

Sólo el paisaje ha cambiado

Todavía se extienden por las carreteras
plagadas de legionarios
falsos molinos de viento y gallos enloquecidos

Somos la misma gente
sólo que más lejos de casa
en autopistas de cincuenta carriles
en un continente de concreto
sembrado de insípidos carteles
que ilustran imbéciles ilusiones de felicidad

La escena muestra menos carretones
pero más ciudadanos encolumnados
en autos pintados
y con extrañas patentes
y motores
que devoran América

Lawrence Ferlinghetti (Nueva York, 1919), A Coney Island of the Mind, New Directions, Nueva York, 1958

Versión de J. Aulicino


A Coney Island of de Mind
1
In Goya's greatest scenes we seem to see / the people of the world / exactly at the moment / they first attained the title of / "suffering humanity" / They writhe upon the page / in a veritable rage / of adversity / Heaped up / groaning with babies and bayonets / under cement skies / in a abstract landscape of blasted trees / bent statues bats wings and beaks / slippery gibbets / cadavers and carnivorous cocks / and all the final hollering monsters / of the / "imagination of disaster" / they are so bloody real / it is as if they really still existed // And they do // Only landscape is changed // They still ranged along the roads / plagued by legionaires / false windmills and demented roosters // We are the same people / only further from home / on freeways fifty lanes wide / on a concrete continent / spaced with bland billboards / illustrating imbecile illusions of happiness // The scene shows fewer tumbrils / but more strung-out citizens / in painted cars / and they have strange license plates / and engines / that devour America

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Ilustración: A Coney Island of the Mind, portada de la edición de 1958 de New Directions

De Ferlinghetti en este blog:
Una vasta confusión

sábado, febrero 20, 2010

Giovanni Boccaccio / Soneto, 3






Si Amor, cuyas maneras...

Si Amor, cuyas maneras muchos años
con suspiros tan largos has probado,
te resulta más grave que lo usual,
¿por qué, empero, lo sigues engañado,

creyendo en la fatiga encontrar paz?
¿por qué del amor no te apartas?
¿por qué no huyes de él?: tal vez tendrías,
libre, un reposo para tales daños.

No se recobra el tiempo que se pierde
con perder tiempo, ni jamás llorar
con llorar se paró, como se sabe.

Te baste que al Amor el tiempo verde,
mísero, diste; y hoy, que a encanecer
comienzas, de ti mismo apiádate.



Giovanni Boccaccio (Certaldo, Toscana, 1313-1375)

Versión de J. Aulicino



S'Amor, li cui costumi...

S'Amor, li cui costumi già molt'anni
con sospir infiniti provat'hai,
t'è or più grave che l'usato assai,
perché, seguendol, te medesmo inganni,

credendo trovar pace tra gli affanni?
perché da lui non ti scavresti omai?
perché nol fuggi? e forse ancor avrai,
libero, alcun riposo de' tua danni.

Non si racquista il tempo che si perde
per perder tempo, né mai lagrimare
per lagrimar restette, com'uom vede.

Bastiti ch'ad Amor il tempo verde,
misero, desti, e ora, ch'a imbiancare
cominci, di te stesso abbia mercede.

Opera Ommia


Ilustracción: Amor dormido, 1608, Caravaggio

De Boccaccio en este blog:
Grifo, lobos, león...

viernes, febrero 19, 2010

Anahí Mallol / Tortuga



16

cuando es recién
devuelta a las aguas
desde la barca
del pescador
se sumerge hasta el fondo y desaparece
para emerger
un momento después
arrastrándose sobre una prominencia
de suelo lacustre:
una tortuga enorme e increíble
de color pardo amarillento
bajo las aguas a oscuras con el sol
reluciente en su cabeza
sin duda hermosa
si se mueve en su elemento
elegante y poderosa
camina por el fondo sin temor
reina de todo
lo que halla bajo el agua
donde ha estado desde siempre
y observó caer las heces
de los dinosaurios
que fertilizaron
un mundo menos viejo
y más frágil
que su caparazón
que parece dibujar
en su calmosa simetría
el puro movimiento de la epopeya
contra el fondo
de indiferencia
de la mirada

Anahí Mallol (La Plata, 1968), Zoo, Paradiso Ediciones, Buenos Aires, 2009


Foto: Anahí Mallol Journal de Plebella

jueves, febrero 18, 2010

Giovanni Boccaccio / Soneto, 2




Grifo, lobos, león...

Grifo, lobos, león, culebras, sierpes,
dragones, tigres, osos, jabalíes,
caballos sin freno, toros en manada,
rabiosos perros, tormenta, cadentes

fulgores, truenos, impetuosos vientos,
aludes, fuego, asesinos, corsarios,
forasteros armados, sagitarios
hacen que huyan las gentes, espantadas:

mas yo, que no soy tales, ¿por qué veo
huir de mi presencia a quien no vuelve,
huida, si no me ve alejarme?

¿Tal vez yo soy el diablo del infierno?
¡Creería que yo tuviese cuernos,
ya que a ella de mí la veo escaparse!



Giovanni Boccaccio (Certaldo, Toscana, 1313-1375)

Versión de J. Aulicino


Grifon, lupi, leon...

Grifon, lupi, leon, bisce e serpenti,
draghi, leopardi, tigri, orsi e cinghiari,
disfrenati cavai, tori armentari,
rabbiosi can, tempeste e discendenti

folgori, tuoni, impetuosi venti,
ruine, incendi, scherani e corsari,
discorridori armati e sagittari
soglion fuggir le paurose genti:

ma io, che non son tal, perché discerno
com'orribil fuggirmi a chi non torna,
fuggita, se non vede dipartirme?

forse son io el diavol dell'inferno?
e crederre 'l s'io avessi le corna,
poi che così a costei veggio fuggirme!


Opera Ommia


Ilustración: "Monstrum tetrachiron alatum capite humano aurito"; "Monstrum triceps capite vulpis, draconis et aquilae"; P. Gasparis Schotti, Physica Curiosa, Sive Mirabilia Naturæ et Artis Libris, J. A. Endeteri & Wolfgangi, Würzburg, 1667 Cornell University

De Boccaccio en este blog:
Huyan suspiros míos...

miércoles, febrero 17, 2010

Carolina Esses / de "Temporada de invierno"





Y SI FUESE el Capitán Frío?
¿Si el granizo que amenaza con
helarnos las entrañas
fuese sólo una pequeña muestra
de la artillería de un villano
dispuesto a barrernos de la faz del planeta?
¿Correrías de mi mano aún sabiendo
que detrás viene, no el destino
con su compasiva escala de valores
sino la tabla rasa de la nieve?


UN INSECTO flota.
Se hunde.
Desaparece en el fondo turbio del agua.
Mis instrumentos sirven para extirpar
alas, aguijón,
pero éste se ahoga
resbala desde el borde rojo del balde
hacia el agua enjabonada
y nos deja
a los siete años
con nuestro afán de disección intacto
nuestra necesidad de ver las partes sueltas
desprendidas, de un tábano.


SALIR EN BUSCA de elefantes
y encontrar sólo perros pequeños
deambulando por la sábana.
En el camino dejar la túnica
el enjambre florido, a los pies de una acacia.
Desoír el recelo de los hombres.
Mirar cómo calman la fiebre
mujeres, en sus pozos de agua.
Engendrar con ellas el paisaje, moldear
su botánica, nuestra red de filiaciones.

Sentarnos sobre piedras nuevas
a conversar de cosas sin importancia.


Carolina Esses (Buenos Aires, 1974), Temporada de invierno, Bajo la Luna, Buenos Aires, 2009


Ilustración: La tempestad, c.1518, Giorgione


De Carolina Esses en este blog:
Invierno 2002

martes, febrero 16, 2010

Giovanni Boccaccio / Soneto, 1





Huyan suspiros míos, huya el llanto...

Huyan suspiros míos, huya el llanto,
huyan las angustias y huya el deseo
que tuve de morir; vaya al olvido
lo que contra el Amor yo pensé tanto:

vuelvan la fiesta, la risa y el canto,
vuelva el honor debido al señor mío,
los méritos de quien por mí lograron
tenga la gracia que yo quise tanto.

Desdén, que injustamente me negaba
el vago mirar de brillantes ojos
con que me tomó Amor, ya se ha marchado;

y aquel saludo que yo más quería,
con suave voz y gesto placentero
me lo acaba de dar la dama mía.


Giovanni Boccaccio (Certaldo, Toscana, 1313-1375)

Versión de J. Aulicino




Fuggano i sospir miei, fuggasi il pianto...

Fuggano i sospir miei, fuggasi il pianto,
fugga l'angoscia e fuggasi el disio
che auto ho di morir; vada in oblio
ciò che contra ad Amor già pensai tanto;

torni la festa, torni el riso e 'l canto,
torni gli onor devuti al signor mio,
li meriti del qual han fatto ch'io
aggia la grazia bramata cotanto.

Lo sdegno, el qual a torto me negava
el vago sguardo degli occhi lucenti,
coi qual Amor mi prese, è tolto via;

e quel saluto, ch'io più desiava,
con umil voce e con atti piacenti
pur testé mi rendé la donna mia.


Giovanni Boccaccio, Opera Ommia

Ilustración: Elegia di Madonna Fiammetta *, de Giovanni Boccaccio, códice iluminado por Attavante degli Attavanti, c.1480 Dr. Jörn Günther, anticuario

*Fiammetta ha sido la Beatrice de Boccaccio, es decir la figura inspiradora que casi constituye un requerimiento técnico de la poesía provenzal y de los siglos XIII y XIV italianos. Sólo que el amor de Boccaccio con su musa no fue plátonico. Fiammetta (llamita) tal vez fue la hija de Roberto de Anjou, rey de Nápoles, ciudad en la que el autor vivió trece años, a cargo de negocios de su padre.

lunes, febrero 15, 2010

Jorge Fondebrider / Dos poemas inéditos




La nieve

Hoy, lo único específico es la nieve,
su trayectoria desde el cielo hasta la tierra baja.
La veo cómo cae, con el café en la mano y en pantuflas
mientras prospera la mañana debajo de las nubes de este invierno ajeno
y velo para que el cuervo de este día no perturbe el sueño de mis hijos,
lo que sueñan debajo de las mantas.
¿Cuánto sabrán del cielo los demás?
¿O soy el único detrás de una ventana
sobre la torre mocha de este barrio
ahora más blanco que hace un rato?
Y nieva, nieva, cae la nieve,
mientras mis hijos duermen, sueñan,
uno en cada cama de esta casa prestada.
Una ilusión como cualquiera al fin y al cabo.


Desmantelar la casa

Más allá de la ausencia y del enorme despropósito que sigue
–costumbres que cuesta desterrar,
como llamar todos los días, por ejemplo–
no estoy seguro de que haya algo así
como la verdadera medida de la muerte
hasta que la casa se vacía, porque entonces
lo que tenía un sentido y por supuesto historia
apenas se resume en inventarios:
dos cuadros, un sillón, el samovar,
la cama y el bargueño.
La porcelana inglesa ya no cuenta,
ni el baccarat, la plata,
primeras ediciones de nada que ahora importe.
Son cosas viejas,
objetos que boyan en los cuartos sin razón.


Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), inéditos

Ilustración: A Room with a View (detalle) , s/f, Alexei Butirskiy

De Fondebrider en este blog:
La lluvia a mano / Botella

domingo, febrero 14, 2010

William Bronk / Dos poemas





La sonrisa en el rostro de un Kouros *

Este chico, por supuesto, estaba muerto, con lo que eso
signifique. Y noblemente muerto. Deberíamos creer
que murió noblemente. Tal vez cayó en batalla,
y esta piedra tallada lo recuerda
no como fue, quizás, sino delineando acaso
la virtud desnuda de que la piedra lo inviste.
Un pie adelantado, los ojos atentos, los brazos
a los costados, las manos por debajo de la delgada cintura
colgando a los lados, con serena plenitud, junto a los flancos macizos.
El chico estaba muerto, y en su muerte la piedra sonríe
iluminando los labios satisfechos con el placer de algo logrado:
un fin. Llegar un fin. Llegar a la muerte
como un fin. Y al llegar, llevar allí intacto, todo el peso
de su fuerza y su virtud, la recompensa con que se
llenan sus manos vacías. Nada de eso perdido,
a salvo en casa, y la sonrisa alcanzada al final.
Ahora la muerte, de la que aún—o jamás — se sabe nada,
nos deja a solas para que pensemos de ella lo que querramos,
y acepta nuestra elección, que moldea la vida hasta la muerte.
¿Deseamos un final? Eso nos da; y toma lo que damos
y lo guarda; y el fin, de esta manera, tiene en la vida misma,
una especie de casa del tesoro de forma bella
alcanzada y abandonada con la muerte,
donde permanecer, eternamente hermoso e intacto, como si
desear demasiado la forma perfecta, indemne,
fuera lo mismo que desear la muerte, como elegir la otra opción
para la muerte. Hay otras maneras; nosotros sabemos elegir
otra opción para la muerte: informes o rotos, no del todo plenos, perplejos,
vivimos en un mundo sin forma. Eternos, no esperamos ningún fin.
Te digo muerte, no esperes una sonrisa de orgullo
de mi parte. No traigo nada para ti en mis manos vacías.


* Estatua de un varón joven.



No mi soledad, sino la nuestra

La mayoría de los hombres son demasiado yo mismo,
mis rasgos externos perecederos, como las heces, el cabello, la piel,
la ropa desechada, inútiles para mí y muertos.
Desde la unidad, ¿qué deberíamos decir que no hayamos dicho
antes juntos? Nada que decirles,
nada que decir. Lo que ellos a mí, así debo
parecerles yo a ellos. La soledad humana
es la infinita unidad del hombre. El hombre es uno;
está solo en su mundo. Somos ese uno,
incluso nosotros, que ahora susurramos juntos,
íntimamente, como si fuéramos dos, como hacen los niños,
sabiendo tanto como nosotros y haciéndonos creer,
igual que creemos nosotros, que hay otro allí.


William Bronk (Fort Edward, 1918- Hudson Falls, 1999), Selected poems, Introduction by Henr Weinfeld, New Directions Publishing Corporation, Nueva York, 1995

Versiones de Silvia Camerotto



The Smile on the Face of a Kouros
This boy, of course, was dead, whatever that /might mean. And nobly dead. I think we should feel /he was nobly dead. He fell in battle, perhaps, /and this carved stone remembers him /not as he may have looked, but as if to define /the naked virtue the stone describes as his. /One foot is forward, the eyes look out, the arms /drop downward past the narrow waist to hands /hanging in burdenless fullness by the heavy flanks. /The boy was dead, and the stone smiles in his death /lightening the lips with the pleasure of something achieved: /an end. To come to an end. To come to death /as an end. And coming, bring there intact, the full /weight of his strength and virtue, the prize with which /his empty hands are full. None of it lost, /safe home, and smile at the end achieved. /Now death, of which nothing as yet — or ever — is known, /leaves us alone to think as we want of it, /and accepts our choice, shaping the life to the death. /Do we want an end? It gives us; and takes what we give /and keeps it; and has, this way, in life itself, /a kind of treasure house of comely form /achieved and left with death to stay and be /forever beautiful and whole, as if /to want too much the perfect, unbroken form /were the same as wanting death, as choosing death /for an end. There are other ways; we know the way /to make the other choice for death: unformed /or broken, less than whole, puzzled, we live /in a formless world. Endless, we hope for no end. /I tell you death, expect no smile of pride /from me. I bring you nothing in my empty hands.

Not My Loneliness, But Ours
The most of men are all too much myself, /my shed externals, as feces, hair, skin, /discarded clothes, useless to me and dead. /From oneness, what should we say we hadn’t said /before together? Nothing to say to them, /nothing to say. As they to me, so must /I seem to them. The human loneliness /is the endless oneness of man. Man is one; /man is alone in his world. We are the one, /even we, who whisper together now /closely, as though we were two, as children do, /knowing as much as we, and making believe, /even as we believe, that another is there.


Ilustración: Estudio para un retrato de George Dyer en un espejo (detalle), 1968, Francis Bacon

De Bronk en este blog:
Metonimia como una aproximación a un mundo real

sábado, febrero 13, 2010

Silvia Camerotto / Dos poemas inéditos





Nigromante

Hace unos meses vas y venís por el mismo camino
de sur a sur
del desvelo a la jerigonza de los diccionarios
que se ocultan en el ordenador.
El mundo declina cada noche al escurrirte de la cama
de la casa chica.
¿A quién harás venir en el silencio?
La soledad no se junta
y el menudeo no es igual a oportunidad.
Mirás por la ventana.
Un coche se detiene en el conventillo de enfrente
y quisieras que te salve o te condene
o que te lleve a otro destino
lejos de las habitaciones que esconden hechos fortuitos.


Pobre es la hora

Caer sobre el mismo escenario:
algunos libros, un par de discos,
otras iniciales en el juego de gemelos.
Costumbres de derecho y uso.

Afuera, gente que camina hasta el mercado chino.
Nada más, gente que camina.

Después actuar debajo de las sábanas,
quitarse la ropa hasta la irrupción
de la Romania fragmentada.
Único conocimiento de la suprema realidad.


Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959), inéditos


Ilustración: Blues Skies 1, 2002, Benjamin Cottam


De Camerotto en este blog:
Tren a Lübeck

viernes, febrero 12, 2010

Enrique Lihn / De "El Paseo Ahumada"



PREHISTORIA FUTURA DE CHILE

Desde que nacimos peatones regulares a la vía pública
nos concentramos en el Café
y ahí nos descentramos del Ahumada que hierve de gente al mediodía
y a la hora nona
Nos reconocemos, aunque sólo sea vagamente, como los habitantes esporádicos
/del mismo oasis
al que llegamos a rompernos sin morir a la manera de olas
beduinas
La impaciencia se deja atrás en la calle como si nos cambiáramos la ropa
de la callejera impaciencia por la camiseta del Café
verdinegra
y hacemos colas no para enfurecernos sino para abanicarnos
turno para relevarnos ante el mesón volado
una especie de cinta de Moebius
el mínimo foso que separa a las estrellas del público, Huríes diría yo
las heroínas de ese trabajo que vienen y van sobre el estrado con
/sonrisas estroboscópicas
y tacitas humeantes, belleza que se nos permite
sin necesidad de entrar al Teatro Opera
Desde que nos concentramos en el Café hemos viajado en el tiempo como
/en una nave espacial
sólo que siempre en una misma dirección y la nave misma ha cambiado
para no decir nada nuestras pobres hostesses ecos unas de otras
pero sólo ahora aterrizados en la planeta Ahumada
no mañana sino ayer, en la prehistoria futura de Chile.

Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1919-1988), El Paseo Ahumada, 1983, Ediciones Universidad Diego Portales, 2006


Ilustración: Danza de las huríes, 1895, Henri de Toulouse-Lautrec

jueves, febrero 11, 2010

Darío Rojo / Dos poemas





Con naturalidad transformaste

en sólida piedra un diseño en 3D
en el que paseas con un traje color caqui
por una explanada terracota, consciente
de cada organismo, químico u orgánico
que a tu lado proyecta una fina sombra.
Que mañana el traje sea negro
y la explanada terracota, nada cambiaría
ni aportaría alguna falla al sistema,
éste sin duda se regeneraría abriendo nuevas
arcadas y pequeños puentes a los zorros
que tendrían su única oportunidad
de destellar en la escena; a diferencia de tu traje,
y de quien no notaría su corte y su color.



Ella duerme dentro de Rubens

en un icono de su propia defensa,
su olor corporal se propone a las sombras
y en mil galaxias alrededor
otra calma se moldea,
filigranando así, una nueva forma de violencia.


Darío Rojo (Eduardo Castex, 1964), "Inmóvil en su afán", Poemas reunidos, Ediciones Gog y Magog, Buenos Aires, 2009


De Rojo en este blog:
En el lujo inadvertido de poder determinar


Ilustración: Portrait of a Gentleman in a Yelow Waistcoat, c.1795, James Sharples

miércoles, febrero 10, 2010

Frederick Seidel / Huracán





46. Chiquita Gregory

Sagaponack revolea el Atlántico alrededor de su cabeza
Como un atleta en la línea para lanzar el martillo.
Es un huracán, y la radio
Predice que lo seguirá un tornado.

El aire huele
violentamente fresco como en ningún otro sitio,
Y en este momento asumo eres tú
Avisando a todos que está listo el almuerzo.

Tenemos las cabezas inclinadas
Sobre las tarjetas que señalan nuestro sitio.
Zeus está haciendo la plegaria de agradecimiento,
Mientras las sillas comienzan a temblar y el rayo afuera
Mágicamente te vuelve a la vida, tsunami

Ligero como una pluma, la pluma de la vida,
Larguísimas piernas,
Cortísimos shorts, un delantal de chef por delante, de modo
que por atrás...Diosa,

Has regresado a la tierra con un humor
Tormentoso, y no tengo dudas de que
Insustituibles árboles en Sagg Main se balancean
como rabinos hacia el suelo. Se desgarran

Las ropas y se tiran de los cabellos
De alegría. Chiquita, ¿cómo puede estar tan
Enojado alguien que ha muerto? La luz giratoria en
El sendero de entrada es la policía, que está aquí

Para instar a los últimos resistentes en las casas cercanas
Al océano a que las dejen. Para ayudarnos
A decidir, suavemente preguntan el nombre de los parientes cercanos.
El océano estalla en altas llamas de espuma.

Las langostas en la olla chillan
En medio del enrojecido estruendo.
Tu fantasma en delantal aumenta el hervor, aumenta el hervor,
Y se vuelve para servir la sangre.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "The Cosmos Trilogy: Life on Earth (2001)", 2003, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino


Nota: Sagaponack es una localidad residencial en el Estado de Nueva York. El precio medio de las propiedades es de 5 millones de dólares.

46. Chiquita Gregory
Sagaponack swings the Atlantic around its head / Like an athlete in the windup for the hammer throw. / It is a hurricane and the radio / Predicts a tornado will folow. // The air violently / Smells fresh like nowhere else, / And I am just assuming it is / You calling to everyone lunch is ready. // We are heads bowed / At our place cards. Zeus is saying grace / When the chairs begin to shake and lightning outside / Shazams you back to life, tsunami // Light as a feather, the feather of life, / Very long legs, / Very short shorts, a chef's apron in front, so that from / Behind... Goddess, // You have returned to earth in a mood and / In a storm, and I have no doubt that / Irreplaceable trees on Sagg Main are davening / Themselves to the ground. They // Rend their clothes and tear their hair out out / Of joy. Chiquita, how can anyone be so / Angry who has died? The whirling light in / The drive is the police, here / To urge the last holdouts in houses near the / Ocean to leave. To help us / Decide, they suavely ask for the name of next kin. / The ocean bursts into towering flames of foam. // The lobsters in the pot are screaming / Inside the reddening roar. / Your aproned ghost keeps boiling more, keeps boiling more, / And turns to serve the gore.



Ilustración: Beautiful Cyclonic Bleeding Slashing Hurricane Dippy Cowards Painting,1992, Damien Hirst

martes, febrero 09, 2010

Alberto Girri / De "Quien habla no está muerto", 3





Estrella de la mañana

Indemnes en el lecho, el cálido
despertarse juntos queda
como deslucido, estorbado,
en leve decepción:
ni el uno ni el otro se ven volver al día con una
flor en la mano,
como en los sueños
de Coleridge una flor en la mano
del durmiente prueba que retorna
del paraíso.

No obstante,
con qué viveza, piedad, reaccionan
al contarse sus vértigos, omitiendo
los desgarros, impudicias, fantasmas.
Ella, por callar
cómo desde una torre sin salida
blasfemó, maldijo que el amor
la hubiera conducido a la erosión
de un alma escéptica y esquiva,
en perpetuo remorderse;

y su viejo bien, carne de esposo,
ocultándole, reprimiendo del nocturno duelo
la memoria de los gritos y ahogos
con que la apartaba de su lado, que se fuera
a un convento, un prostíbulo.


Alberto Girri (Buenos Aires, 1919-1991), "Quien habla no está muerto", 1975, Obra poética III, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980


Ilustración: La torre abolida, XVI arcano del Tarot de Marsella, impreso a mediados del siglo XIX sobre los moldes originales de Nicolás Conver, de 1760 Camoin.com

lunes, febrero 08, 2010

W.C. Williams / Jardín






La cualidad del cielo

Sin gastar más que el aliento
y la pobre alma,
encerrada en la jaula de las costillas,
piando agudamente

anduve por el jardín. El jardín
olía a rosas.
Las verdes gargantas de los lirios
se abrían en amarillas trompetas

que no reclamaban sonidos, y la lluvia
era fresca en mi rostro,
el aire un suave aliento.

Ayer
el calor fue opresivo

el polvo cubría el verde de las hojas
y las abejas de
la colmena cercana, abrasadas, bebían,
ansiosas, en

el estanque de los pájaros y se ahogaban.
Otras las sucedían
y los pájaros se asustaban
de ellas.

¡El ligero vellón del aire!


William Carlos Williams (Rutherford, 1883 - 1963), Alberto Girri, Tributo a W.C. Williams, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1981


Ilustración: Jardín seco, Fernando Zóbel, 1969


De Williams en este blog:

domingo, febrero 07, 2010

Cesare Pavese / Maternidad




Maternidad

Este es un hombre que ha hecho tres hijos: un gran cuerpo
poderoso, que se basta a sí mismo; al verlo pasar,
uno piensa que los hijos tienen la misma estatura.
De los miembros del padre (la mujer no cuenta)
debieron salir, ya hechos, tres jóvenes
como él. Pero como sea el cuerpo de los tres,
a los miembros del padre no les falta una pizca
ni un resorte: se han separado de él
caminándole al lado.

Hubo mujer;
una mujer de sólido cuerpo, que ha volcado
en cada hijo la sangre y murió junto al tercero.
Parece extraño a los tres jóvenes vivir sin la mujer
que ninguno conoce y los ha hecho, a cada uno, con esfuerzo,
aniquilándose en ellos. La mujer era joven
y reía y hablaba, pero era un juego riesgoso
tomar parte en la vida. Es así que la mujer
se quedó en silencio, mirando extraviada a su hombre.

Los tres hijos tienen un modo de alzar los hombros
que este hombre conoce. Ninguno de ellos
sabe que tiene en los ojos y en el cuerpo una vida
que en su tiempo era plena y saciaba a este hombre.
Pero, al ver inclinarse a uno de ellos en el borde del río
y zambullirse, este hombre no encuentra ya el movimiento luminoso
de los miembros de ella en el agua, y la alegría
de dos cuerpos sumergidos. No encuentra más a los hijos,
si los mira por la calle y los compara con él.
¿Cuánto tiempo pasó desde que hizo a los hijos? Los tres jóvenes
andan, en cambio, jactanciosos, y alguno, por descuido,
ha hecho ya un hijo, sin tener mujer.


Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950), "Lavorare stanca" (1936, 1943), Poesie, Mondadori, Verona, 1969

Versión de J. Aulicino


Maternità
Questo è un uomo che ha fatto tre figli: un gran corpo / poderoso, che basta a se stesso; a vederlo passare / uno pensa che i figli han la stessa statura. / Dalle membra del padre (la donna non conta) / debbon esser usciti, già fatti, tre giovani / come lui. Ma comunque sia il corpo dei tre, / alle membra del padre non manca una briciola / né uno scatto: si sono staccati da lui / camminandogli accanto. // La donna c'è stata, / una donna di solido corpo, che ha sparso / su ogni figlio del sangue e sul terzo c'è morta. / Pare strano ai tre giovani vivere senza la donna / che nessuno conosce e li ha fatti, ciascuno, a fatica / annientandosi in loro. La donna era giovane / e rideva e parlava, ma è un gioco rischioso / prender parte alla vita. È così che la donna / c'è restata in silenzio, fissando stravolta il suo uomo. // I tre figli hanno un modo di alzare le spalle / che quell'uomo conosce. Nessuno di loro / sa di avere negli occhi e nel corpo una vita / che a suo tempo era piena e saziava quell'uomo. / Ma, a vedere piegarsi un suo giovane all'orlo del fiume / e tuffarsi, quell'uomo non ritrova più il guizzo / delle membra di lei dentro l'acqua, e la gioia / dei due corpi sommersi. Non ritrova più i figli / se li guarda per strada e confronta con sè. / Quanto tempo è che ha fatto dei figli? I tre giovani / vanno invece spavaldi e qualcuno per sbaglio / s'è già fatto un figliolo, senza farsi la donna.


Ilustración: Desnudo en la playa de Portici, 1874, Mariano Fortuny y Marsal

sábado, febrero 06, 2010

Frederick Seidel / Búho, 2


El búho que oíste

El búho que oíste llamar
En medio de la noche no era yo.
Era un búho.
O quizá estabas
Tan dormida que ni siquiera lo oíste.
Los aspersores en su temporizador, con arranque programado
A una hora tan extrañamente tardía en la vida
Para regar un jardín,
Refrescaron tu sueño a cuatro mil millas de distancia
Con dulces siseos,
Intensificando el aroma del verde en el Edén.
Oíste el estival chirrido de los insectos.
Oíste un cielo de estrellas.
No te diste cuenta, profundamente dormida al amanecer en París.
Tú no oyes nada.
Tú oíste mi llamado.
Ya no soy humano.


Frederick Seidel (1936, St. Louis, Missouri), "Ooga-Booga", 2006, Poems 1959-2009, Farrar, Straus and Giroux, Nueva York, 2009

Versión de J. Aulicino


The owl you heard
The owl you heard hooting / In the middle of the night wasn't me. / It was an owl. / Or maybe you were / So asleep you didn't even hear it. / The sprinklers on their timer, programmed to come on / At such a strangely late hour in life / For watering a garden, / Refreshed your sleep four thousand miles away by / Hissing sweetly, / Deepening the smell of green in Eden. / You heard the summer chirr insects. / You heard a sky. / You didn't know it, fast asleep at dawn in Paris. / You didn't hear a thing. / You heard me calling. / I am no longer human.

Ilustración: Flaming June, Lord Frederick Leighton, c.1895

viernes, febrero 05, 2010

Ernesto Cardenal / Entrevista


de archivo

Poesía, religión y política

¿Qué cambio ha habido en la vida de Ernesto Cardenal [Granada, Nicaragua, 1925] que lo llevó de la Trapa a un cargo de gobierno? ¿Cómo se unen aquel Cardenal al margen de la vida pública con este Cardenal representante hoy [1984] de un poder?
Cardenal responde de este modo:
-Ha habido un cambio radical, pero antes de que asumiera el cargo de ministro de Cultura del gobierno de Nicaragua. Desde dos años antes del triunfo sandinista [julio de 1979] acepté tareas políticas. Y me destinaron a tareas en el extranjero, promoviendo la solidaridad, después de tantos años de soledad y aislamiento. Una vida muy activa, es claro, gran parte del tiempo en aviones, recorriendo los continentes... Pero considero que es un deber, aun teniendo que posponer mi creación literaria.
-¿La ha pospuesto del todo?
-Del todo. Esperaba que después del triunfo de la revolución volvería a escribir, pero pocos días antes del triunfo, cuando ya estaba constituido el gobierno provisional, me preguntaron si aceptaba el cargo de ministro de Cultura y dije que no quería, pero que lo haría si lo consideraban necesario. De modo que lo acepté, pero como un sacrificio.
-¿Cómo ve su propia obra ahora, que está en un período en el que no puede producir? ¿Cómo la ve a través del tiempo?
-No podría hacer un juicio, porque es muy diversa. El estilo ha variado de acuerdo con los distintos temas. Hay temas políticos, sociales, de amor místico y de amor humano; poemas históricos, crónicas, poemas de la vida contemporánea y de las culturas indígenas. Estos distintos temas son diferentes estilos.
-Pero parecen todos atravesados por un denominador común, que es el amor, que usted ha mencionado.
-El amor es también el interés por los asuntos sociales y por la humanidad entera.
-En sus "Salmos" usted habla mucho del poder y del Partido, como de una especie de divinidad maligna que quisiera conjurar. Ahora que participa de una forma de poder, ¿qué piensa?
-Que es el poder popular. Estamos al servicio del pueblo cumpliendo el precepto de Cristo: debemos ser para servir. De ese modo participo yo en este gobierno. Lo que tenía en mente en aquellos tiempos, los tiempos de los Salmos, era el partido totalitario, cualquiera que fuera, porque era tan terrible el stalinismo como el partido de Franco, el partido nazi o el partido de Somoza. Naturalmente, no pensaba en el partido revolucionario. Puse al partido con mayúscula porque hablaba del partido que aplasta tanto al individuo como a la sociedad, y no le di nombre porque simplemente hablaba de un fenómeno de la sociedad moderna.
-¿Cómo se produjo aquella interrupción de su vida, por llamarla así; el momento en que usted ingresa a la Trapa luego de haber luchado contra el régimen de Somoza?
-Fue una conversión, un encuentro con Dios, un descubrimiento de Dios y un enamoramiento de Dios; fue una experiencia mística.
-¿Sólo la abandonó por otra experiencia mística, que sería la revolución?
-Resulta que cuando ingresé al monasterio trapense, en el 59, lo hice buscando una vida a solas con Dios, por eso elegí esa orden, que es una orden de las más rigurosas. Pero allí conocí a Thomas Merton, el famoso escritor, poeta y místico norteamericano, y él me fue dando la formación religiosa haciéndome ver que la contemplación no significa desentenderse de lo social y lo político. De manera que me reencontré con Dios y conmigo mismo. Entendí que yo no renunciaba a lo que había sido antes. Cuando salí de la Trapa y estudié el sacerdocio fue aun más claro, a la luz de la lucha que se daba en Nicaragua.
-¿Cómo fue aquel episodio de la reprimenda pública del Papa Juan Pablo II [marzo de 1982], que divulgaron todas las agencias internacionales?
-El Papa simplemente me dijo: "Usted debe regularizar su situación."
-Pero su situación en la Iglesia es regular, ¿o no?
-Pues, estaba regularizada. Los obispos nos habían autorizado a estar en cargos de gobierno, con un documento público. El Papa quiso expresar sus sentimientos personales. No especificó cómo debía regularizar mi situación.
-Durante esa visita a Nicaragua, el Papa reprochó también que usted y otros religiosos eligen otras doctrinas, cuando tienen la doctrina de la Iglesia, que es muy buena.
-Yo creo que la doctrina de la Iglesia no son las encíclicas de los papas del siglo pasado, ni de este siglo. Es la doctrina del Evangelio y de los primeros padres y de los primeros cristianos.
-Usted habló largamente de la relación entre el cristianismo y el marxismo en su libro "En Cuba". Debe de haberla vivido como un conflicto.
-Allí yo explico que muchos no entendieron la revolución y crearon el conflicto. Pero en el caso de mi país no ha sido así. Y creo que en otras revoluciones no será así. Igual que en Nicaragua, están participando masivamente los cristianos y los sacerdotes y los obispos, y hasta algún cardenal, como en Brasil. De modo que en estos casos no es posible el conflicto entre cristianismo y revolución.
-Cuando habló de la Trapa, mencionó usted la dureza. Se me ocurre que esa dureza, ese despojamiento, tiene que ver con toda su poesía, además de con su vida. ¿Apareció esa necesidad como reacción literaria contra algo?
-Sí. En gran parte, sí. Reacción, diría yo, en primer lugar contra Neruda, que había sido mi maestro. No quería ser su eco. Eso por un lado. Por el otro, me gustaba más ese otro camino poético. No era fácil de hacer y me costó varios años. Hasta que, poco a poco, fui encontrando su técnica.
-La encontró en la poesía en lengua inglesa.
-En la norteamericana, especialmente. En Ezra Pound, William Carlos Williams y otros maestros.

-Usted ha dicho que ya no podía establecer distingos con la poesía. Que se podía escribir poesía con cualquier cosa, una especie de disolución de las fronteras entre todos los textos.

-Yo decía que no había distinción en cuanto a temas. En la poesía se puede tratar cualquier cosa: agricultura, economía, filosofía; se pueden introducir chistes, estadísticas, anécdotas, crónicas históricas. La poesía no tiene ningún límite. La poesía tiene tantas posibilidades como la prosa.
-¿Convendría más la poesía del despojamiento para América latina o aquella otra poesía rica y barroca que usted rechazó?
-Conviene más a la situación política de América latina.
-¿La refleja más?
-Es la única que la puede reflejar. Lo cual no quiere decir que deba ser la única, porque no creo que toda poesía deba tener un carácter político y social. La poesía puede perfectamente ser ajena a estos problemas. Pero si alguien quiere reflejar los problemas de su tiempo y de su pueblo, creo que tiene que hacerlo con esa clase de poesía.
-Hubo quien dijo que el barroco tiene más que ver con la idiosincrasia de América latina.
-También puede reflejarse la situación de América latina con toda esa imaginación barroca de García Márquez, pero me estoy refiriendo a otro tipo de poesía, que diría onírica o hermética o podría ser cierto tipo de poesía automática. Y que es una poesía que no comunica objetivamente. Y no es que combata esa poesía. No es que yo diga que debe desaparecer. Pero si alguien quiere expresar las realidades de su pueblo, no es ésa la poesía más adecuada.
-¿Usted se siente en armonía como sacerdote, revolucionario, poeta, funcionario? ¿No son muchas cosas a la vez?
-
Es una sola cosa. Es la voluntad de Dios que se expresa en mi vida, de diferentes formas, exigiéndome ahora este sacrificio.

Jorge Aulicino
Clarín, Cultura y Nación, 29 de noviembre de 1984

Foto: Ernesto Cardenal en su casa de la isla de Mancarrón del archipiélago de Solentiname, en el Lago de Nicaragua; 2007 La Nación, Costa Rica
Nota: Cardenal había fundado un monasterio en Solentiname en los sesenta, después de haber permanecido un tiempo en el convento trapense Our Lady of Gethsemani, en Kentucky, EE.UU., y en un convento benedictino en Cuernavaca, México, y de haberse ordenado sacerdote en Managua, en 1965. En 1995 se separó del Frente Sandinista de Liberación, a cuyos dirigentes acusó de corrupción y autoritarismo.

jueves, febrero 04, 2010

Jonio González / Tres poemas inéditos


17

las mujeres crean su misterio
en torno a la mesa
de las conversaciones
el niño abre las revistas
y se dedica a amar
aquello que contempla
el sueño es una galería de espejos
poblada de cazadores

entre la lluvia y la noche
el niño elige el cielo desesperado
de los estorninos

los poetas discuten
sobre la desmesura del dolor
las amantes extranjeras
tienen cuerpos como trapecios
y ella aparece vestida de marrón
para escribir sobre la arena


19

otro mar ha robado a los perros de la siesta
los ha embalsamado como si su reino
dependiera de ello
vuelve la vista hacia la verdad
de las garras y el veneno
hacia el lugar donde el universo se curva
y la noche pasa del negro al azul
y al fondo un resplandor
que es la herramienta del día

ha esperado que los perros crepitasen
o que llegaran flotando con los ojos vacíos
que su mano descendiese
hasta los lomos sucios de alquitrán
hasta el agujero de las fauces
para quitar los hierbajos los guijarros
que ha dejado la matanza
y ha pensado que un mar lo es
sin necesidad de los barcos que lo surcan
ni de los peces
que lo habitan


21

en la lenta transparencia de la tarde
el visitante contempla el eclipse furtivo
que oscurece el sendero

hay una cabellera de sangre
poblada de pájaros
a su lado
un animal desconocido
que ha llegado de la isla
con las cartas que los huérfanos
han escrito en la celda
de los traicionados

es laboriosa la tarea del amor
laboriosas las despedidas
como abrir un cofre en el que reposan
la noche
los murmullos
los ínfimos actos con los ojos abiertos


Jonio González (Buenos Aires, 1954), inéditos



Ilustración: Astrónomos estudiando un eclipse, 1571, Antoine Caron

De Jonio González en este blog:
de Ganar el desierto

miércoles, febrero 03, 2010

Gilbert Lely / Una mujer



No quiero que maten a esa mujer

Singularmente pálida y dispuesta al amor,
Se apoyaba contra un reverbero.
Ella decía:
Tengo decisiones vertiginosas;
Todos los lugares y todas las señales
Son favorables al cumplimiento de mis deseos.

Luego desapareció, y sólo vi
En el lugar de su mirada
Un leopardo gigante que se arrojaba
Contra las cortinas metálicas de los comercios.

¡CRACOVIA, allí se abren muslos milagrosos!
¡CRACOVIA, la espía está contra el muro de ejecución!
Pero los soldados no tirarán.
Su furor ha desbaratado la tosca mecánica del tiempo.
La vida de los hombres comenzará otra vez en sentido inverso.
El oficial volverá a ser esperma en el pútrido delta maternal.

Ma Civilisation


Gilbert Lely (Neuilly-sur-Seine, 1904-París, 1985), Aldo Pellegrini, Antología de la poesía surrealista de lengua francesa, 1961, Editorial Argonauta, Buenos Aires, 2006. (Edición no bilingüe)



Foto: Lely, detalle de la portada de Gilbert Lely. Biographie, de Jean Louis Gabin, Librairie Séguier, París, 1991

martes, febrero 02, 2010

Arnaut Daniel / Con alegre son...


Con bellos sonidos


I
Con alegre son, grácil y gentil
hago palabras, las tallo y cepillo,
que serán verdaderas y ciertas
cuando les haya pasado la lima,
pues Amor sin demora suaviza y dora
mi cantar que surge de ella
a quien Mérito sostiene y gobierna.

II
Cada día mejoro y me esmero
pues amo y venero a la más gentil
del mundo, se los digo abiertamente:
suyo soy del pie hasta la cima,
y aunque sopla el viento frío,
el amor que en el corazón me llueve
me tiene caliente donde más invierna.

III
Mil misas oigo y ofrezco
y enciendo luz de cera y aceite
para que Dios me de buena punteria
con ella con la que no me vale la esgrima;
y cuando miro su cabello dorado
el cuerpo que tiene, grácil y joven,
la amo más que a quien me diese Lucerna.

IV
Tanto la amo de corazón y la quiero
que por demasiado querer creo quitármela
si por mucho amar algo se pierde,
pues su corazón vuela siempre
sobre el mío y no se aleja:
en verdad, tanta usura hizo de esto
que hasta tiene taller y taberna.

V
No quiero de Roma el imperio
ni que me hagan su apóstol,
si no pueda volver a ella
por quien me arde el corazón y me quema;
y si el maltrato no repara
antes de año nuevo con un beso,
me mata y se condena.

VI
A pesar del maltrato que sufro
del bien amar no me desvío,
y aunque en desierto me tiene
por ella hago el sonido y la rima;
más sufro amando que el que labra,
que nunca amó más que un huevo
el de Moncli a Audierna.

VIII
Yo soy Arnaut que junta el aire
y cazó la liebre con el buey
y nadó contra la corriente.


Arnaut Daniel (probablemente, Ribérac, Aquitania, mediados del siglo XII-después del 1200)
Versiones de Jorge Salvetti y Darío Rojo



Ab gai so cundet e leri
fas motz e capus e doli,
que seran verai e sert
quan n’aurai passat la lima
qu' Amors marves plan’e daura
mon chantar que de lieis mueu
cui Pretz manten e governa.

Tot jorn melhur e esmeri
quar la gensor am e coli
del mon, so.us dic en apert.
sieu so del pe tro qu’al cima,
e si tot venta.ill freg’aura,
l' amor qu’ins el cor mi plueu
mi ten caut on plus iverna.

Mil messas n’aug e.n proferi
e.n art lum de cera e d’oli
que Dieu m’en don bon acert
de lieis on no.m val escrima;
e quan remir sa crin saura
e.l cors qu’a graile e nueu
mais l’am que qui.m des Luserna.

Tant l’am de cor e la queri
qu’ab trop voler cug la.m toli,
s’om ren per ben amar pert,
que.l sieu cors sobretracima
lo mieu tot e non s’aisaura:
tant n’a de ver fait renueu
q’ obrador n’a e taverna.

No vuoill de Roma l’emperi
ni qu’om m’en fassa postoli
qu’en lieis non aia revert
per cui m’art lo cors e.m rima;
e si.l maltrait no.m restaura
ab un baisar anz d’annueu,
mi auci e si enferna.

Ges pel maltrag que.n soferi
de ben amar no.m destoli;
si tot me ten en dezert
per lieis fas lo son e.l rima:
piegz tratz, aman qu’om que laura,
qu’anc non amet plus d’un hueu
selh de Moncli Audierna.

Ieu sui Arnautz qu’amas l’aura
e cas la lebre ab lo bueu
e nadi contra suberna.


Ilustración: Arnaut Daniel según códice del siglo XII, Biblioteca de Francia

De Arnaut Daniel en este blog:
Soy el único

lunes, febrero 01, 2010

Biancamaria Frabotta / Tres poemas


De "Il rumore bianco":

¿Erosión de la utopía o rigor de la paciencia?
Contestar es sustituir el blanco por el negro.
Intentá vos que amás el desorden
de los colores, las olas muertas del éter
lamé su negro de grasa dulce cola
y en la lengua perjura te quedará recién nacida
la otra mitad de la pregunta, el inexpresable blanco
(no la pregunta, sino la respuesta es nuestro noble privilegio)
ser legible para todos y para mí indescifrable.

*

Tengo un agujero en la cabeza
que no alcanza la brújula
por el viento que allí silba.
Ayer hubiera dicho: es la cruz de los vientos
el nido celeste de los monzones.
Hoy, seguro me lo disparó un amigo
un francotirador que practica el arte del parche.
¿Quién abrió esta vía en el casco?
Agua y aire compiten.
Más dócil cordera no hay para tu pascua.


De "La viandanza":

Post coitum test
Incluso un voto y alrededor mío el vacío
pero nada sirvió para rasguñar
aquella espléndida matriz sin sentido
aquél ahuecado obscuro embudo que así
valerosamente hizo frente
a la voltereta enamorada de tu coleta
que se pavonea.
Eyaculado límpido, viscosidad en la norma.
Sólamente la reacción se demostró alcalina
pero la vitalidad apagada en aquella hora dura
resucitó y todavía dura...
Bien que: hubiera nacido un niño tan lindo.
En cambio: sin ser siquiera una serpiente
que amansar
un silbido largo de viento confundió en los mares bravos
del regazo tu rubio alarde de procrear.


Biancamaria Frabotta (Roma, 1946), versiones de Martina Bortignon para Otra Iglesia es Imposible


Nota:
La poesía de Biancamaria Frabotta es el espacio conflitivo entre crónica y reflexión, es el ruído blanco de lo transitado que se detiene, en pausa necesaria, frente al pensamiento, irónico, crítico, subversivo. El famoso poeta italiano Porta, quien prologó sus primeras obras, explicó su código poético en los términos de una “tensión de las cosas hacia el lenguaje y del lenguaje hacia las cosas”. Los siguientes libros atestiguan la soldadura de ese enfoque expresivo con cadencias narrativas y epigramáticas a la vez. En La viandanza, por ejemplo, la visión del cuerpo enamorado nunca se desliza hacia un lirismo convencional y emotivo. La contractura rítmica y lexical, característica de su estilo, se intensifica en los últimos trabajos, en donde el conflicto reside en el encuentro de su dicción poética con las formas métricas de la tradición y con las voces de otros poetas. MB



Erosione dell’utopia o rigore della pazienza?
Rispondere è sostituire il bianco al nero.
Prova tu che ami il disordine
delle tinte,le onde morte dell’etere
léccane il nero di grassa dolce colla
e sulla lingua spergiura ti resterà neo nata
l’altra metà della domanda,l’inesprimibile bianco
(non la domanda ma la risposta è il nostro nobile privilegio)
essere leggibile per tutti e per me indecifrabile.

*

Ho un buco nel mezzo della testa
che non basta la bussola
per il vento che ci fischia.
Ieri avrei detto :è la croce dei venti
il nido cilestrino dei monsoni.
Oggi certo me l’ha sparato un amico
un cecchino che pratica l’arte del rattoppo.
Chi ha aperto questa falla nello scafo?
Aria e acqua fanno a gara.
Più cedevole agnella non c’è per la tua pasqua.

*

Post coitum test
Perfino un voto e intorno a me il vuoto
ma nulla valse a scalfirlo
quello splendido utero senza costrutto
quel cavo oscuro imbuto che così
strenuamente tenne testa
al capitombolo innamorato del tuo codino
pavoneggiante.
Eiaculato limpido,viscosità normale.
Soltanto la reazione si dimostrò alcalina
ma la vitalità spenta in quell’ora dura
risorse e ancora dura...
E dire:sarebbe nato un così bel bambino.
E invece:nemmeno fosse un serpente
da addomesticare
un sibilo lungo di vento confuse nei mari mossi
del grembo il tuo biondo vanto di generare.


Foto: Frabotta Sociedad Literaria de Verona