domingo, diciembre 20, 2009

Rafael Oteriño / Arquitectura



La arquitectura

A pocos pasos del silencio,
pero mucho más cerca de la humildad,
este hábil merodeador de tiendas se acerca a su obra:
ciudades en llamas, bosques inanimados,
árboles que sólo un ojo atento podría reconocer.

La historia era el lugar, los objetos tenían un fin,
su perfil en la casa era la acuarela
donde nos podíamos ver.
Eros hubiera sido la palabra:
una voluptuosidad para caer, un espíritu religioso
para abrazar el mundo en la caída.

Sólo la Arquitectura: las olas, las olas muy altas,
y esta cabeza sobrevolada por grandes pájaros.

Rafael Felipe Oteriño (La PLata, 1945), de "El orden de las olas", En la mesa desnuda. Poemas escogidos, Ediciones al Margen, La Plata, 2008


Ilustración: Vassily Kandisnky, acuarela sin título, 1910

De Oteriño en este blog
Yo corría
Ahab

2 comentarios:

  1. qué buen lugar, Oteriño, qué buen poema; doblemente gracias, Jorge. Roxana

    ResponderEliminar
  2. El poeta es como el oso; cuanto más viejo, más virtuoso. Mi saludo, Irene

    ResponderEliminar