domingo, julio 21, 2013

Poemas elegidos, 73


Griselda García
(Buenos Aires, 1979)

   Pues yo mismo vi con mis propios ojos a la Sibila colgando en una botella en Cumas, y cuando le dijeron los muchachos: Sibila, ¿qué quieres?, respondía ella: Quiero morir.
   Petronio, Satiricón. C. 48.

El entierro de los muertos, de T.S. Eliot
Llevo la marca de “El entierro de los muertos”. Este poema que abre La tierra baldía es el umbral a una tarea detectivesca. Investigar las referencias de nombres propios, citas en otros idiomas y origen de paráfrasis supone un trabajo arduo. Alguien podrá decir: “No se entiende”. Pero, ¿hay algo que entender en un poema? Las primeras veces que lo leí, fue más bien una búsqueda ansiosa de hallar un sentido. No sabía que después iba a disfrutar el no comprender. No entendía qué era lo que me inquietaba tanto. Me maravillaba y horrorizaba a la vez.
Te mostraré el miedo en un puñado de polvo: en aquella época, era algo de todos los días. Vivía en un barrio peligroso donde la muerte era palpable. Mi abuela era Madame Sosostris: En estos tiempos hay que tener mucho cuidado. Yo caminaba de casa al trabajo rodeada de muertos vivos: No creí que la muerte hubiera deshecho a tantos. Sabía que algo andaba mal, ¿pero qué? Lo único que podía hacer era leer y escribir. Mientras tanto, esperaba que el cuerpo de mi padre empezara a dar flores, o al menos hojas. Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,/ ¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?/ ¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho? Con las relecturas algo de toda esa mezcla de memoria y deseo se fue sedimentando. Aun así el poema resplandece, más y más cada vez.
Mi semejante, mi hermano: el final, Baudelaire de la mano de Eliot, me enseñó que el poeta que no piensa en los lectores está destinado a no tenerlos.



I. El entierro de los muertos

     Abril es el mes más cruel, criando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, removiendo
turbias raíces con lluvia de primavera.
El invierno nos mantenía calientes; cubriendo
tierra con nieve olvidadiza, nutriendo
un poco de vida con tubérculos secos.
El verano nos sorprendió, llegando por encima
del Starnbergersee
con un chaparrón; nos detuvimos en la columnata,
y seguimos a la luz del sol, hasta el Hofgarten,
y tomamos café y hablamos un buen rato.
Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, echt deutsch. (1)
Y cuando éramos niños, estando con el archiduque,
mi primo, me sacó en un trineo,
y tuve miedo. Él dijo, Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y allá que bajamos.
En las montañas, una se siente libre.
Yo leo, buena parte de la noche, y en invierno me voy al sur.

     ¿Cuáles son las raíces que se aferran, qué ramas crecen
de esta pétrea basura? Hijo de hombre,
no lo puedes decir, ni adivinar, pues conoces sólo
un montón de imágenes rotas, en que da el sol,
y el árbol muerto no da cobijo, ni el grillo da alivio,
ni la piedra seca da ruido de agua. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja,
(entra bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo diferente, tanto
de tu sombra por la mañana caminando detrás de ti
como de tu sombra por la tarde subiendo a tu encuentro;
te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.

Frisch weht der Wind
Der Heimat zu
Mein Irisch Kind
Wo weilest du? (2)

"Me dijiste jacintos por primera vez hace un año;
me llamaron la chica de los jacintos"
-Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los jacintos,
tus brazos llenos y tu pelo mojado, no podía
hablar y me fallaban los ojos, no estaba ni
vivo ni muerto, ni sabía nada,
mirando en el corazón de la luz, el silencio.
Oed' und leer das Meer. (3)

     Madame Sosotris, famosa vidente,
tenía un fuerte resfriado, sin embargo
es conocida como la mujer más sabia de Europa,
con una perversa baraja. Aquí, dijo,
está su carta, el Marinero Fenicio ahogado,
(perlas son estos que fueron sus ojos. ¡Mirad!)
Aquí está Belladonna, la Señora de las Piedras,
la dama de las situaciones.
Aquí está el Hombre de los Tres Bastos, y aquí la Rueda,
y aquí el mercader tuerto, y esta carta,
que está en blanco, es algo que lleva él a la espalda,
que me está prohibido ver. No encuentro
al Hombre Ahorcado. Tema la muerte por agua.
Veo multitudes de gente, dando vueltas en un círculo.
Gracias. Si ve a mi querida Mrs. Equitone
dígale que yo misma le llevaré el horóscopo:
en estos tiempos hay que tener mucho cuidado.

     Ciudad irreal,
bajo la niebla parda de un amanecer de invierno,
una multitud fluía por el Puente de Londres, tantos,
no creí que la muerte hubiera deshecho a tantos.
Se exhalaban suspiros, breves y poco frecuentes,
y cada cual llevaba los ojos fijos ante los pies.
Fluían cuesta arriba y bajando King William Street,
y donde Santa María Woolnoth daba las horas
con un sonido muerto en la campanada final de las nueve.
Allí vi a uno que conocía y lo paré, gritando:"¡Stetson!
¡Tú, que estabas conmigo en las naves en Mylae!
Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
¿ha empezado a retoñar? ¿Florecerá este año?
¿O la escarcha repentina le ha estropeado el lecho?
¡Ah, mantén lejos de aquí al Perro, que es amigo del hombre,
o lo volverá a desenterrar con las uñas!
¡Tú! hypocrite lecteur! - mon semblable, - mon frère!" (4)


  1. No soy ruso, para nada; vengo de Lituania, soy un verdadero alemán.
  2. “El viento sopla fresco/ hacia la tierra natal/ mi niña irlandesa/ ¿dónde te estás demorando?”, Tristán e Isolda, I, Versos 5-8
  3. “Desolado y vacío el océano”, Id. 2, verso 24
  4. “¡Tú, hipócrita lector, mi semejante, mi hermano!”, Baudelaire, prefacio a Las flores del mal.


T.S. Eliot (St. Louis, 1888-Londres, 1965)
Versión de José María Valverde



Foto: Griselda García por Guadalupe García

1 comentario:

  1. Alicia Silva Rey21 julio, 2013 14:31

    El poema elegido y su e-lectora, dan gusto (a esta Sección), a la vida (de la Poesía), atemperan el invierno y echan luz sobre sus ocultos (sic) enterramientos en cada jardín ("Ese cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,/ ¿ha empezado a retoñar?") como tal vez diría la abuela de Griselda García, Madame Sosostris.
    Bello!.

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