lunes, noviembre 28, 2016

La lira argentina, ¿cómo suena?, 26


Eduardo Mileo

Creo que desde los manifiestos del surrealismo a esta parte, muy poco se ha inventado en cuanto a grandes filiaciones. En la Argentina, el conflicto Florida-Boedo, una disputa sobre cuál era la verdadera vanguardia artística, fue luego refritado en distintas versiones. La disputa entre objetivistas y neobarrocos en los ochenta no dejó de ser una reescritura de aquella polémica. El movimientismo, ligado a los grandes acontecimientos políticos, perdió vigor desde la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Actualmente, la constante es la dispersión: la multiplicidad de poéticas personales es una expresión de la diáspora estética. Se viven, no obstante, tiempos violentos, sacudidas que prometen jaleo político profundo. Las voces de guerra de Trump son un eco de la descomposición de un sistema que ya lleva ocho años de agonía. Y la Argentina no está al margen de ese proceso (perdón por la palabra). Es esperable que de la polarización que comienza a gestarse surjan movimientos estéticos nuevos y, con ellos, nuevas filiaciones.

Eduardo Mileo (Ciudad de Buenos Aires, 1953). Poeta. Corrector. Editó entre otros los libros de poesía Quítame estas cruces (Ediciones del Escuerzo, 1982), Tiendas de campaña (Trocadero, 1985), Mujeres (Ultimo Reino, 1989), Misa negra (con Alberto Muñoz, Ultimo Reino, 1992) y Poemas del sin trabajo (Ediciones en Danza, 2007).
Gano el Primer Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes en 2002 por Poemas sin libro (Ediciones en Danza). Realizó, con Alberto Muñoz, el trabajo de teatro musical Misa negra (1991). Junto al compositor Raúl Mileo, ha actuado en la capital y el interior del país presentando los espectáculos A boca de jarro e Irala, sueño de amor y de conquista. Fue miembro del consejo editorial de la revista de poesía La Danza del Ratón y dirigente de la Sociedad Argentina de Escritores (SEA).



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