sábado, diciembre 17, 2011

Temistocle Solera / Va pensiero



Ve, pensamiento

Ve pensamiento en alas doradas
reposa sobre bajos y colinas,
donde perfuman, tibios y suaves,
los aires dulces del suelo natal.
Del Jordán saluda las riberas,
de Sión las torres derribadas.
Oh mi patria tan bella y perdida,
remembranza querida y fatal.

Arpa de oro de fatídicos vates
¿por qué cuelgas muda del sauce? *
Aviva en el pecho el recuerdo,
háblanos del tiempo que fue.
Como de Solyma a los hados **
canta un son de crudo lamento,
o te inspire el Señor un arpegio
que infunda virtud al dolor.

Temistocle Solera (Ferrara, 1815-Milán, 1878), Nabucco, tercer acto. Giuseppe Verdi, 1842
Versión J. Aulicino

* Salmo 137:2: En los sauces de las orillas / teníamos colgadas nuestras cítaras; 137:3: Allí nuestros carceleros / nos pedían cantos
** Solyma: Jerusalén. "Bajo las influencias helenizantes que invadieron Palestina, Salem se convirtió en Solyma (Antiq. Jud., I, x, 2), y Jerusalén ta Ierosolyma (La Santa Solyma) (1 Macabeos 1, 14.20; 2 Macabeos 1, 10; Bell. Jud., VI, 10; etc.), Enciclopedia Católica


Va, pensiero

Va, pensiero, sull'ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!
O simile di Solima ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t'ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù.





En las ramas de los sauces

¿Y cómo podríamos nosotros cantar
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba dura de hielo, el lamento
de corderos de los chicos, el alarido negro
de la madre que iba al encuentro del hijo
crucificado en el palo del telégrafo?
En las ramas de los sauces, por voto,
también nuestras cítaras estaban colgadas,
oscilaban leves en el triste viento.

Salvatore Quasimodo, Giorno dopo giorno, 1947, Tutte le poesie, Mondadori
Versión J. Aulicino


Alle fronde dei salici

E come potevamo noi cantare
con il piede straniero sopra il cuore,
fra i morti abbandonati nelle piazze
sull'erba dura di ghiaccio, al lamento
d'agnello dei fanciulli, all'urlo nero
della madre che andava incontro al figlio
crocifisso sul palo del telegrafo?
Alle fronde dei salici, per voto,
anche le nostre cetre erano appese,
oscillavano lievi al triste vento.

Ilustración: La partenza dei coscritti nel 1866, 1878, Gerolamo Induno

3 comentarios:

  1. Quasimodo; después el silencio, boquiabierto por tantas imágenes emocionantes

    Saludos y gracias

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  2. Gracias, fatídico vate, por estas tres perlas (lo que no quita que crea que ud está cada vez más loco); IG

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