sábado, junio 12, 2010

Edgar Lee Masters / De "Antología de Spoon River", 8







Whedon, el editor

Saber ver todos los aspectos de cada cuestión,
estar en todas partes, ser todo, ser nada mucho tiempo;
distorsionar la verdad, manejarla con un propósito,
usar grandes sentimientos y pasiones de la familia humana
para designios bajos, para fines astutos,
usar una máscara como los actores griegos,
el diario de ocho páginas detrás del cual te escudas,
pregonando por el megáfono de los grandes caracteres:
“Este soy yo, el gigante.”
Y viviendo, por lo tanto, la vida de un ratero,
envenenado con las palabras anónimas
de tu alma clandestina.
Escarbar la mugre de un escándalo por plata
y exhumarla a los vientos por venganza,
o vender diarios
aplastando reputaciones, o cuerpos, si hace falta,
ganar a cualquier precio, salvo tu propia vida.
Vanagloriarse de un poder demoníaco, socavando la civilización,
como el joven paranoico que pone un tronco en las vías
y descarrila el tren expreso.
Ser un editor, como fui yo.
Después, yacer aquí junto al río, por el lugar
donde se vierten las aguas servidas del pueblo
y se arrojan la basura y las latas vacías.
Y se ocultan los abortos.


Daisy Fraser

¿Oyeron alguna vez que Whedon el editor
le diera al tesoro público algo del dinero que recibió
por apoyar candidatos a cargos de gobierno?
¿O por escribir elogiando la fábrica de conservas
para hacer que la gente invirtiera?
¿O por callar los hechos sobre el banco,
cuando estaba arruinado y a punto de quebrar?
¿Oyeron alguna vez que el juez de circuito
ayudara a alguien que no fuese el ferrocarril “Q”
o los banqueros? ¿O que el Rev. Peet o el Rev. Sibley
dieran una parte de su salario, ganado por callarse la boca,
o por expresarse públicamente como los líderes querían,
sobre la construcción de la planta de aguas?
Pero yo, Daisy Fraser, que siempre anduve
por las calles entre una seguidilla de saludos y sonrisas,
y toses y frases como
“ahí va”
¡jamás fui llevada ante el juez Arnett
sin aportar diez dólares y costas
a los fondos de la escuela de Spoon River!

Edgar Lee Masters (Garnett, 1868-Melrose, Pennsylvania , 1950), Spoon River Anthology, Macmillan, 1915
Versiones de Gerardo Gambolini

Editor Whedon
To be able to see every side of every question; / To be on every side, to be everything, to be nothing long; / To pervert truth, to ride it for a purpose, / To use great feelings and passions of the human family / For base designs, for cunning ends, / To wear a mask like the Greek actors / Your eight-page paper behind which you huddle, / Bawling through the megaphone of big type: / “This is I, the giant.” / Thereby also living the life of a sneak-thief, / Poisoned with the anonymous words / Of your clandestine soul. / To scratch dirt over scandal for money, / And exhume it to the winds for revenge, / Or to sell papers, / Crushing reputations, or bodies, if need be, / To win at any cost, save your own life. / To glory in demoniac power, ditching civilization, / As a paranoiac boy puts a log on the track / And derails the express train. / To be an editor, as I was. / Then to lie here close by the river over the place / Where the sewage flows from the village, / And the empty cans and garbage are dumped, / And abortions are hidden.

Daisy Fraser
Did you ever hear of Editor Whedon / Giving to the public treasury any of the money he received / For supporting candidates for office ? / Or for writing up the canning factory / To get people to invest ? / Or for suppressing the facts about the bank, / When it was rotten and ready to break ? / Did you ever hear of the Circuit Judge / Helping anyone except the "Q" railroad, / Or the bankers? Or did Rev. Peet or Rev. Sibley / Give any part of their salary, earned by keeping still, / Or speaking out as the leaders wished them to do, / To the building of the water works? / But I Daisy Fraser who always passed / Along the streets through rows of nods and smiles, / And coughs and words such as / "there she goes," / Never was taken before Justice Arnett / Without contributing ten dollars and costs / To the school fund of Spoon River!

Ilustración: "The Author's Benefit Pasquin At ye Theatre in ye Hay-market", The Complete Works of William Hogarth, Mackenzie, Londres, 1870
Darvill's Rare Prints

1 comentario:

  1. El tono trágico, admonitorio, antielegíaco de la "Antología de Spoon River", me recuerda la voz de los muertos de Comala -de Juan Rulfo-, que ahora son un coro de ejecutados, muertos y desaparecidos en mi país. ¿Fueron o no proféticos uno -poeta- y otro -narrador?, pregunto.

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